—Sasuke...
Levantó la cabeza de sus papeles, una voz familiar lo llamaba. Miró al cielo, el ritmo lento del sol marcaba medio día. Era uno de esos pocos días radiantes en el Hielo.
—¿Qué?
—¿Ya estás listo? Debemos irnos.
—No quiero ir.
El dueño de la voz familiar cruzó la puerta de la biblioteca para caminar un largo tramo hasta llegar a su mesa. Sasuke lo miraba como si algo le diera un vuelco en el estómago, empezaba a sentirse realmente pesado.
—¿Por qué?
—No hace falta que esté ahí, ni siquiera tú. Las órdenes las dan desde acá y ya, no va a cambiar nada si me voy.
—Es nuestro deber.
—Es tu deber.
Lo era, ¿pero por qué sentía que había sido un error?
—Me gustabas más cuando eras pequeño, me hacías caso a todo lo que dijera.
Sus ojos se miraban fijamente, ojos serios que decían más de lo que mostraban. Sasuke quiso decir que sí iría, que se lo llevara con él, que se lo llevara de una vez por todas y para siempre, que se lo llevara hasta el fin del mundo.
—Yo me quedaré a calentar el trono para que tu trasero no se congele cuando vuelvas. — "¡No! No, no, no, no. ¡Vamos, dilo!" —. Cuida a mamá.
—Eso haré.
¿Por qué sentía que no sería así? Los presentimientos se le presentaban como si vinieran de muy hondo, guturales, caminaban sombríos hacia fuera de su ser y se paraban rodeándolo como criaturas tristes y vaporosas. Sabía tantas cosas, ¿cómo las sabía?
"¡No vayas!" comenzó a gritar cuando él se giró y comenzó a caminar para irse de la biblioteca, su voz resonaba en su cabeza pero no salía de su boca. "¡Quiero ir, llévame a mí también!"
—¿A ti? ¿Por qué?
—Buen viaje.
"Déjame ir contigo esta vez, por favor". Su cuerpo no se movía, pero su alma se arrodillaba en su interior.
—No debe ser así de ninguna manera. Ni irás conmigo ni tendremos un buen viaje.
—Buen viaje.
"¡No vayas! ¡Morirás, por favor diles que no vayan! ¡No te vayas, no se vayan! ¡No te vayas, por favor! ¡Llévame contigo, llévame a mí! ¡Llévame, quédate!"
—¡No!
Lo próximo que supo fue que estaba sentado, temblando y con los golpes de su corazón en los oídos. No veía ni su propia nariz. Con su mano apartó el pelo de sus ojos, sudaba frío. Tener sueños como esos lo llenaban de espanto y remordimiento, sueños en donde no podía cambiar las cosas aunque supiera que estaba soñando, en donde tenía nulo control de sí mismo, en donde un recuerdo viejo, neutro, feliz o tranquilo se transformaba en uno grotesco. Lo peor era lo vívidos que eran.
Dio un salto cuando sintió una pequeña mano sobre su hombro, su estado primitivo estaba alerta recibiendo cualquier cosa como una señal de peligro, afortunadamente estaba más despierto que dormido por lo que pudo apartar las telarañas de su pesadilla para recordar su verdadero contexto. A los segundos reconoció quién lo tocaba.
—Tranquilo, soy yo. ¿Estás bien?
No quería responder, aún temía que no saliera su voz y tampoco tenía una buena respuesta, estaba descompuesto aún, odiaba ser visto en ese estado, nadie conocía esa parte de él. Ella, sin embargo, había tenido que ser testigo de eso y lo odiaba, se sentía como un niño y no como el hombre poderoso que sus suponía que era y debía ser.
Al ver que no recibía respuesta apartó sus cobijas para ponerse de pie y encender algunas velas, quizá algo de agua le vendría bien. Torpemente se movió para encender las que estaban más cerca, de cierta manera la luz fue bienvenida por él.
La observó con los ojos algo entrecerrados intentando acostumbrarse a la luz tenue, ella estaba de espaldas sirviendo algo de agua de la jarra que siempre tenían disponible, pero él quería algo mucho más fuerte. Se acercó a él con el vaso y se lo ofreció. Lo recibió y ella se sentó en la cama frente a él, lo bebió en dos tragos.
—¿Quieres más?
Él negó.
Ella no sabía qué decir y qué no decir, nadie está realmente preparado para consolar. A él no le gustaba hablar, probablemente no querría decirle nada, ¿cómo podía acercarse a él y que supiera que podía confiar en ella, que estaba ahí para él?
Con cuidado y lentitud sus manos se aventuraron a tomar la mano libre de él, la izquierda, la apretó un poco deseando que eso expresara bien lo que quería transmitir. No sabía qué clase de sueños estaba teniendo, se moría por saberlo pero temía no ser de ayuda. No eran tan cercanos como ella quería.
Él se dejó aunque lo asustaba que se aproximara tanto. Cerró los ojos, necesitaba desesperadamente dejar de sentirse así, como en un hoyo profundo en donde la tierra no es tierra sino fango pútrido y gélido. Sintió las yemas de sus dedos aterciopelados como gotas secas por su piel, recorrían sus nudillos marcados, iban y venían en círculos, era fácil perderse en ese recorrido teniendo los ojos cerrados, los dedos cálidos subían y bajaban, se escondían debajo de su palma produciéndole cosquillas, se sentía a la deriva entre sus tenebrosos sentimientos y esas cosas que ella le producía.
Ella llevaba una semana en una campaña implacable contra su autocontrol. Jugaba con su cabello, le sonreía de esa manera, le hablaba con un tono juguetón, sus maneras siempre sugerían algo sin nunca ser demasiado. Él a veces creía que se estaba volviendo loco, que solo estaba viéndola de ese modo por culpa de su nuevo instinto despertado recientemente, hasta se sentía culpable de sentir todo eso mientras que ella ni lo sospechaba, ¿qué pensaría de él si supiera todo lo que su mente le hacía? ¿Si supiera lo que había comenzado a hacer a solas como único y desesperado método para controlarse frente a ella? No solo pensaría que era un depravado, sino que tendría razón. Se había intentado negar a eso por todos los medios desde que lo descubrió, y tal vez lo hubiese logrado lejos de ella, pero últimamente todo lo que hacía le volaba la cabeza. Quería volver a verla como antes, como cuando no importaba y no era más que una sombra fantasmal, un elemento más de fondo, o incluso como un ente amenazante. O mejor aún, volver a esos tiempos en donde no la conocía. Su concentración estaba en su peor momento, cada tanto sus pensamientos se interrumpían, se incineraban en ese fuego interior que no sabía cómo describir. Después de aquella vez en la bañera no volvió a ser el mismo, cuando la explosión de sensaciones había acabado se encontró más humillado que nunca, patético, en una situación vergonzosa e indigna, mojado con ese líquido viscoso y abundante que había salido de él. Era la viva imagen de la degradación.
Entró en negación, intentó pretender que nunca más tendría que hacerlo, que podría evitarlo. Estaba peor que mal, pero se sentía tan bien.
Falló al otro día. Y al día siguiente. Y al día después de ese. Para ese punto ya le asustaba, ¿así iba a ser su vida de ahora en adelante? ¿Pasando eternidades tocándose en un baño, desconcentrándose, pensando esas cosas de ella? Se sintió como un bicho raro en el mundo, cuando se reunía con los demás altos mandos a veces se preguntaba si ellos también pasaban por eso o habían tenido ese problema, o si sería el único. Sospechaba que no, pues parecía obsesionarles a veces hablar de mujeres.
Desgraciadamente también descubrió al cuarto día que no saciarse en el baño era peor que hacerlo, esa misma noche su mente se encargó de hacer lo que no había querido hacer despierto. Soñó con ella más vívidamente que nunca, sus cuerpos entrelazados y desnudos buscándose desesperadamente, había algo de impreciso en esas imágenes pero solo supo que no podía volver a ocurrir, no con ella a su lado, tan cerca. Solo bastaba con que se le escapara algo, con que dijera algo dormido para que ella lo supiera y lo apartara por degenerado.
Y pese a todo eso no podía abrir los ojos en ese momento, apartar sus yemas blandas e irse. El sentimiento de remordimiento producto del sueño parecía ceder por fin ante algo tan fuerte como lo que ella le producía en su cuerpo. Quería perderse en eso, necesitaba arrancarse esa bruma interna, dejar que ella la agarrara con sus dedos como algas pegadas a él y las lanzara lejos.
Lo relajaba y a la vez lo descontrolaba, comenzó a escuchar su propia respiración un poco más fuerte, se concentró en el aire cargado de ese aroma tan sutil como ella, lo llenaba sin darse cuenta, lo notaba cuando ya era parte de sí. Así era ella, una intrusa de pasos tan blandos y silenciosos.
El vaivén continuaba, lo mecía como olas en el mar. La escuchó moviéndose, la cama se hundía, ella estaba más cerca. Sus dedos de araña cosquillearon por todo su brazo de arriba hacia abajo, jamás había sido tan tocado en su vida y aunque debía estar aterrado no lo estaba. Sobre su hombro desnudo trazó círculos superficiales, tímidos. Cuando comenzó a tocar su cuello su piel ya estaba incontrolablemente erizada, quería tirar la cabeza hacia atrás y dejar que lo explorara. Aspiró hondo, el camino hacia su mentón había sido vertiginoso.
Sus manitos marfiladas se desviaron a sus mejillas, luego no sintió nada, y luego de nuevo... Solo que era diferente, ella estaba más cerca, sentía el aire salir de su nariz pequeña contra su mejilla derecha, su boca, con la que tanto había soñado últimamente, lo rozaban apenas. Abrió los labios con expectación, ella jugueteó en la comisura. No pudiendo más, perdido en el juego, movió su cabeza hasta que se encontraron frente a frente, se quedaron así por unos segundos, conociendo la impresión que dejaban los labios del otro, el roce dulce, torpe y superficial.
Sasuke subió su mano hasta tomar su mentón como una copa de vino para comenzar, no quería que se le escapar ahora que por fin podía probarla, aunque era más probable que él lo hiciera.
Su beso pasó a ser húmedo, como si solo esa parte de su cuerpo existiera, esa y su entrepierna bajo las cobijas. No era como sus sueños, sin embargo, en donde se desbocaba en un frenesí ansioso, esta vez solo la probaba suavemente. Se le fue todo el aire cuando sintió que ella le correspondía con más seguridad y se apoyaba con las manos en sus hombros, él dejó que las suyas tomaran su rumbo hasta la cintura en donde se quedaron en un abrazo que fue tomando más forma.
No supo en qué momento ya estaban acostados, él sobre ella, tener los ojos cerrados lo hacía sentir irreal, ¿otro sueño? Abrió sus párpados, ella los tenía cerrados fuertemente, su cara roja y la respiración rápida. Comenzaba a sentir que sabía qué hacer, y su cabeza fue un caos cuando ella dejó escapar un jadeo ruidoso, un gemido involuntario.
Era inevitable lo que pasaría esa noche, lo supo en ese momento, no podría detenerse por nada del mundo. Los besos eran erráticos como sus ritmos cardiacos, sus manos subían y bajaban por el cuello terso y delicado de ella, cada vez más cerca del escote que se moría por descubrir. Quería frotarse contra ella, consumar ese matrimonio como debió haberlo hecho mucho tiempo atrás.
Se separó de ella para observarla mejor, sus ojos jade brillaban y se veían insondables con las pupilas dilatadas. No se detuvo mucho en eso, el pecho de Sakura subía y bajaba hipnotizantemente, su camisón desarreglado por sus propias manos insinuaba sus senos por debajo, no lo pensó mucho y se decidió a bajar la tela de una vez por todas.
Se quedó a medio camino.
—¡Alteza!
Alguien golpeaba la puerta con tanta prudencia como se puede golpear la puerta de alguien a las tres de la mañana.
Ambos quedaron petrificados, en menos de un segundo Sasuke enfureció como nunca en mucho tiempo, Sakura tampoco se quedaba atrás, estaba a punto de gritarle a esa persona que se fuera, no podía ser posible que todos sus esfuerzos se vieran truncados por culpa de alguien a esa hora, ¿qué probabilidades habían de que eso pasara? Y peor, ¿tendría que volver a empezar? Lo quería a él en ese instante.
—¡Sasuke, despierta, es urgente!
—Naruto... —susurró con todo el desprecio que pudo.
—¡Alteza!
—¡Ya voy!
De mala gana, de la peor gana en el mundo, se levantó sin mirarla, temía que si lo hacía su cabeza se calentara de nuevo en un segundo y los mandara al demonio para continuar con lo que hacía. Tomó un abrigo de piel para cubrirse del frío que ahora recordaba y puso otro sobre la cama para ella.
Al abrir la puerta pasaron Naruto, Pain, Homura, Neji y Mangetsu.
—¿Qué es todo esto?
—Perdón, Sasuke, nadie quiere estar aquí a esta hora. —dijo Naruto, para luego brevemente posar su mirada en Sakura, ella estaba ahora sentada en su lado de la cama cobijada y cubierta por el largo abrigo—. Perdona, Sakura, no queríamos despertarte.
—No te preocupes, no hay problema —dijo intentando fingir que no quería arrancarle cada cabello de la cabeza uno a uno, su sonrisa fue tan falsa que todos pudieron ver su desagrado pero no Naruto.
—Me alegra saberlo.
—¿Pasa algo?
—Alteza, tenemos a uno de ellos.
Sasuke pasó de la indignación a la sorpresa, ¿era lo que creía que era?
—Los ciudadanos nos han entregado a un hombre que se hace llamar Hatake Kakashi —informó Mangetsu con un tono solemne.
Sasuke abandonó su rostro hierático.
Lógicamente tenía que ir, debía ir a verlo en persona. A eso habían venido, seguramente lo siguiente que vendría sería un largo interrogatorio y después...
Caminaron para irse hasta que una voz los detuvo.
—¿Qué pasa?
Puede que el corazón más noble de esa habitación fuese el de Naruto, que se arrugó de remordimiento con tan solo darse cuenta de eso. Se sintió avergonzado de no haberle dicho nada a ella.
Todos se miraron contrariados.
—No es nada, Alteza, asuntos de gobierno —dijo Neji captando la voluntad de todos.
—Oh, ya veo.
—En realidad... capturamos a uno de los malos, uno de los líderes del sur. Hay una lista negra de líderes que recibimos hace apenas unos días pero nuestro sistema es súper increíble y ya tenemos a uno.
Las mandíbulas de todos los demás hombres se apretaron, ese era Naruto, el espontáneo y sincero Naruto. Sasuke no podía explicar muy bien por qué le incomodaba tanto eso, era más bien un asunto que le concernía a él, un secreto de estado.
—Vaya... ¿y cuántos más faltan?
—En la lista hay cinco pero creemos que puede haber más.
Neji carraspeó incómodo, era mejor cortar ahí e irse para mantenerlo privado.
—Debemos empezar pronto —dijo Pain, los demás tomaron esa oportunidad para hacer una reverencia y empezar a irse.
Sakura, que no era tonta, vio lo incómodos que se comportaron, al parecer preferían mantenerla lejos. Pensó que quizá era lo mejor, no quería meterse en problemas con su esposo y los demás, la Corte seguía aterrándola, le daba curiosidad pero Sasuke parecía tenerlo bajo control en sus propios términos. Aún así jamás se acostumbraba a la sensación de estar excluida, de no importar demasiado.
—Quizá sea lo mejor que vengas con nosotros, después de todo eres la reina.
Sasuke casi se muerte la lengua, Naruto a veces lo desesperaba. Lo miró disimuladamente con insistencia rogando que entendiera el mensaje pero no fue posible, este ni siquiera lo miraba. Sakura, por su parte, estaba sorprendida de eso, no estaba acostumbrada a participar de nada de eso y aún podía sentir el cuerpo de Sasuke sobre el suyo, seguía algo aturdida y frustrada.
—¿Está bien si lo hago? —preguntó volteando a verlo. Sasuke agradeció internamente, era el momento perfecto para al menos decirle que se quedara pero no pudo hacerlo.
—¡Claro que sí! Debes ponerte al día con todo en realidad, ¿acaso no te traen un informe escrito cada tanto? Ella sabe leer, para que lo sepan —dijo con el pecho hinchado de orgullo por ella, la consideraba casi su amiga, la esperanza para que Sasuke al fin pudiera superar sus fantasmas. Quería cuidarla de todos, de la Corte, de los impulsos desconfiados de su amigo, de los enemigos, sentir empatía por ella sin tener conflicto de intereses de por medio no era imposible, sino todo lo contrario.
—Alteza es una mujer prodigiosa en todo sentido —intervino Homura por primera vez— no es nada menos que la reina de nuestra nación. Sin embargo...
—¡Exacto! No hay ningún problema, ¿verdad, Sasuke?
Sasuke se encontró impedido, cuatro pares de ojos brillantes sobre él mirándolo así eran más de lo que podía manejar.
—Si ella quiere...
Fue así que comenzaron el camino, ella los acompañó por sinuosas escaleras y pasillos oscuros y largos que cada vez la llevaban hacia abajo, el frío era de espanto.
—Estamos en las mazmorras —le informó el rubio. Estaban a las puertas de ese lugar, era como un universo umbrío y húmedo, un submundo todo el tiempo bajo sus pies. Fue extraño pensar que todo ese tiempo habían personas a muchos metros más abajo viviendo diferente a ella.
Atravesaron capas y capas de seguridad hasta que estuvieron en lo más bajo. Sasuke no quería que Sakura se quedara todo el tiempo, no era un lugar apto para damas en lo absoluto, incluso para él. Él nunca bajaba hasta allí, este era un caso especial.
Sakura miraba a su alrededor las celdas miserables de barrotes congelados, era difícil decirlo por la pobre iluminación pero creyó ver muchos ojos que la seguían, los ojos de los réprobos. No eran las miradas amorosas, anhelantes o admiradas del pueblo, los ojos de un ser de las tinieblas no encuentran consuelo en colores bonitos.
—¿En dónde está? —preguntó Sasuke a los hombres que custodiaban el lugar, estos lo reverenciaron antes de conducirlo, extrañándose por la presencia de la reina.
Sakura deseó no haber ido, le parecía de espanto aquel lugar, al principio creyó que podría llevarlo bien pero no solo eran los olores insoportables, sino también el ambiente saturado de penas y cosas indecibles. Quería hacerse la fuerte inspirada por Naruto pero no sabía ni en dónde poner los ojos.
Fue mucho peor llegar a esa estancia de roca mohosa, la imagen violenta de un hombre amordazado fue casi demasiado. Los guardias estaban junto a él, tenían todo tipo de objetos en sus manos, supuso ella que para castigar. Agradeció no poder detallar bien el estado de ese hombre. Todos notaron la conmoción que eso causaba en ella, Sasuke regañó a Naruto con la mirada, ciertamente había sido muy estúpido ceder y dejar que ella los acompañara. Naruto sintió remordimiento esta vez por eso.
—El hombre que ves ahí, Alteza, hizo cosas muy malas, no te preocupes, está bien.
Ella asintió sin poder dejar de verlo, este tenía la cabeza gacha negándose a mirar a los nuevos visitantes.
—El ilustre y notable Hatake Kakashi —se mofó Sasuke, sentía la más grande de las repugnancias de solo verlo, y pensar que un hombre tan patético junto con otros más estaban causándoles auténticos dolores de cabeza.
Él seguía mirando hacia abajo.
—¡Su Alteza Imperial se ha dirigido a ti, traidor! —exclamó uno de los guardias, un hombre fornido que ocultaba su cara con una máscara. Estaba a punto de golpearlo cuando Sasuke lo detuvo.
—No...
No quería hacer un espectáculo sangriento solo para que ella se traumatizara, ya tendría que aprender que esas cosas pasaban pero era mejor si lo procesaba con calma.
—No hace falta... Él sabe su lugar muy bien, sería una ofensa si nos mirara, aunque me sorprende, me lo imaginaba más... insolente.
—Lo es a su manera, no ha dicho ni una palabra desde que lo capturamos —informó Pain acercándose, se acurrucó hasta estar a su altura—. Alteza, no se altere por este hombre, yo le contaré por qué: él la quiere muerta a usted y a su esposo, su Alteza Imperial, y con ello al reino entero, a nuestra forma de vida —Se levantó para alejarse y volver a su lugar—. Es posible que esté detrás de los atentados, está causando una guerra en el sur de nuestra nación. La maldad en seres tan pequeños y débiles no conoce límites.
Ella se encontraba con sentimientos contradictorios, no podía creer que pudiera sentir compasión y temor por una sola persona. Si lo que decía era exacto, el General apuntaba a un hombre que pudo ser no solo el causante de su muerte sino de la de Sasuke.
—Sakura, los hombres como él se corrompieron. Odian a la corona y promulgan la destrucción total, en el sur todo es un caos debido a eso.
Aquello fue como un tirón para el hombre encadenado, levantó su cabeza y sus ojos apuntaron primero al rubio para después mirar a la reina. Sakura sintió terror, una cicatriz cruzaba uno de sus ojos, pero más que eso era el aspecto. Moretones, sangre, el cabello grisáceo sin orden alguno.
Los ojos cansados pero inquisidores. Ella sintió que la invadía con la mirada, casi más odiada que nunca., o eso sintió en un primer momento, pero era inexacto, todo lo que ese hombre le decía con los ojos expresaba más que eso. Fuera lo que fuera le removió tan profundamente que no pudo seguir viéndolo.
Sasuke hubiese dejado que lo golpearan por eso de no ser porque ella seguía ahí.
—La reina ha visto suficiente, es mejor que la acompañes a los aposentos, Naruto —ordenó Sasuke con ira comprimida en la voz.
Él no se opuso, realmente había sido mala idea por lo cual la invitó a que se fueran.
Caminaron hacia fuera seguidos por guardias. Sakura tenía mucho que organizar en su mente.
—¿Qué harán con él? —dijo cuando por fin estaban fuera de la mazmorra.
Naruto no contestó, solo la miró significativamente a lo que ella asintió contrariada al entender.
—Es lo mejor, realmente... Pudiste ser tú o Sasuke, o cualquier grustvo fiel. Piensa que esto es un gran logro para nosotros, Sasuke ha sido infeliz por culpa de estos problemas, ha pasado noches sin dormir y días sin comer solo resolviendo esto. Es un gran logro para el Hielo, de veras, acabar con este problema nos llevará de vuelta a esa gran nación que siempre hemos sido, solo que sin estos problemas.
Y Sakura solo asintió cabizbaja, lo sabía, podía entender todo eso.
Pero los ojos de Hatake Kakashi serían para siempre algo que partió su vida en dos, o tal vez el mundo entero.
