Las sirvientas tocaron a la puerta de los aposentos en un día especialmente nublado en donde se desataba una terrible tormenta de nieve y la temperatura era más baja de lo normal. Por primera vez no escucharon la autorización para pasar sino que directamente la joven reina abrió la puerta con lamentables noticias.
—El rey está enfermo, hoy no puede trabajar.
—¡Es terrible, Alteza! ¿Qué tiene?
—¡No se preocupen! Solo necesita reposo —Tomó la bandeja— y más comida.
Cuando las puertas se cerraron en sus narices comenzaron el camino de vuelta a la cocina esparciendo la noticia a quien se encontraran. Cuando volvieron con más comida aún querían saber más detalles sobre su estado, se ofrecieron a revisarlo y cuidarlo como era debido.
—No es necesario, estaré aquí todo el día.
Cuando se retiraron rumoraban:
—A la reina le gusta cuidarlo, ¿no recuerdan la vez pasada?
—Y se le da bien.
Ni siquiera Matsuri, quien creía tener más oportunidades de enterarse por su cercanía con Sakura pudo saber más sobre ello, tan solo les quedó teorizar en las cocinas entre trapos sucios y vapores.
Dentro de la habitación, por otro lado, los reyes eran ajenos a la curiosidad despertada.
—¿Qué les dijiste?
—Que hoy no ibas a trabajar.
Sirvió sobre la cama los nuevos recipientes mientras Sasuke se incorporaba.
—Debo irme ya, Sakura.
—No lo harás.
—Tengo que trabajar.
Pero la verdad era que ella no lo dejaría irse, no ese día.
—Quiero que al menos hoy te quedes todo el día conmigo, al menos hoy. No es muy terrible si de todos los días del mundo solo uno no trabajas.
—De hecho sí.
¿Qué podía pasar? Nunca en la vida había estado hasta tan altas horas de la mañana en cama sin una excusa muy fuerte como una enfermedad o haber estado cerca de morir. Cada día descubría lo increíblemente difícil que era para él negarle algo a Sakura, no importaba cuántas veces le decía que no. La mayoría de las veces eran estupideces, pero cuanto más estúpida fuera la razón, más se empeñaba ella en ese diminuto punto. Él hacía lo posible por convertir esas ocasiones en trámites interminables e imposibles pero ella era demasiado astuta. Él se empeñaba en mostrarle que solo había una opción posible, la suya, y que había pasado toda la vida para descubrir que de esa manera se hacían esas cosas, pero ella le decía que en realidad habían mil quinientas posibilidades que se le habían escapado y que como era paciente con él le iba a enseñar unas cinco de esas posibilidades.
Esa mañana Sakura se había levantado con el único objetivo de no dejarlo salir de la cama, y se preguntó qué extraño mecanismo se había activado en su cabeza, qué cadena de pensamientos la habían llevado a esa resolución.
"Se está volviendo caprichosa".
—¿Cuándo fue la última vez que te tomaste unas vacaciones?
—No se pueden tomar vacaciones en nuestra posición, Sakura. El mundo entero podría... colapsar.
Si iba a perder contra ella otra vez, al menos era mejor hacerlo mientras comenzaba a desayunar.
—Eres muy dramático.
¿Él era el dramático? Ella era la que se estaba tomando dramáticamente en serio el objetivo de no dejarlo ir a trabajar. Había recurrido al principio a solo una petición, luego fue una súplica, luego una órden, y luego... ya eran las nueve de la mañana y él no había podido decirle que no a sus otros métodos para nada éticos o recatados.
Y el clima no ayudaba para nada, el ruido de la tormenta y la bajísima temperatura invitaba a cualquiera a pasar todo el día bajo el refugio de unas buenas cobijas.
Si todos tuvieran buenas cobijas.
Pero él sí las tenía, las mejores, y el calor de su chimenea hacía de ese el lugar más acogedor del mundo.
—Mañana podría ser un día más pesado de lo normal si dejo que se acumule.
—¿No tienes a millones de personas que podrían ayudarte?
Las tenía, pero no se sentía bien delegando, debía hacerlo casi siempre en todos los aspectos pero siempre temía que no lo hicieran tan bien como lo haría él si se encargara por sí mismo. Eso le jugaba en contra todo el tiempo, a veces se sobrecargaba más de lo debido solo porque no confiaba en las capacidades de los demás. Uno de los alivios más grandes de su vida había surgido cuando Pain apareció, sucedió lo que pocas veces sucedía, y es que algo en él lo hacía sentir que no era un inepto. Algunas personas logran irradiar esa seguridad, se le veía el compromiso en la mirada y comprobó paso a paso que no se había equivocado.
Porque ese hombre era como él en muchos aspectos, era tan desconfiado como él, comprometido y cauto. Se encargaba de todo incluso antes de que tuviera que ordenárselo, solía hacer mucho más de lo que un general hubiese hecho nunca en toda la historia. No le extrañaba la cantidad de ideas que había aplicado y los cambios estructurales que hizo, después de todo solo alguien que exprerimenta la necesidad de mantener todo bajo control encuentra los problemas con los que otros conviven cómodamente, y los solucionan. Al igual que él, Pain era un hombre más de acciones que de palabras.
A veces, en medio del cansancio, fantaseaba con la idea de que todos sus súbditos fuesen la mitad de confiables que él, y no es que hicieran mal su trabajo, sino que no le inspiraban la misma seguridad.
En aquellos momentos en donde él tuvo que ausentarse de su puesto, ya fuera por la puñalada o el viaje, había podido hacerlo porque había alguien como él soportando esa carga. Sasuke tenía la razón, si él no estaba un día el mundo podía colapsar, pero no en un reino en donde podía confiar al menos en que alguien tan obseso como él.
—Deberé avisarle al general, aunque ya es algo tarde y es una falta de respeto.
—No lo tenías planeado, pero es importante que programes tus días de descanso o comenzarás a enfermarte.
Sonrió levemente, Sakura era todo lo contrario a su general en cierto sentido. Pain le cuidaba la espalda en el trabajo, pero jamás tendría el cuidado que su esposa le estaba brindando. Ella se preocupaba por su salud, su estado de ánimo, si comía bien o si dormía lo suficiente; por otro lado, Pain siempre le hacía recordar que tenía al mundo a cargo de él. Tan solo otra persona estaba tan al pendiente de él, y era Naruto, pero muchas veces solo lo ignoraba. Sakura tenía más recursos para asegurarse de que recordara que no era una máquina sino un hombre.
Así que a veces pensaba que estaba siendo caprichosa, pero otras veces pensaba que tenía razón.
—Tendré que hablarlo con él y Naruto, no esperes mucho de todas formas.
—Yo me encargaré de que les quede claro que debes descansar.
La imagen mental de ella diciéndole algo así al general y al consejero del reino casi lo hace reír, notaba que se llevaba bien con Naruto mas no con Pain, y aunque a veces era impredecible, nunca se había comportado mal con él. Sería extraño que utilizara con él un tono mandón o prepotente, ella parecía retraída con todo aquel con quien no tuviera confianza, había experimentado de primera mano la sorpresa de descubrir su verdadero yo debajo de esa cauta prudencia.
Tampoco podía imaginarse un escenario en donde los dos convivieran al menos pacíficamente, Pain era como él, después de todo, no tenía el carisma y la calidez de su mejor amigo, solo podría pasar si Sakura sacaba su lado conciliador como lo había hecho con él.
¿Lo haría?
—Jamás hubiese imaginado que eras tan terca.
Ella bebía de su jugo mirándolo curiosa mientras que con otra mano acomodaba un amplio abrigo blanco que cubría su desnudez.
—¿Yo? ¿Y qué tengo de terca?
—Siempre crees tener la razón.
Abrió la boca perpleja.
—¿... yo? —Él asintió, y tras un largo silencio Sakura se acomodó sobre las cobijas a su lado tras dejar sobre una mesa las bandejas—... Tú también podrías tenerla, Sasuke.
—¿Ah, sí?
—Sí, has lo mismo que yo, solo hablo cuando tengo la razón, así siempre la tengo, y cuando no la tengo no digo nada.
Quizá aquello que los volvía locos el uno del otro era la capacidad que tenían para dejarse perplejos mutuamente.
Ya eran las once de la mañana cuando el general Pain notó que el rey se había ausentado de sus funciones. Su preocupación se disparó en segundos de pensar en lo que podría haber pasado, había estado demasiado ocupado en la ronda de esa mañana por la zona central de la capital cuando fue notificado de una noticia sumamente urgente que requería que se reuniera con el rey. De vuelta en el palacio lo único que supieron decirle era que se encontraba enfermo. Imaginó que debía de estar increíblemente deteriorado por la misteriosa enfermedad como para haberse ausentado.
Casi inmediatamente corrió hacia los aposentos para saber cuál era su estado.
Le abrió la puerta una desarreglada Sakura, cuyo rostro se ensombreció al verlo.
—Buenos días, alteza. Supe que el rey está muy enfermo y he venido a verlo.
—No debe ser molestado el día de hoy.
—No me notificaron de nada esta mañana, seguramente su estado debe de ser grave y yo como General debo estar al tanto de todo lo relacionado con él.
—Los generales no se encargan de esas cosas.
Y era cierto, pero él no era un general cualquiera, estaba extralimitado de sus funciones y el mismo Sasuke había estado pensando en cambiar el nombre de su cargo, y ya que no existía un nombre que precediera aquellas funciones, no que supiera; debía buscar uno diferente.
—Alteza, hay asuntos urgentes que debo tratar con él y necesito saber si está en condiciones de afrontarlos hoy.
—No lo está.
¡Maldita fuese! Como su servidor debía hacer el proceso mental de revisar sus peticiones para entender si eran descabelladas, pero sabía que no era así. Era como mínimo lógico y razonable, él debía ver al rey y ella solo se estaba interponiendo. Ese día parecía dispuesta a alejar la prudencia y la distancia silenciosa que guardaba siempre para mostrarle el desprecio que ya sabía que le tenía. Él no quería quedarse atrás, quería apartarla con fuerza del camino y que el rey le diera la razón.
Pero no debía, tenía que utilizar un filtro para su actitud y cuidar sus palabras.
—Necesito instrucciones.
Y Sakura estaba a punto de decirle que respetara de una vez por todas su desición y la del rey de no ser molestado, que si era tan eficiente podría arreglárselas por unas horas y que solo estaba enfermando a su esposo con tanto trabajo, pero se quedó a medio camino de abrir la boca cuando la voz de Sasuke sonó de fondo:
—¿Quién es, Sakura?
Con una inhalación intentando sacar la frustración de sus pulmones giró la cabeza para responderle.
—El general.
Sasuke se incorporó de inmediato de la cama.
—Que pase.
Claro, el general. Se había quedado a medio camino de la idea de avisarle que ese día no trabajaría, cuando Sakura lo distrajo de esa idea aprovechandose de que acababan de desayundar y él ya se había recuperado de esa primera ronda de intimidad que lo había mantenido dentro de la habitación. Sospechó que así podría ser todo el día, entre pausas gastronómicas y pláticas.
Ella giró su rostro y tardó unos segundos largos para abrir la puerta y dejarlo pasar, sospechó que se lo cobraría después. No tenía problemas con su manera de cobrar, de todas formas.
Cuando Pain pasó evaluó inmediatamente al Uchiha. No había rastro alguno de una terrible enfermedad relámpago.
—Buenos días, Alteza —reverenció.
—Buenos días.
—Escuché que estaba enfermo.
—No —Miró detrás de él, en donde se encontraba Sakura de brazos cruzados mirando hacia otra dirección, notó lo molesta que estaba—... me tomé el día libre.
—Entiendo...
—¿Pasó algo?
—De hecho sí, Señor. Hay algo de extrema gravedad que debemos discutir... —Sasuke asintió— a solas.
Volvió a mirar hacia atrás, el silencio pasivo-agresivo de su esposa y la forma en que decididamente no lo miraba le indicó que sería mala idea decirle que saliera como antes lo hacía cada vez que Pain lo solicitaba.
—Espera afuera, ya salgo.
Con otra reverencia se retiró y cerró la puerta, no sin un andar victorioso regodeándose en silencio frente a ella.
Se levantó para vestirse mientras activaba todos sus sentidos para saber qué hacía ella mientras no la veía, pero estaba quieta cerca de la puerta en la misma posición y no le decía nada.
Cuando se aproximó a la salida tuvo la tentación de irse pronto para evitar que le dijera algo, cada segundo de silencio era una nueva escala con la que medía su nivel de molestia, pero sintió la necesidad de explicarse.
—Necesito saber qué quiere, siempre que me necesita es algo muy importante.
Ella tardó en responder.
—¿Y yo no?
Se mordió la lengua, definitivamente no debió decir nada. Estaba molesta y ahora tergiversaría cualquier cosa que dijera para hacerla sonar peor.
—No dije eso, prometo que si puedo resolverlo mañana, le diré que se vaya.
No dijo nada, ni siquiera había volteado a mirarlo, seguía con la vista fija en el mismo punto. Si se iba así ella lo tomaría terriblemente mal, lo presentía. Se acercó para tomar su mentón y hacer que lo mirara, pero pese a estar cara a cara lo evadía con los ojos.
—Sakura, ¿no vas a mirarme en serio? —Ella cerró sus ojos en respuesta, vaya que era difícil cada vez más. Aprovechó la cercanía para comenzar un largo beso con el único propósito de descomponerla a ella y a su enojo, la sensación familiar de calidez que le producía cualquier contacto entre sus cuerpos comenzó a llenarlo, persistió hasta lograr sentir que cedía y le correspondía. Si él no podía resistirse a esos besos ella tampoco podía—. Vuelvo pronto.
Permaneció con los ojos cerrados intentando controlar su respiración hasta que escuchó la puerta abrirse y cerrarse, hasta que estuvo sola.
Afuera el general Pain esperaba.
—¿Qué es lo que pasa?
—Lamento molestar, pero es mejor que venga conmigo —De su bolsillo sacó un par de papeles que Sasuke tomó con gesto de interrogación para luego leerlos con cuidado en silencio.
—¿De dónde salió esto? —dijo sin dejar de pasar sus ojos velozmente por las líneas?
—Nuestros hombres notaron a un par de tipos actuando extraño en las calles, cuando los registraron encontraron esto. Es obvio que hay más como ellos por todas partes, a esta hora la Guardia entera está al tanto.
—¿Trajeron a los culpables?
—Sí, están en las mazmorras, acabamos de llegar. Como verá, también tendríamos que encargarnos de interrogar a más personas, si sabe a lo que me refiero.
—¿Suigetsu está aquí?
—Espera abajo.
Estaba claro que no podía volver a esa habitación a encerrarse en su idilio con Sakura, no ese día. Se giró para abrir la puerta tras de sí cuando el general lo detuvo.
—Creo que debemos irnos ya, Señor.
—Necesito un momento.
—Si mi intuición no me engaña, me parece que hoy la reina tiene el carácter difícil y probablemente sea complicado convencerla de que tiene que irse.
Sasuke sopesó, era verdad, ya era difícil intentar contentarla en ese momento, sobre todo si tenía que dejarla. Daba lo mismo lidiar con su terquedad en ese momento o después. Además, ella siempre había entendido sus deberes como monarca.
—No tardaré.
—Señor, con todo respeto debo decir que me preocupa un poco... En el tiempo que llevaba aquí usted jamás se había ausentado. Hoy es un día de malas noticias, necesita estar centrado.
—¿... A qué se refiere, general?
Pain lo pensó muy bien, sentía que debía decirlo, era por su bien. Naruto era el consejero del rey pero no estaba, y era un hombre que parecía menos alerta y más congraciado con la reina. Probablemente cualquier otra persona en el mundo hubiese hablado pecando de imprudencia, pero él ya no era cualquier persona. Tenía un deber.
—Mi responsabilidad es advertirlo de todo lo que vea, y de esa manera usted puede tomar las decisiones teniendo en cuenta la información.
—Vaya al punto.
—Creo que la reina... ella tiene cierta influencia sobre usted, y mi recomendación es que tenga precaución.
¿Influencia sobre él? Sintió que el enojo se apoderaba de él gradualmente. ¿Era contra Pain, acaso? Pero no decía una mentira, él lo sabía, sabía que poco a poco Sakura se estaba volviendo cada vez más importante para él, obviamente tenía una gran influencia sobre él.
Pero Naruto, a quien quería porque era su consejero y mejor amigo, también ejercía influencia sobre él, pero eso no tenía nada de malo, ni tampoco la influencia de la Corte o del propio Pain. Era algo natural.
Pero recordó el comportamiento de su esposa en las últimas semanas, cómo poco a poco le era más difícil negarle algo, y cómo a veces ella se encaprichaba con las cosas. Pero incluso era algo divertido, era como un juego entre los dos y ambos ganaban al final.
Aunque esa mañana ese juego parecía demasiado en serio para ella, y estando tan cerca de ella la idea de no trabajar por todo un día parecía buena, pero ahora que estaba fuera del alcance de su encanto podía pensar fríamente y darse cuenta de que había sido irresponsable.
Si la influencia sobre él era obvia, ¿era buena o mala?
Meditó sobre esa pregunta mientras se iba con él y desde que se la formuló no pudo sacársela de la cabeza. Era consciente también de que cada vez que Pain hablaba sobre Sakura siempre terminaba sembrando dudas sobre ella, en algún punto era difícil saber si era neutral y precavido o si era paranóico.
Simplemente estaba más confundido que nunca.
Estaban reunidos él y sus altos mandos sentados a la mesa meditando. Se había sentado junto a Naruto, y cada tanto se distraía con un paquete cuidadosamente envuelto frente al rubio en la mesa, no porque tuviese algo en particular, sino que su dueño no paraba de tomarlo y revisarlo con insistencia, lo miraba por todas partes como si intentara encontrar alguna imperfección, luego estiraba la tela del paquete como si quitara alguna arruga que no existía y lo volvía a dejar ahí.
—¿Puedes parar con eso? —le susurró en algún momento en que lo tenía desesperado. Naruto no tuvo oportunidad de responderle porque justo en ese momento Neji se dirigió a Suigetsu.
—Está claro que alguien te está retando, alguien que aún no conocemos.
—¿Retarme a mí? ¿Ese copión?
—Copiar es un arte, así como la guerra. Y si se dedica a copiar para la guerra mucho peor.
El ego de Suigetsu efectivamente se había herido con el problema encontrado ese día.
Había pasado unos meses estupendos en su nuevo cargo a la cabeza de la División de Imagen Real, había hecho posible que por doquier el amor y cercanía entre corona y pueblo se cuidara a diario, los folletos de la prensa eran copiados por gente que ahora se ganaba la vida en eso y había resultado incluso muy lucrativo, como un tipo de impuesto que la gente que quería información tenía que pagar. Los papeles iban y venían como monedas y eran tan codiciados como el pan. Estaba orgulloso de ello.
Pero lo que los reunía ese día no era una celebración a sus triunfos.
Ellos estaban usando ese recurso para ganar la guerra en el terreno de los afectos colectivos, pero el problema con las buenas ideas es que cualquiera las puede copiar.
Y mejorar.
Quizá lo que hace a las personas comunes y corrientes tan ineptas para la guerra es la visión que tienen del enemigo. Para estas pobres almas el enemigo es completamente vil, egoísta, envidioso e inferior. El verdadero peligro radica en contar con un enemigo formidable, y de hecho, en mi calidad de buen ser humano, no le deseo a ningún lector toparse con un oponente así. Esta persona no cae en el error de los que son presos de su ego, no subestimará las capacidades del adversario, no creerá que alguien tiene algo que envidiarle, no se cegará y definitivamente tendrá la calma que solo un depredador puede tener, más aún si están libres de las ataduras del amor propio desbordado. Sus pasos serán seguros y lentos, calmados, y su presa dubitativa dará tropiezos apresurados intentando cubrirse con el orgullo.
Suigetsu, se puede decir, era un hombre que tenía la capacidad de innovar, de su cabeza hubiese podido salir cualquier gran genialidad, muchas más de las que llegó a mostrar, de no ser porque una vez que le salía una se echaba a la cama a celebrar. Lastimosamente para la humanidad no explotó todo su potencial, y menos a partir de este momento de la historia, en donde ese gran ego suyo que era más inseguridad que otra cosa lo sabotearía.
¿Y de qué manera?
—Nunca mejor dicho, se dedica a copiar. No sé quién sea, quiénes... Imposible que sean más, debe ser uno, no lo sé. —Se levantó y tomó en sus manos un fajo de hojas, todas exactamente iguales. Misma cantidad de letras en un renglón, misma caligrafía perfecta. Hojas y hojas exactamente iguales—. Pero la situación no es tan mala como pensamos, si una persona está produciendo esto una y otra vez y con tanto cuidado es imposible que pueda hacer muchos de estos folletos. Nosotros en cambio tenemos a todo un reino a nuestro favor, todos leen nuestros folletos y me he encargado de que en cada rincón del Hielo tengamos a cientos de copistas.
—Es cierto, por pura matemática es lógico que miles de copistas copien más que uno —acotó Naruto.
—A no ser...
Sasuke observó a Neji, había dejado su frase a medias como si no supiera cómo continuar con una divacación.
—No puede haber más de uno, Suigetsu lo dijo.
—No lo sé, Alteza...
—La mayoría de los copistas son niños, muchos de ellos apenas saben escribir. Solo miren la letra, comparada a la de esta basura, la letra de nuestros copistas es descuidada, desigual e irrepetible. Dudo que este anónimo encontrara a cientos de copistas que no sean vulgares hombres hambrientos, y que sean capaces de copiar sin siquiera una mancha.
Los puntos expustos por Sasuke era ciertos, era imposible que una sola persona cuidadosa produjera tanto, y era imposible también que tantos lo hicieran tan bien.
Naruto se sentía como en medio de un acertijo indecifrable, sin duda había un elemento ahí que se les escapaba.
Y es que esa mañana habían logrado capturar alrededor de cien de esos folletos en una de las zones céntricas de Indragrado, en el pleno corazón del Hielo. Tenían a su propio enemigo metido en las narices y eso les generaba a todos un estado de alarma extremo.
Como si dicho enemigo se burlara en sus caras demostrándoles que no importaba cuánto control aplicaban, él había podido infiltrarse y tan solo había dejado unos cuantos peones de carnada.
La verdad era que tan solo habían capturado a unos cuatro hombres que se negaban a hablar. Ellos fueron de los primeros hombres en ser enviados a la Grustveria según el nuevo mandato del rey, que como sabemos, tuvo mucho que ver con los deseos de la reina sobre los métodos de corrección de los traidores.
La tarde fue larga para ellos, en vista de que se habían estancado en las suposiciones procedieron a los preparativos, los planes y las órdenes. Pain sugirió a la División de Inteligencia que se encargaran de todo lo relacionado a descifrar los detalles de ese caso teniendo en cuenta toda la información disponible, y mejor aún si lograban encontrar más pistas. Dicho tema le rompería la cabeza al heredero de los Hyuga por mucho tiempo, lamentablemente, pero sería un error de mi parte no informar que se esforzó formidablemente.
Mucho tiempo se les fue en organizar nuevas dinámicas de control en colaboración con la Guardia, y también consideraron conveniente hacer un balance de cuánto daño había hecho ese descuido en la zona, Suigetsu intervino fuertemente en este tema proponiendo numerosas y discretas formas de saber el estado de las personas y su opinión, se sentía personalmente atacado con ese nuevo problema, y más le valía ser de mucho apoyo dado que el sentido del humor de su enemigo no solo consistía en lo escurridizo que había sido, sino en que lo había copiado pero mejor. Claro, lo del sentido del humor era solo una forma de verlo.
Y para rematar aquella tarde, al final decidieron hablar sobre el estado de las cosas en la frontera.
Quizá sea aburrido todo el recorrido por los distintos puntos tratados aquella tarde, pero el inventario de estos puede causar la sensación de que el tiempo se hace eterno y aburrido, que es precísamente lo que sentiría cualquiera al leer dicho inventario, y también lo que sentía Sasuke esa tarde con tanto en la cabeza, así que al menos quien lo lea puede sentirse identificado con él en cuerpo y alma.
Pero soy consciente de que otro tipo de lector me mataría si no consignara esta información, por lo demás escasa, pues será la última en un largo rato antes de que sucedan tantas cosas que ahora no conviene explicar, sino después.
En todo caso, y siguiendo con los hechos de ese día: llegada la noche una cena inmensa se sirvió para los altos mandos, quienes con algo de reserva pidieron permiso al Uchiha de traer invitados dado que desde el viaje no se hacía ni una fiesta. Él accedió, todos estaban cansados y honestamente le importaba poco, pensó que quizá de esa manera se los sacaría de encima más rápido para ir a su habitación.
Cuando estaba por irse de la estancia Naruto lo detuvo.
—Oh, ¿vas para arriba?
—Sí...
—Yo te acompaño, ¿cómo va todo?
Sasuke lo miró extrañado, al principio creyendo que lo querría desviar de su camino. Esperaba que no tardase, pero pensó que a lo mejor llevándolo sería buena idea, Naruto ponía de buen humor a cualquiera, algunas veces al año incluso a él.
Caminaron mientras el rubio le contaba anécdotas recientes y demás historias, Sasuke asentía a todo lo que le decía y respondía de vez en cuando, cada vez más tenían menos tiempo para conversar, y aunque él era un hombre de pocas palabras de vez en cuando no le sentaba mal escuchar las ocurrencias de su amigo. En el fondo lo entretenía un poco más que cualquier otra entretención que sus monedas de oro pudieran pagar. Claro, todo estaba bien mientras él mantuviese a raya esa horrenda costumbre de burlarse de él cada tanto.
Finalmente llegaron a la puerta custodiada por sus guardias, Naruto abrió la puerta con energía y exclamó.
—¡Sakura, feliz cumpleaños! ¡Mira lo que te traje!
Sasuke se quedó congelado con uno de sus pies a punto de tocar el suelo, justo en la entrada. Su amigo avanzó hasta la cama en donde bajo las cobijas se encontraba ella, todas sus alarmas se dispararon al instante y algo así como un sentimiento de culpa y pánico lo golpeó.
—¿Naruto? —Sakura se incorporó extrañada.
—¡Destápalo, anda! Espero que no sea una tontería, aunque lo es. Quiero decir que sé que no es el mejor, pero tampoco el peor, ¿verdad?
Sakura lo recibió desconcertada en sus manos. No era el peor ni el mejor, solo era el único.
Inclinó su rostro para destaparlo con atención, dentro había una colección de delicados dulces con hermosas formas, contenía galletas, caramelos y chocolates, sin duda hechos y diseñados con cuidado por algún famoso artesano pastelero.
—¿Sakura...? —dijo Naruto ante su silencio— ¿qué pasa? ¿No te gustó?
Ella negó mientras se llevaba una galleta a la nariz, desprendía un olor delicioso. Le sonrió con sinceridad.
—Me encanta, Naruto, no sé qué decirte. Muchas gracias de verdad.
—Sakura, ¿estabas llorando? ¿Qué te pasó? ¿Por qué lloras el día de tu cumpleaños?
—No es nada, es que... me estoy volviendo vieja.
—¿Vieja? ¿Quieres decir que soy un anciano entonces?
Una parca risa salió de ella mientras se disculpaba, mientras tanto Sasuke no sabía hacia dónde moverse o qué hacer o decir. Quería que se lo tragara la tierra, no podía irse, eso sería peor. Se abofeteó mentalmente todas las veces que pudo en un par de segundos, también intentó excusarse ante sí mismo: ella no le había dicho nada, ¿cómo podía haberlo sabido? Aunque claramente él la había pedido en matrimonio, seguramente debió preguntar cosas sobre ella pero en aquel entonces no estaba interesado en saber nada de su futura esposa. Había estado distraído con todo, y últimamente las cosas con ella andaban tan bien que había pasado por alto completamente ese detalle.
Pero nada de eso era excusa, y todo quedaba claro de esa manera con la visita del idiota de su amigo, quien sí andaba enterado. También quiso hacer rodar su cabeza por no haberle avisado, pero seguramente pensó que él lo sabía, aunque lo conocía mejor que nadie y sabía que él era un hombre que pasaba por alto todo lo relacionado al cuidado de otros. No podía culparlo, sin embargo, de sus errores, Naruto había actuado como un buen amigo con Sakura porque era considerado y buena persona.
¿Él era desconsiderado y mala persona?
Por otro lado, era obvio que Sakura no había estado llorando porque se sentía vieja. Ella se encontraba especialmente sensible ese día, no le había dicho nada sobre su cumpleaños pero sí que le había dado la oportunidad de darle su regalo, y es que de todas las cosas del mundo que una mujer como ella podía pedir, había pedido pasar un día completo con él.
—Ya debo irme, solo pasaba para desearte un buen cumpleaños, aunque ya casi se acaba.
—Te lo agradezco mucho, no tenías que hacerlo.
—¡Claro que sí! Adoro los cumpleaños. —Pasó junto a Sasuke, que aún se encontraba en la puerta algo pálido—. Oye, vas a congelarte ahí, mejor pasa. Yo los dejo.
Fue así que se fue cerrando la puerta y dejando a la pareja del otro lado en un silencio pesado y difícil de romper.
Estaba claro que ahora quien debía hablar primero era él, tenía que caminar unos metros hacia delante para acortar la distancia entre ellos y disculparse. Lo malo era que no estaba acostumbrado a pedir perdón ni mucho menos a hablar primero, a contentar a una mujer enojada o peor aún, triste.
Intentó armarse de valor respirando hondo para comenzar a caminar, decidió rodear la cama por el lado contrario a donde estaba Sakura, ella permaneció sentada en la orilla de la cama con la caja de dulces sin voltear a verlo ni por un segundo. ¿Estaba enojada, indignada, triste o... todas? Intentó descifrarlo mientras se sentaba, a juzgar por su postura levemente encogida y su cabeza baja, seguramente estaba más triste que enojada, pero lo ignoraba, por lo cual...
—No lo sabía, Sakura.
No contestó, se encogió un poco más en su rincón refugiándose en el sabor de sus dulces. Ella misma se extrañó de sus desbocados sentimientos, quizá lo más lógico hubiese sido decirle que entendía, que nunca habían hablado de eso y que estaba perdonado, pero no podía controlar el hecho de que quería llorar todo el día y hacerlo dormir en el piso sin cobijas. La mitad de su día había sido hermoso, a pesar de que él no sabía que era su cumpleaños la había hecho sentir especial por dedicarle esas horas que le había pedido, debía sentirse satisfecha pues había logrado más de lo que en otro tiempo hubiese esperado, pero ella había dicho "un día", y eso no fue lo que obtuvo. No se sentía furiosa, no exactamente, la furia es solo un sentimiento y ella tenía muchos, todos a una revolución inexplicable.
—Lo siento.
Intentó pensar que si él se estaba disculpando y parecía tan cuidadoso con todo lo que decía era porque en verdad lo sentía. Él era el hombre más poderoso de la nación, muchas responsabilidades pesaban sobre sus hombros.
Pero él ni siquiera había vuelto para decirle que se iría, también había dicho que volvería pronto.
Aunque sí que volvió pronto para los estándares normales, la noche era aún joven.
Se recostó confundida, se estiró y soltó un largo suspiro mientras él permanecía estático y rígido al otro lado de la cama.
—Quiero dormir.
La peor parte de las relaciones humanas, se daba cuenta, era que las palabras que expresaban exactamente lo que quería decir no eran suficientes. No bastaba con decirle "lo siento", debía encontrar otra manera y más importante aún, demostrárselo.
En todo el tiempo que llevaba compartiendo con ella se había dado cuenta de que lo que no podía decir con sus torpes palabras podía expresarlo muy bien con su cuerpo, solo debía recordar que estaba con ella para sentirse seguro y poder hacerlo.
Ella se había volteado para quedar de espaldas a él, se acercó con sigilo para abrazarla por el vientre, así, rota la brecha de la distancia corporal, cualquier incomunicación entre los dos se aliviaba, o al menos así lo sentía. Sakura no se resistió, tampoco se movió.
—Debí preguntarte antes cuándo era tu cumpleaños —susurró cerca de su oído.
—No importa, tienes muchas responsabilidades.
Sasuke pensó en sus palabras de esa mañana. Era cierto que solía ser un obseso del trabajo pero ahora su vida era muy diferente. Simplemente debía acoplarse a todo lo que había cambiado, al hecho de que ahora tenía familia, aunque fuese una sola persona; y aunque la familia suele generar otras responsabilidades, él quería hacerlo, le nacía pasar un día completo con ella, comer en su compañía, hablar —escucharla la mayoría de las veces—, tener una razón más para querer pasarse temprano por sus aposentos, hacer algo pensando que si ella estuviera con él lo regañaría por eso, o se reiría de eso.
—Mañana haremos lo que tú quieras.
Un momento de silencio después bastó para que Sakura se volteara hacia él con los ojos bien abiertos.
—¿Lo dices en serio?
—Sí, por tu cumpleaños.
—Pero... —La duda en sus ojos— no quiero quitarte tiempo, el general te llevará en cualquier momento.
—Estuve pensando lo de esta mañana, creo que hay que hablar con él para organizarme y descansar de vez en cuando.
Se incorporó mirándolo fijamente mientras una sonrisa de sorpresa comenzaba a aparecer. Se lo había dicho esa mañana con decisión pero sabiendo que era prácticamente imposible hacerlo desistir de trabajar hasta matarse, pero ahora que había aceptado de esa manera y más aún ofreciéndole una disculpa y un día entero de lo que ella quisiera...
—Dime que es de verdad...
Los cabellos largos y suaves de ella pendían sobre él, le gustaba tomarlos entre sus dedos y ver los mechones a contraluz. Olían bien siempre igual que su piel. Sus mejillas tenían rastros de las lágrimas que Naruto había advertido, quizá no comprendía al cien porciento por qué llorar con lo que había pasado ese día, pero entendía que la había herido al ignorar esos pequeños detalles de la vida. ¿Qué más se le escapaba, cuántas cosas dejaba pasar en medio de su torpeza mientras ella las callaba con paciencia? Era mejor saberlo, al menos ahora podía anotar esa fecha por todas partes para no olvidarlo y ella no volvería a llorar porque casi nadie se acordó de su cumpleaños.
—Lo es.
El otro día comenzó muy temprano para la pareja real, Sakura no quería desaprovechar ni un segundo de esa ocasión especial y había pedido algo que Sasuke no se pudo haber imaginado.
—¿Estás segura de eso, Sakura? ¿No prefieres...? No sé, ¿cualquier otra cosa?
—¡No! Me muero por salir, no conozco muy bien esta ciudad aunque llevo meses aquí, es la oportunidad perfecta. No creo que puedas acompañarme en otro momento. —Sasuke no podía negarse, le había ofrecido hacer lo que quisiera por un día entero juntos, aunque admitía dentro de sí que lo había dicho pensando que ella preferiría otras actividades más… privadas—. ¡Por favor! Lo prometiste.
Imposible negarse.
Así que con pesar había sido arrancado de su cama para comenzar a prepararse. Sakura omitió todos los juegos posibles para ahorrar tiempo, le sorprendió lo rápida que podía llegar a ser para alistarse, sobre todo teniendo en cuenta que le tomaba horas normalmente cuando estaba en compañía de sus doncellas. Ese día se vistió con sencillez, no vio joyas sobre su piel ni un vestido extravagante.
Claro que todo eso tenía una razón que ella misma le comentó de camino hacia abajo.
—No quiero que nadie sepa quienes somos el día de hoy.
—¿A qué te refieres? —preguntó extrañado.
—Iremos de incógnitos, ya sabes. Como personas normales.
—¿Acaso te has visto?
—¿Qué, por qué?
Era imposible que pasaran de incógnitos, tan solo su cabello llamaba la atención a kilómetros a la redonda. En realidad toda ella era demasiado exótica como para pasar desapercibida.
—No, por nada… ¿Cuál se supone que es tu plan?
—Solo tengo que ocultar mi cabello y nos pondremos capas que nos oculten.
Él esperaba un plan en varias etapas perfectamente explicado, más estratégico. Ella solo quería improvisar. Comenzó a contar las razones por las que no iba a funcionar pero ella lo miraba como si fuera un hecho más que una consulta.
—Si eso es lo que quieres vamos a necesitar más preparativos, no creo que funcione.
—¿Hablas de seguridad?
—Sí, no pensarás que podemos salir de aquí solos. Tengo que hablar con Pain.
Ningún mal estomacal hubiese podido provocarle una mueca de disgusto mayor a cuando escuchaba el nombre de Pain.
—Me lo imaginaba.
—Es peligroso, Sakura. Entiende.
—¡Ya lo sé! No estoy diciendo nada.
—Tengo que organizar esto bien, todo puede salir mal si lo dejamos al azar.
—Te dije que ya lo sé.
"Pero está enojada como el demonio".
—Entonces no te pongas difícil.
—No me estoy poniendo difícil.
—Sí, últimamente estás más irritable de lo normal.
—No sabes lo que dices.
De reojo la vio, claramente estaba irritada. Caminaba con fuerza en sus pasos cortos y rápidos, miraba fijamente hacia el frente y su entrecejo estaba ligeramente arrugado.
—Bueno…
Siguió caminando en silencio atravesando pasillos infinitos dejando de lado el tema, tampoco tenía propósito.
—O sea que te fastidio.
—¿Qué?
—Dijiste que últimamente soy insoportable.
—Irritable.
—Entiendo, no volveré a molestarte, Sasuke.
—No me molestas, deja de manipular lo que digo. ¿Ves a lo que me refiero?
—No soy manipuladora… — "Maldita sea, ¿y si no digo nada?", pensó Sasuke. Sí, era mejor así, ese día no estaba eligiendo las mejores combinaciones posibles de palabras.—No quieres hablar conmigo.
—Sakura —Respiró hondo pidiendo santa paciencia—, ¿qué es lo que pasa?
—¿De qué?
—¿Es por lo de ayer?
—No.
—¿Entonces?
—No pasa nada.
—¿Segura?
—Sí.
Ya habían llegado a la oficina de Sasuke, este tomó el pomo de la puerta pero antes de girarlo, de espaldas a ella, decidió hablar.
—No me molestas ni eres insoportable, solo creo que estás actuando diferente.
—¿Y manipuladora?
—Tampoco.
Escuchó una pequeña risa detrás, ¿estaba bromeando todo el tiempo, o solo había cambiado de estado de ánimo otra vez? La sintió abrazarlo por detrás mientras intentaba entenderla.
—Solo es que me cae mal el Genaral, no lo soporto y tengo miedo de que cancele nuestros planes.
Bueno, eso explicaba su humor de esa mañana pero no el resto de los días.
—No va a cancelar nada, nos ayudará a que no tengamos problemas.
—A veces parece que quisiera mandar sobre ti, y yo tampoco le agrado.
Abrió la puerta con un pequeño intento de risa, le tomó la mano y la invitó a entrar.
—Ustedes tienen mucho en común, él piensa exactamente lo mismo de ti.
Resopló ofendida por la comparación y fue a sentarse con los brazos cruzados, ahora debía esperar a que el Generar entrara por la puerta, resolver los asuntos y marcharse finalmente a tener su día feliz.
—Espero que no tarde, no quiero que acorte nuestro día.
—Es muy temprano aún. Quizá deberías desayunar mientras tanto.
—Quiero comer cosas de afuera, esperaré.
Justo después de eso llegó el hombre que esperaban, paseó su vista por la habitación porque tenía la costumbre vieja de vigilar su entorno, hasta darse cuenta de que la reina también estaba ahí.
—Buenos días —Hizo una reverencia, los reyes se pusieron de pie y contestaron el saludo.
—General, hoy será un día diferente. Mi esposa y yo estaremos todo el día fuera del palacio.
Pain subió las cejas sorprendido alternando su mirada entre los dos.
—¿Surgió algo, Alteza? Esto no estaba en los planes.
—Tendremos que modificarlos.
—Señor, esta semana es crucial.
—Lo sé, por eso Naruto estará a cargo solo por hoy.
—En ese caso… —Miró a Sakura brevemente sospechando que ella era la autora de ese cambio de planes— necesito organizar a la guardia para la vigilancia.
—Que sea rápido, no pasaremos toda la mañana con eso. Además necesitamos pocos hombres, los mejores.
—¿Pocos?
—No es un evento real, iremos de incógnitos. Pienso que la guardia debe ser fuerte pero discreta en esta ocasión.
Pain comenzó una larga y rápida lista mental de cosas que estaban mal con todo eso. A veces simplemente no podía evitar ponerse de los nervios por la cantidad de locuras que podía llegar a hacer el rey influenciado por ella, o al menos así lo veía él. Dudaba poder decir algo que cambiara esa situación, apenas el día de ayer había sido más directo que nunca al recomendarle prudencia cuando se trataba de la reina, solo para que al día siguiente…
—¿En dónde está Lord Naruto?
—Ya debería estar aquí, de hecho. Por favor siéntese.
Mientras tanto pensó bien en la idea de ir él mismo afuera a ver si Naruto se encontraba por ahí, necesitaba hablar con él y darle instrucciones precísas sobre lo que debía hacer en su ausencia. Les indicó a ambos que esperaran mientras él iba afuera.
Sakura solo tuvo un segundo para hacer una mueca de súplica que su esposo no pudo ver. Quedarse a solas con el general era el último regalo de cumpleaños que hubiese deseado, aunque fuese solo por un momento. Tampoco podía decirse que a él le agradara la idea. La miró fijamente como esperando a quién se le ocurría romper el hielo, pero era demasiado intimidante e incómodo. La vio levantarse inquieta para comenzar a dar vueltas por el recinto fingiendo encontrar cosas interesantes para su atención, fue lo único que pudo hacer para huír de alguna manera de esa mirada sombría.
El problema es que su nerviosismo era tan desesperado que en medio de su recorrido de caracol no tuvo cuidado y chocó ligeramente sus caderas contra una pequeña mesa que soportaba en su superficie la batalla campal implacable y a medio camino de una partida de ajedrez. Las piezas se desplomaron sin órden por todo el tablero y muchas de ellas dieron con el suelo en cloc-clocs hondos que pusieron de pie a Pain.
—Por todos los cielos, qué desastre —se autoreprochó mientras lo veía acercarse exasperado—, fue sin querer.
Él fingió su mejor mirada de cortesía mientras se agachaba para recoger peones de madera y caballos desplomados mientras Sakura se apresuraba a dejar todo en su lugar.
Pain intentó demorarse un par de segundos más en el suelo mientras respiraba hondo para drenar su molestia. Había pasado un par de horas con el rey jugando esa partida, les había servido para conocerse el uno al otro y para responderle todas las preguntas que podía llegar a tener. Es preciso decir que él había sido quien más había hablado mientras el rey escuchaba sus respuestas y preguntaba más, pero no se necesitaban muchas palabras para conocer al otro si había de por medio un tablero y tropas de madera. Su conclusión de esa batalla llena de silencios era la que sospechaba: ambos eran hombres implacables, brillantes y de agudeza mental agresiva. Le gustó comprobar que su intuición sobre el Uchiha era la correcta, y se sintió complacido al poder servir a un rey con esa altura de ingenio. La partida se extendió por horas sin que fuese preciso adivinar quién podría ganarla, y así había quedado por días congelada en una mesa hasta ese trágico momento en el que una intrusa había derribado las tropas de un caderazo, como una tercera jugadora imprevista y nada bienvenida en un juego que es exclusivamente de dos.
Respiró de nuevo intentando consolarse con el hecho de ser un jugador atento y obsesivo, porque llevaba el tablero en la mente desde la última vez que lo tocó. En sus escasos ratos libres le daba la vuelta a las posibilidades intentando hallar jugadas que lo desatoraran de la batida implacable del rey Sasuke, jugaba con él en su imaginación y perdía y ganaba en mil escenarios distintos. Volver a acomodar las piezas no sería un problema , solo un par de segundos perdidos de su valiosísimo tiempo. Aún así, cuando se levantó se encontró con una sorpresa terrible: esos segundos serían menos de lo que pensó, casi todo el tablero estaba acomodado y solo faltaban las piezas que recogió del suelo.
—¿Usted…?
—Así estaban, ¿no es verdad? Solo faltan esas —Ella extendió su mano hacia su puño cerrado. Por inercia le entregó las tropas caídas y vio cómo las acomodaba una a una.
—¿Usted estaba al tanto?
—… ¿De qué? —Distraídamente peinó las puntas de su pelo mientras se daba la vuelta.
—De la partida.
—¿A qué se refiere?
¿Ella sabía jugar? ¿El rey le había contado del juego? ¿Ella husmeaba la oficina y por eso conocía el tablero?
—A que usted acomodó bien todas las piezas, ¿conocía el estado de la partida? —Sakura miró el tablero pensativa y luego a él, parecía confundida.
—No entiendo muy bien su pregunta, solo las puse como estaban.
—¿Y cómo sabía que ahí estaban?
—Porque las acababa de ver mientras pasaba… ¿hay algún problema, general?
"Pero si apenas les echó un vistazo de reojo… Yo la vi, estaba distraída mientras pasaba. Ni siquiera reparó mucho en el tablero, después de todo tropezó con él…", y se sentía extraño dándole vueltas a un asunto simple pero que le hacía pensar en posibles respuestas escabrosas, como si fuera un nuevo motivo para tirar del hilo suelto que por fin confirmaría que ella ocultaba algo, que no tenía buenas intenciones. ¿Robo de información, espionaje, fisgonería…? Su oficio le había enseñado que ninguna sospecha era tonta o pequeña, y que si una pista lo llevaba a un lugar, debía seguirla hasta el final, hasta comprobar algo importante o llegar a un callejón sin salida, y no se iba a quedar con la duda cuando se trataba de esa mujer.
¿Qué debía hacer, interrogarla directamente o sacarle la verdad sin que lo supiera?
—Ninguno, solo que es raro que lo recuerde.
—Solo eran unas cuantas fichas, no es tan difícil recordarlas.
—¿Así que dice que es cuestión de memoria?
—Lo normal… ¿Por qué, qué es lo que piensa, general? No entiendo el punto.
—No hay ningún punto.
—¿Entonces por qué…?
—Solo intento conversar, Alteza. Me disculpo si le molestó, si quiere podemos seguir en silencio.
Sakura no sabía si era peor seguir como estaban o si hablar con él, y aunque nada sobre Pain le daba buena espina de repente se sintió mal de ser descortés. No quería que interpretara su incomodidad como altanería o soberbia. Quizá el general era tan extraño y asocial que podría llegar a pensar que así se tenía una conversación normal.
—No, lo siento, no lo tome así. Tan solo lo recordé y ya, es todo.
Él permaneció largos segundos callado en los cuales Sakura creyó que no respondería, como un cometa que no vuelve a pasar por el mismo punto.
—… ¿Le importa si le pido algo?
—¿Uh…? Cla… claro —No pudo esconder su sorpresa y expectativa.
Pero él no le dijo nada al instante, solo se acercó al escritorio y tomó un pergamino vacío y limpio, y con pluma y tinta comenzó a escribir rápidamente sobre él mientras Sakura no sabía si acercarse y ver qué hacía. Intentó estirar su cuello lo más que pudo en su lugar para fisgonear pero pronto él volvió a voltearse hacia ella y en menos de nada puso el pergamino en sus narices. Ella dio un vistazo sin comprender, una serie de números hacían filas sobre el papel. Cuando abrió la boca para preguntar él retiró la hoja de su vista.
"¿Se puede ser más extraño en la vida?"
—Así que es buena recordando.
—… Eso creo.
—Entonces no hay problema si le pido que me diga en órden algunos numeros que escribí en este papel.
Desde el momento cero hasta ese instante Sakura había tenido que descubrir nuevas maneras de mirar a alguien como si fuera un alienígena (sería anacrónico decir que conocía el concepto de alienígena, sin embargo), y ya se le estaban agotando las opciones. El general no se sintió ofendido, estaba concentrado en ir tras una pista incierta y descartar posibilidades, pero a Sakura, que no dejaban de inyeresarle los sentimientos de los demás, le pareció grosero no poder evitar esas caras. Pensó rápido en cómo remediarlo.
—Como… ¿un juego?
—Si quiere verlo así…
—Tres, siete, cuatro, catorce, veinte…
—Espere, espere… —Se alejó lo suficiente de ella para poder mirar los números sin que ella espiara.
—¿Necesita mirarlos? Usted los escribió.
Si ninguna cara lo había ofendido, esa frase sí lo hizo. Pero la reina lucía legítimamente desconcertada ante el hecho de que tuviera que mirar el papel para comprobar que efectivamente estaba recitando los números en órden.
—No quiero que piense que hago trampa cuando se equivoque.
—… Como usted diga, aunque estoy segura de que...
—Continúe, por favor.
Y continuó hasta el final por cortesía. Pain no quiso creerlo en principio, incluso había querido descartar primero su sospecha menos probable pero terminó confirmando algo que solo pensó por prevención, no por convencimiento: la reina tenía una memoria prodigiosa.
—¿Cuál es el premio?
No solo era prodigiosa, sino que ella estaba plenamente segura de lo que su cabeza recordaba, lo estuvo desde siempre. Pero se daba cuenta de que al parecer ella no se daba cuenta de lo particular que era esa habilidad. Hacía uso de su memoria como si todo el mundo pudiera, sin falsas modestias —no le llamaría modestia a la forma en la que a veces lanzaba dardos medianamente venenosos hacia él, no, una mujer tan mimanda, privilegiada y orgullosa en el mundo no era modesta aunque quisiera.
—¿Alteza, usted recuerda cosas en las que no se fija mucho?
Ella se tomó su tiempo para pensarlo y respondió afirmativamente con su cabeza.
—¿Usted no?
—… Por supuesto que sí.
Sasuke volvió a entrar en ese instante a la estancia en compañía de Naruto, y no pudo evitar examinar con cautela si todo estaba bien, si ya se habían arrancado la cabeza mutuamente en su ausencia.
—Vamos.
Le gustó poder enterrar sus botas en la espesa capa de nieve reposada de la noche anterior, ese día todo lo que odiaba de Indragrado se convirtió en una aventura por descubrir. Mientras tanto, Sasuke no entendía cómo podía caminar tan rápido con las piernas tan cortas y enterradas en la nieve, con un frío apenas matizado por el sol y el estómago vacío. Le gustó verla así, tan contrastada con otros días en que su encierro la mantenía un poco seria y melancólica, era una melancolía de la que él se hubiese percatado si la hubiese conocido en esta nueva faceta, que era solo nueva para él. Intentó pensar en las veces en las que salieron, como en el viaje, y se dio cuenta de que Sakura era una mujer de exteriores, como una flor que siempre busca el sol. Él estaba acostumbrado a las penurias de las rocas y la privacidad, llevaba toda la vida tan encerrado en sí mismo que aún le sorprendía encontrarse con nuevos rasgos de su esposa diametralmente opuestos a los suyos.
Ese día se propuso ignorar a la guardia que los seguía a distancia prudente, ocultos desde el primer minuto para que nadie los notara. Dejó que Sasuke la ayudara a treparse sobre un caballo y emprendieron su camino hacia abajo, en las faldas de la ladera empinada, en donde un pequeño bosque hacía pasillo hasta difuminarse entre casitas y otros edificios. Aseguraron sus rostros debajo de las capuchas que habían tomado prestadas de los trabajadores del palacio, no contaban con joyas en las manos o el cuello, ni telas caras que los delatara. Sasuke guardaba únicamente una bolsa llena de monedas de oro para gastar en todo lo que a Sakura se le fuera antojando.
—¿Qué haremos primero? —le dijo tras haber dado unas monedas a un chico que amarró sus caballos en un establo.
—Quiero probar comida nueva —dijo mientras se aproximaba a él y tomaba su mano. No pudo evitar sobresaltarse y sentirse extraño ante esa pequeña muestra pública de afecto y confianza.
Agradeció a la capa que cubrió un involuntario sonrojo e intentó caminar como si nada. Descubrió que era liberador pasar desapercibido, pues aunque dentro de él todo era un remolino, de cara a los demás ellos eran solo dos pequeñas piezas en el paisaje, una pareja normal mezclada con todos los pequeños eventos del lugar. La miró de reojo, tan solo pudiendo encontrar una sonrisa asomando bajo la capa. Al menos no era el único apreciando algo tan pequeño y sencillo.
"Les he entregado a mi más grande tesoro… Mi hija"
Las palabras dichas por sí mismo aquella vez taladraron su cabeza una vez más. Mientras tanto, un escalofrío lo recorrió al leer de nuevo las primeras letras de una carta que tenía entre las manos.
"A la casa real de Konoha, su Alteza Real Danzo Shimura y quien más corresponda…"
Desde que había llegado no había podido dejar de leerla una y otra vez, el papel había sufrido numerosos apretones y dobleces. Podría haberla leído de nuevo de no haber sido por unos golpes en la puerta que lo interrumpieron.
—¿Quién es? —Preguntó algo exaltado. Por la puerta entró una muchacha castaña con una seriedad que le conocía muy bien. Había esperado no verla ni tener que escuchar lo que estaba seguro que iba a decirle —. ¿Qué es lo que quiere, señorita Doth? —Pero ella no respondió. Cerró la puerta tras de sí y lo miró con ojos penetrarntes y duros—. Hable de una buena vez.
Ella tardó en responder.
—Incumplió su palabra. —Él se rió—. Lo hizo. Usted no tiene palabra.
—Mucho cuidado con lo que le dice a su rey, señorita Doth. Soy un hombre paciente, pero usted está agotando su buena suerte conmigo.
—Debería decir lo mismo. —dijo con el mentón en alto—. ¿Creía que no me iba a enterar?
—No lo oculté en lo absoluto.
—¿Por qué lo hizo? ¿En donde quedó nuestro acuerdo?
—No tengo nada que explicarle a una muchacha insignificante —Se puso de pie y comenzó a caminar mirando los cuadros de la habitación, restándole importancia a la presencia molesta de Doth—, pero con la poca paciencia que me queda puedo decirle que no fui yo quien rompió nuestro trato.
—¿Y entonces quién más iba a hacer?
—Si tuviera más años y sabiduría sabría que hay cosas en la vida que funcionan, y otras que no —se paseó por la habitación mientras Doth se retorcía las manos por detrás, aún sin saber si era ira contenida o temor—, y esto en concreto no funcionó.
—Entonces explíquese.
—Verá… El Hielo envió esta carta —Se la extendió—. Tranquila, si teme acercarse, se la resumiré: ese matrimonio fue un fracaso, a este punto ni siquiera hay un heredero y el rey solicitó la mano de Karin, y usted y yo sabemos que ella iba a ser la esposa originalmente. Así debía ser. —El rey Danzō comenzó a aproximarse a paso lento a ella—. Y así será, a pesar de sus caprichos. Ya no hay nada que pueda hacer al respecto. Su ingenioso plan falló.
La miró desde arriba, pues era más alto que ella. Deseó ver su cara de desconsuelo y sorpresa, pero no llegó. Ella lo retaba con la mirada como al principio, como siempre lo hacía.
—Debería avergonzarse…
—Seguramente, pero no soy el único. ¿Qué cree que pensaría ella si supiera que su única amiga la desterró de su hogar y la casó con alguien que no quería?
—Usted lo dice de una manera distorsionada, las cosas no fueron así.
—¿No? Como yo lo veo sí fue así. Yo tuve que ver su cara mientras caminaba hacia el altar. Al menos tuve el coraje, pero usted, señorita, ni siquiera tuvo agallas para decírselo. O para despedirse.
—Fue un trato entre usted y yo, y fue por su bien.
—¿Y qué derecho tenía para decidir qué era lo mejor para ella?
—… ¿Y qué cree que va a pasar? Usted no gana aunque ella esté de vuelta —contestó asqueada por el cinismo del rey Danzō— porque ella no está sola —Él soltó una carcajada en respuesta.
—Claro que no. Me tiene a mí, que es lo único que necesita… Porque yo dudaría mucho que ella pueda contar con usted, señorita Doth. —Danzo comenzó a caminar de nuevo hasta acercarse un poco más, mientras que los ojos claro de Doth se abrían con incredulidad—. Sé que ha llegado el momento en el que usted y yo ya no podemos llegar a ningún arreglo, y ya no me importa. Ya he decidido qué es lo que va a pasar, ¿y quién puede impedírmelo?
—No me diga que usted…
—Soy el rey, y cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que no tengo por qué ocultarlo, y mucho menos por qué soportarte.
—Y si es así como dice, entonces… ¿eso significa que usted… usted va a…?
El rey rió con ganas, el rostro horrorizado de la chica después de todos los problemas que le había causado se le figuró como un momento de satisfacción.
—Cuando Sakura llegue, no tendrá otro destino que el de ser mi esposa. Y honestamente me muero por saber quién querría impedirlo, y por qué medios, porque no habrá nada que puedan hacer al respecto.
Aquella sentencia cayó como marmol, y Doth lo supo, supo que tenía frente a sí a un hombre que había perdido cualquier brújula, culaquier precepto, cualquier noción de lo sagrado. Aún podía sentir el repudio de la primera vez que lo descubrió, pero entonces él era un hombre atormentado y desesperado. En ese momento aún parecía un poco cuerdo al respecto, pues sabía que no podía matarla para ocultar el secreto, puesto que ella era muy cercana a Sakura. Estaba tan aterrado de pensar que su hija descubriera su secreto que había accedido a las exigencias de una doncella muy inferior a su rango, y se había sometido al hecho de no volverla a ver, de casarla con otro con tal de no someterla a su inminente locura. Ahora nada parecía importarle ya, ni siquiera hacer que el mundo entero lo supiera. Se preguntó si aquel tormento había sido tan grande para romper con la poca cordura que le quedaba.
—¡Imposible, usted no puede hacer eso! —Doth volteó la mirada encontrando alivio en el retrato de su amiga que colgaba a un costado, su mirada jade distraída y triste parecía desviarse de vergüenza ante tal confesión— Usted mismo me lo dijo cuando lo descubrí: nadie puede enterarse, ¿qué pensará la gente, qué pasará si…?
—¿No puedo? La verdad es que después de toda una vida buscando razones para no hacerlo, ya se me agotaron. Simplemente tengo que autorizar ese tipo de matrimonios en todo el reino y el asunto está resuelto. Después de que Karin se deshaga del Uchiha y logre ser la única monarca del Hielo, ¿quién crees que será la casa real más grande del mundo? ¿Crees que con tanto poder alguien podría permitirse ir en mi contra? Incluso ahora mismo solo hay dos reyes que podrían compararse con mi nivel de poder, la verdad es que puedo hacer lo que se me antoje. Y no me importa levantar el escándalo que sea, o matar al que sea, querida Doth.
Nunca se supo con certeza cuál fue exactamente el final de Doth, tan solo que fue trágico. No me atrevo a figurarme cómo fue el momento de su muerte por medio de la ficción, sería quizá innecesario y cruel de mi parte hacerla morir por segunda vez. Si su muerte resultara ser menos dolorosa que la que me puedo imaginar, entonces la martirizaría sin remedio, y si por el contrario, es peor de lo imaginado, entonces el relato no le haría justicia.
No pocas veces he intentado encontrar registros sobre ella y su vida, pero no mucho se escribió sobre ella. Incluso realicé trabajo de archivo y organicé y lideré una investigación en donde colaboraron historiadores de alto renombre, pero tampoco se logró encontrar algo más sobre ella, y es entendible, después de todo, pero también increíble que la persona que logró cambiar el rumbo de la historia desapareciera sin más, sin detalles.
Yo mismo me aseguré de buscar con lupa en cada rincón, incluso tuve la oportunidad de estudiar en persona el diario personal del rey Danzo, que ha sido uno de los pocos documentos que se ha logrado preservar mejor. Es así que se logró averiguar los detalles más escabrosos de su persona. También como fuente podría referirme al archivo de las más de 200 cartas escritas a Sakura y jamás enviadas por el rey, en donde solía firmar como "el hombre de manos profanas" (cosa que le valió el apodo del rey de las manos profanas cuando se descubrió dicho archivo). Debo decir que valdría la pena que se hiciera una lectura de las patologías de esta misteriosa y poco célebre figura histórica, pero eso es tarea de los psicólogos que deseen emprender dicha travesía.
Si alguien pidiera mi opinión, diría que pocas veces he visto un despliegue de miseria semejante. Es increíble la forma en que todo fue degradándose en las crónicas del rey, sus cartas —sobre todo al principio— estaban llenas de un auto-desprecio constante, de miedo y vergüenza, mezclado con poesía erótica y casi religiosa, pero con el pasar del tiempo este auto-desprecio se convertía en auto-justificación, en amor y odio desenfrenado, y diría un psicólogo, en megalomanía. Lo que es curioso en este tipo de sujetos, y lo digo desde mi experiencia y no desde algún conocimiento profesional en psicología, es la arrogancia con la que hacen cosas tan privadas pensando que alguien algún día lo verá. A veces, mientras leía sus documentos y desvaríos, sentía como si los escribiera para alguien más, y no me refiero solamente a su hija Sakura, sino a mí o a cualquier otra persona que lo hubiese podido leer. Puedo decirlo por la forma en que intentaba explicarse, impresionar, generar pena o pesar.
Pero si de algo sirve, quizá no hay que dedicarle más párrafos a alguien que se hubiese regocijado con eso.
Jamás en su vida había comido las cosas que esa mañana estaba probando. Comenzó a sorprenderse cada vez más de la cantidad de pequeñas cosas que sucedían en su reino. Él solía estar enterado de las grandes, de las globales, de aquella información absoluta, destilada y resumida que necesitaba para estar al tanto de todo y poder tomar buenas decisiones, pero fácilmente había ignorado que más allá de su oficina la vida estaba sucediendo, que lo que él custodiaba eran miles de millones de acontecimientos pequeños que se armonizaban sin que él se diese cuenta, sin poderlos experimentar nunca.
Bueno, nunca excepto ese día.
Iba comprendiendo entonces por qué Sakura parecía tan fascinada esa vez con salir y esconderse en el mundo. Había cierta grandiosidad en la sencillez de esos detalles que quería ver de cerca como regalo de cumpleaños. Pensó en lo curioso del caso: de no ser por ella, jamás se hubiese ni planteado la idea de perder un día de trabajo para eso. Para vivir.
A veces no podía evitar volver a sentir que tenía algo que hacer, que sin él el mundo entero colapsaría, pero justo en esos pequeños instantes, ella se volteaba como si supiera lo que pensaba, y lo sacaba de sus pensamientos para redirigir su atención en cualquier otra cosa. Era refrescante dejar de ser el rey por un día, ser solo Sasuke, sin el Uchiha, sin los cargos ni joyas, solo su anillo de casado.
Así pasó el día entero. Sakura solía decidir qué comida probar, qué puestos de comercio eran interesantes (bueno, todos resultaron pareciéndole interesantes), hacia dónde ir. Por lo visto ella era incansable, tenía energía para rato incluso cuando el cielo pasaba de blanco al azul del atardecer, pues justo allí había decidido que quería bailar con él al son de la pequeña orquesta que tocaba en la calle, en donde ya se aglomeraban otras personas en el comienzo de una fiesta que no acabaría hasta el otro día. A todo lo que quiso dijo que sí. Lastimosamente ya oscurecía y era peligroso que ellos estuviesen aún allí, en la oscuridad era más difícil para la guardia seguirles el paso.
—Ya es hora de irnos, Sakura.
Ella paró en ese instante y aunque pensó que se quejaría, le sonrió tristemente.
—Lo imaginaba.
Ambos comenzaron a alejarse del bullicio en silencio. Sakura caminaba concentrada en algo que Sasuke no podía adivinar por más que se lo preguntara. Pensó que quizá estaba triste de que su día acabara, de saber que después de ese día él probablemente estaría mucho más ocupado, aunque no dudaba de que ella cumpliría su palabra y se enfrentaría al general Pain (una silenciosa risa se le escapaba de imaginar eso) y le ordenaría días de descanso periódicos. Bien, nada de eso era lo que ella pensaba. De hecho, lo que en verdad pensaba le tomó por sopresa ahí mismo, cuando ella lo dijo en la oscuridad:
—Te amo.
No pudo ver la reacción de su rostro al decir esas palabras. Podía escuchar, sin embargo, sus pasos enterrados en la nieve al mismo ritmo de antes, sin que nada pareciera cambiar luego de haberlo dicho. Pensó que, pese a todo lo que habían vivido y a que estaban casados, jamás se lo había dicho, ni mucho menos él. Pero ese día había sido tan perfecto, tan especial. En esa noche oscura y fría, en medio de la serenidad y la calma de sus pensamientos había descubierto que esa era la noche y el momento para decir con seguridad que así era, que estaba enamorada. Esa era la verdad.
Siempre había pensado en el matrimonio y en el amor como algo bastante abstracto, que sucedería y ya. En cambio era muy distinto sentirlo y vivirlo, dimensionar su realidad y su peso. No podía pensar en un mejor momento y lugar para decirlo por primera vez.
Sin embargo, por más pasos que daba y por más segundos que pasaban, él no le respondía. Intentó mirarlo pero su rostro aún seguía cubierto por la capa, y no pasó mucho antes de que los guardias los alcanzaran con sus caballos listos para partir. Ahora que no estaban solos, ya no podía esperar una respuesta de su parte, y dudaba mucho de que él quisiera retomar el tema por su cuenta.
Después de eso ambos actuaban como normalmente hacían aunque sentían que algo había cambiado. Sasuke creía que solo era él quien lo sentía, igual que Sakura lo pensaba por su cuenta.
La verdad era que se sentía pensativo después de ese día. Aquello le había tomado por sorpresa, aunque fuese un momento lógico y natural puesto que estaban casados. Sabía que desde un tiempo llevaba sintiéndose extraño, Sakura se había vuelto el centro de sus pensamientos la mayoría del tiempo. Se había dejado llevar por su espontaneidad, por su sinceridad y autencicidad, y no fue hasta esa noche que se preguntó si todo aquello tan nuevo para él —tan inexplicable y enorme— se podía condensar en dos palabras. No solo lo había tomado por sorpresa que ella lo dijese en voz alta, pues más allá de razonarlo lo sentía, sentía cómo lo amaba antes de procesarlo con su cerebro; no, también lo había sorprendido lo mucho que esas dos palabras comenzaban a tener sentido para lo que sentía.
Las noches siguientes a eso, mientras lo hacían, él se daba cuenta de que no había mucho más que pensar al respecto. Tenía que ser amor eso que sentía, no se explicaba cómo podía no ser amor, si lo mataba y lo traía a la vida al mismo tiempo.
Después de pensarlo, vino su siguiente problema: ¿cómo decírselo? Se reprochó entonces no haber tomado la oportunidad de la noche de su post-cumpleaños. Si lo hubiese pensado antes, quizá hubiese estado preparado para el momento en que llegó la oportunidad, pero se había quedado de piedra procesando, y claro, sintiendo esa ola cálida en su pecho al escucharla.
Le daba vergüenza, y casi rogaba por que ella volviera a abrirle el camino oportuno para confesárselo en voz alta. Comenzó a preocuparle que ella no lo supiese, aunque por otro lado… ¿cómo podía no saberlo? Estaba bastante seguro de que a través de su típica faceta seria se escapaba su cara de imbécil, a veces sentía que no podía disimular todo lo que le pasaba a su corazón. Si bien era cierto que era incapaz de expresarse bien con las palabras, se aseguraba cada noche de dejárselo todo muy claro con su propio cuerpo. Se lo decía en cada caricia, cada beso, cada respiración, y deseaba que eso fuese suficiente. La miraba a los ojos largamente esperando que ella lo entendiera, con esas dos palabras atoradas en la garganta intentando deslizarse entre sus jadeos. La tomaba de las manos en esos momentos como si eso pudiese unirlos aún más, en un afán por ser un poco ella, y que ella fuese un poco él. Le gustaba sentir que ella lo entendía más allá que cualquier ser humano, que conocía hasta el último palmo de su alma.
A pesar de su incertidumbre después de esa noche, Sakura decidió confiar en el lenguaje silencioso de Sasuke. Cada noche sentía que recibía una respuesta por su parte, y a veces lo veía en sus ojos, la forma en que parecía que pronto le diría que también la amaba. Tal como Sasuke deseaba, su piel escuchaba todo lo que él tenía para decirle, y poco a poco esos días extraños se convirtieron en el intercambio de dos universos que se amoldaban, que chocaban y explotaban, de cuyas muertes inevitablemente nacían maravillas.
Claro, eran conscientes de eso a nivel emocional, y era tan envolvente e intenso que poco habían pensado en lo que se desencadenó de eso a nivel físico, o más bien genético.
La tomó a ella por sorpresa un mes después de su cumpleaños, cuando las sirvientas la despertaron y lo primero que notó no fue la ausencia de Sasuke en la cama, sino un repentino mareo que le estrujó el estómago. Las chicas se alarmaron y la ayudaron a vomitar en la vasija más cercana mientras sujetaban su cabello y se miraban entre ellas. Cuando terminó se sentó en el suelo para reposar, la cabeza le daba vueltas un poco todavía. Cuando abrió los ojos vio las expresiones curiosas de las demás. Todas entendieron en silencio lo que estaba pasando, incluída ella, que comenzaba a procesar esa posibilidad y a unir momentos en su cabeza. Aceptó ese gran aviso de su cuerpo como si su subconsciente lo hubiese presentido desde antes.
—¿Quiere que nos llevemos el desayuno, Alteza?
—Sí, y llama al rey.
—Alteza, la reina Sakura quiere verlo en los aposentos.
Sasuke se enderezó en su silla mientras se preguntaba qué ocurría esta vez.
—Señorita, este no es un buen momento, esta es una reunión de estado. Por favor retírese.
El Uchiha miró a Nagato directamente al mismo tiempo que Naruto.
—General Pain, Sasuke debería decidir si es buen momento o no. —Sus ojos azules buscaron a los de su amigo, esperando que este pensara lo mismo. También los ojos violetas de Pain lo miraron directamente.
—Iré a ver qué pasa.
—Lo entiendo, Alteza, no es mi intención pasar por encima de usted. Solo quisiera decir que esta es una reunión de carácter extremadamente importante.
—Quince minutos más o quince minutos menos no harán mucha diferencia, además parece urgente, ¿o no, Sasuke?
—Así es, ella no suele interrumpir de esta manera.
—Le recuerdo que el mes pasado le tomó un día entero.
—Pues no creo que se le haya olvidado…
El ambiente hostil entre esos dos que había logrado ser reprimido a lo largo de toda la reunión se desataba al final, sin que Sasuke pudiese tener la satisfacción de decir que al menos una vez en la vida habían estado en la misma habitación sin pelearse.
—Si lo hace es importante.
Se levantó sin esperar a que sus dos hombres de confianza dijeran algo al respecto y salió a ver qué había pasado. Se apresuró preocupado de que fuese algo malo, pensando qué podía ser.
—Alteza, un momento.
Se detuvo a medio camino cuando un súbdito se acercó para solicitarlo.
—¿Qué es lo que quieres?
—Es la Hoja. La princesa Karin está aquí.
Sakura esperó en su habitación en compañía de Matsuri, que acomodaba sus prendas del día a un lado. Sus manos sudaban sin poder evitarlo, y es que llevaba bastante tiempo con sus emociones fuera de control. En silencio pensaba en desde cuándo se sentía tan emocional, tan sensible. Sin duda para la época de su cumpleaños ya llevaba queriendo llorar todos los días, con mal humor y —contradictoriamente— con una felicidad inmensa, incluso con euforia. Había pensado que todo eso tenía que ver con estar enamorada, y aunque en parte era así, todos sus estados contradictorios se había disparado sin que ella o el pobre de su esposo hubiesen sospechado la causa desde el principio.
¿Cómo recibiría la noticia? ¿Querría que fuese niño o niña? ¿Cómo iban a ponerle, a quién se parecería?
—Alteza, ¿está nerviosa?
Matsuri terminó y no queriendo retirarse decidió hablar. Sentía una gran dicha por aquella noticia tan esperada por todos, y es que pensar que pronto habría un heredero, un bebé en el palacio, emocionaba a cualquiera. Pensó que si era así ella por fortuna tendría la oportunidad de ayudar a criar al bebé. Eso también era la muestra de que el romance entre el rey y la reina no solo era muy real, sino que daría frutos. Y claro, mucho que hablar. La reina sería madre primeriza y seguramente estaba emocionada y ansiosa.
—Un poco… Pienso cómo puedo darle la noticia, esto es tan repentino…
—Descuide, Alteza, estoy segura de que de cualquier forma él va a sorprenderse gratamente —dijo con una sonrisa pequeña que Sakura correspondió con una más grande y un asentimiento.
Agradeció tener su compañía en ese momento, no hubiese querido quedarse sola sin que alguien más se alegrara por ella. Una de sus manos viajó a su vientre como intentando asimilar que justo allí crecía una nueva vida, a la que ya amaba.
De repente, la puerta sonó, y Sakura se levantó expectante para recibir a su esposo. Matsuri fue más deprisa y abrió la puerta, encontrándose, sin embargo, con un hombre menudo quien hizo una reverencia.
—Esta es una carta para la reina.
Matsuri la recibió en sus manos y lo despidió para luego acercarse a ella y entregársela. Sakura miraba con sorpresa el sobre, no esperaba ninguna carta y se preguntó cuál podría ser el asunto.
—Gracias, Matsuri.
Se sentó en la cama para quitar el sello y descubrir su contenido. Dentro reconoció la cuidada caligrafía de Doth, y su corazón dio un brinco al pensar que finalmente ella respondía una de sus cartas. Había pensado que, pese a la gran amistad entre las dos, el tiempo y la distancia pudieron haber roto aquello para siempre, pero si ella respondía quizá…
Querida Sakura:
Sabrás por mi letra que soy yo, y espero que eso no te enoje. Hay tanto que desearía explicarte, y sé que así terminarías por entender tantas cosas; infortunadamente no será posible que te explique el por qué de nuestra distancia y de tu situación. Tú y yo contamos con muy poco tiempo y debes ser rápida en este momento, de otra forma tu vida corre peligro:
A la par que esta carta, una pequeña y sencilla caravana de viaje ha llegado al Hielo. Le pedí a uno de los chicos que viajaba que te entregara esta carta bajo absoluto secreto. Debes huir ahora mismo, Sakura. Uchiha Sasuke ha decidido deshacerse de ese matrimonio y ha pedido la mano de tu hermana Karin para que tome tu lugar. Lo lamento mucho, Sakura, pero esto es así. No sé cómo sucedieron las cosas entre ustedes dos, pero la corona del Hielo alega no estar satisfecha con el arreglo y Konoha aceptó a la única alternativa posible. La boda se celebrará inmediatamente, mientras que tú tendrás que volver en la caravana.
El problema es que sé por fuentes cercanas que tu padre planea deshacerse de ti en medio del viaje. Le ha ordenado a algunos de sus hombres que lo hagan en el camino, de ese modo ni el Hielo ni Konoha podrán enterarse o hacer nada al respecto, y podrán hacer pasar todo por un incidente de viaje, una emboscada o algo parecido. No debes dejar que nada malo te suceda.
No confíes en esos hombres. No confíes en el Uchiha. No confíes en Karin o tu padre.
Vístete tan modesta como te sea posible, oculta tu cabello, guarda todas las joyas que puedas, y huye. Encuentra un lugar seguro, véndelas y vive con ese dinero, pero no dejes que nadie que te conozca te encuentre porque corres serio peligro.
Quisiera decirte que te refugies y que yo iré a encontrarte, pero no creo que eso sea posible. Mientras lees esto es probable que yo no siga viva, pero eso no debe detenerte. Al contrario, esta es mi última voluntad, y deseo que vivas libre y segura, así que te pido que no lo pienses un segundo y hagas lo que digo.
Siempre estaré contigo.
Doth.
Matsuri observó atentamente cómo la cara de la reina se deformaba de expectación a confusión y finalmente a dolor. La vio cubrir su boca con la mano como si presenciara una tragedia y las lágrimas y sollozos emergieron descontrolablemente.
—¡Alteza, ¿qué sucede?!
Al menos alguien estaba ahí mientras se derrumbaba.
—Sasuke está tardando…
"Y no lo dije yo" pensó Pain mientras sopesaba si sería buena idea levantarse e ir a buscarlo. No quería más problemas con el rubio, pero…
—Iré a ver qué pasa…
—Bien, yo esperaré aquí.
Salió deprisa del recinto y se encaminó a buscarlo, pero se percató del ambiente agitado. Gente desconocida iba y venía, cargaban cosas y las acomodaban por doquier. "¿Pero qué es todo esto…?"
—¿Qué sucede? —le preguntó a uno de varios guardias allí, quienes parecían igual de interesados en lo que sucedía.
—Verá, señor… Es algo inesperado…
—Habla rápido.
—No sabía que el rey se volvería a casar…
—… ¿Qué?
Varios guardias se reunieron alrededor, y más que explicarle, comenzaron a comentar la situación casi como un chisme. Pain escuchaba todo más allá de sorprendido, no podía dar crédito a que todo eso en verdad estuviese sucediendo y decidió que era suficiente, debía hablar personalmente con el rey para enterarse de primera mano. Todo eso debía ser un error.
Se apartó del grupo para ir a buscarlo, cuando de pronto logró ver de reojo —y hay que decir que estuvo a nada de no notarla— la insinuada silueta de alguien que pretendía esconderse. Cuando se acercó no hubo mucho en donde ocultarse, la reina se apretó contra uno de los muros sin querer mirarlo.
—¿Alteza…? —Pensó que sería estúpido preguntarle si se sentía bien, tenía los ojos y la nariz rojos y la cara mojada de lágrimas, y un ligero temblor se podía apreciar debajo de una capa que no era suya. ¿Estaría entonces al tanto de lo que estaba pasando, era real…? ¿Qué podía decir? — ¿Está buscando al rey? —Ella negó con la cabeza aún sin mirarlo—. Entonces… ¿a dónde va?
—No es su problema —gruñó con un desprecio en la voz que lo sorprendió.
—Lo siento, Alteza, pero mi trabajo es mantener la seguridad…
—Pues está fallando, no estoy segura aquí… No me siento segura aquí… —La vio abrazándose a sí misma y encogiéndose en su vientre, y creyó que seguramente era por el tremendo frío acentuado por su alterado estado emocional.
—¿Por qué lo dice, es por…?
—Usted… debe de estar contento con todo esto, ¿no es así? —dijo por fin mirándolo. Sus ojos acuosos causaron una gran impresión en él, le afectaban más de lo que debía, quizá tanto que lo hizo tragar en seco.
—¿Por qué lo dice, Alteza? —dijo con la voz repentinamente falta de potencia, como en un susurro.
—Porque finalmente ya no estaré aquí. —Más lágrimas se resbalaban por sus mejillas—. Nunca fue fácil estar aquí, y me gustaría pensar que usted puede entenderme porque tampoco es bienvenido por nadie… Pero debe de alegrarle que ya no seré más una molestia en este lugar, porque al final usted también siente desprecio por mí.
—… Se equivoca, Alteza. —Murmuró con la repentina necesidad de explicarse, a él que no le importaba lo que nadie pensara o dijera de él—. Yo soy el General del reino… y usted la reina y esposa del rey, por naturaleza nuestros deberes chocan en muchas ocasiones, pero eso no significa que la odie o tenga algo personal contra usted.
Ella suspiró evitando sus ojos nuevamente.
—¿Me está diciendo que usted no me haría daño si tuviera la oportunidad?
Abrió los ojos sorprendido, algo no estaba bien. Bueno, nada estaba bien pero algo no cuadraba. "¿Por qué se siente en peligro? ¿Será paranoia? Aunque sería razonable que pensara así dada su situación; sin embargo…"
—Tanto la guardia como yo estamos a su disposición, juramos lealtad a la Corona sin importar qué. —Hizo un gesto para que el guardia de pelo plateado que normalmente estaba a cargo de Sakura se acercara—. Debe entender que no tiene nada que temer, estos hombres morirían en su lugar para protegerla y servirla.
—Pero yo ya no seré la reina, ¿no es así? En ese caso su juramento no valdrá más nada.
Y aunque Pain aún sentía que las cosas no eran como parecían, que había mucho por aclarar, aún así pensó que en caso de que fuese así tampoco podía dejar que ella se fuese sintiéndose desprotegida. El guardia llegó a su lado.
—Tú: levanta la mano. —El hombre hizo como dijo—. ¿Juras por tu vida protección y obediencia a ella sin importar las condiciones?
Él, con un gesto confundido le preguntó con la mirada de qué se trataba todo, pero luego de ver el llanto silencioso de la reina se sintió mal y asintió.
—Lo juro.
—Como ve, Alteza, este hombre ha jurado por su vida, no tiene que temer. —Ella seguía abrazándose a si misma sin verlo—. Iré a buscar al rey por usted, sé que hay mucho por hablar. Por favor espere aquí. —Y luego de eso se acercó al guardia para susurrarle—. No te despegues de ella, y que nadie le haga nada, ¿entendido? Si alguien quiere echarla de palacio no lo permitas si el rey y yo no estemos presentes.
Y con esa órden la dejó con él y se fue. Mientras tanto, el silencio entre los dos se hacía tan profundo como incómodo.
—Siento mucho lo que está pasando, Alteza… —Sakura reaccionó y pronto comenzó a irse— ¿Alteza, a dónde va? —Pero ella solo caminó cada vez más deprisa. Comenzó a seguirla por los pasillos, viendo cómo se detenía ante cualquier ruido evitando encontrarse con alguien más—. ¿No va a esperar al General Pain…?
Pero ella apresuraba cada vez más su paso, después se dio cuenta de que iban llegando a una de las salidas del palacio, las normalmente usadas por los sirvientes, no las principales. Ella se ocultó tras un muro mientras esperaba a que algunas personas atravesaran la estancia y se perdieran por los pasillos, y el guardia hizo silencio sin saber qué hacer.
—¿… Alteza, qué planea hacer? —dijo por fin cuando ya estaba vacío el lugar.
—Escucha, ¿cuál es tu nombre?
—¿Eh, yo…? Mi… mi nombre es Hidan.
—Bien, Hidan. — Sus ojos rojos y decididos lo miraron muy seriamente, los rastros de lágrimas en sus ojos se secaban—. No puedo quedarme en este lugar, ya sabes bien por qué.
Él no negó nada, lo cual significaba que el contenido de la carta era verídico. No podía entender cómo había sucedido, qué había pasado para que Sasuke… Y aunque quería verlo y llorar, golpearlo, gritarle o derrumbarse, la advertencia de la persona en quien había confiado toda su vida había sido muy clara. "No confíes en esos hombres. No confíes en el Uchiha. No confíes en Karin o tu padre"… No habría sido fácil lidiar con sus pensamientos y emociones en circunstancias más "normales", mucho menos con un incipiente embarazo que ponía sus sentimientos en una licuadora hormonal imparable. Tampoco quería quedarse a calmarse y arriesgarse a perder la vida si todo resultaba como Doth le había advertido.
—Pero Alteza, el General y el rey…
—Si no me voy ahora, ¿qué crees que me pasará?
—La enviarán de vuelta…
—No, eso no es lo que pasará. Mi padre me odia y todo este reino también. Creo que todos saben que lo único que me salvaba de estar muerta era ser la reina, y aún así intentaron matarme una vez. —Hidan sopesó sus palabras, parecía decirlo muy en serio y se dio cuenta de que tenía mucho sentido todo lo que decía—. Ahora no tengo ninguna garantía, y recibí una advertencia. Cualquiera podría intentar algo contra mí… incluso… incluso tú.
—¡Yo hice un juramento!
Sakura lo evaluó, parecía sincero y no había contradicho sus preocupaciones, parecía querer cumplir con su palabra.
—Bien, pues si no me dejas irme lo estarás rompiendo, eso debería preocuparte a menos que no te importe. —Sin esperar más salió ocultando su cabeza bajo su capucha, un viento gélido y fiero golpeaba contra su dirección anunciando una pronta y devastadora tormenta. El guardia se vio atrapado en una encrucijada, cualquiera de sus dos opciones posibles eran una locura y sin tener mucho tiempo para pensarlo fue tras ella—. Te lo advierto, si me quedo yo…
—Puede irse con la condición de que no me pida que me aleje. Dije que la cuidaría y eso debo hacer.
La reina lo miró sorprendida. Pensó que debía desconfiar de él, después de todo trabajana para Nagato Pain, pero la preocupación en las pocas palabras que habían intercambiado la convencieron de que estaría bien. Después de todo, tampoco quería quedarse sola sin saber a dónde ir o qué hacer, nada le garantizaba que todo estaría bien fuera de los límites del castillo y sabía que debía derrumbarse en algún momento, mejor si alguien se encontraba cerca para cuando eso sucediera.
Fue así que se escabulleron hasta el establo y tomaron dos de los mejores caballos. Afortunadamente se estaba formando un escándalo con la llegada de su hermana y todos los súbditos acudían al interior del palacio a fingir que trabajaban para enterarse, descuidando sus puestos de trabajo y dejando la vía libre. Fue así que el guardia, la reina y el fruto de su vientre se esfumaron del castillo, de Indragrado, del Hielo y de la vida del rey Uchiha, como tragados por la nieve, sin rastro alguno. La estirpe de la dinastía quedaba así en vilo, en una tragedia que nadie sabía cómo había comenzado ni cómo terminaría.
Si algo puede decirse es que el mundo entero como se conocía hasta ese momento terminaría por colapsar, y lamentablemente lo que tengo por contar de ahora en adelante corresponde a uno de los capítulos más oscuros y tenebrosos de la vida del hasta hace poco último de la dinastía Uchiha, y de la historia de este universo.
Fin.Bueno, continuará, jajaja…Ahora voy a hablar de un par de cosas que han pasado estos meses así que si te quieres quedar lo aprecio.Estuve editando la historia porque en algún punto tuve que parar y olvidé ciertas cosas y quería repasar, y aproveché a corregir, eso me tomó un tiempo. No cambié nada esencial, lo más que cambié fue la edad de Sakura porque cuando empecé a concebir la historia yo era muy pequeña y desde ese punto la edad de 16 era una más sencilla para proyectarme y esas cosas de escritor, era una etapa que yo conocía y me sentía más cómoda escribiendo una adolescente de esa edad que una mujer con una edad que aún yo no alcanzaba, pero me ha tomado mucho escribir el fic hasta hoy y ya crecí, ya no me proyecto tanto en ella y realmente no me quitaba nada el dejarla de 18 años, así que lo hice para mayor comodidad del lector. Realmente no cambia mucho la historia ni me modifica la trama, entonces hagan de cuenta que es dos años mayor y ya.Also, debo decir que en cuestiones de época no soy nada rigurosa ni pretendo serlo, uso la palabra "medieval" porque indican una estética y un ambiente de época, pero si hubiese querido ser muy apegada a todo lo que en realidad es lo medieval no hubiese situado la historia en un universo que no es el nuestro. Habría tenido que hacer cosas extremas que nadie me perdonaría, como hacer que Sakura tuviese 5 años y Sasuke 12, porque esas eran las edades en donde se consideraba que una persona era adulta y apta para casarse y trabajar. Es más, la infancia ni siquiera sería una palabra que podría usar porque la infancia como concepto que conocemos solo empezó hasta el Romanticismo (S. XIX), y de hecho un anciano era considerado de 45 años o menos, pues por esta temprana entrada al mundo del trabajo y la reproducción la esperanza de vida era extremadamente corta; y así con muchos otros detalles con los cuales no valía la pena desgastarse tanto.También les cuento que la razón por la cual me demoré tanto, aparte de la tesis de grado de mi carrera y otras responsabilidades, es porque confieso que soy pésima para el género de romance, soy demasiado fría y arromántica. Me costaba escribir escenas lindas entre Sasuke y Sakura, no me gusta escribir eso y siempre he preferido narrar todo lo demás, la parte política, social e histórica, jajajaja…, y lamento si no puse más, pero hubiesen salido peor y jamás hubiese podido acabar. Lo siento, no consideré eso cuando decidí hacer un fanfic romántico, súper F , JAJAJAJA… Solo espero que lo que alcancé a escribir esté bien y les haya gustado, intentaré hacerlo mejor por amor al ship.Y ya, no sé si pueda seguir con mi ritmo semanal de lunes, pero ahora que ss está separado eso me ayudará mucho a seguir (uwu). Lamento lo trágica que se ha puesto la historia, creo que lo que pasó en este capítulo es tan horrible que nadie se lo pudo imaginar, jsjckbscdouy.Gracias si leyeron hasta aquí, nos vemos pronto y recuerden que prometí acabar el fanfic y no abandonarlo.
