El inicio de la relación de Shidou y Ellen en esya historia.


El primer paso


Había ya pasado un tiempo desde que Ellen y Shidou se dieron su primer beso. Esa noche los dos estuvieron en silencio, sonriendo para el otro mientras pensaban en lo que había sucedido.

Desde que ella salió de DEM, su visión de la vida se había modificado. Recordaba lo que era tener una familia, lo que era ser esperada por alguien y recibir elogios comunes, pero cariñosos de parte de aquellas personas que te apreciaban. No entendía muy bien el cómo desarrolló estos sentimientos, pero sabía que le estaban haciendo bien a su ya roto corazón.

Hoy tocaba que la mano derecha de la comandante Itsuka las revisara a todas, incluyéndola. No conocía mucho sobre Reine, aunque se le hacía familiar su rostro. Para ser una persona con edad similar a la de ella, parecía tener un gusto por cosas tan simples como un café preparado exclusivamente por su "shin".

—No puedo creer que tengamos que hacer exámenes físicos—declaró la mujer de ojos amatistas mientras se quitaba todas sus prendas en frente de Tohka y de Yoshino—. ¿Desde hace cuánto hacen esto? ¿Acaso sucedió algo con alguna de ustedes y esos poderes que poseen?

—Anteriormente, Kurumi perdió sus manos contra un clon suyo la cuál reclamaba ser la original; ella quedó tan devastada por esa pérdida que no podía hacer nada, ni siquiera Shidou era capaz de hacer algo por ella en ese estado—explicó Tohka, quien tomaba unas sandalias que Reine les había pasado—. Aún después de que ella las recuperó, tuvieron que hacerle exámenes debido a su deteriorada condición.

—E-Entiendo.

Para Ellen, quien no conocía mucho de Kurumi, sentía pena por ella.

—Por eso es que ella es tan reservada, ¿No es así?

—Ella aún no ha podido superar esa derrota, pero con el tiempo lo hará.

Aquella actitud tan positiva de Tohka impresionaba mucho a Ellen. Durante su estancia en DEM, Ike trató de corromperla a fin de liberar nuevamente todo su poder como aquella ocasión después de "asesinar" a Itsuka Shidou.

El resultado de dicho acto fue la inversión del espíritu, rompiendo por completo el esquema de poder que venían teorizando. Incluso ahora, parecía que ella nunca se invirtió, pero sabe que lo hizo y lo peligroso que había sido experimentar con ella de esa manera.

—¿Acaso a Ellen-san le gusta el joven cuerpo de Tohka?

—¡Y-Yoshinon!

Una gran ira surgió de Ellen. Hace tiempo que la marioneta no había hablado, lo cual se le hizo muy extraño. Al girar su cabeza, pudo ver como esta intentaba pedirle a Yoshino que se fuera a la protección de Itsuka Shidou, pero la pequeña la ignoró y nuevamente dejó que ella pudiera torturarla.

—Gracias, Yoshino.

La lluvia caía en toda la ciudad de Tengu. Parecía que el cielo lloraba, un paisaje lleno de tristeza y pena, pero que llenaba de vida a la Tierra. Las personas corrían de un lado a otro esperando encontrar refugio del líquido que forjó la vida en el mundo.

El sonido de las gotas de agua impactando contra el asfalto era ensordecedor hasta cierto punto. Un olor a tierra húmeda podía ser percibido perfectamente. El clima perfecto para pasar el tiempo en casa resguardado.

Cerca de las calles de la ciudad, en los suburbios, un joven corría intentando protegerse de la lluvia. Usaba su mochila como una especie de paraguas que apenas y servía para protegerlo.

—Demonios, no fue bueno regresar por los apuntes de química—murmuró el joven mientras buscaba con sus ojos algún bordo de alguna casa para protegerse—, justo tenía que pasar cerca de la zona donde vivo… en donde hay un gran parque.

Ese chico, quien llevaba el uniforme del Instituto Raizen, era Itsuka Shidou.

—A veces desearía cargar mi comunicador para estas situaciones—declaró con molestia mientras buscaba algún refugio en el parque al cuál había llegado—. Falta poco para llegar a mi casa y la lluvia no da señales de detenerse.

Inspeccionando un poco más; notó uno de los juegos en donde él y su hermanita solían jugar cuando eran más chicos.

Sabiendo que no había otra opción, decidió correr hacia el juego.

Al llegar dentro por fin sintió un alivio. Ya había pasado un rato tratando de no mojarse del todo, cosa que había fracasado al llegar a su vecindario. Dando un suspiro, por fin pudo tomarse un momento para descansar.

—Itsuka Shidou…

Los ojos del chico se abrieron de golpe ante la voz que había escuchado.

Frente a él se encontraba la mujer que había provocado mucho dolor a él y a su familia.

—Ellen…

Shidou no podía creer que el mundo jugara así en su contra. Tenía que haber otra persona que pensara en la misma idea que él y que dicha persona resultara ser la maga más poderosa del mundo.

—¡Ellen! —gritó Shidou horrorizado mientras tomaba su mochila para protegerse—. ¡¿Q-Qué haces aquí?! ¡¿Me seguiste todo este tiempo para intentar matarme?! —su miedo estaba justificado, ella podía llegar a hacer cualquier cosa que Wescott le pidiera con el fin de cumplir sus planes.

—Yo no hice nada de eso—respondió ella con una voz apagada—. No tiene sentido que lo haga más.

—¿Eh?

El joven Itsuka decidió bajar su mochila para ver mejor a la mujer. Ambos estaban en lados opuestos del juego empapados por el torrencial que había llegado. Fue entonces que él pudo notar que ella no se encontraba bien.

Algo le había pasado. Podía notarlo por la ropa la cual estaba bastante sucia y la ausencia de uno de sus tacones el cual no parecía estar con ella. Tenía un deseo de preguntar qué había pasado, pero la actitud áspera que la mujer mostró con el tiempo le indicaba que no era lo mejor.

El tiempo pasó y parecía que no iba a parar de llover. No había otro sonido en aquel sitio salvo el del gris ambiente que los acompañaba. Parecía que estarían estancados sin poder decir nada para romper esa pared que los separaba.

Un gruñido.

Un gruñido se había escuchado. Un gruñido había sido escuchado por ambos, pero este no provenía del chico…

Las mejillas de la mujer se colorearon de un tono rojizo. Ella era a quién le gruñía el estómago y la pena de que algo así pasara la comenzaba a molestar. Lanzó una mirada furiosa en contra del joven en un intento por cortar con esta situación y así regresar al incómodo silencio, pero aquello no fue así.

—Ellen

—No hables

—Ellen, sé que tienes hambre y si deseas puedo compartir mis almuerzos contigo.

Ese comentario había captado la atención de ella. Se refirió en plural, por lo que se trataba de más de un almuerzo. Ahora era el turno de ella de abrir los ojos en sorpresa al ver la cantidad de almuerzos que se hallaban dentro de la mochila del joven Itsuka.

Esto debía ser obra de los espíritus. Esas chicas en verdad demostraban mucho amor por él.

—Creo que podemos comer un poco, de todos modos esta lluvia continua y estaremos aquí un buen tiempo antes de que pare.

Aún cuando ella intentaba negarse ante dicha idea, su estómago seguía exigiendo alimento. Con toda la pena del mundo, Ellen tomó uno de los estuches de Bento el cual abrió llevándose una grata sorpresa.

Adentro del recipiente se hallaba un exquisito arroz acompañado por un omelette rebanado junto a una salsa de tomate dulce cuyo aroma hacía sonrojar a la mujer. ¿Acaso ellas eran capaces de hacer esto por él? Incluso parecía una comida de uno de los restaurantes más finos de Japón.

—Tohka los preparó.

—Ya veo.

Con un poco de duda, Ellen tomó un poco de arroz para sumergirlo en la salsa. Tenía su desconfianza, pero su estómago una vez más gritó por comida. Al llevar el arroz a su boca, una sensación agradable provocó que esbozara una gran sonrisa e hiciera murmullos cargados de alegría.

Esto sorprendió mucho a Shidou. Nunca antes la había visto con un semblante tan alegre y genuino. Sin duda la comida de Tohka era especial, pero entendía que había algo más para dicha reacción de parte de la mujer y eso algo tenía que ver con su apariencia descuidada.

Ellen pronto se dio cuenta de lo que hacía, apenándose por ello. Siguió comiendo un poco más, en silencio mientras veía de vez en cuando al chico Itsuka. No estaba segura si era por un efecto de la comida, pero notó una mirada tranquila y cálida la cual iba dirigida hacía ella. Esto provocó que se pasara un poco de comida sin masticar lo que derivó en un ataque de tos.

—¡Ellen! —exclamó el chico preocupado a la vez que se levantaba para ir a sujetarla por detrás de manera que ella pudiera ver al suelo—. ¡Tose y deja que salga todo!

La rubia hizo caso a las palabras y comenzó a r con más fuerza. Pronto salieron los pequeños granos de arroz que provocaron todo esto. Sin embargo, esto no terminó así y fue entonces que Shidou se dio cuenta de que algo andaba mal con Ellen.

—Itsuka, yo… —antes de poder terminar, ella vómito de forma brusca y sin avisar.

Nada estaba bien con ella.

Tras regresar tres veces el contenido de su estómago, Ellen colapsó y dejó caer su cuerpo sobre el de Shidou a la vez que gruesas lágrimas se formaban en sus ojos con el fin de bajar por su enrojecido y arruinado rostro.

Los sollozos de la mujer pronto hicieron que el joven Itsuka sintiera una necesidad de abrazarla. No pidió permiso, mucho menos se sintió temeroso por su acción. Su brazo izquierdo atrapó el costado derecho de Ellen mientras que su brazo derecho tomaba su cabeza para acercarla a su pecho.

―Soy un asco… ―musitó ella entre sollozos.

―Ellen, no digas eso.

―¡Es la verdad! ¡Es la jodida verdad sobre mí!

Shido no sabía porque ella había reaccionado de forma violenta, pero algo le decía que esto tenía que ver con DEM y ese sujeto llamado Isaac Wescott. Mana le había advertido hace tiempo sobre la precaria relación que ambos adultos llevaban, lo frágil que era y lo misteriosa que podía llegar a ser para los ojos él o de cualquier otro.

A ella se le había asignado una tarea. Desde que se enteró de su verdadera naturaleza, se las ha ingeniado para salvar a todas las chicas de caer en manos de aquella organización liderada por Wescott. Esto significaba que debía lidiar con ella también, pero en el fondo detestaba tener cada encuentro donde de alguna forma salía bien librado porque aquello significaba que Ellen recibiría una amonestación.

Origami se lo explicó en su momento. No le importaba la vida de Ellen, sería bueno para Origami que ella no estuviera presente. Sin embargo, no podía dejar de preocuparse tras ser explicado por su amiga sobre lo que significaba un castigo militar o bien, un castigo dado a aquellos subordinados cuyos fracasos han sobrepasado la media permitida.

―Me sacó de DEM―murmuró ella, temblando producto de todo lo que había pasado.

Shido entendía que lo mejor que podía hacer era escuchar.

―Cuando liberaste a Nightmare, Ike me dijo que ya no le era de utilidad y usó a las Nibecol en mí para sacarme de ahí―el dolor en sus palabras era transmitido hacia el joven estudiante quien trataba de aliviar aquello que ya había sido herido―. Me dijo que jamás fui algo para ella, solo una herramienta más y que me dejaba vivir como signo de aquella utilidad que alguna vez vio en mí. Me desechó, me maltrató para dejarme vagando por las calles sola y sin nada con lo cual vivir.

―Ellen, lo lamento…

―Quiero odiarte por todo lo que hiciste―declaró ella, la rabia era evidente―. Quisiera matarte, hacerlo para que él esté feliz, pero sé que eso no cambiaría nada.

Ellen cerró sus ojos para así ganar algo de calma. Esa ira que lleva en su interior debía apagarse. No estaba en condiciones de reprochar nada en el estado en que se encontraba, mucho menos por las acciones que el joven realizó las cuales ella también haría si fueran con el fin de proteger a Ike como siempre lo había hecho.

―Sé que me odias, no podré cambiar eso―ahora era el turno de Shido para poder hablar―. Desde que conocí a Tohka, no he dejado de cuestionarme una y otra vez si hago lo correcto. Tengo mis dudas, siempre las tengo y eso es algo con lo que lidiaré siempre. He visto lo mejor y peor de muchas personas, incluyéndome.

A veces hay cosas que vamos a romper, pero que por más que busquemos restaurar no van a quedar igual. Deseamos con todo el corazón cambiarlo, pero aquello no se puede reescribir. Retroceder el tiempo tampoco ayudará si las emociones siguen ahí junto a las acciones ya establecidas. Debemos aprender a lidiar con todo eso, pero nunca solos.

Las palabras que dijo Shido estaban llenas de sabiduría. No parecían las de un típico joven adolescente, sino de alguien que ya ha experimentado por cuenta propia el dolor de todos los demás y que ha conseguido hacerse con un poco para ayudarlos a aliviar aquel sentimiento que los detiene de ser felices.

―¿Puedes ayudarme a sanar este dolor?

―No sé si sanará, pero estaré ahí para ti, Ellen.

Los ojos amatistas de la mujer nuevamente se llenaron de lágrimas. No entendía nada de lo que ahora sentía, pero estando en brazos del joven Itsuka por fin podía sacar todo ese dolor que llevaba en su interior.

―Gracias, Itsuka Shido.