Segundo capítulo
Tal como lo prometió aquel día, cada seis meses Syaoran se dirigió hacia el bosque para visitar a la cálida bruja de ojos encantadores. Sakura lo recibía con los brazos abiertos y una sonrisa que podría iluminar hasta los lugares más ocultos de la Tierra. Gracias a ella, el frio en su corazón se fue derritiendo y su mente se llenó de momentos preciados a los que se aferró cada noche en el castillo.
Veía las estrellas y se preguntaba si estaba bien, si no se sentía sola. Veía el destello de aquellas gemas en el cielo desde su ventana imaginando que lo conectaban con ella. La necesidad de verla se hizo más fuerte, por lo que después de un año las visitas aumentaron a cada tres meses.
Pasaron cinco años en los que Sakura y Syaoran se fueron acostumbrando a sus presencias, se tomaron el tiempo para recordase y cuidar cada detalle en sus mentes. Durante ese tiempo Sakura notó cada uno de los cambios del ámbar, sus facciones, sus colores, su madurez. Se perdían en su propia fantasía hasta que sucedió lo inevitable. Un sentimiento comenzó a surgir desde lo profundo de sus corazones, uno fuerte, necesitado y apasionado que parecía ser ilógico. Sin embargo, ninguno se atrevía a decirlo en voz alta.
Sakura sabía que era imposible que un hombre estuviera con ella, era una bruja y como tal no podía estar con un humano, aquella especie que le arrebató a los suyos. Mientras que Syaoran estaba consciente del peligro que podría ocasionar, pero cuando llegaba el momento de encontrarse todo lo demás no era de importancia, el mundo se volvía dorado y su corazón se detenía. Es así como continuaron contra cualquier adversidad.
Syaoran dedicó ese tiempo a investigar alguna solución para detener la guerra y a participar en expediciones del reino. Gracias a sus habilidades, a sus veintinueve años ya era parte del equipo número tres. Era la primera vez que un soldado llegaba a los primeros tres antes de los treinta y cinco. Fue un logro sin dudas, pero a él poco le importó, lo único que sabía es que mientras más reconocimiento más información obtenía.
Años de trabajos tuvieron sus frutos cuando encontró un pergamino en la biblioteca privada del rey a la que no tenía acceso, pero como siempre, se escabulló de todas formas. El papel trataba de un registro histórico: una bruja de ojos esmeralda y cabellos grises había desatado su poder hacia el reinado y los condenó a un invierno eterno. A pesar de intentar detenerla con un fuerte pelotón fue imposible.
"Ojos esmeralda…" no pudo evitar pensar en Sakura, pero sabía que no podía ser ella, lo hubiera sabido. Además, nombraba a una bruja con cabellos grises y la chica era castaña. No obstante, algo no cuadraba, su instinto se lo advertía, por lo que decidió ir al bosque y hablarle sobre aquello. Caminó hasta su cuarto, se colocó la capa y escondió el pergamino dentro de su ropa para que no se arruinara con la lluvia de su viaje. Se encaminó hasta la puerta del castillo y la abrió dispuesto a salir.
—¿Adónde crees que vas? Nos llamaron para una expedición mañana por la mañana y estás en nuestro equipo —reclamó una voz a su espalda. Dos manos lo detuvieron antes de poder avanzar, se giró y encontró a sus amigos, Eriol y Fye mirándolo intrigados, el primero con una ceja alzada y el segundo con su otra mano en la cadera.
Syaoran continuó con el rostro sereno, no podía dar ni la más mínima señal de lo que estaba haciendo—Volveré lo más pronto que pueda así que pueden partir sin mí, los alcanzaré en el camino —se colocó la capucha y la movió un poco para esconder bien el pergamino.
Fye lo miró con los párpados cerrados desconfiado por su extraña actitud —Nunca le has dicho a alguien hacia donde te diriges en tus viajes y cuando te preguntan contentas que es una misión secreta.
—Lo es.
—Pero somos tus amigos, siempre hemos trabajado juntos. Quizás podríamos ayudarte, ¿no crees? —insistió el rubio intentando estudiar sus movimientos, pero era inútil.
—No necesito de su ayuda, es algo que debo hacer solo. Dejen de ser tan entrometidos y vayan a preparar sus cosas para la expedición de mañana. Es una orden—Syaoran se dio la media vuelta y salió del castillo sin más, dejándolos con las respuestas en sus gargantas. Ambos se quedaron allí viendo como cada vez la figura de su amigo se perdía entre la lluvia.
—¿Ahora tienes alguna duda? —preguntó Fye con una sonrisa de lado y Eriol exhaló resignado.
—No puedo creer que esté viendo a una mujer. No quería creerlo porque Syaoran es… bueno, él —miró hacia la oscuridad—. Pensé que solo era una aventura, pero por lo visto es algo serio, ya son cinco años.
El soldado rubio soltó una carcajada entretenido— ¡Syaoran no está enamorado! ¡Qué idioteces dices! Solo se está divirtiendo.
Eriol rodó los ojos y le dio un empujón riéndose también, la verdad si era una imagen graciosa para ellos, después de todo crecieron con ese castaño malhumorado— Ya lo sabremos, cuando vuelva no lo dejaremos tranquilo hasta que nos lo confiese.
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Syaoran se demoró tres dificultosos días en llegar a su destino. Ya lo conocía de memoria, sabía que después del nido de águilas sobre una de las rocas del bosque debía dar la vuelta y tocar los troncos húmedos para sentir los símbolos de Sakura. Caminó desolado entre los árboles hasta que llegó a su punto de encuentro. Enseguida abrió un poco su túnica y sacó una rosa roja, aquella que Sakura le obsequió la primera vez que tuvieron la dicha de encontrarse y que gracias a la magia de ella vivía al que el primer día.
La dejó en una de las rocas bajo la escasa luz de luna, esa era la señal para que se encontraran en la oscuridad. Un halo dorado resplandeció y una cuerda del mismo color apareció debajo de él. Siguió el camino que le indicaba ese objeto encantado hasta que divisó a su castaña parada con su capa marrón oscuro y su rostro tapado con la tela de siempre.
Sakura se quitó aquella máscara y corrió hasta él para abrazarlo con casi desesperación, se aferró a su pecho y se derritió en él. Lo había extrañado tanto, con cada parte de su alma y espíritu. Añoró su tacto, su mirada ámbar estremecedora y su profunda voz. Syaoran la rodeó de la cintura y cerró los ojos para reconocer su calidez, también la había añorado, siempre lo hacía.
—No te esperaba hoy, Syaoran —se alejó un poco aún con sus cuerpos apegados, le tomó el rostro y le acarició la mejilla—. Cada vez que te veo me doy cuenta que queda poco del joven que conocí hace cinco años.
—Es una forma sutil para decir que estoy envejeciendo —dijo él mientras se dejaba acariciar—. Mientras que tú… continuas igual de hermosa que el primer día, Sakura.
La castaña se sonrojó por completo, nerviosa por su cumplido atrevido y desvió la mirada para que no captara su timidez— Sabes que hago trampa, no es lo mismo. Además, no soy tan hermosa como dices, apuesto que hay chicas mucho más bellas en el reino.
El joven de casi treinta años chasqueó la lengua—Eres muy modesta —le sonrió con cariño y la invitó a sentarse a su lado en una roca, estaba nublado por la lluvia, pero no les importaba mojarse demás, ya estaban acostumbrados a esa tempestad.
—¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres decirme algo importante? —preguntó ella sin poder aguantarlo. En el fondo sabía cuál era la razón. Syaoran aún esperaba que ella fuera y salvara el reino Escarlata, lo entendía, pero también le gustaría que la razón de sus visitas fuera ella, al menos solo una vez, por muy egoísta que pareciera.
—Sé que vine de improvisto, pero encontré un pergamino que se ve importante. Quizás me puedas ayudar a entenderlo, algunas partes están en un idioma que no entiendo —sacó de su ropa el papel y lo estiró para mostrárselo, estaba un poco mojado, pero la bruja lo secó rápidamente con un conjuro y lo leyó con atención.
Los recuerdos cayeron sobre ella como un trueno, el día en que la maldición comenzó y el reino terminó gris ante sus actos despreciables. Recordó cómo los soldados del rey de ese entonces entraron a su casa y se llevaron a su madre, a sus tías y a sus hermanas. Muchos aquelarres murieron ese día, se escuchaba el grito de ellas, sus casas envueltas en un fuego consumidor y un dolor palpable. Su corazón latió fuerte. Recordó que uno de los soldados la había ayudado a escapar en el bosque, Touya era su nombre, por lo que era la primera vez que conocía realmente lo que sucedió. Aquella bruja de cabello gris y ojos esmeralda…
—La bruja de la que habla… era mi madre— susurra, pero el castaño pudo escucharla sin problemas. Quedó helado, petrificado como la roca en la que estaban apoyados —. Era la consejera del rey, se dice que él estuvo obsesionado con ella y su poder, pero no sabía que … —su garganta se cerró y entendió que la humedad en sus mejillas ya no era solo por causa de la lluvia que había empezado nuevamente—. Dioses, Syaoran, no puedo creer todo lo que le hicieron.
El ámbar observó el dolor latente de Sakura, empatizó con ella y se acercó para abrazarla contra su pecho, la dejó llorar ahí intentando reconfortarla, que no se sintiera sola. Sintió odio por su especie, asco de ser humano y haber causado todo ese dolor. Cerró los ojos también y se aferró a ella—. Lo lamento tanto, en verdad lo siento. No debí venir y mostrarte ese estúpido pergamino.
Se quedaron así hasta que ella se calmó y se alejó con un extraño aire en su mirar— No lo sabías, Syaoran. No obstante, después de saberlo, es imposible que pueda ayudarlos. Mi madre era un ser de luz, nunca le hubiera hecho daño a nadie y siempre dio todo por el reino— levantó su rostro para enfrentarlo—. No lo haré.
Syaoran lo comprendió, pero, aun así, no podía rendirse, ella era la única que podía detener esta tragedia.
—Por favor, recuerda lo que hemos conversado por todos estos años, están sufriendo personas inocentes. Si le probamos al pueblo que no eres el enemigo, incluso podríamos derrocar a la monarquía, pero sería imposible sin tu ayuda.
A Sakura se le oprimió el corazón y tragó pesado— Siempre he admirado la pasión y el amor que tienes por tu gente. Me da demasiada curiosidad todas las maravillas que aprecias dentro de tanto desastre, me hace querer ser como tú.
—Qué dices… —sonrió un poco. Se acercó un poco más a ella y con cuidado le sacó un mechón desordenado que le caía en su frente— No siempre fui así, cerezo. Tú me hiciste ver lo que podría ser y no solo conformarme con como es. Eres la razón de mis pasiones.
Sakura se sonrojó por completo y lo contempló hacer ese gesto tan simple que la derritió. Recordó la vez que él le dijo que quería hechizarlo, era irónico pensar que ella se sentía completamente hechizada por aquel soldado— ¿Qué dirías si te pido que te quedes conmigo? —soltó sin más— ¿Qué harías si te pidiera que no te vayas? —tomó sus manos entre las suyas y las acarició—. Podemos vivir juntos aquí en el bosque, no nos faltaría nada.
El soldado la contempló impresionado, no se esperaba esa propuesta—Mi querida, sabes que no puedo… menos ahora que tengo una pista. Mi pueblo merece ser libre, al igual que tu Sakura. Si me ayudas, podrías venir conmigo y ya no estarías sola nunca más. Te prometo que estaré hasta el fin de mis días junto a ti.
Sakura se asustó. ¿Acaso si no aceptaba ya no lo volvería a ver? ¿Nunca más escucharía su voz? ¿Estaría sola como antes? No, no lo soportaría. Volvió a verlo y sabía que lo necesitaba, no quería perderlo. Había vivido lo suficiente como para saber que lo amaba, lo hacía con locura y no quería perder la oportunidad de estar junto a él, por más mínima sea la posibilidad de triunfar, por él tenía fe.
No esperó más para demostrar su devoción, se inclinó hacia su cuerpo y tomó entre sus manos su rostro para sellar sus sentimientos en un tierno beso. Con esa muestra de afecto quiso transmitirle un amor que llevaba acumulando por días, horas y minutos durante esos cinco años. Syaoran quedó estático, no sabía si debía moverlos también o acariciar su rostro, nunca había besado a una chica, o más bien, nunca había sentido afecto hasta que Sakura llegó a su vida.
Sakura se alejó de sus labios preocupada y lo miró fijamente. Lo conocía muy bien, sabía su historia con detalle y sabía que era difícil para un soldado entrenado como él. Apoyó su frente con la suya y tomó su mano más fuerte.
—No tengas miedo, ya no estás solo Syaoran. Me tienes a mí.
El muchacho recuperó su alma al escucharla, eran las palabras que se dijo así mismo cuando niño una y otra vez para mantenerse fuerte, en aquellas piezas llenas de niños y ventanas rotas, con el frio calándole los huesos.
"No tengas miedo. Te tienes a ti mismo".
Cayó drogado por esa calidez, la atrajo más a él desde su cintura nuevamente y unió sus bocas, la besó, una y otra y otra vez, se dedicó a responder con emoción. Las gotas de lluvia fría se interponían entre ellos, pero nunca logró apaciguar el calor, sus labios que se abrieron por inercia para hacer el acto más encantador, abrazador. Pero debían respirar, se separaron lentamente, con las respiraciones desiguales y un brillo ardiente en sus ojos de colores.
Cerraron sus parpados, Sakura apoyó su mano en su pecho y él acaricio sus cabellos mojados para peinarlos entre el desorden que hicieron. La emoción llegó a sus cuerpos con una sonrisa radiante.
—Lo haré, iré y salvaré a tu pueblo —soltó Sakura, el castaño seguía embriagado por el beso—. Pero debes prometerme que, si algo sale mal, te salvarás primero.
Syaoran frunció el ceño ante la idea —Nunca me iría sin ti, ya te lo prometí una vez. No te dejaré sola y ahora es mi turno para asegurarte que no dejaré que nada malo te pase —respondió. De pronto Sakura comenzó a brillar, literalmente, desde su cuerpo surgió un extraño halo dorado—. ¿Estás bien?
Ella asintió avergonzada— Sí, es solo que soy muy feliz… —Syaoran le sonrió con ternura al notar que parecía una estrella que deslumbraba con su luz dorada, y se inclinó para continuar con el beso, ahora que descubrió aquella muestra de afecto no quería dejarla ir. Toc arla era como si todo lo que alguna vez quiso estuviera frente a él. La lluvia apegada aún más sus ropas, pero no lograría apagar el fuego que acumulaba el momento.
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La mañana siguiente Syaoran no marchó solo como las veces anteriores, Sakura lo acompañó vestida con la ropa más humana que pudo imaginar para pasar desapercibida. El plan no era simple: irían al reino e intentarían hacer un conjuro siguiendo los pasos que su madre había hecho y que se detallaban en el pergamino. Ambos tenían miedo, sabían que no podían llamar la atención, pero el hecho de estar juntos los calmaba entre tanta oscuridad.
La noche antes de llegar al reino se detuvieron para descansar los pies y porque la nieve era demasiado fuerte como para avanzar, no podrían seguir en la oscuridad con la cantidad que estaba cayendo. Así que hicieron una fogata debajo de una cueva y se quedaron junto a ella para absorber el calor de las llamas.
Syaoran tiritaba cobijado en entre su manta mojada, mientras que Sakura parecía tranquila, acostumbrada a aquel clima. La ojos esmeralda lo miró preocupada, el rostro del castaño era pálido como la nieve que se veía afuera, sus manos sangraban al quemarse por el frío y su ropa estaba completamente húmeda. Se apresuró a sentarse a su lado frente a la luz de la fogata para llamar su atención.
—Mira cómo estás, déjame entibiar tus manos ¿está bien? — dijo tomándolas entre las suyas, estaban mucho más congeladas de lo que pensaba. Syaoran negó con terquedad y se alejó enseguida.
—No, no quiero que te enfermes por mi culpa —habló sin sentido y con la voz entre cortada, olvidando completamente que ella no podría enfermarse. Sakura inclinó su rostro a un lado y frunció el ceño.
—Oh Syaoran, siempre has sido muy terco— regañó acercándose otra vez y tomando sus manos— Sabes que nunca he ocupado mis poderes en ti, pero hoy será la excepción. Sino lo hago morirás de una hipotermia.
No obstante, él se volvió a alejar negando como un niño pequeño taimado, se abrazó a sí mismo y sus dientes chocaron con fuerza haciéndolos sonar.
"Definitivamente está perdiendo la razón" pensó Sakura frunciendo los labios.
Entonces se le ocurrió una forma en la que podría ayudarlo. Sabía que era más fuerte que él, así que rápidamente se sentó sobre ahocadas sobre sus piernas, tomó sus manos y lo inmovilizó. Syaoran no se movió, solo se dejó ir debajo de ella, aún más cuando Sakura lo besó con el fin de transmitir una ola de calor a su cuerpo para que volviera en sí.
La ojos esmeralda exhaló un aire reponedor desde su cuerpo al suyo y lo alivió como si fuera una medicina. Soltó una sonrisa victoriosa por haberlo salvado y se rio al notar el rostro de Syaoran que ahora estaba tan rojo como el fuego de la fogata.
—Listo, ¿ves que no era tan ma...? —no pudo seguir, Syaoran había tomado su rostro para interrumpirla con otro beso, levantó su espalda para quedar sentado y apegarse más ella.
—No puedes dejarme ahora. ¿te quedarías junto a mí un poco más? —reclamó contra sus labios. La bruja quedó embriagada por sus palabras, le encantaron como lo hubiera hecho uno de sus hechizos más poderosos. Asintió tímidamente y colocó su rostro contra la ropa mojada, actuó llevando sus dedos hacia la tela y secándola con un pequeño hechizo.
Syaoran soltó un pequeño jadeo ante el cambio de temperatura, en ningún momento dejó de acariciar los cabellos castaños de la chica y mirar el fuego frente a él. El momento se sentía perfecto. Así, juntos.
—Ahora no me alejarás ¿eh? —preguntó Sakura mordiéndose el labio inferior y viéndolo frente a frente. Syaoran sonrió aguantando una carcajada, sus ojos ámbares ardían con las llamas reflejadas.
—Lo siento, olvidé por un momento que eres inmune a ese tipo de cosas —respondió avergonzado.
—Está bien, aún queda tiempo para que te acostumbres —se alzó de hombros.
—¿Realmente quieres hablar de tiempo en tiempos como estos? —contestó Syaoran casi en un susurro, se arrepintió enseguida cuando notó que Sakura se lamió los labios resecos y suspiró profundo pensativa—. Cierra los ojos…
Ella lo miró interrogante, pero aun así lo hizo— Si me hagas una broma pesada te tiraré nieve mientras duermes.
—No es eso, solo relájate y piensa cómo te gustaría estar ahora mismo. Y cuéntamelo con detalle… —pidió él sin dejar de contemplarla.
Sakura sonrió por inercia y asintió— Nunca se lo había dicho a nadie, pero siempre soñé vivir en una cabaña de pequeño pueblo agricultor, con una chimenea en la sala que estaría prendida a pesar de las noches primaverales. Vería mi jardín de flores desde mi ventana y pensaría en plantar algunas rosas para regalar a los aldeanos, serviría dos tazas de té y las dejaría en el comedor. Luego daría la vuelta y caminaría hasta el recibidor porque sabría que a las ocho en punto la puerta se abrirá y entonces… entrarás con una sonrisa, feliz porque volviste. Te acercarías a mí y me dirías…
—Estoy en casa, Sakura —respondió él. Sakura abrió los ojos y sus iris se encontraron, asintió levemente— y entonces me dirías…
—Syaoran… —contestó con un nudo en la garganta, el muchacho inclinó su rostro insistiendo en su respuesta—. Bienvenido a casa… te eché de menos.
Se abrazaron con una sonrisa y cerraron sus sueños acariciando sus pieles mientras se entregaban con cariño y locura. La nieve fue testigo, una vez más, de lo mucho que se adoraban. Su amor era tan puro como el blanco que los rodeaba, pero en ese momento tornó a un rojo tan intenso como el de la sangre que corría por sus torrentes.
Fueron demasiado lejos esa vez, cruzaron las líneas de la ética y se entregaron con el deseo y el amor que se tenían. Mientras deambulaban por sus pieles, repetían el nombre del otro en ecos en sus mentes. Se sentía como una droga, era mejor que cualquiera. Alcanzaron las estrellas y se entregaron sin importarles el futuro. Lo único que sabían es que desde el día siguiente todo podría pasar.
Despertaron en los brazos del otro, Sakura sobre su pecho y él aferrado a su cintura. Se sonrieron complacientes y entendieron que era tiempo de continuar con su designo, a pesar que desearían quedarse ahí para siempre.
Salieron del bosque y a lo lejos divisaron el Reino Escarlata, caminaban en silencio con los nervios en las entrañas y con las manos entrelazadas. Una llamada de alerta apareció en la mente de Syaoran al ver desde lejos que dónde deberían verse las casas del centro estaba completamente blanco. Unos pasos más allá abrieron los ojos impresionados. El pueblo estaba completamente tapado por nieve y las personas estaban con palas intentando sacar la nieve de sus casas.
Se escuchaban gritos desperados y llantos desgarradores. Un grupo de aldeanos corrieron entre ellos desesperados para ayudar, pero uno de ellos reconoció a Syaoran y se inclinó.
—General Li… —saludó con respeto.
—Infórmenos qué es lo que sucedió, ahora—exigió Syaoran sereno.
—Por culpa de la gran nevada de anoche una de las montañas sederrumbó y sepultó a una parte de la aldea, señor. Estamos buscando sobrevivientes, pero es tanta nieve que cuando terminemos de sacar toda la nieve ya estarán muertos —dijo el hombre con la respiración entre cortada.
Una mujer se acercó corriendo a Syaoran y a Sakura llorando con desahogo— Por favor, general. Mis hijos están ahí abajo, los tenía de las manos, pero la nieve me los arrebató. Por favor, se lo pido. Ayúdenos. El rey no quiere mandarnos las tropas necesarias para ayudarnos.
—¡Manden a uno de los soldados de la tropa 12 y vayan al castillo, díganles que el general Li ordena al menos diez tropas aquí! —ordenó Syaoran, uno de los jóvenes soldados que estaba allí asintió y corrió para su mandato.
Sakura miró la situación desesperada y con una gran impotencia. Era imposible que esos hombres llegaran a tiempo y si lo hacían, aun así, no tenían el poder para sacar tanta nieve. Observó que Syaoran seguía hablando con los aldeanos, intentando calmarlos y dispuesto a ayudar. Ella también lo haría, no podía quedarse con los brazos cruzados.
Corrió del lado de Syaoran hasta los demás del pueblo llamando la atención de los demás. Nadie la conocía, pero parecía desesperada por sacar ese montón de nieve. Enterró sus pies y con un movimiento de manos comenzó a conjurar palabras en su idioma. Nunca intentado algo como eso, no sabía si era la desesperación o su poder, pero rápidamente la nieve fue elevándose por los aires.
Cuando Syaoran se dio cuenta que ella se había ido y ahora estaba frente al gran cúmulo blanco se volvió pálido del terror —¡Sakura! ¡No lo hagas!
Los soldados estaban llegando y al igual que los demás que veían el espectáculo quedaron helados de la impresión. La chica desenterró las casas y movió la nieve a un lado, le dolían los brazos, pero no se detuvo ni un solo momento. Syaoran se colocó junto a ella y tocó su brazo.
—¡Sakura, detente! ¡Debes escapar ahora! —gritó—. Este no era el plan.
—Ne...cesitan mi ayuda, no lo lograrían… solos — intentaba decir aun haciendo fuerza y con la poca energía que le quedaba.
Un hombre que estaba entre la multitud apunto a Sakura de forma acusadora y exclamó: ¡Es una bruja!
¡Atrápenla! ¡Es un demonio! ¡Ella es la culpable de este desastre! ¡Ella nos quiso enterrar!
Sakura terminó y cayó de rodillas exhausta. Syaoran la abrazó y la protegió contra su pecho cuidando que ninguno se acercara a ella.
—¡No! ¿Qué no lo ven? ¡Ella los intentó salvar, vino a ayudar! —intentó explicar, pero nadie lo escuchaba. Los soldados corrieron hacia él para atacar a Sakura, pero Syaoran sacó su espada y los apuntó decidido.
—Los mataré a todos antes que la toquen —habló entre dientes.
Tristemente, ellos eran más que él y por mucho que peleo contra cada uno con todas sus fuerzas y conocía todas las técnicas de combate lo agarraron entre varios soldados y lo aplastaron contra la nieve para inmovilizarlo. Resopló furioso, aún más cuando vio cómo se acercaban a Sakura. Intentó sajarse, pero era imposible.
—Syaoran… —musitó mientras la ataban, podría liberarse fácilmente, pero estaba tan cansada por sacar toda esa nieve del pueblo, que sus poderes eran débiles y su fuerza también.
Lo último que divisó el castaño antes de desmayarse fue cómo se llevaban a Sakura lejos de él. Le había fallado, no la había protegido como le prometió.
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Despertó en el frío suelo del calabozo. Era de noche, lo sabía porque no había sombra en el pasillo. Conocía ese lugar como la palma de su mano. Lo primero que pensó al levantarse fue el nombre de su cerezo primaveral y se acercó corriendo a la puerta de metal. Estaba solo, o eso creía, más allá un guardia fornido y alto lo vigilaba con los brazos entrelazados.
—Veo que ya despertaste traidor, después de la golpiza que te dieron pensamos que estarías al menos unos días más allí.
Syaoran frunció el ceño y empujó la puerta de metal con fuerza y fuera de sí— Ábreme ahora, no sabes lo que está pasando. Necesito ir a salvar a Sakura.
El guardia soltó una carcajada y negó— ¿Para qué? La van a ejecutar en la mañana, su muerte es inevitable muchacho. Ni un general como tu podría detener las normas del rey.
El castaño se quedó callado y golpeó la puerta otra vez. Cargado de rabia y sintiéndose inútil. Estaba desesperado por saber el paradero de Sakura, si estaba bien, si le habían hecho daño. Cada vez que cerraba los ojos la veía asustada y sola en alguna parte desolada del castillo. Se sentó en el suelo y se abrazó a sí mismo.
—Lo lamento…
No quería perder la esperanza. No. Tenía que salir de ahí. Casi como si los dioses lo hubieran escuchado se escuchó un estruendoso ruido y un golpe que batió contra el guardia que lo tenía cautivo. Se acercó nuevamente para ver entre las rejas y entonces divisó a sus dos amigos corriendo hacia él.
Fye tenía sus cuchillos y Eriol su arco. Los tres eran rastreadores, pero sabían ocupar armas, era por eso que Syaoran sabía manejar tan bien su espada de hierro y acero. Su amigo rubio sacó las llaves y abrió la puerta rápidamente para liberar al castaño mientras el azabache vigilaba dispuesto a tirar sus flechas.
—¿Qué están haciendo? Si se enteran que están aquí los mataran también— habló Syaoran desentendido, ya que al estar liberándolo están fallando a la corona.
—¿Vas a decir que esperaba que no hiciéramos nada por ti? ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos? —dijo Fye cruzándose de brazos y alzando una ceja.
—Somos soldados, pero primero somos hermanos… —continuó Eriol—. Confiamos en ti Syaoran y sabemos que nunca traicionarías a nuestra gente. Podemos sacarte de aquí para que te vayas a uno de los pueblos del sur, pero debe ser rápido.
Syaoran negó y se detuvo en seco— Tengo que salvar a Sakura, no me iré a ningún lado sin ella. Si no la saco, la matarán mañana.
Sus dos amigos se miraron impresionados, habían escuchado que protegió a la bruja, pero creyeron que solo eran sucios rumores— ¿Estás loco? ¡Es una bruja! —exclamó Fye.
—Seguro te hechizó para que estuvieras en nuestra contra, amigo. Debemos encontrar la forma de sacarte de su control—agregó Eriol.
—No, ella nunca lo haría. Es una buena persona, no es ni una pizca de esas brujas de las que leímos y nos enseñaron. Tiene el corazón más bueno que he presenciado, tanto así que a pesar de descubrir cómo la corona mató a su familia vino a salvarnos de la maldición y no dudó en ayudar a toda esa gente, aunque significó ser atrapada —habló con sentimiento.
—Así que es verdad… —"está enamorado" terminó en su mente Fye recordando la conversación que tuvo con Eriol hace unos días.
Syaoran no lo entendió, pero eso no era lo importante. Tomó la escapa del guardia que seguía moribundo en el suelo y los miró fijamente— Pueden venir conmigo o quitarse de mi camino, aún cuando me ayudaron no la dejaré a su suerte.
—Iremos contigo —contestó Eriol con una pequeña sonrisa—. Además, sé dónde está.
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Sakura estaba en lo alto de una de las torres, encerrada en un calabozo frío y deteriorado. Tenía un pequeño orificio que dejaba ver un poco de la luna y por el que pensaba: ¿Cómo pudo terminar allí luego de años oculta en las sombras?
Siempre había sido indiferente respecto a lo que les sucedía a los humanos, no porque no le importara, sino que al estar lejos era como si no existieran, pero todo cambió cuando conoció a Syaoran. Sonrió de lado recordándolo porque no se arrepentía de haberlo conocido, de sus casi doscientos años, los últimos cinco se volvieron los más importantes, los más preciados junto a los momentos que pasó con su familia.
Se acurrucó en una esquina y cerró los ojos. Quizás ese era su final desde el principio, no podía hacer mucho más al respecto. A pesar de haber recargado sus poderes y poder salir fácilmente de allí ya no tenía ánimos para hacerlo, no si tendría que esconderse otra vez, ya estaba cansada de eso.
—Sakura… — escuchó en un susurro. "Esa voz…" pensó. Abrió los ojos y miró hacia la puerta de hierro, caminó hacia ella y escuchó nuevamente— No dejaré que te hagan daño. Voy a liberarte ahora y te irás lo más lejos que puedas, yo puedo distraerlos ¿oíste?
La bruja escuchaba el sonido de la espada chocando contra la cerradura, pero era inútil. Suspiró profundo y su corazón se apretó, ahí estaba el hombre por el que se enamoró, tan valiente y decidido. ¿Acaso merecía darlo todo por alguien como ella? ¿Traicionar a su gente por una bruja?
—No sigas, estoy tan cansada de la guerra y que los humanos me tengan miedo. Estoy cansada que de saber que esto está mal —dijo triste.
Syaoran se detuvo en seco y se acercó a la puerta preocupado—No… No he dejado de pensar en ti desde hace cinco años y no dejaré de hacerlo ahora. Sakura… eres lo que anhelo en esta vida. Incluso más que el reino. Si me das una oportunidad te lo demostraré el resto de mis días, pero debes salir de allí por tu cuenta. Sé que puedes hacerlo.
Lágrimas rebeldes comenzaron a correr por las mejillas de ella— Como lo siento, lo siento mucho. Nunca debí haberte llevado conmigo ese día, no debiste haberme hecho esa promesa. Es mi culpa.
—Por favor, escúchame. Sakura, escúchame. Te amo y no puedes hacer nada para que eso cambie y aun que lo niegues, sé que también me amas, porque te conozco —no podía verla, nunca pensó que así sería la primera vez que se lo diría, pero era una situación de vida o muerte—. Debes salir de allí o te matarán en la mañana y a mí también.
Todo el cuerpo de Sakura se congeló. No podía dejarlo morir, no. Tenía que salvarlo de la desdicha. Dio un paso atrás y movió sus manos con fuerza para echar la puerta abajo. Syaoran la miró impresionado apenas no hubo nada que interfiera, había logrado que saliera de allí. Se apresuró en tomar su mano y abrazarla rápidamente. Sakura correspondió aliviada, toda esa tarde pensó que no lo volvería a ver.
—Salgamos de aquí— dijo él deseando más tiempo, pero no lo había.
Cruzaron el pasillo y se encontraron con Fye y Eriol en la salida quienes todo el tiempo habían estado vigilando a que nadie fuera. Apenas vieron a Sakura quedaron impresionados, parecía una mujer normal no una bruja fantasmal, con su piel como terciopelo y menuda como una ninfa.
—Vaya… así que usted es la hermosa criatura por la que nuestro amigo ha estado suspirando todo este tiempo. Es un gusto conocerla al fin—dijo Fye con una sonrisa encantadora y besándole la mano. Sakura se sonrojó un poco y sonrió tímidamente.
—No tenemos tiempo para eso —regañó Syaoran entre dientes.
Bajaron rápidamente por las escaleras hasta llegar a una de las puertas traseras del del castillo, como era de esperarse soldados estaban custodiando las salidas para que no pudieran huir. En seguida los tres soldados se pusieron en posición de ataque y se fueron contra los que alguna vez fueron sus compañeros. Lucharon con todas sus fuerzas para poder despejar las salidas y salvar a Sakura, pero a diferencia de como esperaban ella no se quedaría inmóvil. Con su magia aturdió a algunos de los hombres, ya que por mucho que la quisieran atrapar para matarla, ella no haría lo mismo con ellos.
Syaoran chocó su espada y abatió a tres, Eriol ocupó sus flechas para asustar a quienes llegaban desde los pasillos y Fye tiró sus cuchillos en los puntos débiles de los generales. Por un momento la mayoría del batallón estaba herido y el camino se despejó, enseguida supieron que era el momento.
—¡Corran! ¡Ahora! —gritó Eriol sin dejar de apuntar con su arco.
—No podemos dejarlos, los matarán —soltó Sakura angustiada. La habían ayudado y se estaban arriesgando por salvarlos, no podía dejarlos a su suerte.
Fye tocó su hombro y le sonrió— ¿No lo entiendes? Si estás aquí es porque sabes que eres nuestra única esperanza para que todo esto termine. Debes irte, estaremos bien, pequeña.
Syaoran los observó con dolor, aquellos chicos eran los únicos a los que podía llamar familia, ambos asintieron para que se tranquilizara, transmitiéndole confianza y con una última sonrisa que significaba un adiós. Llevó a Sakura por la puerta de salida con la adrenalina en sus torrentes. Corrieron por la nieve intentando escabullirse para llevar al bosque, pero el lugar estaba repleto de soldados por todas partes. Tuvieron que esconderse detrás de una vieja muralla de piedra, con las respiraciones aceleradas y los nervios a flor de piel.
—Diablos… tienen todos los pasadizos cubiertos, si seguimos así nos encontrarán en cualquier momento —maldecía el ámbar.
La bruja por su parte, no había hablado mucho en todo ese trayecto, parecía pensativa y aquello llamó la atención de Syaoran, la miró preocupado, tomó sus manos y buscó su mirada esmeralda con la suya. Sakura le acarició el rostro y sonrió de lado.
—Dame el pergamino… —susurró.
Syaoran pestañeó atónito, volvió en sí cuando ella repitió "Dame el pergamino". Casi por inercia sacó el viejo papel de su túnica y se lo entregó. Sakura lo tomó y lo leyó con atención, miró al cielo y luego suspiró profundamente. Algo le advertía al soldado que no le iban a gustar las palabras que escucharía.
—Tengo un plan. —comenzó Sakura — Tienes que actuar desorientado y volver al castillo, tendrás que decir que te hechicé y que te obligué a protegerme, pero que lograste escapar. Mientras…, iré al medio del pueblo e intentaré revertir la maldición… —se sacó la túnica y con un pequeño hechizo hizo que el viento la llenara, haciendo que pareciera que una persona la estaba usando—. Tienes llamar su atención, mientras logro llegar.
—Espera. —interrumpió Syaoran con la garganta seca— ¡Estás demente! No dejaré que hagas eso, estarías completamente expuesta y no dudarían en matarte. ¡Mierda! Nunca debí traerte aquí—habló enojado consigo mismo.
La caricia en su mejilla lo despejó— Te dije que liberaría a tu pueblo de la maldición y es lo que voy a hacer. Una bruja cumple sus promesas, además… si ven mi poder se darán cuenta que no eres un traidor. Por favor Syaoran, escúchame —pidió al ver que él no dejaba de negar como un niño.
—¿Y qué si no funciona? No podría estar con nadie más si no es contigo, es imposible que…
—Claro que sí, creo que lo harás. Volverás y estarás bien, algún día vivirás en una cabaña en el campo y serás feliz Syaoran con la vida de un héroe. Mereces serlo con toda esa pasión que tienes dentro, por así eres… —dijo nostálgica y aguantando sus lágrimas.
—Me rehúso a que suceda, no —por primera vez en mucho tiempo, Syaoran estaba llorando, no quería dejarla ir.
—Syaoran… —habló con la voz quebrada y lo miró fijamente reflejando su tristeza—. Tengo casi doscientos años más que tú y seguiré aquí por mucho tiempo más, no sé si soportaría verte morir, por eso, prefiero que te vayas. Esta es mi oportunidad para que ninguna bruja pase por lo mismo y termine la maldición. Esto es más grande que nosotros, lo entiendes… ¿?
El castaño lo sabía y su mente lo entendía, pero su corazón se rehusaba a comprender. Cerró los ojos con fuerza y se inclinó para besar las manos de Sakura y luego unir sus labios en una caricia llevadera, una llamarada eterna que se quedaría grabada en sus corazones. Quería decirle que la amaba, pero cuando estuvo a punto de hacerlo ella asintió y susurró:
—Yo también te amo.
De un momento a otro y con el dolor de su espíritu se alejó de ella mientras Sakura se iba a la dirección opuesta para cumplir su promesa. Sin embargo, el no cumplió la suya de volver al castillo, cuando ella ya no lo estaba mirando se dio la vuelta y corrió a su dirección.
La castaña se posicionó al centro del pueblo y sacó el pergamino para leer el conjuro para cambiarlo a uno que pudiera funcionar. Tenía que apresurarse, su corazón latió más rápido cuando escuchó que decían "¡Allí está! ¡Corran! ¡Mátenla!". En ese momento le rogó a su madre, a su familia, a todos los dioses y juntó sus manos para abrir su boca y decir:
De potestate sororibus meis et dirigendos pedes nostros in viam virtutum amplezabitur me et glorie. Labor de epiphania, solem oriri, ut eos confirmet in corde et tota anima sua. Flammae autem ceciderit quattuor deos et dabo sine gratia magis.
Uno de los soldados intentó tirarle una fecha, pero fue interrumpido por la espada de Syaoran. Lo detuvo con fiereza e intentó detener a cualquiera que quisiera dañarla. Las flechas comenzaron a llover y de pronto la espada no era suficiente.
—¡No! —gritó él, Sakura fue alcanzada por tres, una en cada brazo y la tercera en su abdomen. La chica quería gritar de dolor, pero no lo hizo, no se detuvo en ningún momento mientras repetía el embrujo. Se concentró tanto, que ni siquiera sintió cuando Syaoran llegó hasta ella y la abrazó para protegerla. Una luz dorada y resplandeciente como las estrellas los rodeo y de sus manos una esfera del mismo color creció cada vez más hasta rodearlos por completo.
Sakura estaba cansada, pero no se detuvo, continuó hasta que lo último que quedaba de su energía hizo explotar aquella esfera de poder y un as de luz casi cegadora empapó por completo el reino Escarlata. Brilló tanto que cualquier individuo ajeno a la situación hubiera pensado que era de día y no la mitad de la noche.
El muchacho seguía aferrado a ella con los ojos cerrados, rogando protegerla, dando toda su fuerza y su cuerpo para protegerla y cuando abrió los párpados todo era diferente. Debajo de ellos no había nieve, sino pasto como aquel que presenció por primera vez hace cinco años y a su alrededor estaba repleto de flores.
Las personas parpadearon confundidas y completamente anonadas, algunos se tiraron al suelo y comenzaron a tocar el suelo verdoso, otros miraron hacia el cielo y notaron que las estrellas se veían por completo ya que ninguna nube se interponía, ninguna lluvia torrencial ni nieve estaba sobre ellos.
No obstante, Syaoran no estaba alucinado por ello, seguía aferrado al cuerpo inerte y ensangrentado de Sakura que había caído como una pluma. La arrulló contra él y le acarició el cabello entre dulces palabras. A pesar de estar completamente pálida, su cuerpo continuaba tibio y su tersa piel era tan suave…
—No me dejes… no me dejes… —repitió una y otra vez sin soltarla—. Te prometí que nada malo te pasaría. Sakura despierta…—pidió y rogó, pero nada ayudó. La bruja del bosque, aquella chica que había visto entre las flores, la oscuridad de la noche, con el brillo del lago y estremecido junto a él frente a la fogata ya no estaba con él.
Entre lágrimas incontrolables y un grito ahogado se aferró aún más y la abrazó— Lo lamento... lo lamento.
Nadie se atrevía a acercarse, todos se sentían culpables y sucios. Habían cazado a quien los salvó de la maldición escarlata. Esa ser del que tanto temieron solo fue una chica con un corazón noble y se lo habían arrebatado. Fye y Eriol aparecieron detrás de Syaoran malheridos, fueron los primeros en acercarse y en darle el apoyo que necesitaba, no dijeron nada. No era necesario, ese momento era de despedida y para honrar a la mujer que los había salvado.
El reino no fue el mismo después de esa noche, los soldados se rebelaron contra la corona y los exiliaron fuera del reino con lo poco y nada que les quedó. Al principio todo fue un desastre, era un caos y las masas no sabían qué hacer. Pero el pueblo habló y pronto un grupo de aldeanos se organizó y prepararon sus primeras elecciones, para iniciar una nueva república. Libres por fin.
Con el tiempo le dieron la bienvenida a las brujas que llegaron y volvieron a lo que alguna vez llamaron su hogar. Se integraron a la sociedad, fueron respetadas y veneradas, escucharon lo que una de sus hermanas había hecho y la recordaron plantando cerezos en el pueblo, aquellos árboles recordarían a Sakura por siempre.
Por otro lado, Syaoran dejó la milicia al poco tiempo y nadie supo que fue de él. Un día tomó su bolso y se perdió en el bosque. Nunca sabrían que encontró una pequeña cabaña en un pequeño pueblo granjero y se dedicó a plantar rosales en su jardín. Tampoco descubrieron que cada noche miraba las estrellas y miraba sus pies esperando que una cuerda dorada lo rodeara y lo guiara hacia su querida cerezo. Tal como Sakura predijo siguió ayudando a las personas, cada vez que alguien se perdía en el bosque y llegaba hasta allí, Syaoran lo recibía con los brazos abiertos y contaba la historia del reino, la verdadera.
En el fondo, luego de un largo y duro duelo, sabía que no estaba solo y que Sakura lo acompañaba. Si no la conociera mejor creería que ella intentó hablar con él cada día y que siguió cerca, porque sus almas eran una y si esa vida no les sonrió devuelta, quedaba una eternidad para encontrarla. Syaoran nunca perdió la esperanza, se cuestionó el no preguntarle cómo vivir, el no haberle pedido que lo escribiera para él porque cada pedazo de sueños acumulados se los dejó en la memoria. Nunca la olvidó ni en su último suspiro. Se quedó con todas esas veces en las que disfrutaron del frío invernal y los cielos ámbares, los paseos entre el bosque y su cuerpo contra el suyo.
Cuando dos almas están destinadas a encontrarse, no importa la adversidad, no importan las vidas, no importan las muertes. Siempre se esperarán pacientemente hasta el día en que se volverán a ver. Porque si algo era seguro, es que su amor era eterno y que, por cada fracaso, existen cientos de vidas en las que resultaron vencedores. Disfrutarían de su vida sin interrupciones y sin guerras que los separen.
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Notas de la autora: ¡Hola queridos! Lamento lo dramático y triste, pero creo que me nació hacer una tragedia y no pude parar. ¡Lo siento! No crean que no me dolió escribir todo esto. Me costó un montón, pero no podía parar. No quiero que pierdan la esperanza, esta historia está escrita como el prólogo de mi mini historia "Tormentoso" que pueden encontrar en mi perfil. Quizás los ayude a comprender algunas cosas o solo los confundí más, no lo sé jajaj.
¿Qué opinan? ¡No duden en comentarlo! ¡Gracias a las escritoras talentosísimas que se unieron a este reto y a todxs quienes lo leen! El apoyo que recibimos como siempre es maravilloso. Gracias también a Brenda y a Lupe por todo el trabajo y el apoyo para que este hermoso proyecto funcione.
Les dejo la traducción del conjuro: "El poder de mis hermanas y sus virtudes me abrazan y nos guían a un camino de gloria. De la penuria de una epifanía, el sol saldrá para sostener sus corazones y almas. Una llamarada caerá y los cuatro dioses brindarán gracia sin más".
Les quiere, Moonlightfic_13/Kobatoo-13
