Disclaimer eternal.


SIGO VIVA


8

Individuos símiles

La noche había caído desde hacía algunas horas. El frío ya no calaba en los brazos de Sakura, pero podía sentirlo en su cuello y en su rostro. Sasori caminaba a su lado; de vez en cuando la miraba con cierto recelo: antes había hablado con ella y le había explicado lo que esa noche harían, y aunque Sakura no se había negado, tampoco había dicho mucho más.

Llevaban dos semanas y media entrenando mientras avanzaban hacia una aldea que muy pocos conocían: la Aldea del Papel. Sasori había dicho que siete años atrás, Akatsuki había hecho un trato con algunos aldeanos de ese lugar y que Sasori había visto a un par de ninjas que le interesaban a sobremanera. Sakura, luego de escuchar esas palabras, comprendió de qué se trataba todo.

—No te confíes, son ninjas muy fuertes y trabajan en solitario. Él es heredero del clan Uzumaki y posee su reserva de chakra. Y ella maneja el elemento hielo, ten cuidado. Dadas nuestras habilidades, yo me enfrentaré a ella y tú lo tomarás a él; nada de ataques que puedan deformar su cuerpo o arrancarle miembros. Sé directa al corazón o a los pulmones. Si necesitas ayuda, te guiaré con los hilos, pero seré prudente; ellos no deben saber rápidamente quiénes somos nosotros. —Le había explicado.

Sakura, en ese momento, sólo pudo morderse el labio. Era la primera vez que Sasori le pedía matar a alguien y aunque no era el primer asesinato que Sakura cometía, antes lo había hecho para proteger directamente a su aldea o a un señor feudal. No habría imaginado hacer algo así por el bien de un arte que no compartía o entendía siquiera.

Y, francamente, no se sentía capaz de hacer eso.

Sasori había notado la duda y el miedo en Sakura, mas prefirió quedarse callado. Ya había imaginado que podría ser de esa manera: una ninja que está acostumbrada a seguir órdenes de su hokage o de una persona que llevara una banda ninja en el cuerpo, difícilmente tomará como buena una orden de un desertor. De igual forma, tenían un trato y esa niña lo cumpliría.

—Ésta es la aldea —dijo una vez se encontraron con un par de rocas enormes que marcaban un cuadrado. Estaba muy debilitado por lo viejo que se veía; Sakura supuso que se trataba de una aldea mucho más vieja que Konoha.

Sasori vio nuevamente los temblores en el cuerpo de Sakura y suspiró.

—No lo arruines ahora y avanza. Te explicaré algo mientras caminamos.

Sakura se asió de su falda antes de seguir a Sasori al interior de la aldea. Le extrañó que pudiera pasar así a esos territorios, sin que nadie les preguntara algo o les atacara. Sasori, a sabiendas de esa confusión, comenzó:

—Esta aldea, como puedes imaginar, es una de las más antiguas que hay. Tanto así, que es posible que mucho del origen de los ninjas se encuentre aquí.

»Sin embargo, ese mismo hecho ha provocado que varios ambiciosos vengan aquí para robar el kekkei genkkai de varios clanes. Muchos de los mejores han muerto aquí. Sin lugar a dudas, durante las guerras han sufrido bajas sin siquiera participar activamente en todos esos embrollos.

»Eso dejó en los pocos habitantes que había, un deseo por ser algo más que ninjas; incluso ocultar que eran ninjas. Mira la estructura de los edificios y los letreros en alto. No hay una marca que indique que aquí hay ninjas, no hay una enorme torre como en las otras aldeas ninjas. En cambio, ves promociones y anuncios de conferencias. La razón es simple: se han convertido en empresarios, en gente de negocios. Así, escondidos del mundo, manejan el dinero a escondidas de los ninjas. Ellos proveen de armas a muchas tierras y también ofrecen animales de protección y caza. Ellos generan parte de los productos exportados que consume el País del Fuego. El famoso ramen de Konoha es preparado con los productos que esta aldea genera.

»Y aun así, cuando supuestamente se están cuidando de ambiciosos, no les parece raro cuando uno de ellos muere. El mundo del dinero es casi tan peligroso como el mundo ninja… Tal vez lo sea más. Aquí importa el tener mucho dinero, importa el tener muchas empresas, importa el tener un alto prestigio; y muchas veces éstos se consiguen a través del arrebato. La envidia es mucho mayor entre empresarios que entre ninjas; por supuesto, hay personas que prefieren quedarse con lo que tienen y vivir con lo que pueden. Las personas que vamos a visitar, los Katou, no son de los que se conforman con una empresa de tela.

Enseguida, Sasori se detuvo frente a una de las tantas enormes casas con toque feudal e indicó a Sakura que mirara. Ella, todavía absorta en lo que Sasori acababa de contarle, obedeció con lentitud. El lugar era grandísimo, mucho más grande que cualquier casa de ninja que hubiera visto antes. Seguramente ni los Uchiha ni los Hyuga podrían haberse imaginado algo así. Sakura, ladeando la cabeza para apreciar mejor el tamaño de la casa, se preguntó por qué un ninja querría tanto espacio, por qué cualquier persona lo querría.

No se trataba de una torre, como lo había dicho Sasori, pero tampoco se trataba de una mansión cualquiera. Era un terreno que incluso un señor feudal envidiaría. Sakura podría apostar que adentro de ese lugar se encontraban cerca de tres jardines y quince salones vacíos. Demasiado espacio para siquiera imaginarlo.

Y, sin embargo, aun con todo eso, Sakura dudó. Dudó porque no los conocía, porque no sabía si el hecho de tener tanto dinero significaba que debían morir, que debían convertirse en marionetas. Que ella debía matarlos. Finalmente, sólo eran personas que quisieron huir de su pasado como ninjas, que querían salvarse de los atentados que otros vivieron. ¿Por qué alguien podría culparlos?

—Entremos —dijo Sasori antes de tomar de la muñeca a Sakura y saltar hacia uno de los tres jardines.

Sakura, sin decir más nada, se dejó guiar hasta la oscuridad que regalaba la sombra de la luna sobre los árboles. De esa forma, ambas figuras se ocultaron.

Sakura sintió su corazón latir de forma irregular ante la inminente batalla y por su mente cruzó la idea de huir, de no cumplir el trato.

—No es momento de dudar, Sakura. —La regañó Sasori mientras le extendía una prenda que Sakura no pudo distinguir en la oscuridad.

—No sé si pueda hacerlo. Apenas puedo mover los brazos y golpear, no hemos entrenado las otras funciones de los brazos… Y… ellos…

—Lo harás bien. Al menos lo harás bien si el chico Uchiha sigue siendo tu inspiración. Si has de salvarlo, entonces sobrevivirás a este combate. Además, si decides huir, morirás antes de que puedas salir de esta sombra.

Sakura sintió cómo su columna se estremecía ante esa última amenaza; sabía que Sasori cumpliría su palabra y sabía lo capaz que era de matarla si algo salía mal. Asimismo, sabía que Sasori tenía razón: su meta seguía siendo la seguridad de Sasuke y eso implicaba tomar fuerzas para atacar, significaba entrenarse y probar sus habilidades en un verdadero combate.

A medio segundo de que se encendiera una luz en uno de los cuartos cercanos a ese jardín, Sakura tomó la prenda que Sasori todavía le ofrecía, y sin mirar siquiera de qué se trataba, enfundó sus brazos en la tela y acomodó su cabello fuera del cuello de la capa.

—No salgas hasta que yo te dé aviso —advirtió Sasori en voz muy baja.

De inmediato, un par de pies aterrizó a unos metros de ellos. Tanto Sasori como Sakura pudieron ver el rostro de sus contrincantes; pero gracias a la sombra en la que se encontraban, éstos no los podían ver.

—Queremos que esto sea rápido, por favor —dijo el hombre, de cabello rojo brillante y sonrisa petulante—. Así que salgan y expongan a quién los contrató.

Sakura casi escuchó la risa burlona de Sasori.

—Es nuestra señal. Ahora, niña —susurró él previo a avanzar sobre el césped.

Sakura, segura de sí misma, lo imitó. Y hasta que la luna los reflejó, Sakura supo qué era lo que traía sobre sus ropas usuales: la capa de Akatsuki. Ahogó un grito al mismo tiempo que los Katou retrocedían. El efecto de las nubes rojas era inmediato.

—Perdón, ¿es necesario que aclare quién nos contrató? —preguntó Sasori con esa maldita sonrisa cínica que también mostró durante su enfrentamiento contra Sakura. Esa expresión que provocó en Sakura sorpresa y terror al mismo tiempo.

Los Katou volvieron a retroceder; mas ella, después de medio segundo, sacó un kunai y lo colocó frente a ella a modo de reto.

Pronto, su compañero hizo lo mismo.

—Si así lo desean, no nos opondremos —dijo Sasori mirando de reojo a Sakura. Ella, con Sasuke en la mente, asintió.

Ya lo había pensado antes y lo volvía a pensar ahora: cambiaría el futuro criminal de Sasuke por el suyo. Eliminaría las posibilidades de que él se marcara en el libro Bingo y conseguiría su regreso a Konoha. Lo haría aunque ella no pudiera regresar nunca más.

Y mientras Sakura saltaba hacia el ninja heredero del clan Uzumaki, sus verdaderos planes no abandonaron su mente.

Sasori, con una sonrisa en los labios, movió un dedo para atraer una enorme roca. La mujer, de aspecto delgado y piernas largas, apenas pudo esquivar el ataque de Sasori. Desesperada, hizo un par de ellos para crear una turba de hielo. Sasori no se esforzó demasiado para defenderse: simplemente movió una enorme rama que estaba en el piso y con esta rompió cada hielo a su alrededor. Todo mientras con la mano libre creaba sellos para desorientar a su enemigo.

Sakura, mientras tanto, se dedicó a esquivar los golpes que el señor Katou le lanzaba. Sakura había encontrado el punto débil del sujeto y trataba de encontrar un momento para atestarle el golpe de gracia. Sakura vio en él a un contrincante muy poderoso y que sabía cómo controlar sus movimientos y los de ella. Asimismo, como Sakura recién había cambiado de extremidades superiores, le costaba trabajo moverlas como estaba acostumbrada. Así, Sakura dedicaba su batalla a dar patadas y arrojar pequeños objetos, como shuriken o kunai; mas el hombre no tenía piedad y buscaba atestarle un golpe en el cuello.

Sakura, ágilmente, le dio la espalda para distraerlo y cuando él intentó golpearla, usó un jutsu de sustitución y apareció a un lado del ninja para atestarle una fuerte patada en el costado. Sin embargo, el ninja ya estaba preparado, por lo que tomó la pierna de la chica y dirigió su puño a la rodilla de la chica. Sakura, asustada, pateó el rostro de su enemigo. Éste cayó junto con ella al suelo. Sakura trató de golpearlo, mas una enorme bola de hielo pasó justo sobre su cabeza y la distrajo. Un segundo más tarde, ella ya se encontraba de espalda contra el césped y un kunai rozaba su garganta.

Sakura respiraba acompasadamente y por su mente viajaba el miedo de morir, pero los ojos rojos de Sasuke y su sonrisa macabra la hicieron reaccionar. Como pudo, enredo sus piernas en la cintura del hombre y se impulso hacia delante. De inmediato, el ninja apuñaló a Sakura en las piernas, pero a ella no le importó. Trepándose como un simio al tiempo que curaba sus heridas, Sakura colocó los muslos sobre los hombros del sujeto y sacó su propio kunai para, sin acervo alguno, clavarlo sobre la garganta de su contrincante.

De un salto llegó al pasto al mismo tiempo que el cuerpo de su primera víctima caía frente a ella. Un segundo más tarde, escuchó el grito de la mujer que lo acompañaba y cuando Sakura giró el rostro para ver cómo iba el encuentro de su compañero, lo vio frente a la ninja, con su brazo–espada clavado en el corazón de la mujer. Él la miraba a los ojos, veía el cambio de la vida a la muerte frente a él y aspiraba el último aliento de esa persona que nada tenía que ver con él.

Cuando ambos cuerpos se encontraban quietos en el suelo, Sakura se miró las manos y miró su cuerpo. Ella era la que estaba ataviada por esa sucia prenda que representaba a los peores mercenarios del mundo, ella tenía sobre las manos ese kunai ensangrentado, ella tenía sobre el rostro la sangre del individuo que no conocía, pero que había matado para salvar la vida de Sasuke. Todo seguía siendo por él y para él. Sakura estaba convirtiéndose en lo que más odiaba por culpa del amor que sentía. Ella formaba parte del plan de Sasori, ahora era cómplice real, era una culpable más de los asesinatos diarios que enfurecían a Tsunade. Ahora Sakura era una asesina más. Y era nada más y nada menos que la compañera del artista asesino, Sasori de las Arenas Rojas.

Sasori colocó de nuevo la otra parte de su brazo antes de dirigirse a su compañera, quien seguía mirando el resultado de su plan. Y, sin decirle nada, la tomó del brazo para despertarla de su shock. Sakura se sobresaltó previo a girar el rostro para encontrarse con los ojos de Sasori. Eran grandes, pero sus párpados ocultaban parte de ellos. También tenían un color café muy curioso, parecía muy común y a la vez muy distante a cualquier otro. Y también poseía una seguridad increíble, una seguridad que Sakura sólo veía en ninjas como Naruto o Lee, ninjas que ella admiraba. Era valentía, era fe.

Pero no lo entendía, no entendía cómo era que ese sujeto, ese asesino, ese criminal del demonio, podía tener esa mirada que ella tanto admiraba, esa mirada que ella tanto anhelaba poseer. Y, sin obtener respuesta a su muda pregunta, Sakura se echó a llorar una vez más. Aunque esta vez no sollozó, no gimió, sólo sintió las lágrimas resbalar por sus mejillas; mientras ella seguía atenta, mirando los ojos de Sasori.

Y él, ahí de pie, también la miraba y permitía que lo mirara. No era morbo ni era delicadeza; Sasori no era del tipo de persona que busca consolar a otros, él era de los que buscaba satisfacerse a sí mismo, y Sakura representaba un mundo diferente para él. Un mundo del cual sentía curiosidad y del cual quería sacar provecho, mas esos ojos verdes nunca le decían lo que él quería saber. Nunca le decían lo que él esperaba ver. Nunca le decían nada. Ahí no veía nada más que miedo o seguridad, nunca algo más; ese mundo le sorprendía.

No fue hasta que un búho ululó en uno de los jardines, que el contacto visual se rompió y Sasori soltó a Sakura para caminar hacia el interior de la casa. Sakura, cabizbaja, siguió sus pasos. Estaba decepcionada de sí misma y de lo que ahora era, pensaba en lo que dirían sus padres o en lo mucho que gritaría Tsunade de haberla visto. Pensó en la tristeza por la que Naruto debía estar pasando y en la preocupación por la que Kakashi se estaría desvelando.

Pensó también en Sasuke, en lo que estaría haciendo en ese momento, si ya estaría pensando en matar a Orochimaru y en formar otro equipo. Pensó en lo cerca que estaba Sasuke para matar a su hermano y convertirse en uno de los peores criminales del País del Fuego. Y se preguntó, mientras Sasori preparaba una cena para ella, si todo eso valdría la pena, si todo eso sería lo adecuado, si Chiyo lo habría aprobado, si Naruto lo habría hecho. Y con esas lágrimas en el rostro, dejó que Sasori controlara sus manos para que cenara como era debido.

Sasori alimentó indirectamente a Sakura, al tiempo que trataba de ver qué era lo que mantenía a Sakura tan despierta, con los ojos tan absortos en la nada y la piel tan reseca y pálida. Ni siquiera se había dado el tiempo para limpiarse la sangre de la mejilla.

A Sasori ya no le importaba el mundo exterior, no le importaba lo que se dijera de él o lo que sucediera con su reputación; por lo que no podría reconocer un sentimiento de culpa en los ojos de Sakura. Él creía que para Sakura sería sencillo mientras pensara en su aldea, mientras pensara en no darles un enemigo más, en un Sasuke Uchiha como enemigo. No veía los problemas ahí, no veía el por qué desvelarse, cuando él había creído que el único miedo de Sakura era no ser demasiado fuerte. Y ahora que lo había demostrado, ella se tornaba más débil que nunca. Aunque Sasori no entendía la razón.

—Será mejor que te vayas a descansar. En esta casa hay muchos dormitorios —dijo Sasori rompiendo el ambiente de silencio. Sakura apenas reaccionó levantando la ceja—. Me haré cargo de la limpieza del jardín.

—Lo dices como si se tratara de un árbol caído —musitó Sakura.

—Es más sencillo que eso, en realidad. Como sea, ve a dormir.

—No esta noche —respondió ella mientras recargaba la mejilla contra su mano—. Voy a tener pesadillas si duermo ahora —afirmó. Sasori bufó.

—No lo harás. Tu cuerpo está demasiado cansado como para soñar algo siquiera.

Sakura negó con la cabeza. Él no lo entendería aunque se lo contara, no lo entendería aunque le detallara lo que sucedía en esos sueños, y francamente tampoco deseaba contarle todo eso. No quería más razones para que Sasori le siguiera llamando «niña». No quería más razones para sentirse débil; su mente había decidido jugarle una broma y hacerla ver como una ridícula niña cobarde.

Empero, sabía que encapricharse también era signo de infantilismo y que Sasori de cualquier forma se burlaría de ella y de sus preocupaciones de niña. Por esas razones, escogió su opción más factible, aquélla que no la dejaba como una cobarde o como una berrinchuda.

Sin soltar una palabra más, se levantó y caminó hacia una de las diez habitaciones que poseía el enorme piso de esa magna mansión.

Sasori apenas la siguió con la mirada; ya conocía a Sakura y sabía lo necia que podía llegar a ser si se lo proponía. Por lo tanto, mientras ella miraba un enorme colchón blanco, Sasori salía al jardín para «limpiarlo».

Cuando ambos se volvieron a reunir en el comedor principal, Sakura cargaba la mitad de un colchón y Sasori un par de pergaminos donde seguramente estarían sellados los cuerpos recién adquiridos. Él alzó una ceja, mirando con extrañeza lo que Sakura tenía sobre su cabeza. Esa mujer sí que era rara.

—¿Debo preguntar algo? —cuestionó Sasori, con una ladeada sonrisa de burla.

—Cállate —ordenó ella mientras dejaba caer la mitad del colchón sobre el suelo—. La casa es muy grande; así podremos comunicarnos en caso de que algo suceda —explicó.

Sasori asintió sin creerle en lo absoluto. Aunque esa excusa fuera posible, Sasori sabía que lo que había empujado a Sakura a actuar de esa forma, era el miedo a tener pesadillas y a quedarse sola mientras eso ocurría. De igual forma, no le diría nada al respecto para evitar discusiones; pero a decir verdad, Sasori disfrutaba de esas discusiones sin sentido que tanto irritaban a Sakura. Lo admitía, a veces el infantil era él.

—Como sea —musitó Sasori con una delgada sonrisa. Sakura lo ignoró al mismo tiempo que se quitaba la ensangrentada capa y la arrojaba lejos del colchón: no quería recordar con tanta insistencia lo que había sucedido apenas hacía media hora.

—Sasori… —Se atrevió a musitar Sakura, una vez sobre el colchón. El aludido, que ahora revisaba su brazo-espada, hizo un sonido que indicaba atención. Sakura se mordió el labio ante la tontería que estaba a punto de soltar— Quisiera saber qué es lo que sentiste en tu primer asesinato.

Sasori detuvo un segundo su actividad antes de mirar de reojo a la ninja recostada de espaldas a él. Su menudo cuerpo temblaba; no de frío, sino de miedo a sí misma.

Suspiró. Ella no recibiría lo que quería y Sasori lo sabía porque él no estaba acostumbrado a mentir. Si lo hiciera, el término «equipo» se perdería entre ellos dos.

—No sentí lo que tú en este momento si es lo que quieres que te diga. Para mí fue algo nuevo porque se trató de un accidente: el sujeto en cuestión no era muy hábil: el idiota se envenenó con su propio brazo de marioneta. Yo no pude atenderlo y Chiyo no encontró el antídoto del veneno. Para cuando yo llegué, ya era demasiado tarde.

Sakura frunció el entrecejo ante el tono personal de ese relato.

—La madre del difunto me pidió que le devolviera a su hijo y vi en esa petición una nueva oportunidad. No sentí mucho, fue… diferente, solamente. Atrayente, quizá. Aunque tal vez también sentí enojo por lo idiota que fue Komushi.

—¿Komushi? —repitió Sakura incorporándose de la cama— Tal vez es sólo idea mía, pero suena a que lo conociste bien.

—Por supuesto que lo conocí bien: él era mi único amigo.

Y con esa última confesión, con esa última respuesta, se selló una confidencialidad que un mes y medio atrás, ambos habrían creído imposible; pues aun sin decirlo, Sakura sabía que eso no era algo que Sasori revelara frente a todos, no era algo con lo que pudiera sentirse orgulloso. Porque la palabra «amigo» carga con una semántica especial, porque un «amigo» no es cualquier idiota al que le diriges la palabra, porque un amigo es alguien más, es un idiota que te importa. Porque aunque también fue asombroso lo que la petición de la madre despertó en Sasori, había un sello de dolor que Sakura pudo identificar. Era un dolor que ocurre cuando sabes que has perdido a alguien que quieres, a alguien que te importa. Porque ella también perdió a alguien que quería, aunque fuera quizá en otro mundo. Y era por esa primera experiencia que significaba cosas tan diferentes para Sasori y Sakura, que pudieron encontrar por fin algo que los uniera: ambos lo hicieron por alguien a quien querían.

*/*/*/*/*

«Ese día posiblemente fue el más complicado de todos, a pesar de que no tuve un sueño como los otros. El darse cuenta de que una persona a quien tú creías tan lejos de ti, en realidad compartía un ideal contigo… No sé qué fue, pero algo en ese día cambió nuestra relación.»

«No tengo mucho que decir al respecto. Simplemente éramos dos individuos que se percataron de lo similares que podían llegar a ser. Sólo éramos algo. Es todo... Fue gratificante el saberlo.»


Nota de la autora:

¡Listo! Maratón terminado. Mañana le seguiré. Espero subir un capítulo inédito este fin de semana.

Abrazos.

Andreea.