El dolor es un huésped tranquilo, le gusta dormir todo el día mientras no estoy, su pesado hierro es un monstruo asustado de asustar, intenta agradarme maquillando su fealdad para quedarse conmigo y yo lo dejo, ahora que no estás.Siento su plomo en mi sangre cuando el alba alcanza su punto más alto, un día más de infernales colores. Colores de todos los tonos excepto uno, el de tu cabello con su vapor dulce embriagándome. Era insoportable tenerlo cerca, tenerte cerca, ninfa de canto demoniaco. Es insoportable ahora que te has ido, tu huella marca un compás imposible en el pulso de mis venas. Estoy maldito para siempre, me has consagrado a un destierro inhumano. Lo infernal de un ser angélico como tú radica en que miras desde arriba a réprobos como yo, enfermos de esta lepra, indignos de ti, bañados en fiebre. De haber tenido elección esta no sería mi pena, me has condenado a esta tierra baldía, me enseñaste a morirme de esta hambre que no se hace menos voraz con tu ausencia.Amor mío, nada desearía más que estés bien en donde sea que estés, nada excepto que estés muerta.El hombre de profanas manos.


Dos días después de lo que pudo ser una tragedia, al menos para la reina, un comunicado llegó hasta el rey Sasuke. Los mensajeros traían la buena nueva de que el ejército del rey Danzo estaba próximo a llegar a la frontera, habían viajado sin cesar y eso era todo lo que estaban esperando para dar el siguiente paso. Finalmente algo de toda la cadena de desgracias lograba animarlo y distraerlo, lo necesitaba.

Estos se habían movido más rápido de lo previsto por la cuenca del sur, rodeando los territorios demasiado congelados para facilitar el viaje, por lo cual la gran gira por el reino del Hielo se veía interrumpida. Debían decidir si quedarse en Grust o volver a Indragrado. Lo importante era que debía tener a la mano a su general, este se había quedado en Indragrado porque no tenía nada que hacer en ese viaje.


Sakura despertó con la extrañeza de alguien que se creía muerto. Tras la confusión inicial sintió pánico, dolor y después más confusión, estaba algo mareada y alterada. Por su parte, Matsuri y las demás chicas corrieron a ayudarla, le explicaron que no tenía nada que temer, que estaba fuera de peligro, pero Sakura sentía que tenía tanto que decir y tanto que escuchar que solo pudo romper en un llanto suave, jamás había estado tan cerca de morir. Tan solo pidió que la dejaran sola, y las demás obedecieron con compasión en la mirada.

Siempre había temido que alguien allí intentara hacerle daño, pero cuando llegó ese momento se dio cuenta de lo difícil que es imaginar algo así. Nada la hubiese preparado para ello, y lo que más la asustó de estar allí, a nada de morir, fue el pensamiento de que no importaba en el fondo, no tenía a alguien que la llorara para cuando eso pasara. Haber sobrevivido tampoco significaba que estaba salvada, quizá era solo un aplazamiento de su ahora más que segura muerte.

Fue extremadamente claro que en algún momento alguien borraría su presencia del palacio y la Corte, lo presentía, y quizá el porvenir fue algo cruel al darle la razón. El Hielo se quedaría sin reina.

Pero por ahora Sakura tan solo tenía abundantes problemas para poder elegir qué la atormentaría. Ya que estaba viva, eso significaba que sus inconvenientes con el rey seguían siendo un problema mayúsculo. No, definitivamente no estaba lista para lidiar con nada. En momentos como ese solo le quedaba dormir, dormir hasta olvidar.


Con el pasar solitario de los días le quedó más que claro que él no iría a verla, ya ni siquiera para dormir o comer. Estaban peor que al principio, solo que con todo eso ahora ella no sabía si dejarse llevar por la somnolencia de la tristeza o la fuerza vital del enojo. Cuando se perdía en pensamientos se descubría a sí misma haciendo mala cara, tensando sus manos, teniendo dolor de cuello. Claramente el protocolo de la buena esposa le ordenaba que fuera a disculparse así no fuese su culpa, pues según dichas reglas morales ella había actuado inmaduramente y había cometido una imprudencia al ponerse en peligro, ¿pero cuándo había funcionado ser buena esposa con él?


Jamás había sido un cobarde, nunca en la vida. Nadie era capaz de decir eso de él, nadie excepto ella. Evidentemente tendría que verla en algún momento y hablar, hasta para él era evidente eso, odiaba hacerlo y siempre le parecía innecesario, pero este caso era extraordinario y tenían que resolver esos asuntos.

El problema era que había cosas que podía solucionar hablando con ella, pero otros... no.

No ese problema que ahora tenía.

Ya no se sentía capaz de verla a los ojos no solo después de ese maldito sueño, sino de todo lo demás que vino con ello. Dormir era un tormento ya no solo por las ocasionales pesadillas, sino también por esa extraña sucesión de recuerdos que venían a él en esas horas. Cuando se sentaba a dormir —creyó que dormir en posiciones no tan cómodas como en una silla ayudaría— su mente empezaba a vagar por los recuerdos de pasados no tan lejanos, momentos en donde ella había estado. Momentos estúpidos, sin mayor cosa, pero ahora cargados de algo nuevo. Era como revivirlos con otros ojos, unos ojos que le hacían ver cosas que lo enturbiaban y le hacían despertar inquieto, ansioso, de mal humor. Sus sueños transformaban esas escenas de maneras cada vez más retorcidas.

Estaba la vez que soñó cuando la descubrió mirando el retrato de su familia en su oficina, esta vez no había una daga en sus manos ni temor en los ojos de Sakura. No se decían nada, sus piernas se movían solas y llegaban en cuestión de nada frente a ella, tan cerca para empezar a reconstruir cada vez más milimétricamente esos detalles sueltos que su mente captaba a veces.

De hecho, en sus sueños reconstructores le era imposible despegar su vista de ella, acercarse más de lo debido, hacer y decir cosas que nunca haría; allí le parecía tan natural, le parecía que todo estaba bien. Luego al despertar su conciencia volvía en él para reprocharle esos comportamientos. Se reprendía por cosas que no había hecho y temía verla en la vida real, ¿y si se le escapaba algo de eso? Todo su duro trabajo de autocontrol en la vida real se iba al demonio cuando su subconsciente tomaba el control. Necesitaba dominarse pero prepararse para verla le estaba costando.

El ascetismo es una práctica conocida en nuestro universo en donde el asceta busca un tipo de perfección o iluminación de orden espiritual consiguiéndolo por medio de las privaciones materiales o corporales, un dominio de lo intangible sobre lo contingente. Él, sin saberlo, era un tipo de asceta. Cada vez que algo lo atormentaba tenía la incontrolable necesidad de superarlo poniéndose a prueba: por ejemplo, lidiaba con el luto castigándose en los hábitos naturales del descanso y la comida, se extenuaba hasta desfallecer porque de cierta forma era mejor sentir que el cuerpo llega al límite que sentir tristeza. Difícilmente se puede meditar a gusto sobre la tristeza cuando no se ha dormido o comido en más horas de las prudentes y sobre todo con todo lo que tenía que hacer.

Tenía la mala costumbre de posponer todos sus lutos. No había visitado la tumba de su familia aún y no lo haría en un largo tiempo, todos los rituales en torno a las penas están diseñados para pasar por ellas, adentrarse decisiva y definitivamente como si se tratase de entrar a una casa en llamas. Evitar el luto es mantenerse junto a esa casa, quemándose un costado permanentemente, pero nunca sin calcinarse, tan solo extendiendo un sufrimiento en pequeñas dosis interminables. Entrar a la casa es consumirse en el peor de los escenarios pero hacerlo de una vez por todas y de golpe. Luego las cenizas ya están tan deshechas que nada peor que eso puede pasarles, cuando no hay nada que quemar el incendio se consume y los restos pueden volar desintegrados en el aire, es el descanso.

En lo que a él concernía, su forma de vida se estaba volviendo un constante pre-luto, un saborear la agria pena con paciencia. Quién sabe cuántos años pudo haber estado en eso de no haberle pasado lo que más adelante le pasó, puede que toda la vida.


—Sakura.

Escuchar su voz después de esos días era conmocionante, habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que le hacían sentir que la distancia entre los dos era más abismal. Pese a los días, sus emociones aún estaban a flor de piel.

Ella estaba sentada en el suelo mirando el fuego de la chimenea, no quería verlo y ponerse a llorar, pero era inútil, ya tenía ganas de hacerlo.

—Buenos días.

Iba a ser más difícil de lo que se había planteado, ella era fácil de tratar la mayoría del tiempo pero por lo visto aún le quedaba mucho por descubrir. Parecía tan incómoda como él, miraba el fuego como si eso la ayudara en algo. Quizá funcionaba.

Tenía que acercarse a ella de todas las maneras posibles así que empezó por sentarse en la alfombra él también lo cual fue una gran sorpresa. Ahora la parte más difícil.

—Nos iremos mañana de vuelta a Indragrado.

Ella no respondió, lo que más quería era irse, ese clima era más de lo que podía soportar y pensó que a lo mejor estar en la biblioteca sola otra vez podría hacerla sentir mejor. ¿Solo venía a decirle eso? Era extraño en ese caso que solo se quedara callado ahí sentado a su lado. Sabía leer ese tipo de silencio tan propio de él, cuando no sabía cómo empezar a decir algo y ella siempre lo ayudaba pero no iba a hacerlo esta vez. Sasuke se dio cuenta de eso, en serio no se lo iba a dejar fácil. Para empeorarlo todo, su inconsciente lo estaba matando, eran dos cosas a la vez y no sabía cuál era peor. Irónicamente, se sentía bien volverla a ver sana y salva, ¿cómo era posible sentir cosas tan contrarias?

—Ese día creo que ambos dijimos cosas que no quisimos decir porque estábamos muy alterados.

—... No.

—Lo estábamos —le dijo mirando su perfil, ella negaba mirando las llamas aún.

—Sí, pero yo no dije nada que no pensara de verdad... Quizá estuvo mal de mi parte, pero ya no importa. —Ella finalmente lo miró dejándolo de piedra—. Yo lo he intentado todo pero sigue siendo verdad que preferirías no estar casado conmigo. Ya no sé qué más puedo hacer para agradarte y mostrarte que puede no ser tan malo, y ni siquiera... No sé por qué intento convencerte de algo que tú elegiste, no yo. Yo no tenía idea de nada.

—¿A qué te refieres?

Se sentía bien finalmente poder soltar esa presión así fuese con la persona menos indicada. Al menos no estaba llorando involuntariamente, había repasado tantas veces lo que hubiese querido decir el día anterior así que se sentía en control, con las palabras indicadas en la boca, y aún así sin seguridad de qué iba a pasar o si había un propósito para eso. Solo estaba resignada.

—Nadie me dijo nada de esta boda hasta ese día, lo descubrí cuando estaban vistiéndome. Nadie quiso explicármelo. —Sasuke no ocultó su asombro, también la vergüenza le sobrevino al recordar lo que le había dicho. Nuevamente evitó su mirada—. A ninguno de los dos nos salieron las cosas como queríamos, pero estoy... Ya no quiero que sigas tratándome como si fuera mi culpa.

—No lo hago.

—¿Por qué no me...? —Fue difícil decirlo, tomó aire— ¿Por qué no me dejaste en ese bosque...?

Sasuke casi le dice "¿estás loca?" con cara de reproche, pero ella hablaba tan en serio. Eso era peor.

—¿Preferías morir?

—No lo sé, pero... esa hubiese sido la solución a nuestros problemas, a los tuyos. Yo soy un problema para toda una nación, probablemente para dos, contando la mía. Debiste aprovechar la oportunidad, tú debes odiarme por todo esto. No crees en mí, sé que en muchas ocasiones me preferías muerta porque siempre buscaste una excusa para hacerlo, ahora puedo verlo... Esa vez con la señora Chiyo, la vez en tu oficina... Tu vida nunca corrió peligro conmigo, de los dos yo siempre he sido quien más insegura está, tú podrías solo acabar conmigo y todo estaría bien para ti. Debiste dejarme en el bosque.

Con terror descubrió que lo que ella decía era completamente cierto y aún así no se le había pasado por la cabeza ni por medio segundo el dejarla desaparecida. De hecho esa idea le resultaba molesta, incluso horrenda.

Más horrendo aún era ver lo diferente que era ella. Nunca había notado el brillo de la ilusión y la vida en sus ojos hasta ese momento porque no estaba, se veían distintos de antes. Maldita crudeza en sus palabras, malditos iris opacos, maldito despojo, maldita lágrima lamiendo su mejilla pálida sin ganas. Así no era ella, no hasta que se cruzó con él lo suficiente.

—No te odio.

Pero ella no le creía.

—Sí, todos lo hacen. Por un momento creí que yo le importaba a esas personas. No fue así.

—Basta... —Literalmente estaba teniendo la conversación más difícil de su vida—. No te odio ni te quiero muerta. —Debía darse valor, ¿desde cuándo temía verla a los ojos? Ella solo esperaba una explicación—. Yo solo venía a decirte que tenías... razón.

Por supuesto que eso era aún más sorpresivo.

—¿Eso crees...?

—Sí, como dije, estábamos... Estaba alterado y dije cosas que no pensaba. Yo en realidad...

—¿Sí...?

Y como últimamente, los sentimientos contradictorios pero igualmente potentes lo atormentaban. Le avergonzaba decir todo eso, le incomodaba, pero no podía evitar sentirse dentro de un campo magnético ahora que estaban en la misma habitación, lado a lado, tan cerca. La luz naranja del fuego se pegaba a su mejilla, ¿acaso eso hacía que sus ojos brillaran un poco de nuevo? Ella aún parecía triste pero expectante.

—... en realidad... estoy... a favor de que existas.

Sakura parpadeó una, dos, muchas veces. ¿Qué le había dicho? ¿A favor? Entendía lo difícil que era para él decir lo que sentía, pero eso había roto por completo la atmósfera dramática. El aire se le escapó en forma de un intento de risa contenido que ya no se hizo esperar. Se cubrió la boca pero ya era demasiado tarde.

Sasuke la miró entre sorprendido e indignado, ¿se estaba riendo de él? ¿Justo ahora que básicamente le decía que odiaba la idea de ella muerta? Le hizo caso a Naruto, ser sincero, directo, decirle lo que pensaba... Se estaba abriendo, estaba siendo tan sincero como la situación se lo permitía —jamás podría ser cien por ciento sincero con ella, no teniendo el asunto del plan que había hecho para enamorarla— pero con todo había llegado a la conclusión de que no había mejor manera para volver a acercarla y esta vez de manera contundente. ¿Y ahora se reía? Sí que era bipolar.

Tras su primera impresión de enojo se dio cuenta de que en realidad no era tan malo, prefería eso a que tuviera otra vez esa mirada mientras le decía tan fríamente que prefería haber muerto en el bosque porque eso no era ella, era horrible verla así, como si fuera otra persona, como si hubiese algo muy oscuro habitando dentro de ella y saliendo por su culpa.

Sakura tenía un lado oscuro y una serie de condiciones harían que emergiera consumiendo el lado que él conocía, al que se había acostumbrado.

Y que le gustaba.

Le gustó el sonido melódico que producía su tímida risa, sus mejillas como duraznos se alzaban por una sonrisa. No entendía qué era tan gracioso pero si su lado oscuro se había escondido de nuevo estaba bien, quizá si descubría cómo volverlo a hacer nunca saldría de nuevo.

—Lo siento, perdón —Respiró hondamente con los ojos cerrados—. Perdón, no fue mi intención.

—¿Qué es tan gracioso?

—No, nada... Bueno, es que no sé si entendí bien qué querías decir.

—Quise decir que me molesta la idea de ejecutarte.

Eso solo lo empeoró, ella rio de nuevo y él ya no sabía decidir si le gustaba o le molestaba. "Qué extraño sentido del humor tiene".

—Lo... siento. De nuevo —Respiró otra vez tras su segunda sesión de burlarse del Uchiha—. ¿Quieres decir que te preocupaste por mí a pesar de nuestra pelea? —Algo así, lo hizo bastante tarde pero así fue, sí. Asintió—. ¿No quieres que muera?

—No.

—¿Y... no estás decepcionado por casarte conmigo en lugar de mi hermana?

Otra vez su semblante había cambiado, se lo preguntó desviando la mirada concentrándose en sus dedos con nerviosismo, una pequeña mueca de tristeza se posó en sus labios y él extrañamente no pudo evitar mirarlos con atención, ahora que el ambiente se había calmado un poco su mente ya no estaba tan tensa y ahora se concentraba en cosas que él no quería. Maldijo en su cabeza, el mohín algo infantil sobre su boca lo estaba distrayendo, se veía... ¿Adorable? ¿Esa era la palabra? ¿Y desde cuándo él pensaba que algo era "adorable"? Era completamente impropio de él, inaceptable.

Ella subió sus ojos a él cuando el silencio se extendió demasiado, su alarma interior encendida. ¿Por qué no contestaba? ¿Sí estaba decepcionado? Sin embargo, al verlo notó que este parecía distraído, miraba sus labios frunciendo levemente su entrecejo. De inmediato todas sus señales vitales se dispararon, estaban cerca, más cerca de lo que era sano para su juicio. ¿Acaso era lo que pensaba? ¿Qué debía hacer?

Él se dio cuenta de lo que hacía y de inmediato la miró de nuevo a los ojos, también dándose cuenta de lo cerca que estaban. Era cierto, ella le había hecho una pregunta, ¿qué había sido? Carraspeó intentando poner una barrera mu necesaria entre los dos.

—Lo siento, no debió pasar nada de lo que pasó ese día y tomamos medidas al respecto, no volverá a pasar eso.

—¿Qué quieres decir, qué pasó con ellos? —preguntó algo decepcionada, por un momento creyó que él iba a besarla.

—Ahora no serán un problema, fueron juzgados y se ha hecho justicia, no debes preocuparte.

Ella asintió con entendimiento. Ahora que había hablado por fin se sentía mejor, quizá no fuese perfecto, pero al menos ahora estaba bien con él, y todo gracias a hablar un poco. No había sido tan malo, incluso le había levantado el ánimo sin darse cuenta. Allí, frente al fuego, pudo ver que sus sentimientos no cambiaban, solo se transformaban. Después de todo pudiera ser cierto que ella no era la única que lo intentaba, él estaba dando pequeños pasos y sentía que en el fondo también podía sentir algo por ella, si no era ahora sería después.

Todo lo que tenía que hacer en el mundo era ser una buena reina, y eso implicaba ser una buena esposa, esta bien con él. Se lo estaba facilitando al acercarse a disculparse, quizá llegaría el día en que podrían hablar con familiaridad, si se concentraba en eso todo sería mejor, se sentía mejor y eso era una señal, ¿o no?

—¿Sabes algo, Sasuke? —dijo mirando una de sus grandes manos. Igual que esa vez en la carroza se atrevió a tocarla, si no iba a besarla no tenía tiempo para desanimarse, había recibido más de lo que esperaba por ahora—. Creo que iniciamos mal, pero no es tarde. Si tú y yo hablamos más de lo que pensamos y sentimos como hoy estaremos bien.

Él lo sabía, no le parecía para nada imposible, le gustaba lo accesible que podía llegar a ser. En ese momento deseó que todo fuese tan fácil, poder ser tan transparente como ella. Es más, tenía más cosas buenas que malas. Ahora que lo pensaba, haberse casado con su hermana mayor hubiese sido una total desgracia, la noche que la conoció ya había insinuado cosas, ella era todo lo que hubiese podido salir mal en ese matrimonio: era deshonesta, pues ¿quién se le insinúa al prometido de su hermana?, sus ojos eran tan contrarios a los de Sakura, tan llenos de dobles o triples intenciones. Si Sakura llegó a inspirarle desconfianza, con la otra no hubiese podido cerrar los ojos para parpadear en paz, hubiese intentado invadir su espacio o algo así. Sakura, por otro lado, era audaz y se acercaba a él, a veces de maneras que lo ponían de los nervios, pero nunca de manera demasiado invasiva, era paciente, se acoplaba a su torpe ritmo. Normalmente era el hombre quien aportaba seguridad, pero en ese caso era al contrario, ella lo hacía sentir seguro a pesar de que ambos caminaban figurativamente por encima de una delgada capa de hielo sobre un lago congelado.

Todo eso que empezaba a sentir por culpa de ella lo confundía de la peor manera posible, tendría que aprender a lidiar con eso, ¿siquiera era normal, otros pasaban por eso, qué era, cómo lo hacían?

—Yo también lo creo.


Lo único que hacía todo el día era observar desde el balcón, hasta allí se trepaba una enredadera cargada de uvas jugosas que le recordaban a Sakura. Sin duda alguna su balcón tenía la mejor vista del palacio, estaba en la parte posterior de este por lo cual podía ver solo naturaleza, una cascada partiendo una montaña y verdes árboles de todo tipo. Todo ese entorno era tan perfecto y sin embargo dentro de ella se desataba una larga y estruendosa tormenta.

Ese lugar no tenía sentido sin ella, sin su mejor amiga. Aún no podía creer todo lo que había pasado.

—¿Sabes algo? Creo que me quedaré con estos aposentos. —Detrás de ella apareció la princesa Karin llevando en brazos un gato gris y regordete. Doth no tenía nada que decir ante eso, le dolía, pero no tenía sentido conservar intacta la antigua habitación de Sakura, ella jamás volvería— ¿Qué te pasa, estás triste porque extrañas a tu amiga?

—Mi lady, usted ya sabe la respuesta a eso.

—Oh, ¿realmente lo sé? No estoy segura...

—Era mi mejor amiga, nosotras crecimos juntas, incluso con usted. Estoy feliz de que ahora sea reina pero aún así la extraño.

Karin se acercó aún más a ella hasta que la tuvo enfrente, una sonrisa pequeña y simpática se dibujó en sus labios. Con su mano izquierda acarició el costado del brazo de Doth como consuelo.

—Ya veo, y yo que creí que ibas a ser la más feliz con todo esto.

—¿Disculpe?

—Sí, de hecho no debes sentirte mal, Doth. Te saliste con la tuya, ganaste, tal y como querías. No necesitas ser una perra mentirosa conmigo. —Era tan impactante verla decir eso con esa voz tan suavizada y su sonrisa. Doth sintió que su estómago se revolvía con incredulidad.

—¿Alteza, qué es lo que está diciendo?

—Mi hermanita es algo tonta, no sabe ver a través de las intenciones reales de las personas, pero yo sí. Lo sé, sé que convenciste a mi padre de casarla a ella con el rey Sasuke en vez de a mí. —El aire abandonó los pulmones de la castaña como si hubiese recibido un puño en el estómago—. Sin embargo, debo confesar que me intriga saber por qué lo hiciste, ¿acaso fue por ella? Lo dudo, se lo ocultaste y de seguro sabes que no durará nada allá, es un conejito asustado y la matarán porque no sabe defenderse. ¿Fue porque tienes algo en mi contra? ¿O por ti? ¿Qué ganabas con todo esto...? —No podía hablar, comenzó a llorar en silencio mientras su cabeza negaba inútilmente.

—Yo lo hice... lo hice por su bien.

—¿Por su bien? Lo lamento, pequeña Doth, no te creo. Sé que Sakura y yo no nos llevamos bien nunca, pero yo jamás llegué tan lejos para dañarla, ¿pero tú, su mejor amiga, una traidora y mentirosa?

Se alejó de ella para comenzar a caminar hacia la salida mientras acariciaba a su gato con tranquilidad mientras la otra no sabía cómo explicar, qué decir, qué hacer. Lo peor era que, aunque lo supiera, todo eso era inútil, ninguna explicación sería oída por la única persona que merecía oírla.

—Usted no sabe nada, toda mi vida ha tenido el único propósito de servirle a ella y solo a ella, solo cumplí con mi deber.

—¿La has visto alguna vez, Doth? Es débil, no tiene carácter. Déjame decirte que en todo caso ustedes pierden, ¿sabes por qué? Porque ella morirá muy pronto, lo presiento, y entonces yo seré reina.

Se fue tras decir aquello dejándola con tanto y con tan poco que decir. Por supuesto que temía por su vida, ella también temía que el carácter demasiado afable e ingenuo de su amiga la condenara a una muerte cruel, pero también necesitaba confiar todos los días en que en el fondo, más debajo de todo eso había una fuerza que la protegería de todo mal, que ella encontraría la manera. Había sido una dura decisión, la más dura de su vida, quizá ahora era escoria por ello, pero había sido su única opción. Sakura no podía quedarse quedarse en Konoha ni un día más, había algo terrible que ella guardaría para siempre, algo que tendría que llevarse a la tumba con tal de guardar al mundo que conocía del caos.


El viaje de vuelta a Indragrado fue más corto, no se detuvieron como antes tanto tiempo en cada ciudad, tomaron la ruta más corta porque ya no tenían que conocer más lugares por ahora, les urgía llegar.

A su llegada los tres jefes de las Divisiones y el rey tuvieron una reunión, así como también los altos mandos. Se pusieron al día con todo el asunto, se comentaron las medidas de control que se estaban tomando con respecto a los grupos revoltosos y sus sucios panfletos. Pese a todo, el tema más importante era otro.

—Necesitamos tomarnos Urdogrado de nuevo para llegar a Tolsovia pero tenemos un grave problema: la guardia campesina cercó el lugar, ahora no son solo ellos: llamaron a otros pueblos y ellos se unieron, ya no son una guardia sino pueblos, civiles que se tomaron el lugar.

"Mierda, maldita sea..." pensó. Las cosas se complicaban, al menos habían hecho avances con su imagen, pero allá en el sur ni siquiera estaba seguro de poder ir, no todavía cuando había tanta hostilidad hacia la corona.

—General Pain, es obvio, más que evidente que no podemos llegar a asesinar a todos, tenemos que apelar a...

—¿Apelar, qué no está oyendo, lord Uzumaki? Esta gente ahora ha llegado demasiado lejos, se han aprovechado del corazón benévolo del rey y ahora han llegado a esto. ¿Qué harán el día de mañana si no tomamos medidas ahora? ¿Qué dirán nuestros enemigos? —contraatacó Mangetsu—. Si no detenemos esto ahora, después será peor para todos nosotros. Si el enemigo cree que no podemos dominar a nuestra propia gente estaremos enviando señales de debilidad.

—Exactamente ese es el problema, lord Uzumaki. La campaña de imagen de su Majestad no sirve de nada si solo muestra su poder pero no lo usa.

Sasuke presentía que esa era una de esas veces en donde sus mandos se lanzaban puyas disfrazadas y no se ponían de acuerdo. Pensaba en silencio barajando todas las posibilidades, agradeció estar de mejor humor gracias a que ahora las cosas ya no estaban tan tensas con su esposa pero ciertamente necesitaba recuperar ese control que ya tenía pero de cara afuera. El incidente con la reina solo creaba la impresión de que ellos eran débiles, ya no podían permitirse ni un solo error más.

—Bien... —habló bajo atrayendo la atención y consiguiendo silencio, lo escuchaban—, todos aquí tienen una postura y en cierta medida todos tienen razón, así que creo que hay una manera de hacer esto y que todos estemos de acuerdo.

—¿Qué se te ocurre?

—Si el pueblo quiere un cerco, un cerco le daremos.


—Sasuke...

Su vocecita difusa se iba dibujando con más nitidez en sus oídos, resonaba en su cuerpo con un cosquilleo. Había descubierto que ella poseía un curioso olor dulzón, quizá rojo, quizá cálido que lo hacía sentir dócil inmediatamente.

Pudo verla, estaba en el pasillo llamándolo, su sonrisa traviesa y su mano extendida hacia él le hicieron moverse de su lugar sin pensarlo. Ella tenía ese vestido blanco y ligero de nuevo, recogía la tela con sus manos como si fuese a cruzar un riachuelo dejando ver sus pequeños pies blancos y redondos, tan pronto como se acercó ella salió corriendo, sus carcajadas sonando por todo el lugar. Se metió tras la puerta de sus aposentos y él no pudo hacer más que seguirla en su juego.

Al llegar el lugar estaba completamente solo, todo estaba perfectamente ordenado, lo único que lo descolocaba era ese olor, era como una marca en el aire que lo hacía inspirar más veces de las necesarias solo para sentirlo burbujeando en su nariz, relajándolo.

De pronto desde atrás la sintió, ella lo rodeó con sus brazos delgados intentando treparse hasta alcanzar sus ojos para cubrirlos en un acto bobo, un juego típico de niños.

Pero no se sentía como un niño, no cuando la tenía completamente pegada a él. Ella se agarró a él como un árbol hasta que estuvo cerca de su oído.

—¿Adivinas quién soy? —le susurró produciéndole un escalofrío de muerte. Él solo puso sus manos sobre las de ella, parecía divertida pero él estaba demasiado ocupado absorbiendo con sus dedos la sensación agradable de su piel. Ella reía bajo y él se sentía perdido como un imbécil, y no importaba. Ya sabía que todo eso era un sueño, esas cosas pasaban solo allí y él ya sabía identificarlo la mayoría de las veces. Cada vez que se daba cuenta de ello se alejaba de golpe, como recobrando su voz interior que lo regañaba, y despertaba obligado por él mismo de pésimo humor.

Pero esta vez la sola idea le molestaba, su estúpida voz interior intentaba luchar contra él diciéndole el discurso de siempre, pero él apenas podía prestar atención teniéndola a ella así, de esa manera, con sus piernas enroscándose en su torso buscando seguridad para no caer al suelo, su pecho contra su espalda y el olor, el condenado olor que actuaba como un tipo de hipnotizante y que lo atontaba.

Y entonces pensó, ¿qué más daba? Si era su sueño significaba que nada de eso era real, y mejor aún: él y solo él mandaba allí. Podía hacer lo que quisiera sin hacerlo realmente, ¿quién iba a impedírselo?

Retrocedió hasta sentir que daba con la pared, ella parecía sorprendida por el tacto con la roca gélida en su piel. Él se giró procurando que la planta de los pies de Sakura no alcanzara a tocar el suelo, y finalmente estuvo frente a ella, lo miraba con expectantes y brillantes ojos, su boca roja se entreabrió y él no lo pensó ni un segundo más, se pegó contra ella para sostenerla mejor mientras tomaba su boca con tanta hambre que su corazón apenas daba abasto. Estando así se preguntó cómo podía resistirse tanto en la vida real a hacer eso, cómo algo que nunca se había planteado lo estaba haciendo sentir tan bien con solo imaginarlo.

¿Cómo se sentiría hacerlo con la Sakura real? Peor o mejor aún: ¿cómo se sentiría hacer con ella todo lo demás?

Y más importante...

¿Tenía caso seguir negándose a hacerlo?