Disclaimer aplicado
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Sin pecado concebido
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Capítulo 3
Proteger
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Los días pasaron sorprendentemente rápido, sin odio en su sistema podía mirar lo que antes solamente había visto.
Empezó por las cosas más sencillas, como el amanecer.
Comparaba a diario los primeros rayos de sol con el calor fraternal de Naruto, el amarillo brillante resaltaba del azul del cielo casi como sus transparentes ojos de su alborotada melena. Las ardillas brincaban en las mañanas de rama en rama en busca de alimento y mantener a salvo sus hogares, los saltos incesantes e hiperactivos se lo recordaban continuamente. Muchos decían que el muchacho parecía un zorro, incluso un gato, pero lo único que podía asemejarle a estos animales era la bestia que llevaba dentro y su naturaleza traviesa. De resto él era como uno de los animales silvestres que hacían lo posible por proteger sus madrigueras, siendo agresivos solo si se sentía amenazados.
Sonreía imaginándose la reacción de su amigo si se enteraba que lo comparaba con un pequeño conejo en vez de un tigre agresivo o algo más salvaje.
Entonces el día transcurría y las tardes la cosa era más complicada.
El descenso del sol teñía con preciosos matices rosados el cielo con escalas tan hermosas como los cerezos… así como Sakura despidiéndolo a las afueras de su hogar todas las tardes. Parecía obvio que su peculiar color de cabello fuese comparado con el crepúsculo, pero era el sonrosado de sus mejillas al decir Sasuke-kun y sus labios suplicando que le dejara acompañarlo lo que le venía a la mente. El cielo reflejaba de algún modo su dinámica de equipo, con el sol alegre, abrasador y caliente robándose el protagonismo del día y la luna orgullosa rebelándose ante esa osadía trayendo solemnidad y frío durante las noches. A cambio, ese momento con tonos pastel les ganaba en calma y belleza, recordándoles lo que podían lograr si decidían trabajar juntos.
La luna y el sol se unirían todos los días solo por invocar ese instante, valía la pena soportarse solo por ver ese espectáculo.
Meditó que ese era el motivo de la sobreprotección que tenían en relación a su participación en las misiones.
Kakashi, Naruto y él eran celosos, siempre con un ojo puesto en ella cuidando que no fuese atacada de ninguna manera posible. No consentirían ninguna agresión que la marcara en su piel y mucho menos el rostro. Mientras ellos podían jugar al temerario todo lo que quisieran era impensable involucrarla de ese modo. Las consecuencias de hacerlo se ejemplificaban en aquel ninja del sonido que la atacó en sus exámenes chuunin, al que le luxó los brazos llevado por el sello de maldición, reconocía que aun sin la intervención de Orochimaru le habría dado una paliza por tocarla.
Irónicamente, ella escogería cualquiera de esas magulladuras antes que las heridas que él le dejó en el alma.
Pasaron los meses y mientras mas caminaba, más dejaba atrás el veneno inyectado durante toda su niñez y adolescencia. En vez de pensar en su absurda revolución, evocaba las expresiones del dobe al probar comidas típicas de pueblo en pueblo, los alaridos imaginarios que emitiría por cada sabor y textura mitigaban la vergüenza que le daban sus viejas acciones. Dejó de resistirse ante la presencia de sus compañeros en todo lo que hacía; aunque ellos no tenían nada que ver con sus pecados, si con su nueva oportunidad.
Y si, Naruto ocupaba parte de sus pensamientos diarios. Pero Sakura lo invadía en cada pueblo que visitaba, las cascadas en las que se bañaba y las flores que conocía.
Ella escogió el castigo perfecto para amedrentarlo sin siquiera saberlo, escondiéndose en cada aroma dulce de flor primaveral y en la sonrisa de los niños que correteaban jugando por las tierras de un campo. La veía incluso en las húmedas y oscuras cuevas donde descansaba cuando caminaba por zonas boscosas o se quedaba sin presupuesto para costear un lecho más cómodo, presentándose menuda, dulce y cariñosa ofreciéndole acompañarlo en su soledad, resguardándolo en sus brazos con mimos, incitándolo a reposar su cabeza en sus muslos para brindarle refugio y calor.
En la realidad él se negaría, hacía mucho que ella le ofreció sus atenciones y consuelos luego de una misión mientras él descansaba sobre sus piernas herido, fingiendo indiferencia. Tenían doce años y la connotación no se acercaba ni un poco a lo que se trataría hoy en día. A sus 19 años, la anticipación de esa fantasía ocasionaba un hormigueo generalizado que luego picaba en los lóbulos de sus orejas. Como falló estrepitosamente en la tarea de eliminarla de su mente, cambió de táctica al manejar con cuidado esas sensaciones.
Prefería mantener el misterio de su rara relación con el hilo de sus pensamientos a un terreno manejable y cómodo.
Entonces se preguntaba cual sería su opinión de algún paisaje, como en ese momento que disfrutaba apoyado en el tronco de un árbol mientras escuchaba el suave choque continuo de la cascada con las rocas en una laguna de peculiares aguas oscuras y rojizas. Había escuchado a los residentes de un pueblo cercano comentar de las sanadoras aguas heladas de vino a lo profundo del bosque de la zona montañosa, adornada con hermosas bragmunsias blancas seducidas por colibrís con plumas verdes, azules y amarillas. Ella seguramente se deleitaría con las flores antes de hundir sus manos en las frías aguas y mojar su rostro.
Pese a ser modesta con su trabajo, era una sabelotodo innata. Lo atacaría con una perolata sin fin de todos los compuestos capaces de teñir el agua y él fingiría ignorar el tema. Ella no se rendiría entonces y le hablaría de las capacidades curativas de las flores—si es que la tenían—o de algún dato tonto del pájaro recolector de polen.
Que increíble que fuese molesta hasta en sus pensamientos.
Si viajaba al mar, se la imaginaba chapoteando y construyendo castillos de arena adornados con hermosos caracoles.
Si viajaba a las montañas, le pediría autoritaria que encendiera la fogata para acurrucarse cerca del fuego relatando alguna vieja historia.
También visitaría las librerías de las ciudades en su insaciable hambre de conocimiento y en los acantilados prescindiría de sus zapatos para correr descalza con la grama bajo sus pies. En todos los casos, él disfrutaría de su compañía apreciando aquello de lo que se privó en su adolescencia con su melodiosa risa invadiendo sus oídos y el cántico provocador de su voz al pronunciar su nombre.
Generalmente en ese punto su fantasía comenzaba a trastornarse, como si la oscuridad lo invadiera nuevamente hasta convertirlo en un hombre impulsivo llevado por el deseo.
Se negaba a verla de ese modo, ni hablar.
Merecía un hombre que la respetara hasta en el pensamiento, que aplaudiera sus logros y mantuviera la frente en alto como digno de llevarla al altar, tanto en esfuerzo como en trayectoria. Solo entonces podría alguien ser dueño de su cuerpo y desnudar hasta el último de sus anhelos.
Pensó que ese pudo haber sido Naruto, pero él se enamoró de la heredera de los Hyuga y pronto contraerían nupcias.
Cayó en cuenta que jamás consideró a otro como merecedor de ser su compañero de vida.
Mientras tanto, ella se encontraba ajena a esas nimiedades trabajando por causas nobles, llegando a su oído que solo seis meses después de su partida presentó ante el hokage el proyecto de una clínica mental para niños que trabajaría con los traumas postguerra. Le gustaba pensar que él formaba parte de la inspiración para la construcción y desarrollo de ese plan, sorprendiéndose al percatarse que Sakura luchaba no solo por él como amigo y persona, sino todo lo que su imagen representaba. Se daba el lujo de admitir que ser una de sus motivaciones no le molestaba, al menos así podría formar parte de su vida de manera positiva.
Quizás se iría al infierno por ser egoísta al dejar que eso lo llenara, pero él era el único perjudicado por ese crimen.
Ya estaba tan hundido en el pecado que de vez en cuando imaginaba que su vida no estaba llena de penas y tormentos, de ese modo él podría ser capaz de regresar a la aldea como un héroe y presentarse ante ella como el caballero de armadura plateada que la tomaría en brazos y pediría su mano. Que sus padres no tendrían ningún reparo en entregársela en matrimonio.
Imaginaba que no era una pérdida de tiempo que lo esperara y así podría retribuirle todo lo que había hecho por él.
Pero estar con ella no solo requería de fuerza y agradecimiento, tendría que ser un hombre honorable. Y ni mil chidoris lo convertirían en eso.
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Ascendió su rostro al cielo en un suave movimiento que deslizó hebras de su cabello hasta dejar entrever el rinnegan de su ojo izquierdo. Luego de identificar lo que llamó su atención contrajo su frente hasta que aparecieron pliegues entre sus cejas.
Un par de águilas mensajeras volaban en su dirección, y aunque su antiguo maestro enviaba mensajes cada cierto tiempo para mantenerse informado de sus pasos—y recordarle insistentemente que lo estaban esperando—el avistamiento actual de dos animales era inusual. Tomó de sus patas los dos mensajes.
"Sasuke, hay un impostor haciéndose pasar por ti que puede copiar tu chakra. Está haciendo negocios con organizaciones terroristas y llamando la atención en todas las aldeas.
Los kages harán una reunión extraordinaria y se requiere tu presencia o dictaran una orden de aprehensión en tu contra.
Sería prudente que regresaras."
Bufó molesto.
No tenía la intención de ceder porque un idiota quería jugar al suicidio, aun no tenía planes de volver a Konoha. Alguno de los ninja de la aldea tendría que resolverlo.
Entonces abrió el segundo mensaje.
"No encontramos a Sakura, creemos fue secuestrada por estar implicada en la investigación. No cuento con mucho personal actualmente, están fuera de la aldea.
De verdad sería muy prudente que regresaras."
Su manó se volvió un puño alrededor del papel siendo inundado por una combinación de ira e indecisión ¿Qué debería hacer? Nuevamente Sakura se veía afectada por su lúgubre pasado. Sin importar lo lejos que se fuera, ella siempre pagaría directa o indirectamente la consecuencia de sus actos. No había distancia que la protegiera de su oscuridad.
Se había convertido en una plaga para ella, una carga para su vida.
¿Ayudaría en algo que regresara?
Sintió su pecho oprimirse y el estomago contraerse. Siempre se jactaba de ser pragmático para la toma de decisiones ¿Por qué era tan difícil entonces? Podía dejar que la aldea se encargara del problema o intervenir.
¡Sasuke-kun!
Por un momento la vio delante de si, con sus ojos jade brillando y su cabello rosa hasta la cintura. Sostenía un kunai protegiendo al hombre que pagó porque lo escoltaran en lo que sería por accidente su primera misión rango B. Estaba temblando de miedo, pero no vaciló en interponerse entre el enemigo y el arquitecto.
Tranquilos, yo los protegeré.
Eso les había dicho con seguridad, él no permitiría que les pasase nada.
Escuchó entonces la voz de su hermano.
Sasuke, ser fuerte es perdonarte a ti mismo y aceptar tu verdadera naturaleza.
¿Cuál era su verdadera naturaleza?
Protégela, estúpido hermano menor.
Se dio la vuelta avanzando con rapidez. Duró mucho tiempo entrenando para volverse fuerte y vengar a su clan, y aunque el objetivo no fuese el adecuado, era indudablemente un hombre muy fuerte.
Y proteger a los que amaba era el mejor uso de su fuerza.
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Me costó mucho escribir este capítulo.
Sasuke es un personaje complicado de manejar y hay que cuidar mucho lo que se escribe para no alterar su esencia. No es emotivo, casi no se expresa. Así que lo abarqué desde donde mejor pude: el choque de su amor infantil no reconocido con el sentimiento más maduro y con atracción sexual de su adultez. Ciertamente, algo tuvo que haber pasado en ese viaje para que su versión treintañera sea más accesible.
Eso y que no es Kishimoto el que esta manejando esa historia, así que también veo allí un ooc pero a gran escala.
En este capítulo no solo quise mostrar que extraña a Sakura, sino a Naruto también. Creo que por muy enamorado que al final haya podido estar Sasuke, Naruto tiene en él el efecto de la gravedad: ponerle los pies sobre la tierra. También he estado leyendo las novelas ligeras y estoy manejándolas como si fueran canon (sinceramente, este debate no me importa mucho. Alguien las escribió, Kishimoto las ilustró, y como me gustan en mi mundo son parte de la historia). Este capítulo es a la par de Sakura Hiden.
Me vi tentada a escribir una escena donde llegara y todo estuviera resuelto y bueno, que los encantos de Sakurita le hicieran dudar si quedarse o no. Preferí hacerlo distinto y darle a Sasuke: un propósito. Se supone que es en Sasuke shinden que él decide volver, pero desde aquí le daré la idea de ser protector no solo de Sakura—aunque así lo insinúo—pero cuando Itachi dice que la proteja no es solo ella. Es a la aldea. De esa manera iré formándolo y desarrollando el SasuSakun pero también la misión el asumió para su vida.
Nos leemos luego, saludos.
