—¿En dónde estuviste, Kiba? —preguntó su madre. La luz mustia entraba por la ventana y apenas le dejaba ver sus propias manos.
Se giró al no obtener respuesta. Él estaba allí frente a ella con la mirada perdida y la piel marcada por moretones. La angustia la sacudió de inmediato. La mirada vacía de su muchacho —un buen muchacho, por lo demás, trabajador, dedicado a esa familia— la penetró hasta los huesos. Esa mirada sin duda fue lo último que su mente recordó en su lecho de muerte, tiempo después.
Tuvo el impulso de darle un abrazo. Los grustvos solían reservarse esos gestos para ocasiones extremadamente contadas, y esa era una de ellas.
—¿Hijo...? —Se acercó con un hilo de voz—, no me digas que ellos...
—Sí.
—¡¿Pero cómo es posible?! Somos buena gente. Somos leales... Nadie nunca podría decir nada malo de ti y de mí... ¿Qué hemos hecho mal?
Y aunque hubiese querido decirle a su madre que efectivamente no habían hecho nada mal, que no se preocupara, que nadie podía inculparlos de nada, que había sido un error... no podía. Su boca solo dijo "lo siento".
Quizá sea adecuado ir unos meses atrás de aquel infeliz encuentro. Volver a los muros de ese palacio que tuvo tanto que contar, escuchar de nuevo a las rocas cinceladas y a los candelabros que fueron testigos de todo lo que sucedió. De lo que convulsionó al mundo para siempre.
Esta vez, en los pasillos para llegar a los aposentos reales. Dos chicas subían las escaleras con bandejas de plata en las manos. Aunque solían guardar lo modos en presencia de los demás, cuando estaban solas disfrutaban de la compañía amigable de la otra y de las bromas que iban y venían. Reían bajo, en complicidad, pues no querían ser descubiertas y regañadas por la señora Chiyo, que podía llegar a ser en extremo dura.
—Matsuri, hay que hacerlo.
Ambas se detuvieron. Temari, aquella criada rubia que siempre era seria con todas, le mostraba una faceta chismosa que nadie más conocía. Observaron con atención los alimentos del rey.
—Oh, sagrado liker... ¡¿Qué es esto?! —exclamó en un susurro la castaña, Matsuri.
Se miraron a los ojos, impresionadas.
—Esto es... ¿Ves lo mismo que yo?
—No lo sé... Solo sé que no es bueno. ¡Es terrible!
Aquello que hacían era una costumbre femenina de esas tierras. La gente del Hielo era sumamente supersticiosa: solían ver señales en todas partes, y mantenía peculiares tradiciones. De cara hacia el exterior eran un montón de gente extraña —más bien, incomprendida.
Lo que hacían estas dos criadas era leer la comida del rey. Los chicos se reían de sus graciosas conclusiones, pero siempre se interesaban y se reunían todos en la cocina para escuchar el veredicto del día. Tenían un pie en la fe y otro en la incredulidad; se lo tomaban con seriedad, pero también como un juego en el que nunca acertaban.
—Quizá no sea nada, recuerda que siempre nos equivocamos, yo aún espero a que se cumpla lo de la vez pasada, ¿recuerdas?
—¿Es en serio, Mats? —rio—, ese desayuno decía que el rey es un gato, y hasta donde yo sé, no le he visto orejas o bigotes.
—No decía eso. Quizá significa que ahora le gustan, o que adoptará uno —se defendió sin dejar de sentirse estúpida por ello.
—Ajá. Su Alteza Imperial. Con un gato. —Matsuri enrojeció.
—¡Bueno! No sé, solo espero que esta vez también sea un error, porque lo que vi no me gustó.
—Yo vi algo que amenaza al rey, un enemigo.
—Yo vi algo muy grande, como... como una sombra creciendo, y que luego lo consumirá todo.
—Y yo veo a dos mujeres tomando vacaciones de su trabajo.
El susto fue tan grande que por poco sueltan la comida. La voz pertenecía a un hombre de cabello naranja y ojos extraños que estaba unos escalones por debajo de ellas.
—¡Señor! No, no es lo que piensa, nosotras solo estábamos...
—No hay tarea más sagrada en este palacio que alimentar al rey. No voy a permitir un solo fallo o retraso.
Habían sido descubiertas con la guardia baja. Optaron por pedir perdón y caminar en absoluto silencio. Sin embargo, un escalofrío las recorrió al sentirse seguidas por él. Era un ambiente insoportable.
Les abrió la puerta al llegar. Las pesadas cortinas escarlata estaban cerradas e impedían que la luz entrara. Ellas pasaron, notando que el rey dormía profundo y que la reina estaba sobre un sillón frente a la cama. Lucía un tremendo agotamiento en el rostro. Aún así, debían confesar que conservaba una hermosura de la cual ellas no se sentían capaces de mostrar ni en sus mejores momentos.
—Buenos días, Alteza. El desayuno.
—Muchas gracias —Una sonrisa intentó estirarse en sus labios sin lograrlo, aunque se alcanzaba a mostrar algo de calidez en la mirada.
Retiró las mantas que la cubrían y se acercó a la cama para despertarlo. La piel blanca y los rasgos tranquilos, perfilados y perfectos del rey le recordaban a Sakura aquellos monumentos de mármol de la Hoja. Eran como grandes guardianes celestes que cercaban el palacio, imperturbables como solo un ente inanimado puede serlo, sagrados, revestidos de guerra.
Y con la mirada vacía.
Con pesar, destruyó esa imagen con sus manos, moviéndolo un poco para despertarlo. Sasuke abrió los ojos con pereza.
—Llegó la comida.
Las dos chicas se acercaron con las bandejas rebosantes de comida. Lo acomodaron con dificultad, mientras Sakura volvía a su sillón con intención de comer ahí.
—Necesito hablar con el rey a solas —dijo Pain antes de que esta lograra sentarse. Sakura lo miró con recelo por unos breves instantes, molesta por algo que no lograba descifrar. Por alguna razón, últimamente le costaba más disimular cada vez que se irritaba. Pensó que tal vez era culpa de su cansancio y agotamiento.
—Con permiso. —Y se retiró, siendo seguida por las chicas.
Cuando la habitación se quedó sola el silencio se instaló. Ambos se miraron.
—No quisiera hablar de esto sin la presencia de su segundo al mando. Lo he mandado a llamar, pero parece que la puntualidad no es una de sus cualidades.
—Tú eres mi segundo al mando. Puedes comenzar —concedió el Uchiha. Pero antes de que el General abriese la boca un rubio ruidoso entró a la habitación.
—¡Pero qué madrugador! Veo que ya no eres un vegetal.
¿Era normal que su mejor amigo le fuera tan repelente?
—Lord Uzumaki, llega tarde.
—Oh. —Naruto fingió que hasta ese momento reparaba en él—, Pain, buen día. Bueno, con este frío es difícil hacer bien la digestión, por eso nos tomamos las cosas con calma. Ya sabes lo que dicen, ¿o no? ¡Lento pero seguro! —exclamó riendo. Y aunque todos creían que era un poco cabeza hueca, él era consciente de eso y de cómo irritar a la gente a propósito. Era su mejor arma.
—Eso tendrá que arreglarse.
—No se arregla lo que no está descompuesto.
—¿Podemos empezar de una maldita vez? —acotó cansado. Y eso que apenas despertaba. Tras un breve berrinche de Naruto, Pain comenzó.
—Muchas cosas han cambiado en las últimas horas, así que comenzaré a informarles de dichos cambios. Si su Alteza no está de acuerdo con algo, podemos modificarlo. Pido disculpas desde ya si hice algo que no debía.
—Espera, ¿pero qué tanto podrías haber hecho? Solo ha pasado un día desde la puñalada...
—Lord Uzumaki, estamos en situación de emergencia. De hecho, me retrasé, debimos tener esta conversación anoche.
—Bueno, si es tan importante, ¿por qué no está la Corte acá?
—Porque yo solo le debo explicaciones al rey. Si usted está aquí es por mera cortesía.
Naruto apretó los puños. Solía ser bueno y amigable con todos, pero ese hombre era la insolencia en carne y hueso, su forma de ser tan directa resultaba descortés y grosera. Quería decirle algo pero sintió la presencia oscura de su amigo en la cama. No quería irritarlo más, no en su estado.
—Comienza de una vez, General Pain. Naruto, deja de interrumpir a menos que sea necesario. —Las únicas dos cosas que le bajaban el mal humor en ese momento era el haber dormido tanto y las bandejas de su comida preferida sobre la cama. Comenzaba a notar que sus dos hombres de confianza no se iban a llevar nada bien, y eso sería un problema.
—He diseñado un plan de seguridad interno y externo, teniendo en cuenta los actuales problemas que pude encontrar. Sé que llevo poco tiempo acá, pero he podido ver serios fallos. Aún no está completado, estoy iniciando y tomará tiempo. Señor, sé que soy el General, pero hay huecos... Serios huecos que deberé llenar, si usted lo permite.
—Te dije que hicieras lo que fuera necesario.
—Pero Sasuke...
—Naruto, ¿acaso no entiendes una sola palabra de lo que escuchas? Es necesario que todo se reestructure a estas alturas. Este reino ya no es el mismo.
—El problema es que no entiendo es para qué me quieren acá, si ni siquiera puedo opinar... Yo no digo que no debamos hacer cambios, es solo que algo me dice que esto es demasiado. Sasuke, le estás dando demasiadas libertades.
Si Naruto no fuese Naruto hace rato lo hubiese sacado de ahí, pero la verdad era que Sasuke no era capaz de hacer eso. No a él, su único amigo. Quería que entendiera que la presencia de Pain era algo bueno para el reino, razón por la cual decidió dejarlo ahí. Quizá, si escuchara el plan del General se tranquilizaría y entendería las cosas.
—Vamos a escucharlo. —Y con un suspiro aburrido el rubio asintió. La verdad, por más en desacuerdo que estuviese, le convenía más estar dentro de esa habitación que afuera.
—Bien... Aunque fue difícil, al final pude conectarme con uno de los tenientes del ejército, Hozuki Mangetsu, encargado de la División de la Guardia —Ambos asintieron—. Discutimos sobre esto bastante tiempo y al final decidió cooperar con lo que le dije, él estuvo de acuerdo. De hecho, vendrá después de la hora del almuerzo para ultimar detalles.
—Perfecto, el rey debe tomarlo con calma.
—Por supuesto. Decidimos reestructurar todo el cuerpo de la Guardia. Servirá para otros propósitos, aunque en esencia es lo mismo. El Hielo se ha enfocado tanto hacia fuera que ha dejado importantes huecos en la seguridad interior, un ejemplo de eso fue lo que sucedió. Por eso he decidido hacer tres divisiones grandes dentro de la Guardia que nos devolverán el control: la División de Inteligencia, la de Imagen Real y la de Seguridad Imperial.
"Esos nombres..." piensa Naruto sin terminar de entender.
—¿De qué se trata?
—La División de Imagen Real es necesaria ahora más que nunca. Le comenté a su Alteza muy por encima sobre el problema creciente que estamos teniendo de sublevación allá afuera. El Hielo es el reino más grande del mundo. El rey está aquí, en la capital que está justo en el centro, pero más allá de Indragrado, mucho más allá las cosas son complicadas. He visto yo mismo cómo crece la inconformidad de la gente. No sienten a la Corona. —Naruto abrió los ojos haciéndose mil preguntas sin poder articularlas—. Al morir el rey Fugaku, Grande por siempre.
—Que así sea —respondieron los dos.
—Con su muerte, el frente suroriental se vio seriamente afectado.
—Sí, eso lo sabíamos. Lo bueno es que con el reinado de Sasuke recuperamos las tierras que perdimos. Nuestro siguiente movimiento es la avanzada. —dijo Naruto.
—No. No solo perdimos y retrocedimos en batalla. Digamos que aunque se recuperaron las tierras, estas ya están contaminadas: la gente de la frontera no desea seguir afiliada a nuestro reino. Cuando estuve allí todo lo que oía eran quejas, reclamos e injurias contra la Corona. Eso fue hace cinco meses. Es un mal que se está extendiendo, y me temo que a un paso acelerado. Lo que hace falta ahora mismo es presencia real. Los grustvos deben saber que hay un rey que es poderoso y bueno. Afortunadamente, el centro del Hielo está protegido, la gente es leal. Pero debemos actuar rápido antes de que esto sea peor.
Sasuke meditaba todo esto. Lo tenía sumamente preocupado, por supuesto, pero por alguna razón había dormido tranquilo. Quizá porque se sentía seguro de haber elegido al indicado. Naruto, por su parte, estaba pálido. Ni siquiera tenía algo que decir, no mientras Pain tuviera más que explicar.
Hola, no me odien :'c estuve muriendo en los exámenes finales de mi carrera, pero sobreviví y ahora estoy en vacaciones. Sé que les debía 3 capítulos, los iré subiendo muy pronto y mi deuda estará saldada :v
Mejor celebremos que tengo vacaciones y que ahora puedo pasar todo el día escribiendo y dibujando ozi ozi.
Gracias por ser las mejores, sus lindos comentarios y votitos me hacen feliz :'3
Ah, y antes de irme, quería avisar que decidí subir la historia también en , hay algunas personas que prefieren esa plataforma, así que ahora pueden elegir. Sin más, me despido 3.
