AUSTRALIA

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.


Tabla 2: Lugar. Prompt: Sur.

Tabla 7: Personajes. Prompt: Headcanon.

Tabla 8: Técnica. Prompt: Narración en presente.


La pequeña población de Hastings está ubicada al sur de Australia. Pertenece al área metropolitana de Melbourne, posee un importante puerto deportivo y es un auténtico paraíso para los amantes de las actividades recreativas acuáticas. Se cree que su nombre se debe al administrador imperial británico Warren Hastings. Hasta el año 1863 se llamó de otra manera, pero Jane Granger no es capaz de recordar el nombre.

De hecho, hay muchísimas cosas que la mujer no recuerda. Tampoco le importa. Una persona no puede extrañar algo que ignora haber tenido. No sabe que un día vivió en Inglaterra, que fue propietaria de una afamada clínica dental y que tuvo una hija a la que llamó Hermione porque a Walter, su marido, le encanta Shakespeare. Jane sólo sabe que se mudó a Australia durante el verano anterior, ansiosa por comenzar una nueva vida después de sufrir una terrible pérdida. No sabe bien cuál fue.

A veces, su cerebro es como un enorme agujero negro. ¿Por qué escoger Australia? Por el buen tiempo, sin duda. Por la calidad de vida, por la gente. Se le ocurren miles de razones, aunque no sabe precisar en qué momento eligió Hastings. Es un sitio bonito. No tiene muchos habitantes, pero Walter y ella se están ganando bien la vida trabajando como dentistas. Es algo que se les da muy bien hacer. Debieron aprender en el mejor sitio posible y han debido pasar muchos años practicando. No está del todo segura.

Interrumpe sus pensamientos cuando una nueva contracción sacude su cuerpo. Durante el parto, está intentando abstraerse del dolor. Plantearse cuestiones estúpidas debería ayudar un poco más. Aprieta la mano de Walter y ve la sonrisa complacida de la matrona. Pese a que ya no es una niña, todo marcha bien. Jane lo puede ver en su cara. Sabe que su bebé nacerá sano y que ella no tendrá ningún problema físico.

Respira hondo. Contempla la mano de Walter. Siempre ha tenido una piel delicada. Sus dedos son largos y finos, como los de un pianista. A continuación, busca su mirada. Puede adivinar la felicidad con solo ver la expresión de su cara. Walter siempre ha querido ser padre. Cuando supieron que estaba embarazada, se puso a saltar como un crío. Le acaricia la mejilla y él le da un beso. El dolor regresa enseguida.

Jane piensa en la renovación de su visado. Tienen que solicitar el permiso de residencia permanente. Quiere que Shylock sea un ciudadano australiano de pleno derecho. Otro nombre de Shakespeare. Walter puede recitar de memoria El mercader de Venecia, aunque su mente esté repleta de vacíos para según qué cosas. Igual que la de Jane. A veces piensa que debieron tener un accidente simultáneo que les provocó esa amnesia selectiva.

Porque tanto Jane como Walter son capaces de recordar sus infancias. Sus padres, sus hermanos, las localidades donde crecieron. Todo se pone confuso desde que se conocen. Saben que están enamorados. Saben que han sido felices. Saben que Jane se cayó al mar durante el día de su boda y que estuvo a punto de ahogarse. Saben muchas cosas, pero todo se vuelve turbio y confuso cuando tratan de recordar los años intermedios. Entre la boda y Australia. Es como si le faltara algo no solo en el cerebro, también en el corazón.

—¡Vamos, ya está aquí!

La voz de la matrona suena firme y relajada al mismo tiempo. Jane hace un último esfuerzo y puede sentir como su pequeño bebé se escapa de su cuerpo. Es una sensación nueva e irrepetible, aunque siente que no es la primera vez que le pasa. Una congoja tremenda se le instala en la garganta hasta que escucha el llanto de Shylock y se convierte en la mujer más dichosa sobre la faz de la tierra.

—Aquí está tu niño, Jane. Enhorabuena.

Lo deposita sobre su pecho. A Jane le tiemblan las manos mientras acaricia su piel y aspira su aroma. Lo siente removerse, diminuto y delicado, y besa su cabeza. Es tan suave, tan precioso, tan suyo. Lo quiere con toda la fuerza de su corazón. Sabe que está preparada para morir y para matar por él. Ve la mano de Walter posándose en la pequeña espalda, abarcándolo todo. Nunca olvidará ese momento. Aunque viva mil años.

—Está todo bien, ¿verdad?

La matrona asiente. El bebé gruñe. Pronto se lo llevarán para limpiarlo, para que lo examine un pediatra. Jane lo disfruta hasta entonces. Aprieta la mano de Walter.

—Mira lo que hemos hecho.

—Nos merecemos una medalla por esto, Jane.

Se ríen. Son dichosos. No necesitan nada más.


Hermione lleva un buen rato llorando. Ron le da unos toquecitos en la espalda, sin saber muy bien qué hacer. Consolar nunca ha sido lo suyo. No puede revertir los efectos del hechizo desmemorizador. Sus padres nunca recuperarán la memoria. No sabrán que es su hija. La han olvidado para siempre.

—¿Por qué no hablas con ellos y les explicas todo?

No está segura de que sea lo más correcto. Los Granger parecen ser felices en compañía de su bebé. Tienen una casa bonita y una vida plena. Hermione sabe que les ha hecho daño en el pasado. Se arrepiente de haberles borrado la memoria sin su consentimiento. No desea herirles otra vez.

—No puedo. Les destrozaría.

Saber que es su hija y no poder recordarlo. No quiere ni imaginar el dolor que sentirán, los reproches que le harán. La incomprensión, la impotencia. Los quiere a su lado, pero no puede ser así de egoísta. Ya no.

—¿Y tu hermano?

Es raro pensar en ese bebé. Se parece a ella cuando era pequeña. Es posible que en el futuro tenga magia, aunque complicado. No es nada habitual que dos hermanos nacidos de muggles tengan el don. Cuando era niña, Hermione no quería tener un hermanito. No consideraba que un bebé fuese nada interesante. Ahora, siente como se le estruja el corazón.

Niega con la cabeza. No puede usar a Shylock como excusa para acercarse a sus padres. No puede ir y decirles que a lo mejor él también es mago y crear así un nexo de unión.

—Estaré atenta. Vendré a Australia de vez en cuando. Si algún día demuestra que tiene magia, entonces me plantearé actuar de otra manera.

Sólo espera que ellos puedan entenderla. Siempre ha querido lo mejor para sus padres. Los quiere.

Ron le da un apretón en los hombros.

—¿Estás segura?

Asiente. Su viaje a las antípodas ha resultado ser un desastre, pero está convencida de que hace lo correcto. La familia Granger se merece tener un futuro sin su intromisión. Hermione necesita seguir adelante. Lo que pueda pasar en el futuro, nadie lo sabe.