Había una vez, entre medio del bosque de los cuatro vientos, un pequeño pueblo al que pocos querían llegar. Algunos decían que cosas muy extrañas ocurrían allí, otros contaban leyendas sobre espíritus de guerra que merodeaban por los callejones, también afirmaban haber visto hadas traviesas y que incluso estaba maldito por una gran bruja malvada, pero eso no era lo peor, sino que se pensaba que cualquiera que llegaba al lugar se perdía en sus sueños.

Era así como al poco tiempo se ganó una mala fama entre los alrededores y no recibían muchos turistas. En él solo vivían algunas familias que sobrevivían de los frutos que el bosque les otorgaba y de la caza de animales silvestres. Los pueblerinos eran los únicos que no se quejaban, consideraban que al no tener visitantes se ahorraban muchos problemas, además ellos nunca habían presenciado ninguna de esas barbaridades, solo se dedicaban a vivir tranquilos y felices.

Era por eso, que cuando el viento otoñal de octubre trajo a un joven hombre a la entrada de la aldea todo el mundo quedó impactado. Por un segundo dejaron de caminar, incluso de acarrear los sacos de cultivos, por un momento las calles del pueblo quedaron impregnadas de un silencio expectante. El muchacho tenía el cabello castaño parecido al de las avellanas, una tez medio morena y una figura delgada y esbelta que demostraba el largo camino que debió haber recorrido. Sin embargo, lo que más destacaban eran sus grandes y profundos ojos ámbares.

El chico caminaba con la vista al frente y sosteniendo su pequeño bolso en el que traía las pocas cosas que alcanzó a sacar antes de escapar de su destino y decidir buscar su lugar en el mundo. Nunca había oído de ese sitio que supuestamente estaba hechizado, pero cuando escuchó sus características, supo que era dónde debía ir. Fue así como buscó por todos lados y luego de grandes travesías, de pasar hambre e incluso frío, llegó a la equis marcada en su mapa. Se detuvo frente a un negocio de abarrotes y entró sin más. Tuvo que esquivar las ramas que entraban desde las ventanas para llegar al mesón y encontrarse con la mirada analítica de un joven de cabello azabache y ojos tan azules como el cielo de ese día.

—¿Quién eres forastero y qué lo trajo a honrarnos con su presencia? — preguntó de forma sarcástica y sin quitar la sonrisa de su rostro, el ambarino se cuestionó si esa era la bienvenida que acostumbraban dar a sus visitantes.

Se inclinó respetuosamente y respondió —Mi nombre es Syaoran, vengo desde muy lejos, pasé mucho tiempo perdido en el bosque de los cuatro vientos, pero al parecer me trajeron hasta aquí y me gustaría comenzar una nueva vida. Si es que a ustedes no les molesta.

El joven de veintiún años alzó una ceja interesado en su relato—Vaya... es la primera persona a la que escucho decir eso. ¿Está seguro de que quiere vivir en un lugar al que le dicen ser la mano derecha del demonio?

—Muy seguro, yo no creo en esos cuentos de terror —afirmó el chico de veinte años, le dirigió una mirada tan firme que, al muchacho frente a él, no le quedó dudas de su veracidad.

—Bien, entonces Syaoran, este es su día de suerte. Aquí hay muchas casas desocupadas y que no tienen dueño alguno. Puede escoger la que más le agrade y completamente gratis.

El rostro del castaño se iluminó y volvió a inclinarse—Muchas gracias.

—No haga eso, por favor —rió el ojiazul—, llámeme Eriol. Venga, sígame, le mostraré su nuevo hogar—el joven le hizo una seña con su mano y salieron del negocio.

Caminaron hasta lo profundo del pueblo y mientras lo hacían el dueño del local le comentó sobre algunos datos del lugar, como que muy pocos sabían que se llamaba Hikari o "luz", porque cuando era medianoche, la luz de la luna se concentraba en todo el pueblo y lo iluminaba de una manera cálida y extraña. Nadie sabía la razón, pero les parecía un espectáculo fascinante.

—Esta es —señaló una vez que se detuvieron—, la mejor casa vacía que encontrarás aquí.

Era una pequeña cabaña de madera, al igual que la mayoría de las infraestructuras las ramas de los árboles crecían hacía adentro, pero a diferencia de los demás el que estaba allí no era un árbol cualquiera, era un Sakura. El viajero no hizo más que contemplar lo hermosura de la planta y entró a instalarse.

— Esto es más de lo que pedí. Muchas gracias otra vez Eriol.

—No te preocupes —se habían llevado tan bien que comenzaron a tutearse a la mitad del camino. Antes de irse el azabache se dio la vuelta para mirarlo y borró la sonrisa de su rostro con un aire lleno de misterio—. Solo... no salgas de noche.

—¿Ah? —Syaoran lo observó interrogante.

—En el bosque hay lobos y no quieres que te coman en tu primer día ¿o sí? —bromeó él—. No dudes en contactarme si necesitas algo, mi esposa y yo vivimos en el lugar en que me encontraste —el castaño asintió y se despidieron.

Apenas Syaoran se quedó solo no pudo evitar sonreír complacido por su suerte. Consiguió su propia casa en un solo día, quizás no tenía grandes riquezas, pero, al menos tenía un techo dónde dormir. Luego vería qué era lo que podía hacer para conseguir más dinero y poder arreglárselas para que en un futuro no hubiera duda de que ese pequeño y acogedor hogar le pertenecía.

El resto del día pasó recogiendo frutas y leña para hacer una fogata, no quería volver a padecer frío. No se percató de cómo las horas transcurrieron hasta que el cielo oscureció, y ya que estaba muy cansado, decidió que lo mejor era irse a dormir. La cabaña tenía algunos muebles viejos, entre esos una cama que sería suficiente para calmar su adolorida espalda luego de pasar noches durmiendo sobre el duro suelo, apenas se recostó suspiró porque al fin tenía un lugar tibio y blando en dónde pernoctar, de esa manera cayó a los brazos de Morfeo, al mismo tiempo que cerró sus párpados.

Siempre odió tener el sueño liviano, aún más en momentos como ese, pero no pudo ignorar el sonido de las pisadas desconocidas que al parecer provenían desde afuera. Despertó soltando un gruñido frustrado y tomó el aire suficiente para darse las fuerzas necesarias para levantarse con la guardia alta y ver qué o quién estaba perturbando su agradable sueño.

Caminó hacia una de las ventanas en las que entraba una rama del gran árbol y la tocó, notaba una energía extraña desde él, pero no sabía con exactitud qué podría ser. De repente, una luz nocturna y suave entró desde la ventana, no era tan fuerte como los rayos del sol, pero tampoco era un brillo normal. Entonces recordó lo que le dijo Eriol. "Debe ser medianoche" dedujo, dio un paso aún más cerca del cristal y divisó la espalda de lo que parecía ser una muchacha. Llevaba un vestido largo de color blanco y una túnica de la misma tonalidad de las flores sobre ella, estaba parada, con la vista fija en lo alto del frondoso árbol.

Syaoran entrecerró los ojos para ver mejor ya que no estaba seguro si lo que veía era realmente una persona. "En el bosque hay lobos y no quieres que te coman en tu primer día ¿o sí?" recordó las palabras del azabache. Si fuese así, era muy peligroso que ella estuviera afuera, quizás estaba perdida y necesitaba ayuda. El joven ámbar no dudó ni un segundo más y salió a pasos rápidos.

—Señorita...—llamó por primera vez, sin embargo, la figura ni se inmutó—. ¡Señorita! —exclamó y observó cómo la figura se sobresaltó y comenzó a caminar rápidamente con un claro temor a esa voz desconocida—. No se vaya por favor... es peligroso que usted esté... aquí —el chico la siguió con la intención de detenerla, pero apenas dio la vuelta al árbol la silueta de la muchacha desapareció—. Qué extraño... —susurró él, "Debe ser el cansancio el que me hace alucinar, mejor iré a dormir" pensó. Alzó la mirada y notó como la luz de medianoche se iba apagando cada vez más rápido.

Al día siguiente despertó con una inquietud en el estómago, aún se preguntaba si esa figura que había visto se trataba de un sueño o una realidad, pero prefirió enfocarse en sus responsabilidades, puesto que aún quedaba mucho por hacer para establecerse oficialmente en Hikari. Se dedicó a recolectar más comida y conseguir un trabajo como profesor en el pueblo, su nuevo amigo y su esposa, Tomoyo, le informaron que debido a que nadie se atrevía a quedarse allí, no había suficientes tutores para los niños y solían atrasarse en materias tan simples como el lenguaje o las matemáticas. Afortunadamente él era muy habilidoso en ambas cosas así que no dudó en ofrecerse a cambio de un poco de comida y muebles nuevos que el carpintero le entregaría más adelante.

Al acabar el día, nuevamente, terminó cansado apenas la noche se puso y cerró los ojos con la clara intención de dormir para despertar con energías renovadas. Sin embargo, esa noche ocurrió lo mismo que la anterior. El ruido de las pisadas lo despertaron y cuando fue a revisar, la sombra incierta desapareció tan rápido como apareció. Así fue la noche siguiente y la siguiente a esa. Hasta que Syaoran tomó una decisión.

—Esta vez me quedaré a esperarla aquí, si no aparece solo se trató de una ilusión y si lo hace, le preguntaré porqué huye de mí —comentó decidido. Esa vez esa persona no se escaparía.

Fue así como, con un poco de ojeras por su mal dormir, se sentó con la espalda apoyada en el tronco del árbol de cerezo y se quedó quieto esperando a que se manifestara el espectro. Pero, todo intento de no quedarse dormido le fue en vano. El sonido de algo arrastrándose en el pasto causó que abriera sus ojos alertado de su entorno, lo primero que divisó fueron los pies descalzos más delicados que había visto en su vida. Subió el rostro poco a poco y fue recorriendo a la hermosa mujer que se encontraba frente él, si bien aún estaba de espaldas, no cabía duda de que la forma en que su cabello castaño reflejaba la luz de la luna lo hacía perder la respiración y aún más el brillo de su piel, tersa como la seda más cara que alguna vez pudo haber. Sin querer soltó un largo suspiro embelesado y el rostro que hasta ahora permanecía anónimo se volteó hacia él, sorprendida.

Syaoran dudó en ese mismo instante si estaba frente a una ninfa o quizás un ángel, porque nunca había admirado un rostro tan dulce como ese, ni un esmeralda tan profundo como el de sus ojos. La joven castaña dio un paso hacia atrás dispuesta a escapar como las noches anteriores, pero el valiente chico fue mucho más rápido y se paró para atajar su mano.

—No se vaya, por favor...—pidió él, ella se volteó nuevamente y bajó la mirada hasta la unión en sus manos, no pudo evitar pensar que su toque era muy cálido, pero aún así la quitó asustada—. ¿Me puede decir cuál es su nombre, señorita?

La ojos esmeraldas no contestó, pero tampoco se atrevió a escapar de nuevo, por alguna razón que no lograba descifrar, ese muchacho con ojos tan ámbares como las hojas caídas de otoño ya no le causaba miedo.

El chico la miró anonadado —Le prometo que no le haré daño, solo vine aquí porque estaba preocupado por usted. Todas las noches, la veo parada frente a mi árbol, sola y misteriosa, me preguntaba si está perdida o si necesita ayuda—. La bella joven siguió sin contestar, así que dio un pequeño paso hacía ella —¿No va a contestarme? —preguntó suavemente para no ahuyentarla otra vez—. ¿Sabía usted que hay lobos por aquí?

—La verdad es... que no sé dónde estoy —habló la chica por primera vez, a Syaoran le pareció que su voz era aún más cálida que su presencia, si es que eso podía ser posible—. Cada noche aparezco aquí y... no entiendo por qué.

—Quizás yo puedo ayudarla, ¿vive en el pueblo?

Negó suavemente —No lo sé.

—¿Reconoce algo de por aquí?, quizás el bosque o la luna.

Ella volvió a negar —Tampoco, es... como si no recordara nada—. Dejó escapar un suspiro desamparado y se abrazó a sí misma.

El joven viajero también soltó el aire acumulado, quizás no estaba seguro cómo la chica llegó hasta allí, pero estaba decidido a ayudarla, no importaba cómo.

—Lamento oír eso, quizás se encuentra en un trance inexplicable o solo sufrió un evento traumático que bloqueó sus recuerdos.

Ella lo observó horrorizada y tapó su boca con sus manos —¿Eso cree? pero si me siento bastante bien.

—No lo sé, solo es una suposición —sonrió un poco por la actitud de la chica, no parecía ser mayor que él, seguro tenían la misma edad. Aunque tenía actitudes adorables de alguien menor—. Pero le prometo que la guiaré hasta encontrar lo que la acongoja. Por cierto, ¿me daría el placer de conocer su nombre si es que lo recuerda?

—Oh bueno...—comenzó ella y se quedó pensando unos segundos—. Creo que me llamo Sakura, es lo único que viene a mi mente —soltó una sonrisa algo desanimada, el chico la notó y se dispuso a tomar nuevamente su mano entre la suya, solo que esta vez, se inclinó con su brazo en la espalda y depositó un suave beso en la palma de la castaña, quien se sonrojó avergonzada.

Él se quedó unos momentos disfrutando del tacto de sus labios en esa piel tan exquisita y levantó sus ojos con un aire lobuno que la hizo estremecer.

—Es un nombre perfecto para una bella flor como usted... Me siento afortunado de conocerla Sakura, mi nombre es Syaoran.

Sakura sonrió encantada y asintió —Es un gusto para mi también, joven Syaoran.

Ambos se quedaron observando en silencio, sonriéndose mutuamente hasta que el momento fue interrumpido por la luz lunar, la cual volvía a ser de un tono normal, al parecer solo duraba una hora. La joven castaña alzó la mirada un momento y tuvo el fuerte presentimiento que era la hora de irse. Así que se soltó de la mano de él y dio un paso hacia atrás.

—Muchas gracias por la conversación, usted es muy amable.

El chocolate la miró extrañado—¿A dónde va?

—Debo irme...—contestó ella, al verlo solo y preocupado causó una opresión en el pecho—. Prometo volver mañana, espéreme aquí por favor. ¿Lo hará?

Syaoran aún no entendía nada, pero si ella le estaba ofreciendo un segundo encuentro no iba a negárselo así que asintió —Lo juro, nos veremos mañana a medianoche.

Lo último que divisó fue la sonrisa de Sakura antes de caminar detrás del árbol y desaparecer otra vez. Syaoran era un hombre muy escéptico, no creía en la magia ni en todos esos asuntos sobrenaturales, pero cuando corrió hacia atrás del tronco y no vio ni un solo rastro de ella supo que quizás los rumores de ese pueblo no eran tan equivocados, en lo que sí lo hacían era que Hikari se trataba de la mano derecha del demonio. Los que comentaban esa barbaridad solo eran personas ignorantes, porque estaba seguro de que lo que acababa de presenciar era un ángel.

Se fue a la cama, pero pudo dormir muy poco, daba vueltas y vueltas con el rostro de Sakura impregnado en su mente. Al día siguiente, descubrió que nunca había deseado tanto que el sol se ocultara tan rápido, no hallaba la hora de que iniciara su encuentro con la castaña de gemas verdes. Tal y como lo prometió esperó ansioso bajo el cerezo hasta que la majestuosa figura de ella apareció frente a él, cuando sus ojos se encontraron brillaron con emoción.

—Si vino...—dijo ella.

Syaoran asintió un poco sonrojado y se alzó de hombros —Nunca rompo mis promesas.

Sakura rió suavemente sin poder contener su felicidad —Eso veo, eso habla muy bien de usted—. Caminó más cerca de él y se sostuvieron la mirada—. Me acabo de dar cuenta, que no sé nada de usted...

—Ni yo de usted —refutó el castaño divertido.

—Si..., pero no es que no quiera contarle de mi vida, es solo que no la recuerdo —su sonrisa desapareció al hacer notar ese detalle.

Syaoran, al ver que su ánimo cambió drásticamente decidió contarle lo que ella pedía —Nací en un reino, muy diferente a este—. comenzó —Hace un tiempo, escuché la conversación de mis padres, decían que había sido reclutado para ser el nuevo consejero real, al igual que mi padre.

Ella lo miró impactada —¡Eso es estupendo! Trabajar en un castillo debe ser maravilloso—. comentó ella con energía, él le sonrió enternecido y negó —¿Eh? ¿por qué no?

—Porque eso significa encadenarse a una vida dentro de paredes que nunca la dejarán ver más allá del horizonte y eso no es lo que quería, así que tomé mis cosas y me escapé mientras todos dormían. Pasé meses viajando, buscando un lugar lejos y desconocido para vivir en paz hasta que llegué aquí —señaló la cabaña—. Quizás para usted puede parecer pequeño, pero para mi es mi propio castillo, solo que sin ataduras.

Sakura negó rápidamente con emoción y le sonrió radiante —¡Para nada! Siempre he pensado que es un lugar hermoso. Además... —bajó el rostro apenada—. Si no se hubiera ido de allí, no nos hubiéramos encontrado y nunca nos hubiéramos conocido —escuchó la cálida risa de él y levantó la vista otra vez, Syaoran tenía una mano detrás de su nuca y sus mejillas tan sonrojadas como las de ella.

—Supongo que tiene razón, ¿ve? Estoy feliz de haberme ido, no existen las coincidencias Sakura, solo lo inevitable.

—Eso quiere decir que... ¿estaba predestinado el encontrarme con usted? —preguntó curiosa. Esa idea le parecía muy agradable.

—Así es hermosa cerezo —tomó las manos de ella y las acarició dulcemente, curvó sus labios disfrutando el momento mientras se preguntaba cómo, siendo la segunda vez que hablaban, la conexión entre ellos era tan profunda y... mágica.

Sakura se dejó acariciar porque esa vez no tenía ni una intención de alejarse, no cuando se sentía tan protegida y feliz a su lado luego de pasar noches angustiada por su paradero, sola y helada por el frío, lo únicos seres que la acompañaron fueron la luna y ese solemne árbol que llevaba el mismo nombre que ella.

—Syaoran, usted... ¿cree en la magia?

Él frunció sus labios pensativo por la extraña pregunta —Hace unos días le aseguro que hubiera contestado que no, pero ahora no estoy tan seguro—. Confesó —¿Qué dice usted?

—¡Oh! Yo creo fielmente en ella, opino que se puede expresar de diferentes maneras, por ejemplo... ni usted ni yo podemos explicar el por qué ni cómo llegué a su casa, al igual que la luz de la luna, ¿no le parece extraño? ¿acaso lo puede explicar?

—No...

—¿Entonces por qué no encantar su vida un momento y pensar en la magia? —preguntó ella maravillada por su relato.

Syaoran tomó su rostro e hizo que el esmeralda se conectara con su ámbar, analizó cada uno de sus gestos y negó con una sonrisa de lado —Es la persona más soñadora que he conocido en mi vida.

—¿Debería ofenderme por su comentario? —alzó una ceja y se acercó un poco más—. Le haré una pregunta... si por casualidad solo me tratara de una ilusión, ya que no tenemos pruebas para saber que el otro es real, ¿volvería mañana?

No se habían dado cuenta, pero sus rostros estaban demasiado cerca y sus alientos tibios casi podían mezclarse en una caricia magistral. De esa forma fue fácil que los castaños se perdieran en aquellas esferas frente a cada uno y olvidaran completamente lo que estaban hablando. Syaoran estaba a punto de cerrar aquellos tormentosos milímetros que los separaban acunando la mejilla de su adorado ángel en su mano, pero el resplandor de la luna comenzó a dispersarse.

Sakura alzó la mirada decepcionada por la interrupción y se alejó a duras penas de aquel ámbar que la tenía hipnotizada. Caminó hacia atrás dispuesta a irse nuevamente, pero él la sujetó por el brazo antes de seguir avanzando.

—Si —afirmó él y la dejó confundida—. Vendré todas las noches y días si es necesario.

Ella sonrió completamente eufórica por su confirmación —Entonces, nos vemos mañana Syaoran—. Fue así, como sin más se perdió otra vez en la oscuridad.

La mañana siguiente Eriol fue a visitar al nuevo integrante de Hikari y lo notó demasiado perdido en sus pensamientos. Dejó una canasta con manzanas sobre la mesa y le sonrió juguetón.

—¿Qué te sucedió hombre? Tienes la cara de un tonto enamorado.

Syaoran despertó de la imagen en su mente, aquel rostro iluminado que tuvo tan cerca la noche anterior y soltó un bufido —No sé de qué hablas, si no he conocido a nadie aquí.

El azabache puso los ojos en blanco y respondió —Es porque no te has dado la oportunidad, lo único que haces es trabajar y ordenar este aburrido lugar.

—Pues no necesito familiarizarme con nadie más, ya te conozco a ti y a tu esposa, también a los niños del pueblo, es suficiente para mí.

El de ojos zafiro suspiró resignado y se alzó de hombros —Bueno..., como digas, cuando seas un anciano solo y demacrado te arrepentirás de no haber aprovechado tu juventud. Adiós, que tengas un buen día.

—Igualmente Eriol.

Continúo el resto del día en un lugar muy lejano de su realidad y pensó que esa vez no quería presentarse con las manos vacías. Fue así como esperó a Sakura con una manzana, la más roja y crujiente de las que le había llevado su amigo. Le hubiera gustado darle algo más interesante pero no tenía muchas cosas de valor. Como cada noche a las doce, la luz de la luna se expandió en todo el terreno y ella apareció con suaves pisadas por la parte trasera del árbol. Él se dejó de apoyar en el tronco de este y se acercó a ella para ofrecerle la fruta.

—E...esta es para usted, espero que le guste —estaba demasiado nervioso, nunca antes había sido tan atento con una chica.

Sakura sonrió como siempre, pero con un cosquilleo aún mayor en sus entrañas por el gran detalle que él le estaba dando. El solo hecho que se acordara de ella y le entregara un presente, la llenaba de sentimientos difíciles de explicar.

—Es demasiado perfecta...—contempló la fruta roja entre sus manos detenidamente—. ¿No cree que es una pena morderla y arruinarla?

—No creo que sea capaz de arruinar ni lo más bello de este mundo, Sakura.

Al escuchar esa declaración quedó enormemente encantada y sus piernas tiritaron un poco —Definitivamente usted es todo un caballero—. Susurró, bajó la mirada a la manzana y le dio vuelta —Creo que deberíamos compartirla. ¿Le parece bien?

Él asintió algo tímido por su propuesta y dio un paso aún más cerca para no perderse ni un mínimo detalle de sus actos, cada vez era más difícil mantenerse alejado de aquella flor de cerezo que lo cautivaba todas las noches. Tomó la manzana entre sus manos y la mordió, sabía exquisita... hasta podría jurar que era la manzana más deliciosa que había probado en su vida. Sakura le quitó la manzana suavemente y esta vez fue su turno de darle una mascada.

—¡Mhh! —saboreó—. ¡Dioses! Es todo un placer al paladar—cerró los ojos para disfrutar del sabor dulce en su boca un momento más, cuando estaba por darle una segunda mordida, la mano de Syaoran la alejó de su boca y se apegó aún más a ella. Sus ojos parecían hipnotizados en los de Sakura y entendió que ya no le importaba esa fruta, no cuando había alguien a quien quería probar en ese momento. Estudió los labios de la castaña, con un rosado rojizo que hacían contraste con su blanca piel. Se veían tan tentativos desde ahí. Fue así como perdió cualquier signo de cordura, se inclinó hacia el rostro de su visitante. El primer toque fue suave, probó el sabor de la manzana en el labio inferior de la muchacha y ella dejó salir un suspiro cargado de estremecimiento. Se mantuvo ahí un poco más, plasmando en cada célula esa sensación. Sakura se aferró a su pecho apenas sintió que Syaoran se atrevió a pedirle acceso para hacer de la muestra de afecto aún más intensa y ella accedió gustosa.

Era una sensación difícil de explicar, pero que los adormecía, los dejaba volando por los aires y les robaba el aliento de forma adictiva. Disfrutaron del sabor del otro en solo un simple pero apasionado beso. Se separaron pocas veces, tan solo para tomar aire, querían aprovechar cada minuto, porque sabían que tendrían que esperar un día entero para sentirse en los brazos del otro nuevamente. Sakura enredaba sus dedos en el cabello rebelde de Syaoran, mientras él la apoyaba en el tronco del cerezo y rodeaba la pequeña cintura como si fuera la última vez que la vería. No la quería soltar, no otra vez.

—No se vaya, por favor... quédese conmigo —susurró cuando la luz comenzó a descender, lo que significaba que su hora ya se había acabado.

La chica suspiró triste y negó, mientras lo hacía contenía esas lágrimas rebeldes que se asomaban en sus ojos.

—Debo irme...

—No... ¿por qué? —cuestionó él, la abrazó aún más y acarició su cabello—. Una hora no es suficiente para estar junto a usted. Solo... inténtelo, mañana le prepararé el desayuno y si quiere le leeré un cuento, a las personas soñadoras como a usted le encantan los cuentos de hadas.

—Eso suena maravilloso... —respondió con una opresión en su pecho porque sabía que no era posible, se quedaron callados un momento hasta que ella le acarició el rostro—. Le prometo que nos volveremos a ver mañana y la noche siguiente a esa.

Syaoran soltó un hondo suspiro colmado de resignación y asintió—Bien, pero necesitaré sellar su promesa con un beso como el que nos acabamos de dar, sino creo que moriré. No me considero un hombre paciente.

—No sabía que era tan dramático joven Syaoran —respondió ella con una sonrisa juguetona.

—Era muy distinto antes de conocerla, Sakura.

De esa manera volvieron a juntar sus labios, aunque esta vez de una manera mucho más fugaz, la luna ya estaba en su punto culmen y la castaña debía volver a dónde siempre, a un lugar que seguía siendo desconocido para ambos.

La noche siguiente la esperó más que ninguna otra, esperó y esperó, pero por más que miraba una y otra vez a los alrededores no había ni una señal de su ninfa de ojos verdes, por lo que Syaoran se preocupó gravemente.

"¿Le habrá sucedido algo malo?" se preguntó. Hasta el momento no le había hablado a nadie de ella, porque tenía miedo de que solo se tratara de un sueño. Prefirió que sus encuentros solo se mantuvieran como un secreto cómplice entre ambos, para no volver a su estado de racionalidad. Sin embargo, ahora tenía sus dudas, aunque al principio se regañó a sí mismo.

"Sakura no puede ser una ilusión, la sentí, probé sus labios, la sostuve en mis brazos..." se aseguraba de recordárselo todos los días. Desgraciadamente, las noches pasaron y ella no apareció nunca más. La espera se volvió una agonía y sus recuerdos era a lo único que se podía aferrar ante un pensamiento tormentoso que surgió entre sus momentos de insomnio. ¿Y si... todo este tiempo se trató de un espíritu? No, eso sería aún peor. Se negaba a pensar que Sakura estaba muerta, su mente solo le estaba jugando una mala pasada.

Un día, después de terminar de dictar sus clases, se fue de regreso a su cabaña con la vista perdida en la nada y caminando como si se tratara de un alma en pena. Es ahí como sin querer chocó con un cuerpo que iba en la dirección opuesta a la de él, los dos cayeron al suelo en un fuerte golpe y un montón de hojas volaron por los aires. Syaoran se quejó un poco y se dio cuenta del desastre que causó, así que no dudó en ayudar a la persona.

—Lo lamento, déjeme ayudarla —se disculpó avergonzado de su torpeza y se agachó para recoger todos esos papeles, abrió sus ojos ámbares tan grandes como platos y contempló las pinturas que se encontraban en cada una de las páginas. No se trataban de cualquier dibujo, sino que todos mostraban un cerezo que conocía muy bien. ¡Era el árbol que se encontraba afuera de su casa!

—Muchas gracias, a veces soy muy despistada y no veo por donde camino —escuchó que le respondieron. Esa voz... podría reconocerla incluso a kilómetros de distancia, la escuchó y soñó con ella por mucho tiempo, levantó la vista y entonces su alma se paralizó. Allí estaba ella, su castaña de medianoche. No pudo evitar pensar que con la luz del día se veía aún más hermosa... Sakura sintió sus ojos clavados en ella e inclinó su rostro a un lado interrogante—. ¿Está bien? Pareciera que un fantasma se hubiera cruzado frente a usted.

¿Un fantasma? ¡Todo lo contrario! ¡Estaba feliz de que fuera real! Siempre lo fue. Sin embargo, toda la ilusión del muchacho se fue muy lejos cuando vio que ella no reaccionaba ante él de la misma manera y casi escuchó a su corazón romperse en mil pedazos. ¿Acaso... sería posible que no lo recordara?

—Ya me está asustando... no me diga que le duele algo, ¡quizás se torció el tobillo! —exclamó horrorizada. Él sonrió ante ese gesto tan característico, definitivamente era ella.

Negó y le entregó todos sus dibujos—Estoy excelente señorita, es solo que quedé maravillado con su talento y sobre todo por su innegable belleza.

Un color carmesí se posó en los carrillos de la chica y tomó las hojas lentamente, ese castaño le parecía tan familiar... solo que no recordaba de dónde. Si bien estaba segura de que esa era la primera vez que se encontraban, aún sentía que lo había visto... quizás... en un sueño. Además, su corazón no paraba de retumbar en su pecho en un ritmo que la entorpecía —Gra...gracias, por los cumplidos. Acabo de llegar luego de meses de viajes, me dedico a plasmar la naturaleza en mis pinturas. ¡Oh dioses! Soy una despistada...—. acomodó un mechón rebelde detrás de su oreja y le ofreció su mano —Mi nombre es Sakura, un gusto conocerlo.

Syaoran miró su mano con detenimiento y no esperó más para hacer un acto que lo llenaría de nostalgia, tomó su palma con la delicadeza que merecía y se inclinó hacia ella para besarla suavemente, tal y como cuando se conocieron aquella noche bajo el cerezo, se mantuvo ahí unos segundos más hasta que se separó lentamente.

—Es un nombre perfecto para una bella flor como usted. Me siento afortunado de conocerla Sakura, mi nombre es Syaoran.

Sakura sintió como todo su cuerpo se estremeció ante aquel pequeño, pero al parecer, significativo contacto. No pudo evitar sonreírle cálidamente y mantener la mirada de él cuando se dedicó a admirarla desde la misma posición.

—Es un gusto para mí también, joven Syaoran.

Notas de la autora: ¡Hola queridxs lectores! Este es el último shot del especial. Espero que tengan un excelente Halloween y que hayan disfrutado de este capítulo. Les debo confesar que este es mi favorito. ¿Qué dicen? ¿Debería hacerle continuación? lo dejaré en manos de ustedes. Gracias por todo el apoyo en mis historias.

Les quiere,

Moonlighfic_13/ Kobatoo-13