Disclaimer eternal.


SIGO VIVA


3
Modales infantiles

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Lo sabía. Sabía cuál iba a ser su destino si seguía ahí. Lo veía en sus ojos mientras Sasori permanecía sentado frente a una mesa, haciendo cosas que a Sakura no le importaban. Porque Sasori no era de su interés, porque nada de lo que él hiciera le podía importar.

Esa mañana, dos días después de que llegaran a ese escondite, Sakura despertó con lágrimas secas en las mejillas. De nuevo. Tuvo pesadillas, las tuvo de nuevo con los recuerdos que ya no le pertenecían a ella, sino a la Sakura que hubiera vivido si no hubiera aceptado la propuesta de Sasori. Las escenas eran las mismas, los paisajes eran los mismos: veía a Sasuke convertirse en un monstruo. En un monstruo como ella lo sería una vez Sasori decidiera atacar a lo que quisiera atacar. Y dolía, dolía convertirse en lo que detestaba; dolía, pero sabía que era lo correcto, que era lo necesario para salvar a Sasuke.

Sakura, sin tolerar más el olor estupefacto de la cabaña, se puso de pie y se dirigió hacia la puerta. Sintió la mirada de Sasori sobre sí, pero no le dio explicaciones. Él sabía que no tenía a dónde ir, que no se iría muy lejos y que regresaría. Aunque no se dijeran nada, ellos se comunicaban. Aunque ella no lo dijera, Sasori sabía que sufría. Mas no le importaba, no tenía por qué. Simplemente, eran dos sujetos que se habían aliado para complacer las necesidades del otro.

Sakura caminó hacia el pequeño lago que estaba muy cerca de donde estaban quedándose. Una vez ahí, se desnudó y entró en el agua, sumergiéndose por completo para sentir que el agua ahogaba sus penas, sus dolores. Para fingir que podría ahogarse ella misma. Qué sencillo sería permitir que el agua se introdujera en sus pulmones, qué sencillo sería morir ahí. Pero no lo haría, y lloraba por eso, porque ella quería salvar a Sasuke y estaba dispuesta a permitir que esa sensación de culpa la llenara por completo. Estaba dispuesta a todo… incluso a verse a sí misma asesinar a una familia, a una aldea entera, incluso verse a sí misma en las manos de un marionetista del demonio. Incluso permitirse que las manos de un asesino la convirtieran en lo que era él. Permitir que él reprodujera su cuerpo en otro cuerpo, permitir que él la transportara hasta ese cuerpo y permitir que él le diera el poder para evitar que Sasuke fuera lo que sería.

Permaneció en el agua un largo tiempo, en el que se bañó y jugó un rato con sus manos y piernas. Intentó olvidarse un momento de lo que hacía ahí, intentó verse como cuando niña jugaba con Ino en las aguas termales de Konoha. Lo intentó y pareció conseguirlo, hasta que después de hundir todo su cuerpo y luego asomar la cabeza, vio a Sasori de pie, a algunos metros de ella, mirándola con una ceja alzada. Sakura no pudo identificar si el marionetista sonreía, pero estuvo segura de que se burlaba de ella, de la manera tan infantil en la que ella se movía, de los gestos que seguramente le vio hacer. De lo ridícula que se vio en el agua.

Y por primera vez desde que decidió aceptar a Sasori como su compañero, sintió algo distinto a la culpa o a la tristeza: vergüenza. Vergüenza no sólo de lo que había hecho en el agua, vergüenza porque además, se encontraba completamente desnuda y el agua del lago era muy clara. Vergüenza porque al intentar cubrir sus senos y su pubis, se hundió sin remedio; causando ahora sí una ligera risa en Sasori.

—No te he mirado si es lo que crees. —Le advirtió Sasori una vez Sakura consiguió mantenerse en flote— Te he traído una capa oscura, tu ropa es muy llamativa para el lugar a donde iremos.

Sakura entonces miró la prenda que Sasori sostenía en la mano derecha. Era color vino, al igual que la que él tenía puesta, era del mismo color que las de todas sus marionetas. De inmediato, olvidó su problema de vergüenza y bufó, ofendida.

—Ya te dije que no soy tu marioneta. —Le espetó, dirigiéndose a la orilla del lago.

—No discutiré eso contigo, no ahora, por lo pronto. Me refiero, niña, a que el rosa de tu cabello es suficientemente llamativo como para resaltarlo con el color rojo en tu blusa y el rosa en tu falda. Por eso quiero que al menos tengas un poco de discreción y te pongas esto encima —respondió Sasori arrojando la capa al montón de ropa que Sakura apiló cerca del lago—. Si no vas a desayunar, partiremos en cuanto te vistas. Te espero adentro. —Finalizó antes de darse la vuelta y marcharse.

—No tiene nada de malo mi ropa —farfulló Sakura cual niña pequeña que se rehúsa a despedirse de su pijama favorito.

Sin embargo, luego de vestirse con su usual conjunto, extendió la capa frente a ella antes de introducir su nariz en las mangas. Realmente como una niña pequeña hurgando en la ropa que no le gusta, pero que debe ponerse. Sasori negó con la cabeza, mirándola desde la ventana.

Luego de analizar las palabras de Sasori y percatarse de que tenía razón, Sakura se enfundó en la capa color vino. Disimuladamente, se miró a sí misma y se encontró mucho más cómoda de lo que esperaba. Incluso parecía que Sasori había tenido la prudencia de hacer un corte en la cintura para que no la prenda no incomodara a Sakura y además, resaltara lo que Sakura más amaba de su anatomía: la delgadez de su cintura. Inconscientemente sonrió, recordando que Ino habría hecho lo mismo por ella. Tal vez, ése fue el gesto más amable por parte de Sasori en sus primeros días juntos. O tal vez, lo hizo para evitar que fuera quejándose por todos lados. No importaba la razón, Sakura se había adaptado bien a la capa.

La abrochó hasta el cuello y acomodó el gorro que colgaba en su espalda para que cubriera las puntas de su cabello. Una vez su vanidad se complació, Sakura avanzó hasta llegar a la cabaña. No se sorprendió de ver a Sasori colocando un pergamino en las aberturas de su espalda. Él había colocado su capa en la silla donde siempre trabajaba, para acomodar mejor lo que ocuparía. Sakura vio con cierta repulsión el veneno que escurría en lo que debía ser su estómago. Vaya que desperdiciaba demasiado en todos sus artefactos.

—Te estaba esperando. —Le dijo Sasori antes de tomar la capa de la silla y meter los brazos en ésta— Ah, veo que aceptaste la prenda —comentó, señalando con una cabezada la capa.

Sakura simplemente asintió. Luego de ver el cuerpo de Sasori y recordar lo que él era, se arrepintió de creer que podría caber la amabilidad en ese criminal. Entonces fijó su atención en la prisa que llevaba Sasori por salirse de ahí. Temió que hubieran sido ubicados por los de la Hoja o los de la Arena, así que se tensó de inmediato.

—¿Ocurre algo? —preguntó ella con cierto temor.

—¿Debería ocurrir algo? —respondió él mientras abrochaba el último botón de su capa.

—¿Por qué nos vamos? ¿Alguien nos ha seguido?

—No por ahora, pero no tardarán en encontrar este lugar. Tu olor debe ser muy característico; la capa lo aminorará un poco hasta que empecemos con la transformación.

Esas últimas palabras atrajeron a Sakura cual imán. El brillo en sus ojos se intensificó; Sasori lo notó, mas no mencionó nada.

—¿Cuándo lo iniciaremos? —preguntó ansiosa.

—Cuando recupere mis instrumentos y materiales. Están en la guarida central de Akatsuki, a ese lugar iremos ahora —dijo Sasori previo a caminar hacia la salida de la cabaña, consciente de que ese lugar podría entumecer de miedo a Sakura.

—¡Espera! —pidió ella mientras corría hasta alcanzarlo— No hablas en serio, ¿verdad? Sería muy peligroso si nos descubren. No podremos matarlos a todos, no tenemos…

—No pienses demasiado, pequeña niña. Por eso te he dado la capa y por eso te he pedido ser discreta. Cuando yo te diga, cubrirás tu cabeza y te pegarás a mí. La zona a la que iremos está controlada por el rinnegan, así que tenemos que ser muy precavidos de lo que hacemos. Es fácil que yo me pueda ocultar porque no tengo un cuerpo humano, pero tú serás un problema.

—¿Qué tengo que hacer, en ese caso? —cuestionó ella al mismo tiempo que dejaban atrás a la cabaña. Sasori se detuvo antes de mirarla.

—Tendrás que permitir que te selle dentro de un pergamino. No existe otra alternativa —explicó, a sabiendas del griterío que recibiría.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡No, no, no! ¡Me niego a formar parte de tu maldita colección! ¡No voy a ser sellada por ti ni por nadie! ¡Ya te dije que…!

—A menos de que puedas convertirte en un animal u objeto, no tienes escapatoria —advirtió Sasori, interrumpiéndola. Sakura balbuceó otra sarta de palabras inentendibles, admitiendo que no podría hacerlo por mucho tiempo. Sasori se alzó de hombros, triunfante, previo a continuar su camino.

—Maldito —susurró Sakura, abrazándose a sí misma—. Desharás el sello en cuanto salgamos de la Aldea de la Lluvia —dijo sin percatarse de cuánto dejó salir en ese momento.

—¿Cómo sabes que está en la Aldea de la Lluvia? —inquirió Sasori deteniéndose nuevamente. Sakura se mordió el labio, insultándose por haber descuidado su secreto.

—Investigaciones de Konoha. No puedo decirte nada de los secretos de mi aldea; sin importar que haya desertado, no estoy capacitada para decirte algo. Ya no perteneces a Akatsuki, tampoco te incumbe —contestó ella, haciendo gala de su inteligencia.

—Y tú no perteneces a Konoha, no les debes nada —espetó él—. Como sea, avanza. El camino es largo.

Sakura asintió, aliviada porque Sasori decidiera no indagar más en el asunto. Sasori, mientras tanto, continuó su camino.

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Shizune pocas veces había visto de esa manera a Tsunade. La hokage no había dejado de caminar de un lado a otro en su despacho. Alternaba su mirada del piso al techo mientras farfullaba unas cuantas maldiciones –algunas a ella misma y otras a Sakura. Había recibido una carta urgente de Suna donde explicaban la ausencia de Sakura. En ésta pedían autorización para que sus ninjas –el equipo Gai, Kakashi y Naruto– permanecieran en la Arena hasta que tuvieran por lo menos una pista de dónde se encontraba Sakura.

Tsunade, rendida ante la emergencia y la impotencia, accedió. Sin embargo, no permitió que nadie se acercara a ella. Prohibió la visita de todo ninja e incluso ocultó el escape de Sakura. Así sería hasta que ella misma lo admitiera.

Shizune, la única a la que le había consentido acompañarla, la miraba con Tonton en los brazos. Entendía la frustración de la hokage y le dolía que no pudiera hacer nada. Sakura había sido más que su alumna: se convirtió en su reflejo y en la esperanza de las ninjas. Ella era el orgullo de Tsunade, su alumna preferida y la mujer a la que admiraba por su inteligencia. Sakura aún era todo eso para la hokage… aun cuando Sakura le hubiera fallado.

Sin importar las excusas que Sakura puso, para todos tendría que ser clasificada como una desertora. Ése título no le gustaría a nadie, pues no tenía verdaderos motivos para alejarse de su aldea, de sus amigos. Sasuke, a pesar de sus errores, tuvo una razón para irse –estúpida, pero la tuvo– mas Sakura no, Sakura era una ninja con facilidades y amor en sus manos. Sakura no tenía razón para irse, para alejarse. No tenía por qué desertar, no tenía por qué guardarse información para recuperar a Sasuke.

Y, aunque Shizune no lo dijera en voz alta, ella no creía que Sakura se hubiera ido por decisión propia. Temía que hubiera encontrado un ninja quela hubiera obligado, un aliado de Akatsuki, quizá. Shizune estaba segura de que Sakura no podría hacerles eso por mano propia; tenía que haber un genio criminal detrás de todo eso.

—Dime lo que piensas —ordenó Tsunade a Shizune, luego de descubrir a su asistente y amiga con una expresión de duda.

Shizune se sobresaltó al escuchar la voz de la hokage. Miró sus ojos claros antes de pedir que le repitiera la pregunta. Tsunade lo hizo, con el entrecejo fruncido y alzando la voz.

—Ah… yo… N-no creo que Sakura-san haya hecho esto por sí sola. Me parece que hay alguien que puede estar controlándola. Tal vez la amenazaron —sugirió.

—También lo pensé, pero no habría nadie que pudiera hacerlo. Se confirmó por Chiyo la muerte de Sasori, el Akatsuki contra el que pelearon. No había nadie más en esa pelea —respondió Tsunade—. Tal vez ese Sasori le dio información a Sakura y ella estúpidamente se lanzó a buscar a Sasuke Uchiha. Yo sabía bien que ese amor por el Uchiha le iba a traer problemas, pero no creí que fueran de esta magnitud.

—¿Qué problemas tiene Sakura? —preguntó Shikamaru, abriendo la puerta. A su lado, Ino, Chōji y Asuma miraban a Tsunade, quien al verlos, apretó los dientes.

—¡Exigí que nadie entrara a mi despacho! —gritó, enfadada— ¡¿Acaso están sordos?!

—Lo sentimos, Tsunade-sama, pero acabamos de llegar de la misión. No sabemos nada de prohibiciones —dijo Asuma, afilando su mirada—. Y tampoco sabemos nada de Sakura. ¿Le ocurrió algo?

Tsunade dejó caer con fuerza los brazos, golpeando a su paso el escritorio frente a ella. Sabía que algún día la aldea se enteraría de la situación de Sakura, pero no esperaba que fuera antes de que ella lo asimilara. Reconocía la relación que Sakura e Ino tenían y advertía que ésta no podría quedarse de brazos cruzados si se enteraba que su mejor amiga había ido a quién sabe dónde para salvar a Sasuke. Desertando de la aldea antes, claro. Comportándose como una niña inmadura y estúpida. Comportándose como ni siquiera Naruto podría hacerlo. Sí, Tsunade reconocía que Sakura la había decepcionado.

—¡¿Qué sucedió con Sakura, Tsunade-sama?! —gritó Ino, adelantándose unos pasos a Shikamaru.

Chōji la tomó del brazo para evitar que avanzara más y provocara la ira de la hokage.

—Se volvió loca —murmuró Tsunade.

—¿Loca? —repitió Ino.

—¿Qué fue lo que hizo? —inquirió Asuma, temiendo la verdad.

—Ella… —Tsunade tragó saliva— Sakura desertó de Konoha para buscar a Sasuke Uchiha —explicó con toda la frialdad que fue capaz, evitando la mirada del equipo Asuma.

Una oleada de silencio inundó la habitación. Nadie, ni siquiera la misma hokage, podían aceptar esas palabras como algo real. Ino negó con la cabeza un par de veces, recordando la última vez que vio a su amiga, recordando la conversación que tuvieron sobre recuperar su chakra a mayor velocidad que antes. Hablaron también de cosas absurdas como los alimentos con los que debían cuidar su línea. Hablaron de cualquier tontería que Ino no consiguió recordar bien. Sólo sabía que no podía ser cierto, que Sakura no podría abandonarla. No podía.

—No me digan que un loco obsesionado con la juventud eterna le ofreció un poder mayor del que ya posee —dijo Shikamaru, tras unos segundos.

—Ella se fue por su propio pie —respondió Tsunade.

—No tiene motivos ni fuerza suficiente para ir sola —refutó Asuma.

—Pero así se fue. ¿En qué momento se volvió tan tonta como para aventurarse a algo tan peligroso? No lo sé, porque de esta aldea se fue completamente cuerda.

—Acusar a Suna de lo que sea que haya arrastrado a Sakura a tomar esa decisión es algo muy delicado, Tsunade-sama.

—Y permitir que una muchachita de quince años engañara a un kage en su propio hogar también es algo muy delicado, Asuma.

—El kage en cuestión también tiene quince años —dijo Shikamaru, frunciendo el entrecejo.

—¿Neji y Kiba irán con nosotros en el escuadrón de rescate? —preguntó Chōji, preocupado por el tiempo que estaban perdiendo en esa discusión.

—No, esto no es como en aquella ocasión. Sakura no se fue con ningún criminal, ella no fue reclutada por nadie. ¡Sakura no es como Sasuke y no lo será! —bramó Tsunade— ¡Sakura va a regresar, ella…!

—¡Tsunade-shizou! —gritó Ino para llamar su atención. Sus ojos azules ya desbordaban lágrimas de impotencia e incredulidad— ¡Tenemos que ir por ella antes de que sea tarde!

Los restantes en la habitación la miraron. Entendieron por su mirada y por la manera como temblaba su cuerpo, que Ino era la única que estaba pensando con la cabeza y no con el corazón. Entendieron que Ino fue la única en aceptar la maldita realidad y en poner los pies en el suelo. No importaban las razones de Sakura, ella se había ido; pero tenían que encontrarla, tenían que evitar que siguiera alejándose o sería tan inalcanzable como Sasuke.

Tsunade bajó la mirada, avergonzada, antes de responder:

—El equipo Gai, Kakashi, Naruto y los hermanos de la Arena ya están buscándola. Por suerte, envié a Neji, con el byakugan, y a Kakashi, con Pakkun y los demás perros, para que agilizaran la búsqueda de Gaara. Ahora, los dos serán de gran utilidad. Sin contar a Gaara y su "tercer ojo". Confío en que ellos puedan traerla de regreso —confesó con la voz ligeramente cortada.

Tanto el equipo Asuma como Shizune sintieron el pesar en Tsunade. Sería difícil que Sakura escapara ante tales cosas, pero no contaban con que fuera un criminal de Akatsuki el que estuviera con ella. No contaban con que fuera un experto en ocultamiento el que la protegiera de ser descubierta.

Porque aunque Sakura pudiera sentir que su andar era muy natural y despreocupado, Sasori había preparado una serie de trampas y sensores en ese bosque. Porque Sasori no había perdido el tiempo mientras ella dormía o se lamentaba de su mala suerte. Porque Sasori se estaba tomando muy en serio su misión. Porque para Sasori ya no existía el "decepcionar" a alguien. Porque Sasori no quería entender a Sakura en su dolor. Porque Sasori, internamente, quería que todos y cada uno de los amigos de Sakura cayeran en las trampas. Porque Sasori seguía siendo ese hombre sádico que capturaba a los mejores ninjas para su colección.

Porque la promesa que le hizo a Sakura de no tocar a nadie de Konoha o a los hermanos de la Arena, fue mentira.

—Detengámonos —dijo Sakura luego de cuatro horas de caminar a un lado de Sasori. Su compañero obedeció para mirar cómo ella recogía una serie de hongos y plantas medicinales a su alrededor.

—No puedes alimentarte únicamente de setas. —Le dijo Sasori.

—Lo sé. Con esto crearé píldoras de alimento. Me ayudarán a soportar el hambre y a recuperar fuerzas. Las prepararé cuando descansemos en la noche —explicó ella, arrancando un par de flores que le darían un sabor más agradable a sus píldoras.

Sasori asintió.

En ese momento, sintió en uno de los hilos de chakra que colocó en el perímetro, el movimiento rápido de tres ninjas. Reconoció el chakra de uno de ellos: pertenecían al escuadrón de rescate del jinchuriki. Miró de nuevo a Sakura y apretó los dientes. Sakura se detenía en cada planta a su alrededor para comprobar si le servirían o no. No había tiempo para ser selectivos, los amigos de Sakura los alcanzarían en cualquier momento si no se apresuraba.

—Es suficiente, tenemos que irnos —dijo Sasori tocándole con insistencia el hombro derecho. Sakura se sacudió para evitar el contacto del marionetista—. No estoy jugando. Tus amigos vienen para acá. El ninja sensor está con ellos, nos descubrirá en cuestión de segundos.

—¡¿Qué?! —preguntó Sakura poniéndose de pie.

De inmediato, un hilo más cercano a Sasori le advirtió que estaban demasiado cerca como para que el sensor los ubicara. Sasori no previó nada más.

Tomó de la cintura a Sakura antes de saltar a un árbol cercano y saltar con los pataleos y manotazos de Sakura en su cuerpo de arcilla. Pero no podía seguir su paso de humano, su débil paso de humano. Esos ninjas, a diferencia de Sakura, habían tomado un descanso admirable y poseían la fuerza para alcanzarlos, enfrentarlos y derrotarlos. Y aunque a Sasori le importaba muy poco lo que fuera que Sakura quisiera hacer, no permitiría que alguien se burlara de él de esa forma. No era justo ni honroso que se enfrentaran a él cuando no tenía su armamento preparado.

—¡Estás lastimándome, torpe! —gritó Sakura— ¡Puedo caminar, suéltame! —gritó sin dejar de sacudirse.

Sasori, enfurruñado, se detuvo en una rama ancha para colocarla a su lado. Se miraron durante unos segundos, en los que Sakura lo insultó mentalmente por haberla tratado como un objeto de arcilla. Sasori desvió los ojos de ella para percibir el movimiento en sus hilos de chakra. Parecía que se habían alejado lo suficiente, aunque no por eso se sentía seguro.

—Te lo diré una sola vez, niña, si ellos se acercan a nosotros, todo tu plan se desvanecerá —explicó con la mirada clavada en el oeste, justo de donde venían—. No habrá descansos esta noche, tenemos que alejarnos de ellos.

Sakura apenas pudo asimilar esas palabras antes de sentir cómo era asida de la muñeca para obligarla a saltar entre las ramas, manteniendo el rápido ritmo de Sasori. Vio su perfil mientras se alejaban y encontró en su mejilla un ligero rastro del golpe que ella le dio en la cueva donde pelearon. Aunque Sasori no fuera un humano por completo, aún podía percibir en él ciertos amagos de lo que un día fue, como esa "cicatriz" en su mejilla.

—Deja de mirarme y pon atención a donde caminas —ordenó Sasori.

Sakura, enojada por ser tratada como una niña, se soltó del agarre de Sasori y continuó su camino.

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"Fue muy pedante en un principio. Me trataba de una forma un tanto extraña… A veces me cuidaba, aunque su manera de cuidar me cohibía. Él… él nunca fue alguien completamente normal. Creo que eso fue lo que me intrigó de él."

"Era torpe, era infantil y muy distraída. Se preocupaba por cosas tontas e ignoraba lo verdaderamente importante. Sakura… Sakura era como una niña a quien yo debía proteger. Así lo vi desde un principio."


Nota de la autora:

Este capítulo era uno de los que más gracia me causaba. Me gusta bastante todavía.

Ahora, pasemos a responder comentarios:

- michdelreal: ¡Muchas gracias por darle una segunda oportunidad al fanfic! Y gracias por las palabras de apoyo. Sasori es un grandioso personaje, y concuerdo contigo en que merecía más atención. La forma como concluyó por el edo tensei es algo a lo que me niego; Sasori pudo haber hecho más.

Pero, vale. Espero que este fic te siga gustando como antaño. ¡Muchas gracias!

- manu: ¡Muchas gracias por las sugerencias de fanfics NaruKonan! Por ahora no prometo traer nada al respecto, pero agradezco mucho las sugerencias. Respecto a ranma 1/2, lo vi cuando era muy niña, hace más de quince años... Ya no recuerdo nada sobre esa obra. Sobre Miraculous, vi hasta la segunda temporada. Me he desconectado muchísimo de los animes y series, así que no me ha dado tiempo de actualizarme. ¡Cuídate tú también!

- Guest: Creo que yo tampoco esperaba continuar la historia, pero gracias al cielo que volví.

¡Saludos y gracias por leer!

Abrazos.

Andreea Maca.