Todo pertenece a JKR y WB, yo solo ya no quiero seguir trabajando esta noche.
No recordaba cuándo fue la última noche que pudo dormir más de 2 horas seguidas. Lily era una pequeña y demandante Potter, apenas y sentía la más ligera separación, un llanto incesante y desconsolado se apoderaba de ella.
Pronto cumpliría un mes con ella y aún no había logrado retomar el control de su nueva vida. La pequeña absorbía todo su tiempo, tiempo que aprovecharía hasta que su licencia de maternidad la obligará a volver a trabajar.
Era en las noches cuando extrañaba a su madre, seguramente ella sería la primera en ofrecerse a cuidar a Lils, seguramente ella la dejaría tener sus tan deseadas horas de sueño, seguramente. Solo supuestos. Su madre estaba a miles de kilómetros de ella sin noción de sus existencia o de la de su nieta.
Entonces eran esas noches en las que lloraba. Lloraba amargamente porque no sabía qué demonios haría con su vida.
Potter. Lily Jean Potter.
Minerva les explicó que había estado revisando la lista de los próximos ingresos a Hogwarts cuando visualizo el nombre en la última página del registro.
La fecha era de hacía poco más de un mes, no se necesitaba ser experto para saber que ella había huido estando embarazada, la pregunta era ¿lo sabía y aún así había decidido desaparecer?
Su mente trabajaba a una velocidad asombrosa, miles de ideas se agolpaban en su mente, todas y cada una de ellas sin pies ni cabeza.
Sabía que algo le estaba diciendo Minerva, pero desde que leyó el nombre en ese papel había perdido completamente la noción de todo.
- Potter, ¿me estás escuchando? -
La voz enojada de su antigua maestra lo sacó de su ensimismamiento y por fin alzo la mirada, la bruja suavizó su mirada en cuanto vio las lágrimas en sus verdes ojos.
- Lo siento Minerva. Esto… esto es demasiado. –
- Entiendo. Lo bueno es que podemos encontrarlas. –
Fue entonces cuando toda su atención se centro en la mujer que tenía enfrente. La anciana mujer proponía realizar un hechizo de sangre, Vocat Sanguis Sanguinem, magia antigua que los brujos de Europa utilizaron para encontrar a todos los perseguidos durante las primeras quemas del siglo XV.
- Solo necesitamos una gota de tu sangre y si la pequeña es tuya, nos dirá la ubicación precisa dónde se encuentra. –
Una molestia similar a los celos se ubico en la boca de su estómago. ¿Y si no era su hija? Por Merlín ¡que estaba pensando! Hermione jamás se hubiera atrevido a ponerle el apellido Potter si no fuera suya.
- Hagámoslo. –
El ritual era sencillo y no necesitaban más que una gota de sangre y un mapa. McGonagall parecía muy segura de sí misma cuando lo realizó. El latín nunca había sido su fuerte, ni cuándo estuvo en la Academia de aurores, pero pudo alcanzar a entender algunas palabras como "linaje", "verdad" y "camino".
De pronto algo cálido lo invadió, no sabría cómo describirlo, como un imán atrayéndolo… una luz salió de la gota de sangre que había puesto en el mapa y empezó a trazar un camino exacto hasta Canadá, en un lugar llamado Fredericton.
Ni bien la luz dejó de brillar, el pelinegro se puso la capa y salió de la oficina de Kingsley sin decir una palabra más. Corrió más que caminar hasta los elevadores del atrio, debía hacer todo lo posible para irse mañana mismo de ser posible.
Tenía una hija. Hermione le había dado una hija. Una pequeña fruto del amor que cada día lo consumía más y más. La pregunta más grande era ¿porqué?
¿Porqué Hermione no había dicho nada? ¿porqué no había intentado volver? ¿porqué no lo había contactado? ¿porqué?
La casa de Grodic's Hollow le pareció asfixiante de pronto, necesitaba estar con Hermione y con su Lily. No podía pensar claramente pero sabía que no iba a esperar ni un segundo más. Sacó el pasaporte muggle, las libras esterlinas y armó una pequeña maleta con toda la ropa muggle que había en su armario. Al diablo con la licencia de trabajo, esto era una emergencia.
Se desapareció al instante y en menos de 2 segundos ya estaba en el aeropuerto de Heathrow, sería más sencillo comprar un vuelo urgente que solicitar un trasladador internacional.
- Buenas noches, un boleto a Fredericton, Canadá. –
La suerte había estado de su lado, el último vuelo del día salía en menos de 3 horas, y las 2 escalas no erán tan largas como uno hubiera pensado. En menos de 14 horas estaría otra vez con ellas.
Ya no sabía qué día era. Se miraba ojerosa, desaliñada y cansada. ¡Dulce maternidad!
¿Cómo le hacían las mujeres de antaño para ser humanos funcionales sin ningún tipo de tecnología de apoyo o magia? Estaba exhausta.
La pequeña por fin se había dormido y respiraba lentamente en su pequeña cuna. Verla era su nuevo pasatiempo favorito. Su pelirrojo cabello cubría ya gran parte de su cabecita y desde ya podía decir qué sería igual de rebelde que el de Harry.
Y lloró, por millonésima vez lloró. Estaba harta de hacerlo. Parecía ser lo único que sabía hacer. Llorar, cambiar pañales y dar de comer a Lils. En eso se basaba su nueva agenda.
Aprovecho el tiempo lo más que pudo. Lavo todos los trastes sucios de la semana, puso a funcionar la destartalada lavadora (con un hechizo silenciador) y tomo un glorioso baño de 5 minutos. La pequeña seguía completamente dormida en la sencilla cuna blanca que su salario le había permitido pagar.
Se puso una holgada blusa y un cómodo pantalón de yoga, la ropa que prácticamente usaba diario desde que hubiera llegado la bebé. Sorprendentemente Lils llevaba un par de horas dormida con tranquilidad. ¡Merlín quisiera así fuera siempre!
Recogía silenciosamente la pequeña estancia cuando alguien tocó a su puerta con más fuerza de la debida.
La pequeña pelirroja, a pesar de estar en la habitación, estalló en el llantó más desconsolado del día. ¡Ahora que esperarán!
La pequeña estaba desesperada, no dejaba de mover sus piernas y brazos, y al menor intento de que Hermione la cargará se retorcía más y más, su carita enrojecida solo hacía que la castaña quisiera llorar también.
Los golpes en la puerta se hacían más fuertes y seguidos.
- Por favor, Lils, deja que te cargue. –
Y entonces un golpe sordo se escuchó. Alguien había forzado su puerta. ¿ahora qué hacía? ¿dónde diablos estaba su varita? Su mente corría a mil por hora, ¿qué iba a hacer?
La puerta de la habitación se abrió con un golpe y ahí parado, con barba y más flaco de lo que lo recordaba. Él.
Lily dejó de llorar de inmediato.
Notas de la autora.
Solo uno más y terminamos.
Dudas, quejas, sugerencias; dejenlas en un review.
Gracias como siempre por leer y nos vemos en el siguiente capítulo. Mántenganse a salvo.
"Nadie te amará si no te arriesgas a que alguien te aborrezca".
