Según los naturalistas, al llegar las grullas a alguna parte, establecen un acecho para no dejarse sorprender del sueño; el ave se sostiene tan solo sobre un pie y en el otro tiene una piedra, para que al caerse la despierte.

"Cogen una piedra pesada con el pie derecho, y la levantan, porque si acaso se duermen, cayendo la piedra las despierta, y prosiguen su centinela" —Claudio Eliano.

Sobre Alejandro Magno: "dormía tendido el brazo fuera de la cama con una bola de plata en la mano que, en durmiéndose, le despertase cayendo sobre una bacía de bronce" –Diego de Saavedra Fajardo, Non maiestate securus.


Intentó dormir desesperadamente sin lograrlo. No quería comenzar a dar vueltas en la cama, eso lo delataría frente a ella, y si quería salir bien parado de ahí debía mostrar que todo le daba completamente igual. Por eso aquella postura de lado que le daba la espalda era perfecta.

Su situación era mil veces estúpida. Tenía un monstruo enorme preocupándole: el ejército del Imperio no tenía un general. El problema era que no podía pensar en alguien digno del puesto, y aún así no era una buena idea seguir con Akimichi. Tras informarle a los mandos más inmediatos aquellas terribles noticias, todos estuvieron de acuerdo en que había hecho lo correcto. Después hubo una acalorada discusión que no llevó a nada. Como nadie sabía qué hacer decidieron pensarlo esa noche. Para la siguiente semana debía haber un nuevo general.

Por otro lado, la extranjera. La desconocida. La sospechosa. La reina. Cuando buscaba desposarla, lo primero que estaba en su cabeza era hacerse con esa alianza, pero ahora que vivía ese momento se daba cuenta de que había asuntos que no sabía tratar. ¿Acaso ahora todas las noches de su vida serían así, tensas? ¿Cómo controlar ese peligro inminente que significaba tenerla por ahí? A primera hora le diría a uno de sus hombres que la vigilaran estrictamente.

No pudiendo más con la incomodidad de llevar más de dos horas en esa posición, se giró. La vio bocarriba, tranquila, respirando suave.

"Maldita seas" pensó amargamente envidiando su paz.


Al entrar a la oficina del rey lo vio tras su escritorio. Lucía cansado.

—Te ves fatal. ¿Por qué esa cara? —El Uchiha no respondió—. Vamos, creí que tendrías mejores noches.

—Con todo lo que está pasando es una idiotez que lo creas.

—No me llames idiota, idiota —dijo el rubio, sentándose—. Pero lo digo en serio. Pensé que tal vez... —Le dio una mirada significativa. Sasuke seguía sin entender.

—... ¿Que tal vez qué? Si vas a decir una estupidez, asegúrate de hacerlo en el menor tiempo posible.

—No sé, pensé que tal vez ahora que estás casado... —Sasuke lo miraba con un interrogante en la cara— con ella, ya sabes. En las noches...

Sasuke comenzó a entender de qué hablaba su idiota amigo. Tan solo rodó los ojos y se concentró en papeles. No iba a explicarle nada.

—Espera, ¿qué pasa? ¿No lo han hecho?

¿Hacerlo? Sasuke levantó la mirada, como perplejo. Estaba siendo escudriñado por el rubio, así que él comenzó a hacer lo mismo. Ante esa mirada, Naruto se sintió incómodo y juzgado. Carraspeó.

—Quiero decir, pensé que...

—Ah, pensaste.

—¿Otra vez tratándome de idiota? Es que ahora tienes esposa.

—Dos cosas. Uno, ¿qué clase de esposa crees que es esa mujer? Es una lochka, yo solo estoy esperando el momento en que nos traicione para poder ejecutarla; dos, ¿a ti qué te importa lo que yo haga?

Naruto se levantó inquieto. Entre hombres a veces se hablaban de esas cosas, pero a pesar de su cercanía al rey, este siempre se mantenía impávido ante esas charlas —o ante muchas otras—. Si para el mundo entero Sasuke era un misterio, para Naruto aún más. Su amigo tenía la extraña habilidad de hacerte desear pedir perdón cada cinco minutos.

—Perdón.


Esa tarde extrañamente coincidieron al almorzar. Desde luego que de nuevo no sabían cómo comportarse. Para Sakura las cosas eran de un tono oscuro. Prefirió comer en silencio sin querer provocarlo, llenarlo de más razones de molestias o darle una excusa para cumplir con la amenaza. La amenaza... Lo miró por un segundo fugaz, asustada de ser descubierta. Él miraba su plato.

—¿Qué es lo que mirabas?

Ella dio un brinco en su asiento. Negó con su cabeza, temiendo decir palabra. En ese momento el rey mandó a llamar a la señora Chiyo.

—¿Majestad?

—Prueba mi comida.

—¿Hay algo mal con ella? —preguntó angustiada. En sus años a cargo se había cuidado de que jamás pasara nada así, pues había visto cómo sus superioras eran reprendidas por el más mínimo error.

—Eso me lo dirás tú —dijo mirando fijamente a la reina. Sakura se tensó de pánico al verlo. Sus dedos se sentían como palitos de hielo.

El semblante de la anciana tampoco era el mejor. Estaba pálida y miraba a Sakura con una expresión entre interrogante y preocupada. Se acercó al plato, sus manos temblorosas intentando sostener los cubiertos. Él aún no despegaba los ojos de la muchacha.

—También quiero que la pruebes tú, y más te vale morirte si está envenenada, porque lo que te va a pasar si sobrevives al veneno no tiene nombre.

El aire se le salió de los pulmones y sus ojos se abrieron de terror. ¡¿Envenenada?! A la señora Chiyo se le resbaló el tenedor de los dedos.

—¡Alteza!

—Recoge eso y cómelo —Ella, sin más opción, lo hizo. Entonces el rey deslizó el plato por la mesa hasta la chica—. No lo diré otra vez.

Temiendo cualquier reacción suya, se apresuró a tomar un bocado. No podía decir nada aunque quisiera, y no obedecer empeoraría las cosas. Tras aquello, el pelinegro se cruzó de brazos en su asiento sin decir nada más, y comenzó a contar en su cabeza los minutos. Ellas supieron que no debían decir ni una palabra. Procuraban no hacer ruido al respirar.

Pasaron casi 10 minutos cuando alguien irrumpió.

—Alteza, con su permiso. Hay un mensaje.

Sasuke lo hizo seguir y recibió un sobre. Lo abrió mientras las dos mujeres observaban con el corazón en la garganta. Comenzó a leer en silencio el contenido. Al terminar, giró su cabeza, encontrando al mensajero en la puerta. Se apresuró a levantarse, dejándolas solas.

Todo fue tan repentino que ellas no supieron que hacer cuando se cerró la puerta y quedaron solas. Sakura se sentía culpable sin saber por qué. No sabía nada de la señora Chiyo, pero sin duda estaba metida en esa escena gracias a la situación tensa entre los reyes. No era su culpa.

Pero la señora Chiyo no la miró, a lo mejor sabiendo su lugar, sabiendo la inmensa distancia que había entre una sirvienta y una reina.


Por segunda vez entraba en la oficina de su amigo, ahora por una emergencia. Esta vez la habitación tenía a alguien más sentado frente a Sasuke. No pudo verlo, pues una capa negra lo cubría.

—Buenas tardes, me llamaron...

—Pasa —Naruto se acercó—. Ahora que Uzumaki Naruto, mi consejero, está aquí, creo que podemos aclarar unas cosas y llamar a la Corte.

—¿A la Corte? ¿Por qué?

—Porque lo hemos encontrado —dijo Sasuke decidido—. Aquí está el nuevo general, y no quiero a otro ahí sino a este.

Los ojos del rubio se abrieron ampliamente, y se acercó para ver al hombre de la capa. Pudo distinguir su cabello puntiagudo naranja y su piel incrustada de metal. Este giró el rostro. Tenía unos ojos extraños y gélidos.

—Es un gusto, lord Uzumaki. Mi nombre es Pain, su servidor.

Justo en ese momento, en otra estancia, un vaso de cristal se rompía. Sakura y Chiyo saltaron asustadas por el ruido. Sakura no entendió qué pudo ocasionar aquello, pero la anciana, que conocía bien lo que eso significaba —al igual que cualquier grustvo— simplemente estaba tan atónita que comenzó a derramar lágrimas.

—Señora, no debería decirle esto por respeto a su posición, pero sin duda su llegada a este reino no traerá más que desgracias.


Otra vez yo :3 perdón por tardar, valgo cake :c, estoy a punto de enloquecer con la universidad. Hice una animación para una tarea, ¿saben lo que es montar cientos de imágenes para obtener 30 segundos de video? Es terrible.Las cosas no dejan de empeorar para nuestra Sakura :c perdón, soy malvada xD.Y ahora que se reveló quién era el hombre misterioso, ¿alguien se lo esperaba? ¿Cómo creen que va a afectar a la historia?Gracias por leer a la gente nueva 3