Con la oscuridad vino el cansancio. Sasuke caminaba por los pasillos con mejor humor de lo habitual. Algunas antorchas iluminaban el camino, pintando formas sinuosas en los muros. Pain, su ahora mejor candidato para el puesto de general, estaba instalado provisionalmente en uno de los mejores aposentos del castillo y la Corte había sido informada de la reunión para la mañana del siguiente día.
No quiso ir a cenar, su cansancio acumulado era mayor. Sentía que esa noche podría dormir un poco, pues nada —ni siquiera la molesta compañía fantasmal de ella— iba a opacar esa pequeña victoria suya. Sí, tras convencer a la Corte trazaría un plan que lo llevara a la victoria y también a su venganza.
¿Qué habrá sido? ¿Acaso su cansancio de días, el sueño, el hambre, o sus ensoñaciones? ¿Cuál de todas esas cosas hizo que el hombre más desconfiado y prevenido del reino bajara la guardia en ese momento? Es probable que todas.
Solo supo que había sucedido demasiado rápido. Algo lo había atravesado en el vientre. Una daga. Una daga empuñada por alguien.
Se estaba quedando dormida cuando escuchó los gruñidos. Creyó que lo había soñado, hasta que volvió a escucharlos. Se levantó. Sentía las piernas dormidas por la incómoda posición en la que se había quedado todo ese tiempo, prácticamente arrodillada frente a la cama abrazando su cuaderno, aún con los rastros de las lágrimas.
¿Qué sería? Se acercó a la puerta por curiosidad, pero el sonido de algo chocando fuertemente contra el muro la asustó. ¿Era correcto salir? Su corazón comenzó bombear contra su pecho. Cuando estuvo frente a la puerta acercó su oído lentamente y se apoyó contra esta. Sonaba como un forcejeo. Y de pronto, nada.
Una corriente eléctrica la recorrió. El frío a su alrededor se agudizó. Tenía miedo. Aún así, con las manos temblorosas abrió la puerta lentamente, sintiendo que el suave chillido de esta le traspasaba los huesos.
Se asomó, y entonces vio el espectáculo más horripilante de su vida. Sangre. Siguió el camino con los ojos bien abiertos, lívida. El rastro rojo se embarraba en la roca, también las paredes estaban salpicadas. Al final de aquel sendero atroz encontró dos siluetas derrumbadas. Uno en el piso, otro sentado contra la pared.
Uno de esos milagros fisiológicos que el terror produce en el cuerpo es que los sentidos se agudizan. Los ojos ven mejor, la piel siente más, y el oído percibe lo que normalmente no se escucharía. Sakura lo experimentaba. Era como si los relojes del mundo hubiesen reposado su ritmo, como en cámara lenta. Algo de ella fue empujado hacia atrás, quedando adelante su instinto. Así fue como su terror se convirtió en una serena irrealidad.
Sintió una respiración leve, pesada, errática; uno de los dos estaba vivo aún. Avanzó adormecida, casi como si se viera a sí misma desde afuera de su cuerpo. Sus zapatos se sumergieron en el charco. Se agachó comprobando que el del suelo no era quien respiraba; su rostro estaba descompuesto por aquella expresión que adquieren los difuntos a quienes la muerte les toma por sorpresa. Fue hacia el segundo. Sus manos presionaban una parte de su vientre por donde se derramaba la sangre a borbotones. Él la miraba fijamente aunque con la vista desenfocada, había fiereza en ella, peligro, advertencia, pero no tenía fuerzas.
Sasuke se sentía frustrado. Distinguió su delicada figura, su andar, el cabello. Maldijo en la mente, preguntándose si ese sería su patético final. Un final en donde nada tenía sentido, ni su vida, ni su muerte. Sería recordado como el rey asesinado por su esposa. Sin legado ni honor.
Ni siquiera podría ver a su familia al morir. No, el lugar en donde ellos descansaban era uno a donde él no merecía llegar. No había podido hacer nada para salvarlos y lo único que le quedaba era honrarlos, vengar aquella muerte injusta; sin embargo, ni siquiera eso pudo hacer.
Aquella serpiente rapaz responsable de la muerte de su familia seguiría respirando, quizá adueñándose de sus territorios periféricos, disfrutando de ser uno de los tres reyes más poderosos del mundo. El Imperio decaería con su muerte, pues él, Sasuke Uchiha, era el último de la dinastía. Habría caos, peleas, traiciones. No, no podría descansar en paz sabiendo que fracasó en todo para lo cual estaba vivo. Menos al saber que el pequeño hilo que lo ataba a la vida sería cortado por esa harpía.
La vio inclinarse. Sus ojos resaltaban en su rostro pálido e indescifrable. Aunque en ese momento ella era su verdugo, sintió como si estuviera frente a un ángel que iba a llevárselo al más allá. Si alguien le hubiese preguntado por qué, no hubiese podido responderlo. Algo en su mirada y su hermosura le hizo sentir que era una teofanía, y el mareo por la pérdida de sangre no ayudaba. Estaba rendido, tranquilo, perdido, hechizado. Como si la muerte lo recibiera de la mejor manera posible.
Dulcemente apartó sus manos apretadas sobre la herida, abriendo su camisa blanca para revisarlo. Recordó al detalle todo lo poco que su madre le había enseñado. La sangre era escandalosa, se dijo. Solo eso. Hurgó en la herida, determinando así que era algo profunda, pero no lo suficiente. Sasuke soltó un quejido ante la punzada de dolor al sentir la frialdad de los dedos. Sin titubear, la reina lo despojó de la camisa. Improvisó un vendaje fuerte y seguro alrededor del vientre del rey, intentando que un trozo de tela de una manga se abultara contra la herida para así frenar un poco la hemorragia. Sasuke apenas podía entender qué sucedía. Entonces sintió que lo acomodaba con fuerza, de tal manera que ella pudiera arrastrarlo por el suelo hacia la habitación.
Tan pronto como pudo dejarlo sobre una alfombra mullida, lo cubrió con mantas y salió corriendo, no sin antes decirle:
—No cierres los ojos. Resiste.
Un doctor, un par de sirvientes, Sakura, todos los miembros de la Corte y un desconocido hombre de cabello naranja se encontraban en la habitación. Los últimos esperaban en silencio el veredicto del primero. Aún no salía el sol y a esa hora el frío se hacía más agudo que en otros momentos del día. El doctor volteó.
—¿Estará bien? —preguntó Naruto angustiado.
—Sí, afortunadamente la puñalada no llegó a tocar ningún órgano, no era muy profunda, y se tomaron los primeros auxilios correctos y a tiempo —informó el hombre, que ya era bastante mayor—. Por ahora necesita descansar para reponerse, perdió bastante sangre y la herida podría abrirse si hace cualquier esfuerzo. Debe permanecer en cama.
Un rumor de alivio general se escuchó.
—Felicidades, Alteza. Actuaste muy bien... En serio agradezco que salvaras su vida —le habló Naruto por primera vez, tomando sus manos con devota gratitud. A Sakura la tomó por sorpresa, sin saber qué decir.
—Sí, alteza. Qué bueno que estabas ahí cuando eso sucedió. Qué casualidades nos da la vida, ¿verdad? —habló la castaña llamada Tenten.
La Corte, reparando en ello, comenzó a mirarla como de costumbre: en silencio, y acusadoramente. El ambiente pesado hizo tragar grueso a Sakura, quien comenzó a darse cuenta de lo sospechosa que se veía ahora ante todos. No había tenido tiempo de pensar en eso ni en nada que no fuera salvar la vida del rey. Había actuado por impulso, y ahora su posición en desventaja le caía como un balde de agua fría.
—¿Qué insinúas, Tenten?
—Vamos, Naruto. No me digas que esta historia no te suena extraña.
—Oh, sí —intervino otro rubio de cabello largo, llamado Deidara —, las cosas no pintan bien para su majestad.
—¿Acaso debemos creer que este atentado es casualidad? —dijo esta vez una pelirroja, cuyo nombre era Tayuya—, nuestro rey nunca había sido atacado antes de casarse con ella.
Naruto y Sakura permanecían mudos.
—¡Es una lochka!
—¡La horca!
—¡No, merece ser torturada!
Por segunda vez en pocas horas sentía que la sangre abandonaba su rostro. Sus manos, aún entre las de Naruto, se enfriaron y temblaron. Él, notando eso y ante las acusaciones, soltó sus manos, meditando sin poder creerlo.
—No fue ella.
Aunque había sido un murmullo, todos callaron al escucharlo pronunciarse. Permanecía con los ojos cerrados sobre la cama.
—¡Sasuke, estás despierto! —El Uzumaki se precipitó sobre su cama.
—Es evidente que aún se encuentra algo desorientado, alteza —dijo Kabuto acomodando sus lentes.
—No te atrevas a tratarme como un imbécil. Sé bien lo que sucedió... Venía para acá, cuando un hombre salió detrás de uno de los muros y me atacó por detrás... Yo lo retuve en el agarre, y lo choqué contra la pared.
—¿Lo apuñalaste en tu estado? —preguntó Suigetsu, mostrando la impresión en su voz.
—Sí... Ella llegó antes de que perdiera la conciencia.
—Entonces es cierto... Te salvó. —Esta vez hablaba el más viejo de la Corte, Homura.
Todos meditaron sobre la historia. El mismo rey la confirmaba.
—Ella pudo haberlo enviado a matarte —acusó Tenten. Todos pensaban en esa posibilidad. Iba a empezar un nuevo coro de acusaciones, cuando el castaño de ojos perla se adelantó a hablar.
—No. No pudo ser ella, no tiene ningún poder aquí, ni aliados. Debió ser alguien del Hielo...
Todos palidecieron. Tenía sentido. Aquello no pintaba nada bien.
—¿Qué insinúas? ¿Que el rey no está a salvo en su propio castillo? ¡¿en su propio círculo?! —vociferó Homura claramente ofendido.
Nadie fue capaz de responder.
—Está claro que tengo mucho trabajo que hacer aquí.
Hasta el momento nadie había reparado demasiado en el desconocido. La situación era tan extraordinaria que las críticas y cuchicheos habían quedado en segunda instancia.
—¿Y tú quién eres? —inquirió Kabuto, tomando la voz por todos.
—Soy Nagato Pain.
Aquello seguía sin contestar nada. Comenzaron a impacientarse con lo estoico que lucía.
—Él es mi nuevo General.
Y aquello desencadenó que la Corte se convirtiera en una jauría rabiosa. Sakura se sintió fuera de lugar, extraña. Todos vociferaban, se contradecían, se refutaban. Miró al frente. Allí estaba también relegado el desconocido, Pain. Parecía no importarle demasiado. Había algo en él que la asustaba, una seriedad filosa. Él le devolvió la mirada.
Aquella era la reina. Cuando ingresó a los aposentos, no pudo evitar notar lo extraño de su cabello. Había algo magnético en ella, en sus formas, en su presencia. La ignoró en todo ese tiempo, preguntándose si lo que todos decían tenía sentido alguno. Había escuchado de la nueva reina lochka en la tierra del Hielo y eso le había desagradado, no pintaba nada bien.
Cuando notó que ella lo miraba se dio cuenta del color de sus ojos. Estaban a metros de distancia, pero desde ahí pudo ver que tenía un rostro hermoso. Algo extraño se instaló en él, una rara fascinación. Era sin duda hermosa...
"Y peligrosa". Pero no quería pensar en eso, no ahora que el sonido de las voces se difuminaba en su cabeza. Solo la observó como se observa un atardecer. Ella, claramente intimidada, desvió la mirada con un sonrojo.
—Esto es algo que ya no voy a discutir con ustedes, menos aún después de lo que pasó esta noche. Lo necesitamos y ustedes no pueden darme un mejor nombre.
—¡Es un desconocido! ¡No sabemos nada de él, de dónde viene! ¡Esta es la segunda vez que metes un extraño acá! —exclamó el Hyuga.
—Sasuke, ¿de verdad estás seguro de esto? Todos tienen razón, es demasiado precipitado... Esto no es normal...
—Deben ser conscientes de que estos tiempos que les han tocado están lejos de ser tiempos normales —Pain tomó la palabra, finalmente, y su tono atrajo la atención—. Esto es solo el principio. Detrás hay un intento de golpe de estado, claramente. Y el responsable está aquí mismo, en esta habitación. —Su acusación contundente los heló a todos—. La situación del Hielo hacia afuera es caótica y si no se hace algo al respecto, las fronteras del Imperio tendrán que retroceder, y ustedes no se alcanzan a imaginar qué tanto.
Todos lo escucharon atentamente.
—¿Y tú crees que eres el salvador? —preguntó Neji de brazos cruzados con ironía.
—Yo lo he visto todo allá afuera, entiendo muy bien la situación.
—¿Y qué propones? —se unió Tayuya con burla.
—Por ahora, hay que proteger al rey desde adentro. Necesita una guardia exclusiva día y noche. Me temo que muchas cosas van a cambiar desde hoy, señores. —Miró a Sakura a los ojos—. A partir de ahora, todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario.
"Una guardia exclusiva, ¿eh?..." pensó Sasuke. Lo aprobaba, era lo más lógico en esos momentos.
Lo que no se imaginaban era de qué manera dicha guardia iba a alterar el orden de las cosas. Pain tenía razón, muchas cosas iban a cambiar.
Este es el capítulo más largo que he subido. ¿Qué tal, cómo sienten que va la historia? ¿Les gusta?Quiero agradecer a todas por leer, votar y comentar. Me hace muy feliz que me hagan saber que están ahí, en serio tengo muchísima inspiración. Se viene lo chido, jujuju...Quiero anunciar que ya abrí la cuenta de Instagram, pueden encontrarme como @samdic.art. Estaré subiendo fanarts hechos por mí para la historia. Por ahora estoy trabajando en la portada.Y como diría una cuenta de yt que me gusta: ánimo, que al menos ya se acabó el lunes.
