Disclaimer eternal.
SIGO VIVA
5
No soy una niña
Luego de dos días de seguir huyendo, Sasori y Sakura se asentaron a las orillas de una laguna donde Sakura dijo que podría bañarse cómodamente. Sasori por su parte, afirmó que cerca de donde se encontraban había una pequeña aldea donde quizá encontraran algún candidato para su colección.
—¿Cuánto tiempo tardarás en convertirme? Aún podemos ir por Orochimaru — dijo Sakura, abriendo el pequeño morral que Sasori le había dado fuera de la Aldea de la Lluvia. Sacó una píldora de alimento y la mordisqueó.
Sasori, mirando el cielo despejado, a varios metros de ella, respondió:
—Depende de tu organismo. Eres joven, no te has desarrollado por completo y desconozco cómo sea el flujo de tu chakra; aunque por tus habilidades, supongo que es bueno. Tal vez tardemos seis meses en completar el proceso con éxito —concluyó.
Sakura dejó de masticar tras escuchar esas palabras. No, no tenía tanto tiempo para perderlo de esa forma. En seis meses Sasuke estaría por matar a Itachi o tal vez ya lo habría hecho. Tenía que detenerlo incluso antes de que matara a Orochimaru para evitar que formara su equipo Hebi.
—Imposible, debes acelerar el proceso —dijo tras unos segundos.
Sasori le dedicó una fría mirada y, ofendido, se recargó en el árbol a sus espaldas.
—No seas estúpida, si acelero el proceso, tus células no se adaptarán a tu nuevo organismo y morirás sin duda alguna. Crear una marioneta humana como yo no es lo mismo que crear otro tipo, como la del tercer kazekage. Ellos pierden consciencia de lo que hacen, yo no. Y para mantener todos esos sentidos es necesario acostumbrar a tu cuerpo a un nuevo contenedor, acostumbrar a tus células a vivir únicamente con chakra y acostumbrarte a ti a dejar de usar tus pulmones y comenzar a usar tu red chakra para vivir. No es algo que se pueda hacer en una semana, niña —finalizó, mirándola a los ojos.
—Yo creí que se trataba sólo de sustituir, pero tienes razón. No pensé en todo eso —dijo Sakura, desviando la mirada a modo de disculpa—. ¿Y no hay modo de acelerarlo tan siquiera un poco?
—No, he considerado el menor tiempo y confío en base a nuestro enfrentamiento, que sepas cómo mover tu chakra al corazón, sin matarte en el intento. No todos los ninjas son aptos para este tipo de creaciones; pero ya lo he dicho: tú eres diferente. Confórmate con eso.
Sakura ignoró el indirecto reconocimiento de Sasori. En cambio, suspiró y pensó en sus amigos, en su aldea, en todo lo que podría pasar durante su ausencia. Pensó en cuánto daño podría hacer en compañía de Sasori, a cuántas personas lastimaría o mataría. Desvió unos centímetros su rostro para mirar el de Sasori, tan pasivo y con una ternura falsa mirando hacia la puesta de sol frente a él. Se veía tan absorto en sus pensamientos, tan lejos de ella y de sus miedos.
Su capa que ocultaba ese cuerpo artificial ofrecía una imagen de un sujeto normal y sin pensamientos psicópatas. Podría engañar a cualquiera; sobre todo cuando eran tan pocas las personas que habían visto su verdadero rostro.
Sin quererlo, Sakura hizo un mohín, molesta por la ventaja de Sasori ante su reputación y un posible regreso a la sociedad.
—Deja de mirarme así. Aséate y descansa. Mañana iremos a esa aldea para empezar con tus brazos. Te explicaré todo en el camino —dijo Sasori sin mirarla, estirando las piernas sobre el césped.
—De acuerdo, pero date la vuelta —ordenó ella, regresando la vista al frente.
Sasori, en lugar de simplemente girar el rostro, se levantó y caminó de espaldas a ella. Sakura no preguntó a dónde iba; sabía que no la dejaría ahí. Tras unos segundos, se desvistió y entró al lago frente a ella. No vio a Sasori hasta que amaneció.
Sasori pasó la noche preparando sus materiales para la transformación de Sakura. Mientras Sakura dormía, combinó varios colorantes naturales para crear el tono perfecto de la aperlada piel de Sakura, más clara que la de él. Y viendo el color de su cabello, se preguntó cómo podría conseguir no sólo ese tono, sino el efecto que tenía bajo la luna.
Él era un artista, por lo que era fan de la perfección. Si iba a convertir en marioneta a Sakura, entonces tendría que hacerlo perfecto. No sólo por respeto a su arte, sino a la musa que convertiría en posible ese arte.
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—¿Eso es una ensalada? —preguntó Sakura por la mañana, mirando a su derecha un mortero lleno de verduras, nueces y aceite natural de naranja— Sasori, ¿lo hiciste tú?
—Necesitas alimento no procesado como esas píldoras que estás consumiendo. La transferencia es peligrosa y debes empezar a comer adecuadamente —respondió él, sin darle importancia—. Come y nos iremos.
—A-ajá —contestó ella, antes de tomar los palillos recién creados y empezar a engullir su desayuno— Gr-gracias… supongo —murmuró entre bocados.
Sasori no respondió. Volvía a estar perdido en su propio mundo. No quería pensar demasiado en que quizá se estaba arriesgando mucho al viajar con una mujer como Sakura. Su deseo de perseguir a Orochimaru y a Sasuke era prácticamente un suicidio. Ellos serían perseguidos si alguien se enteraba que él seguía vivo y en los próximos meses Sakura sería un poco más débil debido a su evolución. Él podría defenderse sin problemas, pero si Sakura decidía hacer lo mismo, lo más probable era que algo en ella fallara y entonces él se viera obligado a entregarla y huir o a salvarla. Y ninguna de las opciones le parecía fiable.
Giró el rostro para ver a Sakura y la encontró limpiándose los labios con el antebrazo. Había terminado su desayuno.
—Levántate —ordenó. Sakura no respondió, pero obedeció.
Sin embargo, caminó hacia el lago y una vez ahí, sacó de su bolsillo trasero una pequeña cajista de plástica que guardaba un cepillo de dientes. Sasori la observó asearse y no pudo evitar sonreír. Humana tenía que ser.
—Lo siento, no me siento cómoda si no lo hago —dijo una vez guardó su cepillo y su dentífrico en su lugar. Sasori asintió, todavía con esa ladeada sonrisa diminuta—. No me mires como si fuera una niña y vámonos.
De inmediato, Sasori la vio pasar por su lado, con la barbilla en alto y con los puños apretados.
—Eres una niña, Sakura —murmuró antes de seguirla.
—¿Y bien? —cuestionó ella, en el momento en el que Sasori se colocaba a su lado, indispuesto a ver su espalda durante el camino.
—¿Qué?
—Dijiste que me explicarías todo en este trayecto —contestó ella, un poco molesta por cómo se burlaba de ella.
—No creí que de verdad te interesara. Tú eres más de resultados que de medios. —Se excusó completamente serio— Pero entiendo que también eres muy curiosa. —Suspiró— No puedo convertirte de un momento a otro en marioneta, tienes que acomodar tu red de chakra en el corazón. De esta forma, se irá formando una especie de telaraña en éste que poco a poco lo sustituirá. Si lo haces de golpe, provocarías un paro cardíaco y perderías la vida. Por eso no puedo hacerlo de inmediato.
—Entiendo. ¿Cómo haré el núcleo? ¿Cómo voy a unir mi red de chakra? —preguntó Sakura, de inmediato interesada.
—Debes jalarlo. —Hizo una mueca de inconformidad— Eso te será complicado. Para un marionetista es fácil sacar hilos de chakra y controlar con ellos más chakra, pero para ninjas que no manejan estos tipos de ninjutsu les es más difícil. Te lo diré aunque no sé si puedas hacerlo: con el chakra de tus dedos, de tus manos, tienes que jalar los puntos de chakra que hay en tu brazo contrario hasta colocarlos sobre tu corazón. Tienes que hacerlo tú para que no se combinen los chakra. Estarás tratando con el sistema real, no debería interferir nada. Aunque, claro, si no lo consigues y empiezas a agotar chakra, tendré que ayudarte. Mi manejo de chakra es mejor que el tuyo, por lo que trataré de evitar el mezclarme contigo.
—Suena muy complicado —musitó.
—Lo es. Incluso a mí se me dificultó hacerlo. —confesó—. Pero tu manejo del ninjutsu médico me dice que no eres un caso perdido. No te hubiera ofrecido ser esto si no hubiera sabido eso de ti —agregó—. Es por acá; conozco una cabaña que está vacía en esta temporada, nos servirá.
Sakura asintió antes de seguir esa dirección. Se preguntó si Sasori no la estaría sobrevalorando. Ella confiaba en su capacidad, pero el saber que incluso el maestro de las marionetas había sufrido por este procedimiento, la descontrolaba.
Avanzó a paso corto, mirando el césped a sus pies, mientras Sasori andaba delante de ella, sin aparentes preocupaciones.
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La cabaña resultó ser más que eso: se trataba de una gran casa que podría pertenecer a una familia prestigiosa. Sakura temió por un momento que alguien los fuera a descubrir.
—No hay peligro aquí —dijo Sasori adivinando sus pensamientos—. Un anciano la ocupa, se ha quedado solo, sin hermanos o padres y él sólo viene en invierno. Estaremos bien por unas cuatro semanas, las suficientes para que te coloque los brazos.
—¿Tanto tardarás sólo con los brazos? —preguntó ella, girándose rápidamente hacia él. Sasori volvió a enfriar su mirada y ella lo entendió— Lo siento —dijo cabizbaja.
—Debes entenderlo, no sólo escucharlo, niña. Ahora, si tanta prisa tienes, recuéstate en cualquier cama y enseguida empezaré a moldear tus brazos.
—¡Sí! —exclamó ella antes de correr escaleras arriba bajo la mirada de Sasori.
Él volvió a suspirar, dudando de la madurez de la jovencita de quince años.
Tras ordenar sus instrumentos, tomó la masa que había coloreado del tono de Sakura y las herramientas que ocuparía para moldearla. Subió las escaleras y siguió el sonido de las manos de Sakura jugar con el cierre de algo.
Cuando llegó, la encontró subiendo y bajando dos centímetros el cierre de su blusa. Era tan inocente como desesperada.
—Ah, Sasori —dijo ella mirándolo, aún con las manos en el cierre—. No tardaste.
—No me gusta hacer esperar a nadie, mucho menos cuando se trata de alguien tan inconsciente como tú —respondió él antes de sentarse a su lado y mirar la forma de sus brazos flexionados.
En su mente ya visualizaba el resultado, ya la veía tratar de tomar una simple taza o lanzar un frágil kunai. La veía tratando de usar los shuriken de viento que le otorgaría o el escudo de chakra. Sería divertido verla pelearse consigo misma.
—Dame tu mano —dijo tomando sin cuidado la muñeca de Sakura. Ella esbozó una mueca de molestia—. Empezaré con esto.
Con la mano desocupada, tomó una pala plana y la pasó por la masa de cerámica de marionetista y quitó el sobrante antes de colocarla sobre la piel de Sakura. Ella de inmediato se quejó por la elevada temperatura.
—Al menos tienes la capacidad de curarte —murmuró Sasori, moldeado los dedos de Sakura con los propios.
Ella lo miró trabajar. Vio su dedicación por trazar cada línea de su cuerpo, lo sintió cálido y seguro. Encontró en sus pupilas, fijos en su trabajo, la pasión que vio en Sai en su otra vida. Tal vez se tratara de una semejanza de artistas, aunque aún le costaba creer que el concepto de Sasori de verdad pudiera llamarse «arte». Asesinar personas para convertirlas en arte era demasiado para ella.
Impresionada, vio cómo Sasori se encargaba de darle forma a la pieza de cerámica y cómo marcaba los puntos que tenía que afilar más tarde. No supo qué decir cuando Sasori levantó el nuevo brazo sobre su nariz, para mirarlo con mayor detenimiento.
—Incluso el color de la piel es…—Empezó Sakura.
—Así debe ser. No tengo que cambiar ningún aspecto de ti, aunque me lo ruegues. Eso incluye por supuesto el color de tu piel. —La interrumpió antes de colocar el brazo sobre una mesa cercana— Estarás de acuerdo con que siga al otro brazo, ¿cierto? —preguntó caminando hacia el lado izquierdo da la muchacha.
—Por favor —respondió ella, esperándolo con la mano extendida.
Sasori se sentó frente a la mano de Sakura y repitió el procedimiento.
Pasaron ahí cerca de ocho horas. Luego, Sasori se sumió en la perfección de rasgos y la inserción de herramientas. En casi todos esos momentos, Sakura permaneció detrás de él, sentada sobre un cómodo sofá. Él no se molestó por su presencia y ella no lo interrumpió, temiendo romper la mágica concentración del marionetista.
Tras dos semanas y media de trabajo, Sakura vio los resultados. Sasori movía los dedos del perfecto brazo de cerámica con sus hilos de chakra.
—Tendrás que aprender desde lo más básico como mover los dedos o sostener un kunai hasta aprender a lanzar los shuriken de aire que les coloqué en la palma. Poseerán la misma fuerza que cualquier katana y la misma velocidad que cualquier boomerang. Y diseñé el hueco del brazo para que puedas cargar más chakra de lo regular. En el antebrazo tendrás una pequeña espada, como la mía, y ambos brazos poseen la capacidad de un escudo como el que te protegió en nuestra batalla. Supongo que lo querrás para defender a tus amigos —explicó señalando cada parte de la que hablaba.
Sakura no pudo evadir un gemido de sorpresa al entender el poder que poseería. No creía que con eso pudiera detener a Sasuke, pero sí sería de gran ayuda. Su mirada se fortaleció de inmediato y Sasori entendió que estaba pensando en cómo acelerar su adaptación.
—Entonces, necesito que hagas una anestesia lo suficientemente fuerte para que te duerma el brazo y de ser posible el setenta por ciento del cuerpo para empezar el reemplazo de miembros.
—Lo hice ya —respondió Sakura, entregándole una jeringa corta—. Durará de tres a cuatro horas. Tengo otras seis dosis por si son necesarias.
—Ocuparé de siete a nueve horas. Déjalas a un lado de ti cuando te recuestes. Te advierto que será difícil, Sakura.
—Gracias. Estoy preparada —aseveró ella, antes de darse la vuelta y acomodarse en la vieja cama.
Respiró profundamente y sacó de su bolsillo las jeringas con la anestesia. Escuchó a Sasori colocarse un gorro en la cabeza y una bata de tela. Sakura sabía que no se cubriría la boca porque él ya no poseía bacterias que pudieran infectar una herida.
Sasori limpió sus instrumentos de corte y se acercó a ella con lo necesario en brazos. Sakura sintió cómo su corazón se aceleraba ante la certeza de que pronto dejaría de ser una simple humana para convertirse en una previa marioneta. Dejaría de sentir las telas con sus manos, la piel de sus amigos, el pelaje de Akamaru… Y eso sólo sería el principio.
—Es hora —dijo Sasori antes de sorprenderla con una inyección en el cuello.
Sakura apenas hizo una mueca de molestia cuando sintió que sus brazos quedaban sujetos a la inmovilidad, al igual que las piernas. Giró el cuello para comprobar cuál era el verdadero alcance de su propia anestesia y luego clavó su mirada en Sasori. Él ya la veía con una mano sobre su hombro y la otra alzada con una luz azul en los dedos índice y anular. Ella no tardó en reconocer ese ninjutsu.
—Bisturí —murmuró. Sasori se limitó a asentir antes de inclinar su mano sobre la piel del hombro de Sakura.
—Es mucho más limpio. Tengo que hacerlo de la misma forma en la que está hecho tu nuevo brazo —explicó hundiendo el bisturí en un corte rápido. Sakura, gracias a la anestesia, no sintió nada. La sangre empezó a correr por las cobijas—. Corté justo un punto sensible para tu red de chakra. Inténtalo ahora y no te preocupes por la sangre —dijo Sasori apretando la zona afectada con sus frías manos de cerámica.
Sakura cerró los ojos antes de concentrarse en su brazo no lesionado. Encontró el paralizante en su sangre y con sumo cuidado, lo caminó hacia sus piernas con un poco de esfuerzo. Sasori no se sorprendió ante ese hecho; ella ya había demostrado ser demasiado hábil para retirar sustancias del cuerpo.
De inmediato, Sakura iluminó las yemas de sus dedos para dirigirlos a su mano ocupada.
—Cómo sabes, no puedo ver los puntos de chakra, pero puedo sentir algunos —musitó concentrándose en el centro de su mano para cerrar un poco los puños de su zurda.
Sasori vio cómo la luz verde en sus dedos se intensificaba. Pero no sentía la corriente de chakra avanzar.
—No agotes tu chakra —advirtió.
—Cierra la boca —ordenó ella esforzándose más.
En ese momento, ella misma sintió cómo sus dedos se liberaban de una corriente que hasta ese instante sintió. Soltó un grito de cansancio y siguió jalando esa corriente invisible. Sasori abrió los ojos asombrado mientras percibía cómo milímetro a milímetro se movía la red de chakra avanzaba con los grandes esfuerzos de Sakura.
Pero ella no pudo cargarla por mucho tiempo y antes de llagar al antebrazo, la soltó por un momento y ésta se regresó rápidamente hasta su muñeca.
Sasori acercó su mano derecha al brazo de ella, mas un grito lo detuvo.
—¡No te atrevas o te juro que te arranco la cabeza! —amenazó obteniendo nuevamente el control.
Sasori miró su rostro, todavía con la mano en el aire. Ella lucía no sólo agotada, sino que un delgado hilo de sangre resbalaba de su nariz. Pero la firmeza en su mirada no mentía: ella no estaba dispuesta a rendirse o a que alguien creyera que era débil.
—No soy una niña, Sasori —musitó arrastrando su red de chakra hasta su hombro, donde se detuvo para recuperar el aliento. Se remojo los labios con la lengua para absorber la sangre en ellos y continuó—. Soy Sakura Haruno, también fui entrenada por una sanin y soy su mejor estudiante. Te derroté, Akasuna no Sasori, y te reviví. Tengo la suficiente voluntad como para hacer este estúpido ejercicio. Sólo mírame triunfar —puntualizó previo a dar otro gritito de esfuerzo.
Sasori sintió a sus pulsaciones acelerar y supo, cuando vio la mano de Sakura recargada en su pecho, que había conseguido lo planeado.
—No vuelvas a siquiera intentar ayudarme, Sasori. Ahora… —susurró colocando la mano sobre el hombro que no estaba herido.
—No, no lo hagas en este momento, no resistirás —dijo Sasori.
—Dije que me miraras triunfar. Dedícate a eso —repitió mientras sus dedos volvían a iluminarse de un verde fosforescente.
Tras unos segundos, en los que soltó varios gemidos de dolor y cansancio, la red de chakra en su brazo izquierdo cedió. Sasori no supo cómo reaccionar ante ese espectáculo. Una niña de quince años lo había superado en resistencia, a él, al ninja más poderoso de Suna, al maestro de los títeres, al criminal de rango S, a un ex miembro de Akatsuki… Y ella sólo era una niña. Una niña con una muy potente fuerza de voluntad y un increíble control de chakra.
—Es-es-está… listo —musitó antes de desmayarse, con la mano aún sobre su corazón, demostrando que ahora había terminado con su trabajo dejándole el resto al marionetista.
—Es fascinante —murmuró Sasori, sin despegar su mirada de la inconsciente muchacha.
Y ésa fue la primera vez sucedió.
El profundo sueño en el que Sakura cayó mientras Sasori trabajaba, fue interrumpido por secuencias de escenas que ella desconocía, que la confundían, que la mareaban. Secuencias de un mundo que ella no entendía.
Primero vio una ancha espalda iluminada por una especie de chakra amarillento, como si estuviera quemándola. Pero él, el sujeto a quien ella veía, se encontraba protegiendo a una enorme cantidad de ninjas.
De inmediato, atropellando a la escena anterior, vio a lo lejos cómo una mujer de cabello largo, pero sin rostro se colocaba frente a un hombre caído, que estaba a punto de recibir un ataque mortal. Mas frente a ella, otra figura se alzó, protegiéndolos a ambos.
Y nuevamente, irrumpiendo en ésta, se vio a sí misma curando a alguien, hablándole, un momento previo a que otra figura descendiera frente a ellos. Sakura sólo pudo ver el cabello negro de esa persona… Y sólo eso le bastó para reconocerlo.
Al mismo tiempo, Sasori limpiaba la sangre en el hombro derecho de Sakura. Se sobresaltó cuando la escuchó soltar un quejido. Al ver su rostro, lo encontró con una expresión de dolor. No pudo evitar preguntarse qué estaría soñando.
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«No sabía qué significaba… sentí miedo. Era como ver a un montón de extrañas sombras en una pesadilla infantil. Tuve miedo, hasta que sentí algo frío sobre mi frente… era extrañamente… reconfortante.»
«Ella me superó, no puedo decir más que eso. Es obvio que estaba impresionado, pero… dormida lucía tan… frágil. Incluso creí que estaba enferma; sospechaba que algo hubiera salido mal. No creí que se tratara de un sueño; Sakura es mucho más fuerte que sólo eso.»
Nota de la autora:
Lamento muchísimo la demora. Sé que me he tardado muchísimo y lo siento profundamente. Las excusas sobran, así que este día me encargaré de subir al menos tres capítulos más. Me urge terminar de editar el fanfic, ya quiero actualizar en regla.
Gracias por su apoyo y paciencia.
Abrazos.
Andreea.
