Disclaimer aplicado
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Sin pecado concebido
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Capítulo 7
Insoportable
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En aquel momento, ni siquiera se tomó la molestia de convencerla de quedarse en la aldea.
Sus mejillas estaban arreboladas con la furia de su determinación obstinada y su ceño tan fruncido qué no dudaba pudiera partir un kunai solo con la fuerza de su entrecejo. Y pese a que las intenciones de ella estaban lejos de disuadirlo de buenas maneras, despertó en él un cumulo de excitación que viajó de su estómago hasta el pulpejo de sus dedos. Verla en aquel estado de furia, con sus ojos brillantes y la piel perlada con una capa de sudor que se perdía en el borde de la tela de su ropa lo sobrepasó.
Con el pasar de los años logró entender que existían batallas que no podía ganar, esa la tenía perdida sin haber empezado. Así que hizo acopio del poco autocontrol que su confusión le permitía tener y calló.
No fue necesario decir nada más para empezar su rumbo, juntos.
Desde entonces habían pasado alrededor de dos meses, tiempo suficiente para que se diera cuenta que pelearía otra vez con Kayuya Otsutsuki si eso lo ayudaba a digerir mejor todo lo que ella causaba.
A los tres días de iniciado su camino llegaron a un pequeño pueblo prospero en las montañas, como querían expandir su vegetación para comercio les pidieron que capturaran a un enorme oso que vivía no demasiado lejos de sus cultivos a cambio de un pago más que generoso. Y aunque ellos estaban perfectamente capacitados para encontrar solos al animal, un joven rubio de ojos azules—como lo fuese Naruto—se ofreció encarecidamente a acompañarlos.
En condiciones normales, simplemente lo hubiese ignorado. Incluso le hubiese hecho gracia que fuese casi tan efusivo como el imbécil de su amigo, pero que el joven profesara una devoción infantil y poco disimulada hacia Sakura lo llenó de ira.
Poco podía hacer, la personalidad amable de ella no le permitía percatarse de los constantes coqueteos del muchacho y la temeridad—estupidez—de este le impedían sentir el peligro inminente que se cernía sobre él. Por su lado, comprobó con bastante asertividad que su personalidad taciturna no le confería necesariamente de paciencia suficiente como para que sus ojos no expresaran sus instintos asesinos.
Cuando el idiota perdido levantó la mano para acariciar el cabello de una distraída pelirosa, su mirada se tornó roja tan rápido como blanca la piel del aldeano.
Sakura ni siquiera se había dado cuenta de lo que pasó y él tampoco se animó a contarle.
Sentir celos era algo indigno de un Uchiha.
Y Dios sabe que esa fue la primera de muchas de las veces que los hombres de los sitios que visitaban ponían a prueba su paciencia. Y quizás ese muchacho fue uno de los que menos quiso matar.
Aunque, para ser justos, su acompañante había confesado en varias ocasiones pasar por circunstancias parecidas. No era poco frecuente que algunas mujeres de todo físico, tamaño y edad se acercaran a él para ofrecerle sus favores o hacerlo objetivo de sus poco deseadas atenciones. Sakura, contrario a él, no se limitaba de ningún modo al hacerles saber que bajo ninguna circunstancia iba a dejar que alguna lo tocara, y si a eso se le sumaba lo tosco y poco accesible de su personalidad, era más sencillo que ellas se aburrieran y encontrasen otras actividades con las cuales distraerse a que un jovenzuelo desistiera de cortejar a su novia.
Eso no evitaba por supuesto que ella se tornara hostil el resto del día, hasta que explotaban y terminaban reconciliándose con un beso.
Entendía por ratos que ella era tan culpable como él de las atenciones de terceros, y eso lo ayudaba sobrellevar las cosas con un poco más de mansedumbre. Ciertamente, él era el primero en reconocer los atributos físicos y personales que hacían de ella una mujer atractiva.
Y en ese principio yacía el siguiente problema de su viaje.
Sakura era una mujer completamente independiente, si tenía hambre, ella misma se confería la tarea de buscar algún animal y cazarlo, o cuando se sentía exigente, pagaba los gastos del restaurante de paso. Adicionalmente, ella agregaba a sus actividades rudimentarias como atrapar criminales o resolver problemas sencillos a cambio de dinero, el recolectar hierbas para preparados curativos y los vendía—o regalaba, según fuera el caso—conforme iban viajando. Era normal entonces verla inclinada con las piernas rectas examinando alguna planta en los bosques.
Él de verdad intentaba atender a las explicaciones sobre sus propiedades, pero la mayoría de su atención se iba a examinar con increíble detallismo como las curvas naturales de esa mujer se acentuaban con la posición.
Lo que había iniciado como un reconocimiento inocente de sus llameantes ojos verdes y sus finos rasgos femeninos, había pasado a ser el anhelo del roce de su respingona nariz en el cuello cuando sus caricias se volvían especialmente íntimas y emular constantemente la electricidad que lo recorría cuando el borde de sus dientes lo rosaba para un amoroso mordisco. Si a eso le agregaba esa imagen recurrente, no podía evitar preguntarse el qué pasaría si…
Pero no, ni pensarlo. Por más que sus ojos bailaran sobre sus curvas no le daban derecho alguno a tocarla, y si bien era cierto que se había resignado con disimulada felicidad a que eventualmente eso pasaría entre ellos, seguía firme en su posición de respetarla hasta que las cosas estuvieran bien.
Matrimonio.
Casa.
Estabilidad.
Ojala ella le hiciera las cosas más sencillas.
Y no es que él realmente esperase que Sakura Haruno fuera completamente inocente de ciertos contactos, pero tampoco la creía tan ingenua como para ignorar las consecuencias de cada uno de sus actos. El resultado final era casi siempre él ocultando la dureza que se tornaba en su entrepierna mientras se excusaba para ir al riachuelo más cercano a enfriar su apetito sexual.
Eso en el hipotético caso de que lo dejara escabullirse.
Recordaba con especial recelo una noche hacía quizás una semana, donde el cielo se tornó especialmente oscuro y la temperatura descendió peligrosamente. El camino se había hecho largo y se detuvieron en una cueva cerca de la vía principal a pasar la noche. Y aunque no fuese la primera vez que dormían a la intemperie, en esa oportunidad su propia piel se erizaba ante el frío mientras Sakura temblaba. Supo que debía hacer algo cuando sus rosados labios empezaron a amoratarse.
Encender una fogata los calmó un poco, pero leía en la mueca de ella que seguía incómoda. Lo que pasó después fue su culpa, porque en busca del confort suscitó la situación más erótica y desesperante de su vida hasta esos momentos.
Le pidió que durmieran juntos.
No mal entiendan, al viajar juntos ellos descansaban cerca uno del otro, pero acurrucarse o abrazarse al dormir eran cosas de parejas casadas. Entonces siempre cuidó mantener la distancia en un punto donde ella no lo sintiese lejano, pero que se respetasen las normas de la decencia. Esas normas que lanzaron al traste esa noche.
Se recostaron uno junto al otro de frente, e incapaz de retener una verborrea nerviosa, ella empezó a contarle anécdotas de las noches donde como chunin había acampado con varios de sus amigos. Sus labios aún se encontraban oscuros y él no podía dejar de pensar en ellos. Por naturaleza, Sakura era una persona cálida, y él no permitiría que nada, ni siquiera el clima, le arrebatara esa cualidad.
Aplicó entonces una de las enseñanzas básicas de sobrevivencia: la fricción genera calor.
Interrumpió el discurso con un beso rústico que pronto se volvió húmedo, y sin poder evitarlo, fue él quien pidió permiso rozando sus fríos labios con la lengua para entrar y explorar la cavidad de su boca. Poco a poco su cometido se fue cumpliendo, aumentando la temperatura entre ambos hasta un punto donde lo que menos importaba era el ambiente que los rodeaba.
En la pared rocosa se traslucían sus sombras copiando los movimientos del llameante fuego y de sus propios cuerpos que, incapaces de mantenerse quietos, habían respondido a la cercanía mutua juntándose más y buscando encajar. Supo que debían detenerse cuando el pecho de Sakura se pegó con el suyo, haciéndolo sentir a través de la ropa como sus pezones se contraían. Sin embargo, y sin poder explicárselo bien, comenzó a actuar de una manera primitiva que anteriormente desconocía en él.
Así como le era natural responder ante una patada en una batalla, fue completamente instintivo acomodarse a ella cuando se subió a horcajadas sobre su cuerpo sin romper el contacto de sus bocas. Su mano traviesa comenzó a acariciar su región lumbar justo en la curvatura antes de su trasero, ahogando con su boca un suspiro de la kunoichi cuando comenzó a dibujar círculos paralelos a su columna. Ella apretó los puños en su camisa y luego se amarró a su cuello, jalando periódicamente pequeños mechones de su cabello al compás de las caricias en su espalda baja.
Su cuerpo reaccionó irremediablemente, teniendo una erección que apretó contra la tela de su pantalón.
Lejos de amilanarse, Sakura respondió de la misma manera arcaica que él, dejando que el impulso la guiase. Comenzó a frotar el pubis contra aquello tan duro, generando una sensación de placer que los embotó a los dos en un punto de no retorno. A cambio, el bajó la mano para acariciar tiernamente la redondez de su trasero y luego recorrer sus caderas en una suave caricia hasta detenerse en su cintura.
Pese a que sus besos iban subiendo de tono conforme avanzaba la relación, jamás habían tenido un contacto tan descaradamente íntimo como en ese momento, y aunque no encontraba la fuerza de voluntad para parar, un martilleo en su cabeza la gritaba que debía detenerse antes de que fuera muy tarde. Como si su cuerpo y su mente fueran dos unidades independientes entre sí, su mano no acataba la orden y seguía descubriendo zonas de piel caliente y desnuda, deslizándose bajo de la camisa de la mujer de ojos jade hasta llegar a sus senos.
Acarició la confluencia de los mismos y se decantó por el derecho, que llenaba la palma de su mano y mientras la areola se endurecía ante el contacto. Repitió el mismo acto que en su espalda, dibujando círculos alrededor de su pezón.
Entonces se percató luego de un fuerte gemido de su parte que ella estaba deslizando su mano cada vez más abajo, hasta encontrarse peligrosamente cercana al borde de su pantalón.
Se hizo consciente de la situación, repasando mentalmente cada uno de los sitios donde sus cuerpos hacían contacto. Fue algo brusco en el proceso, pero se las arregló para colocarla debajo de él cubriéndola con su cuerpo inclinado, deteniendo su mano suave pero firmemente. La miró mientras intentaba calmar su respiración, sus labios hinchados, su sonrojo salvaje y sus ojos dilatados.
Con la culpa sobre sus hombros, se recriminó el haber estado a punto de hacerle el amor a Sakura por primera vez en medio de una cueva, más aun, se sintió una basura al darse cuenta que él y solo él habían guiado a que aquello pasara.
Peor aún, la conocía lo suficientemente bien como para saber que sería difícil explicar los motivos por los que la había detenido. Ella era tan generosa que no le hubiese importado entregarse a él de ese modo y en ese lugar, creyendo en el proceso en sandeces románticas para justificar el acto cavernícola de no reprimir sus impulsos, ofreciéndole su virginal cuerpo en un lugar tan paupérrimo como aquel. Y él la amaba demasiado como para permitirle hacerse eso a sí misma.
La respetaría, aun si eso iba en contra de la voluntad de ella misma.
Aunque eso fuese en contra de sus propias necesidades.
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No podrás quitarle las manos de encima Teme, te lo juro. Cuando estás enamorado, se hace insoportable la idea de no tocarla hasta hacerla parte de ti. Y eso no tiene nada de malo.
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Lamento mucho el tiempo que me tarde en actualizar. Pero aunque voy poco a poco, no me olvido de esta historia.
Sé que lo que aquí leyeron suena anticuado, tan de los años de la prehistoria. Pero es que no solo así es la cultura tradicional japonesa, es que era aún peor en el Japón de los años mil que te cuento. El simple hecho de haberse manoseado de esa manera ya era una completa deshonra para la mujer. Y aunque había hombres muy crueles, quiero creer que algunos eran tan honorables como lo es Sasuke.
En el proceso, esto genera un conflicto interno dentro de él. Es como su gran autocontrol luchando contra años de sexualidad reprimida, lo otro que me gusta creer es que la crianza de la familia Uchiha le dio la suficiente base para saber llevarse como un respetable hombre de la época. Adicionalmente, estamos hablando de un ser humano cuya educación sexual se reduce a un hombre que ve pornografía escrita y un travestido con problemas para aceptar su senectud. Prácticamente, Sasuke adolece lo que los demás a los 14 a los 19 años.
No pienso prolongar demasiado tiempo esto, pero tampoco pienso convertir la historia en un relato erótico. Sino que me encanta imaginar el proceso de la pareja juntos.
Saludos, la Dra. Will
