Todo pertenece a JKR y a WB, yo por fin tengo tiempo libre para escribir.
Culpa. Eso era la único que sentía. Ahí parada frente al juez del Wizengamot y con las manos entrelazadas con las de Ron, sabía que estaba comentiendo un gran error pero ya había llegado hasta aquí, no era momento de empezar a ser cobarde. ¡Era una Gryffindor por Merlín!
- Si alguien conoce un motivo por el que esta pareja no pueda contraer matrimonio, que hable ahora o callé para siempre. –
El silencio era ensordecedor. La prueba fehaciente de que no había vuelta atrás…
- Yo. –
El corazón se le paró cuando vio al mísmisimo Harry Potter caminar con paso firme por el pasillo central con los ojos aún más enrojecidos. Parecía un toro enojado, sus ojos verdes centelleaban con algo que calificó como furia y un marcado rencor, no sabía si contra ella o contra Ron.
- ¿Harry? – Ron, el ingenuo Ron, su cara era un poema. Miraba a Harry como si estuviera loco.
- Ella no puede casarse con él porque no lo ama. Ella me ama a mí. –
Fue en ese momento cuando el caos inundo la carpa. La señora Weasley se desmayó en su lugar, los hermanos Weasley se acercaron hasta el altar unos agarrando a Ron y otros a Harry, algo se gritaban entre ellos pero Hermione estaba congelada y no entendía que era lo que se decían, todo a su alrededor era un constante zumbido, ¿esto de verdad estaba pasando?
- ¡Hermione! –
Kingsley la sacó de su estado katatónico y de aquel lugar por una puerta trasera. Ella no puso resistencia y cuando estuvo sentada en el cuarto dónde hacía menos de una hora Harry la tratara de convencer de irse con él, se soltó a llorar. Eran lágrimas silenciosas y constantes. El otrora ministro de Magia, la dejó sola y tras poner un par de hechizos repelentes a la puerta regresó a la carpa donde una boda seguramente ya no se celebraría.
¿Cómo había sido capaz de hacer esto? ¿En qué momento se había convertido en esta persona egoísta? Tontamente trato de convencerse que era culpa de Harry, pero en el fondo sabía que la culpa era de los 2, él por alejarla y ella por hacer lo único que pensó podría herirlo.
En un momento de lucidez o bien estupidez, dependiendo el cristal con que se mirará, la castaña cambio su elegante vestido de novia por los vaqueros con los que había llegado aquella mañana, tomo la bolsa de cuentas que la había acompañado en tantos momentos importantes y sin pensar 2 veces desapareció.
La desaparición de Hermione fue titular de El Profeta durante tanto tiempo que era imposible que realmente nadie supiera su paradero. Aquella boda fallida había sido la punta del iceberg en la vida de tantas personas que incluso después de 6 meses pareciera que había sido mucho más tiempo atrás.
Harry Potter y la familia Weasley habían cortado toda relación. Ron Weasley había dejado la tienda de Sortilegios Weasley en Callejón Diagon y se había ido a Hogsmeade a abrir la nueva sucursal de la cadena, principalmente para no estar en Londres donde todo mundo lo miraba con pena.
Por su parte Harry Potter había emprendido una búsqueda incesante por todo Reino Unido. Una búsqueda que el mismo financiaba y que había terminado con todas sus esperanzas de formar parte de MACUSA.
En cuanto Kingsley les informó la desaparición de Hermione, algo se quebró dentro de él.
¿Estaría bien? ¿Con quién? ¿En dónde? ¿Por qué?
En las noches no podía dormir si no tomaba antes una poción para no soñar, un mal hábito que cada día que pasaba le parecía más difícil de dejar.
Necesitaba que volviera, y no solo eso, necesitaba que volviera a su lado.
Cuando desapareció y se instaló en aquella pequeña cabaña que su abuela le hubiera heredado en Canadá jamás pensó que esta sería hoy su vida.
Había abandonado la magia y vivía como una maestra muggle de inglés. Tres semanas después de llegar ahí lo supo, terminó en urgencias con un intento de aborto, de un embarazo del que no tenía idea.
¿De quién sería? Siempre había sido muy cuidadosa con la poción anticonceptiva, ¿cómo había pasado esto? Lloró, sabía que debía decírselo, pero ¿a quién?
El tiempo seguía pasando y nadie había logrado dar con el paradero de Hermione. Cada día era peor que el anterior. Era su culpa, él la había alejado con sus inseguridades y ahora que ella realmente había cumplido su palabra de salir de su vida para siempre, él apenas y podía seguir con la suya.
Estaba demasiado flaco y cada vez más ojeroso, su bóveda en Gringotts considerablemente menos abultada, pero el estaba cada día más empeñado en encontrar a la castaña.
Verdes, eran verdes. En cuanto la pequeña abrió los ojos, lo supo. Primero dudó, la pelusilla de cabello era de un color rojo cobrizo pero en cuanto sus ojos la miraron lo supo. Era una Potter. Su Lily Potter.
Estaba por irse a casa, la búsqueda de Hermione y su trabajo en el Ministerio apenas y le daban tiempo para seguir culpándose, por eso cuando vió a Kingsley entrar en su oficina supo que algo pasaba.
- Harry, Minerva nos espera en mi oficina. Es urgente. –
El pelinegro lo miro con suspicacia pero no dijo más, tomó su capa y siguió a Kingsley hasta su oficina.
Minerva McGonagall seguía igual, poco o nada había cambiado con los años y si no fuera por esas arrugas en sus ojos, nadie sabría qué los años ya pesaban sobre ella.
- Potter. –
- Hola Minerva, ¿qué es lo que sucede? –
La bruja se puso en pie y le extendió un pequeño pergamino al salvador del mundo mágico. Solo había 3 palabras escritas en él.
Lily Jean Potter.
Notas de la autora.
Pues nada, helo aquí. ¿Qué opinan?
El próximo espero sea el desenlace a menos que los personajes se nieguen.
Dudas, quejas, sugerencias y demás, déjenlas en un review.
Para los que piensen que lo del embarazo es imposible, una de mis mejores amigas literal se enteró que sería mamá un mes antes de que naciera su bebé, así que créanme… es posible.
Muchas gracias por leer y nos vemos en el siguiente capítulo. Manténganse a salvo.
"Nadie te amará si no te arriesgas a que alguien te aborrezca".
