El general Choza Akimichi del ejército se acercó a la mesa del rey, vistiendo su uniforme. Se saludaron y comenzaron a hablar de ese asunto picante del cual debían ocuparse. Sasuke quería un informe que él se encargó de darle resumidamente, puesto que más allá de esa solitaria mesa había una fiesta.

—El frente suroriental es un caos, para ser sinceros. No contábamos con que los aldeanos se comportaran de esa manera.

—¿De qué manera?

—Esas son las noticias que tenía que darle... Perdimos Urdovia.

—¿Urdogrado?

—Son Urdovia otra vez. —Sasuke se levantó bruscamente deseando gritarle a todos que se fueran.

—A mi oficina.

Algunos notaron cómo se iban antes de lo previsto. Al llegar a la oficina a grandes zancadas, el rey Sasuke y su general se hicieron a cada lado del mapa inmenso que reposaba en una mesa central. En la emergencia no se le ocurrió llevarse a Naruto, y eso lo estaba irritando aún más.

—¿Cómo pasó? Hace un mes estaban poniendo la bandera —dijo con tono amenazante e irritado.

—Hemos tenido un avance rápido sobre el sur, es verdad, pero debe entender que eso también trae precariedad. Establecer la autoridad es una tarea delicada, y los sureños resultaron ser bastante rebeldes. No solo lo digo por los pueblos nuevos de nuestro Imperio, sino por los antiguos; supongo que sabe de qué hablo.

—Continúe.

—Perdimos cerca de 5.000 hombres en un intento por tomar el pueblo siguiente, Tolsovia.

Sasuke sentía que se le hundía la vida. ¿Cómo había pasado? Comenzó a dar vueltas en la oficina, ansioso y necesitando explicaciones. No sabía en qué momento se pondría a vociferar como un tigre.

—Tolsovia es un pueblo mediano, ¿correcto? Mire el tamaño en el mapa —dijo en un tono demasiado bajo y calmado, como una pre-tormenta—, no tiene un ejército, apenas una guardia campesina, ¿me equivoco?

—Correcto.

—¡¿Entonces cómo es que se murieron tantos? Dígamelo! —exclamó golpeando una mesa. Choza sudaba. Su rey se iba a morir.

—Urdovia... se reveló, las mujeres envenenaron la comida que nos daban. Empezamos a notar que muchos enfermaban, y creímos que sería algo del sur, una enfermedad típica, pero comenzaban a morir. Unos hombres descubrieron a varias mujeres cocineras poniendo cosas en la comida; fueron decapitadas pero para entonces todos estaban hambrientos y no había qué comer. Tuvimos que retirarnos.

Sasuke procesaba la información. Ellos, el ejército más temido del mundo, obligados a retroceder por unas campesinas. Eso era algo que no podía permitir, menos en la guerra que planeaba dar.

—General Choza, queda destituido definitivamente de este cargo. Entregue sus insignias y váyase para siempre.


Caminaba llenándose de fango las botas y el pantalón. Por fortuna usaba ropa adecuada para esa tormenta. Necesitaba un caballo, pero era difícil conseguirlo en un lugar como la Grustveria, tan inhóspito y desértico. Llegar hasta allí había sido el desafío más grande de toda su vida, una proeza teniendo en cuenta que estaba solo y no tenía dinero, todo lo ganaba en tareas que le permitían vivir al día y seguir. Llevaba años así, recorriendo el mundo. Había podido conocer muchas cosas, ver tantas otras y descubrir que no pertenecía a ningún lugar, no aún.

Él, de un pueblito eternamente lluvioso, nunca había tenido un hogar. Huérfano, sobreviviente, sin más razones de las que se inventaba para vivir. Con el tiempo supo que ese no era el lugar en donde quería estar, detestaba el agua moviéndose, pues le recordaba el eterno movimiento necesario de las cosas. Nunca era suficiente con tener un pan en la boca, no para los humanos. Por alguna inquietante razón siempre debía haber algo más y eso le molestaba. Cuando supo que había un lugar en el mundo en donde el agua se congelaba y no se escurría precariamente entre los dedos, de inmediato alistó su viaje. Después de todo, alguien que nunca tuvo una casa podía elegir a dónde pertenecer, ¿no?

Al preguntar en su viaje, supo que se llamaba Grust, la Grustveria, el Hielo, la nación más grande del mundo. Estática, conservadora, con gente tan fría de carácter como su clima. Muchas cosas se decían, buenas y algunas malas, pero por alguna razón cuanto más sabía más sentía que pertenecía allí. Era como tener un hogar que no conocía.

Había pasado la frontera —lugar muy bélico, lo cual lo hizo pensar en muchas cosas—. Ahora estaba más hacia el norte, aunque aún en la parte oriental. Años de viaje solitario y reflexión le dieron motivos, metas, planes. Ya sabía lo que haría para encajar en ese, su extranjero y amado hogar. Solo necesitaba un caballo y una charla con el mismísimo rey.


Era tarde y Sasuke ya quería dormir, lo necesitaba. Sin embargo, la habitación en donde se estaba quedando no tenía nada de él, y esta noche quería ropa para dormir y algo que ponerse al día siguiente. Sus aposentos eran fastuosos, al contrario de la habitación para sirvientes en donde se estuvo quedando para evitar a aquella mujer. El palacio en general tenía techos altos, excepto las habitaciones. En un clima tan frío normalmente se usarían techos bajos para conservar el calor, pero el alma de los grustvos abrazaba esa frialdad de todas las formas posibles. Sentirlo era una manera espiritualmente rara de unirse como pueblo, dado que el carácter apático les impedía ser efusivos y expresivos con lo que sentían.

Al entrar comprobó que la intrusa estaba dormida, se veía como un pequeño bulto en medio de la inmensa cama. "Está durmiendo en mi lado de la cama", pensó celosamente. Con cuidado de no hacer ruido se acercó a la puerta que lo conducía a su inmenso armario y comenzó a sacar lo que podía distinguir. La luna llena iluminaba desde afuera, y aún así era difícil. Cuando estuvo satisfecho con lo que encontró comenzó su camino hacia la puerta de la salida, pero en eso tropezó con algo duro. Aunque no cayó al suelo, sí hizo el ruido suficiente como para despertarla.

Ella, asustada, brincó en la cama y quedó sentada. Entre pesadas penumbras se miraron a los ojos.

—¡Majestad! —exclamó ella. Él no sabía qué decir. Se sentía estúpido entrando como un espía a su propia habitación. ¿Y todo para qué? Para no toparse con una mocosa como ella. No quería explicarle nada—, ¿qué hace?

—No es tu problema.

—No, perdón... Es que en realidad no tiene que hacer eso. Esta es su habitación, no tiene que tomarse esas molestias por mí...

—Pero qué engreída, niñita —dijo con desprecio.

—¿Perdone...? —preguntó extrañada. ¿Había dicho algo malo?

—Esta es mi habitación y no me tomo molestias por nadie. Yo puedo hacer lo que quiera cuando quiera —espetó. Aquello era lo que le faltaba. Sakura, por su parte, estaba muda.

—Pero... yo no dije lo contrario.

—Estás muy equivocada. Si no he dormido acá es porque soy un rey y tengo cosas que hacer, no por cortesía; no lo entenderías porque no tienes que hacer absolutamente nada. Me da lo mismo dormir con alguien como tú. Planeaba pasar la noche aquí, pero no contaba con que fueras tan engreída como para echarme de mis propios aposentos. —A grandes pasos fue al baño para cambiarse. Tuvo que girarse, pues estaba en dirección contraria a la puerta.

Era la primera vez que Sakura le escuchaba decir tantas palabras juntas. ¿En qué momento lo había ofendido de esa manera? De nuevo había hecho las cosas mal sin darse cuenta. Ya no sabía qué hacer, ¿no decir nada? ¿Desaparecer? Cada vez tenía más cosas que decirle, pero todo era absolutamente inadecuado.

Salió del baño y se acercó. No iba a dejar que ella pensara que le daba vergüenza dormir ahí o algo por el estilo, era su cama imperial y nadie se la quitaría. Él no le guardaba ni le debía ningún respeto. Agradeció que ella no sabía nada de él, o hubiese notado que ese exceso de palabras brotaba de sus nervios, más que de otra cosa. Necesitaba salvar la poca dignidad que le quedaba después de ser descubierto.

—Ese es mi lugar, muévete —ordenó. Incluso así, sin decir nada, pensó con tristeza, ella seguía equivocándose.

Y así fue que el rey terminó durmiendo otra vez en su propio cuarto con la nueva reina del Hielo. No lo hubiese querido, pero aquello inauguró algo que no se imaginaba todavía: incontables noches tormentosas. Si él hubiese sabido lo que aquella cercanía ocasionaría después, hubiese hecho lo que fuera para evitar esa noche, incluso salir corriendo.

Cuántas noches estuvo reviviendo esa misma noche, fantaseando con la idea de devolver el tiempo para poder cambiarla.


Gracias por leer de nuevo :'D ahora hay un viajero misterioso que va a cambiarlo todo, ¿quién será y qué va a hacer?Me reí mucho escribiendo lo de Sakura y Sasuke. Sasuke es un gato espiritual, todos lo sabemos.Y no se preocupen si se pierden con los nombres de los pueblos, la verdad es que no voy a introducir muchos, seré moderada, y procuraré que los tengan presentes para que no los olviden. Nos leemos el sábado 3