Todo pertenece a JKR y a WB, yo solo tengo muchas ideas en la cabeza.
El bar estaba a reventar. El Aturdidor se había vuelto muy popular en el Callejón Diagon y era el lugar que habitualmente visitaban Harry y Ron los jueves por la noche.
Desde que el pelirrojo había decidido abandonar la Academia de Aurores había sido casi imposible mantener una amistad que poco o nada existía.
La cabellera pelirroja resaltaba en la multitud, Harry otra vez llegaba tarde.
- Lo siento. Tenía que entregar un reporte. ¿Tienes mucho tiempo esperando? –
- Sin presiones, acabo casi de llegar. –
Había que ser sinceros, eran pocas las cosas que tenían en común después de la guerra, solo Quidditch, y la enorme lista de amigos en común…
Ron puso una caja negra sobre la mesa y la empujo hasta Harry.
- ¿Qué es esto? –
Él sólo le hizo un gesto con la cabeza indicándole que la abriera y entonces el mundo se paro. Ahí, solitario y hermoso, reposaba un diamante rosado.
- Se lo propondré a Hermione en la cena de mañana. –
Mañana. Los Weasley organizaban cada último viernes del mes una cena para toda la familia. Era su forma de seguir juntos después de la guerra. Todos iban. Charlie, Bill, Percy… Y él.
- ¿Estás seguro? Hermione y tu tienen un mes de haber regresado. –
Harry hablaba con una tranquilidad y despreocupación que distaba mucho de lo que su acelerado corazón sentía.
- Lo sé, pero, ella es la indicada. Siempre lo ha sido, solo tarde un poco en comprenderlo. ¿Crees que diga que sí? –
No. Esa era una verdad que no se atrevía a decirle al primer amigo que había tenido, al hombre inmaduro y torpe que había decidido dejarlos en el bosque de Dean, al hombre que la había hecho llorar. No. Él no era el hombre que podía hacerla feliz.
- Tendrás que preguntárselo. –
La noche se hizo un poco incomoda por el silencio taciturno en el que Harry se hundió y después de un par de cervezas, prefirió alegar cansancio y dar la noche por terminada.
¿A quién engañaba? En cuanto puso un pie en la calle se desapareció con decisión.
Tocó la puerta del pequeño apartamento con más fuerza de la necesaria, espero solo unos segundos y esta no tardó en abrirse.
La chica lo miro con los ojos bien abiertos, él no la dejo salir del asombro y justo cuando pensó que lo correría, dio dos gigantescos pasos, la tomó de los brazos y la beso con fuerza.
No era un beso amable, era una completa muestra de posesión y unos irremediables celos, ella parecía tan deseosa del contacto como él, no había hecho el mínimo esfuerzo en impedírselo. Su boca hambrienta mordió ligeramente el labio inferior de la chica y con ese acto la hizo reaccionar.
- Harry, basta. –
Con un fuerte empujón lo alejó de ella y se dio la vuelta, dejándolo entrar sin proponérselo. Él la siguió y cerró la puerta tras de sí al tiempo que lanzaba hechizos protectores y un par de potentes Muffliatos.
- Tenemos que hablar. –
Ella lo miro con una clara mezcla de hartazgo y tristeza. ¿Cuántas veces habían estado en la misma situación?
- Creí que todo había quedado claro la última vez. –
- ¿Dejaste de amarme? –
La pregunta claramente la descolocó.
- Harry por favor, basta. Tu y yo ya hemos hablado de esto. -
-Solo contesta Hermione, ¿dejaste de amarme? –
- Eso ya no importa, ahora estoy con Ron. –
El pelinegro la vio con furia contenida y se acercó peligrosamente a ella haciéndola retroceder con cautela.
- Necesito saberlo. –
- Por favor, dejemos las cosas como están… -
- Te pedirá matrimonio. –
Con esas palabras la castaña dejo de retroceder y miro a Harry con algo que él interpreto como miedo, el mismo miedo que él no podía esconder.
- ¿Cómo lo sabes? –
- Me lo dijo esta noche. Te lo pedirá en la cena de mañana. –
La chica se dejo caer en el sillón más cercano y escondió su cara entre sus manos empezando a llorar de forma desconsolada. Ese acto asustó a Harry más de lo debido. ¿Estaba emocionada?
Molesto y dolido, soltó todo el veneno que había dentro de él.
- Después de todo él te dará lo que yo no puedo. –
Y la dejo sola, sin poder escuchar la verdad detrás de esas lagrimas.
- Yo quería tenerlo todo contigo. -
El vestido de princesa era precioso. Su cabello trenzado la hacía lucir sexy e inocente al mismo tiempo. El maquillaje era perfecto, la elegante tiara, los pendientes azules de su madre… lo único que le faltaba era una sonrisa sincera.
Faltaban poco menos de 15 minutos para que aquel circo empezará.
Había millones de periodistas y otro tanto de miles de invitados, solo los Weasley eran más de la mitad, eso sin contar a los altos mandos del Ministerio que hacían acto de presencia; después de todo, se estaban casando los "heroes de guerra".
Que distinto hubiera sido todo si él se hubiera quedado con ella. Probablemente se habrían casado, sin circo, ni gente a la que apenas y conocían... Pero eso había quedado atrás.
Él había aceptado un puesto en MACUSA y probablemente estaría partiendo en esos momentos a América. Pareciera que lo hubiera hecho con esa intención, Ron le había pedido que fuera padrino de la boda pero había rechazado "tan grande honor" por qué su trasladador estaba programado para exactamente ese día.
Internamente lo agradeció, no estaba segura de poder hacerlo si él estaba presente. Todo ya dolía demasiado.
Unos suaves golpes en la puerta la sacaron de sus turbios pensamientos
- Pase. –
La puerta se abrió rápidamente y un hombre que nunca había visto entró.
- Vine a felicitarte. –
- Disculpe señor, creo que se equivo... - y entonces la poción dejó de hacer efecto.
Ahí, impecable en un traje gris y sin corbata, estaba Harry. Sus ojos estaban enrojecidos, no supo si de llanto o de resaca, pero lucía terriblemente cansado y desprolijo.
- No deberías estar aquí, perderás tu trasladador. –
Él trago saliva y elevo el rostro tratando de mantener la calma, juraría que trataba aguantar las lágrimas.
- Necesitaba verte. –
Hermione sintió su corazón romperse al escuchar su voz quebrada. ¿Cómo habían llegado a ese momento? Las cosas habían cambiado drásticamente en tan solo 4 meses. Hacía solo 4 meses ellos estaban juntos, soñando con un futuro que él había tenido miedo en ir a buscar.
- no.. –
- Espera Hermione, seré breve. –
No. No quería escucharlo. Sabía lo que le diría.
- Lo siento. –
Esas simples y llanas palabras hicieron que todo dentro de ella se resquebrajará, haciendo que las lágrimas corrieran libres por sus mejillas, ¡bendito maquillaje mágico!
No pudo seguir mirándolo y se sentó dándole la espalda, evitando en todo momento cualquier tipo de contacto.
- Lo siento tanto Mione. –
La voz de Harry se quebró completamente, sabía que él también lloraba. Sentía su angustia, el dolor, la esperanza perdida. Era como tratar de respirar debajo del agua. Haciendo uso de toda su fuerza, se puso en pie y lo miró a los ojos.
- Yo también lo siento Harry. –
- No puedes hacer esto. Sabes que no es correcto. – el pelinegro hablaba atropelladamente con las lágrimas atrapadas en la garganta - Ven conmigo. –
Tocaron a la puerta sobresaltándolos.
- Ya es hora. –
Ella le dedico una última mirada y caminó con paso firme hasta la salida. Él la sostuvo de un brazo impidiéndole avanzar.
- Siempre te estaré esperando. –
Notas de la autora.
Esta mini historia ha estado esperando en el tintero desde hace mucho tiempo.
El exceso de trabajo, la contingencia, todo, ha hecho más difícil el escribirla. Pero acá dejo este capítulo. Espero sus comentarios y manténganse a salvo.
"Nadie te amará si no te arriesgas a que alguien te aborrezca".
