Vamos, se siente muy hermoso imaginarlos.


Dulces Besos


Dulces Besos

Ellen Mira Mathers no era una mujer común, ella era alguien que posee una gran fuerza y vitalidad. Dichas fortalezas le servían a la hora de combatir contra seres cuya existencia era una anomalía. Ella era la más poderosa y nunca se dejaría intimidar por nadie.

―S-Shido… ¿Cómo me veo?

―Ya te lo he dicho, te ves hermosa siempre que usas tu suéter celeste.

―¿N-No me veo gorda?

Sin embargo, cuando se trataba de Itsuka Shido, la historia cambiaba.

―Ellen, ya te lo he dicho―dijo él en un tono suave―, siempre te verás linda con lo que te pongas, incluso si es una pijama―sus palabras tuvieron un efecto positivo en la joven mujer puesto que recibió un abrazo de su parte.

―Eres demasiado dulce para mí, me vas a enfermar―declaró ella mientras reposaba su rostro en el cuello de su pareja moviéndolo de lado a lado―. Te amo…

Para el joven Itsuka esto era algo hermoso. No era inusual que ella actuara de esa forma. Adoraba cuando su dulce Ellen se mostraba como una joven enamorada en vez de aquella mujer que buscaba aniquilar espíritus a diestra y siniestra.

No supo cómo terminaron acercándose, sin duda fue la suerte, pero al final estaban juntos y eso era lo que más importaba.

―Papá y mamá vendrán de visita esta noche, solo serán unas cuantas horas antes de que partan nuevamente a Europa.

―¡Y me lo dices ahora! ¡Quieres verme sufrir!

―Ellen… te lo dije este mañana, además puedes usar mis vestidos.

―Sabes, aún no me acostumbro a que uses vestidos que se ven más hermoso en ti que en mí―comentó ella mientras despegaba su rostro del cuello de su amado novio para verlo directo a los ojos―. Debes buscar ropa que me quede a mí, no a ti.

Shido sonrió ante lo bella que se veía Ellen haciendo pucheros. Era su ángel.