Sasuke y Naruto conversaban frente a la chimenea. Llevaban esperando a la Hoja más de mes y medio, preparándose para lo que estaba por venir, y discutían los pormenores y también la tardanza de estos.

En eso, un mensajero tocó la puerta.

—La caravana estará acá después de media noche —dijo, desatando todo tipo de inquietudes en los dos oyentes.

"En unas horas..."


Horas después sucedió todo. Podríamos describir aquel momento solemne, el encuentro entre dos monarcas y dos mundos lejanos (en muchos sentidos), pero mientras tanto, otras cosas más pasaban en la cabeza de esta chica llamada Sakura, de quien aún no sabe mucho el lector. Además, ¿quién quiere presenciar formalismos aburridos cuando una mujer tan bella se encuentra observando el cielo oscuro desde una ventana?

Tenía la vista perdida. La altitud del castillo le permitía contemplar mejor la nieve resplandeciente por la luna. Era tan diferente a su hogar, en donde el agua corría en vez de permanecer estática en copos de nieve. Aunque el paisaje era maravilloso, aún extrañaba el palacio que la vio crecer; allí conservaba sus memorias vivas, el recuerdo de su madre. Esperaba que aquella inesperada visita concluyera pronto y así volver a su mundo.

Tras ella, la gente prendía la chimenea, acomodaba el equipaje y traía comida. Abajo se daba un festín del cual ella no podía participar. Karin, su hermana mayor, sí podía ir, pues su padre prefería mostrarse con ella en público. Doth peinaba su cabello mientras le decía cosas que apenas escuchaba, intuía erróneamente que su querida Sakura estaba triste por no poder bajar a divertirse como todos. Pero Sakura sabía que mañana sería otro día, un día más cerca de su verdadero hogar.


Abajo, los dos reyes conversaban según el protocolo mientras comían y bebían. El mayor agradecía la hospitalidad, pero quien más hablaba era Naruto. Todo debía salir perfecto. La plática de esa mesa reunía a las personas más importantes del palacio. Todos reían y bebían, o bailaban al son de la música.

El rey Danzo se disculpó y se levantó de la mesa para ir al baño, escoltado por dos soldados. En eso, Naruto notó que su amigo estaba lejos del clima festivo.

—Sé que es tarde para preguntar, ¿pero estás seguro de esto? —susurró preocupado. El pelinegro asintió, huraño.

—Lo quiera o no, está hecho. Mañana es una mera formalidad. Desde el momento en que el rey Danzo se alistó, mi destino estaba firmado.

—Sasuke... Nunca serás feliz si haces esto.

Con una mirada, el rey le hizo saber que ser feliz era la menor de sus preocupaciones. Naruto lo sabía. Un rey no es nunca fuera de su corona y su trono. Es un mártir entregado a lo que era mejor para su imperio.

Mientras, al otro lado de la mesa una pelirroja miraba fijamente al rey.

—No se ve emocionado por la boda con mi hermanita, alteza —Ambos levantaron la mirada hacia ella. Tenía fuego en los ojos, y solo iba dirigido al rey, quien no dijo nada. Él pensó en lo acertada que estaba la princesa: no le entusiasmaba la idea. Ni quería verla hasta que fuese absolutamente necesario, y agradeció que las costumbres supersticiosas de su cultura le prohibieran ver a su prometida un día antes del casamiento. Se preguntaba un poco con qué clase de mujer se casaría, pero no importaba demasiado, pues la vería poco; la evitaría—. Veo que sus expectativas no son muy altas. Quizá esté abrumado, esta es su última noche de libertad. Pero le aconsejo que... la disfrute.

Dicho esto, se levantó y se fue. Era una clara invitación.

Naruto y Sasuke se miraron fijamente, mudos.