Disclaimer aplicado
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Sin pecado concebido
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Capítulo 8
Tenaz
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Si en algún momento él pensó que la situación iba a ser difícil después de su desliz nocturno, debía reconocer humildemente su error.
La verdad es que la respuesta de ella a su salida de tono era francamente insoportable.
Podía tolerar que le gritase, pegase o incluso que no le hablase. Pero no eso. Al día siguiente, luego de haber regresado de enfriar sus pensamientos en un arrollo, se dio fuerzas a si mismo para la batalla campal con la pelirrosa, quien probablemente ardiera en furia por no haber obtenido su primera experiencia en las artes carnales, sumando a eso la falta de una explicación al haber huido él como un completo cobarde. Pero, demostrando nuevamente que era la persona mas impredecible de toda la Aldea de la Hoja, lo que Sakura elucubró para torturarlo fue un millón de veces peor que sus peleas imaginarias con ella.
Le extrañó que lo recibiera con una tierna sonrisa y el desayuno asándose en la fogata.
Le extrañó que el tono de su voz fuera suave y tranquilo.
Le extrañó que se sentara a su lado con la calma y elegancia de una dama quien no fuese asaltada lascivamente por su primer y único novio tan solo 8 horas antes.
Iluso él, que respiró hondo pensando que quizás había exagerado y aquella tontería no desataría una tormenta.
Lo que no le pasó nunca por su mente es que Sakura era una Kunohichi de las mejores que habían salido de la academia de su tierra natal. No solo había aprendido a pelear y ganar cada uno de los escenarios que se le presentaran, sino también a agudizar su innata inteligencia para desarrollar planes basados en las debilidades de su enemigo. Peor aún, olvidó completamente que ella era le estudiante estrella de una horrible, viciosa y muy poderosa mujer. Y según había entendido, él y sus juicios morales con respecto al desarrollo sexual de su casta relación eran los enemigos en este momento.
Y ella era realmente un genio, porque ni Shikamaru—por muy asqueroso que fuese pensar en él en un momento así—habría explotado tan al rojo vivo sus obvias debilidades por la carne femenina de quien en un futuro—si no lo mataba de un ataque cardíaco— fuese su esposa.
Entonces dispuso todo el camino a volverlo loco.
Fue a media mañana pasadas al menos dos horas del reinicio de su viaje por el país del fuego que ella inició su macabro plan, empezando por abanicarse con las manos quejándose de un calor insoportable que él no percibía. Siendo que aparentemente era el verdadero ingenuo en esa relación, le preguntó si tenía algún síntoma de enfermedad que requiriera de cuidados. De ser así, los trasladaría inmediatamente al pueblo más cercano y descansarían el resto del día en alguna posada.
—Seguro es por la infusión que tomé en el desayuno. Nada que un poco de agua no solucione.
Maldita mujer.
Lo siguiente que supo es que ella tomó su cantimplora y, con la sensualidad de una ninfa, la elevó dejando caer el agua fresca por su boca, cuello y pecho. Abriendo el cierre delantero de la camisa de su uniforme de viaje hasta el borde de las mallas que protegían sus firmes senos, se pasó las manos con lentitud y soltó un suspiró—o gemido, si se quería—para demostrar el alivio que el líquido daba a su acalorada anatomía.
Lo peor de todo es que no pudo apartar los ojos ni por un segundo, sabiéndose perdedor de su jugarreta.
Realmente no sabía cual esperaba ella que fuese su reacción mas allá de un sonrojo violento y una carraspera incomoda. Pero sea cual fuese su objetivo, no pararía hasta obtenerlo. No importaba a donde mirara, Sakura siempre estaba dándole un espectáculo sensual acentuando sus característica femeninas, ya sea su escote, cintura o inclinándose para hacer mas llamativo su redondo y respingado trasero.
Sabiéndose experta en ataques sensoriales, daba una estocada adicional acompañando su actuación con suspiros, quejidos y gruñidos fácilmente confundibles con la copulación humana. Eran sonidos dulces de deleite sensual.
Y quizás él no estuviera tan al borde si aquella tontería no tuviera ya una semana sucediendo.
Por Dios, ¿Acaso ella no entendía que estaba loco por tocarla?
Pero las cosas no tenían porque suceder así, demonios. No tenía porque equivocarse de nuevo con ella. Y no es que quisiera culparla de algo, ¡Pero es que esta vez ella tenía toda la responsabilidad de sus pensamientos lujuriosos! Jamás necesitó de tanto autocontrol como en ese momento que su entrepierna quería levantarse en contra de sus ideales y anunciarle a su contrincante la victoria. Sus instintos estaban a flor de piel, a punto de hacerlo saltar sobre su menudo cuerpo y acabar por completo aquella absurda situación dándole lo que exigía con tanta tenacidad.
Pero no.
No iba a hacerlo.
Si decidía saltarle encima, seria para sacudirla por los hombros hasta que lograse por fin entrar en razón.
Matrimonio.
Estabilidad.
Casa.
Había hecho una lista bastante corta, pero justa, para por fin tomarla entre sus brazos y liberar por completo su pasión. De ese modo, no viviría asustado de protegerla a ella y su posible descendencia de los peligros que su pasado y adicionalmente, el deshonor y la pobreza que acarrearían sobre sus cabezas si llevaba acabo el apareamiento en las actuales condiciones. Podía soportar los climas y situaciones más inclementes, pero no sometería a esa terrible mujer a los mismos por muy difícil que se lo pusiera.
Incluso aunque durante todos esos días, sus sueños húmedos—los cuales tenía con poca frecuencia pasados sus 15 años—fueran diarios y recurrentes.
La imaginaba a diario desnuda, coronando lo más alto de su hombría con su hermoso y ya no tan virginal cuerpo, cabalgando y dominando completamente la situación como una afrodita oriental mientras bebía su nombre entre besos calientes y húmedos que luego recorrerían todo su cuerpo, entonces el inmiscuía su única mano entre ellos para estimular aquel pequeño botón que, había leído, despertaba el orgasmo en las mujeres. Y luego de que la complaciera hasta que la laxitud de sus piernas, la sometería debajo de él y la haría gritar de puro placer, hasta que el sonrojo de sus mejillas se fundiera con el de sus hebras rosadas y el verde de sus ojos fuera tan transparente que pudiera verle el alma.
Pero solo lo haría cuando le diera las condiciones adecuadas.
¿Qué importaba que ella ya se nutriera de su caza?
¿Qué ya durmiera a la intemperie por acompañarlo?
¿Y qué si ella no reparaba en las miradas desdeñosas de algunas personas hacia él?
¿O qué estas poco a poco iban disminuyendo en cantidad?
Espera, ¿De donde estaba sacando esos razonamientos que ponían a prueba su cordura?
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Sasuke sacudió la cabeza varias veces antes de darse cuenta que, mientras el reposaba sentado en un tronco, Sakura caminaba de un lado a otro mientras gesticulaba y lanzaba un discurso tan condenadamente lógico que se inmiscuía en su manera de ver el problema. Apoyó sus codos en sus muslos mirándola, intentando evitar reírse de aquel despliegue de absoluta malcriadez poco propio de lo adultos que ya eran los dos para ese momento. Necesitaba verlo como un problema serio, pero la frustración sexual de Sakura tenía tintes encantadores—y perturbadores.
—Quiero creer, Sasuke-kun, que esto no es por mí.
—¿A qué te refieres?
Ella bufó sonoramente, gesto aprendido de su acompañante. No pensaba dar más explicación que ese simple despliegue de cinco minutos con el cual lanzó la bandera blanca ante la posibilidad de seducirlo.
—Nada, sigamos con nuestro camino.
Pero ya era tarde para volver al punto cero en esa partida. Al pelinegro le habían resonado esas palabras que, con pena y dolor ella había ocultado detrás de rabia e indignación. No era el hombre más inteligente a la hora de tratar a las mujeres, y Dios sabe que la había ofendido lo suficiente durante su vida como para cometer el perjurio de decir que era sensible ante sus sentimientos, pero había aprendido mucho de ella durante ese viaje y algo en su manera de decir aquella frase despertó una pizca de curiosidad—y su alarma interna—, queriendo creer que la conocía más de lo que se admitía a si mismo, se negaba a dejar pasar lo que seguramente era algo importante para ella por la manera en la que lo dijo.
Ella era demasiado impulsiva y él demasiado perspicaz.
—¿A qué te refieres con que esto no es por ti, Sa-ku-ra?
Ella guardó silencio mientras lo miraba con muda dignidad.
Él entrecerró los ojos viéndose peligroso.
Y aunque se prometió a si mismo que nunca se aprovecharía de ella, tenía que recordar que él también tenía las herramientas para derrotarla en aquel juego. Aunque se tuviera que comportar como un matón para ponerla en su sitio. Al fin y al cabo, aquella era la chica a la que le temblaban las rodillas por él todas las mañanas cuando esperaban a su impuntual maestro.
Si creía que lo intimidaría con su silencio o sus mejillas arreboladas.
Si se atrevía a pensar que lo dominaría con trucos sensuales.
O si era tan molesta para siquiera insinuar que no la deseaba.
Estaba muy equivocada.
Aquello era lo más irrespetuoso que Sakura había hecho en todo ese tiempo.
Hizo alarde de toda su longitud al levantarse del tronco donde yacía sentado, elevándose por encima de ella al menos una cabeza. Su sombra la cubrió y un destelló de miedo pasó por sus llamativos ojos claros. Puestos a pensar, hacía tiempo que Sasuke no demostraba aquella faceta de dominante hombre calculador quien hiciese lo que quisiese con todo el que estuviera a su alrededor sin importarle un pepino. Solo por cumplir una meta tonta.
Solo que esto no era una meta tonta.
Y que ella se lo había buscado.
Y Dios la perdonara, porque se estaba excitando.
Caminó hacia ella, haciéndola retroceder poco a poco hasta que su espalda dio de lleno con un árbol. Tan concentrada estaba en él, que no se dio cuenta que la había arrinconado en un espacio cubierto por frondosos arboles, oculto ante las miradas curiosas de cualquier improbable viajero que pasase por aquel claro en el bosque.
Levantó su musculoso brazo para colocar su palma junto a su cabeza y el resto de su cuerpo se vio cubierto por la capa de viajero del Uchiha. No tenía escapatoria.
—Suficiente, Sa-ku-ra.
—¿C-cómo?
Durante todos esos días, ella había buscado provocarlo para que se decidiera tener un contacto más íntimo. Ya le había demostrado de todas las maneras posibles que lo amaba, menos con la más humana. Quería hacerle el amor.
Y eso, sumado al reciente conocimiento de la rajatabla de bodas que se celebraban en Konoha, le rompía el corazón.
Intentó bajar su mirada para huir de su escrutinio, pero él deslizo la yema de su dedo índice por el borde de su mandíbula hasta levantarle la cara por el mentón. Se hizo un silencio tenso mientras se miraban a los ojos y compartían el calor de sus alientos debido a la cercanía.
Él no estaba dispuesto a decir demasiado, pero si a demostrar mucho.
Descendió hasta su rosada boca deteniéndose a solo unos milímetros para delinear sus labios con la lengua, al conseguir que ella suspirara, atacó salvajemente moviendo sus labios en un compás salvaje y primitivo. Su palma, mientras tanto, se cerraba alrededor de su cuello y descendió por su costado hasta alojarse en las caderas. Las masajeó sin pausa y, dejándose llevar por lo que creía correcto, la movió y apretó una de sus nalgas con verdadera devoción.
Sakura no pudo mas que soltar un gemido sorprendido mientras el daba pequeños besos por sus mejillas hasta aterrizar en el lóbulo de su oreja, lo mordió y succionó, haciéndola sentir con esa pequeña caricia como si fuera la protagonista de una novela erótica. Había pasado una semana desde que la había tocado y anheló su tacto cada segundo. Pero cuando la mano de él se deslizó por detrás de su muslo y lo elevó hasta encajarla en su cadera, gritó de gusto.
Allí, con la tela de por medio, sentía como su erección—grande y firme—se apoyaba contra su pubis. Tan certera y bien ubicada que estimulada su placer divinamente.
Un gruñido de satisfacción le hizo saber que él pensaba lo mismo.
Continuaron besándose mientras sus cuerpos se deslizaban el uno contra el otro, dándose placer de esa manera tan arcaica. Cuando ella arqueó la espalda contra su pecho, no pudo evitar subir su mano para bajar la cremallera de la blusa. Al descubrirla sin nada que cubriera sus pechos, descendió su rostro para adorarla con la boca.
Mientras tanto ella enrolló ambas piernas alrededor de sus caderas y jaló suavemente el cabello de su nuca.
Aquello era lo más cercano al cielo que ambos pudieran vivir.
La medico ninja comenzó a sentir un nudo dentro de su vientre, un temblor que se esparció por todo su cuerpo hasta hacerla sentir ligera. Él enterró su rostro en su pecho esperando que ella disfrutara del momento.
—Te deseo, Sakura.
Ella lo miró con los ojos cristalinos por el éxtasis.
—Pero… yo… por favor déjame respetarte.
El gruñó frustrado.
—Entiendo, Sasuke-kun.
Ella sonrió.
Que iba a pensar él que su boda se oficiaría en la próxima aldea que visitaran.
Ella siempre se saldrá con la suya, Sasuke—le señaló Kakashi—Sakura es demasiado tenaz.
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No creo ni por un solo segundo que Sasuke haya detonado la primera relación sexual, es verdad que él es el hombre, pero Sakura tiene más conocimiento, menos traumas y ha estado enamorada más tiempo.
Realmente creo que ella tuvo que desplegarse para que las cosas se dieran como quería. Lo único que puedo creer, es que ellos estaban casados cuando por fin lo hicieron.
No creo que me haya salido de la personalidad de Sasuke en este capítulo, sino que lo enfoque en el problema sexual que tenía la pareja más que en el desarrollo existencial de él, que es el enfoque que le he dado a los otros capítulos. Ciertamente, disfrute muchísimo escribiendo esto. Tenía tiempo que no le daba este toque pícaro y divertido a algo que escribía. Adicionalmente, ellos tienen que haber tenido los mismos problemas que tienen cualquier pareja. Entre ellos el no querer las mismas cosas a la vez.
A todas estas, tenía demasiado tiempo que no escribía. Y lo siento muchísimo.
Espero que les guste lo que escribí, y que esto sirva de recompensa.
Hasta luego.
Dra Will.
