Disclaimer eternal.
SIGO VIVA
2
El comienzo del viaje
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Cuando el comité de rescate llegó a Suna, se le trató como a un grupo de héroes. Naruto no pudo alejarse mucho de Gaara y de sus hermanos; el equipo Gai fue atendido por Baki, por lo que se desaparecieron durante un largo rato. Kakashi, entonces, permaneció cerca de Sakura hasta que ella se disculpó para ir a dormir: había tenido el combate más largo de su vida. Kakashi la dejó ir sin siquiera sospechar que la muchacha de la que se había despedido era un simple clon. Por supuesto, el cansancio no le permitió observar esa clase de detalles. Si Neji hubiera activado su byakugan, todo el plan de Sakura se habría caído. Por fortuna para ella, todos estaban lo suficientemente cansados como para notar la anormalidad en el cuerpo de Sakura, quien al sentarse en la cama de su cuarto asignado, desapareció, dejando como evidencia la nota y la banda de la verdadera Sakura. Dejó, como rastro, su despedida.
No fue hasta que la noche pasó y la cena se preparó, cuando Lee se acercó a la puerta de Sakura para avisarle que podía bajar. Cuando no recibió respuesta alguna, creyó que el combate contra Sasori había agotado en demasía a Sakura.
—Te dejaré la cena aquí afuera, Sakura-san. —Le dijo antes de regresar con su equipo.
—¿Y Sakura? —preguntó Neji.
—Parece que sigue dormida. Tal vez está aturdida por la muerte de Chiyo-bāsama —respondió Lee—. La dejaremos descansar, se lo merece.
Tenten y Neji asintieron, de acuerdo a las palabras de Lee. Después de todo, no sonaba ilógico que Sakura quisiera descansar tras una ardua batalla contra un Akatsuki, contra el maestro de las marionetas, Sasori.
Naruto agachó la mirada luego de escuchar lo afectada que se encontraba su amiga, pero no insistió. Se sintió culpable por haberla abandonado en ese combate, por no haberla cuidado como antaño y por correr tras un idiota sin escrúpulos ni moral. Lo valioso era proteger a su equipo y lo había olvidado. Tal vez después de cenar la iría a ver.
—Será mejor que se tome un descanso —dijo Kankurō, limpiándose la boca con la servilleta—. No sólo luchó contra Sasori, sino que también preparó un antídoto que parecía muy difícil y me atendió. Necesita una buena noche de sueño para recuperar chakra y energía.
—Kankurō tiene razón, Sakura hizo más de lo que la misión dictaba —añadió Temari—. Cuando amanezca, le daré las gracias y le haré un regalo.
—Ha cambiado mucho desde la primera vez que la vi, defendiendo sin poder a Sasuke Uchiha —musitó Gaara, despertando recuerdos en Naruto—. Ahora ya tiene armamento para ponerse a la altura de un Akatsuki. —Sonrió a Naruto— Supongo que les debo un agradecimiento a todos ustedes.
Naruto empezó a reírse ante tales palabras. Kakashi le sonrió, aceptando que su alumno había madurado con los años y que aunque no había tenido verdadera oportunidad de exponer su poder, se percibía en su aura lo que era capaz de hacer. La valentía y audacia que demostró al perseguir a Deidara, al no rendirse y al dar todo de sí para rescatar a su amigo, eran dignas de un hokage. Por supuesto que Kakashi se sentía muy orgulloso de sus alumnos. Se sentía orgulloso de que su alumna, su única alumna, decidiera poner la cara y defender en lugar de ser defendida. De ser capaz de golpear sin miedo, de arriesgarse y ganar. Kakashi ya confiaba desde tiempo atrás que Sakura se convertiría en una ninja excepcional, pero no creía ver resultados tan pronto.
En definitiva, el único alumno al que no le seguía su avance era a Sasuke; aunque lejos de preocuparse porque no estuviera a la altura de sus compañeros, a Kakashi le preocupaba las medidas que Sasuke utilizara para fortalecerse. Finalmente, Sasuke buscaba venganza a cualquier costo, no le importaba que para eso tuviera que dejarse manipular por uno de los más grandes villanos del País del Fuego. Un sanin, un compañero de Jiraiya y Tsunade, un hombre entrenado por el tercer hokage. Un ninja desde siempre sensacional respecto a habilidades y con una aparente insensibilidad.
Sin embargo, las risas de Naruto y Lee lo distrajeron y lo regresaron a la realidad: cuando veía a Naruto reír o ser feliz, crecía la esperanza de que un día volviera a ver a su equipo junto. Si Naruto confiaba en que Sasuke tenía salvación, Kakashi se amarraría esa confianza al corazón y se obligaría en tenerle fe a Naruto. De alguna forma, ese niño siempre conseguía lo que se proponía.
La cena, después de eso, pasó sin complicaciones. Todos los ninjas ahí reunidos conversaron y trataron de pasársela bien. Después de todo, no era muy común que el kazekage permitiera a otros ninjas comer en su hogar, no con invitación de "amigos". Y aunque éste no rio demasiado, se le vio feliz y aliviado por volver a ver al muchacho que lo cambió. Evidentemente, al estar tan confiados en el futuro que les deparaba, no se preocuparon por la ausencia de Sakura; no se molestaron en suponer que quizá no era que Sakura estuviera dormida, sino que estaba ausente.
Y así fue hasta la mañana siguiente, cuando Kankurō despertó a Naruto para que lo acompañase a ver a Sakura. Quería pedirle que lo llevara a ver el cuerpo de Sasori y recuperarlo. Kankurō estaba interesado en ese estilo y quería salvar al que era el creador de sus marionetas. Salvar su alma, claro, su arte; no su vida.
Naruto bostezó cerca de tres veces antes de ponerse de pie y guiar a Kankurō hasta la habitación que se le había designado a Sakura.
Recargó medio cuerpo en la puerta y golpeó ésta con los nudillos.
—Sakura-chan… Kankurō quiere pedirte un favor, dattebayo —dijo Naruto aún con expresión somnolienta.
No recibió respuesta, pero no se preocupó en ese momento. Kankurō, en cambio, empezó a sospechar que algo andaba mal. Después de todo, el plato que Lee dejó la noche anterior seguía ahí.
—¿Sakura-chan? —repitió Naruto golpeando con más fuerza. Esta vez, al oír el mismo silencio, Naruto tomó la perilla con ambas manos y giró.
Al recorrer la puerta, se percató de la ausencia del cuerpo de su compañera y distinguió en la orilla de la cama la banda de Sakura, a un lado de una hoja doblada. De inmediato, una angustia irremediable se asentó en su pecho. Antes ya había sentido algo así, antes ya había escuchado los latidos de su corazón a esa velocidad, antes ya había sudado con sólo ver un objeto a su alrededor: cuando despertó en el Valle del Fin, en la espalda de Kakashi y con la cinta de Sasuke a su derecha. Esa cinta era lo que evidenciaba que Sasuke, su mejor amigo, ya no era un ninja de la Hoja, sino que había desertado.
Naruto temía que esa noticia la fuera a recibir también de Sakura, de su compañera fiel, de su mejor amiga, de la chica que todavía quería.
Con la respiración entrecortada y los labios entreabiertos, Naruto se acercó, seguido por Kankurō.
—No… —susurró al ver una línea horizontal que cruzaba el símbolo de Konoha en la banda de Sakura— ¡No! —exclamó tomándola.
Kankurō se sobresaltó ante el grito de Naruto y se preguntó qué razones tendría Sakura para desertar apenas terminó su primera misión contra un Akatsuki. Sin poder evitarlo, Kankurō se preguntó qué le habría hecho Sasori a Sakura para dejarla en un estado así. Entonces, vio la nota que Naruto aún no cataba.
Kankurō la tomó con cuidado, mientras Naruto apretaba con fuerza la cinta, sintiendo cómo cada una de sus partes se rompía, cómo se trozaba el cuadro del equipo siete que siempre llevaba en su mente. Sus dos mejores amigos, su familia, lo habían abandonado.
—Fue por Sasuke… —murmuró Kankurō con los ojos clavados en la muy corta nota de Sakura.
Naruto giró el cuello con tal rapidez que sintió cómo tronaba. No le importó; simplemente le arrebató la nota y la leyó.
"He ido por Sasuke. Tal vez tarde, no me busquen.
Los quiere.
Sakura."
Naruto negó con la cabeza una y otra vez, negándose a creer que con un mensaje tan corto como seco, Sakura pudiera dejarlos, pudiera marcharse sin sentir nada más. Aún peor, Naruto se negaba a creer que Sakura fuera tras Sasuke sin compartir la noticia con él, con quien le había prometido traer a Sasuke de regreso. ¡Eran un equipo, los tres, los cuatro incluyendo a Kakashi! ¡Sakura no podía ser tan egoísta!
Enojado, frustrado y devastado, Naruto no pudo hacer otra cosa además de gritar de manera desgarradora el nombre de Sakura.
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Sakura tropezó con una rama en el suelo, mas se sostuvo del árbol a su derecha para no caerse. Estaba agotada: después de tres días de viaje de Konoha a Suna, de atender a Kankurō, de correr nuevamente hacia el encuentro de Gaara y luchar contra Sasori, Sakura ya no sentía las energías necesarias para una caminata más. Aunque no lo diría, no le haría saber a Sasori cuáles eran sus debilidades en ese momento. Sin importar cuánto le repitió él que ahora eran un equipo, Sakura no terminaba de confiar en ese sujeto, en ese asesino. Para Sakura, Sasori sólo sería un medio que utilizaría con el objeto de salvar a Sasuke. Una vez Sasuke estuviese en Konoha, Sakura se dejaría matar por aquél que lo deseara. Bajo ninguna circunstancia permanecería a merced de un monstruo.
Mientras Sakura se perdía en esos planes, Sasori la observaba de reojo un par de metros adelante. Sakura lucía cansada: debajo de sus ojos, se asomaban unas enormes y oscuras ojeras; sus piernas y brazos tenían heridas sin atender y sus labios estaban secos. Sasori había olvidado lo diferentes que eran los humanos, sobre todo humanos como ella, que estaban adiestrados a una buena vida. Deidara era distinto, era un hombre acostumbrado a los desvelos y ayunos; pocas veces se detenían a descansar porque Sasori detestaba esperar o hacer esperar a alguien. Deidara solía hacer siestas de una o dos horas, nada largo, y comía entre viajes: sabía lo que le molestaba a Sasori y no le gustaba hacerlo enojar.
Empero, Sasori sabía que Sakura sería la excepción a su regla más importante, sabía que para que Sakura funcionara como humana, tenía que darle sus tiempos como humana. Además, seguramente Sakura no había descansado como se debía desde que su misión empezó. Tal vez ni siquiera habría comido algo decente.
—Has empezado a caminar muy lento, detengámonos —dijo parándose en seco.
Sakura obedeció por un segundo, en el que miró a Sasori recargarse en un tronco para observarla. Detestaba cómo la miraba, como si ella fuera una niña pequeña e indefensa que necesitaba del cuidado de otros, como si otra vez fuera ella la débil del equipo. Como si Sasori hubiera olvidado que fue ella quien lo desarmó.
—No. Continuemos —replicó Sakura, cruzándose de brazos y avanzando. Sasori no respondió: sólo la miró alzar con orgullo y un dejo de ofensa la barbilla.
—Te desmayarás si no descansas. —Le dijo aún recargado en el árbol, al mismo tiempo que ella volvía a tropezar— Al menos una hora.
—He dicho que continuemos —espetó ella sin detenerse.
Sasori suspiró antes de lanzar un par de hilos de chakra hacia las piernas de Sakura. Ella sintió un pequeño piquete cuando Sasori por fin la controló. Apretó los dientes, enfadada. Antes había pasado por eso, antes o quizá después, cuando Sasori, en estado de Edo Tensei, la controló de la misma manera para atraerla hacia donde la esperaba. La misma sensación de desagrado cruzó por su cuerpo, pero no pudo hacer nada cuando Sasori la obligó a regresar hacia donde escuchaba su voz.
—Detesto que cambien mi ritmo; prefiero esperar a que recuperes fuerzas —explicó él haciéndola caminar hacia su dirección—. Así que tendrás que obedecerme al menos esta vez.
—Si necesitas que corra, lo haré, pero no tires de mí. No soy tu marioneta —dijo Sakura concentrando chakra en sus piernas para tratar de romper el enlace de Sasori.
—Aún —contestó él con una sonrisa ladeada.
—Nunca —aclaró ella, reuniendo más fuerza.
—Creí que eso me pediste, niña. —Siguió Sasori, encontrando cierta diversión al molestarla.
Podía leer en sus facciones que lo que hacía no era por placer, que Sakura había tomado una decisión premeditada y que no estaba conforme con eso. Podía ver en sus movimientos toscos que trataba de liberarse del control que él ejercía sobre ella. Y podía sentir cómo esos esfuerzos daban frutos porque a cada milésima de segundo, Sasori percibía la tensión en su flujo de chakra. Sakura era, después de todo, una magnífica manipuladora de chakra.
—Te pedí ser una marioneta humana, jamás hablé de pertenecerte —corrigió Sakura, rompiendo por fin los hilos que la ataban a los deseos de Sasori.
Se percató de la cercanía entre ambos, se percató de que a esa distancia podía ver con claridad las líneas en los ojos de Sasori y se enfadó por el grado al que Sasori llegó al hacerla caminar.
—Monstruo —gruñó.
—Ingenua —respondió él, sin borrar la sonrisa de su rostro.
Sakura frunció el entrecejo antes de darle la espalda.
—Caminaremos, no soy una mujer débil —dijo. Esta vez, Sasori no se opuso. Lo único que Sakura necesitaba era un impulso para esforzarse un poco más, para obligar a su organismo a resistir un par de kilómetros más.
Sasori le permitió caminar unos metros antes de seguirla y adelantarla para mostrarle el camino. Existía la posibilidad de que, al final, Sakura no fuera tan mala compañía. Era una mujer muy fuerte, efectivamente, muy capaz de superar sus propios límites y con un carácter que haría temblar a la mayoría de la comunidad masculina. Por fortuna, para Sasori ese carácter sólo hacía mucho más interesante su compañía.
De haber sabido que se encontraría con una niña de ese estilo, Sasori habría bromeado aún más con ella durante su batalla. A pesar de que Sasori detestara la perspectiva de arte que Deidara poseía, admitía que las discusiones eran las que mantenían su compañerismo al cien. Extrañaría tener a alguien con quién debatir sobre distintas corrientes artísticas, mas recibiría a cambio los gestos y movimientos más emocionantes que sólo Sakura podría darle. Bienvenido, espectáculo.
Por un lado, Sakura tomaba a Sasori como una herramienta; pero por el otro, Sasori tomaba a Sakura como una diversión. Ciertamente, ninguno se veía como un compañero, aunque ninguno estaba dispuesto a despedirse del otro. Tal vez ése sea el principio de un equipo: el no querer apartarse de la persona a su lado. No obstante, ese concepto era algo que no importaba en el inicio de la relación entre Sasori y Sakura.
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Tras unas cuatro horas de viaje, en las que Sakura ignoró las recomendaciones de Sasori, por fin divisaron una pequeña cabaña de ladrillo viejo. Estaba a un lado de un río y un enorme roble que protegía de la vista aérea a la casa.
Sakura vio la expresión relajada de Sasori al caminar hacia ese lugar. Lo siguió: habían llegado al lugar que él llamaba "hogar".
Sasori se adelantó, sin esperar a Sakura. Cerró la puerta de madera antigua detrás de sí y le echó un corto vistazo a lo que había a su alrededor. Tenía mucho tiempo que no pasaba por ahí: desde que se había unido a Akatsuki.
En diversas ocasiones quiso regresar a ese lugar, a ese lugar que cuando era niño descubrió junto con su único posible amigo, Komushi. De esta forma, Komushi había sido el único que conocía el escondite de Sasori.
Ése fue el lugar donde Sasori creó la marioneta del tercer kazekage, donde ideó mejores venenos y donde guardó ciertos prototipos de marionets humanas de bajo nivel – regularmente huérfanos. Era, entonces, el laboratorio original de Sasori, aquél a donde volvía una vez terminaba de recolectar cuerpos suficientemente fuertes para su colección. O al menos así fue hasta que aceptó unirse a Akatsuki. Sasori tampoco se quejaba de su estancia en la organización pues le habían dejado una habitación doble para sus creaciones y experimentos. Ciertamente, en ese sitio fue donde Sasori mejoró su propia maquinaria, donde encontró el material exacto para su cuerpo como marioneta. Y, por supuesto, donde hizo mejorías en la marioneta Hiruko.
Estaba mirando uno de sus antiguas recetas cuando escuchó a Sakura toser. Ya la había olvidado, ya había olvidado que esa mocosa estaba ahí para que él la convirtiera en marioneta. Al ser una simple humana, Sakura era propensa a enfermarse en medio de todo el polvo de la cabaña.
Sasori ya había olvidado lo débiles que eran los humanos.
—Esto apesta —musitó Sakura cubriéndose la boca y la nariz con la mano— ¿Hace cuánto que no vienes aquí? —preguntó sin esperar una verdadera respuesta.
—Ocho años, tal vez —contestó Sasori de manera automática—. Fue antes de unirme a Akatsuki. Estamos seguros, por el momento, nadie conoce este lugar —agregó.
Sakura asintió, sintiendo de nuevo la culpa por haberse unido a un miembro muy peligroso de Akatsuki. Sasori soltaba la lengua con tanta facilidad, hablaba sin pensar en lo que podrían significar esas palabras para una ninja que no había planeado ser una mercenaria.
Cabizbaja, decidió recorrer las habitaciones. No podía hacer otra cosa por el momento y deseaba no ver a Sasori al menos por unos minutos.
—Esta cabaña ha estado abandonado desde que yo era un niño —dijo Sasori al escuchar los pasos de su nueva compañera—. En las habitaciones hay colchones y cobijas; tal vez tengan algunos bichos, pero puedes dormir ahí, supongo.
Sakura no respondió. Le enfermaba la cuestión de protegerse el uno al otro, de buscar el bienestar de un asesino tan frío como él, le enfermaba el hecho de que ese asesino buscara la forma de que ella se sintiera mejor. Un sueño no le serviría de nada, no cambiaría su decisión y el rumbo de su camino.
A pesar de que mantenía a Sasuke en su mente, de que su risa frenética y su mirada desquiciada la perseguían, Sakura no podía evitar el pensar a cuántas personas mataría estando al lado de Sasori. No podía evitar el pensar en las últimas expresiones que vería en los rostros de sus víctimas, en el asqueroso proceso en el que serían sometidas. No podía evitar la carga de ser culpable de que todas esas muertes sucedieran. Si ella no hubiera salvado al marionetista, si no lo hubiera curado, nada de eso pasaría.
Empero, si ella no hubiera hecho aquel sacrificio, Sasuke hubiera ocupado el lugar de Sasori; Sasuke hubiera sido el psicópata temido por todas las aldeas, el criminal que se atrevería a enfrentarse a los cinco kage. Sakura no toleraría ver eso de nuevo, no toleraría sentir una vez más cómo se rompía su corazón.
—Gracias —susurró antes de abrazarse a sí misma y buscar refugio en las habitaciones.
Para salvar a Sasuke, ella tendría que soportar la sangre en sus manos.
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Sasori, por su parte, dedicó el resto de la mañana a reparar su cuerpo y colocar una pequeña capa de cerámica de marionetas para restablecer su apariencia. Detestaba que las marcas en sus dedos fuera tan notorias. Además, sabía que el golpe de Sakura en su mejilla era peligroso, porque si la loca volvía a hacerlo, esa pieza se rompería y Sasori no podría crear otra si no podía ver.
Niña tonta.
Sasori no se preocupó por el llanto de Sakura, no se preocupó por la culpa que ella sentía, no se preocupó por la tristeza que de ahora en adelante los ojos de Sakura cargarían. Sasori sólo pensó en lo que a él le importaba, Sasori sólo pensó en lo que tendría que hacer para recuperar las otras 196 marionetas que tenía en una de las guaridas de Akatsuki.
Para él, las muertes que estuvieran frente a sus ojos y la sangre que corriera en sus manos, no era algo esencial. El asesinato no era la razón, sino el primer medio para la creación de su arte. Aunque por el ruido de los gemidos de Sakura, Sasori presintió que el asunto sería más complejo para ella. Aunque no le importó: ella se había metido en ese trato y no había elección. Si no quería salvarlo, debió permitir que muriera. Si no quería matar a nadie, no debió aceptar el trato: le hubiera sido tan sencillo darle muerte. Si no quería perder todo lo que Konoha le había dado, no debió rasgar su banda y escribir esa carta.
Las personas son libres de decidir a dónde pertenecen, las personas toman decisiones de acuerdo a sus criterios. Las personas sufren porque han tomado esa decisión, mas las personas también deberían ser capaces de afrontar esa decisión, alzar la barbilla y seguir adelante. Sasori sabía todo eso, sabía que Sakura había elegido un camino sin retorno y sin garantía de vida, pero aseguraba, por el carácter que la identificaba, que Sakura podría sobreponerse ante ese dolor. Si ese Sasuke era lo que la había empujado a formular ese plan, entonces ese Sasuke debía ser el empuje de Sakura para continuar. Sakura no era una persona que se echara hacia atrás y Sasori esperaba ver aquella decisión levantarse de la llorona Sakura.
Porque aunque el sentimiento no fuera recíproco, confiaba en ella.
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"No dudé en ningún momento qué era lo que quería hacer y por qué. Pero sí me dolió alejarme de los que quería… Aunque luego… luego entendí que había hecho lo correcto."
"No, ella no significaba nada para mí. Sakura sólo era una niña molesta con la que me entretendría unos días, unas semanas, quizá. Ella no era nadie, no me dolían sus lágrimas o sus desvelos. Ella lo escogió así."
Nota de la autora:
¡Muchas gracias por leer! Voy a responder las preguntas que dejó un usuario en el capítulo anterior:
1. No tengo planeado hacer otro SasoSaku en el mundo ninja. Sobre todo porque seguramente habrían situaciones muy similares entre ese fanfic y Sigo viva. Sin embargo, tengo uno o dos borradores sobre SasoSaku Universo Alternativo.
2. Por las propiedades de Sasori -que es de cerámica, básicamente- no creo que sea plausible el lemon en primera instancia. Sin embargo, no descarto la posibilidad de que eso ocurra. No pasará en los primeros 20 capítulos, eso es seguro. Tengo una historia SasoSaku, Artis gratia ars, donde sí hay algo de lemon, por si se agota su paciencia.
3. He visto ambas recomendaciones; me gusta mucho Miraculous. ¡Gracias!
4. El NaruKonan es algo que jamás he explorado ni he escrito. Podría intentar hacer algo así, pero no sabría cuándo.
5. Agradezco infinitamente su apoyo. Por supuesto, acudiré a ustedes si me quedo sin ayudas o me bloqueo.
Abrazos.
Nayla Kei
