Disclaimer: Bleach no me pertenece, ni siquiera el álbum de Nirvana con ese nombre, es propiedad de Tite Kubo aunque siga molesta con él.
Tenía este one-shot engavetado, tengo más tiempo libre y quisiera escribir más historias Ichirukis, a ver que se me ocurre al final de este 2021. Un regalo para los IR que persisten en el fandom.
Este fic está ubicado después de la saga Fullbringer, creo que ignoraremos el último arco por ahora.
-Good Morning Ichigo! -no puede ser, es la peor alarma de la historia.- Hijo mío, si sigues así de gruñón Rukia-chan nunca te hará caso.
-Callate, viejo decrépito.- Lo golpeo hasta dejarlo inconsciente.
Cada mañana era así, el viejo de mi padre despertándome con su eufórica y fastidiosa voz causando desorden en mi sistema nervioso. Lo sé, por culpa de él me he vuelto paranoico, y creo que se parece mucho a Keigo. ¿Será que nos confundieron al nacer? No, con solo el hecho de que mi padre sea un shinigami, no puedo pensar en lo contrario. Terminé de vestirme para ir al colegio. Si es mi último año, solo me quedan dos meses, luego la graduación y después veré que hacer con mi vida. Salí de mi habitación y me la encontré:
-Buenos días, Rukia- le dije con una media sonrisa.
-Buenos días.- me saludó soñolienta para después desviar la mirada y dirigirse hacia el comedor.
Problema, ella normalmente no hace eso. No entiendo qué le pasa, es como si hubiese hablado con Inoue. Por alguna razón ella se pone algo nerviosa conmigo y se apresura a hablar con Tatsuki. Pero Rukia no es así, algo extraño le pasa. Me temo que la conozco muy bien, cuando se comporta así es porque me oculta algo y no quiere decirme. Si la última vez que se comportó de esta forma, fue llevada a la Sociedad de Almas. Esta vez no te escapas shinigami.
Después del caos con Ginjō, ella decidió quedarse. Al principio platicamos y peleábamos como antes, pero al cabo de unos días, ella empezó con esta actitud ambigua. Supuse que era por la transición de estar lejos por 17 meses. Aun así no es motivo para que sea esquiva conmigo.
Esta chica o mujer si es impredecible nunca se que es lo que va hacer o que me dirá, realmente me tiene intrigado. Hace poco fuimos a pelear con hollows y casi no me habló en todo el trayecto y pelea. ¿Será que está molesta? Que yo sepa no le he hecho nada, es más trato de ser más amigable, creo si eso es lo que puedo decir o caballeroso. Ahora que lo pienso, mi trato con Rukia ha cambiado, si peleamos pero no como antes, supongo que estoy madurando o me estoy volviendo más tolerable o me estoy...
Así como todas las mañanas caminamos al colegio. Caminaba a la par de esta misteriosa callada shinigami con la mirada perdida.
-Hoy sí, me vas a decir que te pasa.- no responde- ¡Rukia, hola!
-¡Si idiota, ya te escuché no me grites!
-Responde entonces, estás muy rara, ¿lo sabías?. ¿Me dirás que tienes una misión de nuevo y no me quieres decir? Te conozco, y como te dije antes se lo que te pasa además…
-No te importa, enfócate en tus estudios.
-Grosera, solo quiero saber que diablos te pasa.
No respondió, llegamos al colegio y se fue a su asiento sin dirigirme la palabra. No es justo, ella bien puede golpearme cuando estoy deprimido ¿y yo? No puedo golpearla y no quiero claro, sin embargo me urge saber que le pasa. Me vas a volver loco Kuchiki Rukia y de muchas maneras.
A veces la observo, el cabello corto le sienta bien, se ve más adulta, elegante… más ¿bonita? Si lo pensé: Bonita. Se nota su fina figura pero a la vez fuerte. Es inevitable, no soy el único que ha notado su belleza. Los demás estudiantes centraron su atención en ella. Rukia tiene una belleza única, su presencia opaca a los demás cuando entra a un lugar. Y ahí voy… otra vez pensando en ella de esta forma. Antes me molestaba tener estos pensamientos, antes la extrañaba, ahora no dejo de mirarla. Mi gran problema es que ella evita mirarme.
El timbre dio comienzo a las clases de educación física, tenía mi uniforme de portero. El loco de Keigo dice que así atraigo más a las chicas "sexies", mientras que él presume mi amistad para platicar con ellas.
-¡Vamos Kurosaki-senpai!- las escuchaba gritar fastidiando un poco. A lo lejos se ve una gran cantidad de alumnos, en especial varones, dirigiéndose a la pista de carreras. Me pregunto qué estará ocurriendo.
Rukia salió del vestidor de mujeres con el uniforme de educación física que le quedaba demasiado grande. Maldijo su suerte y pensó que sería muy incómodo para ella el hacer ejercicio.
Cuando estaba dispuesta a salir al patio Ishida la llamó.
-Kuchiki-san me parece que puedo ayudarte con tu problema- le decía mientras sus lentes se ponían blancos y tenían un brillo especial.
Minutos después…
-Gracias Ishida, que bueno que tienes ese talento.
-Para servir a la única shinigami que me cae bien.- Puntualizó Ishida cuando se fue al salón del club de artesanías. Cosió a gran velocidad un uniforme especial para la shinigami. Entusiasmado pensó: Verás Kurosaki de lo que te pierdes por lento. No puedo creer que te esté ayudando.
El uniforme estaba listo, Rukia se vistió de inmediato y notó la agilidad que el uniforme le proporcionaba, sin pensarlo dos veces salió a correr a la pista.
Me siento libre, correr es maravilloso. Despeja mi mente debería hacerlo más seguido, pensaba Rukia.
No obstante, la pequeña shinigami no se percataba que era el blanco de miradas de los varones del colegio. La multitud se aglomeraba paulatinamente en la pista de carreras.
POV Ichigo
¡Qué locura! Veo que hasta los miembros del equipo dejaron de practicar para irse.
-¡Miren a Kuchiki-san!
-Le habrá dolido al caerse del cielo.
-¡Qué piernas!
-¿Dónde tenía ese cuerpo?
¡Qué carajos pasa ahí! Que tanto murmuran esos imbéciles sobre Rukia, no me agradan esos comentarios. Me acerqué al lugar donde estaban todos esos libidinosos, cuando mis ojos no podían creer lo que estaba viendo. Si es Rukia, corriendo. ¿Qué lleva puesto? Esos shorts son demasiado cortos, la camisa casi no tiene mangas y muestra su ombligo. Está casi desnuda y estos idiotas babeando. No puedo permitir esto, siento que me va a dar algo. Ese cuerpo es… es…
-Fabuloso, ¿no te parece Kurosaki?- Ishida interrumpe mis pensamientos.
-¿Y tú qué cuatro ojos? ¿De que te ríes?- en eso caí en cuenta- ¡Fuiste tú! Por tu culpa mira lo que está pasando. Esto no es playboy o un estúpido reality para estudiantes semejante idiota.
-Kurosaki, me matas de la risa. Cálmate, además a Kuchiki-san no le importa, solo observa qué tan relajada se ve corriendo.
-Sí, pero no significa que tenga que usar el uniforme de esa forma. Todos tienen caras de…
De repente como si fuese un llamado del cielo, la alarma de la insignia de shinigami sonó, lo genial que son esos hollows inoportunos.
-¡Rukia emergencia!- Entendió a la perfección y corrió hacia mi. Al fondo solo escuchaba la algarabía de chicos quejándose y no me importó. En mis adentros sonreí macabramente por arruinarles su diversió ese instante me di cuenta que me estaba volviendo algo posesivo.
Peleamos con un hollow enorme, Rukia libera su shikai con elegancia y con un ataque lo venció fácilmente, pero luego comenzó a tambalearse. Corrí hacia ella lo más rápido que pude para que cayera en mis brazos. La noté pálida, definitivamente no estaba bien y de inmediato la llevé a la tienda de Urahara, el lugar más cercano. Lo único que se me cruzó en la cabeza es que ella ya no me contaba nada, no me decía lo que pasaba.
-¡Que hay Ichigo!- saludaba Renji y yo estaba completamente serio sin ganas de nada.-Me enteré que Rukia estaba mal. ¿Cómo sigue?
-Mejor, parece que tenía estrés acumulado, algo así.
-Pues iré a verla- Renji entró a la habitación donde estaba Rukia.
No soporté la curiosidad que tenía y lo seguí a la habitación. No pude evitar escuchar la conversación. En fin no era mi culpa que la puerta estuviese medio abierta. ¿Pero qué es esto? ¿Por qué carajos Rukia ve a Renji con tanta tranquilidad a sus ojos? A mi ni siquiera me ve a la cara.
-Gracias Renji- y encima le agradece. Le cuenta todo a él, no soporté más y salí de la tienda. Necesitaba caminar, tomar aire fresco, reflexionar qué demonios me estaba pasando por la cabeza. Mi mente y mi corazón no se ponen de acuerdo en nada. Sin embargo, entre más pensaba las cosas más me desesperaba. Me siento molesto, demasiado encabronado que respiro con dificultad además de un dolor en el pecho y en el estómago. Decidí regresar para enfrentar las cosas, entré a la tienda directamente donde estaba Rukia. Ella estaba de pie arreglando el futón con su yukata blanca.
-Vaya parece que estás tranquila.- le dije de una forma sarcástica, ella notó la forma en cómo le hablé por su mirada escéptica.
- ¿Por qué hablas así? ¿Qué te pasa?
-¿Qué hay de ti? La extraña bipolar shinigami que oculta cosas…
Ella me vio con fastidio inclinando su cabeza hacia mi.
- ¿Cuál es tu problema?
Ya estaba iracundo, no medí mis palabras y dije lo que tenía que decir, le sujeté los hombros con fuerza y la sacudí.
-Mi problema es que bien lo miras a Renji a la cara, me imagino que él sabe lo que te pasa. Llevo días preguntándome lo mismo, me tratas como si fuese una peste o peor que un leproso. Yo no te he hecho nada malo y me estoy hartando de tener que seguirte todo el tiempo.
No medí tampoco mi fuerza, ella intentó alejarse, lo malo es que ella se tropezó o yo la solté bruscamente. El caso es que no recuerdo qué pasó con exactitud, pero ella cayó al suelo golpeándose.
-Rukia, lo siento yo...
-¡Lárgate!
Si fui un imbécil, no sabía qué decirle. Me fui culpandome otra vez por lo que dije o hice,salí de la tienda más enojado conmigo mismo que con ella.
Yoruichi entró a la habitación y abrazó a Rukia quien derramaba lágrimas silenciosas.
-Tranquila Rukia-chan.
-Es un idiota.-decía secando sus lágrimas.
-Si pero tienes que decirle lo que sientes, así te sentirás más libre. No pienses que por ser shinigami no tienes sentimientos. Mira que hasta estrés te dio.
Rukia se sintió como si le hablara su hermana o su madre, de vez en cuando era bueno una platica entre chicas.
-Gracias Yoruichi-dono.
-De nada. Oye Kisuke, ven y traenos un té de canela con galletas- le ordenó al sombrero poniéndose cómoda en el zabuton.
-¡No soy tu sirviente!-Urahara gritó.
-¡Un mes de abstinencia!- le respondió Yoruichi.
-¡Enseguida!
La ex capitana sonrió triunfante y entabló conversación con Rukia.
-Bien, cuéntame todo para que te desahogues.
Una semana después había pasado, no pude ir a buscarla. Me sentía tan patético, que a veces me acercaba a la tienda para verla. Quiero pedirle perdón pero siento que con eso no bastaría. ¿Cómo dejé que pasara una semana? Me armé de valor y fui a la tienda del sombrero loco.
-Hola Kurosaki-san. ¿Que se te ha perdido? Ah, ya sé. Tu valor, eso no lo vendo aquí.
-No te burles. ¿Dónde está?- pregunté molesto. Urahara levantó una ceja observandome de pies a cabeza.
-No está, se fue.
-¿Donde?
-Donde no te importa- reía a carcajadas.
-Me vas a decir o te lo saco a golpes- le enseñé mi puño amenazando, ya no tenía paciencia.
-Ay qué delicado, ¿donde más pues? Regresó a la Sociedad de Almas, supongo que allá no la trataran mal. Espera, si la trataron mal pero al menos le pidieron perdón.
-Deja de echarle más sal a la herida. Abre una puerta para cruzar no me hagas perder el tiempo.
-¿Perder el tiempo? Ya lo perdiste.
-¡Hazlo de una vez!
Urahara no me hizo caso, se sentó con parsimonia para tomar su té o sake, que me importa.
-Kurosaki-san, relájate. No voy abrir esa puerta, todavía estás molesto y solo harás un alboroto.
Además de que te mentí.
-¿Cómo?
-No regresó a la Sociedad de Almas, se fue con Yoruichi-san a las aguas termales afueras de la ciudad. Muy bonito y relajante por cierto.
-¿Cuando regresan?- ya impaciente pregunté porque me daba rodeos.
-Pronto.
Suspiré, cerré los ojos y me calmé. Me senté al lado de mi antiguo maestro, dejé que el clima fresco de la tarde me calmara, discutir ya no tenía sentido; estaba cansado.
-¿No vas a decirme dónde está el onsen?
-No- le dio un sorbo al té.
-¿Tampoco me vas a sermonear?
-No, eso lo hace tu padre. Sería increíble que estuviera aquí.
-Yo creo que no.
Un silencio abismal se prolongó entre ambos, Urahara no me dirá nada así que me levanté para irme y en eso me detuvo:
-¿Ya te diste por vencido?
-Si no me vas a decir nada, mejor me voy.
-Así, bueno llévate esto- sacó de su bolsillo dos boletos- Uno es para el tren y el otro para entrar al onsen con los gastos pagados. Buena suerte.
No lo podía creer, solo atiné a inclinar la cabeza para agradecerle y me fui lo más pronto que pude. Ahora pensándolo bien, puede ser una trampa y este viejo me puede estar engañando pero decidí arriesgarme. Solo necesito verla a ella, esperando que solo me regale un poco de su tiempo.
El onsen estaba en la subida de la colina, rodeado por un hermoso bosque verdoso, además cerca de ahí se encontraba un templo budista que tenía un santuario para alejar a los yokai de la zona. No había mucha gente y eso agradece Ichigo cuando subía la colina. Le envió un mensaje de texto a Chad, explicándole la situación y que le ayudara al shinigami de turno con los Hollows. No quería dejar desprotegida a Karakura pero en estos momentos tenía que buscar a Rukia.
Cuando subió la colina, llegó al onsen y vio un gato negro sentado en una piedra relajado, lo ignoró pensando que Yoruichi no estaria ahí sino que disfrutaría de las aguas terminales.
-Oye tontito, ¿ya no me reconoces?
Ichigo se paralizó, pues sí habló se trataba de ella, la que también fue su maestra.
-Pues pensé que estarías dentro, ¿qué haces aquí afuera? ¿Dónde está Rukia?
-Ya no te voy a responder, le dije a Kisuke que no te diera esos boletos muy pronto, que te hiciera sufrir.
-Gracias, a la próxima que el mundo esté en problemas, serás la última a quien salvaré. Mejor entraré a buscar a Rukia, me tacharon de loco si sigo hablando contigo.
Yoruichi reía con ganas, hartando a Ichigo que la miraba con ojos entrecerrados.
-De todas maneras ya me iba, los dejaré solos a ambos. El onsen está vacío, aprovecha a no meter la pata y disfruta del lugar. Eso sim, no quiero que Rukia-chan regrese triste o enojada, si no con estas hermosas garras te arrañaré la cara de idiota que tienes.
El gato negro despareció e Ichigo le gritó:
-¡Pues ya verás que no!
-Disculpe joven, a quien le dice eso- una ancianita empleada del lugar le preguntaba amablemente.
Ichigo le responde apenado:
-A un gato negro que… disculpe yo estoy buscando una muchacha, es de este tamaño, ojos grandes violetas, cabello negro corto.
-¡Ah entonces son violetas!- exclamaba la anciana alegre- Disculpe es que mi vista no me ayuda mucho, además noté los ojos hermosos que tiene esa chica, no podía distinguir el tan inusual color. Pero pase, lo llevaré a su habitación.
Ichigo entró a lugar, se cambió su traje a una yukata azul, se dispuso a buscar a Rukia pero no tuvo éxito. No sentía su reiatsu, por el gigia que tenía ,y pensaba que Yoruichi y Urahara lo habían engañado y que de verdad ella ya había vuelto a la Sociedad de Almas.
No creo que me hagan una broma así, además con la advertencia de Yoruichi, le creo los arañazos en la cara.
El shinigami sustituto salió al bosque, todavía era temprano, llegó al río y divisó un enorme árbol con los troncos y ramas más gruesos que había visto, en eso logró ver a Rukia sentada observando a lo lejos, el hermoso bosque y el río pequeño que cruzaba por debajo. Ichigo subió al árbol con facilidad y se sentó junto a ella sin decir nada. Estuvieron un rato en silencio, ambos ya estaban relajados, Ichigo tomó la mano de Rukia, con eso él quería transmitir sus disculpas pero las palabras no le salían.
Rukia habló calmadamente sin voltear sus ojos hacia él, Ichigo entendió en ese momento que ella era demasiado madura para él y que escucharía todo lo que ella tenía que decir.
-La que debe pedir disculpas soy yo, pero tengo una razón por la que me comportaba así contigo, solo que en ese momento no entendía qué pasaba o mejor dicho, otra vez pensaba que eran sentimientos innecesarios.
-¿Sentimientos?
-Si, mis sentimientos hacía ti- en eso ella lo vio con mucho cariño, Ichigo solo quería morirse ahí mismo porque su corazón ya estaba conmovido.
-En serio no quería molestarte con eso porque sabes que yo soy una shinigami y tú…
Ichigo la interrumpió tomando ambas manos de ella con las de él y la vio angustiado los ojos.
-No sigas, crees que eso me importa, tu no solo eres una shinigami tu eres...sabes Rukia diecisiete meses es demasiado tiempo para no ver a alguien, te extrañaba y ahora que te tengo no pienso dejarte ir.
Ichigo no lo dudó más, tomó el rostro de Rukia y le dio ese añorado beso, que sellaba de todas las formas el vínculo entre los dos. El beso empezó tierno y cálido, pero tanto tiempo que se extrañaron, Ichigo la tomó de las caderas y la sentó en su regazo, quería llenarse de su cercanía, el beso se tornaba apasionado. Rukia suspiraba en cada intermitencia del beso, sentía la calidez de las manos de Ichigo acariciando su espalda, su rostro y su cuello tiernamente. Ichigo descubría que le gustaba besar a Rukia, sus labios eran suaves y su aroma relajante. Por falta de aire tuvieron que terminar pero Ichigo siguió besando su cuello y luego simplemente la abrazó aspirando su aroma nuevamente, Rukia cruzó sus brazos en cuello de este y descansaba su rostro en su hombro. Dejaron que el atardecer llegara arropando su reencuentro.
-¿Qué haremos ahora?-preguntó Rukia, Ichigo la tomó de la barbilla y la miró a los ojos dulcemente.
-Disfrutar del onsen, luego volver a casa.
-Sabes que no puedo quedarme en Karakura por mucho tiempo- le decía Rukia tristemente agachando la mirada.
Nuevamente Ichigo tomaba con sus manos el pequeño rostro de la muchacha acariciando su cabello, le decía sonriente:
-Y eso que importa, yo te iré a visitar y después veremos. Haremos que esto funcione, porque yo si quiero estar junto a ti.
Luego le dijo dubitativo:
-Al menos que tú no quieras…
-Claro que quiero, pero…
Un beso de Ichigo la calló.
-Ya me voy a enojar Rukia, no seas tan pesimista.-La abrazaba nuevamente.
-Estoy decidido a cuidarte y tenerte mientras tu sientas lo mismo, lo demás es lo de menos.
-Eso no tiene sentido.-le respondía tranquila dejándola que el sueño la atrapara.
-Me encargaré de que lo tenga.
Ichigo le besaba la frente miraba el sol ocultarse en las montañas, notaba la serena expresión en la shinigami, tranquilamente la llevó a la habitación para que la chica descansara.
Para Rukia era la primera de muchas veces que lograba dormir tranquila, sabiendo que su corazón estaba en paz con los sentimientos de Ichigo.
Fin
