A las 6 de la noche pudo contemplar a Indragrado iluminada por antorchas desde la torre más alta. Le daba algo de paz. Ahí se materializaba el sueño más antiguo de su clan: el de hacer del Hielo la nación más grande de todas. Ese proyecto también era llamado por muchos pangruvismo.
Sus aspiraciones no pueden entenderse sin contexto: los primeros clanes importantes se habían unido en una pequeña aldea a la que llamaron Grust. Para sobrevivir debían ser más fuertes. Sasuke supo, gracias a libros de historia que leía, que otras familias se acercaron queriendo protegerse en Grust. Así se convirtieron en ciudad, y las castas nacidas ahí eran llamados los grustvos. Uchihas como él eran grustvos de sangre purísima, con un registro genealógico de 12 siglos casi impecable que mostraban generación a generación quiénes fueron sus antepasados; grandes hombres. Él no podía quedarse atrás.
Su familia lideraba bien desde el principio, y así se convirtieron en la familia real, una dinastía de 10 siglos. Debía conservar ese legado.
La vida de este muchacho no era sencilla. Su hermano mayor Itachi fue preparado toda la vida para asumir esa responsabilidad, pero habían sido asesinado con toda la familia. Sasuke despertó un día siendo el hombre más rico y poderoso del mundo.
Tenía doble tarea, porque también estaba su venganza.
Pero Sasuke no quería recordar eso en este momento. Solo buscaba paz en el viento gélido que siglo tras siglo había cobijado a su pueblo.
Sakura no sabía si con la actitud de su esposo en la corte ella podría confiar en que al menos el matrimonio sería llevadero. Quizá podría ayudarlo y mantener una distancia prudente.
—¿Qué hace ahí, alteza? —Era la anciana del desayuno.
—Oh, yo solo estaba mirando esto. Tienen lindos muebles aquí... —Pero esa anciana no la miraba convencida. Llevaba muchos años en esa vida como para ponerse a escuchar trivialidades—. No tuve la oportunidad de agradecerle por el desayuno. Muchas gracias...
—Chiyo.
—Señora Chiyo. —Y sonrió. Chiyo no le devolvió el gesto. Sakura pensó que quizá la odiaba y no la quería ahí.
—La próxima vez avíseme si no ha comido. La melancolía quema mucha energía.
Y se fue, dejando a Sakura avergonzada y confundida.
No lo vio en la cena. Creyó que ahí tendría la oportunidad de ofrecer su ayuda y mostrar que iba a hacer todo más soportable, pero no apareció. Lo esperó más de una hora en los aposentos, y tampoco. Decidió que entonces lo hablarían en el desayuno, y se fue a dormir.
Tampoco fue a desayunar.
—Dios, ¡¿acaso no come nunca?! —exclamó creyendo que estaba sola.
—Se le olvida.
—¡Ah! —gritó retrocediendo. La señora Chiyo era como un fantasma que aparecía por todas partes sin avisar. Era la encargada de supervisar a las novatas, así que iba de un lado a otro—, señora Chiyo... Dios.
—Traeré un té para los nervios. —Se fue. Sakura se preguntó si su único talento era hacer el ridículo frente a esa mujer.
Aburrida se preguntó —esta vez mentalmente— si él tampoco dormía. Estaba acostumbrada a comer sola en un salón gigante, con una mesa infinita y vacía, solo para ella. La ponía triste, pero era habitual.
Escuchó pasos, pero no podían ser de la señora Chiyo —ella quizá levitaba—. Por la puerta entró Sasuke. Por alguna razón, todo ocurrió en cámara lenta en su cabeza. Era tan... atractivo. Pero no estaba solo, lo acompañaban 2 hombres y una mujer.
—Majestad —Se levantó y reverenció—, buenos días —saludó al resto. No le devolvieron el saludo.
—Sasuke, queremos hablar a solas contigo —dijo un hombre de ojos perla y cabello castaño, mirándola.
—Cla... claro, yo ya me iba. Debo decirle algo al rey Sasuke, pero...
—Sal ahora —ordenó Sasuke en un tono que la hizo sentir mal. Iba a disculparse, pero intuyó que si decía algo más él iba a enfurecer, por lo que solo agachó la cabeza y se fue. Al pasar junto a la mujer escuchó cómo esta reía por lo bajo, lo cual la avergonzó terriblemente. Estaba completamente roja.
—También tú, Tenten.
—¡Neji! No es justo, esta conversación también me compete. ¿Qué se supone que haré mientras tanto?
—¿Por qué no charlas con la reina? Quizá se hagan amigas —se burló un hombre de cabello blanco y ojos morados.
—Vete a la mierda, Suigetsu. —Se retiró furiosa. Afuera, al ver a Sakura de pie, le replicó: — ¿espiando conversaciones ajenas?
—Eh... no...
—Claro, así son las lochkas, lo quieren todo: dinero, poder, información, los hombres... —sonrió burlándose de su casta, los lochk, que significa nacido de la raíz. Se fue sin darle tiempo de decir nada.
La vida iba a ser muy difícil ahí, no hacía falta que se lo juraran.
Mientras tanto dentro los hombres comenzaron a conversar sobre lo que los reunía allí.
—Nuestros hombres nos trajeron esto —dijo Suigetsu, entregándole unos papeles que Sasuke revisó con el ceño fruncido.
—Son solo estupideces de un tonto.
—De muchos, dirás. Si revisas bien, verás que tiene muchos autores. Al principio solo lo vimos como un acto de insubordinación aislado, pero últimamente en el sur ha crecido este problema. Esta gente escribe estos discursos baratos para leerlos en las plazas; calientan los ánimos de la gente. —Sasuke adquirió un semblante pensativo.
—Castiguen a los rebeldes públicamente y quemen todo esto.
—Los rebeldes ya son pueblos enteros, no podemos —sentenció Neji.
—Hyuga, no pusieron esta corona en mi cabeza para que unos cuantos campesinos se rebelen y asusten a mi corte. Se hará lo que digo con eficiencia, y veremos los resultados.
Los verían, de eso podemos estar todos seguros.
Hasta aquí el capítulo, ¿qué tal? Tengo muchas ganas de seguir escribiendo y que todos se enteren del desmadre xD MIL GRACIAS por leerme, lo aprecio muchísimo.Pregunta: ¿cada cuánto quieren que actualice? Soy nueva y aún no sé a qué ritmo se sienten bien leyendo.
