"¿Por qué, en los ríos profundos, en estos abismos de rocas, de arbustos y sol, el tono de las canciones era dulce, siendo bravío el torrente poderoso de las aguas, teniendo los precipicios ese semblante aterrador? Quizá porque en esas rocas, flores pequeñas, tiernísimas, juegan con el aire, y porque la corriente atronadora del gran río va entre flores y enredaderas donde los pájaros son alegres y dichosos, más que en ninguna otra región del mundo" —José María Arguedas.


Era asombroso lo mucho que él podía cambiarle la vida, solo bastaba con una buena y pequeña interacción para que todo fuese de pronto maravilloso y perfecto, aunque también aplicaba para mal. A veces todo el rumbo nuevo de su vida lo sentía tan intenso y desenfrenado que cuando recordaba su vida antes de ser reina parecía un pasado empañado. Ahora todo era tan vertiginoso, todo era de vida o de muerte, felicidad o tristeza. A su cargo aún estaba el destino de esa gran nación pero a veces se sentía tan abstraída por todo lo que estaba sintiendo que cuando todo se asentaba notaba que le hacía falta más. Ahora había aprendido a leer para acceder a toda la información sobre el reino disponible, había leído en el viaje un poco sobre la historia, quizá ahora que todo estaba en perfecto orden con su esposo podría acercarse a él y saber un par de cosas, estaba ansiosa por tener una sólida confianza e intimidad con él, ¿cuándo podría retirar con sus manos el cabello negro que le caía con rebeldía por la frente y los ojos? Siempre tenía que reprimir el impulso de acercarse a él y hacerlo para sentirlo, le encantaba su rostro angulado, sus ojos siempre afilados y profundos, solo había tenido la oportunidad de verlos con detalle el día que se casaron, cuando se ponían las argollas, pero en ese momento y en los demás se sentía intimidada y confundida. Deseaba poder hacerlo con tranquilidad, quizá en una mañana, los dos recién despiertos, ser lo primero que veía. Quería que lo que fuese que lo mantenía nervioso desapareciera, mostrarle lo mucho que podía confiar en ella.

—Tengo una idea, Sasuke — dijo esa noche que fue a su oficina a visitarlo, ya era bastante tarde. Ah, ¿cuándo podría decirle un apodo amoroso en vez de solo su nombre? Pese a ser tan abierta, aún sentía timidez estando cerca de él, su atractivo masculino era intimidante, no importaba si él estaba hostil o tranquilo, tenía una presencia demasiado fuerte. Siempre que se movía lo hacía como si supiera que su cuerpo era un don divino, y siempre que se quedaba quieto lucía como una pesada efigie cincelada. El sigilo en sus orbes la retaba, paradójicamente se sentía como presa y depredador al mismo tiempo. Una poderosa fuerza interna la quemaba y la incitaba a actuar, era tan desbordante que temía sofocarlo a él sin querer, él por su lado tenía un ritmo tan cadencioso que no hacía más que avivarla y torturarla. Llegaría un punto en donde sería demasiado irresistible y solo actuaría sin pensar, a menos que él lo hiciese primero.

—¿Qué es? —Él estiraba los segundos antes de contestarle, ¿acaso sabía que escuchar esa voz profunda y recóndita causaba estragos muy dentro de ella, que la recorría por cada poro? ¿Hacía eso para torturarla de anticipación?

—Am... —Intentó recordar lo que tenía que decirle. Últimamente se sentía tan fuera de sí, ya que por alguna razón las damas de la Corte no se habían aparecido en esos días, ella tenía largos ratos para pensar, iba a la biblioteca e intentaba leer; no lo lograba porque dos cosas la sacaban de sí: la presencia de un nuevo guardia que no había visto antes y los pensamientos recurrentes sobre Sasuke. A veces era lo que se habían dicho, otras veces lo que aún no se decían, y otras las veces en las que hubiese hecho algo diferente. Deseaba más de él, mucho más, quería que la tocara pero no por casualidad como en otras ocasiones, quería sentir el peso de sus argollas frías contra su piel. Quería un beso, pero ya no simplemente eso. ¿Estaba mal de su parte tener todo ese tipo de cosas en la cabeza? A veces en una tarde entera solo pasaba de una página leída, luego recordaba lo mucho que desaprovechó esas veces que lo cuidó porque ciertamente tuvo que verlo sin camisa y tocarlo, ¿pero no estaría mal de su parte ser una pervertida mientras él estaba convaleciente? Estaba enloqueciendo.

—¿... Sakura?

Su nombre, tan acostumbrada estaba a él, pero cuando él lo decía sonaba como...

—¿Sí...?

—Ibas a decirme algo.

Cierto, por todos los cielos. "¡Sakura, aterriza, estás siendo una idiota!"

—¡Sí! Digo... Es solo una propuesta. He notado que eres muy descuidado contigo mismo y me preocupa.

—No lo soy, solo estoy muy ocupado.

—Lo sé, no digo que lo estés menos, solo me preguntaba si... podrías sacar al menos un espacio para ir al comedor a las horas de la comida, luces cansado.

—Estoy perfectamente.

—Sí, pero no querrás caer enfermo pronto y que se acumule tu trabajo...

Sasuke lo meditó, ella tenía toda la razón, ¿pero acaso se veía desgastado? No podía permitirse eso, un rey como él siempre debe verse lleno de fuerzas y vida para ser tomado en serio, quizá debería.

—Pero no tengo tiempo para ir hasta allá.

—¿Y si traigo tu comida? Podríamos comer juntos, si necesitas silencio lo haré, solo quiero que te cuides más y quizá podamos pasar un pequeño momento juntos al día, casi no te veo.

Supuso que era cuestión de tiempo para que ella le dijera eso, era verdad, se preocupaba muy poco por administrar su tiempo para darse a sí mismo espacios de tranquilidad. Todavía era muy raro que ella le hiciese querer sacar esos momentos que le pedía, no le sonaba como una mala idea, pero seguía teniendo reparos, ella le producía más cosas de las que podía manejar y cada vez estaba más desbocado, intentaba mentalizarse y convencerse de que no había nada malo con eso, ¿no era normal que un esposo sintiera esas cosas por su esposa? Pero aún era un tema que le producía escrúpulos, no era solo que la deseara, sino que eso crecía cada vez que se daba cuenta de lo agradable que le parecía. ¿Agradable era la palabra? Se sentía bien con ella, tenía buenas cualidades. Todo eso se volcaba luego hacia lo físico, pero nunca al revés. Si se tratara solo de su cuerpo reaccionando no le generaría tanta aprensión.

Debía aceptarlo, ella lo intimidaba. Le intimidaba que se hubiese metido tan sigilosamente en su mente hasta el punto en que ahora le importaba. Eso era muy peligroso, lo dejaba vulnerable. La parte buena de su plan era que él era el cazador y ella la presa, pero ahora no estaba tan seguro de eso. Cuanto más estuviera con ella más indefenso se haría, ya tenía que asumirlo, pero debía hacerlo para que la caja de pandora que era ella no se saliera de control.

—Bien.

Sakura no pudo evitar sonreír ampliamente con victoria, y Sasuke sintió que su vientre bajo se apretaba, qué siniestro gusto le causaba su expresión casi traviesa.

Se levantó, después de todo esa noche podía permitirse ir a dormir más temprano que otras noches, le hizo una señal con su cabeza para que lo siguiera y ella se le unió, la guardia estaba afuera esperándolos tras la puerta. En eso, Sakura tomó su mano para caminar con él. Sasuke la sintió, hacía estragos en su cordura, casi como una descarga eléctrica, era tan nuevo para él que su sorpresa lo hizo apartar la mano con un vuelco en su ritmo cardiaco. Lo dicho: ella lo hacía sentir más de lo que podía manejar.

Esto lanzó una punzante alerta en ella, había rechazado su tacto. Ahí estaba el gran problema con él: nunca sabía cómo interpretarlo, la acercaba y luego actuaba distante. Pensó con desánimo que ese pequeño momento se sumaba a la larga lista de indicios de que él no estaba interesado en ella. De que ella no era deseable.

La pregunta era, ¿ahora qué haría? ¿Qué tipo de mujer era Sakura, cómo se toman los rechazos las mujeres como ella?


Su cuerpo estaba sumergido en una tina de agua caliente, era relajante pero su mente estaba en otro lado, en el tormento de no sentirse deseada o suficiente. Su vida era el sueño de todas: era reina de la nación más grande y fuerte del mundo, era bonita y su esposo dejaba sin aliento a cualquiera, ya fuese por su personalidad intrigante, su aspecto o el poder que irradiaba. Era como estar en el cielo y tener cólicos, como si estuviera incompleto ese escenario de utopía. Se sentía incompleta.

Era exasperante que todo fuese tan perfecto y que aún así faltase algo, como si hubiese algo que arreglar pero que está tan camuflado dentro de todo lo que está bien que hay que revolver esa perfección hasta destruirla con tal de encontrar qué es lo que faltaba, hasta al final no tener nada. Para Sakura era evidente que el problema era que su matrimonio se estaba estancando, ese era el problema. Pensó que si solo eso se arreglara por fin sería feliz, sería amada y deseada, sería correspondida y así estaría completa. Pero que él la apreciara no significaba que la amara o la deseara, ¿significaba eso que había algo mal con ella?

Se incorporó un poco en la tina y se miró desde allí en el espejo, el cabello húmedo se le pegaba a la piel aperlada por las gotas de agua de rosa. Se inspeccionó desde allí con ojos críticos, su gran complejo siempre había sido el cabello, ¿y si lo cortaba? Ya no estaba su padre después de todo, si tan solo lo tuviera de otro color.

¿Y qué había de su cuerpo? Sus pechos no eran grandes y turgentes, más bien encajaban con la naturaleza fina y ligera de su cuerpo pequeño. ¿Era su problema su falta de voluptuosidad? Los tomó con sus manos, no era difícil abarcarlos con ellas, quizá eso era un problema para él, quizá no era suficiente. Era el rey, debía de haber una gran cantidad de diferentes mujeres que estarían dispuestas a estar con él, seguramente él no se conformaría con poco. Estando allí siempre escuchaba comentarios favorables sobre su aspecto, pero ahora frente a su reflejo se sentía más insegura que nunca, las cosas que antes no le parecían mal de ella ahora salían a relucir. Si bajo su propia mirada se sentía de esa forma, ¿qué sería estar frente a él sin ropa? Además, el hecho de que ella fuese reina podía influir en lo que los demás dijeran de ella, quizá solo mentían para agradarle.

Se sumergió de nuevo frustrada y con una horrenda sensación, ya no quería verse más y seguir encontrando más problemas con su aspecto. Ahora todo lo que sabía era que probablemente todas esas cosas eran razones por las que él no estaba lo suficientemente animado como para actuar, no si tenía mejores opciones.

¿Y si ya se había conseguido a una amante o más de una? ¿Y si era esa la razón por la que lucía a veces tan desinteresado y nunca estaba? Alguien que no tuviera sus defectos...

De pronto la luz le pareció oscura y se sintió insoportablemente sola e impotente. Siendo así, ¿cómo iba a quedarse embarazada y darle un heredero al Hielo? Recordó con vergüenza cómo en su viaje le habían dicho que pronto su vientre crecería al estar embarazada, estaba fracasando en una de sus misiones más grandes, no gobernaba en realidad y tampoco estaba dejando un legado, todos asumían que en algún momento lo haría pero cuando notaran que era incapaz de interesar a su esposo, ¿qué sería de ella...?

Cerró los ojos, no quería ponerse a llorar por andar imaginando cosas. Respiró hondo para calmarse, debía confiar en que Sasuke no tenía amantes, debía empezar por ahí. No, él no parecía ese tipo de hombre, la razón por la que había sido tan difícil relacionarse con él era precisamente porque no era como otros hombres, era hermético como solo él podía serlo.

—Sí está interesado en mí, sí lo está... Sí soy bonita.

Pero no lo sentía.

Se encogió acongojada y con angustia, quería dejar de sentir que valía poco. Recostó su cabeza contra el borde de la tina e intentó pensar únicamente en la sensación del agua cubriéndola, acobijándola y protegiéndola. Todo su cuerpo estaba en contacto con esta como si fuese un abrazo.

Fue inevitable que él se metiera en esos pensamientos otra vez pero en esta ocasión de manera agradable. Él cubriéndola, abrazándola, tocándola. Sus manos en su regazo pasaron a reposar sobre sus pechos, solo quería permitirse imaginar que eran las de él, el temblor de la ansiedad y la angustia se convirtieron en un terrible anhelo, no podía soportar más tocar su cuerpo ella sola, imaginando cosas imposibles. No sabía mucho de qué se trataba todo el acto sexual en sí, pero sabía que su cuerpo esta pidiéndolo a él. Sentía calor, le faltaba el aire, y todo su cuerpo se volvía un manojo de anhelos, como si cada fibra de su ser se conectara en una cadena de electricidad que empujaba ese calor hasta llegar debajo del vientre, en su intimidad. Estaba poco familiarizada con esa sensación, con la humedad que brotaba de ella cada vez que pensaba en él de esa manera. Qué terrible era para ella, no sabía cómo aliviar su sed.

Solo una cosa podría.

Abrió sus ojos decidida. Odiaba sentirse frustrada, asustada e insuficiente. Estaba harta de dejar que en su mente desfilaran los cuerpos de las mujeres de la Corte, intentando descifrar quiénes eran mejores que ella, quiénes eran probables concubinas de él. Odiaba sentirse insegura de su reflejo, pero sobre todo descubrió que lo que más odiaba de estar en el Hielo era la falta de control.

Ella quería sentir que controlaba al menos algo en su vida, al menos una pequeña parte. En Konoha no tenía esa necesidad, podía estar sola y tranquila todo el tiempo que pudiera, pero en el Hielo las cosas le sucedían.

—Ya no más...

¿Sentía un maldito vacío en su vida? Lo solucionaría, no iba a dejar que su imaginación jugara más con ella y si Sasuke no estaba preparado tendría que estarlo. Ya había sido muy paciente con él, acoplada a la costumbre de que a ella le sucedieran las cosas, pero ya sentía demasiado por él como para conformarse.

Tendría que seducirlo. Una última oleada de inseguridad la azotó, ella nunca había seducido a alguien, era inexperta e insuficiente, su aspecto...

Pero no, su deseo era más grande que sus reparos. ¿No había aprendido un nuevo alfabeto, no había sobrevivido a una tormenta en el bosque ella sola? Lo aprendería, sobreviviría también. No tenía experiencia pero sí una guía interna, un agudo instinto. Una parte de ella que no conocía se despertaba y sabía qué hacer, sabía lo que quería. Dejaría que sus instintos más bajos y primarios la guiaran, era un todo o nada, no tenía más opción. También la guiaría su inteligencia, al menos todo ese aparente tiempo muerto le había servido para conocerlo mejor. Se acoplaría a él y a lo que sabía, y con mucha suerte tendría resultados.

Sonrió, sus ojos brillaron con decisión y picardía y en sus labios se dibujó una sonrisa.

—A Sakura... A Sakura Uchiha no lo quedará grande nada.

La pregunta sería... ¿estás segura de que eso es todo lo que le faltaba a tu vida, reina Sakura?


—¿Qué es esto?

—"Lista de los notables ilustres", dice acá —contestó Naruto. Tenía en sus manos un pergamino estirado, las letras negras mostraban una serie de seis nombres.

—¿Así se hacen llamar? Yo diría que son más bien "la lista negra de los notables ilustres" —acotó Mangetsu desde su asiento.

Los altos mandos estaban reunidos, la emergencia de ese día era la dichosa lista que había llegado a sus manos gracias a uno de los muchos habitantes leales y de gran corazón del Hielo, los ciudadanos cada día se sentían más compenetrados con los ideales de la corona y buscaban cooperar tanto como fuese posible, para poder combatir el gran mal que los acechaba necesitaban unión, tener enemigos rebeldes internos era un monstruo terrible y sin precedentes en la historia y solo el rey Sasuke podía guiarlos a la victoria.

—Fue una estupidez de su parte publicar esta lista, ahora sabemos quiénes son las cabecillas de los rebeldes del sur —Naruto habló aún repasando las letras.

—¿Por qué harían eso? —dijo Homura.

Gran pregunta.

—Quizá subestiman nuestro poder, se han confiado demasiado y les gusta sentirse famosos —opinó un joven de largo cabello rubio llamado Deidara, quien recientemente había subido de posición, ahora había accedido a la alta Corte y podría participar de las decisiones sobre la guerra. Sobre todo había mostrado especial interés en la estrategia de guerra y las armas, había ofrecido el patrimonio de su familia para financiar desarrollo en armas. Sin embargo aún era algo nuevo en ese mundo y su pensamiento era algo superficial a la hora de analizar enemigos, pero aprendería rápido.

—Mmmm... No creo que sean tan estúpidos —dijo Suigetsu, quien no era especialmente fan de que Deidara se incorporara a sus reuniones.

—No es imposible, se sienten muy osados al ser rebeldes y demuestran que su interés no solo es perjudicar al Hielo sino también jugar a favor de su propio beneficio. Estas personas son egoístas, creen estar por encima de las leyes y por ende, por encima de los demás. Las personas sin moral se tienen a sí mismos como única cosa con importancia, se rigen por sus caprichos y amor propio y eso los lleva a hacer imprudencias.

Eso tuvo sentido para muchos en esa mesa.

—Tienes razón, sin embargo... —Pain intervino— me parece que Naruto ha dado en un punto clave —El rubio aludido abrió los ojos ampliamente, le sorprendía demasiado que él le diera la razón en algo—, es posible que si tuvieron la osadía de publicar la lista y revelar sus identidades en realidad es porque se lo pueden permitir.

—¿Por qué? —preguntó el rey.

—Las cosas han mejorado mucho en todo el reino en temas de imagen, se regó la noticia de todo lo que pasó en el viaje y obtuvimos la simpatía de la gente, incluso el atentado contra la reina avivó los ánimos de amor como lo hizo el primer atentado, están condenando muy fuertemente a nuestros enemigos. Pese a esto, la reacción ha sido proporcionalmente opuesta en el sur, nuestros enemigos se han radicalizado tanto que ahora ese sector es una zona segura para ellos. Aquí nada se mueve sin que lo sepamos, pero allá no tenemos cooperación de nadie.

—Es un nido de ratas —dijo Mangetsu.

—Entonces no nos temen y por eso salieron del anonimato... —reflexionaba Uzumaki.

Sasuke no podía permitir eso, por suerte tenían un plan de acción empezando por el cerco, cuestión que no explicaré por ahora. La orden ya había sido dada.

—Naruto, léenos los nombres una vez más, y asegúrense de memorizarlos, pues no descansaremos hasta que cada uno de ellos esté sometido.

Naruto obedeció. La lista era corta, en realidad, ya que solo eran seis nombres, seis frutos podridos, seis desviados. Bueno, pronto serían siete, un traidor más estaría en la lista.

—Maito Guy, Hatake Kakashi, Aburame Shino, Kurenai Yühi, Sabaku no Gaara, Akatsuna no Sasori...

—¿Akatsuna?

Akatsuna, el apellido de aquella mujer que por tantas décadas se había encargado de coordinar a la servidumbre en su palacio. La pieza rota, la brecha, el error, la manzana podrida.


—Matsuri es tu nombre, ¿verdad? —le preguntó esa tardía mañana mientras esta desenredaba su cabello dulcemente, le agradaba porque siempre era así con ella, la única verdaderamente sincera.

—¿Eh...? ¡Oh, sí señora!

—Dime, Matsuri, ¿crees que cuando acabes puedes llevarme a la cocina con la señora Chiyo? No la he visto en mucho tiempo y quiero organizar algo.

—¡Por supuesto!

La castaña respondía con un tono de voz más elevado de lo normal, en parte por la emoción que le producía, y en parte porque estaba nerviosa, prácticamente la estaba traicionando todo ese tiempo al haberse puesto de parte de la señorita Tenten, quien le pedía informe de todo lo que había visto o escuchado acerca de ella. No tenía mucha información, sin embargo, no mucho de interés excepto que el rey y la reina no parecían haber intimado. Era confuso porque a pesar de todo sí se veían como un par de personas que se atraen, al menos a sus ojos.

Así lo hicieron, al acabar Matsuri la condujo por largos pasillos y escaleras, cuanto más descendían y se acercaban más olía a comida, esto mientras eran seguidas por su nuevo guardia.

Al llegar se encontraron con muchas mujeres yendo y viniendo, estaban perfectamente coordinadas y concentradas, pero claramente el ambiente se rompió con su presencia, todas la miraron con reverencia y extrañeza, se interrumpieron nerviosas para hacer una reverencia. Alguien gritó el nombre de Chiyo y esta apareció corriendo apresurada, ¿qué pasaba? Sus piernas cortas llegaron hasta Sakura.

—Alteza, bienvenida, ¿ha pasado algo, a qué se debe su visita, en qué podemos servirle? —Intentaba que su sorpresa no fuese descortés, la reina no era mucho de su agrado pero debía comportarse.

—Buenos días, señora Chiyo. Solo pasaba para saludarla, no la había visto en mucho tiempo, ¿cómo está?

Chiyo pensó que eso era muy raro, ella nunca estaba interesada en saber cómo estaban, le daba la impresión de que estaba demasiado centrada en sus dramas personales. Se la pasaba en la Corte haciendo cosas de la alta sociedad mientras que ella estaba en la cocina todo el día. Como debía ser, por supuesto.

—¡Continúen con lo suyo, señoras! —ordenó a las sirvientas—. Alteza, muchas gracias, me encuentro bien.

—Me alegra, señora Chiyo. También venía a pedirle un favor.

—Cuénteme.


La gente ya iba saliendo de la oficina, Sasuke charlaba con Homura, este le preguntaba cómo iba el asunto con la reina mientras que el rey solo se limitaba a responder parcamente que tenía todo bajo control. Ahora no solo se incomodaba de tocar el tema, sino que se sentía mal, incorrecto. Contadas eran las veces en las que se sentía culpable de algo, no era especialmente alguien muy moral, más bien alguien que cree que el fin justifica los medios, pero no podía evitar sentir empatía por ella, de alguna manera milagrosa estaban conectando casi de manera real, casi, porque a pesar de que ahora ya no estaba pretendiendo que ella le interesaba, el origen de todo era falso. Por primera vez sentía que estaba mal, que la estaba usando, que ella estaba siendo tan buena e ingenua... Era confuso para él, igual temía porque sentir que confiaba en alguien lo hacía sentir inseguro, pero como fuese, lo mejor era mantener a Homura a la distancia.

—Vaya, parece ser que sí ha funcionado, allí viene.

Sasuke se sobresaltó, precisamente ella iba entrando siendo seguida por señoritas con bandejas de comida y un semblante enérgico, se paró en el marco de la puerta y esperó sonriente, ¿por qué estaba tan feliz? Él no sabía si concentrarse en su preocupación por estar hablando de ese tema cuando ella estaba tan cerca, o si embelesarse como un tonto por su aspecto de ese día.

—Buenas tardes, he traído la comida, ¿podemos pasar?

—Buenas tardes, Alteza, yo ya me iba así que buen provecho —dijo esto último viendo con complicidad al pelinegro. Este, por su parte, estaba a punto de sacarlo como fuese de ahí antes de que dijera algo indebido; una voz interior, la voz de su conciencia que no sabía que existía, se hacía insoportable.

El anciano Homura se retiró, su paso lento matándolo de exasperación, y cuando por fin se fue Sakura hizo que las muchachas pasaran y acomodaran todo en la mesa grande en donde se sentaban los mandos para discutir de temas que nada tenían que ver con el buen comer, es una de esas ironías que Sakura no notaría por ahora, pesaría sobre ella después.

Ellas fueron diligentes y rápidas, y tan pronto como acabaron se fueron, cerraron la puerta dejando a la guardia afuera como siempre. Sakura lo invitó a sentarse junto a ella, él así lo hizo.

Tenerla ahí llevándole de comer se sentía cálido, la única persona que lo había presionado para cuidarse era su madre y Naruto, pero al último nunca obedecía. Era nuevo, reconfortante.

Sakura no sabía si solo quería comer o hablar, pero en todo caso pensó que dejaría que él lo decidiera. Él solo miró la comida, ¿qué cosas le gustaban? Comenzó con las carnes rojas, así que estaba hambriento. Lo vio tomar después aderezo picante, vino, vegetales, tomates... Tomates, muchos tomates.

—¿Te gustan esos?

—¿Hm? —Él reparó de nuevo en ella, todo estaba delicioso y se había abstraído pensando en la lista negra—. Supongo.

Ella sonrió, tenía poco apetito a esa hora así que tomó cosas suaves. Acercó un recipiente lleno de frutos rojos, con sus dedos tomó una mora y la acercó a su boca aún mirándolo a los ojos, la recibió lentamente, quería creer que había captado su atención con sus ojos, ahora debía conducirlo a sus labios.

Así fue, la pequeña fruta no pudo pasar desapercibida, su jugo tintando sus labios llenos y suaves, pasó más segundos de lo normal mirándolos. No ayudaba nada el hecho de haber soñado últimamente que los besaba, de pronto ya tenía la garganta seca así que tomó de su vino escapando de eso, Sakura sonrió triunfante. Todo indicaba que él sí sentía algo de interés por ella, aunque fuese mínimo.

Cruzó sus piernas, estaba descubriendo un nuevo placer, no podía creer lo divertido que era remover hasta encontrar ese lado de él que sospechaba que estaba ahí. También se descubría a ella misma en un nuevo estado, la hacía sentir viva, y al mismo tiempo poderosa, en control.

—¿Cuál de estas frutas te gusta más?

Él carraspeó después de un fuerte trago.

—Ninguna, no me gusta el dulce.

—Ah, es una lástima, quería que probaras... Pero los frutos rojos no son tan dulces, son ácidos.

—Bueno... —Estiró su mano para tomar una fruta del recipiente, pero ella lo impidió.

—Espera, vas a tener que escribir documentos, no querrás tener las manos sucias... Te escogeré el mejor, ¿qué tal este?

Mordió su lengua, no tenía una respuesta. Ella se veía dulce y siniestra al mismo tiempo, su cara denotaba que no sabía lo mucho que le afectaba lo que estaba haciendo, pero cuando la miraba a los ojos veía por primera vez una doble intención, como si supiera exactamente qué hacer para volverlo loco. ¿Vería ella lo mismo en él? ¿Cuándo se había dado cuenta...?

Fue imposible decirle que no, cuando se dio cuenta una roja y regordeta mora estaba a milímetros de su boca. Ella ya no sonreía, pero tampoco estaba seria, qué indescriptible se volvía todo desde que empezó a sentir esas cosas, la lengua está hecha para nombrar cosas concretas. Si algo es amarillo es porque no es verde, una casa es una casa porque no es un perro.

Con Sakura, en cambio, las cosas no eran nunca esas cosas. Sí era no, incomodidad era placer, miedo era lujuria. Todo se mezclaba y perdía su propiedad, lo confundía, ¿existía al menos una palabra para todo eso? ¿Cómo era posible querer y no querer algo al mismo tiempo?

Sin dejar de mirarla abrió su boca levemente resignado, sintiendo ese sabor que ahora no podría dejar de asociar a ella. De nuevo el calor, el ahogamiento, las manos apretadas en puños por debajo de la mesa, su pantalón apretándole y una urgencia de al menos salir corriendo a aliviar esa molestia como fuera.

—¿Te gustó?

—No estuvo mal. —¿Esa era su voz? Sonaba más oscura de lo normal— Bien, debo irme, gracias por la comida.

—¿Ya te vas, no vas a trabajar?

—Sí, pero debo... Tengo que buscar algo.

—Oh, si quieres le pido al servicio que lo busque por ti, ¿qué es?

—No, tengo que hacerlo yo, adiós.

Se levantó deprisa y comenzó a caminar casi corriendo, tan pronto como se quedó sola tras un pequeño portazo lanzó un chillido de emoción, eso había sido lo más intrigante que había hecho desde su llegada, probablemente en toda su vida. No se equivocaba, iba por buen camino. La siguiente vez obtendría al menos un beso, o dejaba de llamarse Sakura.


Por suerte para él el palacio era enorme, no fue difícil encontrar una zona con poca servidumbre. Ordenó a todos que se fueran, iba solo pues le había pedido a su guardia que se quedara a cuidar a Sakura mientras él volvía.

Se encerró en un baño, necesitaba apagar el fuego dentro de él, lo necesitaba urgentemente.

Había agua lista para calentar pero él la necesitaba a esa temperatura, o más baja, si fuese posible. Se desnudó con torpeza y se metió en la tina con los baldes cerca. Con su mano comenzó a dejar el agua caer sobre su miembro, le resultaba sumamente vergonzoso el modo en que su cuerpo se comportaba ahora ante la menor provocación de ella, por suerte su amplio y pesado abrigo de confianza lo había ayudado en más de una ocasión cuando eso empezaba a ocurrir. Se sentía sensible e insatisfecho, su mente más nublada que nunca después de eso.

"Soy un maldito enfermo. Solo era un almuerzo... Solo un almuerzo, condenado depravado".

Al menos ahora sabía que el agua fría era de mucha ayuda para eso, lo había descubierto y su cuerpo volvía a la normalidad y solo tenía que evitar pensar en cosas que lo devolvieran a ese mismo estado, lo cual era cada vez más difícil. Ahora, sin embargo, estaba batallando, cometió el error de dejar que el agua cayera poco a poco y eso solo lo estaba estimulando, se sentía bien.

No, necesitaba más agua. Con una mano tomó más del balde en un recipiente y con la otra sujetó su miembro para eso, pero eso se sentía aún mejor, la sensación lo invitaba a continuar. La imagen de los labios de Sakura tomando la mora se repetía sin cesar en su memoria, cuando menos se dio cuenta su mano se movía distraída de arriba hacia abajo produciéndose una oleada de placer insuficiente, como si con cada movimiento su cuerpo exigiera el doble.

Un gemido salió de su garganta sin permiso, se sentía tan prohibido. Todas las imágenes de Sakura, reales e imaginarias, se hicieron una sola y se manifestaron en una nueva fantasía, una en donde ella entraba por la puerta completamente desnuda con esa mirada sobre él. Sus pies pequeños y descalzos se acercarían hasta él, hasta que pudiera ver lo que estaba haciendo. Probablemente una sonrisa traviesa aparecería, diría su nombre de esa forma que tanto le gustaba y se metería allí con él sin ningún recato pero con las mejillas rojas, porque así era ella. Cuanto más movía su mano más vívida era su imagen, los detalles que tenía que inventarse y que armaba como un rompecabezas al unir cosas que había visto de ella, su respiración ruidosa a veces arrastraba a su voz en jadeos involuntarios. Ella sonreía cruelmente con dulzura, animándolo a ir más rápido. Pensó que se sentiría mejor si lo hacía ella, si usaba esas aterciopeladas manos que tenía, si su piel de leche lo acariciaba, si sus carnosos labios...

—¡Sakura!

Con una descarga potente cerró los ojos mientras sentía que por su mano resbalaba un viscoso líquido. Su cabeza daba vueltas, estaba fuera de sí, repentinamente liberado y somnoliento.

Cuando su cabeza se enfrió se dio cuenta de lo que acababa de hacer, de su estado humillante. Ella lo estaba volviendo loco, lo estaba haciendo descender hasta los peldaños más bajos de su condición humana, aquellos que creía indignos de él. Sin embargo, después de eso se sentía como en las nubes, muy arriba.

Y comprobó con horror que no había sido suficiente.


—¿Sabes algo? Si alguna vez vas a hacerme caso en algo, que sea en esto: ten cuidado, las cosas ya no son como antes. Ya viste lo que puede pasar si sigues siendo así.

—¿Y desde cuándo tan prudente, Suigetsu? Ni siquiera estoy haciendo algo malo.

—No, Tenten, él tiene razón. Ya no importa si estás haciendo directamente algo malo, créeme. En este momento cualquier persona ligeramente sospechosa no solo es vigilada por nosotros, sino que también corre peligro.

Claro que lo sabía, vaya que lo sabía, no era una estúpida. Antes siempre era una posibilidad que ese callado rey se enojara con ellos, pero ahora sabían lo extremas que podían ser las medidas, ya no estaban para juegos.

Sus posibilidades se iban cerrando cada vez más, y solo quedaba algo a su favor: la información de que el rey y la reina no intimaban. Quizá ahora que estaba por quedarse sin nada tendría que arriesgarlo todo.