Para que el sol brille es necesario que las nubes vayan a importunar a otro lugar. Sakura se dejaba peinar esa mañana con una sonrisa boba y triunfal en la cara, el color y el brillo de su piel completaban su humor. No podía dejar de pensar en lo que había hecho, en lo arriesgado de su improvisado plan, la adrenalina que le produjo y el éxito. Había sentido incertidumbre, inseguridad, miedo de fallar y ser dejada sola en ese estado, había atacado en un todo o nada sin saber si ganaría. Recordó el momento en el que se le caía toda la determinación cuando él, de espaldas a ella, apartó sus manos y se volteó para encararla, temió que se tratara de un rechazo y no le ayudaba en nada estar desnuda frente a él y por primera vez, todas esas cosas que a ella no le gustaban de su cuerpo él las había visto en ese momento. Todo eso fue momentáneo, su tormenta interna se había deshecho al sentirlo tan desbocado de un momento a otro. Aún podía sentir su boca ardiente sobre su cuerpo, o el peso de sus manos, los brazos serpenteando por ella, incluso...
Las chicas que la rodeaban simplemente se limitaban a hacer su trabajo algo cabizbajas. Esa mañana Matsuri arreglaba el vestido sobre la cama mientras que Temari iba por un jarrón de agua.
La rubia era la más distraída de todas, apenas podía ver a través de las espesas lágrimas que a veces intentaban desbordarse de sus pestañas, tenía el labio inferior destrozado por sus dientes ansiosos. Sentía que estaba a punto de vomitar aunque no había comido nada. Matsuri la miraba en silencio con pena, detestaba verla así aunque no pudo hacer nada más que escucharla e intentar recordarle en todo momento que mantuviera la compostura pues debía trabajar sin contratiempos. En el mundo del trabajo las penas son poco rentables.
Temari se acercó con un jarrón pero a unos centímetros de llegar tropezó con el vestido de otra chica, no cayó pero algo del agua se escapó y dio en el camisón de Sakura.
Todas lanzaron un grito ahogado, Sakura incluida, el contacto del agua helada mordió su piel.
—¡Santo cielo!
Todas querían disculparse, pero la única que debía hacerlo no podía procesar una frase coherente, el dolor y la sorpresa debilitaban su razón.
—A... Alteza, yo...
¿Qué significaba la expresión de la reina? ¿Estaba molesta, alterada, desconcertada? Sakura tampoco sabía qué decir, notó su estado descompuesto y su mirada analítica logró incomodar tanto a la pobre sirvienta que esta se disculpó con la mirada y se retiró casi corriendo. La reina desconcertada pensó que tampoco fue para tanto, sin duda eso no era todo, algo le pasaba y hasta ahora lo notaba, ¿pero ella era quién para preguntarse por eso?
—Déjenme sola... No, tú no.
Matsuri vio cómo todas se iban mirándola preocupadas de reojo. ¿Debía temer lo peor?
—¿Le puedo servir en algo, Alteza? —preguntó cuando estuvieron solas y la reina no decía nada.
Sakura la miró aún formulándose las frases mientras la chica tragaba grueso. Ocultó sus manos intentando no dejar ver el temblor en estas.
—¿Qué les pasa a todas?
—¿Ah...? ¿A qué se refiere, Majestad?
—Tú también... Todas están diferentes.
—Lo lamentamos, no era nuestra intención brindar un mal servicio, Alteza, lo juro, y si usted me deja puedo hablar con ellas para que...
—No. Solo dime qué pasa.
Era incorrecto, hablar de su vida y sus sentimientos con la reina era como un sacrilegio. Sin embargo era ella quien lo solicitaba, estaban solas y parecía una orden. Pensó que tal vez si le contaba ella sería piadosa y no las castigaría tan duramente. Sin duda era un error mezclar el deber con las penas, pero ninguna de ellas podía solo pretender que...
—¿No es inapropiado? —Sakura no respondió, tenía un gesto indescifrable. En realidad era su gesto de curiosidad e intriga—. Bueno... Ese día que fuimos a la cocina con la señora Chiyo para ordenar cómo serían los almuerzos de ahí en adelante... Ese día...
—Eso fue hace bastante, ¿qué pasó?
Ella respiró aguantando las lágrimas. Si eso ya era lo bastante malo no debía cruzar otro límite y llorar frente a ella.
—¿... no lo sabe?
—No... —Como cosa rara, pensó.
—Pero... Es que la señora Chiyo... Se la llevaron y desde entonces nosotras...
¿Se la habían llevado? ¿Quién, a dónde, por qué? Sakura se cuestionaba todo eso a la velocidad de la luz mientras su cara se deformaba en confusión y sorpresa. ¿Algo malo le había ocurrido a la señora Chiyo?
¿Y cómo era que hasta ahora lo sabía?
Para ese momento Matsuri ya había perdido su batalla, comenzó a atrapar las lágrimas inútilmente.
—¿Qué más sabes de eso? —Ella negó.
Lo que no sabían ninguna de las dos era que estaban equivocadas al pensar que el problema de la señora Chiyo era lo único atormentando a la rubia joven.
Se levantó y se abrazó a sí misma con un abrigo peludo y suave, quizá lo estaba haciendo todo al revés pero era urgente. Realmente urgente.
Al salir todas estaban ahí cabizbajas, la miraron con terror bajo los párpados seguramente imaginando cosas que no eran. La rubia alta que se había tropezado no estaba.
Comenzó a andar, el guardia la seguía a distancia prudente.
Si la situación hubiese sido otra su cabeza probablemente formularía incómodas situaciones al no saber cómo verlo a plena luz del día después de lo que habían hecho, pero ahora no podía ni planteárselo. ¿En qué momento había dejado de notar su alrededor? ¿Por qué nunca se enteraba de nada?
El ambiente calmo de la estancia de Sasuke se interrumpió. Ni siquiera había golpeado la puerta cuando ella entró, y ojalá hubiese golpeado, necesitaba de esos segundos antes de abrir la puerta para entrar en crisis, calmarse, ensayar sus gestos y frases y luego verla; pero no, sin duda con Sakura nunca se podía estar preparado.
—Sasuke...
—Sakura, ¿qué haces aquí? —Con una mirada le dijo al guardia detrás de ella que esperara, este retrocedió con una reverencia y cerró la puerta.
Sakura comenzó a caminar de un lado al otro y él entendió la expresa preocupación que sentía. Intentó no pensar en su aspecto, en su camisón insinuado debajo del abrigo, mismo que él le había arrancado.
—Acaban de decirme que capturaron a la señora Chiyo hace dos semanas... —Él no dijo nada, suspiró. ¿Estaba así por eso?—. No entiendo, Sasuke, ¿qué fue lo que pasó?
—¿Por qué estás preguntándome esto?
Sakura abrió la boca antes de siquiera saber qué decir exactamente. No podía evitar preocuparse, tenía el presentimiento de que había sido su culpa por lo que sucedió tiempo atrás en ese fatídico almuerzo.
—¿Tú lo sabías?
—Soy el rey, lo sé todo.
—Bueno... yo solo necesito saberlo también. Ella no es mala.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo sé.
—¿Cómo?
—No sé cómo lo sé... —¿Instinto? Se retorció los dedos indecisa, no podía explicárselo. En ese momento en que él la miraba fijamente con esa expresión indagadora no pudo evitar pensar que se sentía parecido a cuando estaba sin ropa frente a él, estando así, prácticamente acorralada. Él soltó un sonido que casi pareció una pequeña risa. Se mordió la lengua, tenía que formularse mejor, pero no podía concentrarse—. No me mires así.
—¿Así cómo?
Ella respiró hondo, cerró los ojos por un momento y se acercó a una de las sillas cercanas a él para sentarse.
—Olvida lo que dije, al menos cuéntame qué pasó. Es que ella siempre estaba por ahí, ¿sabes? Trabajaba muy cerca de mí, me daba té para calmarme, y las chicas están preocupadas por ella.
—¿Las sirvientas?
—Sí, la estiman.
¿Qué prefería, que ella hablara de la noche anterior o que se pusiera a hacer preguntas? Ninguna de las dos le gustaban.
—Sakura. —La miró fijamente asegurándose de que entendiera que lo que iba a decirle era importante. Ella pestañeó en su asiento descolocada por la profundidad de su voz al decir su nombre, su mente imprudente lo comparó al sonido de él diciendo su nombre la noche anterior y el rojo se trepó por su cara—. Te aconsejo que dejes de defender culpables.
—No, yo no estoy haciendo eso.
—Lo haces.
—¿Estás diciendo que...?
—Estoy diciendo que eres muy piadosa pero debes controlarte, no lo seas con estas personas. —Ella no le contestó, mordió su mejilla y desvió los ojos de él indecisa—. Tu exceso de confianza en los demás es peligroso, casi pierdes la vida por eso.
Era verdad, lo sabía. Jamás lo había pensado, pero le costaba creer que otras personas tuvieran malas intenciones. ¿Vivía ella en un cuento de hadas o algo por el estilo? Lo miró en silencio, él por el contrario siempre parecía en control de la situación, a veces le costaba recordar que era solo un hombre joven, solía mostrarse con una actitud mucho más madura, siempre tan centrado, como si tuviera autoridad natural y no le temiera a nada.
—No te preocupes por eso, todo lo que quiero es entender.
Le dedicó una sonrisa suave y Sasuke no hizo más que maldecir su ahora no inmune condición. ¿Por qué todo lo que ella hacía le retorcía el alma como un trapo mojado? ¿Cómo iba a poder lidiar con una mujer así, que incluso sin desearlo le hacía eso? Era imposible no asustarse. Realmente era difícil verla a los ojos sin pensar en cosas indecentes, quería rodear el escritorio que los separaba, llevaba toda la mañana incluso temiendo que lo de la noche anterior hubiese sido una muy potente y realista fantasía, recordó el alivio que sintió al despertar y comprobar que no era así, que no había alucinado, que no estaba loco —no en ese sentido—, que realmente sí había pasado lo que pasó. Estaba agradecido de la oscuridad penetrante de la madrugada, un repentino pudor por su estado lo golpeó fuertemente y se preguntó cómo había podido importarle tan poco que ella lo viera sin ropa, era la primera vez que se exhibía de esa manera frente a una mujer y dado que el calor del momento ya no estaba, su razón se puso a mil. Al mismo tiempo jamás le había costado tanto trabajo levantarse, se sentía en las nubes, sus músculos estaban relajados, su mente fresca, había dormido como nunca. Ella había hecho milagros deshaciendo su cansancio acumulado, incluso se permitió unos minutos de más acostado en la misma posición en la que se quedó dormido, su cuerpo entero anudado a ella, agradecido con los ojos cerrados.
Se daba cuenta con cada minuto que pasaba de la mañana que ya no iba a poder vivir sin eso, no ahora que la había probado.
La evaluó, a ella todo le salía tan natural. Deseó poder ser así de abierto y despreocupado, sin comerse la cabeza por cada cosa, sin calcular todo. Preocuparse era su estado natural, pero preocuparse por alguien que no fuera él era algo nuevo.
—¿Eso evitará que me lleves la contraria siempre?
—Nunca lo hago.
—Lo estás haciendo ahora.
—Quizá a ti te guste contradecirme a mí.
Quiso replicarle que al contrario, que ella lo contradecía a él, y que eso le producía un gran estrés, pero entonces recordó —no sin pena— lo mucho que le había gustado ser convencido. De todas formas estaba poco acostumbrado a perder, no estaba dispuesto a acostumbrarse. Y la noche anterior había perdido muy fácil y de manera vergonzosa.
—No puedes obtener todo lo que quieres, Sakura.
—Pero no pido mucho, yo solo...
—No, me refiero a... en general... Soy el rey, mi palabra es sagrada y siempre cumplo mis promesas, pero no puede volver a pasar.
Ella abrió los ojos ampliamente y sus cejas rosadas se elevaron. Él parecía incómodo diciendo aquellas cosas, claro, al final de esa pequeña batalla ella había ganado para su sorpresa, pero al parecer no era la única sorprendida con esos resultados.
—¿Eso significa que ya no vas a matarlo?
—Claro que no, ya te dije que...
Ella no lo dejó terminar, se apresuró a levantarse para rodear el escritorio con pasos cortos y rápidos y sin pensarlo se sentó en sus piernas para abrazarlo por el cuello, había querido hacer eso desde hacía bastantes minutos. Sasuke se quedó de piedra ante su repentino arrebato pero no la apartó.
—Gracias —Y es que lo cierto era que también ella se había sorprendido de su efusividad, pero le emocionaba comprobar que en verdad había tenido éxito con él. No habían pasado muchas horas pero ya extrañaba tenerlo cerca de sí. Sasuke no podía responderle, estaba muy ocupado intentando que cierta parte de su cuerpo no se volviera demente—. Sabía que se te ocurriría algo más.
—La verdad es que sí, casi me alegro de que lo sugirieras —intentó hablar sin que le delatara la voz.
—¿Por qué? ¿Qué harás?
—Todos los prisioneros traidores irán a Grust para reparar sus faltas, servirán a la comunidad, ayudarán a mejorar la ciudad y así serán ejemplo para el resto del mundo.
La sonrisa en la cara de Sakura se ensanchó aún más. Tampoco se contuvo de besar su mejilla. Sasuke estaba más afectado de lo que podía ocultar.
—¿Lo ves? Sabía que podías sacar algo mejor de todo esto. Pero... ¿y la señora Chiyo? ¿Qué pasó con ella? Es muy mayor para eso, ¿no lo crees? ¿Me dirás qué pasó con ella?
—Nos traicionó.
—¿Cómo?
—Está emparentada con uno de los líderes de nuestros enemigos. No merece que sientas pena por ella, casi nos asesinan gracias a ella, tenía bastante poder en este palacio.
No pudo ocultar su tristeza.
—¿No hay duda de eso?
—No.
—Ya veo —contestó cabizbaja, ahora no podía evitar recordar cada momento que pasó con ella, ahora a la luz de ese nuevo dato. Siempre se sintió despreciada por ella pero nunca pensó que llegara a tanto—. Pensé que tenía algo que ver con... esa vez.
—¿Cuál?
—Ya sabes, esa vez en ese almuerzo —Sasuke hizo un gesto de no entender a qué se refería por unos segundos hasta que recordó, su expresión triste le removió los recuerdos llevándolo hacia atrás, un atrás extraño y en apariencia lejano. Él solo había pasado de eso sin más, pero ahora recordaba que nunca se había disculpado, ni siquiera le había dicho algo al respecto después. ¿Qué hizo la siguiente vez que la vio después de esa acusación? No podía recordarlo.
En ese entonces buscaba cualquier razón para dejar de estar casado con ella, jamás había deseado tanto ser traicionado para poder deshacerse de ella en venganza.
Ese intento no había significado nada para él, pero ahora veía que para ella se había quedado en la memoria, hasta el punto de sentirse culpable por algo que no era su responsabilidad, y ni siquiera se lo había reprochado. Comenzó a sentir la culpa él también. Ella había seguido adelante, podía ver ahora lo difícil que se lo había dejado. Allí, montada sobre sus piernas, ella se había decidido a romper una difícil barrera. Si él hubiese estado en su lugar probablemente se hubiese hecho asesinar por orgullo, no era de dar el brazo a torcer, de perdonar o de conciliar. Ella a su modo se había entregado a la tarea imposible de hacer la paz entre ellos. Con todo eso, sus miedos se sentían ridículos; teniéndola sobre sus piernas con su expresión triste y los ojos bajos y pensativos, con su aroma dulce desprendiéndose de ella y metiéndose en sus pulmones le parecía ridículo pensar que alguna vez pensó que ella lo traicionaría. No lo haría, comprendió que quizá su campaña de enamoramiento hacia ella incluso había sido algo innecesaria, era posible que ella siempre hubiera querido estar de este modo con él en vez de traicionarlo. Si era innecesaria significaba que ella siempre había actuado con sinceridad, ella era hasta el momento la persona más transparente que había conocido. Estaba tan acostumbrado al mundo de la Corte, en donde todos hacen todo por una razón, en donde todos quieren algo y nada es nunca lo que parece. Detestaba a ese tipo de personas, repudiaba a las personas porque eso era todo lo que conocía, pero ahora se daba cuenta de que él era como ellos. Él era todo lo que había temido de ella. Había engañado y manipulado sus sentimientos, y tal y como ella había dicho, si alguno de los dos tenía razones para desconfiar era Sakura. Su defecto era, como ya le había dicho, que confiaba demasiado en las personas, y admitió con frustración que su consejo también aplicaba en su caso. Ella no debería confiar en nadie, ni siquiera en él.
Y aunque era su defecto no pudo evitar sentir que eso le gustaba, por primera vez desde Naruto los defectos de alguien le parecían más una muestra de bondad que de perfidia.
Y ahora no sabía qué decir, no sabía cómo disculparse, incluso ya era algo tarde.
—Tendrá su oportunidad de redimirse a su manera en la Grustveria, pensaremos en algo apropiado para su edad.
Debía aceptar que las nuevas noticias que Sasuke le daba eran mejores de lo que en el fondo esperaba. Temió por un momento que se retractara, había jugado un poco sucio y pensó que de todas maneras esa era una posibilidad. Escuchar que lo había solucionado y con tal magnífica idea la hacía feliz, se sentía orgullosa de él.
—¿Podría ir a verla aunque sea una última vez? —La mirada de reproche de Sasuke no se hizo esperar, ¿es que no estaba contenta con nada?—. No te preocupes, esto solo me ayudará a asimilarlo, es todo.
—No puedes ir.
—Tengo que hacerlo, yo era su señora, es mi deber. Solo será una vez
¿No podía obtener la victoria aunque fuese a medias? No, ella no iba a conformarse. De todas formas era tan difícil decirle que no, se había escuchado tan graciosa diciendo eso, su tono decidido y serio
—Bien, pero a partir de aquí no me llevarás más la contraria.
—Entonces explícame siempre, no fue tan difícil, ¿verdad? —Besó de nuevo su mejilla juguetonamente y continuó sin despegarse—, así podré entenderte y apoyarte, y no tendré que molestarte con esto. —Y a continuación se escabulló hacia su boca para besarla por fin. Él le correspondió a los segundos, sus manos actuaron por su cuenta sujetándose a su cintura por fin y atrayéndola más, gracias al cielo su tortura había acabado por fin y ya no tendría que hablar más.
Sakura sintió su dura erección en su cadera, aún le sorprendía el efecto que tenía sobre él, la hacía jadear la sola idea de todas las cosas que ella podría hacer y que no lo dejarían indiferente. Se sentía abstraída entre sus brazos fuertes apretándola, como si todo el mundo se redujera al espacio entre ellos. Su corazón latió con fuerza al pensar que quizá a él le pasaba lo mismo, quería que así fuera, que no hubiese otro mundo para él en ese momento más que ella.
Por instinto comenzó a moverse suavemente, a él parecía gustarle, pues pronto empezó a impulsar ese vaivén con sus propias manos, su respiracion se alteraba a cada segundo. Sakura acarició su nuca con los dedos y él dejó caer su cabeza hacia atrás enseguida ofreciendo su cuello en el acto, su manzana de Adán saltó cuando tragó grueso de anticipación, pareció olvidar que estaba en su oficina, jamás hubiese imaginado que estaría haciendo eso allí y tampoco tuvo mucha cabeza para preocuparse por eso, no mientras los labios de fresa lamían su piel. Le gustaba cómo se sentían, su pulso se disparaba cuando la sentía en las clavículas.
Él se incorporó para seguir besándola, quería acomodarla mejor pero aquella silla era incómoda, todo el lugar era completamente inapropiado. Tuvo la loca idea de cargarla hasta sus aposentos pero eso sería vergonzoso.
—Espera, Sasuke, podrían escucharnos.
—Quién —dijo negándose a despegarse de sus labios, una de sus manos viajó hacia el sur para apretar sus nalgas a través del abrigo y el camisón mientras que la otra se acercaba a su escote, de nuevo notaba cómo gracias a que ella le facilitaba las cosas él se sentía seguro para hacer todo eso que nunca pensó que sería capaz de hacer, o de querer hacer.
—La guardia...
—Seguro nos... escucharon ayer...
Sakura jadeó de sorpresa, era verdad, no lo había pensado. Él vio cómo la verguenza cubría su rostro, debía sentirse igual pero descubrió que en realidad no le importaba.
—Espera, entonces no debemos...
—¿Te importa?
De todas formas no había nada que hacer al respecto, no podían irse. Se concentró en seguir besándola mientras su mano se deshacía del abrigo para amasar su seno, ella no contestó, levantó la tela de su camisón para poder sentarse con él entre sus piernas. Sasuke se dedicó a liberar sus pechos.
—Está mal...
—Entonces detente.
—No quiero.
Sintió a plenitud su erección contra su pubis, sus caderas se movieron ansiosas para profundizar la fricción. Un grito ahogado se le escapó cuando sintió sus pechos en libertad para despues ser capturados por las manos y la boca de su esposo.
—Pues tendrás que intentar no hacer ruido.
—¿Y si alguien llega?
—Se irá cuando vea que estamos ocupados.
Soltó el aire de sus pulmones ante esa respuesta, él estaba tan desesperado como ella por eso, la necesitaba, su miembro se ponía grande y duro, era maravilloso sentirlo ansioso por ella.
Amaba verlo de esta nueva forma, parecía alguien diferente, le gustaba tanto que hasta había descubierto un poco de su oculto sentido del humor. Se sentía más unida que nunca a él, le había dado su cuerpo y su alma y él la había llenado hasta la plenitud.
Sasuke se levantó y la cargó en el aire hasta su escritorio, en donde la sentó, era el único lugar cercano que se le ocurrió, su silla era realmente incómoda.
Bajó su pantalón dejando al aire su hinchazón, ahora a plena luz del día Sakura podía verlo claramente, palpitaba grande y pesado para ella, adoró su forma, el color rosado de su punta. Sasuke reparó en su mirada embelezada y sintió un poco de verguenza, jamás pensó mostrarle su cuerpo a nadie, ¿qué estaría pensando ella?
Sus manos se acercaron a él, quería tocarlo y explorarlo, miró su rostro para saber si no era demasiado raro de su parte, pero él cerró los ojos en respuesta. Quería guardar en su memoria su textura, cada detalle de su cuerpo. Él pareció alterarse con sus suaves y superficiales movimientos, sus caderas se movieron para buscar más de ella y Sakura sonrió ante eso. Él comenzó a subirle de nuevo la tela por las piernas.
—No, espera, Sasuke. Hoy no...
—¿Por qué? —dijo exasperado.
—Bueno... —¿cómo decirlo?— Creo que hoy me... duele un poco.
Sasuke entendió enseguida, justo lo que se temía, la noche anterior había actuado con cuidado para no herirla, y aunque parecía que todo había salido bien imaginó que era mejor dejarla descansar por unos días antes de volver a intentarlo, aunque claro, eso no era fácil estando semidesnudo frente a ella.
—Lo siento.
—No, no, perdón. Yo realmente...
Él la calló con un beso, Sakura se sintió mal al pensar en dejarlo de esa manera, tampoco quería detenerse. Sus manos aún sujetándolo se movieron sobre su longitud, esta vez apretó su agarre un poco más y repitió ese movimiento que por un breve momento lo vio hacer la noche anterior. Sus manos se sentían de gelatina, se sentía nerviosa, no sabía qué debía hacer.
Comenzó a leer su respiración entrecortada como un mapa por su cuerpo, su ritmo acelerado parecía ser un buen indicio. Él por su parte comenzó un camino exasperado para manosear lo que le fuera posible. Ella se apretó contra sus manos cuando estas llegaron a sus pechos, el contacto casi eléctrico le ponía la piel de gallina, le gustaba ser tocada allí, sentir que a él le gustaba su cuerpo, que escribiera con sus dedos que era hermosa. Agradeció ese precioso momento en que él apretó suavemente con sus dedos sus pezones, deseó poder exclamar sin contenerse. Sus manos se apretaron aún más sin pensarlo sobre el miembro de Sasuke y este saltó en respuesta, sus caderas se movieron aún más marcando un ritmo como si la penetrara sin olvidarse de las caricias que le dedicaba, se estaba volviendo loca y su cordura solo voló lejos cuando él desesperadamente se inclinó para tomar sus pezones entre los labios, la única razón por la que no cayó hacia atrás fue gracias a que él la sostuvo, se aferró a él como si fuera todo lo que le quedaba.
—¡Sasuke!
La puerta sonó.
Ambos se quedaron de piedra, la voz de Naruto quedó como un rastro de frustración entre los dos y Sasuke alcanzó un nivel de ira imposible en un segundo, se quedaron sin palabras. Volvió a golpear.
—¡Oye, Sasuke, ¿estás ahí?
—¡Vete, estoy ocupado! —respondió luego de un respiro para modular su voz.
—¡Jódete, ahora todos lo estamos por tu culpa! ¡Tu arreglito nos costará las siguientes noches sin dormir!
Entendía que ese "arreglito" al parecer tenía algo que ver con la promesa que logró sacarle. Una risita salió de sus labios y él la miró con el ceño fruncido, le divirtió verlo de esa manera, ahora tenía un aura asesina.
—¡Vuelve después, tarado!
Vio que iba a reirse más, esta vez de manera más sonora, así que puso un dedo sobre su boca para indicarle que hiciera silencio.
—¿Crees que me gusta venir a verte la cara? Los miembros del Consejo de Guerra vendrán muy pronto, ¿ya terminaste de escribir las cosas que vas ordenar? ¿Qué quieres que hagamos primero?
—Lo voy a matar —susurró.
—No seas malo —sonrió besándolo suavemente—, anda, contéstale.
—No tuve tiempo de hacer lo que dijo —le reprochó.
—¿Eso le dirás?
Otros golpes más.
—¡Sasuke, ¿te comió la lengua el gato? Respóndeme, ¿por qué no abres?!
—Maldito desgra... ¡¿No puedes venir en otro momento?!
—¡No!
—Bien, creo que debo irme.
Se acomodó el vestido mientras Sasuke hacía lo mismo con su deshecha ropa, deseó poder tener un baño frío o algo que lo ayudara pero tendría que lidiar con la frustración. Solo esperaba que su amigo no hiciera comentarios al respecto, no podía creer la paciencia infinita de la que podía llegar a ser capaz, sus pensamientos se volvieron sádicos.
Ella le regaló un beso corto de despedida antes de caminar para abrir la puerta, Sakura no parecía muy buena para la discreción, su rostro acalorado solo empeoraria todo y seguramente él no estaba en mejores condiciones.
—Hasta que por fin, ¿qué tanto estabas...? ¡Sakura!
—Buen día, Naruto —Le ofreció una sonrisa cordial y antes de que pudiera decir algo escapó—. Bueno, los dejo, con permiso...
Cerró la puerta encontrándose con la guardia. El hombre encargado de su seguridad personal, un hombre joven la miró por un segundo antes de apartar los ojos con una mezcla de pudor, respeto y temor. Lo reconoció, le había gritado el día anterior.
—Sígueme.
Plan: no responder ninguna desviada pregunta que se le ocurriera.
—No pensé ver a Sakura por aquí a estas horas. ¿Y... cómo estás, Sasuke?
—¿A eso viniste?
—No, pero eres mi amigo. Es que te noto... diferente.
—Comencemos.
—Eso es, qué energía, vaya, quizá sea eso, pareces renovado, hoy en la reunión parecías hasta de buen humor y con nuevas ideas.
—Vete al diablo.
—Oye, tranquilo, no es para ponerse así, olvídalo.
Sí, quizá no debía temer mucho, se trataba de Naruto, nadie decía "oh, sí, Uzumaki, es bueno entendiendo cosas".
La encontró de camino al calabozo, estaba sola sentada en una de las escaleras. Su cabello rubio casi siempre recogido en cuatro colas caía esta vez por su rostro en picos, tan pronto como la sintió abandonó su posición acaracolada y se levantó de un brinco, sus mejillas estaban mojadas.
—Perdón, Alteza.
—¿Estás bien? —No sabía su nombre.
—Oh, no se preocupe. Sí señora. Lamento mucho lo que pasó hace un rato, le juro que no volverá a pasar.
—No te preocupes por eso, fue un accidente. Dime, ¿estás así por la señora Chiyo?
—Eh, sí... sí, sí, señora.
—Voy de camino a verla, ¿no quieres venir?
El semblante de la chica cambió drásticamente. Sus ojos se abrieron ampliamente, y una inocente esperanza le arrebató el aire. ¿Sería posible, acaso, que esa mujercita, la reina, fuera la solución a sus problemas?
Asintió muchas veces convencida y determinada, agradeció y comenzaron a caminar.
—¿Cuál es tu nombre?
—Temari, Alteza.
—No te preocupes, Temari, la señora Chiyo estará bien.
Había tantas cosas que le hubiese dicho de no ser por el respeto que su condición de reina le impedía decir.
Descendieron hasta las profundidades del castillo, allí en donde se incrementaba la seguridad. Los guardias se pusieron a discreción tan pronto como la vieron. Tenían órdenes estrictas de que nada entraba o salía de allí.
Sakura siguió adelante, ningún hombre se atrevió a pararla hasta que llegó al de la puerta.
—Lo siento, no pueden pasar.
—Yo sí.
—El rey dio la órden de que nadie puede pasar.
—¿Y sabes quién soy yo?
Los demás sudaban muy frío, la miraron sin mover la cabeza, y cuando ella volteó al sentirse observada todos los demás fingieron ser estatuas.
—Perdón, pero el rey...
—Alteza puede pasar, si está aquí el rey lo autorizó.
Todos voltearon a ver al joven guardia personal de Sakura, era más joven que el resto y su semblante era serio pero nervioso. Temari pensó que hasta era atractivo con ese cabello blanco y medianamente largo peinado hacia atrás y su corpulenta complexión, pero ella olía a kilómetros la fiereza y bravura de un hombre y sabía distinguir cuando carecían de ello. El ligero temblor en su voz le disgustaba.
Deseó ser ese guardia y poder imponer de verdad.
El guardia de la puerta no tuvo más remedio que asentir ante las miradas insistentes de todos, algunas miradas de miedo de sus compañeros le avisaban del peligro.
—Está bien, una disculpa.
Con una reverencia los dejó pasar y Sakura no pudo evitar sentirse frustrada. No servía de nada ser la reina en un lugar en donde se le hacía más caso a un súbdito, pensó. Y dicen que la amistad nace de compartir impresiones similares: Temari pensó lo mismo sorprendida, aunque claro, en el mundo real se necesita más que eso para amigarse.
Se sumergieron en ese oscuro mundo de callados lamentos. La rubia observó con horror disimulado el lamentable aura de ese lugar, no podía creer que una anciana estuviese ahí encerrada con tanta humedad y falta de luz. Era un destino terrible, cualquier alma se quebraría al ser sumergida en las tinieblas.
Sakura le pidió a uno de los guardias que los guiaran hacia la celda de la anciana, esta no estaba muy lejos. Para ella era insoportable estar ahí, se preguntó de qué modo podía alguien como la señora Chiyo soportarlo y durante todo ese tiempo.
—Es esta, Alteza.
Los barrotes comidos por el moho se imponían delante de ella, era incapaz de ver lo que había más allá.
—Temari, por favor trae la antorcha que está por allá.
Teniendo luz la puerta se abrió e ingresaron, tenían la sensación de que a cada paso saldría una rata por entre sus pies. Aún así, soprendentemente el lugar lucía tan limpio como podía lucir una celda, el moho del suelo y las paredes parecía raspado improvisadamente en un afán por mantener aquella cueva infernal tan humana como fuese posible. Temari reconoció en ese trabajo la mano incansable de la señora Chiyo, mordió su labio con admiración y dolor. Así era ella, la mujer de la que sacó su carácter duro, la que le prohibió llorar sin importar la circunstancia, la que le había enseñado que todo estaba perdido en el momento en el que la autocompasión se adueñaba del espíritu. Ella se había quebrado esa mañana, le falló. Se preguntó si la anciana también se había quebrado, tenía más razones para hacerlo estando en el abismo del mundo y prometió no decepcionarse de ella si era así.
—Señora Chiyo...
Poco a poco distinguieron su figura en el fondo, su cuerpo pequeño se acercó a ellos irguiéndose, el cabello cano fue lo primero que vieron. Sus arrugas lucían profundas por la iluminación.
No dijo nada cuando estuvieron por fin de frente, por breves segundos miró a Temari junto a la reina sosteniendo las llamas, su mirada expresaba tantas cosas, y la regañó en silencio por la compasión que mostraba.
Había insistido en ir hasta allí, pero ahora que estaban, ya no sabía qué hacer. Esa mujer siempre había tenido el poder de intimidarla, no tenían la mejor relación y ahora que veía su rostro tan serio e impenetrable si preguntó si hubiese sido mejor no ir, no parecía bien recibida. Pero no iba a olvidarse de lo importante que resultaba estar ahí.
—Alteza, ¿qué hace aquí?
—Me enteré de lo que sucedió.
—Oh, ¿en serio?
—... Sí.
La mujer se ancaminó hacia una barra lateral de piedra y se sentó.
—Adelante, Alteza. Le ofrecería algo pero no tengo nada. —Sakura miró ese lugar con reserva—. No se preocupe, sabe cómo soy con la limpieza. No son sus muebles, pero una vez que se adapta este lugar puede ser acogedor. Tampoco hay ratas, las espanto a todas y ya aprendieron.
Ella decidió no pensarlo más y sentarse.
—Señora Chiyo, lamento lo que sucedió, no tengo todos los detalles, pero...
—Claro que no los tiene.
—... Disculpe, ¿hay algo que debería saber?
—Todo, usted es la reina.
Temari contenía la respiración con pulso acelerado, no podía creer el modo de hablar de la señora Chiyo, siempre tan mordaz por lo demás, pero nunca más de lo debido con sus superiores, mucho menos con la Corona. Mucho menos con ellos. Tuvo miedo de que Sakura enfureciera en cualquier momento, ¿estaba loca? Pasarse significaba peligro, y más en su posición.
—Eso es cierto... pero entenderá que no soy como cualquier reina, he tenido muchos problemas para adaptarme aquí. Aún así he conseguido algunos arreglos, no quisiera que algo malo le sucediera.
—¿Y de qué se trata?
—Usted fue acusada de traición, y según sé, eso implica pena de muerte. Hablé con Sasuke y reconsideró sus opciones. Vivirá.
Y aunque a Sakura le parecía una gran noticia no vio que la anciana se inmutara de la manera que esperaba.
—¿Sí, y a qué costo?
—¿A qué se refiere?
—¿Por qué nunca sabe nada al respecto, Alteza?
—Disculpe, señora Chiyo, pero me parece que usted está cruzando la línea.
—¿Cuál línea? ¿No se ha dado cuenta tampoco de esto? Ya no tengo nada que perder.
—La vida.
—Ya la perdí, ¿no lo ve? ¿Cuál es la alternativa a la muerte? ¿Estar encerrada? Considero que es una impiedad de su parte, ya estoy vieja y no hay nada más para mí en este lugar, la muerte sería al menos un fin a todo esto.
La compasión se reflejó en los ojos jade de la muchacha, era doloroso para ella escuchar sus palabras, se desahuciaba a sí misma. Odió con todas sus fuerzas no haberlo sabido antes, no poder hacer algo por ella, aún si había hecho lo que hizo.
—Usted no se quedará aquí, irá a Grust. Es una hermosa ciudad.
—Es lo mismo.
—Prometo que no será así, pedí que tuvieran especial cuidado con usted por su condición.
—¿Mi condición...? ¿Me tiene lástima?
—Bueno...
—No la tenga. Yo soy quien siente lástima por usted. —Nadie hubiese podido decir algo al respecto, tanto el guardia como Temari y la misma Sakura se sintieron sin palabras que decir. Sakura no daba crédito a su actitud, pensó en salir corriendo de allí, había sido un total error de su parte. Debió escuchar a Sasuke. La anciana se levantó, quedando a la altura de ella—. Usted no puede hacer nada por mí, no tiene poder, la corona es un chiste en su cabeza. Incluso yo tenía más poder que usted desde mi cocina, ¿no es así, Temari?
Ella miró hacia otro lado fingiendo que no había oído eso, no debía meterse en problemas. La adrenalina fluía por su cuerpo como un desahogo transplantado en la garganta de esa vieja mujer, como si alguien más cantara sus propias penas. Es lo que llaman los griegos el pathos, quizá, cuando en el teatro se ve representado el dolor y se conecta con el del espectador. Allí, en esa cueva infernal y helada, Temari contemplaba con anhelo y admiración el más alto resplandor de la señora, su momento culmine en la vida, algo que no todos llegaban a alcanzar, tan solo los miserables.
¿Y qué podía la joven monarca decir ante tanta verdad?
—... ¿por qué? ¿Por qué usted... todos me tratan de esta manera? Lo único que he querido es ser buena con usted.
—No sé los demás, Alteza, pero yo no puedo respetarla. Mírese, ¿cómo permite que la veamos así? Yo nunca dejé que Temari soltara una lágrima en mi presencia. —Se apresuró a secar la gota que empezaba a resbalar por su pómulo—. Usted no tiene autoridad alguna acá.
—¡Ya basta, señora! ¡No puede hablarme así!
Se levantó de un golpe y se volteó, quería irse en ese mismo instante, ya no tenía nada más que hacer. No había hecho nada.
—Oh, no debería desaprovechar esta oportunidad, niña. ¿En dónde más va a encontrar a alguien que no le hable con falsedad? Al menos conmigo tiene la garantía de que sabrá exactamente lo que pienso.
—No quiero escucharla más.
—Claro que no, usted nunca quiere escuchar. Solo le importa el sonido de su propio llanto, jugar al romance mientras el mundo se desmorona a su alrededor. Usted es la mujer más arrogante que he conocido.
—Entonces no conoció a nadie en la Corte.
—Ellos al menos saben lo que son, ¿pero usted? Es tan arrogante que se miente a sí misma solo por salvar esta imagen de víctima. Las personas como usted se narran su propia historia todas las noches, se glorifican en su dolor, se canonizan mientras esconden su maldad. A usted no le importa nada en realidad, nada que no sea su tragedia personal.
—¡No es cierto!
—No importa lo fuerte que grite que no es cierto, ya lo escuchó. ¿Cuál será su siguiente mentira? ¿Cuál su siguiente lágrima? Viene a mi celda a hacer su papel de redentora, y si es una mujer poco inteligente saldrá de acá con una razón más para autocompadecerse. Usted se ama tanto que no puede permitirse verse de verdad.
—No me conoce, señora Chiyo...
—Ya he terminado, lo que usted tenga que decir no me sirve para nada. Yo en cambio le di sus cinco minutos más útiles de su vida, ¿cómo se siente eso? Ninguna moneda de oro le va a comprar eso. Lo que usted vaya a decir... son solo mentiras que se puede decir mentalmente, no malgaste su saliva.
En silencio escuchó el sonido del aire entrando y saliendo de ella a gran velocidad, de espaldas a todos un amargo llanto callado salaba su cara. Se sentía derrotada, necesitaba apoyarse contra algo.
—Una última cosa más, niña: que sea la última vez que se humilla de esta manera. Nunca deben verla llorar, la destruirán. Esto va para ti también, Temari —La aludida saltó cuando el foco volvió sobre ella—. No te atrevas a olvidar lo que te enseñé. No dejes que las otras lo hagan.
Por fin la vio a los ojos, pudo ver lo que significaba eso en realidad. La estaba dejando a cargo, ahora ella debía tomar esa otra antorcha figurada y seguir con ese legado. Los valores al fin y al cabo son la herencia de quien no tiene cosas.
Sakura no esperó a más y salió de ahí tan rápido como pudo, apretaba su abrigo ahora que se sentía congelada. La luz la siguió, y con eso los pasos de los otros dos que se miraron de reojo antes de evitarse de nuevo en medio de tanta tensión.
En un parpadeo por fin estaba fuera, quería llegar corriendo a la habitación y encerrarse para siempre, pero sus piernas temblorosas no se lo permitían.
—¡Alteza, espere un momento!
Temari corrió hacia ella y la tomó por el hombro, era ligeramente más alta. Se detuvieron mientras está se dejaba llevar hacia unas escaleras, por suerte ese pasillo era solitario y a esa hora nadie requería de estar ahí. La sirvienta aprovechó que se dejaba guiar para sentarla en unas escaleras cercanas, necesitaba calmarse un poco al menos antes de subir. Luego le llevaría un té a sus aposentos para los nervios, y luego... Nada más, no había nada más que pudiera hacer.
—Respire un poco.
No sabía cómo consolar a una reina, solo sabía hacer las cosas a su manera, y no era una manera muy educada, no lo necesitaba con las otras chicas.
—No puedo creelo... Ella no tenía por qué portarse así.
Se cubrió el rostro y dejó que los sollozos salieran de ella.
—No llore más, Alteza.
—¡No puedo parar!
—Pues... debe hacerlo. —Volteó hacia el guardia y extendió su mano hacia él, este en respuesta la miró sin entender—. ¡Un pañuelo, ya!
—No tengo, yo no lloro.
—¡Los pañuelos son para otros, no para uno mismo! —Exasperada le dio la espalda y se agachó hasta tomar el dobladillo de su vestido y romperlo con sus propias manos, ofreciéndole el trapo a la muchacha en las escaleras. Esta lo tomó casi automáticamente y sin pensarlo mucho limpió su cara—. Escuche, la señora Chiyo tiene razón, nadie debe verla llorando allá arriba, le traerá problemas.
—A nadie le importa.
—Se equivoca... Todos hablaran.
—No importa.
Y la rubia no sabía de dónde agarrarse para no caerse de la frustración. "No es una sirvienta, no es una sirvienta..."
Solo podía respirar y armarse de paciencia.
—Escuche, Majestad... La señora Chiyo es una mujer bastante... cruel... —Sakura bufó sin querer mirarla, ahora se sentía patética, seguramente con la cara roja y mojada, sus ojos se hincharían si seguía así—, pero a su manera siempre dice las cosas por bien.
—Ella me odia, siempre lo hizo.
—No lo creo, ella se toma muy en serio el odio y no es así como actuaría.
—Entonces... ¿por qué es tan difícil? ¡Pone en riesgo su vida! Si yo le dijera esto a Sasuke... sería el fin para ella.
—... Mire, Alteza, yo entiendo algo de todo esto... Ella a menudo me decía que jamás se desgastaría con alguien que no valiera la pena. Decía que lo mejor que podía ocurrirle a alguien era que le dijeran la verdad. —Sakura la miró atentamente mientras Temari se perdía en sus recuerdos con una amarga sonrisa y los ojos en la nada—. Decía que no había otro modo en que las palabras llegaran con eficacia que con algo de crueldad, solo así las tomamos al menos como algo importante. Era así con todas nosotras, las nuevas siempre la odian, pero las más grandes como yo... la comprendemos con el tiempo. Cuanto más nos apreciaba más dura era. Ella fue muy dura conmigo, pero solo porque me tenía fé. —Se miraron fijamente—. Es la persona más sabia que conozco, no desgasta palabras en vano, si se las dijo es porque ella confía en que son por su bien.
Sakura no estaba convencida de ello, se sentía lastimada en su intento por comprenderla y digerir la idea de su traición. Ahora estaba más segura de las palabras de Sasuke, solo había escuchado rencor e ira contenida en sus palabras.
Las palabras son como semillas, no nacen de un momento para otro, pero ya estaban plantadas y la reina Sakura tendría que aprender su significado en el futuro.
Los siguientes tres días estuvo sola, Sasuke permanecía todo el tiempo fuera de la habitación, la mitad de las veces en la oficina y la otra mitad fuera del castillo oficiando los preparativos para lo que sería la reforma en Grust. Naruto no lo soltaba, estaba enojado por el trabajo extra que tenían y le hizo jurar que lo harían en el menor tiempo posible para poder descansar y volver a la normalidad.
Sin embargo, mientras Sakura dormía él se escapaba una hora o dos de sus quehaceres para recostarse en la cama y reposar, el vaivén tranquilo del aire en su nariz pequeña lograba hacerlo dormir enseguida. Pasados los tres días por fin había hecho gran parte del trabajo, por lo que decidió aparecerse esta vez para quedarse.
A Sakura le tomó por sorpresa su aparición, ella desenredaba su cabello en solitario a la luz de las velas distraidamente, aún no podía dejar de pensar en lo que había sucedido con la vieja mujer. Cuando por fin lo vio a través del espejo sintió que lo había visto hacía siglos, lo necesitaba más que nunca en ese momento, aunque había jurado no decirle nada al respecto, no podría dormir nunca más de pensar que una mujer mayor como ella sería más miserable de lo que ya era por su culpa.
Corrió hacia él y se lanzó a abrazarlo por el cuello, amaba poder tocarlo sin sentir miedo de que a él no le gustara o que fuera inapropiado. Sasuke rodeó su cintura tras unos segundos en respuesta.
—¿Cómo ha estado todo?
—Bien.
—Ven aquí.
Lo condujo hacia la cama tomándolo por el brazo y lo sentó.
—Debes de estar muy cansado, ¿hace cuánto que no duermes? Tienes que ponerte cómodo, porque te quedarás, ¿no es así?
—Sí.
Se agachó para alcanzar sus pesadas botas y descalzarlo, Sasuke por su parte comenzó a quitarse el abrigo y la camisa.
—No te esperaba esta noche, pero me alegra que estés aquí. Te extrañé muchísimo.
Sus palabras salían tan naturales de la boca, pero para Sasuke el impacto de ellas era tan desgarrador que se sorprendió del modo en que ella podía expresarse. No se contenía, no lo pensaba dos veces. Lo abrazaba, lo tocaba, le decía aquello como si fuese su primer idioma. Ojalá él pudiera hacerlo, ¿pero qué le diría? Ni siquiera sabía cómo hacerlo, no sabía definir lo que tenía adentro mientras que ella parecía estar tan familiarizada con su propio mundo interior.
—Buscaré ropa para dormir... —Se levantó y se volteó para ir a ello, pero sintió que él la tomaba del brazo y se ponía de pie.
—No la necesito.
Con sus manos demandantes se agarró a su cuerpo, no olvidaba en ningún momento del día que habían quedado en algo pendiente, estaba ansioso por retomarlo, y Sakura lo supo al sentir su dureza contra su espalda baja.
Él besó su cuello y dibujó caricias sobre toda la piel de esa zona que encontró, bajó la tela y dejó que resbalara hasta el suelo, ella se recargó contra su pecho dejando que la tocara. Lo había deseado todo ese tiempo.
—¿¿No quieres dormir? —preguntó en broma.
—Tú tampoco.
Fue su turno de voltearse para terminar de desvestirlo, ya estaba humedeciéndose, lista para él. Amaba poder abrazarlo y que sus pechos lo rozaran, estaba tan urgente que no quería demorar mucho en esos juegos, lo quería ahora.
Sasuke tenía otros planes, había practicado tanto en su mente que había decidido que quería explorarla, conocer esas partes de ella que le hicieran sentir más, quería tocarla así como ella lo había hecho con él. Para eso debió asumir que tendría el control, y lo hizo con gusto. La tomó con firmeza y la recostó sobre la cama, agradeció que hubiesen tantas velas prendidas, quería luz y no perderse de nada.
—¿Qué haces?
Le resultó contradictorio el modo en que se cubrió estando así, tuvo que tomar sus manos para apartarlas y ponerlas a cada lado de su cabeza, sus senos redondos quedaron al descubierto coronados por dos pequeñas y adorables puntas rosadas.
—¿Por qué te cubres?
—Porque me miras así...
—No quiero que lo hagas...
—Es que... no sé qué estás pensando, no me gusta...
—¿Qué cosa?
—Mi cuerpo.
Creyó que podía ser algún tipo de broma, debía serlo. Aún sujetando sus manos la miró, sus ojos examinaron detenidamente cada centímetro que podía. No podía encontrar nada mal con ella, todo lo contrario.
—¿Qué tiene?
—¡Oye...!
—Mírame. —Usó una de sus manos para sujetar su barbilla mientras la obligaba a no desviar sus ojos de él. Sakura se sentía vulnerable cuando él la miraba de esa forma, así no había manera de olvidarse de que estaba como había nacido, era más fácil para ella si sentía placer, así no podía pensar en nada—. ¿Qué es lo que no te gusta?
—Ya te lo dije.
Sintió que liberaba sus manos y estas por inercia cubrieron sus pechos.
—¿Esto?
Él tomó sus manos otra vez y las acunó para sacarlas de su camino, repartió besos suaves sobre sus pechos que la dejaron sorprendida, soltó una pequeña exclamación al tiempo que cerraba sus puños. Sintió su boca succionar su piel, cerca del pezón pero sin llegar a él.
Sasuke no podía decirle lo mucho que le gustaban, pero sí podía mostrárselo. Decidió concentrarse en ellos para iniciar, los apretaba con la suficiente firmeza mientras ella poco a poco abría sus piernas sin darse cuenta, quería que dejara de pensar lo que para él eran tonterías, era extraño para él que ella se sintiera así, siempre era tan espontánea y no cabía duda de que era hermosa, aunque pensó que quizá sí era natural, él tampoco estaba acostumbrado a que ella lo mirara y también sintió verguenza cuando ella lo hizo en su oficina. Era algo a lo que podía acostumbrarse, podía sumergirse por completo mientras ella lo estimulaba en el proceso, asociando la idea de estar desnudo con ese agradable calor que lo recorría, y ella también podría.
Ella gemía suave mientras la besaba, parecía disfrutar cuando él atendía a esa parte. Sus manos siguieron caminos diferentes mientras no la abandonaba con su boca, recordó lo bien que se sentía cuando ella pasaba las llemas por su cuerpo, corrientes de infarto lo hacían suspirar. Disfrutó cuando encontraba una zona especialmente sensible, ella saltaba ligeramente, le encantaba lo fácil que era de leer, su cara no ocultaba lo mucho que le gustaba.
—¿Crees que soy hermosa?
—Sí...
Más que eso, pero de nuevo, para él era mejor mostrar que decir. Quería que viera lo mucho que provocaba en él. Lo había hecho pasar tortuosas noches en vela, lo había llevado al límite. Er un hombre que nunca se dejaba llevar por nada, al menos hasta esa noche en que había aceptado su derrota sin tener más opción. Ella no parecía darse cuenta al cien por ciento el efecto enloquecedor que tenía sobre él.
Pensó que sería justo que él también estuviera desnudo completamente, aún tenía puesto el pantalón. Se incorproró para bajarlos, pero entonces ella fijó sus ojos en el bulto formado en su entrepierna, lo tomó en sus manos robándole un suspiro y bajó sus pantalones automáticamente, su miembro saltó a la vista de inmediato. Dejó que lo tocara, sus ojos fascinados viajaban sobre él como si fuera la primera vez y entendió cómo se debía sentir ella mientras la observaba. Siendo un buen momento decidió continuar con su exploración mientras ella se distraía con él. Comenzaba a sentir los espasmos provocados por sus caricias, subía y bajaba sobre él haciéndolo jadear.
—Por favor, te necesito.
Le encantó oir la desesperación en su voz, también la necesitaba. Se acomodó entre sus piernas abiertas y tomó su erección en la mano para dirigirla hacia su entrada, mojó su punta con sus jugos mientras se masajeaba contra ella. La miró a los ojos mientras comenzaba a introducirse lentamente, sin perder cada sensación que su pequeña entrada le proporcionaba mientras lo recibía. Con una sacudida violenta alcanzó su fondo cuando iba en la mitad, ella lo agradeció con un chillido, sus ojos jade se entrecerradon mientras retorcía sus pienas alrededor de su cintura para impulsarse hacia él, respondió con un par de estocadas enterrándose en ella cerrando sus ojos, saboreando por fin lo que tanto había deseado; fueron tres días largos para ambos.
Ella empujó su pecho y se incorproró, quería ponerse sobre él, a lo cual no ejerció resistencia. La ayudó a acomodarse hasta que la tuvo a gatas sobre sí atravesada por su miembro tembloroso, ella tragó hondo muy quieta adaptándose a tenerlo de esa manera, estirándola hasta el extremo, se acercó a su boca para besarlo tranzando círculos con las caderas que los hizo jadear.
Y la puerta sonó.
—¡Sasuke! ¡Oye, ya te demoraste, tenemos cosas que hacer!
—Maldito bastardo...
—¡Sasuke!
—¡Naruto, lárgate! —gritó Sakura como no lo había hecho nunca en su vida, Sasuke la miró con los ojos abiertos sin poder creerlo.
—¡¿Sa... Sakura? Pero es que Sasuke...!
Ella agarró un vaso en su mesita de noche y lo arrojó con fuerza contra la puerta, al otro lado Naruto saltó por el estruendo aterrado.
—¡Que te largues! ¡No vuelvas a tocar la puerta nunca!
Se quedaron en silencio, Sakura para ver si escuchaba una respuesta y así tendría que estrellar otro objeto, y Sasuke aún en shock, su grito furioso lo había tomado por sorpresa, no sabía que ella podía llegar a tener ese carácter, creyó que volvería a reírse y que él sería el más furioso como la última vez.
Naruto no contestó, por lo cual ya debía haberse ido, y corriendo.
No podía creer tampoco lo mucho que le había excitado verla reaccionar así, sus manos viajaron a sus nalgas para estrujarlas y penetrarla, Sakura se arqueó y comenzó a seguir un ritmo desesperado.
—Qué... maldito bastardo.
—¡Ah!
Escucharla insultar era otro peldaño más arriba de la locura, sus dedos se apretaron en puños sujetándose a las cobijas, ella estaba incorprorada ahora, sus pechos rebotaban en su cara. Amaba aquella vista, tuvo que contenerse de una manera imposible para no acabar en ese momento.
Las caderas de ambos se buscaban sin control, se sentía poderosa sobre él, podía montarlo tanto como quisiera, a la velocidad y fuerza que necesitara. Podía ver su cara surcada por el placer, estaba sumergido en un sobrecogedor trance.
—Adoro sentirte, eres tan grande.
Las piernas de Sasuke temblaron, sus gemidos incontrolables sonaban por toda la habitación y ya no sabía de dónde tenerse.
—Espera...
Apretó su trasero contra él para inmovilizarla, debía detenerla antes de que todo acabara pronto, pero ella se negaba, sus caderas se movieron de atrás hacia adelante y él necesito de todas sus fuerzas para decidir detenerla.
—No...
—Para, necesito que pares...
Se sentó y la alzó por la cintura para salir de ella, recibiendo un lastímero quejido de su parte.
—Quiero seguir arriba.
Él también quería, por lo cual solo apoyó su espalda contra la cabecera de su cama y la sentó sobre su regazo todavía sin penetrarla de nuevo, comenzó a acariciar su vientre mientras se recuperaba. Le gustaba lo liviana que era, su cintura pequeña era fácil de abrazar. Pegó su nariz a su piel para olerla. Ella acarició su cabeza, le gustaba perder sus dedos entre los cabellos azabaches y suaves de su esposo.
—Ven.
Estaba listo para continuar, ella se acomodó de prisa sobre su miembro y de una estocada se autopenetró para seguir, se frotó contra su pelvis sintiendo el placer de estimular su clítoris, tomó la mano de Sasuke guiándola hacia ese lugar para poder frotarse, no quería usar sus propios dedos. Dejó de penetrarse buscando concentrarse en ese punto, se había sobresaltado al sentirlo tocando justamente esa parte la primera vez por accidente y quería volver a sentirlo.
—Me... gusta aquí.
Lo recordó, comenzó a presionar sobre ella intentando ver cómo le gustaba, con su pulgar trazó círculos. La vio llevar su cabeza hacia atrás, su interior se apretaba. Supo que lo hacía bien cuando ella continuó frotando sus caderas moviendo su necesitada erección adentro, comenzó a moverse debajo mientras seguía haciendo eso con su dedo. Ella gemía fascinada.
—Oh, Sasuke —exclamó cuando sus movimientos se hicieron más profundos, se apoyó en sus hombros unida a él hasta el fondo, necesitó besarlo hasta que no pudo seguir haciéndolo, su boca se abrió en el momento en el que llegaba al límite, los espasmos de placer le arrebataron la cordura y la hicieron gritar, su hombre se retorció debajo sintiendo cómo se apretaba, no podía más.
—Eres hermosa... No sabes cuánto.
La tomó de las caderas y con todas sus fuerzas la hizo saltar sobre él, sus cuerpos chocando hacían un sonido inolvidable y sus pies hormiguearon cuando su esperma contenida se disparó dento de ella, se vació en un grito y violentas oleadas.
Se abrazó a ella exhauso, Sakura sonreía ida tras su propio orgasmo y se dejó acurrucar para acostarse. Había sido una noche perfecta, jamás se cansaría de eso.
—Vaya, qué ocupado.
Levantó la vista de su libro, allí estaba él vestido con ese familiar atuendo de viaje.
—¿Ya se van?
"¿Qué... a dónde?"
—Ya sabes.
"No, no..."
—Bueno, se hace tarde, ya sabes que no iré.
—No, si vas, nunca te quedarás con el trono.
"¡No, no! ¡Que no se vayan esta vez, debo ir también!"
—No.
—Buen viaje.
"¡No, por favor! ¡No vayas, llévame contigo!"
—Ya estoy cansado de decirlo, no irás.
—Buen viaje.
Se dio la vuelta conduciendo sus pasos hacia su puerta, su pesadilla clásica y aún así siempre nueva para él en el momento se repetía como otras veces, debía salir por esa puerta mientras él luchaba contra su propio cuerpo inmóvil.
—Oh, por cierto, ¿ya te despediste de ella?
—Ya le dije adiós a mamá.
—No, hablo de la chica de pelo rosa. Moriremos juntos los tres esta vez.
"¿Mi esposa? ¡N-no! ¡No, esa mujer no! ¡No ella!"
—Tiene que ser así, a ellos les agrada mucho. Además tú lo decidiste.
—Bien, no me dará muchos más problemas entonces.
"¡Cállate!"
—Es mejor así, lo decidiste. Le mentiste a ella, nos mentiste a nosotros. Estaremos fuera del camino, la corona seguirá en tus manos así.
"¡Mierda, mierda! ¡¿Por qué...?! ¡No quiero que te la lleves, mátame, llévame a mí! ¡No quiero esta corona, nunca quise nada de esto!"
—Que ella tenga un buen viaje también, entonces.
—Bien hecho, muchacho —dijo la voz de Homura pero sin que él estuviera realmente en la habitación.
—¡No!
Se sentó como un resorte, sentía las manos heladas y de nuevo todos los síntomas de que había tenido una pesadilla lo atacaban.
—¿Sasuke? —Sakura se incorporó soñolienta y alarmada captando su atención—, ¿tuviste una pesadilla?
La vio a los ojos, su semblante preocupado alcanzaba a distinguirse en la oscuridad. Su corazón se retorció con la pesadilla aún fresca en su memoria, la impotencia de no poder hacer nada para detener a su hermano. Comprobó con alivio que solo había sido un sueño de nuevo, solo eso. Tocó su mejilla para asegurarse, su piel suave y caliente fue como una bendición para sus dedos. Ella estaba ahí y no iba a irse, habían hecho el amor intensamente y se habían dormido abrazados igual que la primera vez, y que las próximas.
Para sorpesa de ella la besó con furiosa desesperación, tenía que hacerlo de nuevo, borrar el pánico de él y reemplazarlo con la abrazadora calidez de su esposa.
Sí, le había mentido, había desconfiado de ella pero ya no tenía que hacerlo. Haría lo que fuera para hacer que no tuviera que correr peligro con él al confiar ciegamente en su palabra. Transformaría sus mentiras en verdades, si no merecía su confianza y amor entonces haría que eso cambiara.
Bueno, yo solo puedo decir que al menos lo intentó.
Hola, perdón por todo, no me odien. Como dije en el tablero de anuncios (si no lo vieron es porque no me siguen o no me stalkearon, háganlo para estar más en contacto) estoy en un momento de universidad difícil pero ya pasará, y tenía que tomarme un respiro, no es fácil escribir tanto en tan poco tiempo y por tantas semanas seguidas. No las abandonaré, escribo al menos unas palabras cada día. Gracias por todos sus comentarios, hacen que valga la pena.Solo quería preguntarles también si les gustaría un siguiente capítulo que sea especial de halloween, adoro esta época y sería interesante. La universidad termina en cuatro semanas, más o menos. Es posible que suba uno o dos capítulos en ese lapso, pero si no es así, no se preocupen porque de todas formas volveremos al ritmo habitual desde diciembre.Ah, y si no lo vieron (porque no me siguen en Instagram [samdic.art] o Twitter [YeahImSam, háganlo más que todo porque por ahí pueden acosarme, siéntanse libres de hacerlo) hay nuevo fanart, de la escena en el bosque, capítulo XX.Ah, y también estoy animando un one shot SasuSaku de RomiRitz, más detallitos sobre eso en mi Twitter.Las adoro.
