Disclaimer eternal.


SIGO VIVA


13.

Lo que no fue no será

El sol estaba por ocultarse cuando el grupo se acercó a lo que quedaba de esa casa. El terreno era tan grande como el del resto de las viviendas, por lo que no había nada que sobresaliera de éste además de las evidentes muestras de batalla. Mas aun con eso, la gente pasaba sin inmutarse ni mirar las paredes destruidas.

—Los Katou vivían ahí, pero nadie los ha visto en meses —dijo la dueña del hostal cuando Juugo le preguntó acerca de la casa destruida. Ella no parecía afectada pese a que seguramente vio al matrimonio en la aldea durante varios años—. Tal vez los mataron o tal vez se fueron de viaje. No es que hicieran cosas normales, de cualquier manera.

Para Sasuke, aquella información fue suficiente. En esa aldea, no parecía haber empatía los unos con los otros. Aunque no eran tan idiotas como para regalar información de la gente más poderosa del lugar, tampoco les importaba si a éstos les ocurría algo o no. Se decía que si moría alguien ahí, no tardaría ni dos meses para que otra persona ocupara su lugar.

En cierto sentido, era el sitio perfecto para que un criminal viviera en relativa tranquilidad. No le sorprendería que alguno de los compañeros de su hermano tuviera relaciones laborales en esa aldea.

Mientras avanzaba al terreno, miraba el cascajo formado por las paredes derrumbadas. En su mente desfilaban los miembros de Akatsuki; trataba de adivinar quién sería lo suficientemente destructivo para hacer eso.

El grupo se había dividido para buscar en el resto de la casa algo que fuese de utilidad. Juugo se encontraba cerca de Sasuke, analizando las pistas de batalla en el jardín; Karin y Suigetsu, más dados a conseguir información en sitios cerrados, se internaron en la casa.

Sasuke miró la habitación en el segundo piso que había perdido casi toda la pared que daba al jardín trasero. Kakuzu, el ninja de los cinco corazones, tenía un poder destructivo capaz de eso y mucho más; empero, la noticia de su muerte se había extendido como agua. De aquellos vivos, Kisame, el compañero de Itachi, era el más probable. Mas, por lo que sabía de él, no solía separarse de Itachi…

Algo no cuadraba en todo eso…

—Oh, hay ropa de niña —mencionó Karin desde esa habitación que Sasuke observaba. La ninja se asomó y alzó con un dedo el vestido de una niña de unos cinco o seis años—. Nadie mencionó que los Katou tuvieran una hija, ¿cierto?

—Quizá sea de aquéllos que hicieron todo esto —mencionó Suigetsu desde el interior de la cocina—. Aunque es extraño, en el refrigerador hay leche infantil y yogurt para niños… ¿Los Akatsuki tienen hijos?

—Ninguno registrado, aunque todos están en edad reproductiva —contestó Juugo.

—Oh, vaya… ¿alguna vez pensaste en la posibilidad de tener una sobrina, Sasuke? —se burló Suigetsu.

Sasuke bufó. Juugo había mencionado que Itachi no estuvo en ese lugar, así que era evidente que la niña en cuestión no era hija de éste. Se internó en la casa y miró los colchones en la sala de estar. Todavía había cobijas ahí.

Se agachó para removerlas. Algo en éstas le decía que podía encontrar algo más ahí.

—Eh… No quiero sonar como un pervertido, pero encontré un sostén deportivo aquí —dijo Suigetsu en la misma habitación que Sasuke. Había sacado la prenda de un bote de basura—. Creo que tiene sangre aquí…

—No creo que los responsables de esto se dieran un tiempo para cambiarse, eso debe ser viejo —contestó Karin mientras bajaba las escaleras—. Incluso de los Katou.

Pronto, Juugo se reunió con ellos.

—Al menos uno de los ninjas que pelearon hace unos días, posee la fuerza de perforar el suelo con puños o patadas. No parece obra de jutsu de roca —informó.

Los tres ninjas miraron a Sasuke, quien alzaba una jeringa tapada y vacía del colchón. Parecía haberse usado en una emergencia…

Rápidamente, como si de un kunai atravesando su pecho se tratara, la respuesta le vino a la mente.

—Es Sakura, ella estuvo aquí…

Se trataba de pistas inconclusas, de detalles que bien podrían ser de cualquier otra ninja experta en taijutsu; mas las coincidencias también estaban ahí. Sakura desapareció —desertó— luego de pelear con un Akatsuki del cual no se recuperó el cuerpo, un Akatsuki lo suficientemente fuerte en vida como para destruir una cueva entera; además, ella se especializó, desde la partida de Sasuke, en el ninjutsu médico y en el taijutsu que Tsunade revolucionó. Aunque, la niña…

Sasuke se puso de pie repentinamente.

Luego de que él formara Hebi, según se enteró, la guarida de Orochimaru fue atacada y toda vida en ese lugar, eliminada. Sasuke, que sabía de varios enemigos de su antiguo maestro, supuso que simplemente se trataba de cualquier ninja poderoso que quisiera vengarse del sabio. Apenas le tomó importancia y eso había sido un error.

Él sabía que Orochimaru criaba niños para, en resumen, usarlos a su maldita conveniencia. Por lo regular, los tomaba de once o doce años en adelante; aunque había casos extraordinarios en los que robaba a los infantes desde la tierna edad de cuatro o cinco años. Según decía, así podría moldearlos a su gusto.

Así pues, mientras el Uchiha se paseaba entre la cocina y la sala de estar, pensó en una posibilidad que lo obligó a guardar su lista de prioridades el encontrar a Sakura y a su acompañante:

¿Qué pasaba si ella y el Akatsuki que, por un milagro, consiguió revivir eran los responsables de la destrucción en la guarida de Orochimaru? ¿Y si ella o su compañero encontraron a una niña de prestigioso valor que los hiciera aún más poderosos?

—Pero… ¿por qué Sakura buscaría poder? —musitó con la vista en el jardín. Desde su posición, le era visible un enorme agujero en el suelo de éste. En efecto, un taijutsu bien entrenado era el responsable…

Según recordaba, la ninja no solía tener grandes aspiraciones. Incluso, lo único que deseaba, hasta donde sus memorias llegaban, era casarse y no ser un estorbo. Nunca aspiró a formar parte de los ANBU o a ser hokage… ¿por qué, entonces, se aliaría con un asesino y secuestraría a una niña para conseguir más poder?

Entonces, a su mente llegaron esas últimas palabras que escuchó de Sakura. Ésas que encerró en su memoria por lo inútiles que le parecían para sus propósitos reales.

— Yo... ¡Yo te quiero tanto! ¡Si te quedas junto a mí, me aseguraré de que no te arrepientas! Cada día será estupendo. Seremos realmente felices. Haré cualquier cosa por ti. Por eso... ¡Por favor, quédate! Te ayudaré con tu venganza. ¡Haré lo que sea! ¡Por favor, quédate... conmigo! Si no puedes quedarte... llévame contigo.

¿Sería posible que Sakura siguiera aferrada a él luego de todos esos años y que insistiera en hacer algo por ayudarlo?

Si Naruto seguía obsesionado con llevarlo a Konoha, entonces existía la posibilidad de que esa ninja siguiera mirando a Sasuke como su deseo romántico y fuese ese absurdo romance el que la estuviera llevando a tomar decisiones tan arriesgadas para ella y para todos… Hasta el punto de quizás arruinar los planes de Sasuke.

—Tenemos que encontrarla —ordenó dándose la vuelta. El resto de Hebi lo miraba con confusión.

—Okay, pero aún tienes que explicarnos cómo esto nos dice que se trata de tu antigua compañera, Sasuke —recordó Suigetsu, mas el aludido lo ignoró.

—Juugo, ¿tus animales pueden rastrear la sangre en el sostén? —inquirió el líder del grupo.

—No son tan eficaces como los perros ninja, así que si ellos ya se encuentran lejos, no servirá de nada —contestó Juugo. Sasuke asintió.

—Que lo hagan.

Suspiró y pateó el bote de basura al alcance de sus pies. Jamás creyó que Sakura fuese una piedra en el zapato como lo era en ese momento. Debía encontrarla y detenerla antes de que ella tratara de hacer lo mismo con él.

.

Durante varias noches, Sasori, Sakura y Eimi estuvieron huyendo de algo que perturbaba los hilos de chakra del primero. Decía que un grupo mediano se encontraba a algunos kilómetros de ellos, pero que parecían estarlos siguiendo.

—No son de Konoha, aunque hay chakras poderosos ahí —mencionó una mañana en la que se detuvieron para llenar las cantimploras en un río cercano.

Eimi se divertía metiendo los piececitos en el agua. Para evitar que se cayera, Sasori la sostenía de la ropa con uno de sus hilos. No implicaba mucho esfuerzo cuidarla de ese modo, así que no le importaba en tanto la niña no se acercara demasiado a él.

—¿Crees que sean de la Aldea del Papel? ¿Que busquen a Eimi? —inquirió ella, limpiándose la comisura de los labios luego de beber un largo trago de agua.

Sasori negó con la cabeza, mas no añadió nada más. La clase de chakra que podía sentir en sus hilos era tan poderosa que sólo podía pertenecer a grandes clanes. Uno en específico le parecía sumamente familiar.

Uchiha.

No se trataba de Itachi, empero, porque conocía más que bien el chakra de todos los Akatsuki. Además, era probable que Itachi les diera caza más rápidamente si así lo deseara. Así que, o los Uchiha tenían a otro sobreviviente paseándose por ahí o, en efecto, se trataba de Sasuke. El mismo chico que Sakura insistía en detener.

No obstante, aunque pudiese parecer una excelente oportunidad para ello, Sasori sabía que su compañera no estaba lista para ese enfrentamiento. Ni física ni sentimentalmente. Asimismo, Sasori todavía no recuperaba su ejército de marionetas y el usar a Eimi todavía no era una opción viable. Sus jutsus todavía eran inestables, por lo que incluso él se arriesgaría de usarlos.

Aún había, sin embargo, una razón más para evitar que Sakura se encontrara con Sasuke en ese momento; mas Sasori prefería no pensar en ésta. Y es que si aquello sucedía, Sakura volvería a caer en el abismo del dolor en el cual la conoció; ése que le impedía pelear sin miedo y con la plena confianza de sus habilidades. Si eso llegara a ocurrir, el organismo de Sakura, en el que Sasori había estado trabajando todos esos meses, colapsaría y dejaría de soportar la transformación.

En pocas palabras, Sakura moriría.

—Vámonos. Se están acercando otra vez. Los perderemos en las siguientes dos noches —prometió, tomando el brazo de Sakura para ayudarla a levantarse. Ella asintió, sin oponer resistencia a su contacto, y le hizo una seña a la niña para que los siguiera.

Las reglas que Sasori aplicaba para mantenerse alejado de Eimi parecían no aplicarse con Sakura y solo Sasori conocía los motivos. Empero, parecía que a ambos les tenía sin cuidado la cuestión del contacto. Sakura ya se había acostumbrado a la fría y rígida piel en los dedos de Sasori pues ahora compartía esa textura; y para Sasori, le era natural colocar agujas en el cuello de Sakura o sostenerla entre sus brazos.

Había tantas cosas que, en esos meses, ahora les parecía tan natural que ni siquiera se detenían a cuestionárselo. Que Sasori mirara por detrás de su hombro para asegurarse de que Sakura estaba bien y que ésta apenas le sonriera para corroborarlo era una de éstas.

.

Como prometió Sasori, dos noches más tarde se encontraban en un bosque con los suficientes aromas y chakra para despistar a casi cualquier rastreador. Además, en ese lugar, Sasori era más capaz de dejar pistas falsas a varios kilómetros alejados de ellos. Las pistas suficientes para llevar al grupo de perseguidores a una aldea cercana.

Era una lástima, pues en esa aldea realmente vivían tres ninjas que le interesaron a Sasori unos años atrás. Mas, por ahora, debía priorizar otras cosas.

No obstante, el decir que estaban a salvo en ese claro no implicaba que Sasori pudiera relajarse. Aumentó la sensibilidad en sus hilos de chakra y se mantuvo alerta desde que Sakura bajó su mochila para sacar los pergaminos donde guardaba las comidas enlatadas y las cobijas. Eimi estaba a punto de llorar a causa del hambre que sentía y a nadie le convenía esa situación.

Sasori y Sakura aún no hablaban sobre el futuro de Eimi, pues no se habían encontrado a solas para ello; mas Sakura se aferraba a mimar y proteger a la niña de cualquier mal. A los ojos de Sasori, realmente se tomaba muy en serio el papel de madre que la niña le obsequió desde que la conoció.

Esa noche, Eimi se durmió en el mismo futón que Sakura, abrazada a una de las cabezas de marioneta que Sasori había sacado esa tarde para trabajar. En definitiva, nadie podía asegurar que esa niña fuera normal.

Varias horas transcurrieron en relativa tranquilidad hasta que Sasori observó cómo Sakura se retorcía en el futón, aún dormida.

Esta vez, el sueño fue acompañado por sensaciones, por dolores. Esta vez, el sueño fue más real de lo que Sakura pudo tolerar:

Náuseas matutinas en medio del bosque y un asco irremediable ante casi todo lo que el hombre frente a ella le ofrecía. Lágrimas sinsentido y un sueño casi irreparable. Unas paredes color morado claro y una cama blanca. Un estremecedor dolor que surcaba toda su espalda y piernas. Gritos que provenían de su propia garganta antes de una liberación absoluta de lo que parecía responsable de los síntomas anteriores.

Y finalmente, el llanto de un ser que acaba de traer al mundo, seguido por unas palabras de una tercera persona que no pudo identificar.

Un rostro pequeño de un bebé que había dejado de llorar al sentir los brazos de Sakura… una niña muy parecida a él.

Sasori se sobresaltó al ver que Sakura se despertaba de repente y se sentaba sobre su saco para dormir. Mientras Eimi seguía dormida, a su lado, Sakura respiraba acompasadamente. Parecía que había tenido otro de esos sueños que Sasori tanto identificaba; sin embargo, lloraba. Nunca lo había hecho antes; en realidad, nunca se había despertado de esa forma: algo había cambiado.

—Sakura —la llamó mientras se acercaba a ella. La aludida reaccionó de inmediato clavando sus ojos en los de Sasori. Su llanto incrementó cuando él se sentó frente a ella.

—¡Sasori! —chilló apretando los puños alrededor del saco—. ¡Sasori, yo…! —Hipó—. ¡Yo pude ser madre! ¡Pude serlo, Sasori!

El marionetista no se sorprendió con su quejido: sabía que llegaría el día en el que se arrepintiera de su decisión. Sin embargo, no esperaba las palabras que siguieron a esos gritos:

—Era una niña, una hermosa niña con ojos grandes y mejillas rosadas. ¡Era tan hermosa! ¡Y era mía! —Se quejó sin parar de llorar.

Sasori se mostró confundido; no esperaba que Sakura se tragara a tal grado su propio sueño. Lo que desconocía, evidentemente, era que no se trataba de un sueño, sino de una realidad ya imposible.

Sakura lo miró con desesperación; Sasori, con incertidumbre. Y tras unos segundos, el marionetista se atrevió a preguntar:

—¿Qué es lo que me estás ocultando?

El llanto de Sakura fue sustituido un momento por el pánico al ser descubierta. A Sasori no se le pasó esa expresión; desde unas semanas atrás, estaba muy pendiente de cada acción de Sakura.

—Sasori, Sasori, yo… —balbuceó con un tono de tristeza muy marcado— Yo no soy la misma Sakura que conociste en la batalla de la cueva, y no me refiero a la madurez o a los cambios físicos. Hay una razón por la que acepté tu propuesta ese día. —Hizo una pausa, en la que se mordió el labio, insegura de decirle la verdad a Sasori. Éste simplemente esperó sin presionarla, mas no apartó la mirada de ella— Yo… Yo sabía que Hidan y Kakuzu irían por Naruto y sabía cuál sería el resultado; también sabía lo de Pain. Yo… —Unas gruesas lágrimas resbalaron al compás de sus palabras— sabía lo que Sasuke-kun haría porque yo ya lo había vivido antes: ya había visto a Sasuke-kun enfrentándose a Kakashi-sensei y a Naruto, ya lo había sentido en mi garganta y a mis espaldas tratándome de matar. Y ahora estoy aquí porque tú te apareciste frente a mí en la guerra y me hablaste de la propuesta que nunca pudo realizarse; me preguntaste si habría aceptado de haberme ofrecido derrotar a Orochimaru. —Se detuvo, recordando esa tarde en la que salvó de la muerte a Sai y a Kankurō. Sasori escuchó sin interrumpir— Entonces me di cuenta de que si hubiera sido capaz, si hubiera podido-si hubiera tenido la fuerza de detener a Sasuke-kun, él no hubiera sido un asesino y un criminal de rango S. No me importó cambiar su destino por el mío siempre y cuando él no se convirtiera en… en eso.

»No me importa cómo me trató Sasuke-kun en la infancia o la vez en la que me desmayó en aquella banca porque sé que él es muy reservado; pero no puedo vivir sabiendo que puede convertirse en un monstruo. Yo lo amaba, Sasori —confesó mirando los ojos de su acompañante—. Creí que si lo hacía, si aceptaba tu propuesta y salvaba a Sasuke, no perdería nada; pero desde que iniciaste la transformación, he tenido sueños que me presentan lo que habría ocurrido si hubiera sido paciente. He visto el fin de la guerra y he sentido a Sasuke-kun a mi lado, conmigo, frente a mí… Y-y hoy-Sasori, era nuestra hija. ¡Ella era tan parecida a él! —chilló aferrándose a la playera de Sasori, desesperada—¡Era nuestra! ¡Yo era su madre!

Y sin poder controlarse más, Sakura dejó caer la cabeza en el pecho artificial de su compañero, quien sin apartarla o apegarla, permitió que Sakura encontrara consuelo en él. Permitió que sollozara el nombre del desertor de La Hoja y permitió que secara cada lágrima derramada por él en su torso.

Así, luego de unos eternos minutos, Sasori por fin habló:

—Te elegí por tu empeño, ya te lo he dicho —comenzó—, porque no sabes soltarte de tus metas y eso es… admirable. Sin embargo, a veces es mejor dejar ir aquello que duela, aunque sea lo que más quieres. Si cargas sobre tu espalda un peso que tus piernas no pueden tolerar, jamás avanzarás.

Sakura alzó el rostro y apenas miró los labios de Sasori al moverse. Quería comprobar que era él quien de alguna manera la consolaba.

—No puedo decirte que conozco ese sentimiento porque al contrario de ti, me es fácil separarme de las cosas. Mi única excepción ha sido el arte porque es lo que me mantiene vivo. Busca hacer lo mismo: aférrate a lo que te haga respirar, no a lo que te lo impida. Aférrate a mi ropa si eso te tranquiliza, pero no te aferres a los recuerdos que sólo te harán dudar de ti misma. Me he cansado de repetirte tus cualidades, pues si continúo pensando de esa forma de ti, terminaré amándote.

Esta vez, Sakura miró a Sasori directamente, sonrojada y asombrada por las últimas palabras. Él la observaba sin ápice de burla, con seriedad, como si estuviera diciéndole algo que ni siquiera conocía al cien por ciento.

—Vuelve a dormir, no tendrás más pesadillas. —Le prometió apartándola con cuidado. Sakura en ningún momento dejó de buscar en él una seña de mentira.

Se dejó recostar por Sasori sin objetar absolutamente nada y permitió que la cobijara. Mas cuando él quiso apartar un mechón de su frente, Sakura tomó su mano, como exigiéndole que se retractara.

Sasori, sin embargo, le sonrió. Nada en su expresión delataba la escena como si se tratara de un compañero que consuela a su compañera; sino como un hombre que mira a una mujer, a la mujer que le ha entregado en secreto su corazón.

*/*/*/*/*

«Me sentí devastada tras ese sueño porque todo era más real que los anteriores. Sentí el dolor y el asco, sentí incluso la presencia de Sasuke-kun. Fue muy doloroso. Sasori me alivió esa noche; tuvo razón: no tuve otra pesadilla. Casi puedo asegurar que sentí su mano sobre la mía mientras me dormía. Fue un gran apoyo al distraerme con esa mentira suya.»

«Buscaba que Sakura se viera como yo lo hacía, que se valorara como yo lo hacía. No quería que se viera como él provocó que se viera. Aunque creo que esa noche, sólo esperaba que supiera que le decía la verdad. Esa noche ella me contó un relato extraño, pero sincero; quise responderle con otro relato igual de sincero, pero quizá un poco más extraño.»


¡Hola!:

De verdad no tienen idea cómo y cuánto amo este capítulo. La última escena estaba planeada desde hace muchos años y era de las pocas que sí recordaba a la perfección. Y es que ya va siendo hora de que este arroz se sirva, ¿no creen?

Agradezco muchísimo, pero muchísimo, la paciencia que me han tenido. Este año ha sido todo un caos y he tenido que moverme de un lado a otro para salir adelante; pero aquí andamos. ¡Gracias por su apoyo!

He leído por ahí que quieren otro capítulo narrado por Sasori únicamente... Y sí lo tendrán, se los prometo, pero todavía falta para llegar a ese punto. Analizando la obra y las cosas que quiero que pasen (ya hice un esquema como Dios manda, por fortuna), me parece que el fanfic tendrá cerca de 25-27 capítulos; poco más, poco menos. Así que el capítulo narrado por Sasori será uno de los últimos. Descuiden, haré que valga la espera.

En fin, gracias por todo. Les mando un fuerte abrazo a la distancia. No olviden seguirse cuidando y nos vemos en la próxima actualización (que espero sea en noviembre porque en octubre voy a andar algo ocupada con retas y nuevos trabajos y eso).

Los quiero.

Andreea.