En la antigua China había un dicho que servía para maldecir: "espero que te toquen tiempos interesantes".
—Alentaremos el amor natural de los grustvos por usted. Para esta tarea necesitaré a Suigetsu Hozuki. El teniente Hozuki me habló de él, sentimos que es el indicado. Además, tener a miembros de la Corte a cargo de estas cosas nos ayudará a conciliar.
—Sí, pero me preocupa que sea él, precisamente. Solo está interesado en las fiestas —reflexionó el pelinegro.
—Es perfecto. Necesitamos eventos de ese tipo para que los grustvos recobren el espíritu. Y por lo que supe, Lord Suigetsu tiene un carisma especial y sabe cómo llegar a la gente.
—Sí, es verdad. Él entiende a las personas —acotó el Uzumaki. A pesar de su recelo se dio cuenta de que lo que decía ese hombre no era tan loco como pensaba, pero aún no bajaba la guardia.
—Aún me queda pendiente hablar con él. Pero debe saber, Alteza, que usted cambiará sus hábitos sociales y que esta División se encargará de eso. Necesitamos proyectar una imagen más abierta. —Sasuke asintió, sería aburrido y difícil para él, pero entendía que era necesario—. Por otro lado, no podemos ser tan flexibles con los rebeldes. Parte de la imagen de la Corona radica en el poder, eso es muy importante. Ellos atentan contra la seguridad de todo el Imperio.
—Nosotros ya castigamos a los rebeldes.
—Claro, pero lo que haría la División de Seguridad Imperial sería... estandarizar nuestras medidas. Incluso es pedagógico y justo, así el pueblo sabe a qué atenerse y que ciertas acciones implican consecuencias proporcionales.
Naruto miraba fijamente las brasas de fuego en la chimenea de piedra. Intentaba entender e imaginarse cómo se aplicarían dichas medidas. En algo tenía razón ese hombre, y es que en ese escenario la imagen y las relaciones lo eran todo. No podían perder lo que a sus ojos era lo más importante, incluso más que la misma corona: la gente. Y aunque no le gustara Pain, sería estratégico permanecer aparentemente de su lado para poder supervisar todo. Podía ser un loco en muchos momentos, pero ya no tenía 16 años. Desde la muerte de los reyes no solo la vida de su amigo se había conmocionado, también la suya. La responsabilidad le había caído de golpe y aunque intentaba mantener ese espíritu de antes, algunas veces su nueva faceta debía hacerse cargo. ¿Qué pensaría el Naruto de unos años atrás? Sin duda odiaría actuar desde abajo, en secreto. Siempre había preferido las cosas de frente.
—¿Y cómo sería eso? Me imagino que aquí entra el cuerpo de la Guardia.
—Sí, la Guardia está bien equipada para eso. Los detalles los ultimaremos con la persona que propongo que esté al mando de esta División, el teniente Mangetsu, así conservaremos la idea inicial de la Guardia. También se encargará de mantener seguro al rey. Por ahora conseguí los mejores hombres que pudieron recomendarme, ellos serán el primer anillo de seguridad y no lo abandonarán en ningún momento. Luego está el segundo anillo que cuidará del castillo, y así haremos una guardia en capas. Nada se nos escapará.
Detalles, detalles, detalles. Por supuesto que había mucho por aclarar, ya habría tiempo. Lo bueno era lo diligente que había resultado ese hombre. Pain sentía una ansiedad punzante, sus horas de sueño eran proporcionalmente opuestas a las que había tenido Sasuke. Sin embargo, se sentía rebosante de vida ahora que tenía algo en qué obsesionarse.
Pero aún quedaba un último punto.
—Sí, sobre eso... La División de Inteligencia es quizá la más extraña de todas, nadie tiene experiencia en esta, como en las anteriores. Tenemos que inventarlo todo de cero, prácticamente, y entiendo si la rechazan desde un primer momento, confieso que nació de una horrible intuición: —Los dos hombres presaron especial atención— noté que tenemos un gran sistema de comunicación, es admirable, en todo el mundo es conocido su sistema de campanas. Sin embargo, y con respeto, se ha quedado obsoleto...
—¿Es una broma? Es el mejor sistema de todos, no creo que tenga que explicar por qué. —Naruto se cruzó de brazos. Aún no podía saber cuál era el punto, esa conversación era como el ritual de iniciación de los guerreros del Hielo, en donde se cubrían los ojos de los neófitos y se los ponía a andar en el bosque. Esa sensación de ver con las manos era aterradora e incómoda, y prácticamente la estaba experimentando en ese momento.
—Lo conservaremos, pero debemos ser más precavidos. Hay que modificar los códigos cada cierto tiempo, usar no simples campaneros sino guerreros de extrema confianza y mantener estos cambios bajo absoluto secreto. Cuantas menos personas lo sepan, mejor. Presiento, por los últimos acontecimientos en el campo de batalla, que nos han estado robando información. El coronel Mangetsu lo evaluó y también tiene razones para creerlo, pero estará demasiado ocupado con la otra División, así que propuso que un miembro del clan Hyuga sea el encargado de la División de Inteligencia. Hablé con ellos, prefieren que Neji Hyuga de la Corte se encargue.
—Esto es... —Sasuke no podía describirlo. Por supuesto. Se sintió tonto, era más que obvio: eran prácticamente un libro abierto para cualquier enemigo, excepto que se suponía que estaban en su propio reino. Pain estaba dos pasos adelante, hipotéticamente, al haber supuesto que el enemigo no solo estaba afuera de las murallas. Sintió vértigo de solo pensar en esa posibilidad, de que la puñalada no fuese un hecho aislado sino un problema más de fondo. En un corto tiempo, mientras procesaba las implicaciones, se sintió en un espacio reducido, acorralado por sombras que no podía ver. Aquel intento de asesinato... Se supo que había sido un empleado de los establos que se escabulló por ahí. Un empleado, por todos los cielos, alguien que aparentemente no era nada comparado a su título, pero que en menos de nada lo tuvo casi a su merced, porque definitivamente estuvo a un paso de la muerte. Sí, aquella sensación de irrealidad solo podía provenir de un alma que está despegándose de su recipiente. Si no podía sentirse seguro en su propia fortaleza, ¿qué le quedaba? ¿Tan precaria era su vida, su poderío? Claro, en ese contexto la División de Seguridad Imperial cobraba todo el sentido del mundo. Se armarían hasta los dientes, nadie escaparía de la mirada inquisidora de este nuevo poder, de un poder que ya no era militar solamente. También la División de Imagen Real contribuiría a reestablecer el orden, al mismo tiempo que daría al pueblo la sensación de control en una época caótica. Este sistema se le antojó como un cuerpo complejo con órganos tan diferentes pero relacionados—. Creo que incluso podríamos enviar señales falsas de vez en cuando.
Y aunque los pensamientos de Naruto iban por un rumbo parecido a los del pelinegro...
—¿No creen que todo esto es demasiado para una sola persona? Quiero decir, ahora está este cuerpo, pero te encargarías del área militar también.
—Necesito estar a la cabeza de ambos. No podemos separar esto, el nuevo sistema es un poder dentro del poder, y aunque es demasiado, tendré la ayuda de los hombres que ya les comenté. No lo haré todo solo.
—¿Y qué procede ahora? —preguntó el rey. Había tanto que hacer, y deseó estar en condiciones para levantarse de la cama y ponerse a trabajar. Se sentía vigorizado.
—Depurar.
Debido a que se encontraba en pijama no supo a dónde ir. Sus músculos dolían y los párpados ansiaban cerrarse. Se quedó en el pasillo, agradecida de al menos no estar descalza. Las chicas de la comida se habían ido de inmediato a quién sabe dónde después de que solo comiera un poco de lo que había en los platos.
Y la eterna pregunta de la humanidad rondaba en su cabeza: ¿qué hacer con el tiempo muerto? No solo en ese momento, sino el resto de su vida. La repentina calma le permitía plantearse esa pregunta. ¿Qué hacer? Ella lo tenía todo, no tenía que trabajar como suponía que hacía el resto de la gente. Necesitaba pasatiempos nuevos. Anteriormente salía a perderse por horas en la soledad verde de los bosques pero eso ya no podía hacerlo, no con ese clima. El frío era algo a lo que no terminaba de adaptarse, lo sentía como una plasta contra todo su cuerpo, tres de cada cuatro pensamientos se los dedicaba a alguna parte que se erizaba o congelaba, aquello era como una sobrestimulación que la ponía de mal humor. Se preguntó si eso podría ser una causa de su creciente irritación —sumado a los constantes... maltratos, sí, maltratos, que recibía—. Y es que... ¿qué opciones tenía? Debía guardar la maldita compostura en todo momento, se encontraba en tierra extraña a merced de todo el mundo. Agradeció tener una larga experiencia aguantando en silencio los abusos en Konoha. De hecho, era como un estado natural de las cosas porque así era la vida, ¿no? Antes era una hija y hermana menor, ahora una esposa, y esos eran lugares de subordinación. Lo tenía todo, así que no tenía derecho a quejarse.
¿O lo tenía?
Todo lo que debía hacer ahora era encontrar una manera de hacerse más llevadera su estadía allí. ¿Qué hacían las mujeres acomodadas como ella? ¿Pintar, cantar? Ella no se sentía buena para ninguna de esas cosas, y tampoco tenía amigas para pasar el rato, las damas de la Corte la odiaban.
Se acercó a una de las ventanas del pasillo. Todo lo que podía ver en un día así era un infinito blanco como la nada. Los copos de nieve volaban como cuchillas furiosas. No podía ver más que montañas desde ahí. De pronto, por una de esas maravillas de la óptica, pudo ver su reflejo. Su reflejo blanco, también. Sus ojos no le decían nada en especial, tampoco su expresión. El vacío del exterior se replicó dentro de ella, y tuvo un momento para notar lo vacía que se sentía. Su madre había creído que había algo especial en ella y por eso la había nombrado, eso siempre estuvo en su mente, ¿pero sería cierto? Nunca se lo había planteado, la unicidad de las personas siempre le había resultado algo natural de creer, pero ahora, de cara a sí misma... Sintió que no era nadie. Si alguien hubiese llegado a pedirle que se describiera a sí misma no tendría nada que decir. Sintió que nada la movía en ese momento, nada la apasionaba. No había en ella más propósitos que los que le ponían los demás.
"¿Habría alguna diferencia si estuviera muerta?"
Unos pasos la hicieron girar. Tres hombres caminaban, eran macizos y de mirada cortante. No le pareció que fueran sirvientes pues estaban armados y vestían diferente a los demás, con ropas negras que resaltaban aún más la impresión sombría que le produjo el verlos. Creyó que seguirían de largo pero se plantaron frente a la puerta de la habitación y ahí se quedaron como gárgolas. Pero lo que más le daba ansiedad fue que no la estaban ignorando, la miraban fijamente. No quiso detallarlos, volteó la mirada repentinamente intimidada intentando encontrar algo en lo cuál refugiarse, pero de nuevo, el paisaje era hermético. Podía sentir un cosquilleo de peligro que le advertía que la miraban como si fuera lo único allí, como un punto negro en una pared blanca.
De nuevo metida en una situación insoportable.
La reunión terminó por fin para el alivio de Naruto. Deseaba estar fuera los más pronto posible. Antes de abrir la puerta, él y Pain cruzaron una mirada enigmática. Lo primero que vieron sus claros ojos fue a tres hombres sombríos tras la puerta.
—Tus hombres, supongo.
Y suponía bien. Eran amenazantes e impasibles. Comenzó a caminar para irse, pero vio que a unos pasos estaba la reina frente a la ventana. Se aproximó a ella.
—Así que aquí estuviste todo este tiempo.
—No sabía a dónde ir así —le contestó encarándolo. Pudo apreciar sus bellos rasgos debajo de esa capa espesa de cansancio, pero pudo notar también que esos ojos que lo miraban estaban en una especie de limbo. Vacío...
—¿No deberías descansar un poco?
Y aunque para Sakura era extraña la familiaridad con la que él le hablaba, aquello no le desagradó. Era como una novedad bien recibida.
—Supongo que sí, pero el rey...
—Ah, Sasuke, sí... No hace falta que seas tan cordial con él, sé que no es exactamente un caballero. Solo deberías ir y acostarte allí sin que te importe, es como un perro que solo ladra. —Y rio jovialmente. Sakura estaba algo escandalizada por lo que había dicho, pero aquel comentario sumado a esa risa contagiosa y refrescante no hicieron más que hacerla reír sin remedio. Era la primera vez desde que llegó. Había sido tan repentino que no pudo evitarlo—. Vaya, parece ser que sí tienes emociones, Sakura. Te diré Sakura, espero que no te importe, y si te importa, supongo que deberé hacer esto cuando me dirija a ti. —Y se alejó un poco, haciendo una ridícula y exagerada reverencia que la hizo reír más abiertamente.
Pain los vio desde su lugar desde la ahora cerrada puerta. Por un momento sus ojos chocaron con los de la chica, que borró su expresión casi de inmediato. Naruto notó aquel cambio.
—¿Sabes...? —comenzó volteando levemente la mirada hacia el otro—, tengo que escribir una carta para enviarla, ¿por qué no me acompañas? No creo que quieras estar aquí.
—¿Qué, así...?
—A nadie le va a importar, y Sasuke podrá sobrevivir si lo dejas por cinco minutos.
Y aunque aquello le parecía inquietante, lo era aún más el quedarse allí. Pain se había ido lentamente pero los hombres seguían plantados.
Con un asentimiento comenzaron a caminar. Ella lo seguía mientras él la guiaba y hacía algunos comentarios ingeniosos sobre las cosas que veía. Parecía un tipo cálido, imaginativo hasta rayar en lo infantil pero eso no le disgustó. Su inventiva salía a relucir de manera natural y fresca, encontrando formas graciosas en las grietas de las piedras y ocurrencias insólitas en los bordes de las telas. Sakura envidió aquello, parecía que ni siquiera le hacían falta pasatiempos, pues una persona de ese tipo puede encontrar entretenimiento en sí mismo y en todas partes.
Estaba tan entretenida con él y lo que decía que no notó cuando llegaron a...
—La biblioteca. Aquí puedes dormir o estornudar con la cantidad de polvo que hay. Casi no vengo aquí, este lugar es...
Impresionante y enorme. Dejó de escucharlo cuando lo que veía comenzó a hacer más ruido para ella. Sí, aquella imagen se le antojó como una armonía casi audible, millones de voces provenientes de los textos encuadernados, conversaciones salidas de los retratos imperiales, termitas crujiendo secretamente, susurrando para no ser nunca desterradas de su lugar. Casi pudo sentir incluso lo que no se veía. El polvillo brillaba como escarcha azulada por la luz invernal y por primera vez el azul no le agobió. Este y el café espeso de la madera le dieron la bienvenida. Parecía...
—... que te gustó, ¿no es así? ¿Sakura, me oyes...?
—Tan bello...
Naruto tuvo ese presentimiento... aquel que tienes cuando estás frente a alguien ordinario, y de pronto están frente a una piedra, una piedra simple, grande, gris. Todo lo que ves es una piedra, la prueba maciza de que hay cosas muertas. Pero de pronto en el suelo aparece un cincel, tan solo un trozo de hierro incluso más ordinario que la piedra. Sí, todo lo que ves es un metal y una piedra, pero luego notas la mirada en los ojos del otro, y te das cuenta a través de ellos lo que en realidad hay: formas infinitas, la potencia de la piedra en el más puro estado, a las manos contemplativas del artista. Eso era Sakura, tan distinta de hace unos minutos. ¿A dónde fue la otra, la del vacío, la del abismo blanco? ¿Qué clase de artista era esta? Y sí, cualquiera podría objetar que estaba sacando demasiadas conclusiones, pero lo que había en esa expresión era vida.
—A veces no es tan aburrido. ¡Mira! —Fue corriendo a tomar un libro al azar. Pretendería que lo conocía y vería si estaba en lo correcto. Cuando estuvo de nuevo frente a ella lo abrió. El crujido de las hojas la hipnotizaba— ¡Este tiene dibujitos! Este señor está ahí, y mira la casita. Sí, es una gran historia esta, la leí hace mucho pero todavía me gusta.
Se lo entregó y ella pasó sus dedos por el grabado. Sí, ahora sabía qué podía hacer con el tiempo muerto: revivirlo.
—Pero...
No, había algo desencajado. Naruto, atento a cada gesto, se asustó.
—¿Qué, no te gusta este? Puedo buscar otro...
—No, es que no entiendo nada.
Aquellas letras no eran como las letras que sabía leer. El alfabeto era diferente, y claro, debió imaginarlo puesto que su reino era abismalmente lejano a este, cosas como esas debían cambiar. Pero no se asustó ni se desilusionó fácilmente, aquellas letras bailaron con el encanto que produce la extrañeza. Las aprendería, algo tan pequeño como eso no iba a matar su nueva idea de pasar el tiempo. No, no era solo pasar el tiempo. En ese momento estaba desesperada por hacer algo con su vida para no seguir sintiendo la bruma espesa de la nieve en su interior.
—Quisiera pedirte algo.
—Claro.
—Cuando puedas, ¿me enseñas a leer esto?
A Naruto le sorprendió. Nunca le había enseñado nada a nadie y tampoco era el mejor en cosas de estudio o algo así. También era un hombre ocupado, pero por alguna razón podía comprender muchas cosas en esa necesidad. Ella, la extranjera, necesitaba refugiarse de todo lo que estaba por venir. No iba a ser sencillo lidiar con la Guardia, tampoco con la Corte. Con nada. Iba a sacar tiempo para ello, la empatía enorme que le producía la esposa de su mejor amigo le hizo nacer la determinación como una planta.
—Cuenta con eso.
meperd0nan?Bueno, la razón por la que tardé es porque cuando finalmente salí de mis responsabilidades universitarias me sequé. No me salían las palabras, y asumí que necesitaba un descanso. Pero no me olvidé, lo que hice fue dibujar, y el resultado es el fanart que vieron arriba. Esa era mi sorpresa. Será la portada del fic, y me tomó mucho.¿Les gustó mi sorpresa, valió la pena? Haber dibujado me dio tiempo para pensar y desarrollar más las cosas en mi cabeza, y ahora me siento más inspirada. Gracias a las que siguieron el proceso por Instagram, es bonito encontrarnos fuera de aquí. Dejaré el dibujo por acá para que lo detallen mejor. Quise emular el estilo de un cuadro al óleo. Quería que diera la impresión de que podría estar colgado en una de las paredes del palacio, enmarcada en oro.
