"El Tiempo es el único que está despierto cuando todas las demás cosas están dormidas. El Tiempo pasa sobre todas las cosas sin jamás llegar tarde" —Mahabharata.
La mujer que llegó a ser Sakura y las grandes repercusiones que tuvo sobre el mundo se habían gestado tímidamente pero su incursión en el acto político tuvo que ver con lo sexual. Fue una de las facetas que descubriría como mujer, un gateo a tientas. Grandes han sido las discusiones entre historiadores, quizá yo sea el menos riguroso de todos ellos, pero siempre sugerí entre tazas de té y malas miradas que su repercusión pública inició en lo privado, como no podía ser de otro modo cuando de una mujer en este contexto se trata. Los historiadores, como arañas, tejemos puntos sobre el abismo. Mediante el siguiente apartado pretendo demostrarlo.
Para empezar, el estado de las cosas distaba de ser como el anterior, el rey Sasuke había encontrado una excelente razón para dejar de consultar cada uno de sus movimientos con la Corte, ahora había cerrado su círculo. Ya no constituían un problema, todo gracias a los grandes esfuerzos de su General y los jefes de las Divisiones, la Guardia cuidaba del poder, lo mantenía legítimo. Pain pasaba cada noche obsesionado sobre un posible golpe de Estado, era un hombre brillante, radical, decidido y diligente, se involucraba en absolutamente cada aspecto que podía, con pocas palabras y gracias a los ánimos que se despertaron por los discursos del rey, había logrado un compromiso de parte del cuerpo que jamás se había visto antes, el estado de alerta permanente los hacía fieles a la Corona.
Y sabía que iba por el mejor de los caminos con tan solo caminar, el modo en que era observado le confirmaba que efectivamente había hecho el escudo humano más impenetrable del mundo, la Corte lo miraba con desprecio, recelo, desconfianza, pero mejor aún: con temor. Se limitaban a hablar solo lo necesario, a veces solo a decir cosas favorables. Todos estaban conscientes de eso, sobre todo el mismo Uchiha. Era mejor ser temido.
La noche en que se capturó al primer traidor del sur él no volvió a la cama con ella, había mucho que preparar, la plaza principal sería el centro del espectáculo de la justicia, y fuera de eso también era necesario que estuviera en el largo interrogatorio, aquello era algo de lo que no quiso perderse.
Sakura ya sabía que no vendría, tuvo mucho tiempo para recordar todo lo que había pasado. Los ojos penetrantes del prisionero la habían inquietado tanto que no pudo dormir. Era un hombre malo, casi murió por algo relacionado a él y también su esposo. Había escuchado superficialmente sobre los rebeldes del sur, no sabía mucho, tan solo que se oponían a la corona y atentaban contra todos los valores del Hielo, reino al cual ahora pertenecía. Era su enemigo.
Pero ella era incapaz de sentirse bien de que ese enemigo tuviese ese destino, ¿qué perdía Sasuke con tenerlo al menos encarcelado de por vida? No podía sentirse de acuerdo con los castigos extremos, la crueldad, el sadismo. Postrado de rodillas, atado y golpeado, mirándola, parecía más que su enemigo. Parecía un humano.
¿Qué debía hacer, dejar que Sasuke se encargara, u opinar y tratar de convencerlo?
Afortunadamente sentía que estaba en buenos términos con él, los mejores. En medio de el gran shock recordó lo que estaba pasando antes de todo eso. Había correspondido a su tacto, parecía desearla tanto como ella a él. Estuvieron tan cerca de consumar su matrimonio, si hubiese pasado en cualquier otro día seguramente nada lo hubiese impedido.
Optó por dejar ir su frustración, si había logrado algo con Sasuke una vez lo haría de nuevo.
Lo visitó con la comida apenas fue una hora prudente. Las chicas la siguieron con una expresión oscura en el rostro, no sonreían esa mañana, o más bien, llevaban días de esa manera. Ella, sin embargo, tenía prisa, estaba tan cerca de eso que tanto anhelaba que no había tiempo para nada más.
La oficina del rey estaba abierta y solo estaba él sentado tras su escritorio leyendo, tan pronto como la sintió se sobresaltó y cerró violentamente el libro sobre su escritorio poniendo sus manos sobre la cubierta.
—Hora del almuerzo —anunció con vitalidad, tenía demasiada energía a pesar de sus pocas horas de sueño, tenía tanta ansiedad que el cansancio tardaría en derrumbarla.
Las chicas acomodaron todo como de costumbre en la mesa más adelante y salieron a prisa, ella esperó a que se pusiera de pie para seguir pero seguía sentado en la misma posición, solo la miraba a los ojos, se veía tenso.
—¿Qué libro es ese? —preguntó ahora interesada en ese volumen, intentó ver qué decía la portada pero Sasuke tenía sus manos aferradas a esta.
—Nada que entiendas.
—¿Por qué no? —Un pequeño mohín se le escapó, ella podía entender perfectamente lo que fuera.
—Solo algo de gobierno, nada más —Y diciendo esto lo deslizó para guardarlo en un cajón bajo llave para luego ponerse de pie e ir a sentarse a la mesa.
Ella lo siguió, le hacía falta respirar bastantes veces para calmar eso que solía subirse por su pecho desde esa madrugada, sus manos se enfriaban con más facilidad. La contradicción de todo la abrumaba, con cada segundo comenzaba a acobardarse con algo parecido a la vergüenza, ahora que lo tenía tan cerca el recuerdo de lo que pudo ser la hacía transpirar. Él, sin embargo, no parecía afectado.
Comenzaron a comer en silencio, uno diferente a los de siempre, incómodo. Sakura era de esas personas que tienen serios problemas para ignorar el elefante en la habitación, si la tensión se pone tan insoportable la solución que encuentran estas personas consiste en hablar y hablar, a veces solo empeorándolo.
—Sasuke...
—¿Hm?
—¿Qué... va a pasar con ese hombre?
Casi dejó de comer en cuanto la escuchó, deseaba que simplemente lo dejara pasar.
—¿Tú qué crees?
Ella mordió su labio sin saber cómo seguir lo que había empezado.
—¿Y no hay otro modo?
Él volteó a mirarla con gesto irónico.
—¿Tú qué crees?
Y volvió a su plato, casi se dio cuenta a tiempo de su error.
—Que sí.
Suspiró hondo intentando liberar en su aire el enojo, ¿por qué le preocupaba lo que le pasara a ese hombre? De todos los hombres del mundo, ¿tenía que sentir preocupación por uno de los peores?
—¿Ah, sí?
—Digo... Quizá la haya, no digo que yo lo sepa pero tal vez a ti se te ocurra otra cosa.
¿Estaba cuestionando sus decisiones? Aunque ella intentó decirlo con tacto y diplomáticamente, eso le había caído como una leve patada en el orgullo, y una leve patada en el orgullo puede ser tan dolorosa como una leve patada en los genitales.
—Sakura —comenzó luego de unos breves segundos— esto no es asunto tuyo.
—Yo sé que no, pero creo que...
—Que no se te olvide que antes que todo soy tu rey, igual que con los demás. No puedes cuestionarme.
"Ubícate, Sakura", recordó las palabras de la vez anterior. Sabía que era verdad, él tenía razón, ella no era nadie para cuestionar sus decisiones como rey.
Pero ahora que él volvía a hablarle de esa manera y que la miraba como si la noche anterior no hubiese pasado nada no podía evitar sentirse ofuscada. ¿Por qué tenía que ser tan grosero con ella cuando ella le hablaba bien? ¿Siquiera había tenido algún significado lo que estuvieron a punto de hacer? Tampoco entendía por qué era tan cerrado, bien podría haber más caminos incluso más estratégicos pero él solo se limitaba a la fácil crueldad. Era su deber como esposa respirar, ponerse en sus zapatos e intentar acomodarse a sus ideas y entender por qué las tomaba, pero era molesto que él ni siquiera considerara entenderla a ella. Se sintió humillada, pequeña, tonta, infantilizada.
Se levantó casi demasiado rápido abandonando su plato medio lleno y se fue sin querer seguir viéndolo. "Soy tu rey, igual que con los demás" le dijo como si ella fuese una más. Una más y no la reina. Él ni siquiera intentó detenerla, afuera de la oficina su guardia la esperaba, sintió que la seguía tan solo a unos sesenta centímetros como era de costumbre pero ella no estaba de humor para aguantarlo.
—¡Aléjate más! —Se detuvo para voltearse y gritarle. El hombre, quien nunca la había visto así, no pudo evitar sobresaltarse.
Ella continuó caminando casi queriendo perforar la alfombra con cada paso que daba mientras sus pensamientos la enojaban más y más. Quizá una respuesta parca pero decente de parte de Sasuke la hubiesen resignado, pero el que él le hablara así le hacía desear aún más que le hiciera caso.
Tendría que hacerlo.
Tenten estaba volviéndolo loco, Neji también. Suigetsu, sin que lo notaran, estaba entre la espada y la pared. Iniciar con los planes de Tenten solo conducirían a que ella obtuviese lo que quisiese, lo cual no sería un problema excepto por un pequeño detalle: su conciencia lo volvería loco. ¿Tenía Suigetsu conciencia? Sin duda era un hombre con valores como todo el mundo, aunque en su caso estos principios eran flexibles, relativos, convenientes, pero en el fondo ciertas cosas lograban mantenerlo despierto unos minutos más de los debidos en la noche.
Neji era una persona que jamás diría cómo se sentía, también solía ser demasiado correcto en muchas ocasiones. Tenten ganaría, Suigetsu no tenía nada que perder, pero Neji... Lo veía perfectamente aunque lo ocultara, cada vez que ella hablaba de su futura vida como reina él volteaba a mirar a otro lado, se retorcía los dedos inconscientemente, se mordía el interior de la mejilla. Solo para alguien que lo conocía tan bien como Suigetsu era evidente su impotencia, ni todo su dinero o títulos eran suficientes para hacer que Tenten siquiera alguna vez considerara casarse con él. Tenía toda la razón, en verdad a Neji lo torturaba saber que no podía cumplir uno solo de los caprichos de su querida de ojos chocolate. Era tan correcto que no frustraría los planes de Tenten solo porque lo hacían infeliz, pero él era otro tipo de persona.
Suigetsu, por su parte, tenía dos intereses particulares como para haberse comprometido a llevar a cabo el plan de Tenten, el primero era que no le gustaba Sakura como reina, y el segundo...
"A la casa real de Konoha, su Alteza Real Danzo Shimura y quien más corresponda..." empezó a escribir la carta fatal.
Intentó aprovechar al máximo que tenía mucho que hacer para así intentar no distraerse y pensar en ella, en su berrinche, en su actitud que cada vez lo sorprendía más. Y claro, en lo que había pasado la noche anterior, y que prácticamente se había ido al carajo no solo con lo de la interrupción sino con esa pequeña pelea. Era mortificante, aún no sabía cómo lidiar con ella, antes las cosas solían ser más rutinarias y por lo tanto predecibles, odiaba el cambio, pero ella era todo lo contrario a eso. Ella le hacía entrar en crisis cada tres parpadeos.
Lo peor era que cuanto más lo confundía y estresaba más deseo sentía por ella, la sensación de vértigo atada a su vientre no se iba, le quitaba el hambre y el sueño, lo torturaba y no podía evitar que aún así le gustara. Por todo esto no podía mostrarse vulnerable frente a ella, aunque lo fuera. Al menos, ya que sus emociones estaban fuera de control, necesitaba sentir que de alguna manera llevaba las riendas.
Recordó con vergüenza cómo casi fue descubierto por ella leyendo un estúpido libro sobre el cuerpo humano. Lo único bueno de haber sido interrumpido esa noche fue que en realidad fue salvado de seguir perdiendo el control, también le había dado tiempo de... repasar. No era un experto en ese tema y preguntarle a alguien estaba completamente descartado, solo le quedó investigar por su cuenta. Se había quedado absorto leyendo sobre eso en su oficina en algún momento, cosas que ignoró en su momento por considerarlas innecesarias ahora se le revelaban bajo una nueva y atrayente luz, pensó que no podía ignorar nada de eso ahora que había comprobado que no podría controlarse en caso de que algo pasara. Se perdió en los dibujos de los copistas preguntándose, no sin un auto reproche, si así se vería ella debajo de la ropa. Sentía tanta curiosidad por ese cuerpo tan diferente del suyo que cuando menos se dio cuenta ella ya estaba pasando por la puerta dándole un susto de muerte.
Y ahora estaba enojada.
De todas formas, ¿qué podía hacer? No había hecho nada malo.
Quizá si volvía esa noche no tan tarde ayudaría a que se le bajaran los humos, aunque era un misterio para él cómo iría a actuar.
Decidió hacerlo, no era muy tarde cuando llegó a la habitación, las antorchas y las velas estaban encendidas y Sakura estaba despierta bajo las cobijas. Ni siquiera volteó a mirarlo.
"Así que sigue en esa actitud" pensó odiando su idea, quizá habría estado bien dejarla más horas para que se calmara. Luego de eso se reprendió, no tenía por qué sentir ningún tipo de temor, él era el rey y ella se había equivocado. Si podía controlar un reino entero una mujer no le quedaría grande.
Decidido a seguirle la ley del hielo, porque él tenía más razones para indignarse y no ella, comenzó a acercarse a la cama con semblante seguro e indiferente, pero por dentro no podía dejar de mezclar indignación, incertidumbre, vergüenza y deseo frustrado.
—Ese es mi lado de la cama.
Ella estaba bocarriba pero mantenía la vista fija en un punto contrario a él, casi fruncía el cejo y pensó que eso la hacía ver adorable, seguramente contrario a su intención. Su lado ahora estaría tibio por su cuerpo, cosa que no le disgustaba. ¿Acaso estaba acostada ahí para molestarlo? Era algo tonto, así nunca le ganaría.
—Pues... —Por fin lo miró— tendrás que acostarte en el otro lado.
Oh, no, nadie se metía con su lado. Cambiar de lugar significaba que no podría dormir, odiaba cualquier cosa que alterara su rutina y dormir de ese lado era parte de eso.
—No, tú muévete ahora, Sakura. —Se sostuvieron la mirada, le sorprendía de nuevo, ¿por qué estaba retándolo? Le estaba perdiendo todo el respeto, definitivamente no debía darle ese lado, menos si creía que con eso ganaba algo. No era así, nadie le ganaba nada. Ella no contestó—. ¿Vas a obligarme a quitarte por la fuerza?
Ella no dijo nada, solo se quedó mirándolo de esa forma que le pareció tan altanera. Con creciente irritación tomó las capas de mantas sobre ella y las levantó de un tirón, descubriendo así su pequeño cuerpo. Abrió los ojos conmocionado, porque sí, tan solo descubrió su pequeño cuerpo, no había nada más bajo las cobijas.
Ni siquiera ropa.
Seguramente hubiese dicho "¿qué...?" de haber podido, pero se quedó sin habla. Sus pies alcanzaron a retroceder unos pasos antes de congelarse, sus ojos trabajaron a toda revolución en un par de milisegundos sin poder evitar absorber esa imagen devastadoramente fascinante. Jamás en todos los sueños que tuvo hubiese podido imaginársela ni la mitad de bien de lo que lucía en realidad. El blanco crema de su cuerpo y el rosado de su cabello sobre sus sábanas, sobre su lado, era más de lo que podía soportar.
Cuando se dio cuenta de que tenía la boca abierta al igual que sus ojos se dio la vuelta a tropezones, seguramente tenía cara de imbécil.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada.
"Maldita seas...", definitivamente ella ganaba, tuvo el impulso de irse de allí más rápido de lo que podía. Aunque ya no la veía, la imagen fugaz de su desnudez se le pegaba por todas partes, el condenado y molesto bulto entre sus piernas se hizo presente con una rapidez monstruosa, con una descarga de adrenalina de cero a mil en solo un instante.
Escuchó que la cama se removía, ella se sentaba. Necesitando escapar comenzó a intentar caminar lo más seguro que podía.
—¿A dónde vas, Alteza? —dijo con melodiosa y suave voz, él ni siquiera tenía una respuesta, no tenía nada. Lo había desarmado.
Sintió un pequeño jalón en su mano, ella lo había alcanzado. Ser tocado por ella aunque fuera en lo más mínimo en ese momento le volaba la cabeza, porque también tenía ese otro lado de él gritándole que no se fuera, que por el contrario se tirara sobre ella, sobre esa cama o ahora sobre el piso, sobre lo que fuera, y practicara por fin lo que había estado anhelando, lo que había aprendido esa mañana en libros.
—¿Por qué tienes tanta prisa, mi Señor? Creí que querías dormir.
¿Dormir? Dormir era lo último que podría llegar a ser.
Ella acariciaba su mano como siguiendo una fórmula oscura y hecha para la tortura, le quitaba las fuerzas, lo amansaba y lo petrificaba. Sus oídos agudos captaban el sonido de su tela crujiendo con las manos de ella, trepándose por su brazo hasta llegar a sus hombros.
—Deberías ponerte cómodo, déjame ayudarte.
Sus manos viajaron hacia delante para comenzar a desajustar su camisa asegurada con el pantalón, a tientas deshicieron los nudos hasta abrirla y dejar al descubierto su abdomen y pecho. Aprovechó para escurrir los dedos de arriba hacia abajo, como ahora sabía que le gustaba, apenas tocando su piel; sus músculos, su cuerpo entero estaba tenso, ella jugaba con su bajo vientre en donde el cosquilleo de infarto viajaba como corriente eléctrica por el camino de vello que se terminaba perdiendo bajo el pantalón, allá en donde se estaba volviendo demente. ¿Cómo iba a detenerla cuando ni siquiera se podía detener a sí mismo?
Sus dedos abandonaron esa parte para explorar sus pectorales y de ahí subían hasta su cuello. De pronto lo abandonaron para ir por atrás de nuevo, en donde bailaron por sus anchos hombros para hacer que la camisa comenzara a resbalar, hasta que finalmente su parte superior estuvo desnuda.
—No quiero que peleemos —dijo con esa melodía dulce y mimada que hacía estragos en su cordura. Sus brazos se enrollaron alrededor de su abdomen y se pegó a él en un abrazo, se quedó sin aliento al sentir contra su espalda sus pechos calientes y redondos, esos que solo había llegado a tocar brevemente con su vista, y más pacientemente con su imaginación. El mundo dejaba de existir ahora, tan solo existía esa parte de su cuerpo tocada por las manos osadas de Sakura—. No estés enojado conmigo —Sintió algo lleno y mojado, sus labios daban pequeños besos justo en su columna.
¿Enojado? ¿Por qué estaría enojado con ella? No podía recordarlo, no cuando estaba a punto de tambalearse. No cuando ahora sus manos volvían a iniciarse en esas caricias pendientes sobre él, cada vez más decididas a bajar. No supo cómo seguir respirando cuando estas llegaron al bulto apretado de su pantalón, el sobresalto fue tan violento que sus manos reaccionaron por instinto atrapando a las de ella, no sabiendo si detenerla o si frotarse contra estas sin dejarla escapar.
Se separó de ella para finalmente voltearse, podía jurar que tenía los ojos de un desquiciado o de un animal. En ese momento se deleitó con que al menos ella fuese más baja y pequeña que él, eso más su rostro rosado y esos ojos de cordero le hicieron saber que pese a todo ella también se sentía indefensa como él, ella estaba completamente al descubierto, a su merced, y por primera vez en la noche parecía que iba a evitar su mirada. Él dio un pequeño paso atrás, necesitaba verla esta vez por más tiempo y ella se sobrecogió sin remedio, parecía encogerse intentando inconscientemente cubrirse, vio la duda empezando a cubrir su rostro, como dándose cuenta de lo osada que había sido.
Pero él no estaba para detener eso a esas alturas. Comenzó a acercarse de nuevo pero ella retrocedió esta vez, y así siguió hasta que ya no pudo hacerlo, hasta que sus piernas chocaron con la cama. Con victoria él la acorraló contra el poste de la cama, la espalda de curva pendiente de Sakura estaba contra este, sintiendo tanto frío al tacto que se le puso la piel de gallina.
El Uchiha tomó su mentón obligándolo a mirarlo, pudo ver lo dilatadas que tenía sus pupilas, sus ojos jade más oscuros que nunca, su ritmo respiratorio delataba que su jueguito no solo lo afectaba a él. Rompió por completo el espacio que separaba su boca de la suya, llevaba todo el día pensando en ese sabor único, en la sensación de sus mullidos labios bebiéndose su aliento. Los mordió haciendo que abriera la boca, su lengua buscó a la suya necesitada del estremecimiento que le producía ese contacto tan íntimo. Por otro lado, comenzaba a descender sus caricias por su cuello, quería llenarse las manos con sus suaves senos, necesitaba apretarlos y saber si se sentiría tan bien, y eso hizo. Ella aspiró con fuerza antes de gemir en su boca, abrió los ojos desorientada mientras él evaluaba su expresión, los masajeó con la palma abierta viendo cómo eso la alteraba, cuando ella lo tocó se había sentido bien, quizá había encontrado un lugar sensible. Los vio perdidos en su suave pero firme agarre, cabían perfectamente en su mano, la forma era perfecta y no tenían comparación a sus fantasías, que ahora parecían grises comparadas a la experiencia real.
Cuando sus pulgares frotaron sus rosados pezones la sintió flaquear, la sostuvo apretándose contra ella para continuar besándola, ella jadeaba sin control hasta que se sujetó a su cuello olvidando su fugaz timidez para corresponderle. Pronto necesitó acostarla sobre la cama a tientas y ponerse a horcajadas sobre ella.
Su momento de jadear como perro llegó cuando la sintió de nuevo tocando su erección, la sintió palpitar ansiosa por la fricción, cortó el beso al quedarse sin aire, la miró con los ojos bien abiertos hasta que comenzó a frotarse contra ella buscando más.
—¿Sigues enojado conmigo?
—¡N-no!
La tomó de las muñecas aprisionándolas por encima de su cabeza con una mano mientras que con la otra le abría las piernas sin poder evitarlo, quería bajarse el pantalón pero se sentía tan torpe y urgido que no podía detenerse en eso. Comenzó un vaivén lento, ella tragó aire enmudeciendo.
—Sasuke... —Su gloriosa voz distorsionada por el placer.
Él comenzó otro beso salvaje mientras se balanceaba, no podía creer que estuviera haciendo eso, jamás lo hubiese imaginado antes de ella. Entendía en medio del delirio que esa sed insaciable por Sakura lo mantendría loco por ella siempre, su mente se revolucionaba con nuevas ideas de cómo quería tomarla. Pronto sintió cómo ella movía sus caderas intensificando esa danza, sus gemidos eran como una canción atrayente e inmersiva. La sintió luchar para liberarse de su agarre y él la dejó, necesitaba tocarla por todas partes. Ella comenzó una búsqueda desesperada, sujetaba su cuello acercándolo a ella, pasaba por sus clavículas, lo tomaba del cabello pidiéndole un beso más profundo, se abrazaba a su espalda como si temiera que se fuera.
Ya no era suficiente, quería sentirla completamente, tocar su piel con su miembro. Con impaciencia logró bajar la tela de su pantalón lo suficiente como para liberarse, estaba tan duro que esos segundos le dolieron. Volvió a frotarse contra ella, el calor abrazador de su vulva lo recibió robándole un gemido gutural, ella se sentía mojada, se deslizaba con facilidad, como si sus cuerpos estuviesen hechos tan bien el uno para el otro. No sabía cuánto necesitaba empaparse de ella hasta que sintió la dulce esencia de su excitación.
Ella abrió los ojos sorprendida de sentirlo en carne viva, su pene caliente y duro le mostraba lo mucho que podía excitarle. Quería más, sentirse colmada por él.
Por su parte, el Uchiha se sentía por las nubes, casi cerca de llegar. No quería que acabara tan pronto, aún quería verla con detalle, meterse en su interior, tomar su virginidad. Había leído que podía ser muy doloroso, lo ponía nervioso, no quería que sintiera dolor. Pensando en esto se separó, necesitaba respirar.
Ella se resistió elevando sus caderas, buscándolo. Cuando se incorporó pudo ver lo expuestos que estaban, ella miraba con ojos atónitos su pene por primera vez, este oscilaba hacia su cuerpo brillando por su humedad. Mientras tanto él conducía su vista más abajo de su pequeño ombligo, la intimidad de Sakura lo desarmaba completamente. Ninguna ilustración de ningún libro pudo haberlo preparado para eso, pensó que no había otra manera de contemplar su jugoso y rosado sexo de otra manera que no fuese su estado actual: de rodillas. Con sus dedos comenzó a explorarla, ella exclamó intentando detenerlo, pero él separó más sus piernas dejándola aún más expuesta. Estaba caliente, ardiendo, adorable vello rosado cubría su piel. Separó sus pliegues, buscando la fuente de su humedad. Ella temblaba, igual que él, el aire frío sobre la piel hipersensible. Acarició con ciega adoración sus genitales sin terminar de entenderlos, ¿por dónde debía meterse?
—¡Ah! —Su gritito lo sorprendió, tan solo había masajeado distraídamente ese pequeño botón rosa hinchado que se asomaba tímidamente entre sus pliegues, la vio cerrar los ojos con fuerza, el puente de su nariz y mejillas pasan de ser rosas a rojos—. No, por favor, hazlo otra vez.
Él obedeció sin saber si ver su rostro congestionado o lo que hacían sus dedos. No podía creer que algo en el mundo fuera tan erótico, toda una vida sin haber conocido nunca ese temblor. Verla disfrutando con lo que hacía con un solo dedo lo enloquecía, con su otra mano la exploró más, debía estar por alguna parte...
De pronto su dedo resbaló lento encontrándose abrazado por ella, la sensación viajando hasta su miembro desatendido. Tuvo que parar, necesitaba estar dentro de ella.
Condujo su erección hasta su recién descubierta y muy oculta entrada, no imaginó que fuera tan pequeña, ¿cómo iba a caber? Afortunadamente ella estaba empapada. Se lubricó con su esencia sin poder evitar tocarse un poco. Cuando Sakura sintió la punta contra ella haciendo una leve presión sintió que su vientre se retraía de expectación. Él parecía indeciso.
—Por favor... hazlo.
—Te va a doler.
Entendió que debía guiarlo, así que tomó su pene entre sus manos, aún con la punta pegada a ella, y comenzó a acariciarlo, desde ahí podía tener una vista perfecta de todo él, los músculos apretados de su abdomen. Lo oyó tragar duro, comenzaba a mover sus caderas lentamente mientras ella lo conocía y estimulaba. Abrió más sus muslos para dejarlo entrar, y luego dejó que él empujara un poco más.
Sasuke comenzó a sentir cómo poco a poco entraba, miraba su cara intentando ver si ella sufría, ella parecía concentrada en él, respiraba agitada por su boca. Cuando su punta entró en ella se sintió en el paraíso, la cabeza le dio vueltas mientras que tuvo que luchar para no hundirse de una sola estocada violenta, no podía creer que hubiese algo en el mundo más suave, caliente y mojado y estrecho que ella.
—¿Te... duele?
—No mucho... —Exhaló mientras cerraba sus ojos, él era tan grande y hasta ahora estaba tomándolo—. Más...
Sasuke no podía negarse, comenzó a moverse de adelante hacia atrás tan despacio como pudo, ella se contraía por dentro quitándole todo el aire, sentía que lo succionaba suavemente, no supo cómo pudo siquiera llegar a complacerse un poco con su áspera mano mientras que ella todo el tiempo estaba tan suave y ardiente.
Observó cómo terminaba de meterse en ella, perdiéndose por completo en su interior, sus pelvis finalmente unidas, tocando su glande lo más profundo de ella. Casi se corre cuando Sakura se retorció contrayendo sus paredes, agradeció estar sobre la cama pues dudaba poder estar de pie con las piernas temblándole de esa manera, como si hubiese perdido las fuerzas.
—¡Ah, mierda! ¡No hagas eso!
—¿Qué... qué cosa?
—Me estás... apretando...
—¿Te duele?
Él negó con la cabeza, cerró los ojos para evitar que la perfección de su imagen lo hiciera llegar al orgasmo, intentó pensar en todo lo que podía que lo distrajera sin mucho éxito. Comenzó a moverse cuando se recuperó de eso, intentó ver si ella mostraba alguna señal de incomodidad pero solo le decía lo mucho que le gustaba con la mirada.
—Más...
Si ella se lo pedía, ¿quién era para negárselo? Poco a poco comenzó a aumentar la velocidad de sus estocadas, cada vez menos consiente del mundo, inmerso en el mundo de su cuerpo, en el jugoso placer que ella le daba. Se acercó para besarla, gemidos felinos salían de ella con cada uno de sus movimientos.
—¡No pares!
No podría aunque quisiese, su razón lo abandonó por completo, hipnotizado. Se sentía completamente como un animal en celo con el solo objetivo en la vida de aparearse con ella.
—¡Ah! ¡Sí, Sas... ke!
La miró a los ojos, ella gritó con fuerza, sus preciosos ojos opacados, el jade inmenso, las dos joyas más invaluables de todo el reino. ¿Cómo pudo haberla visto a los ojos sin derretirse, cómo podría hacerlo ahora? Cada vez que mirara sus ojos en público inevitablemente recordaría esa expresión constrita, la lujuria y la inocencia mezcladas en esos colores, sus pupilas dilatadas hasta el extremo por el delirio.
En ese momento se volvió tan apretada que un rugido escapó de él, la vio poner los ojos en blanco mientras que se arqueaba, sus pechos elevados hacia él lo hicieron tomarlos con su boca, sus manos buscaron en dónde sujetarse, la sensación de su primer orgasmo fue tan violenta que necesitó aferrarse con las uñas a su amplia espalda.
Él no estaba muy lejos de terminar, sentía sus testículos contraídos hasta el extremo necesitando liberarse, cada jadeo era ahora un gemido imposible de contener. La deseaba, la deseaba tanto, como un maniático, como si todo en la vida tuviera sentido solo si podía hacérselo todas las noches y todos los días.
—Mi señor...
—¡Sakura! —Ella tomó su cara entre sus manos, él pegó sus frentes mientras su mirada fiera y totalmente oscura la fulminaban, se agitaba violentamente contra ella— ¡Oh, santo cielo!
—¿Te gusta?
—¡Mierda, sí!
—¿Puedo pedirte algo?
—Ah, lo que... lo que tú quieras.
Ella le gemía en la boca, él sentía punzadas en la ingle como puñaladas de lujuria.
—Prométeme que... encontrarás la manera de no matar al prisionero.
—¿Q... qué?
—Por favor —Chupó de sus labios mirándolo directo a los ojos, sus orbes suplicantes le llevaron al límite—, ¿me lo prometes?
—¡Sí! ¡Ah, Sakura! —Chocó su pelvis contra la de su reina, su visión se tornó borrosa, sus ojos se cerraron, ebrio de placer, mientras que sentía cómo se descargaba en ella en numerosas y largas oleadas. Jamás se había corrido así, su pene saltaba de goce dentro de ella llenándola de su espesa esperma, no podía seguir respirando mientras que tocaba el cielo, era el delirio más profundo y violento que jamás imagino.
Se desplomó sobre su cuerpo, rendido. Sudaba copiosamente ignorando por completo el frío infernal que en realidad los abrazaba. Saboreaba aún el éxtasis, el corazón le golpeaba con furia como nunca. Se sintió hormiguear completamente compenetrado con el cuerpo de su mujer, como uno solo. No quería salir de ella nunca más, sintió tanta paz y armonía, sus músculos relajados, cualquier dolor de espalda en el que nunca reparó de pronto desapareció, haciéndole ver que nunca había estado tan bien como ahora. Incluso comenzaba a quedarse dormido mientras ella trazaba círculos en su espalda.
Rodó sujetando su pequeña cintura para acostarse de lado, aún pegados, por más que no quisiera moverse debían cobijarse, pues en ese momento comenzó a sentir que los dedos se le congelaban. Un largo suspiro salió de él.
—Muchas gracias, cariño.
Estando a punto de quedarse dormido se sorprendió de ser llamado así, su forma de decirlo había sonado tan perfecta que podría haberle dicho "muchas gracias, sucio perro" y le hubiese parecido igualmente bien. Él también se dedicó a acariciar su espalda de leche en respuesta.
Pero, ¿gracias por qué...? Oh.
"Mierda..."
—Yo creí que nuestra próxima reunión sería en tres días —dijo Naruto disimulando un berrinche sin lograrlo.
—¿Surgió algo, Alteza? —preguntó el anciano Homura, todos esperaban el motivo.
Sasuke respiró hondamente, no podía explicar de qué manera había jodido un poco las cosas, así que solo se limitaría a dar una orden.
—Cambio de planes, la rata Hatake vivirá.
Todos mostraron exactamente la sorpresa que esperaba, también la duda y el disgusto.
—¿Qué haríamos entonces, Alteza? —preguntó Pain.
Sasuke lo miró por unos segundos indicándole que él tendría que encargarse de llevar a cabo su decisión.
—La Grustveria.
