Disclaimer aplicado

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Sin pecado concebido

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Capítulo 2

Motivo

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No importa cuanta oscuridad inundara la habitación, él lograba ver todo.

Cada detalle, cada piedra, cada minúscula partícula de polvo.

Sus amigos (atreviéndose a llamarles así) se negaron a que fuese encerrado. Luego de su recuperación, ninjas enviados por el consejo lo dirigieron a las celdas para criminales de alto riesgo. Fue incapaz de romper la burbuja de dulce compasión de su compañera de equipo diciéndole que su encierro era inminente, que lo sabía desde el momento que yació luego de la batalla con su mejor amigo, así como de discutir su comportamiento sumiso con Naruto ante la circunstancia.

Privarlo de su libertad era cuando menos lógico para un desertor tan peligroso como él. No esperaba otra cosa.

No significaba que ellos renunciaran a dar pelear por ello.

La mirada de reto que Sakura le envió a Kakashi cuando por fin mostró su rostro en la habitación de hospital al momento de su alta fue desconcertante. Ella podía ser escandalosa en su época, pero nunca desobediente.

Los gritos de Naruto si fueron predecibles.

¡No lo traje de vuelta para que lo encerraran, dattebayo!

Kakashi, sin embargo, les pidió a ambos que confiaran en él con resignación palpable.

Habían pasado al menos dos meses desde ese momento. Tuvo entonces la oportunidad de examinar las debilidades de la arcaica prisión. Entre ellas, la incapacidad de hacer algo contra su Rinnegan. Y aunque se sabía perfectamente capaz de escapar en cualquier instante, se negaba a hacer algo que empeorara la situación.

Ya no quería ser un enemigo de Konoha, comenzar por cumplir sus reglas era un buen inicio.

A cambio, obtuvo tiempo para evaluar todo lo que había pasado.

Duró al menos 4 semanas bajo los cuidados de Sakura y el personal médico, sus heridas eran mayores y la descomunal pelea con Naruto retrasó la capacidad de su cuerpo de recuperarse. No era un hombre débil, pero enfrentar dos monstruos tenía consecuencias importantes. En ese tiempo se acostumbró a muchas cosas sin quererlo, cosas con las que un criminal de su tipo solo podía soñar en el mejor de los casos.

No supo lo solo que se sintió durante esos años hasta que sus compañeros de equipo se lo mostraron.

Lo primero a lo que se acostumbró fue al placer de su compañía.

Sakura y Naruto actuaban con completa naturalidad, como si el tiempo y las malas intenciones fueran solo un obstáculo menor para la camaradería del equipo 7. El rubio se encargaba de contarle de cada uno de sus compañeros, los que en su momento fuesen llamados los nueve novatos, diciendo eventualmente alguna mentira piadosa –válida de su estupidez—que provocaría la irritación de la chica ojiverde que llegaba casualmente en ese momento a darle un zape que lo haría sudar frío a sabiendas que, cuando realmente se enojara, iba a dolerle de verdad. Ella por su parte se encargaba de actualizarles las decisiones políticas del consejo.

Cuando terminaba, Naruto le preguntaba por su día en el hospital.

Escuchar el relato de sus tareas, logros y frustraciones mientras sus orbes brillaban era otra de las cosas a las que se había acostumbrado.

Ahora, en las penumbras, solo podía emular su luz sin dar crédito a la real. No había fantasía que reprodujera cada una de las expresiones que los ojos de Sakura podían mostrar, ni el cambio muchas veces chillón de su voz cuando algo le emocionaba. Su presencia en la hospitalización no era solo tolerable, era sin lugar a dudas agradable. Lo ayudaba a sentirse cómodo, como si al lado de ese par de necios encontrara su verdadero hogar.

De allí el sentimiento abrumador de confort que lo llevó a huir a los 12 años.

Cuatro años después seguía pensando que esa estabilidad no le permitiría avanzar. No era tan idiota para no darse cuenta que no podía permanecer en ese estado ¿Cobarde? Un poco, pero quedarse junto a Naruto y Sakura no le ayudaría a seguir adelante.

Konoha necesitaba su espacio, y él necesitaba perdonar muchas cosas, entre ellas a sí mismo.

Por eso se tomó su encarcelamiento como una oportunidad para meditar su siguiente paso. Se sentía profundamente agradecido de su aislamiento, aunque no era ese el objetivo del mismo.

Después de mucho cavilar, entendió que sin importar que fuese recibido con los brazos abiertos, no podía quedarse junto a ellos. En el dado caso que saliera de esa celda, claro estaba. Ellos necesitaban un distanciarse de él (aunque no lo supieran), y él necesitaba un respiro de toda esa porquería… Pero no podía dejar de pensar en aquellas palabras que Kakashi dijo en medio de uno de sus ataques de locura. Aquel en el que atravesó a la pelirosa con un genjutsu.

Sakura siempre quiso salvarte, siempre.

En ese momento fue sarcástico, cruel. Pero no mentiroso, nunca un mentiroso… realmente no entendía que era lo que ella veía en él.

Los motivos solo hacen falta cuando se trata de odiar. No quiere que le pertenezcas, solo estar cerca de ti. Solo quería salvarte, te ama tanto que sufre.

Kakashi no era en esencia una persona emocional, no despilfarraba en discursos sensibles sobre sentimientos amorosos. Era más dado a la lealtad, la estrategia y la moral. Que fuese precisamente él quien pronunciara aquellas palabras, y no el impulsivo de Naruto en el auge de su furia e indignación, le revolvía el estómago.

En esas ocho semanas se había acostumbrado a ignorar la culpa que la nostalgia de Sakura le causaba.

Y esa era una de las principales razones por las que tenía que apartarse de todos, especialmente de ella.

Reconoció en su persona la ausencia de infantilidad en su actuar, no lo atosigaba con confesiones y tratos atorrantes sobre sus proyectos amorosos, en su lugar se encontraba genuinamente dedicada a atender el estado de salud de él, Naruto y toda la aldea. Jamás le recriminó nada ni habló de sus sentimientos, siquiera fue capaz de reclamar aquel agravio que cometió en su contra en ese caótico momento. Ella le daba su espacio, sintiendo empatía por el mal momento que estaba viviendo.

Lo miraba con anhelo, sin embargo. Y él no sabía qué hacer para recompensar eso.

Te ama tanto que sufre.

Ignoraba como responder, en su juventud fue directo y hasta grosero, estableciendo su completo desinterés por otra cosa que no fuese matar a Itachi. En su etapa de vengador, se convenció a si mismo de la insignificancia de su ex compañera de equipo, cuando mucho, era una conocida que se empeñaba en estorbar en sus metas. Una molestia que no tendría reparo en eliminar.

No sería más que daño colateral.

Ahora se encontraba ante un panorama completamente nuevo, partiendo de sentimientos encontrados y mal estructurados de su convivencia cuando eran genin, mismos que quedaron como cables sueltos producto de su empeño por cortar lazos. Sin duda alguna, ella era importante para él en aquel entonces, una entrañable pero fastidiosa niña que se preocupaba por él, aflorando un cariño inexplorado por su parte.

No se lo había merecido en aquel entonces, cuando lo poco que hacía por ella era intentar que no saliese lastimada en sus misiones.

No se lo merecía en la actualidad, cuando había intentado matarla tantas veces.

No se lo merecería nunca, cuando le hizo tanto daño.

Incluso si tuviera la intención de corresponder sus sentimientos –de lo cual no podía dar seguridad—él no podía ofrecerle estabilidad alguna en su vida. Ella había crecido en cuerpo, alma y fuerza ¿Había dicho que admiraba su trabajo? Porque ese pensamiento rondaba su mente desde su hospitalización. Sakura se construyó una reputación fruto de trabajo duro y estudio constante. Lo abrumaba la cantidad de proyectos que soltaba en la verborrea diaria para distraerlos a él y Naruto.

Sakura alcanzó una luz a la que él no tenía derecho a aspirar, y lo hizo sin una gota de maldad.

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Agudizó el oído al escuchar unos pasos dirigirse a su locación. Una conversación, un sonido metálico y cinco voces. Dos de ellas muy familiares.

Kakashi y Sakura.

Levantó sus ojos con calma al escuchar el golpe duro de la cerradura abriéndose, sus pupilas adaptándose a la luz que ofrecían los escasos espacios abiertos del escabroso centro penitenciario. Su viejo sensei lo miró con cansancio, a su lado el guardia y dos anbu—guardaespaldas del Hokage, dedujo—atentos a cualquiera de sus movimientos. Podía reconocer la alerta detrás de la pose desentendida de los dos ninja.

La médico pelirosa lo miró desde atrás, ofreciéndole una suave sonrisa y el esplendoroso brillo de sus ojos.

¿Te encuentras bien, Sasuke-kun?

El sexto Hokage la observó como a una niña que acababa de hacer un berrinche, con reprimenda y ternura en sus ojos. Asintiendo ante la pregunta muda, dándole permiso para que se acercara a él y revisara su estado de salud. Lo miró nuevamente, colocando sus palmas en señal de paz.

Me ha ganado el miembro femenino del equipo 7, Sasuke.

Entendió entonces, con las emocionales palabras de Sakura mientras le hacía un chequeo general por si el encierro lo debilitó, que iban a permitirle salir, pero ella primero verificaría si estaba bien. De lo contrario, iba a ocasionar la 5ta guerra ninja.

Necesito que me dejes un momento a solas con él, Sakura. Sin cuestionarme.

Ella arrugó la frente en señal de molestia, pero así como un vendaval rosado salió con pasos fuertes con los guardias detras.

Espero que entiendas que Naruto y Sakura no me han permitido estar tranquilo hasta hoy—suspiró—has dado demasiados dolores de cabeza, Sasuke. Es bueno que lo tengas presente.

En otra época encorvaría los ojos ante el inesperado sermón. Ahora, sentía demasiada vergüenza como para mantenerle la mirada. Por primera vez en toda su vida, vio a Kakashi como más que un ninja poderoso… era aquel mentor que le habló desde la experiencia, el que le predijo lo turbia que sería su vida de no enderezar sus medios. Con la capacidad verbal y moral de hacer que el mundo cayera sobre sus hombros.

Los motivos solo hacen falta cuando se trata de odiar, Sasuke. Recuérdalo—le sonrió detrás de la máscara—y tú ya no tienes más motivos.

Lo miró a los ojos, desgastado y agotado de todo el trabajo mental—No estoy seguro de eso, Kakashi.

¿Qué piensas hacer ahora?—insistió, preocupado por sus palabras.

Guardó silencio, pensando las palabras adecuadas.

Debo irme de la aldea.

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Fue escoltado hasta las afueras por los que fueran su mentor y compañera de equipo alguna vez.

Kakashi había escuchado sus motivos con calma, y aunque expresó su descontento, respetó su decisión. Por su parte, Sakura lo acompañaba con una pena muda, su sufrimiento era tan palpable que en su pecho no dejaba de atinarle una creciente culpa. La observó disimuladamente, su pelo ahora más largo y su rostro menos cansado. Sus ojos, por otro lado, eran un mar de tristeza verde jade.

Sin importar el camino que tomara, siempre la haría sufrir. Pero no podía permitir que el de ella se contaminara cruzándose con el suyo.

No, tenía que hacer muchas cosas para que eso no sucediera.

¿De verdad tienes que irte?

Tenía que detener aquel suplicio, darle la oportunidad de saber estar sin él en otro contexto. Uno en el que él se redimía con su pueblo, con sus amigos y con la mujer que lo amaba en contra de todo pronóstico, en donde salvar su alma no fuera una de sus metas.

¿Sería muy optimista de mi parte pedir que me lleves contigo?

Poke.

Será en otra ocasión, Sakura.

Ellos no necesitaban un motivo para luchar por él.

Ella no necesitaba un motivo para amarlo.

Pero él necesitaba un motivo para merecerlo.

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Gracias por el recibimiento del capítulo anterior. Me contenta que haya gente que disfrute con lo que a mí me gusta hacer. Es el equivalente literario de un paciente agradeciendo la atención.

Me quería detener a explicar un poco lo que quise expresar de Sasuke en este capítulo. Como todos los fans de la pareja, lloré como niña con la escena del Poke. Incluso me vi tentada a escribirle a viejas amistades para restregarles el triunfo de mi shippeo favorito. Luego vino lo mismo que con los motivos de no volver a escribir.

Si hay algo para lo que si estoy bastante mayor es para pelear por las parejas de una historia animada por internet, por mucho que la adore.

¿Por qué comento esto? Porque, luego de la adrenalina, me di cuenta que dudosamente la relación de estos dos fuese tradicional como lo pudiesen ser otras. Me puse a pensar que un muchacho que creció admirado pero no amado, guiado por odio, venganza y otros males como el orgullo y soberbia, no podía simplemente hacerle una promesa de amor solo con un gesto. Cuando Sasuke le hizo el Poke a Sakura, no era una manera de pedirle que lo esperara, era su manera de expresar un profundo cariño y reconocimiento a su lealtad.

Era como su manera de prometer que redimiría sus actos y se limpiaría hasta merecer que ella estuviese a su lado como su amiga o amante. Pero antes de eso, tenía que descubrirse a sí mismo, perdonarse y amarse. Nadie que no se ame puede amar a un tercero.

Por eso el romance en estos capítulos iniciales es más bien sutil, inocente. No puedo evitar pensar que al inicio, las visiones de él con respecto a Sakura eran desde la culpa.

Hasta luego.