Disclaimer aplicado
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Sin pecado concebido
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Capítulo 6
Compañera
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No supo en que momento Sakura había ganado tanto terreno.
Desde que tuviesen ese revelador encuentro donde ella puntualizó sus requerimientos sentimentales—y que le dejó claro de manera indirecta que era un asno a la hora de tratar a una mujer—solo podía complacer cada una de las peticiones que salieran de esos suaves y rosados labios.
Oh si, suaves y rosados. Eso lo había descubierto hace poco.
Se confesaba culpable de no conformarse con el tacto sutil de su piel cuando por accidente y atrevimiento había tomado su mano frente a la playa. No señor, eso solo habría la puerta a una incesante necesidad de su tacto y cercanía. Fue entonces que se descubrió a si mismo ansioso y determinado a completar sus supuestamente largas misiones para regresar y pasar tiempo con ella.
A veces iban a comer juntos, otras solo paseaban mientras la pelirrosa contaba detalles de su día. Lo importante era siempre estar juntos, así sea solo unas horas de sus breves descansos.
Una tarde, empujado por la magia de sus ojos verdes admirando el crepúsculo mientras descansaban en el tejado de su hogar, su cuerpo se movió solo e hizo el que quizás fuera el acto más impulsivo de su vida. No lo analizó ni un poco, solo lo sintió cuando por fin su rostro se acercó al suyo con lentitud firme.
Ella recibió el roce de su boca con sorpresa, pero solo le costó unos minutos asimilar lo que estaba pasando y corresponderle. Su aliento sabía a mentas y el olor a fresas que emanaba su cabello lo embriagaba, su instinto primaba y el calor del cuerpo femenino lo instigaba a seguir adelante, siendo ella quien bordeó sus labios con la punta de su lengua para pedirle acceso y profundizar el beso, investigando la humedad de su boca y la energía de su lengua batallando con la de él. Los minutos pasaron y sus pulmones se quejaron en la necesidad de respirar, aun cuando no quería alejarse.
Cuando por fin recuperó el aliento la realidad de lo que hizo le llegó de golpe, avergonzándolo hasta tintar todo su rostro de un suave rubor.
Inventó una excusa y huyó, dejándola confundida.
Al día siguiente se convenció de que tenía que enfrentarla, imaginándose una Sakura iracunda que le reclamase nuevamente su abandono en un momento tan emblemático de su relación—y el más romántico, siendo que los otros eran él dejándola inconsciente o intentando matarla—pero ella lejos de estar molesta, le sonreía con un brillo nuevo. Más tarde la mujer se las arreglaría para establecer un juego de gato y ratón donde besarse a escondidas era el premio.
Le hacía gracia que a sus casi 20 años estuviesen actuando como tontos adolescentes, pero disfrutaba de la pantomima de él haciéndose el difícil y ella fraguando planes para derrotarlo.
Entonces recordaba a su madre con el discurso del respeto y honor a la mujer y se sentía culpable. Aunque dudaba que su madre se refiriera a los inocentes besuqueos que le daba a su—acostumbrándose al término—novia.
Dejaba colar con mucho esfuerzo el hecho de que poco a poco ya no se sentía tan bien con solo besarla y que empezó a acariciar su pelo, su cuello, su cintura… prefería concentrarse en lo mucho que su madre hubiese adorado a la kunoichi, admirado su inteligencia y soñando con peinar esas actualmente largas hebras rosa chicle. Probablemente planificando todas las noches una boda de ensueño para su hijo menor.
Dios, que bien se vería el emblema de los Uchiha en su espalda.
Pero como para él las cosas no podían ir nunca bien, sus sentimientos de inseguridad le atacaban cada noche, angustiándolo con cada pesadilla que su psiquis lograba emular.
Esto no tenía que ver con los sentimientos de ella hacia él, después de toda su historia sería una completa falta de respeto a Sakura cuestionar que lo amaba. Y quizás para un hombre de su posición, un ninja vagabundo que caminaba en busca del perdón, era engreído afirmar semejante cosa con tal fluidez. Pero es que antagónico a su forma de ser, ella era el ser más puro y autentico a la hora de demostrar sus sentimientos.
Le era tan sencillo decir que lo quería que incluso sentía celos de no poder hacer lo mismo por ella, y no conforme con eso, se lo demostraba con mil gestos.
¿Qué podía ofrecerle él a cambio?
Primeramente, estaba lo contrarias que eran las reputaciones de cada uno ante el pueblo de Konoha y la alianza shinobi. Sakura era la imagen de la esperanza, la mayoría de sus misiones se basaban en viajar de pueblo en pueblo para promover el desarrollo de sistemas de salud mental para niños y organización hospitalaria ante desastres, promoviendo la actualización de la atención al paciente. Él, en cambio, era el desastre, la violencia y la muerte personificada. Actuaba como un policía militar al que enviaban como la parca para los enemigos.
Está bien, le perdonaron porque sus acciones contribuyeron a salvar el mundo. Pero eso no borraba nada, y aunque la gente lo superó, él sabía en el fondo que siempre guardarían rencor a su persona y lo mirarían recordándole la más oscuras de sus realidades: no se la merecía.
Si de por si eso no fuese suficiente motivo, agravaba la situación su decadente situación económica. Fue en su niñez un niño privilegiado con dinero de sobra para mantenerse incluso sin trabajar, en el inicio de su adolescencia—cuando formaron el equipo 7—contaba con bastante solvencia económica. Nunca fue realmente alguien ambicioso, así que solo gastaba en comida y necesidades primarias, como ropa y armas. Así que sus ahorros eran bastante altos.
Luego se fue con Orochimaru y su sensei lo mimó terrible e innecesariamente, por lo que nunca sufrió de carencia alguna. Y con Taka estaba demasiado concentrado en resolver la situación de Itachi que nunca pensó en los privilegios que su status le daba en sus años dorados.
Ahora que sus pensamientos siempre lo llevaban a decantarse por un futuro con Sakura, se daba cuenta que una vida con ella requería de un compromiso de su parte muy superior a solo permanecer a su lado. Se necesitaba estabilidad para darle un hogar, provisiones y todo capricho que ella quisiese darse, como Kimonos hermosos y joyas. Su padre, Fugaku, había colmado a su madre con todas esas cosas y más.
De tener, él realmente no tenía ni los cimientos de su viejo barrio.
Probablemente si le hablara al respecto, ella le relataría una utopía donde los sentimientos darían el esqueleto de la fuerza que los mantendrían juntos. Y era en esa propia premisa la falla.
Era patológicamente incapaz de establecer una comunicación eficaz con nadie.
¿Cómo iba hacerla feliz?
No lo sabía, pero estaba dispuesto a averiguarlo.
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Kakashi lo miró como si le estuviese confesando su incursión en el mundo de las drogas.
A su lado, la quijada de Naruto se desencajaba dejándolo, como pocas veces en su vida, lo suficientemente sorprendido como para mantenerlo sumido en el silencio. O al menos lo logró por uno minutos.
—¿¡Acaso te volviste loco, teme!?
El rubio maldecía a gritos recordándole la existencia de cada uno de sus ancestros en una ráfaga de groserías y agravios que, contrario a molestarle, le hicieron gracia. Esquivó rápidamente un libro que iba contra su cabeza antes que el Hokage saliera de su estupor para detener la violenta reacción del portador del Kyuubi.
—Usualmente no me meto en tus asuntos más de lo necesario, Sasuke. Pero vas a tener que explicarte.
—Hm.
—¡Me estas jodiendo con que esa es tu respuesta, maldito bastardo!—El chico se pasó las manos por el pelo, exasperado—¿¡Qué coño le vas a decir a Sakura-chan!?
—Eso es personal.
—¡Y una mierda, Sasuke!
—Basta, Naruto—Kakashi lo miró con severidad—te escucho.
Bacilo en su sitio, dudando de que decir con exactitud.
—Necesito más estabilidad, eso es todo.
—Ya veo.
—¿¡Acaso Sakura-chan no te da suficiente estabilidad!?
—Es precisamente por Sakura que lo está haciendo, Naruto.
El Uzumaki los miró a ambos alternamente intentando entender de qué hablaban. Cuando por fin logró captar a qué se refería, soltó un sonoro suspiro.
—Eres el tipo más complicado que conozco, teme—se frotó el cuello—me hará papilla cuando se entere.
—No tienes que llevar esa responsabilidad.
—¿Quien, si no? Todo lo que luché para que estuvieran juntos para que ahora digas semejante chorrada, 'ttebayo.
Mientras el aspirante a Hokage soltaba algunos discursos de responsabilidad de hombre y la vida en pareja, Kakashi sonreía con suavidad debajo de su máscara.
—Solo una cosa, Sasuke Uchiha.
Su único ojo se cerró al compás de su gesto alegre.
—No voy a dejar que le rompas el corazón.
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Tardó solo un par de horas en alistarse para su partida de la aldea. Esta vez, sus objetivos eran muy distintos a los de su viaje de redención. Ya tenía un objetivo y sabía exactamente lo que quería. Era hasta irónico que su camino hasta Sakura era alejándose de ella, pero solo sería un tiempo. Seguiría actuando de incognito para el Hokage, siempre a la orden de proteger a sus seres queridos.
Mientras tanto, viajaría de aldea en aldea para trabajar, reunir dinero y limpiar su imagen.
Al contrario de su primera partida, esta vez le daría un rostro a su nuevo rumbo. Entonces regresaría, compraría una casa y le pediría matrimonio.
Caminó alrededor de dos horas cuando un águila mensajera surcó el cielo en su dirección.
¿Tan rápido necesitaba Kakashi de sus servicios?
Abrió el mensaje con franca curiosidad.
Te dije que no dejaría que le rompieras el corazón.
Que tengan feliz viaje.
Con cariño, tu viejo sensei.
Frunció el ceño sin entender el mensaje ¿Por qué hablaba en plural?
Entonces todos sus sentidos lo alertaron de un peligro inminente, logrando por poco saltar ante un violento puño que iba en su dirección. Al no encontrar su objetivo, vio la ráfaga rosa reventar contra el suelo en una explosión de rocas y árboles disparados por todo el lugar.
— ¿¡A donde crees que vas sin MI!?
Demonios.
No tiene nada de malo que quieran crecer juntos, Sasuke.
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Buenas noches. Con la disculpa de la hora.
¿Vieron que se besaron? Dios, me encantó tanto describirlo así. Salió muy fácil, como si fuera lo correcto. Como dije otras veces, siento que Sakura fue la que tomó la iniciativa en tantas cosas de su relación con Sasuke que me pareció una travesura hermosa hacer que ella estimulara al beso francés, él buscaba un dulce beso y ella lo volvió pegajoso e íntimo. Ahora el niño tiene deseos reprimidos.
Ahora bien, concuerdo con otras autoras cuando hablan de Sasuke como un ser tradicional, por la época y por la familia en la que lo formaron. Por eso esos simples deseos le hacen pensar automáticamente en el matrimonio, y a mí me gusta reírme un poco de eso.
Hablando un poco de otra cosa: me percaté que tuve un error en el capítulo pasado cuando escribía que Sakura dijo Tadaima en vez de Okaeri. Ya lo corregí, pero no teman decirme esos detalles cuando los vean. Me gusta mejorar siempre.
Con respecto al comentario escrito en portugués, me tiene sin cuidado. En primer lugar, no soy homosexual, y si lo fuera no tiene nada de malo ni relación alguna con lo que escribo. Personas de este tipo existían cuando yo empecé a los 9 años, toda mi adolescencia y con toda seguridad seguirán existiendo en mi vejez.
Lo importante es que no quiten las ganas de hacer las cosas.
Saludos, la Dra. Will.
