Disclaimer aplicado

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Sin pecado concebido

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Capítulo 4

Regreso

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Cuando decidió irse de la aldea, estaba consciente de lo admirable que era Sakura Haruno.

Ahora no podía pensar que algo en ella no fuese sorprendente.

No solo era una kunoichi realmente peligrosa—en un sentido literal y figurativo, para su desventaja como hombre—también era perseverante, trabajadora e increíblemente inteligente. Sus habilidades no tenían límite alguno; desde derrotar a un ANBU con objetivos deshonrosos y terroristas, hasta desactivar el análogo genéticamente alterado de un kekke genkai.

Siendo así, no entendía porque se sentía tan anonadado de que fuese precisamente ella quien iluminase su nuevo rumbo.

Ayudarlo a seguir adelante no era ni de cerca su mayor logro… tampoco lo era darle un motivo para volver.

Naruto lo salvó de la oscuridad, pero ella iluminó su mundo. A veces se torturaba a sí mismo imaginando como sería todo si hubiera tenido la sensatez de dejarse llevar por sus sentimientos adolescentes que, para esta altura, era inútil negar… siempre tuvo debilidad por el miembro femenino de su equipo, y que le cayera un rayo si volvía al pensamiento necio de cuestionar que siempre pensó que era hermosa. Puede que su concentración estuviese puesta en convertirse en vengador, pero era un hombre al fin y al cabo.

Uno solitario y tonto que, si hubiese crecido de manera más convencional se hubiera desvivido por ella.

Incluso en sus momentos más sombríos, en el pensamiento más fugaz profanado por sus lascivias adolescentes, era ella y solo ella la protagonista de sus fantasías.

Era ella su lugar en el mundo.

Y como si eso fuese poco, fueron sus palabras las que le rememoraron aquellos sueños infantiles, esos que estaban pintados con la inocencia de un seno familiar bien establecido y el amor cálido de sus padres. Sin que él se lo pidiese, había adivinado como regresarlo a la aldea sin que eso le incomodara. Convirtiéndolo en un protector silencioso.

Hoy más que nunca estaba agradecido con ella.

Pero, aunque con cada paso que daba se acercaba más a su hogar, no podía dejar de imaginarse minuciosamente como sería su llegada. Le angustiaba no saber que decirle. Tanto daño, tanto veneno ¿Qué podía retribuirle a cambio? No era un hombre de muchas palabras, y de tener, realmente no tenía nada que ofrecerle. Dios, ni siquiera estaba seguro de como pedirle salir con él como para pensar en construir algo a su lado.

Él, que incluso en su época de criminal fue asediado por mujeres, simplemente no sabía manejar esa situación.

No le interesaba en aquel entonces.

Sus maestros nunca le hablaron del tema.

Y sinceramente, jamás preguntó.

Obviamente sabía la teoría, en la academia ninja se encargaron de explicarle todo lo biológicamente necesario para la procreación humana y, de manera muy encarecida, Orochimaru le dejó claro que podía proveerle cualquier chica si fuese necesario para saciar sus necesidades sexuales contad no ofreciera resistencia para dejarle su cuerpo. La realidad es que, además de ser un neófito, era bastante conservador en el tema.

No se veía besando a nadie que no fuese como mínimo su pareja oficial. Mucho menos tener relaciones sexuales. Así que declinó el ofrecimiento del sannin y el de cada chica que se le insinuaba con muy poco tacto.

No le importaba llevar a cabo esas prácticas—excusa quizás para tapar que realmente no sabía comportarse en esas circunstancias—así que se concentró en entrenar y volverse más fuerte. E incluso de haber cedido en ese aspecto de su vida, era de Sakura de quien hablaba, no se trataba del acto físico.

Ese amor abnegado hacia él merecía, cuando menos, romance. Y él no tenía idea alguna de cómo tratarla.

Ultimadamente, Mikoto se había encargado de enseñarles a sus dos hijos los valores básicos para respetar y estar con una mujer. O por lo menos, las maneras de no deshonrarlas sin nada extraordinario de fondo.

Todas las niñas son hermosas.

No se dicen cosas feas de su físico.

No se golpea una chica—bueno, a menos que ésta pueda matarte en una pelea—.

Jamás se le obliga a acompañarte.

No se les hace llorar.

Y además de que eso era lo que él había provocado en ella desde que la conoció, no aprendió en ningún lado como cortejar una mujer.

¿Qué hacer?

¿Chocolates, flores?

Imaginarse a sí mismo llegando a la puerta de su departamento con esos obsequios y una mueca mal fingida de conquistador le ocasionó escalofríos. Era demasiado antinatural. Seguramente a Sakura le encantarían esos detalles, pero no funcionaban para alguien como él. No sabía jugar el juego de los enamorados. Lo que algún día dijo como pantalla para alejarse, era una incógnita genuina para él, no sabía que le veía.

No tenía el talento de poner sus sentimientos en palabras o gestos, además de que, para sincerarse consigo mismo, no había sido otra cosa que grosero con ella.

Realmente tenía que haber algo mal en su mente para seguir sintiendo algo por él.

Más allá de seguir reflexionando ese punto, se resignó a no poder hacer nada para que desistiera de su interés por él. Entonces llegaba nuevamente al punto inicial.

¿Qué podía retribuirle?

Su libertad, única cosa que le pertenecía, se la debía a ellos y su obcecación. Más allá, no tenía otra cosa que vergüenza y buenas intenciones. Pese a esto, el mundo se trataba de hechos.

Y cada una de las cosas que él hizo era peor cada vez que la comparabas con la otra.

Se te acaba el tiempo.

Una suave brisa hizo danzar los negros cabellos de su fleco, anunciándole su cercanía con la aldea de Konoha. Aunque aún no veía su solemne entrada, la realidad de su destino le palpitó con fuerza en el corazón y le quitó el aliento.

Estaba tan nervioso como en su primer entrenamiento con Fugaku.

Innecesario.

Fuera de lugar.

Sasuke-kun.

Ladeó la comisura izquierda de su labio en un intento de sonrisa, no por eso menos genuina que las carcajadas de un niño al jugar con sus amigos. Puede que sus dudas crecieran inversamente proporcionales a su destino, pero al mismo tiempo, sus ganas de verla sonreír y decir su nombre eran tan inmensas como la nobleza de esa mujer necia.

Reconoció en si un pecado nuevo para su colección.

Egoísmo.

Porque sus miedos y dudas no lo frenaban, al contrario, le daban ansiedad y deseo frenético de seguir, de verla.

De descubrir cuál sería el desenlace.

No importa como lo planeara, cuantas vueltas le diera. Era impredecible, ella, la aldea. Su vida. Desde que partió había viajado sin rumbo fijo, sin objetivos, deseos o metas. Ahora había encontrado un nuevo norte.

Era su deber labrar el camino a él.

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Frotó sus ojos con fuerza intentando borrar el cansancio. El día había sido realmente ajetreado, aunque estuviesen en tiempos de paz y todo marchase realmente bien—o por lo menos en el sentido general—las personas no dejaban de sufrir de otras cosas distintas a las heridas de una batalla. Las apendicitis, infartos, neumonías y fracturas eran parte de la cotidianidad de un centro de salud. Si a eso le agregaba la carga de la clínica de salud mental para niños, el día se le reducía a pequeñas comidas mal digeridas y siestas de veinte minutos para estar otra vez en acción.

Se percató esa mañana que había perdido el suficiente peso para tener que arreglar sus pantalones entre las riñas maternales de Ino sobre el estrés al que se sometía.

No le importaba, solo quería seguir ayudando a las personas, a los niños. Nadie debía sufrir lo que Naruto y Sasuke.

No si ella hacía algo al respecto.

Se estiró con lentitud dejándose inundar por el frío de la tarde. Se permitió salir temprano y tomar un tazón de ramen—y algo de sake—en nombre de sus amigos. Los extrañaba, pero era incapaz de reclamar atención.

Naruto estaba disfrutando de su vida de recién casado.

Y Sasuke… bueno. A él solo podía verlo en sus más dulces sueños, preguntándose como estaría, como se veía. Si la hacía en falta.

Entendía lo que él hacía, sabía que necesitaba su tiempo para adaptarse a su nueva realidad. Y quizás necesitara más que eso. Nunca había prometido nada, ni a Naruto ni a ella.

Era un poco tonto seguir teniendo esperanza.

Pero no podía soltar ese sentimiento… lo amaba. En todos los sentidos, caprichoso e infantil como en su tierna infancia; obstinada y persistente como adolescente; paciente y compresiva de su adultez. De la manera tierna y sensual que toda su existencia le permitía.

Estaba entregada, sin esperar nada a cambio más que verlo una vez más.

Suspiró, tenía que conformarse con saber que estaba bien.

Sus pasos la llevaron sin darse cuenta a aquel sitio tan significativo para ellos. La banca donde alguna vez yació inconsciente después de confesar sus sentimientos más profundos en la burda y desesperada manera en la que intentó mantener al Uchiha a su lado, aquella que de adulta se había convertido en su lugar favorito para meditar. El sitio más cálido y frío en la aldea. Se sentó y sopló aire caliente en su puño.

Entonces lo sintió.

No… no podía ser. Seguramente su agotamiento le estaba jugando una mala broma.

Una que se sentía demasiado real para su gusto.

Cuando levantó su vista pudo entonces observarlo acercándose con lentitud y su mira fija en ella. Su ojo negro con la profundidad de mil cuchillas en cada punto sensitivo de su cuerpo. Se paró como un resorte a la espera de su encuentro mientras el corazón le latía en la garganta.

Pudo notar cuando apenas estuvo a unos metros de él que debía inclinar su cabeza más que la última vez para enfrentar su rostro.

Sakura.

Estuvo tanto tiempo esperándolo que no lo creía real, paralizándose como una quinceañera ante su primer amor. Se preguntó si alguna vez superaría todo lo que Sasuke que le causaba.

S-Sasuke-kun.

Sasuke levantó su brazo con lentitud, dudando con un gesto casi imperceptible. Pensó que iba a colocar sus dedos en su frente en aquel tierno gesto que le dio en su despedida hacía unos años. Demostrándole que siempre podía equivocarse en lo que a él respecta, posó la palma de su mano en el perfil de su rostro.

Tadaima.

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Siento que le puse mucha azúcar a este capítulo. Y probablemente le siga inyectando en mayor o menor magnitud en los siguientes capítulos. Es difícil, bueno, es Sasuke. Pero es por eso que lo planteo desde la visión casi realista de un ser humano que haya pasado por tantos eventos traumáticos como él. Y al fin y al cabo, esta historia es de romance.

Parto de que Sasuke no tuvo una figura masculina que le enseñara algo más que el sentido literal de procrear. Pero a coquetear, dar un detalle, escribir una carta o mandar un ramo de flores, todo lo que es cortejar una mujer... Sus mentores solo estaban interesados en su poder y como mantenerlo controlado, Kakashi para llevarlo por el camino del bien y Orochimaru para sacar beneficios. No dejo de pensar que el pobre chico era solo un adolescente. Veo que en él hay algo más bien arcaico, me hace gracia que tal vez la propia Sakura es la que le habló de anticonceptivos y esos corotos. En ese sentido, el pobre debe haberse dejado llevar por el instinto y las escasas habilidades sociales.

A veces pienso que Jiraiya si debe haberle instruido a Naruto en esos mares, pero a la pobre guacamaya negra ¿Quién?

Incluso cuando me lo imagino teniendo fantasías de adolescente, creo que serían de un beso con lengua y agarrada de nalgas como máximo. Teniendo en cuenta que viene de un clan bastante estricto en una época del Japón más conservador, más que una bomba sexual, sería precavido y respetuoso.

Distinto al animal que sí creo que sería luego de probar la manzana prohibida.

Hasta luego.

Empecé a trabajar en el hospital, escribo en mis escapadas. Probablemente tarde entre capítulo y capítulo.