El sonido de las campanas siempre era digno de escucharse, en esta ocasión anunciaban la llegada de la caravana real a esa mediana ciudad llamada Rovnagrado, o solo Rovna. Era una ciudad conocida por sus excelentes telas y perfumes, además de que su comida típica había influenciado durante siglos las cocinas de todo el Hielo. Las campanas siempre eran un telón de fondo sonoro, uno que se podía apreciar en momentos como ese.
Eran atrayentes incluso para personas que dan la impresión de ser algo duras como Tenten, quien solía amarlas abiertamente de pequeña. Todo el viaje se le había hecho aburrido, lo cual era irónico puesto que ella, al igual que el resto de nobles, había emprendido ese recorrido en busca de diversión.
No podía disfrutar de los lujos de su carroza o de la compañía de las demás, no con todo lo que la preocupaba. Tres carrozas más adelante estaba la pareja real.
—Deja de mirar hacia allá —dijo Tayuya ofreciéndole una copita de liker.
—Me gusta el paisaje —Fuera de contexto sería fácil de creer, Rovna resplandecía con luz naranja a pesar de la noche.
—¿Quién te crees que soy? Confieso que era divertido las primeras semanas pero ya estoy cansada de que solo seamos nosotras.
—¿Y a ti quién te dijo que yo te necesito aquí? —contestó mordaz sin mirarla.
Tayuya resopló. Su mejor amiga era tan difícil incluso para ella.
—Si no estuviera aquí no dejarías de reprochármelo.
—¡Si quieres estar con las otras solo bájate, maldita sea!
—¿... eso es lo que quieres?
Maldición, Tayuya era un caso entero. Sus peleas con ella siempre eran tragicómicas, siempre con graciosas contradicciones.
—Ya, solo olvídalo, cielos. Todo comenzó porque estaba mirando la ventana, no es nada, fuera todo se ve muy bonito, deja de tratarme como una obsesionada.
—¡Pero eres una obsesionada!
—¿Qué has dicho...? Te quiero fuera de aquí.
—Tenten, mira a tu maldito alrededor. ¿Quién más está aquí aparte de mí? —Ella solo rodó los ojos, se quitó los guantes que protegían sus dedos con impaciencia y comenzó a jugar con la copita—. Escucha... Creo que ya es suficiente. Yo nunca he tenido por qué aguantar todas las veces en las que eres fría y cruel conmigo.
—¡¿Fría y cruel?! ¡Por favor, no seas ridícula! Si tanto te quejas, ¿por qué no haces lo que te digo y te vas? Nadie te está obligando.
—¡Porque te quiero!
—¡Ja!
Tenten estuvo a punto de soltar una risa irónica cuando volteó a mirarla, pero reparó en los ojos llorosos y oscuros de la otra.
—Siempre ha sido así, tú armando escándalos imaginarios y yo apoyándolos solo porque odiaría que te sientas como tú me haces sentir... ¿o es que alguna vez lo que yo siento ha importado? ¡No! —Tenten estaba más que atónita del giro que había tomado esa conversación. Siempre que peleaban era a muerte pero ella no lo tomaba en serio. Melodramático, cómico, así eran las cosas entre las dos, al menos según Tenten—. ¿Sabes qué dicen en la Corte? Que soy más hueca que una pared de plebeyo, sí, y yo lo he ignorado pero ya no puedo dejar que sigas lastimándome mientras tú crees que no lo haces. Te lo he dicho en el pasado pero solo te has reído, ¡y yo te dejé! —A este punto ya respiraba profusamente, ya no podía controlar el tono alto y chillón de su voz—, ¿y todo para qué? Para que puedas seguir inventando el siguiente escándalo del siglo.
—Yo no estoy inventando nada, tú no lo entiendes...
—Sí lo estás haciendo. Yo sé que la lochka se quedó con tu casi prometido, ¿y qué? ¡Ya es suficiente! Sí estás obsesionada, la tratas con desprecio como si ella te hubiese hecho algo a ti.
—Ah, ¡ya veo! Claro, porque tú nunca has sido despectiva también, ¿no, Tayuya? Como eres una santa y nunca te has burlado de ella conmigo...
—Lo sé, yo... No te estoy diciendo que ella me agrade en realidad, lo que digo es que me he convertido en alguien que no soy por ti y que deberías seguir con tu vida, pensar en otra cosa, acercarte con las otras y beneficiarte como ellas, quizá la reina no sea tan...
Tenten entrecerró los ojos y cualquier pizca de culpa se esfumó. ¿Así que sí era eso lo que quería?
—Lárgate.
Ordenó que el cochero se detuviera. Tayuya dejaba escapar los hilos de lágrimas por sus mejillas y miraba su regazo con resignación.
—Recapacita, Tenten. Si me voy no creo que vuelva...
—Más te vale que no lo hagas.
La pelirroja se bajó con ayuda del cochero más bien abandonando su peso cansado sobre el de él. Al cerrarse la puerta Tenten conservaba su mirada furiosa sobre la ventana, o lo que miraba antes de aquel pleito: aquella carroza blanca y dorada tan ajena a ella, la causa y solución de todos sus problemas. Una gota se resbaló por su piel, gota que fue limpiada de inmediato.
"Traidora, dices ser mi amiga y no sabes... no sabes nada de mí", mientras volvían a avanzar. Las campanas llorando, los copos llorando. "Yo no invento nada..."
En parte no lo hacía. Sí que tenía un problema real.
La noche antes de partir al viaje había sido el apocalipsis en su hogar.—¡¿Qué es todo esto?—Sus vestidos, señorita... —había dicho una señora mayor que trabajaba en la servidumbre de esa familia. Su cejas caídas en una mueca tristonga y las arrugas demasiado marcadas para su edad podían contarnos los numerosos sufrimientos que su trabajo le había ocasionado, y es que lidiar con el carácter de sus patrones era casi imposible.—¡Yo ya usé estos una vez, ¿en dónde están mis vestidos nuevos?!—Nunca los enviaron...Y era ella siempre el blanco de las rabietas hogareñas. Tenten gritó para que su madre fuera a su habitación. Esta llegó intuyendo cuál sería el problema de esa noche.—¿Y mis vestidos?—Todos los diseñadores y sastres han estado ocupados con los trajes que ordenó la lochka, nadie tomó nuestro pedido.Tenten podía estallar en ese instante, claro que podía, y su madre no era indiferente a ese mal humor, también se encontraba sumamente ofendida. De nuevo la reina y su despliegue desagradable de existencia, casi podía jurar que todo eso era a propósito, en ese momento todo parecía factible.—Eso solo le sucede a los pobres, mamá, ¿acaso nuestro dinero no vale nada?—Díselo a tu padre.También gritó para que él llegara. Este, por su parte, escuchaba más o menos los chillidos de las dos mujeres de su vida desde su oficina. Las amaba más que a nada en el mundo y no sabía qué hacer, su piel había perdido el color progresivamente durante semanas hasta adquirir ese tono que tenía. Cuando llegó a la habitación de su hija la poca determinación que tenía le flaqueaba.—Papá, ¿en dónde están mis vestidos nuevos? ¿Por qué los sastres no tomaron mi pedido?—Bueno, querida... No... no tuvimos dinero para pagarlos.El rojo furibundo de las mejillas de la chiquilla se disolvieron.—¿A qué te refieres, cariño?—Tú sabes que las cosas no han estado bien últimamente... He intentado mantener nuestro estilo de vida pero ya se me ha salido de las manos, nos estamos quedando sin nada. Este viaje que harás es lo último que podemos permitirnos, mi amor.
Fue lapidario. Prácticamente había llorado toda la noche con su madre mientras su padre iba a embriagarse solo. Para ella lo normal era usar un vestido una sola vez, tres máximo, para luego perderlo dentro de su armario infinito. No podía imaginarse qué sería de ella si la Corte la veía repitiendo una y otra vez los vestidos, sería el hazmerreír mientras la reina la observaría envuelta en los vestidos más magníficos jamás imaginados, en las telas más finas y suaves sobre la tierra, adornada con las joyas imperiales, eternizada por los pintores más hábiles.
Y es que el dinero que recibían por impuestos, que no era poco, no les estaba alcanzando. El estilo de vida que habían tenido se había vuelto cada vez más desaforado con los años, la vida en la Corte se basaba en la imagen y ya había llegado el punto en que era insostenible, aquel dinero que era destinado a las deudas normales estaba siendo derrochado, ya no sabían cómo pagar la servidumbre en unos meses. En pocas palabras, se les había ido de las manos.
Esto había sido pronosticado tiempo atrás pero el padre de la casa contaba con ese casi seguro matrimonio con el rey, todo apuntaba a que así sería, entonces su hija podría seguir viviendo la vida a la que estaba acostumbrada sin mayores problemas. La princesa lochka había sido un factor inesperado en esa perfecta ecuación. Ellos estaban por encima del mundo, el único escalón que les faltaba alcanzar era literalmente la realeza pero ese espejismo se les había desmoronado entre los dedos.
Y allí estaba ella, sola en su carroza con últimas pertenencias, con su último resquicio de vida deseada. Luego de que esa aventura terminara el futuro sería incierto, quizá una familia cualquiera podría haberse administrado mejor para sobrevivir y tener una vida cómoda pero estable, pero no esta. Ella, una muchacha aparentemente segura de sí misma, experimentaba el vértigo de una caída que todavía no llegaba. Veía el abismo desde esa ventanita, su final, y ella lo saludaba desde ahí un poco tentada a dejarse caer porque en el fondo la ruina es un descanso, y estaba tan cerca de que eso le sucediera.
A menos que hiciera algo.
El recibimiento en Rovnagrado fue tan cálido y potente como en su propia capital. Sakura había disfrutado de cada momento enrollada en una capa de piel de oso que la ayudaba a mantenerse en calor, estar al aire libre bajo los pequeños copos de nieve y de noche era casi más de lo que podía soportar, era increíble ver lo poco que parecía importarle a las demás personas. No estaba incómoda, sin embargo, esa noche estaba vestida de fiesta y felicidad y como era de esperarse Sasuke era aclamado sin cesar, andaban a caballo uno al lado del otro, tenía su propia capa, su atuendo no era recargado como el de cualquier noble sino que optaba por la sobriedad, pero en esta ocasión le habían insistido que usara la Corona Imperial de las cuatro cruces —según le habían explicado, cada cruz simbolizaba un punto estratégico más cerca del canal del sur que los conectaría con el mar, la máxima victoria del Imperio; Sasuke esperaba poner en su corona una quinta cruz apenas lo lograran— y el cetro. Ambas cosas eran el símbolo no solo de su poder sino también del proyecto de su nación.
Le sentaba realmente bien, se veía sereno alumbrado por la luz de las antorchas, alzando su mano hacia la multitud. Sakura pensaba en todas las veces que le era inevitable admirar su físico, era para ella casi imposible no hacerlo. Pensar en eso le recordó a ese tiempo en que no podía. ¿Cómo era posible que ese hombre tan tranquilo y aclamado le hubiese aterrado tanto? Por supuesto, las amenazas. Los recuerdos llegaron a ella como un rayo y los recibió con el extrañamiento de ver dos tipos de persona completamente diferentes en una. ¿Cómo habían pasado de una situación a otra? Recordó esa vez en su oficina en que se acercó a ella con una daga y los ojos gélidos, su expresión incriminadora, el sigilo, el hastío. Recordó la única vez que casi almuerza a solas con él, la promesa de muerte o tortura, la señora Chiyo, el especial empeño que ponía para evitarla a toda costa. Cuánto habían cambiado las cosas. Obviamente no estaba en la mejor posición, ella estaba vigilada y bajo sospecha pero no se sentía igual que al principio, él había empezado a acercarse a ella de manera misteriosa, y misteriosa no solo porque no supiera a qué se debía eso, sino que era difícil de leer, inestable, ¿o acaso no la había estado evitando también antes del viaje, luego de que aprendiera a leer?
Era la persona más difícil de entender sobre la tierra, un completo enigma. ¿Seguiría desconfiando de ella? Si eran verdad sus sospechas, si él se estaba fijando en ella, ¿entonces en dónde había quedado aquello y por qué, qué lo hizo cambiar de opinión? Y tal vez más importante:
¿Sería capaz de dañarla?
De solo pensar en esa última pregunta una pesada sombra se venía sobre su garganta, quería creer que no era así, que él se había arrepentido o retractado de sus sospechas, que de algo había servido todo el esfuerzo y cuidado que puso en él y su recuperación. Pasó los días más extenuantes de su vida vigilando su salud y no se había quejado ni una vez, le había nacido hacerlo sin ninguna molestia interior o reproche por tener que hacerlo ella o alguien más. Noches en vela, días encerrada, horas intentando que nada le hiciera sentir incómodo en lo más mínimo, ¿acaso él había notado eso? Nunca le había dado las gracias, ¿sería esta su manera de hacerlo y comenzar a concentrarse en su matrimonio?
Alejó la tristeza que le había embargado momentáneamente y sonrió, todo apuntaba a que sí. Y así, con ese feliz pensamiento se dedicó ella también a saludar a su nueva gente de cabezas nevadas.
Al llegar al castillo de los nobles de Rovnagrado se ofreció un banquete de bienvenida. Por fortuna para los anfitrionas, los pequeños copos dejaron de caer y todos los ciudadanos que quisieron pudieron acompañar ese banquete en la plaza que estaba frente al edificio. Los reyes fueron acomodados en un balcón desde donde podían ser vistos mientras que el resto de la Corte se situó en una zona exclusiva y semicubierta bajo dicho balcón. Más allá de ellos los ciudadanos bailaban y comían. Cuanto más grande fuera la ciudad, más grande era el castillo de los nobles, así que este era mediano pero adecuado.
El banquete estaba repleto de la comida más exquisita que les fue posible preparar, muchas familias campesinas habían aportado voluntariamente sus mejores animales y las mujeres se habían ofrecido para ayudar a preparar lo que pudieron, no bastaba con la servidumbre común para la cantidad de personas que llegarían, eso sin olvidar que ellos mismos serían parte de la celebración. Las mujeres se emocionaron al ver a Sakura y comenzaron a contarle todo lo que habían hecho y qué tipo de preparaciones y recetas emplearon. Sasuke también las escuchaba en silencio y asentía brevemente a lo que decían, realmente era delicioso, a él particularmente le gustaban las sopas de la mesa, y la carne de cerdo, dorada y humeante, estaba de maravilla; veía tantas salsas picantes que no había probado y las carnes desfilaban sin fin.
Su forma de expresar el gran agrado que le produjo fue pedirle a una de las mejores cocineras que viajara con ellos, cuando el viaje terminara seguramente el Hielo seguiría disfrutando de tan asombrosas recetas y de primera mano.
—Alteza, qué hermoso cabello tiene. —Una pequeña niña acompañaba a las mujeres no se contuvo de tomar uno de los largos mechones para acariciarlo.
Su madre la reprendió horrorizada, todos los colores de la vergüenza pasaron por su cara mientras pellizcaba el brazo de la niña, quien no entendía en qué consistía su error. Comenzó a disculparse de todas las maneras que sabía. Sakura intentó calmarla diciéndole que no era nada, el gesto de la niña había sido muy bien recibido, su cabello siempre había sido su mayor complejo.
Sakura lo llevaba corto en la infancia por esto mismo, luego de la muerte de su madre ya nadie lo peinaba con tanta paciencia, solían hacerlo bruscamente y la lastimaban por lo cual había optado por llevarlo de esa manera. Recordaba ese día, el día en que llegó ante su padre con el cabello así. Danzō casi enloqueció de furia y desde entonces le temía más que nunca. Creyó que la golpearía de lo enojado que se encontraba, para ella solo había sido una decisión práctica, nada del otro mundo. No lo hizo, por extraño que pareciera, de hecho jamás la había tocado, ni para bien ni para mal. Jamás se le acercaba ni para darle un abrazo o un apretón. Tan solo la castigó sin dejarla salir de la habitación por un mes y le dio la orden de no cortarlo nunca. Año tras año los centímetros se iban sumando hasta llegar a la mitad de sus muslos y solo era despuntado para que se conservara liso e impecable y no sobrepasara ese largo. El cuidado de su cabello a veces se tornaba ritualístico pero se había olvidado un poco de él al llegar al Hielo. Se encargó de cuidarlo de nuevo cuando todo pasó y el montón de señoritas hicieron de su rutina de cuidado algo más ritual. Solía molestarle en la Hoja por el calor pero en su nuevo reino no tanto.
Su hermano Sai, de quien no se tienen muchas noticias por una lógica razón, llegó a decirle algo al respecto y desde entonces era un punto débil para ella. Fue la única vez que su hermano mayor se metió con ella y la única vez que su padre la defendió. Después de eso, él le guardaba un rencor tremendo y a la distancia la despreciaba y evitaba, quizá a raíz de un castigo o paliza que ella no conocía pero que sospechaba. Solían vivir todos en el mismo palacio pero de él no sabía nada, nunca estaba, no tenía mucho que decir de él. Solo se llevaba bien con Karin. También la edad influenció en ello, ella era unos pocos años menor mientras que ellos habían nacido seguidos.
Y para terminar, también estaban esos comentarios sueltos y un poco anónimos que escuchaba en la Corte sobre su aspecto, no solo sobre su pelo. Estaba enterada de que su rasgo más comentado era ese, era eso lo primero que resaltaba cuando se veía en el espejo, la hacía ver tan diferente y eso era algo que no le gustaba sobre todo en un mundo en donde prefería pasar inadvertida por distintas razones.
Parece increíble la larga fila de ideas que se pueden desprender de un solo comentario dicho por un anónimo pero aquellos lectores del público que se sientan inseguros respecto a algo de ellos mismos entenderán que hay palabras que son como botones que activan miles de recuerdos y sensaciones. Algo así le ocurría a ella cada vez, por lo cual el recibimiento de ese pequeño cumplido fue agridulce.
Sakura cada vez iba descubriendo más cosas de Sasuke. Esa noche le quedó muy claro que a él le agotaban fácilmente los eventos sociales, tenía sentido dado que él era alguien tan serio. Tan pronto como podía se levantaba de la mesa y se iba, ya lo había visto en una ocasión anterior y esta vez no fue diferente. También evitaba a toda costa los banquetes cortesanos y solo estaba presente si era necesario.
Esta vez se levantó un poco a regañadientes para seguirlo, la verdad es que había disfrutado demasiado al ver a las personas riendo, celebrando y presentando espectáculos. Estar con él comiendo a solas en el balcón rodeados de ese clima y calentados por las antorchas y las pieles gustó, podía contar con los dedos las veces que comieron juntos, esta vez nada parecía preocuparle y a ella tampoco.
Él no reparó en ella y caminó a grandes pasos dejándola un poco atrás, mientras ella daba las gracias a quienes pasaban. Una de esas personas que se cruzó de camino fue a Naruto.
—¡Sakura! Cielos, te estaba buscando. Ya es casi imposible encontrarte en estos tiempos, ¿cómo estás?
—¡Lord Naruto! —exclamó feliz de verlo después de tanto, sin duda era una sorpresa inesperada.
—Solo Naruto...
—Bien, Naruto... Lo siento tanto, las cosas han cambiado un poco últimamente.
—Sí, puedo verlo. ¿Pero cómo estás?
—Fue un viaje largo, estoy agotada.
Naruto entendió que no era el mejor momento para ponerse a charlar, también él sentía ese agotamiento, sobre todo teniendo en cuenta que no había podido descansar nada con todas las tareas que Sasuke le ponía, ya incluso era raro que se acercara al palacio pero le debía una disculpa a la reina.
Sí, la ironía dramática es evidente. Con tan solo una frase las mentiras del rey podían romperse, ese encuentro que tanto había estado evitando entre los dos se había dado justo cuando bajaba la guardia por sus ansias de descansar.
—Eso veo... Bueno, solo quería pedirte perdón por lo de la otra vez, verás...
Pero algo así como un golpe de suerte como pocos tendría salvaron a Sasuke Uchiha de explicaciones incómodas. Por ahora.
—¡Oh, no, no! Yo lo entiendo perfectamente, no es problema. El rey me habló de eso, hombres como ust... como tú tienen mucho que hacer.
—No te disculpes, es todo mi culpa, yo en serio tenía en mis planes enseñarte —dijo con una pequeña risita nerviosa mientras rascaba su cabeza—, tú solo dime cuándo es el mejor momento y yo haré lo imposible por acomodarme, ¡de veras! Lo prometo, yo no falto a mi palabra nunca.
Sakura sonrió apenada, era conmovedor que alguien con tanto que hacer se apegara a una promesa y fuese tan testarudo.
—Ya lo creo, pero no será necesario, él ya me enseñó.
—¿Él...?
—Sí, el rey. Te agradezco que seas tan considerado al pedirle que lo hiciera en tu lugar, en verdad significa mucho para mí...
—Alteza —intervino en la escena una mujer que, por su atuendo, parecía trabajar allí— le preparamos un baño y el agua va a enfriarse, es por aquí...
Y así se la llevó, ella girando un poco su cabeza hacia atrás para hacerle una seña de despedida y él apenas pudiendo levantar su mano para responder, su boca abierta en un gesto que hacía cuando procesaba algo y el ceño un poco fruncido.
—... ¿ah, sí? —dijo al aire.
Bueno, quizá el rey tuviera que explicar un poco, nada es perfecto siempre y la suerte no existe, solo son felices o infelices coincidencias.
Él era una de las pocas personas de la Corte que vivían los eventos con sobriedad, meditaba y observaba su alrededor, no participaba de las cosas que sucedían y se decían. Tenía cierta habilidad para notar cosas que otros no, casi siempre de cabeza fría.
En momentos como ese debía ver más allá de lo que mostraran sus ojos o lo que el clima voluble del colectivo mostraban. Sí, era una fiesta, y sí, todo lucía perfecto, pero dos cosas no encajaban.
Una eran los hombres de negro, ese silencio que los caracterizaba los ayudaba a camuflarse, era bastante fácil olvidar que estaban allí pero él era incapaz, no podía quitarse el escalofrío al sentir que alguien lo miraba constantemente. Él era la cabeza de la División de Inteligencia pero más que nada por deber con su familia. Solía escuchar las cosas que decía la gente de su categoría sobre el hombre misterioso de pelo naranja que ahora se hacía llamar general y él nunca opinaba impedido por su cargo —aunque sin él tampoco lo haría, no era dado a compartir sus ideas—. El asunto de la vigilancia era algo crítico y odiaba ver cómo a nadie parecía importarle, no más de lo necesario. Sabía más que nadie hasta qué punto esa vigilancia se había extendido, él mismo comandaba ese nuevo poder. Entendía que era de cierta manera necesario y el único camino visible, pero en el fondo siempre le aterraba lo lejos que ellos podían llegar. Lo sabían todo de todos, tenían ojos y oídos en todas partes. Era un lugar seguro, pero irónicamente inseguro también. A duras penas los malos pensamientos estaban permitidos. La única persona que parecía tan incómoda como él, pero abiertamente, era Tenten, su inteligencia y personalidad malcriada hacían que se quejara de los cambios sin reparos.
Y hablando de ella, era el segundo asunto. Cada día estaba más rara, podía leerlo en su actitud. Le avergonzaba un poco admitir que definitivamente le prestaba más atención de la natural, no podía evitarlo. Además estaba sola en esa mesa, Tayuya había vuelto a sentarse con las demás, ¿qué había pasado con ellas?
—Mira, Tenten está mirándonos, parece furiosa —dijo Suigetsu que estaba a su lado bebiendo como loco.
—No ha comido nada...
—Eso es porque es una perra loca, ¡esta comida es increíble! No sé si ya probaste... Oh, no, creo que leyó mis labios cuando dije perra porque ahora viene hacia nosotros.
—Si no dejas de beber y hablar estupideces...
—¡Ustedes dos! —gritó ella a la distancia intentando esquivar a las parejas bailando.
Ambos suspiraron algo derrotados, cuando ella los miraba así nunca era algo bueno, y peor si era en una fiesta, si ese evento alegre no podía evitar que se enfureciera entonces era un claro síntoma de tormenta. Se plantó delante de la mesa.
—Tenten, ¿se puede saber por qué no comes nada y estás sola como un champiñón? Si te pones un poco más flaca entonces nadie...
—¡Cierra el pico!
Seguramente Suigetsu no hubiese dicho eso de estar más sobrio, aunque con él nunca se puede estar seguros.
—Ya, ya... ¿pero qué te pasa?
Neji intentó pellizcar al albino pero este ni se dio cuenta de ello. Tentar a la chica en ese estado era peligroso.
—¿Qué me pasa, dices? ¡Todo esto es culpa de ustedes! ¡Neji! Tú... —Lo miró directamente con tanto veneno impreso en su cara como pudo— no podías mantener tu maldita boca cerrada, ¿no? "Oh, por favor, extraño desconocido, comience a sospechar de toda la Corte, incluyéndome, ¿no ve que lucimos culpables de un crimen que no cometimos?" —Neji debía admitir que sí había sido un poco estúpido haber dicho algo así, no con esas palabras obviamente parodiadas, por supuesto— ¡y tú —ahora con el otro—, prospecto de amigo! ¿De qué maldito lado estás? No has hecho más que pasearte por la vida siendo el hada madrina lame botas de la lochka.
—Ey, para responder a tu pregunta: yo estoy del único lado que podría importarme: el mío —mostró una amplia sonrisa—; puedes decirle lo que quieras a Neji y él no va a defenderse porque es tu muñeco...
—¡¿Su qué...?! —Suigetsu lo abrazó con por los hombros con un brazo.
—Shhh... Ya todos sabemos tu secreto, Neji —En teoría no todos, Tenten no tenía idea de qué estaba diciendo, y tampoco le importaba mucho lo que tuviera que decir, estaba borracho a morir—. Pero yo soy lo que se dice un alma libre, voy a todos lados y a ninguno...
—No me has entendido, imbécil: ¿ya viste esto? —Señaló a su alrededor a los hombres vestidos de negro, eran como columnas de piedra erguidas—, están por todos lados, hasta en la sopa, ¿cómo crees que puedes hacer lo que quieras cuando claramente no? ¡Es...!
A Neji le angustiaba el pequeño show de la castaña, sabía que no era muy seguro que lo hiciera, tenía toda la razón, estaban supremamente vigilados y por eso mismo era contraproducente que dijera todo eso en voz alta.
—Baja la voz, ven y siéntate.
Ella resopló roja del esfuerzo que hacía, rodeó la mesa que los separaba y se sentó junto a Suigetsu.
—Ustedes están apoyando a nuestro enemigo, idiotas —Esta vez su tono era más bajo—, están contribuyendo a todo esto, mientras tanto yo estoy cada vez más sola, ¿no lo ven? Incluso ustedes me traicionan —reprochaba de brazos cruzados mirando cómo los vestidos femeninos revoloteaban por el movimiento de los bailes.
—¿Y no has pensado que te conviene más tenernos a nosotros en cargos de poder, tonta? Sin ir más lejos, tú no tendrías esta conversación si no estuviéramos al mando de las Divisiones.
Ella lo miró de soslayo sabiendo que eso era verdad.
—Solo digo lo que siento, no solo parecen del lado del general sino también de la lochka, no sé si puedo confiar en ustedes.
Neji no dijo nada pero sabía la respuesta y quería decirla aunque no era capaz. Claro que podía confiar en él.
—Relájate —Suigetsu la abrazó con su otro brazo por el hombro—, como te dije, yo estoy de mi lado, pero lo que me conviene a mí nos conviene a todos, y no seas celosa, la reina no es la única mujer en mi vida, también tengo tiempo para ti.
Ella se deshizo furiosa del abrazo y se levantó.
—No estoy celosa, solo me parece muy sospechoso que tú...
—Ya, ya... ¿Acaso hago cosas al azar, chiquita? —La jaló del brazo de vuelta a su sitio. Neji estaba incómodo desde el otro lado—, tú eres una cabeza dura y crees que ser abiertamente enemiga de ella te servirá de algo pero no es así, ¿acaso no lo notas? Ella ahora tiene el control. No eres ninguna amenaza para ella, pero en cambio yo me he ganado su confianza. Yo tengo el control. Y mientras Hyuga esté en la División al menos puede estar enterado de todo lo que pasa en este reino, así que puede que te veas sola y patética pero no hay alguien mejor acompañado en esta fiesta.
Ya estaba más calmada que antes. Sabía que era una pérdida de tiempo enojarse porque le había dicho que se veía patética, era la verdad. Tenía mucho que recuperar y ahora ya sabía por dónde empezar.
Era difícil saber cuánto tiempo llevaban durmiendo cuando ella despertó, pero por lo oscuro que estaba podía decirse que aún era de noche. ¿La razón? Sintió al rey removerse inquietamente en su lado de la cama. Se incorporó algo asustada, le recordó a la otra vez que aquello había sucedido, cuando él recién estaba herido y ella lo cuidaba de la fiebre. Esta vez no había fiebre.
Tocó su hombro con cuidado, no quería asustarlo más.
—Ey, despierta, despierta —lo sacudió un poco pero no era suficiente, él apretaba sus cobijas con los dedos y su ceño se fruncía en una mueca dolorosa e incómoda.
—I... Itachi, no vayas...
El tono de voz con el que lo dijo prácticamente le había roto el corazón, era una súplica. ¿Quién era Itachi? Nunca había escuchado ese tono en él, era uno casi infantil, desesperado, roto, tan distinto a lo que siempre había proyectado. Vio que de las esquinas de sus párpados cerrados algunas lágrimas amenazaban con caer, era muy impactante para ella que eso le estuviera sucediendo. Su apretón sobre el hombro de su esposo se hizo más fuerte para poder sacarlo de lo que fuese que estaba viendo.
—Sasuke, solo es un sueño —lo zarandeó. Él, asustado y alerta por la pesadilla aún enredada en su mente como una telaraña y por la sensación de ser despertado tan abruptamente agarró la mano de Sakura y empujó su cuerpo hacia el colchón, su otra mano viajó con desesperada rapidez hacia la daga que escondía bajo la almohada y sin pensarlo ni poder ver aún la puso en lo que intuyó era el cuello de su atacante. Sus pulmones estaban agitados.
Sakura exclamó ahogada por la sorpresa, sintió todo su cuerpo inmóvil por el peso del rey y la hoja de metal en su cuello le produjo un escalofrío de infierno. El corazón casi se le salía por la boca.
Los ojos de Sasuke se acostumbraron a estar abiertos y pronto distinguieron los insinuados rasgos de la reina desdibujados por la penumbra, debía de estar aterrada por lo que pudo ver en su rostro porque respiraba sin control.
—¿Qué...?
—Una pesadilla... Tenías una pesadilla... —dijo como pudo.
Habiendo despertado por completo se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Retiró la hoja y se quitó deprisa para sentarse en el borde de la cama. Claro, las pesadillas nunca lo abandonaban pero a veces eran bastante fuertes y reales y su cuerpo lo delataba. Era patético, sus ojos estaban húmedos y aún lo recorría el horror y ella lo había visto todo. Se levantó para irse, quería estar solo en ese momento.
Sakura, aún saliendo del shock del momento lo vio irse sin más. Sus recuerdos de los primeros encuentros con él volvían esa noche para recordarle una vez más cómo había iniciado todo. Su razón entendía que Sasuke había actuado sin pensar, tan pronto como vio que era ella se había retirado, pero su instinto natural aún temblaba asustado. Qué fácil era morir.
El día aún no comenzaba para la gente a pesar de la luz, la noche anterior se habían desvelado y aún dormitaban en donde sea que el cansancio los había vencido.
Sasuke, sin embargo, ya no pudo dormir después de eso. Su mente estaba a mil y ya era imposible hacer cualquier cosa que no fuese seguir atormentándose con sus propios pensamientos. Tan pronto como el sol se asomó por el cielo claro, buscó a Naruto y lo hizo levantarse, la única cosa que iba a hacerlo sentir mejor era entrenar, llevaba bastante tiempo sin hacerlo. Naruto por suerte no se había emborrachado y no tenía resaca, pero le ponía de mal humor que su amigo fuese tan brusco y desconsiderado, además de que aún le faltaban horas de descanso.
Se adentraron un poco en el bosque que rodeaba la parte trasera del castillo hasta encontrar un buen lugar y comenzaron. El entrenamiento duró una hora y media, al terminar ambos no notaban tanto el frío por la agitación del ejercicio físico. Jadeando, recogieron sus cosas y envainaron sus espadas.
—Vaya, Sasuke, estas un poco oxidado.
—No entreno desde el atentado —se defendió.
—Sí, seguro has estado muy ocupado —La intención se podía leer en su voz y el pelinegro no dejó pasar ese tono desapercibido.
—Pues sí —Lo miró de lado con sospecha.
Caminaron sobre la nieve, sus botas se hundían en la capa blanca haciendo que esta crujiera.
Naruto disfrutaba tanto cuando la vida le daba pequeñas joyas para molestar a su amigo.
—Y dime, ¿qué has estado haciendo últimamente que te mantiene tan ocupado?
—Lo de siempre.
—¿Sí, ninguna novedad?
—No.
—¿Seguro?
—Maldición, suéltalo de una vez.
—Oh, no, no es nada, relájate, Sasuke —Su manera de hablar era maléfica, Sasuke ya estaba llegando al límite de su paciencia.
—Como sea —Rodó los ojos.
Siguieron caminando un poco hasta que ya divisaban el castillo, algunas personas iban caminando y recogiendo la inmensa cantidad de basura dejada del día anterior.
—Ah, y quería agradecerte, querido amigo.
—¿Y a ti qué es lo que te pasa? —Viró su cara hacia él, pero él solo caminaba sonriendo y mirando al frente.
—Nada, que me encanta que cumplieras tu palabra y le enseñaras a Sakura a leer en mi lugar dado que yo iba a estar tan ocupado, en serio qué gesto tan dulce con nosotros, Sa-su-ke.
El nombrado se detuvo abruptamente, Naruto llevaba tiempo riéndose de él sin soltar una carcajada y él atravesó en un segundo desde la irritación hasta el pánico hasta finalmente la resignación.
—¿Y cómo lo supiste?
—Me lo agradeció ella misma anoche.
—¿Le dijiste la verdad?
—Ah, no tuve tiempo de hacerlo pero podría hacerlo hoy tan pronto como la vea, excepto, claro, si tengo una buena razón para no hacerlo y una explicación.
Maldijo a todas las criaturas naturales y sobrenaturales que se le ocurrieron. Lo que menos necesitaba ahora era a su amigo burlón metiéndose en ese asunto, Sakura no podía enterarse o sería patético, si ya sentía la vergüenza de sus propias mentiras con él, con ella sería peor. Tendría que explicarle, es más, pensándolo bien, si alguien de su confianza lo sabía quizá podría quitarse un gran peso de encima y, quién sabe, quizá sin que se lo pidiera le daría un consejo, aunque el rubio no parecía el mejor en asuntos de ese tipo, ¿pero no era un también el sujeto más social que conocía? Si a su manera había "conquistado" el duro carácter de él mismo como para volverse su amigo más confidente, no había ser en la tierra que no supiera amansar. Sakura ni siquiera era tan complicada, el problema era él y su incapacidad para abrirse.
—Sí, es cierto, te mentí para poder acercarme a ella y ganarme su confianza.
—Espera, ¿entonces sí tratas de acercarte a ella por fin? ¡Eso es genial! Dios, pudiste habérmelo dicho, ¿cómo vas con eso? —Sasuke no respondió, solo alzó los hombros incómodo por obvias razones. Naruto intuyó que para Sasuke no era nada fácil nada de eso, quería burlarse pero al mismo tiempo sabía que si lo hacía él se alejaría definitivamente y jamás sabría detalles de nada, probablemente se retractara de su decisión de tener una mejor relación con su esposa y eso no podía permitirlo—. Entiendo, no es nada fácil, las mujeres son todo un mundo.
Sasuke asintió mientras resoplaba con desgano. Por suerte Naruto lo conocía tan bien que no necesitó pedirle que le ayudara, lo haría sin más.
—Bueno, al menos has sido amable con ella, ¿verdad? —Sasuke asintió de nuevo—. Genial... No, espera, tus estándares de amabilidad son muy bajos, ¿qué tan amable?
—Lo normal.
—Eso pensé. No, no será suficiente, a la mayoría de las mujeres les gustan las cosas claras, y tú eres raro. Es decir... —La cara de enojo de Sasuke apareció y Naruto, a pesar de disfrutarlo, intentó calmarlo— me refiero a que yo puedo entenderte sin que me digas nada, pero ella no te conoce, no está acostumbrada. Debes ser directo.
Sasuke estaba molesto pero se sorprendió de que Naruto hablara con tanta razón, eso tenía mucho sentido, solo que se le hacía imposible. El rubio, por su parte, disfrutaba de lo lindo de sentirse como raras veces el más sabio de los dos.
—Y con directo también me refiero a que no la confundas, porque a veces puedes ser confuso. Por ejemplo: si no te conociera tanto creería que te desagrado y que no me aprecias, porque aunque crees que soy lo máximo y tu mejor amigo en el mundo, me tratas mal.
—¿Qué sandeces estás diciendo, tarado?
—¿Ves? A eso me refiero. Tú y yo nos tratamos así, pero no puedes llegar con una chica y decirle esas cosas o hablarle mal. —Listo, no ser rudo o tratarla mal. Eso tenía sentido también pero él había fracasado en eso la noche anterior. Naruto lo leyó perfectamente—. No me digas, ¿qué hiciste?
—Casi la degollo.
Naruto se giró y comenzó a caminar. "No, esto no va a funcionar" pensaba, pero no podía solo dejarlo, era claro que el rey estaba desesperado, lo estaba más allá de su cara de cubo de hielo, ¿y quién en el mundo iba a ayudarlo? Él, pensó inflando su pecho de paciencia y orgullo, era su única esperanza. Regresó los pocos pasos que había dado.
—Está bien, está bien... Escucha, hermano —Lo tomó de los hombros—: nada de malas palabras o amenazas de muerte, ¿entendido, no es obvio?
—¡Ya lo sé! Fue sin querer.
—Bueno, no preguntaré, claramente esto no tiene ninguna presentación. Solo... no vuelvas a hacerlo, ¿lo intentarás? —Sasuke asintió casi obedientemente— Vas a disculparte con ella y le darás un obsequio especial.
Iba de camino hacia los aposentos en donde los reyes habían dormido, tenía todo un día por delante lleno de tareas y lo primero era llevarles de comer y llevar a la reina ante las damas para prepararla. Sin embargo, en su camino se atravesó quien menos esperaba.
—Matsuri —dijo frente a ella, bajó la mirada hacia las bandejas y tomó uno de los bombones del postre para comerlo—, tanto tiempo, creí que te habías olvidado de mí pero por tu cara veo que no.
—Señorita Tenten, ¿cómo está? No... claro que no me olvidaría de usted.
—¿Por qué tan nerviosa? —Sus ojos afilados la perforaban, Matsuri sentía que cada vez que la veían esos grandes y vivos ojos café estaban leyendo cada secreto de su alma, tal era el poder que tenían sobre ella— ¿Sabes algo, Mats? Siempre sentí que eras especial.
—¿Yo? —Su sorpresa fue incontenible, en segundos ya tenía las mejillas rojas, era una de las cosas que había soñado, ser reconocida aunque fuese un poco por ella.
—Sí. Siempre has sido diferente de las otras sirvientas, sin tus harapos de chica pobre podrías fácilmente parecer una de la Corte, yo siempre lo vi —Matsuri sonrió con tanta emoción que podía ponerse a bailar en cualquier momento—. Y siempre fuiste tan entregada, tú no trabajabas porque era tu deber, parecía que tu impulso era tu corazón fiel. Sí, siempre creí que tú no eras como las demás, aunque nunca hablamos sentí que eras mi amiga —Por increíble que pareciera, la sonrisa de la joven creció aún más. De un momento a otro, el rostro dulce de Tenten se borró siendo reemplazado por una friolenta cara—. Parece que me equivoqué.
—¿Qué? ¡No es mentira! yo también siempre lo sentí, señorita Tenten.
—Ya deja de tratarme como una tonta, todas mis supuestas amigas se fueron con la lochka, tú la primera. No te importó nada: no te importó todo lo que hice por ti, ¿o acaso no viste? Tú eras de las pocas que servía directamente a la Corte, ¿por quién crees que fue? Yo vi algo especial en ti y tú me traicionaste.
Comenzó a caminar en dirección contraria, Matsuri se giró deprisa pero con cuidado de no arrojar la comida, sentía la desesperación recorrerla, ahora que la joven noble le había dicho tales cosas no podía permitir que se fuera creyendo que ella era una traidora.
—¡Señorita Tenten, por favor, le juro que yo no la he traicionado!
—Dime, ¿te trata bien la reina? —Se detuvo y volteó a verla— Yo a veces parezco una mala persona, lo acepto, Mats, ¿pero sabes algo? También tengo un corazón. Si hubieses seguido conmigo yo no te hubiese dejado así, sin futuro, porque como dije, tú tienes clase natural, yo quería que fueras mi dama acompañante y no una simple sirvienta. ¿En cambio qué planes tiene la reina contigo? Dime, ¿son amigas, acaso ella te ve como yo te veo?
La pequeña chica estaba sorprendida de todas esas cosas que escuchaba, halagada pero también con una profunda tristeza. Se sentía culpable y ni siquiera se había dado cuenta de lo mala que había sido con la señorita Tenten. Tenía razón, había sido desconsiderada completamente.
—Señorita Tenten... Por favor perdóneme, le juro que yo no sabía.
—No lo sé, Matsuri, ya no sé qué pensar. —Se dio la vuelta por completo para irse.
—Por favor, se lo suplico...
—No sé si puedo confiar en ti.
—¿Qué puedo hacer para que vuelva a hacerlo? Haré cualquier cosa, por favor...
La chica se detuvo de nuevo. Agradeció estar de espaldas, no pudo contener la enorme sonrisa que se formó en sus delgados labios.
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