Disclaimer eternal.


SIGO VIVA


1

Somos equipo

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Cuando Sakura despertó, se encontró en el suelo, aspirando el polvo de una batalla. Se sintió débil, mirando y escuchando la casi nula interacción entre Chiyo y Sasori. Una conversación que estaba segura ya haber escuchado antes, una conversación en la que detonaba la poca sensibilidad del marionetista. Una conversación, que Sakura aseguraba, había sucedido hacía más de un año.

—Con esta técnica, uno puede darle vida a una marioneta —dijo Chiyo—. Desde luego, sacrificando su propia vida en el proceso. —Se quedó en silencio unos segundos, en los que Sakura percibió el dolor en sus pequeños ojos.— En fin, creo que ese sueño no se hará realidad.

Aún más tiempo del que Sakura esperaría y recordaba, Sasori tardó en responder. Tal vez igualmente sumido en los recuerdos de Chiyo, tal vez recuperando un poco la fe y el cariño que le tuvo a su abuela en un momento. O tal vez, analizando lo absurdo que fue al creer de nuevo en ella.

—Qué tontería —susurró. Pero a Sakura no le pareció que lo dijera en serio; sino que de verdad lo lamentaba… al menos un poco, al menos por un momento.

Porque Sasori recordaba aquel día en el que su abuela le mintió por primera vez, aquella vez en la que le dijo que tenían que ir a otra misión. Prometiéndole que juntos esperarían su regreso. Se recordó a sí mismo decepcionado por la espera, dolido por la ausencia de sus padres, desesperanzado por no verlos más. A sabiendas de cuál había sido la verdadera razón por la que ellos no estaban ahí. Enfadado porque su abuela le hubiese mentido, porque le creyera un estúpido… Y aun así, aun con todo eso, necesitó el amor de unos padres, que creó a base de madera. Unos padres que no le dieron el calor que él buscaba, unos padres que no funcionaron como él deseaba. Unos padres plásticos, que jamás tendrían vida.

—¡Qué tontería! —repitió alzando la voz— ¡¿Ya te hiciste senil, abuela?! —espetó, todavía enojado por su pasado.

Sakura cerró los ojos, recuperando la fuerza que el veneno y la zona dañada de su cuerpo le habían quitado. Una vez absorbido el pasado en sus ojos, a su alrededor; tras mirar las rocas, las marionetas e incluso la sangre en la misma posición que como lo recordaba, Sakura decidió incorporarse.

Se preguntó cómo había regresado hasta ese lugar justo después de haber visto a Sasori, después de haberse despedido de él. Haber llegado ahí, tan repentinamente, la desorientó; empero, no quiso darle mucha importancia: veía en esas escenas una oportunidad para hacer lo que tanto deseaba.

Así, decidió actuar como antes –¿ahora?– decir los mismos diálogos. Si iba a hacer lo que deseaba, la discreción era fundamental. Tenía que usar toda su inteligencia para engañar a las personas a su alrededor. No había opción, no volvería a fallar, no volvería a ser un estorbo.

—La herida de Sakura era grave, pero no estaba muerta. Por eso no morí —explicó Chiyo a una pregunta de Sasori.

—¡Qué vergüenza! —musitó.

Sakura no esperó más tiempo y, sintiendo de nuevo el enojo provocado por esa sínica sonrisa, le dio un fuerte derechazo. La arcilla en el rostro de Sasori crujió ante el impacto, pero Sakura supo que él no lo sintió.

—Yo no haría eso, si fuera tú. —Le dijo Sasori, mirándola.— Este cuerpo no siente dolor. —Pero Sakura no borró el desafío en sus ojos; esa chica no sabía cuándo rendirse.— Si sigues golpeándome, lo único que lastimarás será tu mano. —Giró el rostro para enfatizar su mirada y sus siguientes palabras.— A todas las mujeres les gusta perder su tiempo haciendo cosas sin sentido.

Sakura, a pesar de reconocer todas esas palabras de su memoria, no pudo evitar el enfado tras escuchar de nuevo esa corta risa sarcástica de Sasori. Estúpido, lo único que conseguía era borrar los deseos de Sakura por llevar a cabo su plan.

—Si mi abuela, mi propia sangre, muriera en este momento, no sentiría nada. Mi corazón es como mi cuerpo —aseveró y Sakura le creyó—. Sólo sería una más de los cientos, una más de los miles, que maté.

Sasori vio en Sakura su enfado, vio cómo sus labios temblaban a causa de la ira. Pero no le importó: no iba por la vida admirando lo que otros pensaban de él, de su arte. Sasori siempre se sintió solo y solo moriría. No le importaba la lástima o el odio que producía; Sasori ya no sentía nada.

—Viéndolo de esa manera, las cosas son mucho más sencillas —dijo. Porque sólo de esa manera, sólo siendo ajeno a lo que él mismo cometía, Sasori podía permanecer en la objetividad. Porque sólo de esa manera, Sasori podía seguir su arte, podía ignorar las súplicas y los llantos de aquéllos que murieron a favor del arte.

—¡¿Acaso no entiendes el significado de la vida?! —Le espetó Sakura, apretando los puños con fuerza— ¡¿No sabes qué demonios es la familia?!

Sakura se preguntaba cómo podría soportar la compañía de ese sujeto si no comprendía lo más básico de la vida, si era ciego en cuestiones tan esenciales como lo son la familia o los amigos. Sakura sería incapaz de compartir algo con ese indignante ser si él no quería abrir su mente, su corazón, ante su propia abuela. Ante la persona que lo había criado y que aún deseaba lo mejor para su nieto querido.

—Oye, ¿crees que un ninja debería expresarse así? —preguntó, entre divertido y escéptico.

Sakura soltó un respingo. Era increíble cómo ese idiota podía percibir una sola y pequeñísima falta en el vocabulario de una ninja y no pensar en todas las atrocidades que él había cometido como criminal.

—¿Por qué? ¿Por qué es la única manera que tienes de ver el mundo?

—Sakura… está bien —dijo Chiyo. Y entonces Sakura recordó que no estaba sola con él, que tenía que seguir su plan. Que aunque la actitud de Sasori le fuera inestable, tenía que recordar que Chiyo estaba debilitada y que era un pilar muy fuerte para la vida de Gaara—. Sasori se hizo así cuando se desvió del camino que se enseña en la Aldea de la Arena.

—¿Por qué no tratas de tener un cuerpo como el mío? —preguntó Sasori; el corazón de Sakura latió con fuerza— Tal vez así puedas entenderme. Un cuerpo que no envejece, que no está limitado por la mortalidad. Como una marioneta, puedo reparar y recrear lo que necesite. Y si llegara a necesitar a otras personas, sólo tengo que convertirlos en marionetas. Claro, si es que son lo suficientemente valiosos.

Sakura lo sintió. Sintió que tenía que continuar con ese plan que estaba armando en su cabeza y prosiguió. Los mismos diálogos, las mismas acusaciones, los mismos corajes, todo se reflejó en ella de la misma forma que en sus recuerdos.

Y Sasori volvió a "premiarla" por haberle ganado, volvió a decirle dónde podría encontrar a Kabuto. Y Sakura volvió a verlo caer. Aún no muerto, pero sí muy débil.

En ese momento ocurrió, en ese momento la historia cambió, en ese momento Sakura desvió para siempre su destino, su futuro y la dirección de su corazón. No volvería a ser la misma.

—Chiyo-bāsama —dijo mirando a Sasori—. ¿Puede adelantarse? Quiero recoger algunas muestras del veneno de Sasori y de mi antídoto. Nos servirá en Konoha.

—Te espero afuera, Sakura —advirtió la anciana—. No te demores.

—No lo haré —afirmó, dándole la espalda.

En cuanto Chiyo salió de la cueva, Sakura se acercó al cuerpo de Sasori y utilizó el poco chakra que tenía para curar el núcleo en el que se había convertido el corazón de Sasori. Despacio, retiró los sables de su pecho para evitar que siguieran lastimando los tejidos en él. El salvarlo era la primera parte del plan.

Hasta que sintió los latidos irregulares de un corazón hecho con chakra, Sakura se detuvo. Un instante más tarde, un sonido ahogado salió de la garganta de Sasori. Había funcionado, mas Sakura no sabía qué hacer al respecto. Después de todo, se trataba del enemigo número uno de Suna y del maestro de los títeres. Acababa de darle vida al asesino del ninja más poderoso de la Arena, pero lo había hecho sólo para salvar a Sasuke. Y no se arrepintió, ni siquiera cuando Sasori, un tanto mareado, se sentó en el suelo, admirándola con escepticismo.

Sin decirle nada, Sakura hizo aparecer un clon de sombra a su lado, sacó un pergamino en el que escribió una muy corta nota, se quitó la banda de la cabeza y con un kunai, atravesó el símbolo de su aldea, marcando decididamente su destino.

—Quiero pensar que sabes lo que haces al quedarte sola conmigo luego de haberme curado. Puedo matarte en cualquier momento —dijo Sasori enseguida miró a Sakura entregarle el pergamino y la banda a su clon.

—Acepto —respondió ella mientras veía a la otra Sakura partir. Sabía que él no la mataría. Su curiosidad le daría unos minutos para explicarse.

—¿Podrías ser más específica? —insistió, mirando su núcleo latir con fuerza. Estaba curado.

Sakura apretó los puños antes de clavar su mirada en la de él. En verdad parecía que no tenía ni idea sobre lo que ella se refería.

—Quiero que me conviertas en una marioneta humana —soltó.

Sasori sonrió con ironía, alzando la vista. Hacía unos minutos, ella lo había llamado "monstruo" por atentar contra la naturaleza humana. Sin embargo, ahora era ella quien traicionaba a su preciada aldea, quien abandonaba amigos y quizá familia sólo para convertirse en la abominación que tanto odiaba. Esa chica era muy intrépida o muy estúpida, mas eso no le restaba valor.

—¿Te unirías a mí, abandonarías tu cuerpo humano y todos los placeres que éste le da a una persona ignorante? Ilumíname, ¿qué vale lo suficiente para abandonar a tu aldea? —cuestionó, verdaderamente interesado.

—No es de tu incumbencia —respondió Sakura. La sonrisa de Sasori se intensificó.

—Yo soy el que cambiará tu cuerpo, considero que tengo el derecho de saber por qué lo haré —atajó, inclinando ligeramente la cabeza a la derecha.

Sakura se mordió el labio, indecisa sobre si decirle la verdad o no. Por supuesto, Sasori tenía razón al argumentar que poseía el derecho, aunque el asunto no era tan simple de decir. No era para nada agradable relatar cómo había sufrido tres veces la partida del que había amado desde que tenía memoria. Y no era tampoco como si a Sasori le interesara su situación sentimental.

Empero, esa pequeña molestia en su cabeza le indicaba que si no era honesta con Sasori, nada podría funcionar. De esa manera, y sólo de esa manera, Sakura podría ganarse la confianza del marionetista. Sólo así podría salvar a Sasuke de su oscuridad.

—El amor —respondió por fin.

Sasori permaneció quieto unos segundos, en los que borró la sonrisa de sus labios y la cambió por un gesto incómodo.

—¿Quieres decir que te has enamorado de mí, de un asesino que no distingue entre amigos, familia y presa? —preguntó, intimidante.

Sakura habría negado de inmediato todo eso, de no ser porque había puntos que concordaban perfectamente con Sasuke. Quizá no con el Sasuke de ese momento, pero sí con el Sasuke en el que se convertiría si ella no cumplía con su misión, porque ella así lo veía: había regresado hasta ese momento para rescatar a Sasuke de lo que antes no pudo.

—No, no de ti —susurró—. Sé que puedes suponer de quién te hablo. Quiero derrotar a Orochimaru en menos de mes y medio.

—Qué tontería. El arte no tiene el objeto de destruir, ni siquiera bajo el patético concepto de Deidara. Si quieres usar mi arte para eso, me negaré de inmediato —advirtió Sasori, ofendido.

—Mi intención es salvar al siguiente contenedor de Orochimaru. Si no lo hago, éste se trocará en algo que no desea —explicó Sakura, temerosa porque Sasori no cediera—. Si pudiera hacerlo sola, habría dejado que murieras.

Sasori la observó un segundo antes de asentir.

—Te refieres al Uchiha. Sí, escuché algo de él, pero no creí que te interesara. Eres demasiado inteligente como para creer que ese sujeto tiene salvación.

Sakura prefirió ignorar el último comentario pues no quería perder la oportunidad que tenía. Aunque le dolían las palabras de Sasori, sabía que algo en ellas era cierto, pero se negaba a aceptarlo abiertamente.

—Quiero vencer a Orochimaru y a Kabuto; sólo lo conseguiré con tu ayuda —insistió, acercándose a él.

—Eso me queda claro, aunque Orochimaru sólo tiene una temporada de debilidad, sólo existe una oportunidad para matarlo. Kabuto es una sabandija, tú puedes derrotarlo fácilmente.

—¿Significa que me ayudarás?

—Orochimaru no entra en mi lista de personas favoritas, ya se burló de mi arte una vez. Ni siquiera yo tengo suficiente poder para vencerlo, podría usarte a ti para reforzar mi armamento —musitó, con sus ojos clavados en los de ella, esperando una reacción de enojo. Mas esa reacción jamás llegó—. Sin embargo, debes ser consciente de lo que pides.

—Lo soy —dijo ella con firmeza.

—No, no lo eres. Después de que el proceso empiece, no podré detenerme.

—Lo sé.

—No volverás a dormir.

—Lo sé.

—No volverás a comer.

—Lo sé.

—No distinguirás entre frío o calor.

—Lo sé.

Sasori calló un segundo, examinándola. Poseía firmeza, igual que antes, pero algo en ella se veía diferente. Sus ojos reflejaban un dolor que antes no tenían. En realidad, Sakura sabía lo que deseaba.

—No podrás ser madre, jamás.

Sakura tragó saliva para deshacer el nudo de su garganta. No había querido pensar en eso, aunque sabía que Sasori sólo le decía cosas reales. No obstante, Sakura era consciente de cuál era su deseo y por qué: ya no deseaba que Sasuke se enamorara de ella, sólo quería que él no fuera el criminal que después sería. Así, Sakura era capaz de renunciar a todo eso, porque el amor te obliga a sacrificar, a cambiar. Y Sakura cambiaría por amor.

—Lo sé, estoy dispuesta a renunciar a todo eso —aseveró.

Sasori, un tanto abrumado por su respuesta, desvió la mirada. No alcanzaba a comprender a Sakura, sus intenciones y su firmeza. Para Sasori, el amor no sólo era un juego de niños; sino que también se trataba de algo muy estúpido por lo débil que te volvía. Tantos ninjas habían perdido todo por el ciego amor que le tenían a alguien que Sasori terminó por clasificarlos como idiotas. Aquél que se enamora deja su razón atrás, abandona sus buenas ideas para aferrarse a sus impulsos. Tal y como Sakura lo estaba haciendo en ese preciso momento. Había dejado de pensar en el jinchuriki del kyūbi, se había olvidado de su misión de rescate, había olvidado que Chiyo aún estaba herida y que necesitaba atención médica urgente. Y todo para salvar a un miembro del clan maldito, un miembro del clan cuyo destino estaba marcado por los rastros de la sangre derramada, por la llamada: "Maldición de Odio". Qué tontería tan grande.

—Si estás tan segura y ya que no usarás mi recompensa como regalo, haré lo que me pides, aunque agregaré unas cuantas cláusulas al trato —respondió Sasori poniéndose de pie. Sakura esperó a que se colocara frente a ella, sin decirle nada—. Número uno: para hacer una marioneta humana necesito una arcilla especial que tengo almacenada en una de las guaridas de Akatsuki; me ayudarás a infiltrarme y conseguirla, pues evidentemente no puedo pararme ahí y decir que sigo vivo, pero que he renunciado a ellos. Porque de ahora en adelante, tú y yo seremos equipo, y de eso se trata el número dos. ¿Sabes lo que significa? —preguntó, alzando la ceja— Que si tú necesitas de mi ayuda para matar a mi antiguo compañero, yo te la daré; mas si yo de repente necesito matar a alguien, quien sea, tú me ayudarás.

—Te refieres a Naruto —dijo ella—. Al jinchuriki del kyūbi.

Sasori negó lentamente.

—Me refiero a cualquiera. Puede ser ese jinchuriki, el otro sujeto o quien sea. Se puede tratar de alguien de Konoha o de alguien de cualquier otra aldea. Cuando yo necesite darle muerte a alguien, tú estarás obligada a proveerme tu ayuda: equipo. Eso también significa que ni uno ni otro va a delatarse. Yo soy desertor de la Arena y tú de la Hoja. Yo podría delatarte y tú a mí, pero no lo haremos. Ésa es la tercera cláusula.

—Nos protegeremos el uno al otro, entiendo —respondió Sakura, agachando la mirada—. Pe-pero no a Konoha, nunca atacaré a Konoha.

Sasori avanzó unos pasos hasta alzar el brazo de arcilla que seguía en el suelo. Con un par de movimientos de chakra, lo colocó en el lugar que le correspondía.

—Me pides que no ataque a Konoha al mismo tiempo del que hablas de salvar a un niño que se unió a un potente enemigo de la Hoja. Creo que voy entendiendo lo que en verdad proteges.

—A Sasuke-kun. —Se apresuró a decir.

—A Konoha —corrigió Sasori.

Sakura alzó una ceja, sin dejar de mirar cómo el marionetista arreglaba sus articulaciones. No parecía estar muy atento a su conversación con ella, aunque sus palabras demostraban lo contrario.

—Has dicho que si no salvas a Sasuke Uchiha, él se convertirá en algo que no quiere, lo que me hace pensar que se trata de un criminal que, si no me equivoco, será una amenaza para Konoha. Eso es lo que quieres prevenir. Temes que lastime a Konoha; o aún peor, temes que él sea quien lastime a Konoha. Temes tener que perder a alguien a quien quieres —adivinó, mirándola de reojo.

—Temo tantas cosas que ni siquiera yo podría enumerarlas, pero todos esos temores serán eliminados si logro mi cometido. Ayúdame, Sasori, y yo te ayudaré a conseguir los cuerpos que quieres, con la condición de que jamás toquemos a Konoha o a los hermanos de la Arena. Somos aliados —Se excusó.

Sasori terminó de colocar su brazo derecho antes de girar el cuerpo y volver a caminar hacia ella.

—Trato hecho —respondió, estirando el brazo para estrechar su mano con la de Sakura.

Y así, Sakura terminó la segunda fase del plan. El tomar la mano dura de Sasori y sentir lo frío de la cerámica la despertó de lo que acababa de hacer; mas no se encontró arrepentida. Sabía que lo hacía por Sasuke, lo hacía para evitar que se volviera un monstruo, un monstruo como Sakura lo sería una vez siguiera las instrucciones de Sasori.

Podía ver en los ojos de Sasori la cantidad enorme de personas que Sakura tendría que matar, que Sakura tendría que preparar para Sasori, que Sakura tendría que ver convertirse en marionetas humanas. Pero, a pesar de todo eso, el corazón de Sakura la obligaba a pensar que lo que hacía no lo hacía por nada más que por Sasuke.

Las escenas de sus encuentros llenaron su mente, aterrándola con lo que pasaría si ella no accedía a lo que Sasori pedía. Entendía que estaba cambiando la condena de Sasuke por la suya, aunque lo prefería. Se sentía culpable por Naruto, porque no podría cumplirle el sueño de ver de nuevo al equipo siete reunido. Se sintió triste al recordar que Sai no la conocería, que no discutirían o charlarían. Se sintió culpable por pensar en lo decepcionada que sus padres y Tsunade estarían de ella. Pero no se arrepintió, no pudo hacerlo.

La sonrisa de Sasuke, la tétrica sonrisa de Sasuke, la persiguió para acrecentar su determinación. Ella no quería verlo como un psicópata, no quería que nadie lo viera así. Y luego recordó la mirada insensible de Sasori al presentarse como una marioneta humana y, por alguna razón, Sakura no temió que esa expresión tan vacía se colocara en su propio rostro. Daría lo suficiente, incluso su cordura, por salvar a Sasuke. Lo único que deseaba era que ella jamás se convirtiera en una amenaza para Konoha. Pedía que el día en que la clasificaran como una criminal, fuera cualquier otro ninja no perteneciente a Konoha quien la matara. No soportaría ver los ojos de Naruto antes de su muerte. Y tampoco quería atentar contra la vida de su maestro o de Sai. No quería.

Pero ya no pensó en nada más. Sus recuerdos se vieron interrumpidos por su nuevo y peligroso compañero. Sasori soltó su mano y empezó a caminar fuera de la cueva, sin preocupación alguna. Aunque era un sujeto al que debía temerle, Sakura se encontró más temerosa por fallar a pesar de todo, por no ser suficiente para derrotar a la oscuridad en Sasuke.

—¿Vienes? —preguntó Sasori, deteniéndose a unos metros y girando un poco su cabeza para mirarla por el rabillo del ojo.

Sakura tragó saliva antes de seguirlo. Lo siguiente era huir antes de que se dieran cuenta de que la Sakura que ahora acompañaba al equipo de rescate, era falsa. La Sakura real sabía que para ese momento, no faltaba mucho, y sabía que ése sería el primer lugar donde la buscarían.

—¿A dónde iremos? —Se atrevió a preguntar, una vez caminando a un lado de Sasori.

—A mi casa —contestó Sasori sin darle importancia.

Sakura se detuvo de inmediato; Sasori leyó su duda en esa acción.

—No me refiero a Suna —aclaró con una media sonrisa—. Ese lugar dejó de ser mi hogar desde que mis padres murieron. Iremos al único lugar al que podría pertenecer.

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"Lo único que estaba en mi mente cuando acepté su propuesta, era Sasuke. Lo hacía todo por y para salvarlo… no pueden juzgarme por haberme enamorado."

"Aún hoy no sé por qué confié en ella. No sé por qué creí que no me iba a entregar a Suna. Tal vez… tal vez sólo me dejé llevar por sus palabras. Quizá fui ciego."


Nota de la autora:

Puedes encontrar este fanfic en Wattpad -bajo el mismo pseudónimo- o en AO3 -bajo el pseudónimo ArchiveOfNayla.

Abrazos.

Andreea.