Disclaimer aplicado
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Sin pecado concebido
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Capítulo 5
Molesta
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Poco a poco lograba establecer una dinámica con la aldea que le resultaba cómoda.
Pese a que sus amigos intentaban encarecidamente que se sintiera bienvenido, simplemente no toleraba quedarse demasiado tiempo. Las miradas rencorosas no le molestaban, pero se le instalaba una sensación de agobio en la boca del estómago que no lo dejaba estar en paz. Los aldeanos finalmente comprendieron que no tenía intenciones de convivir y seguir una rutina como si nada fuera pasado, empezaron entonces a ignorarlo.
Ojala su ex compañera de equipo le hiciera las cosas más fáciles, como ellos.
Sus constantes salidas nada tenían que ver con ella.
Se había vuelto rutinario que apareciese en la oficina de Kakashi para que le asignase alguna misión de investigación o infiltración que le tomase semanas o meses, algo que lo mantuviera ocupado y lejos. Eso sí, que le permitiera redimirse con todos. Lograr que sus amigos estuvieran a salvo… y que ella pudiera tener una vida tranquila.
Sakura, sin embargo, se tomaba la situación como una ofensa personal—todo lo contrario a sus intenciones—como algún agravio mudo. No se lo decía, pero podía detectar cada sentimiento que surcaba su alma cuando iba a despedirlo.
Cada vez más apagada y triste, lo hacía sentir como un canalla.
Aun así, jamás dejó de ir a despedirlo. Algunas veces con un bento, otras con una sonrisa que antagonizaba su tristeza. Amaba ese detalle en ella, odiaba todo de sí mismo ¿Cómo osaba hacer sentir así a una mujer como Sakura? No tenía derecho alguno.
Pasaron algunos meses hasta la tarde que lo puso en su sitio.
Regresaba de acabar con un pequeño núcleo terrorista cerca de la aldea de la lluvia, seguían los ideales tontos de algún ninja renegado que eventualmente fue exterminado por Konoha. A cambio, sus seguidores se habían sentido profundamente motivados a hacer estupideces. Ninguno demasiado fuerte para sobrevivir a su katana.
Luego de llevar sus informes y darle todos los detalles al Hokage, su nostalgia lo hizo caminar hasta los restos destruidos de su viejo barrio. Era unos de los lugares que no sobrevivieron a los estragos de la guerra. Kakashi le había comentado que el dinero que su familia le dejó aún estaba a su disposición, no lo quiso. Se había enterado después que lo habían usado para la clínica de salud mental de Sakura.
Era como si por fin cerrara ese ciclo.
Se sentía feliz de haber acabado con esa época de su vida, pero mentía si negaba la lástima que le daban las ruinas de lo que fuese la casa de su niñez. Ese era el hogar que sus padres construyeron para la crianza suya y de su hermano mayor. A veces los extrañaba mucho más de lo que cualquiera podía presumir. Tanto, que deambulaba sin destino alguno.
Por lo menos no uno consciente, hasta que eventualmente siempre llegaba a la banca donde abandonó a la pelirrosa hace tantos años.
Ese fue el sitio donde hizo la ruptura definitiva entre él y Konoha. Ahora era su lugar de meditación.
Y en aquel momento era invadido por otra persona.
No sintió su chakra hasta que estuvo demasiado cerca, y dudaba que ella se hubiera percatado de él. Sus pies estaban en el borde de la banca y su rostro escondido entre las rodillas dobladas, no le parecía que estuviera cómoda, pero tampoco que le molestase la posición. A ambos lados de su rostro los cabellos caían en una cascada rosa. Incluso sin verle la cara, se le antojó imaginarla como un ángel.
Despertó de su ensoñación cuando escuchó un sollozo.
Sakura estaba llorando.
El lado lógico y pragmático de su mente se apagó automáticamente. Incluso al ser el peor para afrontar aquella circunstancia—y así hubiese sido aunque no fuese ella—no tuvo que obligarse a acercarse. Su mano ya estaba de camino a levantar su rostro cuando lo miró sorprendida. Sus ojos, rojos por el llanto, no perdían nunca su brillo.
—Sasuke-kun, okaeri.
Pasó el dorso de sus manos por sus parpados intentando borrar las huellas de las lágrimas. No lo logró.
Si esto le hubiese pasado al Sasuke adolescente solo se hubiese retirado. Pero ella le importaba demasiado como para que el adulto en el que se convirtió huyera.
—Hm
Se sentía aturdido, con el peso de mil hombres en sus pies. En una batalla, podría haber matado a cada uno de ellos, pero en esta situación no sabía qué hacer con el hormigueo en las piernas.
Tenía miedo, pero tenía que preguntar.
—¿Por qué lloras?
No era el hombre más empático o sutil, pero cualquiera con dos dedos de frente podía adivinar que era él, otra vez, la razón de sus penas. Ella era tan transparente que no pudo disimular la sorpresa. Seguramente era la última persona que quería a su lado en ese momento.
—Escuché que acabaste con los terroristas, Sasuke-kun. Me alegra que regresaras a salvo.
Ella sonrió forzosamente y él frunció el ceño.
—Te hice una pregunta.
—Lo sé.
Silencio.
—¿Acaso… quieres que me vaya?
—Yo nunca quiero que te vayas.
Oh.
Así que era eso.
—Sakura… yo solo…
—Lo entiendo, en serio… entiendo que tengas que irte—suspiró—No me lo tengas en cuenta, es mi culpa. Soy una llorona.
Guardó silencio, esa situación era realmente molesta.
—Eres molesta.
Demonios.
Ella soltó una suave risa.
—Lo sé, Sasuke-kun.
Él frunció los labios.
¿Cómo podía no tenérselo en cuenta?
¿Cómo podía ella no entender?
—Sakura…
Era terrible con las palabras, ¿confesar sentimientos? Impensable. Estaba en una encrucijada y la opresión en su pecho iba a terminar asfixiándolo.
Más silencio.
—¿Si?
Tosió y miró hacia el otro lado, incapaz de enfrentarla.
—Eres… la razón por la que siempre vuelvo.
En ese momento se detuvo el tiempo para los dos. Pudo examinar detalladamente cada uno de los rasgos de Sakura—lo había hecho en cada oportunidad que tuvo en el pasado, pero esa vez… era distinto—sus mejillas se sonrojaron como el fuego salvaje y sus ojos, de por si grandes, se abrieron anonadados. El aliento se fugaba por su rosada boca entreabierta, haciéndose visible una nube por el frío de la tarde. Tan hermosa. Al contrario que él, sus expresiones eran un libro abierto.
—Sasuke-kun…
Bajó los ojos a sus pies mordiéndose el labio inferior para luego levantar los ojos con un fuego peculiar, con una determinación muy conocida por él.
—¿Entonces por qué diablos no me incluyes en tu vida?
Aquello era lo más cercano a una declaración que podía hacerle ¿Cómo respondió? Reclamando que le huía cada vez que regresaba, que buscaba la compañía de Naruto y la dejaba por fuera. No podía culparla de creer eso.
Poco sabía ella que siempre la vigiló de lejos, que la acompañaba por las noches sobre los tejados mientras regresaba a su departamento desde el hospital y que más de una vez el usoratonkachi lo descubrió en su perturbadoramente romántica manera de proceder.
Era realmente molesta por no saber lo mucho que le importaba.
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La reprimenda que Sakura le dio cambió su manera de manejar las cosas. Se descubrió a si mismo esforzándose por estar en su compañía.
Con el tiempo dejó de sentirse culpable por la dicha y se dejó disfrutar.
Seguía tomando misiones largas y peligrosas, pero siempre que regresaba iba directo al hospital a buscarla luego de reportar sus progresos. Si ella aun no terminaba, se sentaba en silencio mientras canturreaba alguna anécdota revoloteando entre los papeles en su oficina. De lo contrario, caminaban a su casa entre los relatos de lo que había hecho en el día ¿Y qué si siempre aceptaba su invitación a cenar? No solo era una cocinera muy buena, sino que se estaba volviendo adicto a ese calor que se le acumulaba en las entrañas cuando estaban a solas.
Se sentía realmente bien.
En sus ausencias, se aseguraba de mandarle periódicamente águilas mensajeras. Le gustaba hablarle de los extraordinarios paisajes que veía en el camino. No necesita explicarle que las cosas bonitas se la recordaban.
Inteligente como era, ella solo sonreía y se sonrojaba entendiendo la implicación.
Una de sus misiones se había alargado una vez, prolongando su tiempo sin verla. Se sintió decepcionado, pero no podía hacer mucho al respecto… hasta que una pista lo llevó a una bahía a solo 4 horas de la localización de una misión que ella llevaba a cabo. Para variar el hecho de que ella siempre tomaba la iniciativa, le propuso verse a las cercanías un faro al borde de la playa. La necesidad primaba ante el no querer molestarla.
¡Es una cita!
Respondió emocionada.
Al rato apareció agitada por el viaje, con el rostro arrebolado y una enorme sonrisa. Escogieron un banco apartado de los transeúntes. Pese a que no hacían cosas subidas de tono como besarse y darse arrumacos, apreciaban su privacidad para hablar, o bueno, para que ella hablara y él escuchara. Le gustaba el sonido de su voz.
—Sasuke-kun, es hermoso.
Contrario a la perolata que ella siempre le soltaba sobre su vida y el interés sobre el progreso de su misión, se quedó mirando como las olas chocaban contra las piedras de la orilla de un acantilado. Él no podía dejar de ver su perfil, sus ojos verdes transparentados por los rayos de sol y la brisa haciendo bailar su pelo corto. No pudo sentir ese instante menos perfecto.
Sin darse cuenta, sus manos se rozaron y un cosquilleo ascendió por su columna vertebral. Sakura era una mujer trabajadora, pero sus manos eran pequeñas y suaves con sus uñas arregladas resaltando un barniz verde agua a juego con sus orbes. Contrastaba totalmente con lo grandes y callosas que eran las suyas propias.
Al sentir la caricia, lo miró con un sonrojo vivaz. Se animó a seguir su trayecto y encajar dedo a dedo sus manos, volviéndolos uno por primera vez.
No hacían falta palabras.
¿Cuánto había pasado? ¿Dos minutos?
De pronto sintió la presencia de uno de sus objetivos cerca, frunció el ceño.
Sakura suspiró, pero lo soltó con suavidad.
Tenía que irse.
No tiene nada de malo que anheles su compañía, Sasuke.
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Esta relación va lenta. Pero me gusta así.
Creo que es el amor más leal—y enfermo—del universo Naruto. Aun no decido si en algún momento pondré un lemon. Por cómo van las cosas, creo que no. Este fanfic es más del tipo romántico, como máximo podría implicarse la situación.
En respuesta a dos comentarios que me hicieron:
La chica que me sugirió que hiciera una historia con Naruto y Temari como protagonistas, mira, de verdad me gustaría tener el talento de escribir ese tipo de cosas. Pero me cuesta mucho expresar cosas que no siento, de hecho me cuesta expresar las que si. Sería un buen reto de escritora, pero tendría que desarrollarlo mucho tiempo y, siendo honestos, a veces no tengo tiempo ni para descansar.
Con respecto a quien me escribió en portugués, creo que no te gustó la historia. Lo siento mucho, pero si tienes alguna crítica constructiva estaré realmente feliz de aceptarla y mejorar.
Agradecida a quienes dan ánimos.
Saludos les manda la Dra. Wil.
