Gracias, Ashido
Hessefan
Disclaimer: BNHA es propiedad de Kōhei Horikoshi.
Notas: Ya… ya voy a dejar de lado la temática de First Time. Es que cuando son adolescentes no puedo evitarlo (además de que me gusta narrar primeras veces, esa es la verdad). Si les gusta cómo escribo, pueden pedirme fics de cualquier pareja y temática. Solo vayan a mi página de Facebook y manden un mensaje privado. ¡Muchas gracias por leer!
ONE SHOT
Eran épocas de exámenes, así que pasaban juntos mucho tiempo. Sin embargo, contrario a lo que pensaba Kirishima y pese a las quejas de Bakugou, a este le agradaba pasar el rato con su amigo.
Y ahí estaban, aprendiendo los kanji necesarios para alcanzar los tres mil necesarios para no ser unos ignorantes de su propia lengua. Algunos eran difíciles de memorizar, así que se enfocaban en esos con ayuda de unas tarjetas.
El proceso era sencillo: Katsuki le mostraba una y cuando el otro erraba le daba con el libro por la cabeza al grito de «¡mal, imbécil!», a lo que Eijiro reía diciéndole que era tonto y que le tuviera paciencia. Cuando Kirishima se iba de su cuarto, se sentía vacío y solitario. No solo el espacio que ocupaba.
Por lo general Bakugou no toleraba mucho tiempo a las personas, la excepción era él. Por algún motivo le encantaba estar cerca de Eijiro; era ver su hermosa sonrisa con dientes torcidos y derretirse de deseo. Hasta le parecía preciosa la cicatriz que tenía sobre su ojo. Todo en su amigo le atraía a niveles ridículos: el color de su cabello, su peinado, su ropa, su cuerpo, su alma. Todo su ser.
Cuando este se iba, se ponía a escuchar música mientras usaba el celular, sin interés particular en algo. No tenía amigos en Facebook ni le importaba tenerlos, tampoco poseía un pasatiempo destacable, así que perdía el tiempo prácticamente en nada cuando su amigo no estaba cerca. Así de vacío se sentía cuando Kirishima abandonaba su cuarto.
Nunca se atrevería a pedirle, por ejemplo, que pasara la noche con él para dejar de sentirse tan ermitaño. La idea de asustarlo y alejarlo de su persona le aterraba. No quería espantar a la única persona que, sabía, lo toleraba pese a ser como era.
Cuando llegó el día del examen de lengua y literatura ambos estaban nerviosos, pero la emoción en Katsuki cambió a una agrado cuando Eijiro se le colgó del hombro a la salida de la clase.
—¡Un cien, amigo, me saqué un cien! —Kirishima no podía creerlo.
—Te dije que no eras tonto, solo demasiado vago. —Hasta él estaba sorprendido de que hubiera sacado una nota mejor que la suya, eso era impensable, pero estaba feliz en el fondo de ser la razón, en especial cuando el mismo Eijiro se lo dijo. Lo único malo es que no dejaba de usar esa palabrita maldita: Amigo.
—Eso es porque tú me ayudaste. —No soltaba el cuello de Bakugou y cada vez lo apretaba más, dando un salto de felicidad— ¿Hacemos algo más tarde?
—Podemos escuchar música. —Con la mano metida dentro de los bolsillos y el ceño fruncido propuso lo único que se le ocurrió.
—¿Paso por tu cuarto o pasas por el mío? —En ese momento Kirishima lo soltó, caminando a su lado como una persona normal y no como un enajenado que nunca se saca cien en un examen.
—Paso por el tuyo.
—¡Podemos entrenar si vienes! —Levantó los puños cerrados al cielo.
—Entonces al mío.
—Oye —lo miró serio y casi con sorpresa—, ¿no quieres ser más fuerte?
—Si entreno a tu ritmo me voy a desgarrar un músculo, subnormal.
—Ok, qué aburrido.
—¡Qué aburrido tú! —le reclamó— Pasa por el mío y escucharemos algo de música. ¿Radiohead? ¿Green Day?
—No me opongo a tu plan. —Le regaló una nueva sonrisa, derritiéndolo de nuevo, no obstante la cara de Katsuki seguía con ese semblante de siempre, el de «quiero matar a alguien».
Sabía que Eijiro era muy sociable; todos en la academia le tenían aprecio, no solo él. Así que aunque Bakugou se fue de inmediato a su cuarto al terminar las clases, supo que su amigo se quedaría en la sala común charlando con sus compañeros de temas banales.
Lo veía cada día hablar sueltamente con Mina que los celos lo corroían tanto por dentro que se iba de inmediato a su cuarto, en plan «no me jodan, muéranse todos». No quería admitirlo, pero esos dos tenían una amistad que no podía competir con la que ellos dos poseían.
Pensar en que Kirishima estaba interesado en esa mujer lo ponía de los nervios. Siempre lo veía charlar tan animadamente con ella que quería romper cosas y patear personas. Su amigo no tenía un ápice de homosexualidad en su persona. Ahí, en toda esa historia, el único maldito desviado era él.
Estuvo una hora en su habitación, escuchando música por su cuenta y mirando las fotos que tenía en su celular, pensando cuánto tiempo más Eijiro tardaría en llegar, cuando justo cayó un mensaje de él.
A Bakugou se le estrujó el corazón; seguramente era un mensaje diciéndole lo que a veces le decía, en plan «lo dejamos para otro día, amigo». Y siempre, pero siempre, esa maldita palabra: AMIGO. No quería ser su puto amigo.
Abrió el Whatsapp y, en efecto, era un mensaje de él. Suspiró, pero enseguida se dio cuenta de que era una foto. ¡Y vaya! En su mísera existencia se hubiera imaginado ese regalo del cielo. Era poco para tanto, Jesucristo.
Era una imagen de Kirishima, sin camiseta, con el pantalón por debajo de sus genitales los cuales mostraban una clara y hermosa, gloriosa, bendita erección. Dicha foto no llevaba nada escrito.
Le tembló el pulso y abrió grande los ojos, sin poder creérselo. Como pudo trató de mandarle un mensaje. Un torpe y escueto «¿qué onda?». De inmediato vio como Eijiro escribía una respuesta.
«Lo siento, amigo. Me equivoqué de contacto. ¡Qué vergüenza!».
Katsuki volvió a echar la cabeza sobre la almohada decepcionándose completamente, pero oh, ahora tenía algo maravilloso para contemplar. No lo dudó mucho, ¿qué podía hacer con esa foto? Obviamente: masturbarse como un salvaje.
Puso el celular en un trípode que tenía sobre su mesa de luz y se bajó los pantalones con prisa. Ya tenía una erección, como la de la foto, bien firme. Lo malo es que a cada rato tenía que tocar la pantalla para que no se apagara. Eso le generaba mucha frustración porque no podía masturbarse sin interrupciones. Al final terminó por poner la función que permitía tenerlo encendido.
Volvió a lo suyo, sin dejar de mirar la imagen, jalándose el pene con brusquedad, ansioso por alcanzar la eyaculación. No obstante, quería más, algo más. Esa foto era demasiado para su pobre corazón.
Se bajó los pantalones hasta las rodillas, se chupó dos dedos llenándolos de saliva y alcanzó su ano, para juguetear con él, imaginando que era Kirishima el que lo hacía. Logró meter uno con cierta dificultad, pero pudo meter los dos cuando lamió la pantalla del celular, como si así pudiera saborear a la persona de la imagen. Su pecho, su pene duro, su cara con una sonrisa hermosa y provocativa.
Alcanzó el orgasmo de esa manera, metiéndose los dedos, subiendo y bajando la mano, acariciándose el pene. Cuando pudo descansar de la marea de emociones se acomodó la ropa y comenzó a ponerse triste.
¿Para quién era esa foto? Acaso, ¿Kirishima tenía novia? ¿Y si era Ashido? No, de ser así, se lo hubiera contado. Aunque por lo general ellos dos nunca hablaban de temas del corazón; esas mamadas eran para maricones, en palabras de Bakugou. El problema radicaba en que el mayor marica de todos ahí era él mismo. Se mentía y le mentía al resto porque era demasiado orgulloso.
No se sentía bien después de esa revelación, así que le escribió a Eijiro diciéndole que se dormiría, este le preguntó si no iba a cenar, a lo que el otro respondió que no tenía hambre. O sí, pero ahora no se lo podría cruzar sin sentir que el mundo se le caía encima.
(…)
Durante esa semana Katsuki trató de evitarlo, pero su amigo era muy pegote de él. De todos, pero por alguna razón más de él. No hablaron de la foto, a decir verdad no hablaron de nada porque Bakugou siempre se escapaba de alguna u otra forma.
Era tal el grado de negación que, durante el entrenamiento en el gimnasio, Katsuki se rehusó a pelear contra su amigo como usualmente lo hacía. Dijo que no tenía ganas y que buscara otro peón.
—Ey, Bakugou… —Kirishima no podía creerlo— ¿no vas a ayudarme con mi endurecimiento?
—El idiota de Deku puede darte un par de golpes. Yo entrenaré por mi cuenta. —Dio la vuelta y saltó hacia una de las lomas que el profesor Cementoss había preparado, para así empezar a dar puñetazos de pura indignación.
—Yo te ayudo —dijo Midoriya enseguida al verle la cara de desconcierto y congoja en Eijiro. Si usaba poco porcentaje no le haría un daño considerable.
—¿Estás bien, Eijiro? —Mina se acercó a él, pegándole la cara prácticamente a la suya, con las manos hacia atrás. Lo conocía bien para saber cuándo su amigo se sentía afligido.
—Creo que tu plan no funcionó —le murmuró al ver que Deku había tomado distancia.
—Nunca dije que iba a funcionar. —Plantó una enorme sonrisa—. Pero con intentarlo no se perdía nada. ¿Qué clase de foto le mandaste?
—Una sugerente, como me aconsejaste.
—¿Y cómo se lo tomó? —consultó ella con curiosidad.
—¡Ahí voy! —gritó Midoriya desde el otro extremo.
—¡Espera, todavía no me endurecí! —Se distrajo de la charla con su amiga para prestar atención al inminente golpe.
No pudo seguir hablando con Mina; el profesor Aizawa los retó diciéndoles que dejaran de perder el tiempo platicando y que en cambio se pusieran a perfeccionar sus dones. Así que en eso estuvieron esa tarde.
(…)
Después de bañarse, Katsuki los mandó a todos al averno y se fue a su cuarto, mientras los demás charlaban en los sillones. Las mujeres no podían ir a la habitación de los hombres y estos a los de las chicas. Aunque era una regla a medias y que solían quebrar porque en la academia se la daban de estrictos, pero en el fondo eran unos panes.
Fue así que cuando Bakugou salió de su cuarto para ir a buscar la toalla que había dejado en el baño por distraído —por estar pensando en Kirishima— vio como este entraba al suyo en compañía de nada más y nada menos que de Ashido.
Ahí sí, quería matar a alguien. Se cruzó con Deku y por poco no le pega para sacarse la frustración de encima. Ahora entendía, seguro que esa foto era para ella, y seguro que en ese momento estaban teniendo sexo descontrolado.
Nada más alejado de la realidad. Mina se sentó en el piso, apoyando la nuca contra el saco de boxeo mientras su amigo se acomodaba en la cama para empezar a hablar con muchísima pena.
—¿Por qué estás tan triste, Eijiro? —Cuando estaban a solas, en íntima conexión, solía llamarlo por su nombre.
—Me ignora —contestó, tratando de reprimir el llanto—. Desde que le mandé la foto todo cambió. ¡Fue una pésima idea la tuya, Mina!
—A ver, muéstrame qué clase de foto le mandaste. —Trató de sacarle el celular que tenía en el bolsillo delantero del pantalón, pero Kirishima enseguida la tomó de la mano y se lo impidió.
—¡No! Es una foto triple equis.
—Ay, vamos —reclamó ella con seriedad—, ¿no confías en mí? No veré nada que no haya visto antes.
—¿A qué mierda te refieres? —Abrió grande los ojos, incrédulo de que su amiga hubiera pedido ya la virginidad.
—Google, tarado —le dio un puñetazo en el pecho—, ¿en qué cochinadas estás pensando?
—Bueno, te la muestro —dijo sacando el celular y tecleando el código—, pero no digas que no te lo advertí. —Se la mostró y Mina se hizo hacia atrás llevando las manos a su boca, tapando una risilla que igual se le escapó.
—Oh, qué atrevido.
—¿Crees que fue mucho?
—Es una buena foto. —Le sacó el celular de la mano y la estudió.
—Ya… deja de mirarla, me da vergüenza.
—¿Y vergüenza no te dio mandársela? —preguntó riendo y devolviéndole el aparato.
—La verdad… estuve como una hora dudando con el celular en la mano.
—Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma se toma un avión y va a la montaña —le dijo poniéndole un dedo en la frente—. Así que ahora ve a buscarlo y trata de preguntarle si está molesto. No creo que sea por la foto, porque me dijiste que le escribiste que fue por equivocación y… siendo sincera, creo que ahí está el error.
—Explícate porque no te entiendo una mierda.
—Tanto juntarte con Bakugou te está afectando, eh —bromeó un poco cruzándose de brazos—, ya insultas como él.
—Perdón.
—¿No es obvio? —Abrió los brazos— Si le dices que es para otra persona, va a creer que estás con alguien.
—Oh, tienes razón. —La miró como si su amiga fuera la octava maravilla del mundo—. Igual… —murmuró desahuciado.
—¿Igual qué?
—No creo que le gusten los hombres. Fue una locura seguirte el juego.
—No sé si le gustan los hombres —dijo ella con reserva—, pero sí se nota que le gustas tú.
—Que sea mi amigo no implica que…
—A nadie deja acercársele tanto.
—Eso es porque mi personalidad es…
—Aparte te mira de otra manera y sonríe contigo. Se le nota feliz a tu lado —volvió a interrumpirlo, tratando de hacerle ver su punto—. El que no arriesga, no gana, Eijiro.
—El punto es ese —musitó mirando el piso—, temo perder su amistad.
—¿De qué te sirve ser amigo de alguien que te gusta? ¿Eres masoquista o qué?
—Solo soy realista —dijo con una media sonrisa de desazón—. ¡Ay, maldición, no sé qué hacer! —exclamó jalándose del pelo y echándose atrás sobre la cama. Mina escaló hasta estar casi sobre él y lo agarró de los hombros para darle un sacudón.
—Vas y hablas con él —sugirió—. Le preguntas por qué está distante. Mi intuición me dice que podrías hallar una respuesta lógica a su distanciamiento.
—Tu intuición me puso en este punto —se quejó incorporándose—. Pero sí, si quiere dejar de ser mi amigo que me explique qué le molestó. No es para tanto recibir una foto por error. No es motivo para que me deje de hablar.
—Ya estás pensando como una persona coherente.
—Gracias por el halago —ironizó—. Ni Bakugou me trata de tonto.
—¿Ves? Él trata de idiota a todo el mundo —apuntaló ella poniéndose de pie para irse—. A ti nunca te lo dice en serio. No cree que seas un tonto. Te lo dijo después de tu cien en lengua y literatura. Ni siquiera te envidió, porque si mal no recuerdo él se sacó 92, ¿verdad?
—Eso es porque solo compite con Midoriya.
—¡Ya, hombre! ¡Ponte de pie! —le ordenó desde la puerta— No te quedes sin hacer nada. Ve a hablar.
—¡Sí! —Ese grito le había dado ánimos para enfrentar sus peores temores— Pero primero vamos a comer, ya debe estar lista la cena.
Eso era cierto, ya era la hora. No obstante cuando se presentó en el comedor notó que Katsuki no estaba allí, ¿pasaría otra noche sin cenar? Eso no era sano para el cuerpo. ¿Y si dejaba de mirarse el ombligo? Capaz que a su amigo le pasaba algo que era completamente ajeno a él. Fue a buscarlo, sin dudar mucho al respecto.
(…)
Bakugou estaba en su cama viendo fotos, hasta que se detuvo en la que más le gustaba, la de su amigo semidesnudo. La había guardado como un tesoro invaluable. Escuchó que golpearon a la puerta y gruñó un «¡fuera, quiero estar en paz!» que de inmediato fue respondido.
—Bakugou, ¿no vas a cenar?
Al notar que era Kirishima se puso de pie de inmediato, se arregló la ropa y caminó hasta la puerta abriéndola. Le tocaba enfrentar a sus fantasmas, por mucho que le costara. Ya no podía seguir esquivándolo más sin levantar sospechas.
—No tengo hambre —dijo cuando lo tuvo enfrente. Eijiro lucía serio y preocupado.
—El lunes y ayer tampoco cenaste. No es bueno para el cuerpo saltearse las comidas. —Al ver que no era invitado, se invitó solo al cuarto.
—Quiero dormir.
—¿Puedo saber? —comenzó a hablar, pero dudó en seguir. Se produjo un instante de incómodo silencio—. ¿Te pasa algo? ¿Estás enojado conmigo por algo?
—¿Y por qué estaría enojado, idiota? —No lo miraba, no podía.
—Vamos, Bakugou… hace una semana que no me diriges la palabra. Me esquivas todo el tiempo. Me doy cuenta cuando estás molesto de verdad —argumentó con tristeza—. Si te hice algo, lo siento. No quiero dejar de ser tu amigo.
—¿Por qué no me contaste? —preguntó mirándolo con fuego en los ojos, desafiante y aterrador— ¿No confías en mí?
—¿A qué te refieres?
—Estás saliendo con alguien. —Se cruzó de brazos y volvió a perder la mirada porque le ponía nervioso hablar del tema con él—. Creí que éramos amigos. Sin embargo no confiaste en mí.
—¿De dónde sacas eso? —Casi rio, era un disparate lo que decía el otro—. No estoy saliendo con nadie. Y de ser así serías al primero al que se lo contaría.
—Entonces —cada vez entendía menos—, ¿para quién era la foto? ¡No mientas, Kirishima! ¡No nací ayer! ¡Lo que no entiendo es por qué me mientes!
—¡E-Era para…! —¿Qué decir en ese momento?— ¡Para nadie!
—Dijiste que te equivocaste de contacto.
—No es cierto —contradijo con falsa seguridad, pero enseguida vio cómo su amigo daba tres pasos decididos dentro del cuarto para tomar el celular sobre el escritorio. Tecleó la clave y mostró el mensaje. La foto seguía allí.
—¡¿Por qué tienes la foto todavía?!
—¡P-Porque…! —¿Y qué decir en ese nuevo momento incómodo?— ¡Porque olvidé borrarla! —No iba a confesar que se mataba a pajas todas las noches mirándola.
Se estaban gritando a la cara, pero se produjo un instante de pesado y reflexivo mutismo. Si Eijiro no pretendía mandársela a nadie, si Katsuki aún la conservaba, ¿qué significaba todo eso? No tardaron mucho en reaccionar. Fue al mismo tiempo, Kirishima lo tomó de la cara y Bakugou hizo lo mismo, para después comerse la boca de un beso apasionado, lenguas mediante.
—¡Era para ti, tarado! —dijo Eijiro cuando su amigo le soltó los labios y le permitió hablar.
—¡¿Y por qué tardaste tanto tiempo en decirlo?!
—¿Una semana te parece tanto tiempo?
—¡Llevo desde que te conozco queriendo besarte! —le gritó en la cara, sin dejar de agarrársela. Kirishima plantó una enorme sonrisa.
Katsuki no pudo contra esa mueca y todas las revelaciones, sentía mariposas en el estómago y la cabeza le había dado un vuelco. Volvió a besarlo, pero más suavemente, a la par que estiraba una mano para empujar la puerta y cerrarla. Cuando lo hizo, trató de quitarle la camiseta negra que tenía puesta, pero como no lo dejó al alejarle las manos, se sacó la de él, que era blanca.
—¿V-Vamos a hacerlo? —preguntó Eijiro algo contrariado.
—¿Quieres?
—No sé, ¿no es muy rápido?
—Oh, Kirishima, llevo una semana haciéndome pajas con tu foto —confesó finalmente, desajustándole la hebilla del pantalón—. Te deseo tanto que ya no me aguanto.
—Pero, pero… —Se dejó desvestir, al menos le permitió que finalmente le quitara la camiseta y le bajara la cremallera del pantalón—. Pero, ¿quién a quién?
—Puede no haber penetración, pero te quiero tocar. —Era como un sueño poder pasar la mano por el pecho de Eijiro. Este se dejó acariciar, hasta cerró los ojos experimentando cosquillas en la parte baja de su anatomía.
—Me gusta —fue sincero—, tócame más —reclamó cuando el otro lo dejó en paz para quitarse los zapatos y el pantalón. Ya tenía una erección con solo haberlo acariciado un poco.
Luego, ya desnudo, volvió a acercarse a Kirishima para tomarle la cara de nuevo y besarlo. Sin soltarlo, subió un poco las mismas y con los pulgares dibujó sus cejas sin olvidarse de la cicatriz. Santo cielo, Bakugou lo tocaba como si fuera a romperse; era suave y afectuoso a la vez. Eijiro no podía creer que en una persona tan tosca hubiera tanta calidez.
—¿Puedo sacarte el pantalón? —preguntó Katsuki, y cuando el otro asintió se lo bajó con calma hasta que los zapatos representaron un problema de fácil solución. Ya desnudo de pies a cabeza, Kirishima no tenía forma de ocultar su erección, ni la necesidad.
Bakugou lo tomó de la mano y entrelazó los dedos a los de él, para luego tironear y llevarlo hasta la cama, en ese punto Eijiro se puso algo nervioso, pero le permitió que lo acostara y lo recibió de lleno.
Sin tapujos y como si tuviera experiencia, Katsuki comenzó a recorrerle el cuerpo con delicados besos. Fue bajando por el pecho hasta el vientre, se detuvo allí, a centímetros de la perdición, y volvió a subir.
—¿Ya habías hecho esto antes? —preguntó Kirishima al sentir lamidas en las tetillas, algo que le generaba escalofríos de placer. Había enredado los dedos en la cabellera rubia de su amigo, disfrutando de todo, del contacto suave con el pelo y de los besos apasionados.
—No —contestó secamente—. ¿Por qué lo preguntas?
—No sé… pareces muy seguro de lo que haces —respondió sintiendo que la piel del otro quemaba cuando se rozaban—. Yo… yo no sé qué hacer.
—Solo me dejo llevar —alzó los hombros, sin encontrar otra explicación—; hago lo que desde hace rato fantaseo con hacerte.
—¿Qué hago?
—Lo que tú quieras —contestó Bakugou mordiéndole el cuello y arrancándole un suspiro.
—Ok, entonces te la chupo —comentó resuelto, como si nada.
—¡No era que íbamos rápido! Ahora me la quieres chupar —sonrió de la nada, divertido y muy feliz de poder estar así con él—. Tócame —terminó sugiriéndole.
Con algo de torpeza, casi temblando de miedo por lo nuevo y de ansiedad por lo mismo, pasó las manos por la espalda de Katsuki. Luego se pusieron de costado y sus penes se frotaron, arrancándoles tímidos gemidos.
Al final Eijiro hizo lo que quería hacer, pero no fue al punto de inmediato. Le tocó el pene, jugando un poco con el glande, masturbándolo despacio. Bakugou lo imitó y cuando quisieron darse cuenta se estaban jalando con ganas, a tal punto que los gemidos fueron más audibles.
—Espera, voy a acabar —Kirishima suplicaba que parara con esa gloriosa tortura. Tenía el ceño fruncido de placer, porque su amigo no dejaba de masturbarlo y de morderle todo: la cara, el mentón, el hombro.
—No lo hagas sobre las sábanas.
—¿Entonces? —Miró hacia atrás— ¿Tienes pañuelos o… algo?
—Hazlo en mi boca —le susurró al oído produciéndole una descarga eléctrica en la columna vertebral.
—L-Lo siento.
—¡Maldita sea, Kirishima! —se quejó cuando sintió el líquido tibio en la mano, manchando parte de las sábanas. Pero bueno, no podía quejarse, esa noche dormiría con los fluidos de él, era casi como un regalo del cielo si lo pensaba mejor.
—¡Perdón! ¡Es que me susurraste de eso de una manera… sensual y…!
—Está bien —lo frenó, la verdad es que no estaba molesto—. Te la chupo para ponértela dura de nuevo.
Katsuki lo volvió a tomar de la mano de esa forma especial, entrelazando los dedos como si quisiera entrelazar también su corazón. Lo arrastró hasta el piso y lo acostó ahí. Acto seguido se puso al revés.
Bakugou había visto mucha pornografía gay, así que sabía lo que era un sesenta y nueve, pero para Eijiro era algo nuevo. No es que fuera inocente del todo, solo que le tomaba por sorpresa la desenvoltura de su amigo. Falsa desenvoltura, porque Katsuki estaba tan nervioso y revolucionado por dentro como él, solo que era bueno para dejarse llevar por las emociones.
Sin miramientos se metió el pene semiduro de Kirishima en la boca sintiendo el sabor del semen derramado. Limpió todo el falo con la lengua, encontrando fascinante percibir como palpitaba y crecía cada vez más dentro de su boca.
Eijiro tardó en reaccionar, le había clavado los dedos en las nalgas, disfrutando del grato momento, de la humedad caliente en el pene, de la magnífica sensación que le producía una felación. Cuando fue su amigo quien, con una mano, le puso el pene en los labios, entró en sí y lo imitó.
Kirishima no sintió asco alguno. A diferencia del otro que lo hacía con calma, él empezó a chupar con fuerza y violencia. Con esa voracidad no tardó mucho en sentir el penetrante sabor alcalino del semen. Terminó tragando, porque Bakugou no le dio vía de escape. Eijiro lo escuchó soltar un gruñido salvaje.
—¿Puedo? —Kirishima no se animaba a proponerlo— ¿Puedo meterte un dedo?
—Sí, pero espera. —Salió del lugar y buscó en su mesa de luz un paquete. Kirishima tembló cuando vio que eran profilácticos.
Katsuki sacó el sachet de gel que acompañaba a los tres preservativos y lo abrió, untó un poco en dos dedos y se lo arrojó a su amigo quien lo atajó al vuelo. Comprendía que era lubricante, así que se untó un poco.
—¿Piensas meterme dos dedos? —cuestionó Eijiro al ver la evidente situación.
—No te vas a divertir tú solo. —Le dedicó una media sonrisa traviesa y sensual, para después volver a acostarse en la misma posición.
—Entonces yo también te voy a meter dos.
—Por supuesto.
—Pero… ¿no duele? —Kirishima tuvo la respuesta cuando sintió el gel frío en la entrada del ano. Hacía un gran contraste con la boca caliente de Bakugou. Era agradable, pero vertiginoso.
—Yo estoy acostumbrado —dijo, quitándose el pene de la boca para, obviamente, poder hablar—. Cuando me pajeo a veces me meto dedos.
—¿Y piensas en mí? —preguntó con picardía mientras sonreía.
—Siempre —fue la seca y sincera respuesta de Katsuki—. Siempre pienso en ti.
Se pusieron a la tarea. Mientras se daban sexo oral mutuamente trataban de meterle los dedos al otro. Cuando quisieron darse cuenta estaban duros de nuevo, como al principio. Dolía, pero era la clase de dolor que generaba placer. Así que comenzaron a gemir, sin dejar de lamer y chupar el pene del otro.
En algún momento Katsuki le quitó los dedos y se separó de él. Hizo sentar a Eijiro en el piso y sin miramientos trató de subirse a su falda. Cuando el otro entendió lo que pretendía miró hacia atrás donde habían quedado los profilácticos.
—Espera… ¿no deberíamos cuidarnos? —consultó Kirishima levemente preocupado.
—Nunca lo hice con nadie y tú tampoco. —Le restó importancia y con algo de ansiedad, mezclada con nervios, ubicó el pene en la entrada del ano y empezó a bajar despacio, clavándoselo cada vez más adentro.
Cuando sintió que ya no se podía más, cuando percibió que los testículos chocaban contra sus nalgas, trató de relajar el cuerpo para poder sentarse del todo. Respiró hondo y lo hizo, sintiendo de nuevo ese dolor placentero. Tiró la cabeza hacia atrás y suspiró profundamente.
—Aprieta —comentó Eijiro con cara de goce absoluto—, pero me gusta mucho. Se siente muy bien.
Oh, cuando Bakugou empezó a subir y bajar despacio fue tocar el cielo con las manos. Para ambos. Kirishima podía sentir la calurosa cavidad de su amigo, y este la íntima comunión de la penetración.
—Acaba cuando quieras —dijo Katsuki para después meterle la lengua dentro de la boca.
—Ya —avisó cerrando fuerte los ojos. Tensó todos los músculos y dejó que el pene liberara todo el semen.
Fue tan estupenda la sensación de sentir el líquido dentro de él que Bakugou casi se corre en ese momento. Su amigo quedó medio fuera de ring, su cuerpo se aflojó por completo y terminó cayendo hacia atrás, hasta quedar acostado, todavía con Katsuki sentado sobre él y el pene metido dentro.
—Bien, es mi turno —declaró Bakugou levantándose y sintiendo una pequeña punzada de dolor cuando salió todo el falo.
—¿Cómo que tu turno? —Sabía lo que significaba eso, pero estaba algo impactado. No obstante, lo pensó dos segundos y le pareció justo. Se había sentido tan bien que quería que Katsuki experimentara lo que él había sentido—. Está bien, pero ponte un preservativo.
—Menso, si ya lo hicimos sin usar uno, ¿qué diferencia hay?
—Me voy a sentir más tranquilo.
—Ok, si tú quieres. —Con desgano, pero dispuesto a metérsela esa noche, se puso de pie y buscó los profilácticos que habían quedado sobre la cama. Intentó ponerse uno, no obstante fue tan brusco y torpe que lo rompió. Trató con el segundo, pero este salió disparado al techo prácticamente— ¡¿Cómo se pone esta mierda?! —exclamó con el tercero y último.
Eijiro estalló en carcajadas, era demasiado verlo a Katsuki luchando contra los preservativos y perder en todas las ocasiones. Hasta se le estaba bajando un poco y ante el temor de que perdiera la erección lo llamó.
—Deja eso. Ven aquí.
—Otro día practico —dijo Bakugou arrodillándose en el piso para gatear hasta donde estaba el otro y robarle un ruidoso beso.
—¿En qué posición me quieres?
Oh, ¿era consciente Kirishima de que preguntar eso lo arrastraba al borde del orgasmo? El solo escuchar esa pregunta provocó en Katsuki una erección, esta volvía a ser firme. No tenía que pensarlo mucho, en sus fantasías tenía una posición favorita.
—Te quiero en cuatro —le respondió volviendo a mostrar una sonrisilla traviesa.
—¡Ok! —Sin dudarlo mucho Eijiro se puso a gatas en el piso. Esperó, con impaciencia y con miedo al sufrimiento, a que su amigo hiciera lo que quisiera con su cuerpo.
Igual Bakugou fue gentil, contrario a lo esperado. No lo penetró como un salvaje, en el fondo sabía que tenía que ser amable porque dolía. Abrió las nalgas de Kirishima y ubicó la punta del glande en el ano, empujando levemente, hasta quebrar las primeras barreras que el cuerpo imponía.
Cuando logró meterla toda, esperó unos segundos antes de meter y sacar, pero Eijiro le ponía la mano en los muslos, marcando el ritmo de la penetración. Lo escuchaba jadear, pero no sabía si era de placer.
—¿Estás bien, Kirishima?
—M-M estás metiendo la pija en el culo, digamos que bien del todo no estoy; pero soy fuerte —respondió tratando de relajar el cuerpo para permitir la penetración.
—Sé que eres fuerte, pero no quiero lastimarte, Kirishima.
—D-Deja de… llamarme por mi apellido, estamos cogiendo, santo cielo.
—Pero si te llamo por tu nombre significaría que somos novios.
—¿En verdad estamos teniendo esta charla en este momento? Sigue moviéndote.
Era verdad. Katsuki dejó de lado la plática para pasar a la acción. A medida que sus testículos se endurecían y el semen se agolpaba en ellos, las arremetidas eran más feroces. Pero la tortura no duró mucho para Eijiro, porque enseguida su amigo, o su novio, o su amante, o lo que fuera, eyaculó dentro de él.
En ese punto Kirishima se dijo que no había estado tan mal eso de ser el pasivo. Si su cuerpo se acostumbraba a la invasión, hasta podría disfrutarlo. De hecho tenía una nueva erección, aunque algo flácida. Estaba demasiado exhausto. Eyacular dos veces había sido fantástico, pero agotador para ambos.
Bakugou se recostó sobre la espalda del otro y se quedaron unos cuantos segundos así, tratando de regularizar la respiración. De golpe, Eijiro empezó a sentir delicados besos en la mejilla y trató de voltear para poder estar frente a frente.
—Entonces —musitó Kirishima en la boca de su amante— ¿somos novios?
—Solo si me dejas llamarte por tu nombre, como lo hace Ashido.
—Oh, Mina —se acordó de golpe y plantó una enorme sonrisa. De no haber sido por sus locuras no estaría en esa coyuntura con su ex mejor amigo.
—¿Ves? A ella sí la llamas por el nombre. Me pone de la nuca.
—Oh, Katsuki es celoso —dijo enamorado, para robarle un beso.
—Tengo mis motivos —se quejó de malos modos—, esa mujer siempre está pegada a ti, te llama por el nombre, te… No sé. ¡Me pone de la nuca!
—Pero Ashido solo es mi amiga. —Además a Tsuyu también la llamaban por el nombre, aunque en su caso era a pedido de ella.
—¿Y qué? —Alzó un hombro y siguió hablando de malas maneras— Yo también lo soy y a mí nunca me llamaste por mi nombre.
—Lo acabo de hacer hace unos segundos. Te llamé por tu nombre —Lo miró entre ojos, algo preocupado por verlo tan celoso—. Vas muerto si estás pensando en decirme que deje de ser amigo de ella.
—Solo las parejas se llaman por los nombres, o los hermanos —suspiró y corrió la cara—. Pensé que la foto era para ella, idiota. Me hiciste sufrir toda la semana. —Aparte, claro, de darle material de entretenimiento.
—¡Es gracias a ella que estamos hablando de esto! —Eijiro lo tomó del mentón y le obligó a mirarlo— Aparte ¿cómo sabes que la llamo por su nombre? Si solo lo hago cuando estamos solos.
—¡Eso! ¡Pasan mucho tiempo a solas!
Kirishima sonrió divertido, casi a punto de reír, porque Bakugou tenía una cara de enojo épica, pero a la vez estaba algo sonrojado. Se daba cuenta de algo importante, que a fin de cuentas Katsuki estaba muy pendiente de él como para saber que a su amiga la llamaba por su nombre.
—A ella se le ocurrió la idea de mandarte la foto por «error». Fue su plan.
—Vaya —Bakugou, algo contrariado, se rascó la cabeza.
—Así que dale las gracias.
—¿Y cuándo… cuándo supiste que sentías algo por mí?
—Fue todo culpa de Mina —suspiró mirando el techo y reflexionando—. A ella se le metió en la cabeza que tú gustabas de mí y… no sé, la idea no me disgustaba; pero no fue fácil admitir que me atraías. Me costó mucho. Sentía que no era varonil experimentar amor por un hombre.
Cuando escuchó la palabra «amor» salir de esos labios, Katsuki sintió que el corazón le brincaba de emoción. Quizás era muy temprano para decirlo, pero al menos se preocupó de hacérselo entender. Para él no había sido tan terrible.
—A mí siempre me gustaste, desde la primera vez que te vi. Pero con el tiempo aprendí a quererte mucho. Demasiado diría yo. —Lo abrazó hundiendo la cara en su cuello—. Me aterraba la idea de decirte algo y perder tu amistad. Me importa una mierda lo que piense la sociedad sobre dos hombres enrollados. Me importaba lo que tú pensaras al respecto.
—Bueno, el punto es que quiero que seas amable con Ashido y que no te olvides de darle las gracias —le dijo buscándole la boca para rozarle los labios con los suyos—. ¡Cuando le cuente se va a poner muy contenta!
Eijiro volvió a regalar una sonrisa y su nuevo novio se perdió en ella, en la inmensidad de sus ojos, derritiéndose en el abrazo que ninguno de los dos quería deshacer. Era como si fuera el último día de sus vidas, no querían despegarse, pero la verdad es que ninguno de los dos había cenado y tenían hambre. Se asearon en el baño del cuarto y se pusieron la ropa. Cuando llegaron a la sala allí solo estaba Mina con Tsuyu hablando.
—¿No pueden dormir, chicas? —preguntó Kirishima.
—No es eso, es que como no venían a comer nos preocupamos —contestó Tsu-chan—. Pero yo ya me voy a acostar. Que descansen. —Mina, por su lado, le dedicó una mirada divertida a Eijiro y este levantó los pulgares.
—Katsuki quiere decirte algo, ¿verdad? —dijo Kirishima tomándolo del hombro para que dejara el plato de lado y enfrentara a la chica. Con cara de pocos amigos y sonando más como un matón que una persona amable, Bakugou finalmente lo hizo.
—Gracias, Ashido.
—¡No lo puedo creer, funcionó! —Ella dio un salto de felicidad y una voltereta. Luego se colgó del brazo de su amigo y lo felicitó— Me alegro mucho por ambos. Hacen una bonita pareja.
Katsuki bufó molesto y volvió a buscar su plato para sentarse a la mesa y comer. Cuando terminaron de cenar y de lavar lo que usaron se encaminaron a los cuartos para descansar, pero en mitad del pasillo tomó a Eijiro de la mano, entrelazándole los dedos, para que al menos fuera acostumbrándose a la nueva idea. Ya todos sacarían sus conjeturas cuando escuchasen que se llamaban por el nombre. Aparte tampoco tenía intenciones de ocultar sus sentimientos.
—¿Pasas la noche en mi cuarto? —preguntó Bakugou y Kirishima asintió con una sonrisa.
Por supuesto que no estaban para tener sexo, pero sí estaban para dormir acurrucaditos en la cama que, por cierto, olía al semen de Eijiro, pero eso era lo de menos. Desde entonces se convirtió en un hábito; fuera en la habitación de uno o del otro, compartían la cama. Nunca más volvieron a dormir solos.
FIN
29 de septiembre de 2021
Merlo Sur, Buenos Aires, Argentina.
