Disclaimer aplicado

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Sin pecado concebido

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Capítulo 1

Admiración

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Suspiró suavemente por su incapacidad de conciliar el sueño.

Muy probablemente estaba sufriendo las secuelas de la cantidad de tensión que sufrió por lo sucedido hacía apenas dos semanas. Ciertamente, la cuarta guerra ninja y todo lo que a ella había conducido estaba cargada de cuanto cambió físico y emocional agotador que no cualquiera pudiese soportar. Él no era la excepción.

Sumado a eso, la turbulencia de sus ideales y propósitos ocasionada por la persistencia necia de sus compañeros de equipo (Y, porque no, el saberse por fin equivocado) le ocasionaban angustia y pesadez mental. No era como si fuera sencillo para si reconocer un error, mucho menos uno que provocó tanto dolor y muerte.

Y si no fuese poco que su propia mente lo mantenía ocupado en la búsqueda de su nueva identidad, era innegable que había otro problema causante de su insomnio.

Le dolía el maldito muñón.

No trataba de pedir ningún tipo de compasión que, aunque quisiese, le fuese negada por parte del personal del hospital. Muchas de las enfermeras que estaban asignadas a su caso solo lo atendían por cumplir ordenes y, como no, por la creciente empatía hacia el aprecio no merecido que le tenía Naruto. Nadie era capaz de negarse ante los deseos del recientemente nombrado héroe de Konoha.

Y aunque los motivos anteriores eran razón suficiente, hasta él sudó frío ante la gélida mirada que la médico a cargo del servicio le dirigió al último que lo trato con grosería.

No es que él se molestase por ello, se había ganado con creces cualquier trato despectivo. Pero temía del pobre idiota que intentara de convencer de lo contrario a Sakura Haruno.

Escuchó los ronquidos de su rubio amigo a un par de metros de su cama, igual de lesionado y vendado que él. Buscaba ver el mundo con una nueva claridad y si se podía, disminuir las algias distrayendo su mente. El muchacho roncaba sin pena alguna, con su cuerpo limitado por vendas y amarres que no evitaban que babeara en el proceso de sueño. Agradecía el sentimiento de antaño que le daba la familiar imagen, llevándolo a recordar aquellos gloriosos momentos de su preadolescencia antes de sumirse en la oscuridad.

Las respuestas hiperactivas de Naruto le recordaban también el sentimiento de estancamiento y envidia que llegó a dominarlo, reconociendo que era esa energía la que lo había convertido en el contrincante mas fuerte al que tuvo que enfrentarse alguna vez… todo eso sin pisar ni por un momento la senda maltrecha que él decidió tomar para sus despropósitos. El avance que el Uzumaki había tenido era abismal, se dijo.

Pero lejos estaba de ser el que más brillaba ante sus ojos.

Eran los logros del miembro femenino del equipo 7 los que realmente lo encandilaban.

No menospreciaba a Sakura como compañera de combate, reconocía que, aunque la derrotó en un par de ocasiones siendo su enemigo, ella nunca había tenido la intención real de hacerle daño. Por el contrario, aunque lejos de ser capaz de vencerlo, si ella se hubiese puesto seria al combatir y hubiese acertado solo uno de sus monstruosos golpes, se hubiera enfrentado a más de un par de huesos rotos.

Y aunque no era eso lo que lo impresionaba, tenía en cuenta que su abnegación por él le ahorró un momento difícil. Momento que de haberse dado, hubiera terminado con ella revisando los daños e intentando que permitiera curar sus heridas. No porque él fuese su interés amoroso, sino porque el camino que ella había escogido se lo dictaba pese a sus intenciones de matarla.

De los tres integrantes del equipo 7, ella siguió una meta más loable.

Viéndolo desde un punto de vista objetivo, Naruto y él habían escogido destinos tintados con cierto egoísmo. Y no es que el portador de Kurama fuera malo, estaba seguro cumpliría su labor con excelente desempeño en cuanto fuera apto para tomar el cargo. Pero eso no quitaba que parte de la razón de la aspiración al mas alto rango ninja era acceder al reconocimiento que le fue negado en la niñez, un sustituto del cariño y amor que nadie le dio.

En su caso, ni siquiera valía la pena explicarlo. Mientras Naruto ayudó a miles de personas de camino al éxito, él solo generó dolor, destrucción y muerte donde fuere por complacer sus absurdos ideales.

Luego estaba ella.

Quien en su niñez fuese una malcriada, caprichosa y molesta niña que se desvivía por agradarle a un muchacho al que no le importaban lo mas mínimo sus superficialidades y tonterías amorosas, había madurado tan radicalmente que solo un ciego no podía percatarse. Sakura no era ni la sombra de aquella molesta llorona.

Y es que aunque seguía siendo algo llorona, ya no era tan molesta.

Es como si la vieja Sakura fuera sustituida por una joven fuerte, comprometida y luchadora sin perder lo que la hacía ella misma.

Mientras su compañero y él se formaban para la guerra, Sakura se preparaba para sobrevivirla; mientras ellos buscaban ser fuertes para derrotar a sus contrincantes, ella se fortalecía para ayudar a los demás. Visto de algún modo, ellos se moldeaban como armas que algún día se enfrentarían y ella como el bálsamo que aliviaría sus heridas. Como si supiera en el fondo que le tocaría arreglar sus desastres cuando todo acabase.

La revelación de que acabada la guerra sus habilidades se hacían obsoletas le trajo la apreciación de un nuevo valor a su compañera.

Ella llegaba más temprano que cualquiera y siempre era la última en irse (a veces no lo hacía), dejando de lado cualquier nimiedad física con una naturalidad y dejadez ciertamente refrescante, siendo adorno de su rostro sus siempre brillantes ojos verdes y amoratadas ojeras producto del cansancio. Por lo que había escuchado, Sakura era una ninja médico de prestigio y estaba a cargo de la emergencia del hospital de Konoha; su rutina consistía en inspeccionarlo a él y Naruto, pasar una revista en los servicios de hospitalización para ver que todo estuviera en orden y luego atender los heridos que aun estaban en estado crítico. Y de algún modo extraordinario, lograba sacar tiempo para verlos varias veces al día.

Colocaba una silla en medio de las dos camas, contándoles lo que las limitaciones físicas no les permitían observar. Revisaba sus heridas y les llevaba de comer.

Kakashi-sensei pidió que se ocuparan de ayudar a las aldeas afectadas por la guerra antes de colocar su rostro en la roca de los kages. No sé porque me recordó cuando intentamos ver su rostro de niños.

Lejos de tener rencor en sus ojos, lo miraba con genuina preocupación, reprendiéndolo cuando algo no le gustaba.

Debes decirme cuando algo te molesta, Sasuke-kun. Tienes que ayudar en tu recuperación.

Fruncía el seño, le sonreía y, cuando Naruto hacía alguna acusación indecorosa de su preferencia con los tratos hacia él, le gritaba sonrojada que era un idiota.

Las escenas no duraban mucho, pronto vendría alguien a buscarla para resolver alguna eventualidad. Mas veces de lo que fuese necesario otro médico, mas preocupada por ayudar que por su propia salud.

No en vano en más de una ocasión se quedase dormida entre ellos, con alguna fruta a medio comer o alguna carpeta descansando en sus muslos.

Sakura-chan es sorprendente, ¿Verdad teme?

Y él solo respondía con un escueto "aha".

No tenía palabras para expresar el creciente respeto que sentía por ella, mas que todo porque a la par crecía su vergüenza.

Débil.

Molesta.

Fastidiosa.

Era un hombre orgulloso, y había cometido tantos errores en su vida que la deuda a pagar era demasiado alta. Pero los prejuicios y ataques de los que fue victima su compañera eran quizás de los más costosos, y aún así, lo trataba como si nada fuera pasado, con tanta o más dedicación que a Naruto.

Como si él fuese merecedor de sus atenciones y no de su desprecio.

Apretó los ojos ante el creciente dolor, ya no solo en su brazo amputado sino en su pecho. La película nocturna de cada uno de los desplantes que le hizo a la kunoichi lo torturaba conforme mas era su esfuerzo por sanarlo.

Se llaman dolores fantasmas, es como si el cerebro no asimilara que sus brazos ya no están y mande constantemente descargas eléctricas para reconocerlo.

¿Qué explicación podría darle para aquel tumulto doloroso dentro de su tórax?

Ninguna.

Por eso no quería decirle a nadie que le molestaba el brazo, porque si ella no le pasaba la factura del daño que él le había hecho, él si lo haría. Se merecía algo de justicia, y él, como un cobarde, temía que alguien se percatara que su corazón dolía mucho más que su brazo.

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Buenos días.

Temprano, como siempre. Sin embargo, la veía inusualmente más cansada y ojerosa que cualquier día.

Luego se percató que no la vio irse la noche anterior. Egoísta.

Sonrió como si el cansancio no importara, como si nada estuviera pasando. Ella le hacía cuestionarse su lugar en el mundo, no solo tambaleante por sus crímenes, sino por la necesidad de contribuir de alguna forma.

Sin la guerra, sin enemigos, personas como él no eran necesarias.

Inútil.

La miró sin escucharla mientras revisaba a Naruto, contando alguna anécdota de sus pacientes en la emergencia. Logró captar de la inocente conversación la creciente mejoría de Maito Gai, a lo cual su compañero le ofreció con una zorruna sonrisa una felicitación por su esfuerzo. Ella se quitó mérito, explicando que era la gran actitud del Jounin y su aprendiz Lee la causa de su recuperación.

Era tan modesta que era molesto.

Naruto se quejó de su falta de apreciación y ella levanto una ceja en advertencia. Él calló, recordando que podía hacerlo papilla.

Tengo algo importante que decirles.

Confesó mientras se movía para examinarlo a él, no sin antes mirarlo con curiosidad a los ojos. Luego siguió hablando, cambiando sus vendas.

He estado trabajando con Tsunade-sama, ha costado trabajo, pero logramos diseñar unas prótesis para sus brazos. Los diseñamos para que canalizaran el chakra igual que uno real, incluso el de ustedes.

Sonrió con suavidad.

¡Genial, Sakura-chan! Ya me había resignado a ser manco de por vida.

Ambos rieron por el comentario, él solo ladeo la comisura del suyo. Terminado su trabajo, tomó la carpeta de ambos, anotando algo en una de ellas, se despidió y prometió pasar mas tarde.

Se detuvo en la puerta y lo miró con gesto suave.

He dejado la orden para que te administren una infusión analgésica, Sasuke-kun. No quiero que tengas dolor o jamás saldrás de aquí.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

Oi, Teme—lo llamó Naruto.

También se sorprendió ante el conocimiento de que, aparentemente, su rubio amigo lo conocía más de lo debido.

Sakura-chan es admirable.

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Hace tiempo que no escribía, supongo que me convencí a mi misma que estoy demasiado mayor para hacerlo. Luego me percaté que le aconsejo a todo el mundo que no hay edad para ser feliz.

Y a mi escribir fanfics me hace feliz.

Sakura Haruno es mi personaje favorito de Naruto, participé activamente en mi adolescencia en los foros para defenderla. Sentía y aun siento que Pierrot la malpuso manipulando diálogos y escenas distintas al manga, adicionalmente, siento que hubo demasiada turbulencia en su percepción. Es mas sencillo admirar un personaje fantástico sin imperfecciones, que uno que trabaja conforme va avanzando en sus debilidades.

Yo me identifico mucho con ella. No solo porque soy médico, sino porque respeto la evolución del personaje (viéndolo desde un punto de vista más maduro).

Podré tener 25 años y mañana 35 años, y seguiré siendo fangirl del SasuSaku.

Saludos.