Disclaimer eternal.
Capítulo dedicado a lovery-chan, a ShiroRG, a Jane190, a Roux_0, a SieloKb, a qkzoox, a cerezouzumaki, a solnadine, a ValerieBlues, a LanieZila y a todos los lectores que esperaron por una continuación y me animaron a no darme por vencida. Todo esto es por ustedes y por mí. Sigamos juntos hasta el final.
En memoria, además, de Izumi Naze.
SIGO VIVA
12
Ninjutus inestimables
Los rayos del sol entraban por la ventana cuando Sakura despertó. De inmediato, su entrenada mente percibió los daños en su ser, provocados por los acontecimientos del último entrenamiento. Por impulso, trató de incorporarse, mas se detuvo al sentir en la parte posterior de su cuerpo un incómodo vendaje; y al bajar la mirada, se encontró no sólo con su cuerpo cubierto con una cobija, sino con el delgado brazo infantil de Eimi. Ella estaba recostada a su lado, profundamente dormida. Sakura se extrañó: Sasori jamás les había permitido dormir juntas pues decía que eso sólo haría más estrechos sus lazos y dificultaría el cortarlos cuando el momento llegara.
Sakura permaneció quieta unos momentos, sopesando la idea de apartar cuidadosamente a Eimi para al fin ponerse de pie. Sentía la necesidad de buscar a Sasori, de preguntarle si él estaba bien. Después de todo, ella se puso en peligro para mantenerlo a salvo a él.
Sin embargo, apenas alzó una mano para tomar la de Eimi, sintió cómo era inmovilizada por los tan conocidos hilos de Sasori.
—Yo le dije que no te permitiera levantarte, déjala ahí —dijo la voz de Sasori—. Ocúpate de tus heridas, son algo profundas y no creo haberlo hecho bien.
Sakura lo buscó con la mirada en la amplia habitación. Lo encontró sentado, completamente quieto, en uno de los elegantes sofás al fondo del cuarto. En ese momento, Sakura se percató de que no se encontraba en la sala, donde solía dormir. En primer lugar, ella estaba acostada en una muy amplia cama fina y ya no en la mitad de un colchón. A juzgar por el decorado de la pieza y lo bien que entraba la luz del sol por entre las ventanas, en realidad se encontraba en una de las habitaciones principales de esa casona en el segundo piso.
En algún momento de la noche, Sasori debió cargarla hasta allá...
—¿Tú estás bien? —cuestionó. Él alzó una ceja.
—Sakura, soy una marioneta. No tienes que preocuparte por mí.
—Una vez ya moriste, Sasori. Sólo responde: ¿Eimi-chan y tú están bien?
—Supongo que no dejarás de insistir... —Suspiró— Sí, la niña y yo estamos bien. Tú fuiste la única herida; llevas casi dos días inconsciente, así que encárgate de eso. Debemos irnos cuanto antes; nunca es bueno quedarnos en un mismo lugar por tanto tiempo. Menos con esa niña entre nosotros.
—¡Es verdad! ¿Qué clase de elemento posee? —cuestionó Sakura liberándose del control de su compañero. Éste, igual de terco que ella, volvió a inmovilizarla y la miró con evidente molestia— Sí, lo siento. Mis heridas, ya voy.
Entonces, cerró los ojos y se concentró en buscar todas las irregularidades en su cuerpo. Para ella, ya era normal sentir esos rápidos latidos de lo que pronto sería su núcleo; así que se concentró en el resto de su ser. Pulmones, hígado, estómago... Riñones... Uno de ellos parecía haber sido intervenido recientemente; no había sido un mal trabajo, pero no estaba del todo completo. Ahí estaba la herida, aquella que Sasori intentó curar. Su piel entonces se iluminó de un intenso verde que pronto terminó por provocar que Eimi se removiera inquieta.
Sin quererlo, la manita de la niña se aferró a la cobija que las cubría a ambas, en un esfuerzo por seguir durmiendo.
—No ha querido separarse de ti. Te dije que era peligroso cuidar de ella, ahora será más difícil alejarnos. —Le dijo Sasori a Sakura, mas ésta todavía buscaba alguna otra anomalía en el resto de su cuerpo.
Pasó por cada uno de sus órganos y por cada sistema; notando que Sasori no había dejado de tratarla en esos dos días que pasó inconsciente. Y cuando estuvo a punto de abrir los ojos, su mano percibió una sensación extraña que venía del hilo de Sasori. Era similar a una vibración, una apenas perceptible vibración que corrió en sus conductos de chakra… Un sexto sentido que le indicó exactamente de dónde vendría el peligro.
Y como si se tratara de una acción en conjunto antes planeada, Sakura abrazó a Eimi y saltó fuera de la cama, lejos de la ventana, mientras Sasori atrajo con una mano una serie de marionetas no terminadas para que éstas redujeran el ataque proveniente del exterior. Al mismo tiempo, el marionetista alzó la cama, donde Sakura y Eimi estuvieron momentos atrás, para usarla como escudo.
El fuerte jutsu de roca que perforó la pared fue evadido con éxito.
—¡Felicidades! ¡No esperaba menos de los ninjas que derrotaron a los Katou, falsos miembros de Akatsuki! —exclamó una voz masculina ya dentro del cuarto, oculta a la vista por la cama-escudo.
Sin perder tiempo, Sakura de inmediato colocó a Eimi, quien lógicamente ya estaba despierta, detrás de ella. Con una cabezada, le indicó que se ocultase en el enorme ropero de la habitación. Sasori, una vez seguro de que Eimi estaba a salvo, terminó por arrojar la cama en la dirección a esa voz; como lo esperaba, otro gran ataque de un jutsu de roca se hizo cargo de destrozar el mueble.
Entonces, se reveló a un sujeto de unos veintitantos, con un largo cabello negro atado en una coleta baja. No llevaba cinta ninja alguna, mas era evidente su entrenamiento.
—No hay que pelear —dijo con un tono calmado—. Sólo quiero llevarme a la niña; sé que ustedes no la necesitan y, al contrario, sería una carga para lo que sea que vayan a hacer. Prometo no matarla si se porta bien.
—Confiaría en ti de no ser que no mencionaste que no vienes solo... —contestó Sasori previo a mover apenas un dedo para que sus marionetas destrozadas le sirvieran de escudo contra un fuerte ataque de taijutsu a su derecha.
El ninja en cuestión, con un fleco tan largo que ocultaba sus ojos, saltó hacia atrás para a su vez evitar el ataque del marionetista. Sonrió. Parecía orgulloso por su velocidad.
—Sakura... —susurró Sasori.
—Lo sé —contestó ella, comprendiendo cómo se dividirían la batalla en esa ocasión.
Una ráfaga de rocas se dirigió a la ninja de La Hoja que corría hacia el sujeto del flequillo, mas una y cada una de estas rocas fue tomada por el maestro marionetista para regresar el ataque casi sin esfuerzo alguno. Mas antes de que el contraataque funcionara, el usuario de los jutsus de roca retrocedió hasta salir de la habitación, hizo unos cuantos sellos con las manos y generó una especie de superficie a la altura del segundo piso para así poder alzar una pared de roca que evadió los ataques de Sasori.
—¡Oh! ¡Así que también era mentira lo del ninjutus de rocas! ¡Vaya, planeaba dejarte vivo sólo por esa habilidad, titiritero! —exclamó el sujeto, riendo. Enseguida, Sasori vio cómo era capaz de incluso arrojar el escudo de roca que acababa de hacer; mas ahora en diminutas piezas que, por la gran velocidad, fungían como proyectiles.
Era muy hábil, mas Sasori detestaba a aquéllos que no se callaban y que, en cambio, vivían para alardear de cosas estúpidas. A decir verdad, ese tipo le recordaba a Deidara... Y no le agradaba eso. Ni siquiera valía la pena hacerlo marioneta.
—No te atrevas a menospreciar mi arte... —advirtió Sasori antes de alzar ambos brazos y, de un movimiento, desprender las paredes a su lado para cubrirse. Por el rabillo del ojo, notó que no era el único ocasionando destrozos en la casa:
Sakura lanzaba golpes y patadas al ninja que, por milésimas de segundo, conseguía hacerse a un lado. Su velocidad no era una broma; el sujeto no había dejado de sonreír en todo ese tiempo, mientras la ninja rompía paredes y perforaba el suelo con su cuerpo. En realidad, él no había lanzado ningún contraataque. Su estrategia era simple: buscaba cansarla, agotarla hasta que sus movimientos se ralentizaran, para entonces darle un golpe fatal.
Pobre iluso. En otro momento, seis meses atrás, ese plan podría haber funcionado. Un cuerpo humano no resiste tanto esfuerzo por mucho tiempo; el cansancio sería evidente en tan sólo uno o dos minutos de mantener un ritmo tan rápido. Empero, un cuerpo cuyas extremidades eran artificiales, como el de Sakura, no conocía el cansancio. Aun si dos días atrás, Sakura apenas pudiese mover las piernas, tanto Sasori como ella sabían que era mucho más letal cuando se encontraba bajo presión.
Así, aunque Sakura sabía cuál era el plan del veloz ninja, no relajó uno sólo de sus movimientos; al contrario, justo cuando lo vio ampliar su sonrisa, ella se atrevió a aumentar la velocidad de sus patadas. Haría lo que fuera para deshacerse de esa estúpida sonrisa... Y, en efecto, el sujeto dejó de sonreír; mas aun así consiguió eludir la feroz patada de Sakura que terminó por destrozar una pared que parecía tener un castillo importante, el cual sostenía parte de la estructura de la enorme casa.
—Maldición... —farfulló Sakura mirando hacia arriba.
Y en ese momento, justo cuando el techo empezó a desplomarse, su contrincante encontró un momento para atestarle un fuerte golpe en la espalda, que la tiró al suelo en medio del derrumbe. El golpe se dio justo en el lugar donde antaño ella misma se hizo daño dos días atrás; de no haber sido por los cuidados de Sasori y sus propias curaciones, éste habría abierto la herida y, seguramente, moriría desangrada en unos cuantos minutos. El imbécil sabía exactamente dónde golpear... ¿Cuánto tiempo los habían espiado?
—Ninja médico, ¿ah? —Habló por primera vez su enemigo mirándola desde arriba— Nos vendría bien una así en el grupo... O incluso como mercancía, ¿qué te parece?
—Vete al diablo... —contestó Sakura antes de esperar el ataque del ninja: un puñetazo directo a la cara. Entonces, tuvo la oportunidad de con una mano tomar su puño para inmovilizarlo; y frente a su sorpresa, usar sus encantadores shurikens de aire que poseían sus brazos artificiales.
El shuriken, por supuesto, dio de lleno contra el torso del arrogante sujeto y destrozó sus órganos internos en un santiamén. Sakura jamás soltó su puño: no quería que el cuerpo saliese disparado y luego se perdiese en medio del derrumbe. Su velocidad era más que interesante y aunque no mostró habilidad alguna de ninjutsu o genjutsu, cabía la posibilidad de que Sasori quisiera admitirlo como una marioneta por sus grandes talentos en el taijutsu.
Sin perder tiempo, entonces, tomó el cuerpo del sujeto y corrió fuera de la casa, esquivando con facilidad los escombros que ambas peleas provocaron. Y ya en el jardín, arrojó el cadáver y volvió a la casa para tomar su riñonera y meter todo lo que pudo a ella. Se hizo de un pergamino vacío y, sin perder un segundo, regresó al jardín para sellar a la prospecta marioneta. Los sonidos de la pelea de Sasori, que por efectos de gravedad ahora era en la planta baja, llegaban a sus oídos. Se sentía desesperada.
Era menester regresar a donde Sasori y Eimi. Debía asegurarse de que ambos estuviesen a salvo.
Apenas concluyó con el sellado, rodeó la casa desde el jardín para llegar a la batalla. Y en esta, se encontró con ataques de mediana distancia que eran bloqueados o redirigidos con gran talento. Además, a unos metros de Sasori, se encontraba el armario donde Eimi se escondió. Por unos momentos, Sakura creyó que Sasori no salvaría a Eimi. Temió, con grandes fundamentos, que simplemente la dejara morir si algo salía mal. Pero en cambio, el armario ni siquiera parecía haber recibido un solo golpe; a pesar de que el suelo se hubiera destrozado, Sasori tuvo el cuidado de evitar que el armario cayese estrepitosamente. Sakura quiso apostar que Sasori incluso usó sus hilos de chakra para aminorar la caída.
Mas apenas tuvo un instante para sentirse aliviada pues, de inmediato, el contrincante de Sasori se percató de su presencia y dirigió uno de sus grandes jutsus hacia ella. Una roca de más de dos metros se lanzó a su posición. Sakura, sin perder el aplomo, la destrozó de un puñetazo con un fuerte grito de guerra. Sasori, aprovechando la distracción del enemigo, estiró sus hilos de chakra para al fin controlar al sujeto con el que peleaba y que no le había dado abertura alguna.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó al ser atraído por Sasori hacia su posición. Se tensó de inmediato al sentir sobre su cuerpo las puntas de las espadas en las marionetas de Sasori— Diablos, hombre, no tienes que ser tan cruel. Te diré lo que quieras, no necesitas matarme. Me rindo.
—No negocio homicidios con gente de tu clase —respondió Sasori—. ¿Qué sabes de la quinta generación? ¿Alguien los mandó? —preguntó.
—¿Así que ni siquiera conocen el valor de esa niñita? —Se burló— Sí que son idio… ¡Ah, ya, ya, está bien, se los diré! —dijo luego de que Sasori clavara lentamente una cuchilla en su hombro izquierdo.
—El próximo será en los pantalones, así que nada de juegos —advirtió el marionetista. El ninja tragó saliva al ver que una de las marionetas en efecto dirigía su cuchilla a su entrepierna.
—¡Bien, bien! Una leyenda de la aldea afirma que una vez vivió aquí una familia legendaria que poseía una asombrosa afinidad con el elemento oro; dicen que eran capaces de incluso crear un ardiente oro líquido. —Comenzó con la voz temblorosa y la mirada fija en esa marioneta que tanto le aterraba— Por eso, uno a uno, los miembros de ese clan fueron secuestrados y usados hasta matarlos… Se dice que los cazaron hasta quedar casi extintos. La leyenda afirma, sin embargo, que una vez cada cinco generaciones, un niño nacido en esta aldea es capaz de usar esas antiguas habilidades. —Miró entonces el armario detrás de Sasori, señalando la posición de Eimi con una cabezada— Nadie nos mandó en específico, pero se corría el rumor de que en esta casa se ocultaba el heredero del elemento oro; así que pasamos meses vigilando a los Katou. Planeábamos vender a la niña al mejor postor —contó—. Eso es todo lo que sabíamos.
—¿Venderla? Ustedes son unos monstruos —dijo Sakura, ya a medio metro de él, interviniendo por primera vez.
—Sí, claro, dímelo a mí y no al sujeto que usa cuatro marionetas para amedrentarme —reclamó el sujeto.
—Tú eres débil. Con ella usé más de cien. —Le dijo Sasori. Y justo cuando el ninja abrió los ojos completamente asombrado, el artista clavó en su cuerpo las cuatro cuchillas de sus marionetas— Ni siquiera eres digno de pertenecer a mi colección —farfulló al tiempo que dejaba caer tanto sus marionetas como el cadáver de su contrincante.
Entonces, Sakura corrió hacia el armario donde Eimi se ocultaba y lo abrió. Ella se encontraba sentada, abrazándose las piernas, completamente asustada. Sakura le sonrió.
—Ven aquí, ya todo terminó —prometió. Eimi miró la ropa ensangrentada de Sakura y se cubrió los ojos—. Oh… No te preocupes, Eimi-chan, yo estoy bien —aseguró—. Los tipos malos se han ido, ya estás a salvo.
Eimi bajó las manos y, despacio, avanzó hasta Sakura y permitió que ésta la sacara del armario.
Sasori miró la escena a unos pasos de Sakura. Así que no sólo era una molesta niña que admiraba sus marionetas; también poseía un ninjutsu sumamente interesante... Uno que, en realidad, no podría encontrar en otro lugar...
—Sasori... —Lo llamó Sakura volteando hacia él. Toda su ropa y parte de su cuerpo estaban cubiertos de sangre, mas Sasori sabía que no era suya; así que le restó importancia a ese asunto— No esperaba que defendieras de esa forma a Eimi-chan, te lo agradezco —dijo al tiempo que acariciaba el cabello de la niña para infundirle seguridad.
—Cambié de opinión —dijo Sasori colocándose a un lado de Sakura para mirar el rostro temeroso de Eimi—. Esa niña se quedará con nosotros.
La mirada de Eimi se iluminó tras escuchar esas palabras. Una sonrisa se formó en sus labios y agitó sus puñitos frente a ella.
—¡¿En serio, Sasori-san?! ¿Entonces puedo llamarte «papá»? —cuestionó emocionada ante la mirada impactada de Sakura.
—No voy a adoptarte, mocosa; no del modo que tú crees —contestó y Sakura entonces comprendió el razonamiento del marionetista—. Así que ni pienses en decirme de esa forma. «Maestro Sasori» es aceptable. Eres muy joven para el procedimiento, así que tenemos que llevarnos bien, ¿está claro?
—¡Sí, Sasori-san! —respondió la niña, completamente ignorante de los planes del sujeto al que aparentemente admiraba con tanto ímpetu.
—Bien, Sakura, debemos irnos de aquí. Ya es peligroso para todos. —Le dijo a una Sakura inmóvil— ¿Sakura?
En ese momento, un duro golpe de realidad atravesó el pecho de la ninja médico. Quizá fueron los seis meses que pasó a en compañía de Sasori, quizá fue el hecho de que ella misma se convenció de que Sasori podía no ser tan malo... Quizá se esmeró por fijarse en lo positivo de sus interacciones con él... Pero esa tarde, siendo testigo de esa escalofriante conversación, recordó lo que por mucho tiempo quiso olvidar:
Sasori era, antes que nada, un asesino obsesionado con un sádico arte que no distinguía edad, moral o justicia. Y aunque Sakura ya no estaba en peligro, nada podía proteger a esa pobre niña cuyos ojos se iluminaban ante la ilusión de un verdadero amor paternal...
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Al prepararse para una inminente batalla, es necesario no sólo conseguir suficiente armamento; sino recolectar información sobre la persona contra la cual se va a pelear. Encontrar debilidades y ser consciente de las fortalezas genera una amplia ventaja; por lo cual, era vital conseguir la mayor cantidad de datos sobre el contrincante en cuestión. Al menos, eso era lo que Orochimaru le enseñó a Sasuke durante sus años de entrenamiento.
Por eso, Sasuke dedicó los primeros meses con Hebi a buscar información sobre Itachi Uchiha. Primero, buscaron en los sitios comunes que un Uchiha debía pasar; lugares que Sasuke recordaba, eran importantes para cualquier miembro de su clan. Luego, buscaron en las minúsculas aldeas que sobrevivían básicamente por la ilegalidad de sus miembros; sitios donde un criminal podía asentarse sin llamar realmente la atención.
Así fue como, casi sin planearlo, terminaron en la vieja Aldea del Papel. Una aldea que fingía estar repleta de comerciantes gastronómicos; pero que en realidad se dedicaban, en su mayoría, a la trata de blancas y a la mafia más básica. El paraíso de los criminales de rango S; un lugar donde, si bien podrían reconocer a Sasuke, a nadie le importaría realmente tenerlo por ahí.
—Este sitio da escalofríos… —mencionó Suigetsu en el restaurante del hostal en el cual se hospedarían— Incluso para chicos como nosotros, este lugar se ve peligroso.
—¡Cobarde! Si tanto miedo te da, puedes largarte —contestó Karin.
—En esta aldea sólo te perseguirían si fueras una presa fácil de un clan renombrado —dijo Sasuke mientras revolvía su té.
—Qué lástima que sólo eres un idiota cualquiera, Suigetsu, porque presa fácil sí eres. —Se burló la chica.
—Lo dice quien no ha hecho nada desde que salimos del escondite de Orochimaru… —contestó el afectado.
—Ambos, silencio —ordenó Sasuke.
En ese momento, Juugo ingresó al establecimiento con un pequeño pájaro en su hombro y se sentó frente al Uchiha.
—Los animales dicen que hace un par de días, hubo una gran pelea en una de las casas más grandes del lugar; terminaron destrozándola casi por completo —dijo—. Percibieron el chakra de un Akatsuki en ésta, así que es probable que encontremos algo importante ahí.
—¿Destrozaron toda una casa? —repitió Suigetsu— Bueno, considerando que Sasuke no sabe controlar su fuerza y termina destrozando todo el terreno en el cual lucha, tal vez sí se trate de tu entrañable hermano mayor…
—No, me parece que el chakra que percibieron no era de Itachi —contestó Juugo de inmediato—. Además del chakra del Akatsuki, había uno especial, uno entrenado para curar heridas, aparentemente.
—¿Un ninja médico viajando con un Akatsuki? Qué oportuno. Deberíamos conseguirnos uno así para el equipo, ¿qué dices, Sasuke? —inquirió Suigetsu, dándole un codazo al líder del grupo— Seguro que sería más útil que Karin.
Mas Sasuke no respondió. Por lo que sabían de Akatsuki, éstos solían viajar en pares; aunque según la información de Juugo, sólo uno de los combatientes poseía un chakra tan intimidante como el de un Akatsuki. Así, o el segundo integrante era muy débil, un novato… O tal vez se tratara de alguien incapaz de presentar un chakra tan oscuro como el de un criminal de rango S…
Inconscientemente, recordó a esa otra ninja desertora de La Hoja… Creía recordar que Orochimaru y Kabuto mencionaron que era probable que Tsunade entrenara a un pupilo para enseñarle el ninjutsu médico, y el control de chakra de Sakura era perfecto para eso… ¿Podría ser entonces que…?
Se levantó de su asiento y, sin una mirada a ninguno de sus compañeros, dijo:
—Vayamos a esa casa. Hay algo que debo comprobar.
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«Esa pelea, las palabras que Sasori dijo después de esa pelea, me asustaron más que cualquier otro contrincante en la vida. He de admitirlo, sus cuidados conmigo me cegaron… Yo sólo quería ver al hombre que procuraba de mí, no quería ver lo demás. Sin desearlo, estaba cometiendo exactamente el mismo error que con mi primer amor.»
«El peor error que un artista puede cometer es el de idealizar algo que no es perfecto. Concentrarse únicamente en las virtudes para olvidar los defectos sólo exaltará la mediocridad de la mentira. Sakura estaba acostumbrada a eso… Al menos hasta que yo le enseñé a mirar la perfección en el equilibrio. La enseñé a mirar la vida como yo la veía a ella.»
¡Hola!:
Dioseeeeees. Al fin, después de casi seis años. Sí, sí, lo sé. Condenada Andreea, te tardaste mucho en actualizar, mujer, ¿qué te pasaaaa? Sí, sí. Inserte aquí la queja, me la merezco.
En mi defensa, no tenía idea de qué carajos seguía en la historia. Lectores que también son escritores, jamás de los jamases, olviden hacer al menos un resumen de lo que va su historia. No les vaya a pasar como a su servidora que se le olvidó más de la mitad de la trama y que básicamente se vio la mitad de Naruto otra vez para ver qué se le pegaba. Y, bueno, encontré por ahí un par de escritos sobre este ficsito que más o menos me orientó a ver qué onda.
Por ahora, sé cómo está el asunto entre Sasori, Sakura y Eimi y sé cómo manejarlos... Todavía tengo dudas sobre las partes exteriores; ya saben, Konoha, Sasuke y su pandilla, Akatsuki... Pero ya pronto lo tendré claro.
Ahora sí, muchas gracias por todo el apoyo. En serio, en serio, no tienen ni la menor idea de lo mucho que significó cada uno de sus comentarios. Tengan por seguro de que sí leo todo lo que me comentan y mi novia es testigo de eso. A veces, me siento triste y paso por este fic para leer únicamente los comentarios que han dejado y eso me hace muy feliz. Gracias por no dejarme sola y por no abandonar esta historia.
Reciban un muy fuerte abrazo de mi parte. Y declaro inaugurada la continuación de este fanfic. No prometo actualizar semanalmente, ni siquiera quincenalmente; pero ya no tardaré cinco años en dar señales de vida. Igual, no duden en enviarme mensaje en esta cuenta, en mi página de fb (Maca Kei) o incluso en Nayla_Kei, donde estoy más activa. Créanme que los mensajes de "oye, vieja irresponsable, ¿cuándo piensas actualizar tu pshe fanfic?" no me molestan; incluso me impulsan a seguir. No quiero decir que me gusta lo violento, pero... Vaya, mi primer husbando fue Sasori y ahorita nada me quita el enculamiento con Dabi, de BNHA, así que... No puedo defenderme.
Ustedes spameenme sin pena.
En serio, muchas gracias por todo. Espero que les haya gustado el capítulo. Los quiero mucho.
Andreea Maca.
