Disclaimer eternal.
SIGO VIVA
6
Inspiración
Shikamaru se acercó a la puerta del despacho de la hokage; iba a entregarle un reporte de la misión anterior. Sin embargo, apenas escuchó la ruidosa voz de Naruto, se detuvo. Parecía que nuevamente se encontraba disgustado por algo y Shikamaru creía adivinar de qué se trataba.
—¡No lo soporto, 'ttebayo! —gritó Naruto— Es demasiado… ¡Lo quiero fuera de mi equipo, vieja!
—Pues yo lo quiero dentro de tu equipo —respondió Tsunade con el mismo tono autoritario que usaba siempre con tercos como Naruto—. Es el más capacitado para forjarse como un ninja del equipo siete y, por si no lo has notado, te hacen falta miembros, Naruto. Hasta que rescatemos a Sakura y a Sasuke, tendrás que acoplarte al equipo que te estoy dando.
—¡Pero él…!
—Él te ayudará a traer a Sasuke de regreso, Naruto. Tenemos nueva información de una posible guarida de Orochimaru y es menester investigarla a la menor brevedad —dictaminó, sabiendo que se ganaría la atención de Naruto con eso.
Shikamaru, afuera, también se sorprendió por lo escuchado. Durante años habían buscado algún signo, alguna señal que los acercara al menos un poco, mas nunca habían acertado. Orochimaru era un maldito reptil que sabía cómo escabullirse. Por eso le sorprendía que hubieran recibido información sobre éste.
—¿Dónde está? —preguntó Naruto sin perder tiempo.
—El capitán Yamato los llevará a Sai y a ti; quiero que obedezcas todas las órdenes de tu capitán y que procures no matar a Sai en el proceso. Recuerda que si encuentras a Sasuke, existen más posibilidades de que Sakura esté cerca. No desaproveches esta oportunidad.
—No fallaré esta vez. Traeré a Sasuke de regreso, dattebayo —juró antes de salir del despacho. Shikamaru percibió en la expresión de su amigo que estaba verdaderamente decidido a cumplir con su promesa.
Como era de esperarse, Naruto ni siquiera se percató de la presencia de Shikamaru. La decisión de recuperar a sus amigos pesaba mucho más que cualquier cosa.
Shikamaru lo siguió con la mirada durante unos segundos antes de escuchar a la hokage toser. De inmediato, el chunin se dirigió a la vista de Tsunade.
—Hokage-sama, aquí está el reporte de la misión —dijo con una ligera reverencia.
—Fuiste rápido, Shikamaru. ¿Por qué? —preguntó ella interesada, mientras tomaba el pergamino entre sus manos.
—Ah… No pude dormir, sólo eso. Tuve tiempo libre para escribir, supongo —respondió Shikamaru, rascándose la oreja—. Como sea, escuché algo que le dijo a Naruto, algo sobre Sasuke.
—Sí, me imaginé que preguntarías al respecto. ¿Qué piensas? —inquirió, inclinando la cabeza hacia atrás, para ver con más altitud al ninja frente a ella.
—No logro ver quién podría darnos ese tipo de información. Estuvimos buscándola desde que Sasuke se fue, ¿cómo…?
—Sólo suéltalo. Estás pensando en Sakura también, ¿no es así?
—Para obtener las coordenadas exactas de una guarida de Orochimaru requiere estar en ella o tener un contacto en la misma. Sakura no era del tipo de tener espías por doquier, así que…
—Asumes que es Sakura la que nos envía la información, ¿por qué? —interrumpió Tsunade, recargado los codos en la mesa y cruzando las manos frente a su nariz.
—Ella se fue hace unas semanas, no creo que sea coincidencia que nos presten información tan valiosa después de ello. Y Sakura debió tener una muy buena razón para irse sin más. Quizá Sasori le mencionó algo de que podría serle útil a Orochimaru; quizá no dijo nada porque debía ir sola, hokage-sama. Yo no descartaría que se trate de ella; en realidad, es la única persona que se me ocurre que pueda hacerlo.
Tsunade asintió. No le había dicho que el pergamino en el que encontraron valiosa información tenía escritos unos códigos relativamente sencillos, lo que denotaba que se trataba de un espía novato; tampoco le había dicho que el pergamino había llegado justo al apartamento del entonces no asignado compañero de Naruto, un ANBU de Raíz. Mucho menos le mencionó que en la carta, que el mismo ANBU tradujo, venía la advertencia de no mencionar nada a Danzou. En definitiva, se trataba de una persona que conocía bien Konoha y ella también había llegado a la conclusión de que se trataba de Sakura; mas había necesitado reunir todas esas pruebas para siquiera pensarlo.
Era increíble lo que había en la cabeza de Shikamaru.
—¿Y crees que Sakura esté allá? —preguntó Tsunade por mera curiosidad.
Shikamaru volvió a rascarse la oreja antes de hacer un gesto de incomodidad.
—No lo sé; con Sakura todo puede ser. Ella haría cualquier cosa por salvarlo, pero… algo me dice que no está ahí. No me cuadra algo, aunque no sé todavía de qué se trata —confesó.
Tsunade se limitó a asentir. Por primera vez, deseaba que el genio de Shikamaru fallara.
.
Dolía, pero más que eso, era una sensación incómoda la que despertó por fin a Sakura.
La consciencia provocó que Sakura abriera repentinamente los ojos. Sabía que estaba viva, sabía que aún estaba donde había creído, sabía que Sasori estaba cerca; mas el pánico la abrazó en cuanto se percató de que no podía mover los brazos o los dedos de las manos.
Intentó tranquilizarse al mismo tiempo que giraba el rostro para mirar el resultado de la primera intervención de Sasori. Frunció el entrecejo al notar que su tono de piel y la textura de la misma eran muy similares a primera vista a su piel verdadera. Si no fuera por aquella abertura distinguible en su brazo, podría pasar por una extremidad cualquiera.
Miró con atención sus dedos y les ordenó con su cerebro que se movieran. Nada sucedió.
—¿Qué pasa? —Se preguntó, volviendo su atención al dedo índice de su mano derecha— Muévete.
—Y lo hará porque se lo dijiste —replicó Sasori con sarcasmo, a varios metros de ella.
Sakura alzó la mirada hasta ubicarlo: la miraba recargado en una de las paredes de la casa. Parecía demasiado interesado en sus intenciones por moverse.
—¿Por qué no puedo mover mis brazos? —preguntó ella, mirando los cambios en su cuerpo— ¿Qué hiciste? ¿Alguna clase de paralizante?
—No digas tonterías, es tu propio cuerpo el que no se ha acostumbrado, pequeña niña. Tampoco es como si en unos segundos pudieras recuperar la movilidad de todo tu cuerpo. Te dije que sería complicado; ahora tu cuerpo necesita acostumbrarse a la enorme cantidad de chakra que correrá en tu sistema en lugar de que la sangre lo haga —explicó.
Sakura, con la mirada aún confundida, asintió. No esperó a que Sasori dijera algo más para levantarse. El peso nuevo en sus brazos provocó que se desequilibrara por un segundo y tropezó con la mesa en la que Sasori había colocado los materiales para la transformación. Sakura soltó un gemido antes de recargar la espalda en la pared para evitar una caída. Era demasiado incómodo no poder ocupar los brazos siquiera para sostenerse.
—¿Cuánto tiempo me llevará acostumbrarme? —preguntó algo molesta.
Sasori, apenas mirándola, se alzó de hombros.
—No lo sé.
—¿Eh? ¿Cómo que no lo sabes? —cuestionó, apretando los dientes— Te dije que no tengo mucho tiempo.
—No soy yo el factor principal de tu transformación, pequeña niña. —Se burló, reacomodando lo que Sakura desordenó con su tropiezo— Tu cuerpo es muy diferente al mío, lo noté en estos días que te estuve observando. Tu chakra corre de una forma muy curiosa, no había visto eso en otros ninjas —reconoció antes de fijar su mirada en la de ella—. Siendo tú, podrían ser días u horas.
—U-un momento, ¿dijiste que me observaste durante días? ¿Por cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó Sakura alarmada— ¿No querrás decir que dormí durante días?
—El proceso de transformación tarda menos de veinte horas, pero para que el cuerpo se empiece a acoplar a su nuevo complemento, hacen falta más que sólo horas. Te dormí durante cinco días. Estaba probando tus nuevas armas, además —respondió casi sin darle importancia—. Y antes de que estalles en otra sarta de tonterías, deberías revisarte el corazón. Ahí ya se está formando una nueva capa de chakra. Cuida de ella porque será tu núcleo en un futuro —advirtió con los brazos cruzados.
Sakura miró su torso completamente vestido e hizo un mohín. Ni siquiera era capaz de abrir un poco su blusa para ver lo que Sasori le había dicho.
Suspiró, frustrada, y cerró los ojos para concentrarse en buscar su chakra. Sasori, mientras tanto, se sentó en su nueva mesa de trabajo antes de extender frente a él un pergamino que había sacado de la guarida de Akatsuki.
Un latido muy fuerte, muy fuerte. Eso era lo que Sakura sentía en esa capa gruesa de chakra que rodeaba su corazón. Parecía como si estuviera pidiendo a gritos más energía. Sakura comprendió que el proceso no podía interrumpirse por la ansiedad del núcleo ante su creación. Ahora entendía por qué Sasori había dicho que no se detendría una vez comenzara.
Escuchó el sonido de una invocación y miró a su compañero. Frente a él se extendió un cuerpo masculino a punto de descomponerse. Sin poder evitar la curiosidad, Sakura se acercó con sumo cuidado hasta donde se encontraba él.
—¿Fuiste a cazar mientras yo estaba dormida? —inquirió. Sasori sonrió.
—No, te dije que estuve observándote. Este cuerpo pertenece a un ninja de la Aldea de la Lluvia, no es de por aquí. Es uno de los rebeldes que Pain me ordenó matar hace un tiempo. Los guardé en un pergamino y ahora voy a trabajar con ellos —resumió. Sakura asintió—. Cuenta como una de las cien marionetas que me debes, así que te ayudé en cierta forma.
—Eso es repugnante —farfulló ella.
Sasori no respondió.
—Tengo una pregunta para ti, Sasori —dijo ella con cierta reserva. Sasori volvió a enmudecer—. Si tanto quieres que sean eternas, ¿por qué su piel y la mía son tan diferentes? ¿Por qué no las haces igual de resistentes?
En esta ocasión, Sasori tardó en responder.
—No entiendes el arte ni la eternidad como yo lo hago. —Sakura bajó la mirada ante el tono frío de Sasori, como si le estuviera reprochado algo— No es el material lo importante, la belleza no se basa en lo que hay por fuera. Los ninjas que se convirtieron en mis marionetas son piezas que debieron pasar a la posteridad por alguna razón: algunos poseían un increíble taijutsu, otros manejaban ninjutsu únicos, otros sabían cómo utilizar su kekkei genkai. Una tercera parte de ésos me buscaba para probar su fuerza. Además eran valientes.
»Ellos no son cualquier puñado de ninjas escogidos al azar, son personas cuyo potencial no debía olvidarse. Hice marionetas de acuerdo a la calidad del ninja para que no se perdiera la misma. Hoy en día hay tantos idiotas usando el nombre «ninja» que encontrar uno que valga la pena es más que complicado.
»Lo eterno, entonces, se vale de lo que uno se esmera, lo que vale la pena preservar es la belleza del esfuerzo, del sudor. Tenía varios ninjas desconocidos para muchos, ninjas errantes que habían conseguido controlar un poder inimaginable; también tuve ninjas que nacieron con ninjutsu poderosos, ninjas con kekkei genkai únicos. Sus habilidades merecían preservarse, su cuerpo era desechable.
Sakura entonces retrocedió ante la pequeña afirmativa que se creó de su análisis. Sakura comprendía hasta cierto punto lo que Sasori trataba de decirle, ella misma había reconocido grandes ninjas durante la guerra, a ella también le había parecido un desperdicio ver morir así a tan buenos potenciales. Mas nunca tuvo deseos de inmortalizar tales jutsu de la manera que Sasori utilizaba. Eso seguía pareciéndole un poco extraño.
—Supongo que yo tengo esas… habilidades que mencionas. Muchos en Konoha se esfuerzan de la misma forma que yo, entonces…
—Konoha tiene grandes ninjas y la respuesta es sí, tuve varios-no, aún tengo varios títeres de Konoha. Aunque no te emociones, hay más ninjas buenos que no pertenecen a ninguna aldea que ninjas excelentes en tu amada Konoha.
—¿A quiénes les hiciste eso? —cuestionó Sakura un tanto asustada. Sasori sacó las manos del cuerpo al que trabajaba antes de girar su torso y encarar a la ninja que parecía que se desmayaría en cualquier momento.
—A los que merecían la eternidad. Tú te deshiciste de algunos. En la colección que no me dejaste mostrar había miembros de tres clanes: Yamanaka, Uchiha y Aburame; fueron ninjas…
—¡¿Uchiha?! —exclamó ella, interrumpiéndolo— ¿Tenías a un Uchiha ahí?
—Dos, tenía dos —contestó, ofendido porque lo hubieran interrumpido—. Eran muy veloces y poseían un jutsu de fuego distinto al que suelen aprender los Uchiha —explicó—. Si no los hubieras matado con tanta saña, tal vez te lo habría mostrado.
—Discúlpame, sólo estaba defendiéndome de un psicópata que quería matarme —respondió con sarcasmo.
—Lo mismo digo. —Se defendió Sasori.
Sakura sacudió la cabeza, deshaciéndose de un coraje que no valía la pena. Sasori hablaba de los Uchiha como si fueran cualquier cosa, como si fueran sólo parte de su armamento. Para Sasori todos habían perdido su valía como seres humanos. Eso era más que repugnante.
—Sasuke-kun no tiene familia, fueron asesinados y lo han dejado solo. Tú aportase a eso. —Lo acusó. Sasori negó con la cabeza lentamente.
—Esos dos ninjas murieron cuando yo tenía aproximadamente tu edad; el pequeño Sasuke todavía no estaba siquiera caminando. No es culpa mía que su clan siempre busque la guerra —atajó.
—Eso es mentira —respondió Sakura—. Los Uchiha no…
—Ellos han vivido así desde siempre, odian por naturaleza. Sólo ha habido dos personas que no lo han hecho y de una aún tengo mis dudas: Shisui Uchiha, el mejor Uchiha que ha nacido y uno de los ninjas más poderosos, e Itachi Uchiha.
Sakura lo miró sorprendida. Ella hubiera creído que siendo uno de sus compañeros de Akatsuki, creería que Itachi era un asesino desalmado. Sasori leyó la confusión en sus ojos y resopló, adivinando sus pensamientos.
—Akatsuki es algo más que un grupo terrorista, Sakura. Un poco extraño, pero fue mi hogar y ahora es el de Itachi —dijo.
—Tú sabes lo que ocurrió en verdad con los Uchiha, ¿no es así? —preguntó Sakura, indecisa sobre si tomar ese camino. La posibilidad de que Itachi no fuera el asesino que todos creían aún estaba fuera del alcance de la mayoría de los ninjas, incluida ella. Era peligroso hacer esa clase de preguntas, pero el pensamiento de que quizá no estuviera sola con tal verdad la arrojaba a cuestiona eso.
—No, nadie sabe demasiado del otro en Akatsuki —contestó Sasori regresando su vista al cuerpo que quería terminar en uno o dos días—. Él no sabe mucho de mí y yo no sé mucho de él. Pero sus ojos lo delatan; Hidan y Kakuzu tienen una mirada mucho más sádica que la de los demás. Si quieres saber quiénes son los indicados para recibir el nombre de «desalmados», diría que son ellos. Los demás sólo buscan sacar algo bueno de esa organización. Itachi buscaba ahuyentar un poco a sus demonios.
Sakura no supo qué responder. Simplemente se mordió los labios y trató de sentarse en una silla a varios metros de su compañero. No había imaginado esa clase de situación en una organización tan temeraria como lo era Akatsuki, no había imaginado que entre ellos también existiera una clasificación y que aunque se respetaban y respetaban su privacidad, también existiera algo parecido a la camaradería. Era como si hubiera olvidado que todos esos asesinos a los que todos temían también eran humanos… O lo habían sido en un momento de su vida.
—Itachi puede no ser esclavo del odio como su clan, pero sí fue condenado a representarlo desde que nació —agregó Sasori, aprovechando el silencio de Sakura.
—¿Condenado por el clan en el que nació? ¿A eso te refieres? —espetó ella, molesta por el rumbo de la conversación— Las personas no se condenan con su nacimiento y aquí tienes dos pruebas. Tú eres un ninja que no se conoce por su clan, sino por lo que tú mismo has hecho para alzarte. No dependes de lo que tus padres hicieron o de lo que tu misma abuela hizo; eres Sasori de las Arenas Rojas, el genio marionetista, y eres llamado así por tus propios méritos, no fuiste condenado por nada excepto por tus acciones.
—Mi padre también era marionetista, mi abuela y el padre de mi abuela también lo fueron. Era evidente lo que sería de mí, sólo elegí un camino diferente al de todos ellos.
—Bueno, entonces mírame a mí. —Le retó Sakura— Mi familia no es famosa, no posee ningún kekkei genkai ni nada similar. Los Haruno sólo habían llegado a ser genin o chunin de baja calidad. Pocos habían realizado misiones de rango A y ninguno había sido médico. Mis papás renunciaron a ser ninjas para criarme y yo no pienso renunciar a nada de esto aun teniendo hijos. Yo no estoy condenada a nada, yo forjé mi propio camino y yo decidí alzar mi apellido —rebatió con rapidez.
Sasori asintió antes de responder con simpleza:
—Tienes razón, eres una Haruno que se destaca en ninjutsu médico y en taijutsu; tu control de chakra es perfecto y tu inteligencia en combate supera en demasía a tu edad. Sin embargo, todas esas habilidades las has concentrado en una persona cuyo destino no estaba condenado, pero que sí decidió por sí mismo irse con un enfermo que muda de cuerpo cada tres años. Lástima.
Sakura sintió aquellas palabras como un golpe en el esternón y no pudo evitar que una expresión afligida se mostrara en su rostro. Entendía lo que Sasori quería decirle, entendía que ni siquiera él pudiera comprender por qué ella hacía lo que hacía.
—Sasuke-kun tiene salvación, yo lo sé —susurró con una lágrima amenazando con salir.
Lo sabía porque recordaba su sueño, o lo que fuera que había sido; lo sabía porque recordaba aquella escena de Sasuke llegando a la guerra, ella sabía que él podría ayudarlos. Sasuke no estaba perdido. No podía estarlo.
—Sasuke decidió no ser rescatado —dijo Sasori—. No desperdicies tus esfuerzos.
—No, no es desperdiciar. Konoha no abandona a nadie y yo no voy a abandonar a Sasuke. Él ha sido mi inspiración para ser lo que soy ahora. Todo lo que mencionas de mí, todas esas habilidades, todo es por Sasuke.
—Qué tontería.
—¡Tú no lo conoces! —gritó derramando sus lágrimas sobre su rostro y su cuello.
—Al menos sé una cosa de él: puede tener los ojos más impresionantes del mundo ninja, pero está demasiado ciego como para ver el potencial que ha desarrollado fuera de sí mismo —replicó Sasori, sin saber que esas palabras repercutirán tanto en Sakura.
Ella permaneció en silencio durante unos segundos, grabando en su memoria esas primeras palabras que cambiarían su visión.
—¿Q-qué? —balbuceó.
—Tú haces todo por él, pensando siempre en rescatarlo y en rescatar a Konoha; Sasuke lo hace todo por sí mismo, pensando únicamente en su paz interior —respondió.
—Él lo hace por su familia, Sasuke busca venganza. Piensa en sus padres cuando… —intentó defender Sakura, mas Sasori volvió a interrumpirla.
—Piensa en sí mismo. La venganza no existe, se trata sólo de culpa por no haber protegido algo que querías. La venganza no es más que vanidad castigada —finalizó.
Nuevamente, el silencio reinó en la habitación, lo que sólo provocó que Sakura se sintiera incómoda con sus lágrimas y con sus palabras que sólo eran ridiculizadas por Sasori. Aunque algo de eso no le molestaba porque sabía que Sasori no lo hacía por molestarla, sabía que Sasori lo hacía porque era lo que creía, lo que él conocía.
Eran mentes diferentes, Sakura lo comprendía; mas esas diferencias dolían porque ella misma reconocía que Sasori podía no estar errado.
Pero Sasuke tenía salvación, ella lo sabía, ella lo había visto y se aferraría a esa escena. No sabía qué significaba, no sabía si su mente sólo había jugado con ella, pero haría que esa escena se hiciera realidad. Sasuke tenía salvación, sólo eso le importaba.
Sasori escuchó cómo la silla de Sakura se recorría y giró el rostro para mirarla.
—¿A dónde vas? —preguntó mientras la veía dirigirse a la ventana.
—Quiero estar lejos de ti por un momento, voy a entrenar para recuperar la movilidad de mis brazos —contestó ella sorbiendo su nariz.
—Recuerda que si te tropiezas no habrá modo de que pongas las manos frente a ti —dijo él.
—Si no consigo levantar mis manos, no podré alimentarme sin tu ayuda… y no quiero tu ayuda de momento —respondió Sakura antes de saltar fuera de la casa. Sasori esperó el ruido de la caída, aunque éste nunca llegó.
Sonrió. Esa niña era más de lo que ella misma creía.
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«No podía creer todo lo que me decía, pero algo en esas frases calaban en mí, algo en todo eso me decía que Sasori no quería lastimarme. De alguna forma… sólo quería ayudarme.»
«Me resultaba imposible que alguien creyera tanto en otra persona. Sakura me confundía… porque tal vez yo confiaba demasiado en lo que había visto en ella.»
