Las fiestas hacían olvidar que estaban vigilados. El baile del rey y la reina, por ejemplo, era un espectáculo en sí mismo. Algunas muchachas suspiraban a escondidas de sus amigas por esa imagen, en el fondo todos sentían que ellos lucían bien juntos, eran estéticamente complementados el uno al otro, y aunque se sentían torpes al danzar lo hacían muy bien.
Poco a poco más parejas se unieron y el salón vibró de festividad.
Sakura apenas se dio cuenta cuando la pieza terminó. No se había atrevido a mirarlo, tan pronto como terminó la pieza fue a sentarse a la mesa para poder pensar mejor.
—Algunas personas son populares aunque no lo quieran, para bien o para mal —dijo Suigetsu tomando asiento cerca de ella.
—¿Ah? Lord Suigetsu, buenas noches —saludó con sorpresa. Suigetsu le producía un efecto extraño, era agradable pero al mismo tiempo no sabía qué pensar de él o si podía confiar.
—Vamos, no estés tan nerviosa. Lo has hecho bien, en este momento las reglas del juego han cambiado —sonrió con complicidad.
—¿A qué se refiere...?
—Bueno, la Corte aún te odia —comenzó sin tacto, era brutalmente honesto en muchas ocasiones pero podía permitírselo—; aún así este es un momento diferente, ¿sabes que la gente allá afuera también te aclama?
—¿Pero cómo pasó?
—Se corrió la voz de que la reina cuidaba devotamente de Sasuke, y también lo de la noche de la cuchillada. Ahora es la heroína del pueblo, todo gracias a mí —se congració consigo mismo.
Sakura no sabía qué decir a eso. Le alegraba saber que había una imagen favorable de ella.
—Pero la mayor parte del tiempo estaré aquí con la Corte, y como usted dijo, aún me odian.
—Sí, pero ahora tienes la batuta, alteza. Escucha —se acercó—, yo conozco a estas personas, sé cómo funcionan. Ellas darían lo que fuera por ser tan amadas como tú, por eso te odian. No soportan que seas bella y popular.
Todo seguía pareciéndole una desventaja.
—¿Cómo eso mejora las cosas para mí?
—Sencillo: si ellas quieren ser aceptadas tendrán que estar de tu lado y lo saben.
Sakura iba a replicar que eso no era cierto cuando un grupo de damas se acercó a ella, la miraban mal discretamente, fingiendo una sonrisa.
—Alteza, ¿por qué no viene a probar los bocadillos? Hay muchos miembros de la Corte que quieren saludarla.
No daba crédito a lo que oía. ¿La estaban invitando a unirse a ese círculo? Era tan extraño. Ese día en general estaba lleno de un aire diferente en donde todos la hacían sentir como si...
—¿Ves lo que decía? —Suigetsu se acercó más a ella para susurrar.
—¿Y qué debo hacer? —dijo no queriendo aceptar. Era halagador pero notaba lo peligroso de las sonrisas falsas.
—Creo que tienes que ir y disfrutar de las nuevas reglas del juego. Pero recuerda por qué lo hacen, ellos van a hacer lo que sea para obtener tu aprobación pero no porque les agrades. Si tienes en mente todo eso tan solo aprovéchate de la situación y pásala bien, todos lo hacemos.
—Pero... todo esto es una mentira —replicó con voz queda, ese no era el consejo que quería escuchar, quería salir corriendo pero eso era algo que el de cabello blanco no le permitiría hacer, no al mando de la imagen y relaciones.
—Solo lo es si piensas en eso.
Y así la entregó a las demás.
Sasuke se quedó lo suficiente, solo cenó, conversó, dio un discurso. Sakura se había perdido por un buen rato, la vio metida entre los círculos más cerrados de la Corte. Jamás imaginó que ella estaría allí aunque imaginaba por qué. Él también conocía bien ese mundo y sabía las tendencias de esas personas a la falsedad. No le sorprendía, pero sí ella. ¿Cómo estaría manejando toda la atención? Él intuía que no era como esas personas, pero eso no significaba que no pudiera serlo algún día.
Una parte de él lo lamentó y en cuanto se dio cuenta buscó la razón de eso. La mejor respuesta que encontró fue que no quería que esa silenciosa presencia fantasmal se convirtiera en una ruidosa mancha rosada chillando y revoloteando sobre él, siendo una harpía esta vez con todas las letras. Sería imposible soportar estar casado con ella.
Se fue harto y agotado. Ella había tomado esa retirada como un bote salvavidas y lo siguió, considerando también que sería una falta de respeto para él que ella siguiera en una fiesta mientras él se iba a la cama. Ahora más que nunca ella era el foco del ojo público, no podía permitirse errores.
Esa noche se evitaron a toda costa. Sasuke recordó la maldita hora en que su orgullo le ganó y lo condenó a dormir en los aposentos reales, cómo lo lamentaba; y para colmo le costó más de una hora quedarse dormido. Ella parecía no tener ningún problema con el sueño, tan pronto como tocaba la cama se iba a ese lugar a donde él no podía. Es más, cuando él lo conseguía solo llegaba a una zona oscura llena de entes malignos que lo perturbaban. Ya se hacía común el no dormir demasiado para no padecer tan patéticamente a manos de sus propias pesadillas, de su propia mente, del verdugo que era él mismo.
Sakura se dedicó a buscar espacios para practicar su lectura cuando pudiera permitírselo, debía concentrarse en no mezclar unas letras con otras. Saber el nuevo alfabeto era como haberse puesto unos lentes que le permitían ver el mundo de otro color.
La mitad del tiempo era difícil lograr escabullirse y la mitad no: las damas de la Corte antes solían ir al palacio por la noche pero recientemente buscaban pasar más tiempo allí con cualquier excusa que se les ocurriera. A ella aún le resultaba incómodo que de la nada todo hubiese tomado ese rumbo, las palabras de Suigetsu siempre la perseguían pero no sabía cómo tomarlas. Las desventajas eran muchas... ¿y las ventajas? Ahora su armario estaba a rebosar de vestidos, incluso le habían agendado citas con los mejores sastres del reino sin preguntárselo. Los vestidos no eran lo único que había recibido, una detrás de la otra le llevaban presentes, al principio solo llamativos, pero poco a poco más extravagantes y caros. Tal como lo había dicho Suigetsu, eso se convirtió en una competencia por su aprobación.
Más adelante la competencia iría escalando, pero por ahora es importante hablar de las reuniones que la reina comenzó a tener con su esposo por motivos de su educación.
La primera sucedió a los dos días de ese primer encuentro extraño. El Uchiha se había refugiado en trabajo de papeleo hasta ese momento intentando no pensar en ese asunto y al mismo tiempo preocupado por no pensar en eso y no saber qué hacer cuando el día llegara. Sakura estaba a la expectativa, no lo había visto mucho, luego de su recuperación oficial él había vuelto a ser tan esquivo como antes, no se lo encontraba, llegaba muy tarde a acostarse y se levantaba extremadamente temprano. Era muy confuso para ella pues el día en que todo pasó las señales indicaban que él estaba interesado en ella, ¿o había sido una sobreinterpretación suya? Tantas dudas no la dejaban en paz por lo cual, pese a los nervios e incomodidad, esperaba el día de la cita con ansias para encontrar respuestas, o cuanto menos, señales.
Llegado el día se reunieron Sasuke había improvisado un plan en el pasillo.
—No puedes leer cualquier libro porque si no llega a interesarte lo dejarás y haber aprendido no te servirá para nada. Buscaremos uno.
No la saludó ni hubo una mirada significativa, su tono era apremiante. Se acercaron a los pasillos laberínticos de madera que contenían los textos. Si Sasuke hubiese sabido algo de ella podría haber comenzado a buscar, pero se vio obligado a preguntarle qué le interesaba. No hay que olvidar que sentía que cada cosa que decía se la arrancaban a la fuerza, él no estaba acostumbrado a tomar la primera palabra en conversaciones, mucho menos que estas fueran tan banales.
Sakura no sabía muy bien qué decir, sabía que le interesaban algunas cosas, mas no conocía las categorías contenidas en ese recinto.
—¿Cómo está organizado este lugar? Si sé las opciones podemos buscar mejor.
A Sasuke le parecía bien. Hicieron un pequeño recorrido para que se diera una idea. La parte favorita de Sasuke era la sección de historia, le encantaba conocer las proezas de su familia, le daba orgullo saber que la historia completa había sido escrita con su sangre. Sakura tomó nota mental de este lugar también. Había poesía y narrativa, política, economía, lenguas...
—Y estos son los libros científicos —dijo dándose la vuelta para ir a otro lugar. Pronto vio que ella no lo seguía. Miraba ese lugar con interés, ¿o era impresión suya? Esperaba que lo detuviera en cualquier momento a preguntarle por las historias románticas y la poesía de los trovadores, cosa que no pasó. Incluso le preocupó que ya que no le importara eso, entonces no le importaría nada.
—¿Podemos ver estos?
Era un poco problemático, era su sección menos visitada, a veces los hombres más doctos del reino entraban con su permiso a dejar sus obras o consultar otras pero ese trámite era extremadamente difícil de hacer.
El recorrido fue algo torpe pues no conocía muy bien esa sección, de modo que la hizo practicar leyendo los títulos en voz alta, ella lo hacía con solo un poco de dificultad, estaba bastante bien. Él le desaconsejó que empezara con esos libros, el lenguaje era especializado y complejo y la hizo tomar otro rumbo.
Eso no impediría que en sus horas de relativa "soledad" —no olvidemos al hombre sombrío llamado Zabuza que solía quedarse al margen del recinto, sin dejar de estar ahí— ella se escabullera hacia esa sección y fisgoneara uno a uno los volúmenes y rollos. Ahí empezó todo, sus rudimentarios conocimientos sobre la naturaleza y la vida se irían afinando hasta robustecer. Sasuke le tomaba lecciones de lectura en voz alta hasta que pronto leyó con naturalidad. Sin darse cuenta se complacía al ver que al menos en una cosa ella no lo irritaba, era completamente atenta a todo lo que decía, no existían distracciones ni quejas. Muchas veces olvidaba la razón por la que había comenzado esas reuniones, los dos se embotaban en el transcurrir tranquilo y quieto de las prácticas. Sasuke le ponía los textos que más le gustaban, teniendo en cuenta que fueran adecuados, por supuesto.
Una de esas veces se hizo evidente que ya no era necesario hacer eso, ahora probablemente tendría que enseñarle algo más específico pero había comprobado que eso no significaba que llegaría a avanzar en su plan, quizá se volvería a distraer de su objetivo una vez más gracias al sincero aprecio que le tenía a la actividad del estudio. Tendría que improvisar de nuevo. ¿Debería abandonar esa parte del plan? Se tranquilizaba con pensar que en realidad estaba siendo accesible y que eso sería suficiente para que ella se envalentonara.
Aunque Newton no existía ni existirá en este mundo del relato, su brillantez consistió en que las leyes con que él explicó el universo existen, con él o sin él:
Todo cuerpo continuará en estado de reposo hasta que una fuerza impresa cambie su posición.
Un ser misántropo como el rey Uchiha y una adolescente con un desarrollo truncado como la reina no estaban destinados a estar juntos. Era evidente para todos: para ellos, la Corte, los conocidos, los espectadores de esta historia y yo, que solo tengo la tarea de narrar los hechos tal cual sucedieron con el mayor detalle, de registrar la locura de aquella etapa del joven mundo.
¿Entonces cómo fue que terminaron juntos?
Sería difícil decirlo. El destino es algo en lo que las personas supersticiosas creen, una palabra para explicar de manera fácil algo que en absoluto lo es. Por más que lo desearan, Sasuke no estaba destinado a ser el rey de reyes y emperador de emperadores y Sakura no estaba destinada a ser una mujer feliz o tranquila. Aquellas cosas estaban posicionadas en sus caminos a la distancia, y pensar en la palabra destino solo invisibilizaba el hecho de que esos caminos eran precarios, múltiples e inseguros. Una sola decisión o acontecimiento externo los desviaría hacia una serie de posibilidades infinitas pero diferentes, la vida era un tablero laberíntico que se alteraba y recreaba a sí mismo con cada paso que daban o no daban.
Puede resultar gracioso saber cuál fue el aleteo de mariposa que desencadenó el huracán (un huracán que en todo caso se fue preparando gracias a las anteriores decisiones del rey Sasuke). Bueno, tal como lo vi, me parece que fueron dos aleteos.
PRIMERO
Almuerzo de damas, todas las condiciones sociales reunidas, las más bajas para servir a las más altas, Sakura rodeada de todas ellas como un sol en medio de su galaxia. Intentaba aprender a sobrellevar los halagos falsos y las palabras con doble intención. Las únicas personas que no le parecían así eran las mujeres que trabajaban en el palacio, la miraban con una molesta reverencia pero también con calidez, ¡y muchas tenían su edad o menos!
Solo algunas de la Corte se habían negado rotundamente a obedecer a ese nuevo orden social, entre ellas Tenten y sus amigas más cercanas.
Ya conocemos a Matsuri, quien a diferencia de Temari era más abierta a los demás y soñaba con las alturas, le gustaba mezclarse con las otras y sentir que en esa habitación ella no estaba trabajando sino cotilleando y siendo parte de la alta sociedad. Nunca había visto a la reina en esos pasatiempos, ella siempre estaba en los aposentos con el rey. La joven servidumbre tenía como pasatiempo nuevo el especular sobre la vida matrimonial de los reyes, les parecía romántica la situación de ambos, aunque al intentar comprobar en la realidad ese ferviente amor se encontraban confusos ante la nada. Muchas intentaban pensar que de todas formas el Uchiha siempre había sido reservado y por eso en la vida pública no podían ver nada, pero otras unían piezas para convencer a las demás de que entre ellos no había más que un pacto, pero eran tomadas como aguafiestas. La aparición de la reina en esas reuniones era una pieza del rompecabezas que no sabían cómo ubicar aún.
Para Matsuri, ser Sakura era un sueño. Incluso ser su amiga lo era, algo tan inalcanzable. Ella podía ser lo que era pero también era diferente a la alta sociedad del reino pues nunca fue despectiva con ella. Habían tenido poco contacto —incluso esos tiempos en donde ella y Temari la miraban con reserva, distancia y desconfianza parecían tan lejanos, como de otra vida— pero recordaba que siempre intentaba ser cordial.
Por supuesto que todos esos adornos sobre Sakura eran un espejismo, ella estaba lejos de ser todo lo que el mundo esperaba que fuera. Ciertamente era injusta la primera impresión que se tuvo de ella, la de un monstruo, pero la actual tampoco la liberaba sino que la aprisionaba. Ese, sin embargo, era el mundo de las apariencia y no se puede pretender que en un mundo ordenado de esa manera las personas quieran verte como realmente eres, ni siquiera es seguro que exista un yo o un tú verdadero. Solo queda acoplarse al juego en ese extraño baile de máscaras.
O cambiar al mundo.
—Alteza —comenzó Matsuri acercándose con un presente envuelto de manera elegante— esto es para usted.
Sí, también recibía regalos anónimos. Lo que no sabían es que todo lo que llegaba al palacio pasaba primero por un departamento creado por la División de Inteligencia en conjunto con la de Seguridad Imperial.
—Gracias —Se lo rapó de las manos una de las más jóvenes de la Corte impidiendo que se lo diera a la reina directamente en las manos.
—¿Qué es?
—¿De quién será?
—¡Qué lindo envoltorio!
—¿Tiene una nota?
Ellas le hablaban como si se conocieran desde la infancia, como si no la hubiesen mirado mal nunca. Y los regalos, ni siquiera sabía qué hacer con ellos.
Matsuri miraba desde un afuera figurativo, la emoción que ellas experimentaron por el regalo misterioso también la sentía ella, si tan solo pudiera unirse...
—Quizá sea del rey.
Ups, lo había dicho en voz alta y ahora todas la miraban inquisidoramente. Esa sí era una posibilidad pero ellas sabían de qué lado del tablero jugaban todavía, todas ellas habían aspirado a casarse con el Uchiha y por supuesto que ese comentario no fue bien recibido.
Todo esto es sabido de sobra pero lo interesante —y he aquí el por qué este, a mi parecer, fue el primer aleteo decisivo— es que las ideas no nacen en su mayoría de una manera estridente y evidente, solo basta con una palabra o gesto sembrado en la mente para que la furia vital de una idea se desate.
"Quizá sea del rey" era una frase escueta y corta que abría nuevos caminos en el laberinto de sus pensamientos. Su razón le decía lo evidente, que era una conjetura de una chica que no sabía nada de la realidad entre ellos dos, pero su lado más imaginativo no pudo evitar poco a poco ceder ante las dudas, los "y si", las conjeturas. Sembrada la idea primigenia en ella, ahora podemos pasar al segundo aleteo.
SEGUNDO
Como todo lo relacionado al Uchiha y sus experiencias en el plano social, sin duda hubo algo de patetismo en este acontecimiento.
Lugar: su "cama imperial".
Momento: una de esas congeladas madrugadas.
Dormía profundamente como raramente lo hacía, se sentía a gusto en su suave cama, tan lejos de ese aire que acuchillaba la piel con la baja temperatura, el lugar tan oscuro y confortable para el descanso de los ojos. Dormir sin duda alguna es un placer pero a él no le gustaba.
¿Entonces por qué se le hacía tan difícil abrir los párpados y levantarse esa madrugada? Pues resulta que cada semana tenía una noche como esa en donde el cansancio de la semana se le venía encima y no podía evitarlo. Ese era su día de la semana.
Y a lo mejor por eso su descanso se había vuelto tan profundo que su cuerpo había buscado libremente la posición más cómoda.
Y la había encontrado.
La había encontrado en el otro cuerpo de la cama que le sirvió muy bien de almohada, sin duda. Era pequeño y se acoplaba al suyo con facilidad, irradiaba calor natural. El cuerpo pequeño también dormía plácidamente como de costumbre bajo el peso relajante del otro.
Por suerte para él.
Cuando notó lo que pasaba la incomodidad y vergüenza le golpearon furiosamente, quiso apartarla de sí tan rápido que si lo hubiese hecho la hubiese tirado de la cama. Afortunadamente se detuvo antes de hacerlo y se movió lenta y cuidadosamente para que no se diera cuenta. Era una tontería para cualquiera pero no para él, tenía la adorable costumbre de tomarse a pecho cuestiones tan mundanas. Lo peor era que se traicionaba a sí mismo, su cuerpo le reprochó el no seguir ahí tirado abrazado a ella.
Es lo que pasa cuando un rey con serios problemas sociales descubre la cucharita.
Sakura había dicho una pequeña mentira, quería estar sola para poder estudiar todo el día y no se le ocurrió algo mejor que decir que estaba enferma, las damas de la Corte cancelaron su venida —ahora matutina— con eso.
Tendría todo el día para internase a gusto en la sección científica, todo lo que encontraba allí le recordaba de cierta manera a su dulce mamá, ¿fue su mamá una científica? Probablemente sin saberlo. Hubo tantas cosas que nunca alcanzó a decirle, si tan solo no hubiese muerto tan pronto.
Caminando entre los estantes de camino a dicha sección se encontró frente a la de historia y se detuvo en seco. Pensándolo bien, esa era la oportunidad perfecta para conocer más sobre su reino y la relación de este con los demás.
Allí pasó efectivamente todo el día. Matsuri se había vuelto la encargada de atenderla en todo lo que necesitara, esto se dio naturalmente porque a Sakura le simpatizaba, además se sentía culpable luego de que las de la Corte la hubiesen tratado con tan malos modales esa vez que ella mencionó el comentario del rey y su supuesto regalo, no supo cómo defenderla o tranquilizar el ambiente y Matsuri solo había retrocedido en silencio y se mantuvo distante desde entonces. Sakura pidió que ella estuviera cerca por si en algún momento quería algo, quizá así se daría ánimos de hablarle y decirle que lo sentía. Es por eso que la castaña fue quien le llevó confidentemente el banquete personal hasta la biblioteca, necesitando por supuesto de Temari. También le llevó la comida al hombre sombrío.
Descubrió a través de las envolventes narraciones que el Hielo llevaba once siglos consolidado con ese nombre, que su esplendor había comenzado en la mitad de dicho periodo y que de la dinastía Uchiha se tenían noticias desde esos periodos primigenios. Era apasionante ver el fervor con que se narraban las proezas de las castas grustvas. La Grustveria, ciudad de la que sabía poco hasta ese día, fue la primera capital, antes de Indragrado. Se preguntó qué aspecto tendría en la actualidad, si seguiría teniendo ese esplendor. Supo que el pleito entre el Hielo y el Sonido había comenzado debido a la enemistad que se dio entre el rey del otro reino e Indra Uchiha. A propósito del último, supo también que él solía vivir en el palacio de la Grustveria con su Corte, que su relación con el otro rey era buena hasta que hubo una mujer de por medio que ambos se disputaron. Esta mujer había tenido un desenlace trágico del cual habían muchas versiones. Hubo traiciones dentro de la Corte y pleitos que hicieron que Indra Uchiha decidiera masacrar a todos los miembros y establecerse en un pueblo pequeño que nombró Indragrado. Su excelente administración hizo de esa provincia la capital más bella que se había visto, y había sido tan exitoso su gobierno que los frutos se veían hasta ese día.
Prácticamente todos los índices que consultó mostraban una cronología que priorizaban las hazañas de Indra, varios de los prólogos estaban de acuerdo que el Hielo era la nación que era gracias a él. Llevaban quinientos años de reinado exitoso y modesto hasta ese momento, orgullosos del duro y lento trabajo que habían logrado hasta entonces, pero eran como cualquier otro reino. Indra era exaltado por poner su ambición al servicio de lo que en ese momento se comenzó a llamar Imperio: no era suficiente con solo estar estables, él soñó toda su vida con extender sus fronteras hasta el río del sur que lo conectaba con el mar, aquello incrementaría las posibilidades económicas. Después de él, cada rey se dedicó a avanzar en esa dura tarea. Pasar de ser una nación a un imperio implicaba repartir por el mundo su casta purísima y heroica, se hizo costumbre que incluso las familias de clase baja llevaran un registro cuidadoso del árbol genealógico, cuanto más antiguas eran las ramas más consolidada quedaba la casta grustva que querían demostrar. Los nobles y la Corte renacieron esta vez bajo este ideal grustvo, bajo lo que los historiadores llegaron a nombrar como pangruvismo. A Sakura le parecía curiosa esta palabra, entendió que designaba el proyecto de la gran Grustveria. Al final, a ella le pareció que el Hielo era como un padre bondadoso lleno de bienes que quería repartir por el mundo.
Múltiples eran las villanías narradas sobre el Sonido (cuya nueva capital era Roove). Orochimaru era el rey actual, y hubiese sabido algo de él de no ser porque el hombre sombrío carraspeó, robándose su atención.
—Ya anocheció y una dama no debe estar a esta hora merodeando.
Ya era bastante oscuro en verdad. Iría a cenar y luego a dormir, y ya vería qué le traería el siguiente día.
Esta vez Sasuke estaba en la habitación, extrañamente. Él había desaparecido, incluso había cancelado "provisionalmente" las sesiones. Sakura lo lamentaba, en esas horas con él ella era libre de leer sin tener que idear una excusa para zafarse de las chicas. Quiso pensar que aquello era debido a que ahora él estaba muy ocupado con trabajo acumulado.
Pero nosotros sabemos qué pasó y por qué el Uchiha había dado un paso atrás. No estaba preparado para verla y acordarse de esa vergonzosa madrugada. Incluso imaginar que ella se hubiese dado cuenta lo mataba.
Sakura lo saludó sintiendo una inseguridad diferente de las otras veces a lo que él le contestó sin más. Estaba ahí para explicarle que las cosas cambiarían a partir de la próxima semana y tendrían que prepararse.
—¿Un viaje?
—Sí, Suigetsu ya lo había mencionado antes. Será bastante largo.
Sakura lamentaba no poder preguntar más, era lo que una esposa hacía: él ya le había dicho qué harían y cuándo, y no estaba en ella el saber más o recibir explicaciones. Aún así conservaba ciertas fisuras por donde meterse...
—¿Y podemos llevar libros...? Es decir, me gustaría continuar aprendiendo...
—No tendré tiempo para eso.
Y aunque ella lo imaginó se desilusionó un poco sin saber bien por qué. La idea plantada sin querer por Matsuri era una gota que caía sobre una roca trazando un camino que se haría profundo.
—Creo que puedo leer por mi cuenta, no será una molestia y lo haré cuando sea adecuado.
Era una sorpresa para él. No podía decirse que ella lo contradijera, lo había sugerido, ¿pero acaso estaba negociando? Ahora podía ver que desde abajo, muy en el fondo era insistente. Ella le hablaba con respeto pero reprimiendo una protesta, si no existiera ese abismo entre ellos y él fuera alguien ordinario probablemente sería insolente.
Pero el abismo estaba ahí, la distancia que producía su posición y manera de ser. Pero esta vez parecía haber algo más, ella estaba diferente, como si su reserva tuviera un ingrediente más.
—Bien.
El momento de partir se aproximaba, también los miembros de la Alta Corte irían. Sakura fue descubriendo a través de esas reuniones indeseadas con las chicas que habían jerarquías entre ellos, su memoria le jugó en contra tras comprobar que había memorizado los nombres de muchos y los pleitos que tenían entre sí, cosa que no era sencilla, pues a veces esos problemas melodramáticos y ociosos eran tan enredados, tenían tantas versiones y habían tantos en el juego que todo se torcía. Si Sakura hubiese sido una mujer chismosa de seguro sería la más feliz y privilegiada, a ella llegaban todos los chismorreos y constantemente le preguntaban de qué lado estaba. Ella salía del paso con un "no lo sé, lo estoy pensando".
En algunos banquetes había notado que, aunque ella era el centro de ese grupo, había una fracción de señoritas que eran abiertamente venenosas con ella. Aquello ha de entenderse como se entiende un drama común como el que el lector seguramente habrá visto en novelas y películas de preparatoria: guerras de popularidad, grupos cerrados que se sientan en mesas y buscan un tipo de jerarquía con una realeza social, solo que en este caso la realeza no era simbólica sino real.
Eran contextos diferentes, pero los hijos de la clase aristocrática rondaba por una edad en donde es comprensible que todas esas peleas y condiciones se dieran, y al crecer no era muy diferente puesto que eran personas que lo tenían todo y no encontraban un momento crítico en la vida que los hiciese madurar.
Se había llegado a un acuerdo: como la idea era proyectar una imagen de rejuvenecimiento y actualidad en el poder real, los jóvenes de la Alta Corte irían, aunque claro, algunos mandos importantes de más edad también eran necesarios. Los padres lo vieron como una oportunidad de que sus vástagos entraran en contacto con ese mundo que les pertenecía para que en la práctica supieran cómo se ejercía el poder y las responsabilidades que eso traía consigo.
Esto había emocionado a todo el mundo, el palacio se había llenado repentinamente de decenas de sastres y telas carísimas que se desenrollaban de un pasillo a otro. Si antes había sido imposible tomar un segundo de Sakura para decirle hola, ahora lo era mucho más. Era la persona más solicitada.
Entre los grupos que ahora pasaban el día con ella había hombres también. El castillo de los reyes era el equivalente de un parque de diversiones para nosotros. Sasuke estaba enterado, le molestaba pero sabía más que nadie que la Corte era un perro rabioso que era mejor tener de su lado, después de todo, esas eran las personas que ocuparían sus cargos de mayor confianza a medida que crecieran.
En las noches llegaba más tarde e intentaba dormir superficialmente, y por si las moscas, ponía una disimulada muralla de almohadas entre él y su esposa para que no volviera a ocurrir lo de la vez anterior.
Pensó que probablemente Homura lo regañaría si supiera que las cosas estaban de esa manera, no había sido la idea. De todas formas sospechaba que la reina comenzaba a mostrar interés por él, lo sospechaba por la vez en la que habló con ella por la noche. Era una mala actriz sin duda, hasta para él era evidente que ella gustaba de él de alguna manera, aunque fuera un poco. Era bueno considerando que había sido realmente muy rudo con ella desde el principio, ahora solo intentaba disimular sus reservas. ¿Qué haría otro hombre, le pediría perdón por los inconvenientes del inicio? Probablemente, pero él era quien era.
Sakura ya no encontraba cómo negarse a sí misma esa atracción tampoco. Sí, fuera de que lucía de esa manera ahora era ligeramente diferente, incluso le había regalado horas enteras a solas para enseñarle, cosa que era completamente impensable para la gran mayoría de parejas en el mundo. Por el momento tenía dos asuntos pendientes: ¿él también se sentía así? ¿Qué cosas buenas podría descubrir de él? Porque seguía siendo un desconocido.
El viaje, aunque sería ajetreado, era la oportunidad perfecta para descubrir todo eso.
Se había dispuesto una caravana con todas las pertenencias necesarias para el viaje, una guardia robusta, carrozas y caballos. También iban músicos y acróbatas para animar los recorridos. El carácter de la alta sociedad grustva era complicado, había una especie de miedo al vacío que se dejaba ver en la insistencia que tenían de llenar esos huecos con lo que fuera, con cualquier cosa que les produjera placer y olvido. Cualquier cosa, ya fuera espacial o temporal, se llenaba de adornos.
La sencillez de la imagen de Sakura también había sido rellenada por esa ansiedad. Las muchachas le habían cambiado por completo el atuendo, que ahora tenía otro tipo de majestuosidad: ya no la limpia y solemne, sino la recargada y dramática. El blanco de sus perlas ahora eran oro y esmeraldas, los colores pálidos de sus ropas que combinaban con sus otros tonos pastel ahora se teñían de vivos colores. Su cabello era adornado con toda clase de joyas y sedas, así como también su cuello y finos dedos.
Naruto hacía bastantes días que deseaba acercarse a saludar, pero era prácticamente imposible, las chicas se lo impedían.
Tenten observaba irritada desde su carroza a la reina subiendo a la suya. Detestó ver al Uchiha tomando su mano enguantada y ayudándola a subir, ella sin dudas no era indiferente de nada de eso. Vio cómo se sonrojaba gustosa. Lo disfrutaba, disfrutaba de ser una versión endiosada de lo que ella hacía poco había sido. Tenten tenía la percepción de una Sakura que se mostraba sencilla, pero que en el fondo no lo era. Día a día se daba la razón al verla cada vez más ataviada, más rodeada, más iluminada.
Pero se mantendría al margen, todo eso iba a tener consecuencias para ella y estaría gustosa de verla caer.
Tenten era más o menos visionaria porque no estaba tan equivocada.
Llegaron a la primera ciudad tres días después. En el camino se habían cruzado con pequeñas aldeas que los recibían con antorchas, incluso en las noches habían iluminado los senderos deshabitados como un gesto de amor. Cuando pasaban por lugares poco poblados como esos, el rey y la reina eran subidos a corceles enormes para que pudieran verlos en la plaza principal de esas villas. Era tan agotador que al final, al llegar a una ciudad todos agradecían tener por fin una cama decente.
Resultó que la falta de tiempo se daba cuando llegaban a áreas pobladas, pero el recorrido por los senderos que conectaban un lugar con otro eran tiempos muertos. Sakura se alegró de eso al darse cuenta, eran horas en donde podía leer. Como el viaje sería largo algunos trabajadores habían preparado una carroza solo para libros, Sakura pensó que eran demasiados cuando los vio y temió que se dañaran, pero los jóvenes trabajadores eran cuidadosos y hábiles y prometieron que no habría inconveniente alguno.
Sakura mandó a traer uno desde una ventana de la carroza. Lo recibió con una pequeña sonrisa y lo abrió, era uno de la sección científica. Sasuke la miró en silencio, celoso de no poder distraerse como ella en ese momento, pero ella mantenía la mitad de su atención en el contenido de su libro y la otra mitad en todo lo que él hacía o dejaba de hacer.
¿Cómo iba a proponérselo?
—¿Quieres...? —le dijo elevando el objeto en sus manos.
—¿Cuál es? —Como quien no quiere la cosa.
—"Tratado sobre las hierbas del norte".
Sasuke enarcó una ceja. ¿Hierbas del norte? Eso era de la sección que le había dicho que no mirara. Sí que era insolente. Y encima se lo ofrecía como si le diera comida a un hambriento. ¿Por qué leería un libro sobre hierbas para matar el aburrimiento? Estaba loca. Además era un conocimiento por completo inútil y ocioso, ¿a él —e incluso a ella— qué iba a importarle aquello?
—Está bien.
Sakura se acercó y se sentó a su lado. El corazón de Sasuke se aceleró y sus nervios se dispararon. Creyó que solo lo tomaría y así ella pediría otro. Estar así le recordó a esa maldita madrugada que lo perturbaba. Su estúpido plan de ser accesible para que ella se envalentonara estaba dando resultados, lentos pero resultados al fin, y él comprobó por qué había querido retrasar tanto ese condenado momento en que ella comenzara a acercarse a él. No estaba preparado para eso, nadie lo había preparado, jamás.
Sí, ahora cada vez que su plan avanzaba se encontraba con nuevas reservas que no sabía cómo superar. Por primera vez en la vida estaba recurriendo exclusivamente a la improvisación, a lo que la intuición le dictaba en el momento. No tenía nada preparado y eso siempre lo tomaba por sorpresa. Entró en pánico nada más de pensar cómo iba a lidiar con el momento en que ella se abalanzara sobre él para besarlo.
—¿Estás bien?
Ahora lo miraba fijamente con menos dificultad. Ahora le hablaba de tú. Eso que él temía se acercaba ahora corriendo en su imaginación.
—Sí —Tomó el libro con sus manos como un intento de llevar la pauta en una situación mental en donde estaba perdiendo el control por completo.
Y así pasaron varias horas, leían en silencio. Sakura siempre le decía "ya puedes pasarla" cuando él iba en la mitad de la segunda página, y no es que fuera lento al leer, es que tenía dos inconvenientes: 1. no conocía el tema y le era sumamente aburrido, más aún cuando se perdía por falta de referentes y 2. su cercanía le daba ansiedad y le hacía perder la concentración. Sin planearlo su cuerpo estaba alerta a cualquier cosa que ella hiciera como cuando un animal está en peligro. Quería respirar hondo para relajarse pero eso lo delataría, incluso sería vergonzoso que sonara como un suspiro. Hacía un frío infernal pero el sentía que en cualquier momento comenzaría a sudar como un caballo.
Lo gracioso era que Sakura solo se daba cuenta de que él era una estatua. Ella intentaba examinar también cada uno de sus gestos en secreto, ver si estar cerca le producía algo, pero nada. A veces se recordaba a sí misma que estaban leyendo así que intentaba concentrarse tanto como podía para poder pasar de página sin irritarlo por tardar demasiado.
El cochero interrumpió luego de dos horas anunciando que se aproximaban a la ciudad que los esperaba. Sakura hizo un pequeño mohín mientras que Sasuke expulsó todo el aire de los pulmones que llevaba reteniendo desde hacía un rato.
Sí, había sonado como un suspiro y eso fue suficiente para ella.
Sakura 1, Sasuke 0.
