Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes pertenecen a Hiro Mashima.


-Changes-


Laxus entró en su casa completamente agotado. La misión había sido larga, extenuante, y solo quería llegar y dormir, después de tal vez bañarse. Se quitó los zapatos en la entrada y suspiró. Sabía que los planes que tenían eran esos, pero que había una persona que se los desmoronaría por completo. Sonrió. Realmente, no le importaba.

Su hijo no tardó en aparecer corriendo por el pasillo y Laxus se agachó para llegar a su altura.

—¡Papá, te he echado mucho de menos! —exclamó el niño emocionado mientras abrazaba a su padre.

Laxus le revolvió el pelo rubio ligeramente. Lo miró atentamente. Se parecía mucho a él y no solo en el físico, sino que también tenía la misma personalidad que él tenía cuando era pequeño. Sin embargo, sus ojos, azules e insondables, y una cierta tendencia a preocuparse demasiado por los demás delataban quién era su madre.

Makt tenía cuatro años, pero era un niño vigoroso y algo travieso. Su padre, en cierto modo, era su cómplice, porque cuando hacía enfadar a Mirajane era Laxus quien intentaba tranquilizarla y que le acortara el castigo. Todo el mundo podría pensar que el hombre era el más estricto, pero a quien Makt le tenía miedo de verdad cuando se enfadaba era a su madre, sin duda alguna.

—¿Dónde está mamá?

—En la cocina —dijo el niño mientras empezaba a caminar por el pasillo seguido de su madre—. Esta misión ha sido demasiado larga… —susurró el niño con vergüenza, deteniéndose y dándose la vuelta para mirarlo. Estaba muy apegado a su padre y cuando estaba algunas semanas sin verlo, su estado de ánimo decaía considerablemente.

—Sí, ha sido un poco más larga de lo normal. Pero ya estoy aquí, así que vamos a ver qué está cocinando mamá, ¿vale?

—¡Vale! —gritó Makt emocionado.

Al llegar a la cocina, Laxus vio la espalda de Mirajane. Seguía llevando el cabello largo, su carácter era exactamente igual y él no podía sentirse más orgulloso de ser su esposo, de que ella, increíblemente, lo hubiera elegido como compañero de vida.

—¡Mami, papá ya está en casa!

Mirajane se dio la vuelta y sonrió. Después, se secó las manos con el delantal y se acercó a Laxus, que también la miraba mientras le sonreía.

—Bienvenido a casa.

Se dieron un beso corto en los labios y Laxus le acarició la espalda. Se sentía tan bien ese tipo de bienvenida que no la creía siquiera posible. En sus años más oscuros, nunca se imaginó con el tipo de vida que actualmente tenía. Ahora todo era calma, paz, sensaciones esperanzadoras y un futuro maravilloso con su familia. No podía pedir más perfección. Y todo eso solo se lo debía a una persona: a Mirajane. Ella había sido la única que había confiado en él, la única que lo arrastró fuera de las tinieblas y que le abrió completamente su corazón, aun a riesgo de quedar completamente expuesta y salir lastimada.

Sin embargo, Laxus había cambiado mucho y supo ver todo lo que ella le estaba ofreciendo. Y no dejó escapar aquella oportunidad de oro que la vida le había puesto en el camino.

—Voy a ir a darme un baño, ¿de acuerdo?

—Claro. Mientras, acabo de hacer la cena y Makt pone la mesa.

—¿Eh? ¿Por qué yo? —rechistó el niño mientras fruncía el ceño.

—Porque yo lo digo —ordenó Mirajane y ahí se acabó la conversación.

Laxus se rio ligeramente y después sintió a su mujer empujándole la espalda para que se fuera.


La cena transcurrió entre un ambiente cálido. Laxus les contó a Mirajane y a Makt cómo había ido su misión, mientras al niño se le iluminaban los ojos de emoción. Tenía muchas ganas de ser mago. Le encantaban las historias que sus padres siempre le contaban y estaba deseando ser él quien fuera el protagonista de esas aventuras.

—Bueno, creo que ya es hora de dormir.

—Esperad. Antes de dormir, quiero contaros una cosa a los dos —interrumpió Mira antes de que los chicos se levantaran para marcharse. Se quedaron mirándola extrañados y más aún cuando ella suspiró antes de continuar hablando—. Estoy embarazada —confesó, primero mirando a su marido—. Makt, vas a tener un hermanito.

El pequeño se levantó de la silla para ir a abrazar a su madre. Estaba tan contento que las palabras casi ni le salían. Mira recordó una conversación que habían tenido hacía casi un año, en la que Makt le había dicho que quería tener un hermano y ella simplemente le dijo que tendría que esperar porque no sabía si su padre querría.

Y como no sabía ni ella misma cómo había reaccionado Laxus, lo miró mientras le acariciaba el cabello a su hijo. Se le veía serio, pero no enfadado ni molesto, ni siquiera nervioso por la noticia. Entonces, ¿a qué venía esa actitud?

Mira y Makt estuvieron hablando algunos minutos más hasta que Laxus miró el reloj de la cocina y señaló que se estaba haciendo tarde. Fue a acompañar a su hijo a su cuarto y Mirajane se fue hacia su habitación. Se cambió, destapó la cama y se tumbó mientras esperaba a su marido.

Escuchó unos pasos. Solo tenía encendida una luz, así que no podía ver demasiado bien el rostro de Laxus, pero sí lo vio entrando y después, cambiándose también y tumbándose a su lado. Seguía callado.

Con el embarazo de Makt tampoco tuvo una buena reacción. Y realmente lo podía comprender. Su padre no había sido una buena referencia, pero él ya había tenido un hijo y era un buen padre, así que la decepcionó un poco. No pudo más con aquel inaguantable silencio, así que habló.

—Laxus, ¿estás bien?

El hombre se colocó de lado sobre la cama y, sin mediar palabra, la abrazó, escondiendo su rostro en el hueco que se formaba entre su cuello y su hombro. Le acarició la espalda continuamente, le besó el cuello y la escuchó suspirar aliviada.

La sorpresa se había apoderado de todo su ser, produciendo un desconcierto gigante ante la noticia, pero estaba muy feliz. Mirajane era el amor de su vida y la idea de que la familia creciera le encantaba, solo que no había sabido cómo expresarlo cuando lo supo y tampoco quería que Makt viera su faceta más frágil, esa que solo le permitía ver a Mira.

—Gracias, Mira… Muchas gracias por todo.


Makt apartó el oído del vientre de su madre. Podría estar, literalmente, horas escuchando a su hermano y sintiendo las patadas que daba. Se separó un momento y se quedó mirándola con asombro.

—Mamá, tu barriga es muy grande. Mi hermano va a ser muy alto como papá.

Mirajane sonrió por el comentario. De hecho, él probablemente iba a ser bastante alto como su padre, ya que se parecían mucho.

—¿Quieres que sea un niño o una niña?

—¡Un niño!

—¿Y eso por qué? —preguntó Laxus mientras entraba a la sala donde se encontraban su esposa y su hijo.

—Pues para jugar.

—También se puede jugar con una niña.

—Pero con una niña no se puede jugar igual.

—Yo no opino eso, pero bueno.

—¿Tú quieres que sea una niña, papá?

Laxus se puso la mano en el mentón y fingió pensarlo un buen rato mientras miraba hacia el techo.

—Mmm… Puede ser.

Mirajane se extrañó un poco por aquellas palabras. A ella personalmente le daba igual si era niño o niña, lo único que le importaba era que ese bebé era su hijo, era hijo de Laxus y hermano de Makt. Y con eso le bastaba.

Eso sí, si resultaba ser una chica, tendría que tener mucho cuidado cuando decidiera empezar a salir con chicos en el futuro.


Dai nació un día de verano, en el que el sol apretaba con fuerza. El niño fue un poco más pequeño que Makt cuando nació. Sus ojos y su cabello eran del mismo color que los de Mirajane, pero también había heredado algunos rasgos del rostro de su padre.

Makt se esforzaba mucho por ser un buen hermano mayor. Intentaba siempre ayudar a sus padres cuidándolo y jugando con él. Volver a casa con un nuevo integrante de la familia fue algo extraño, pero todos se acostumbraron pronto y los meses fueron pasando de forma irremediable.

Aquel día de otoño, se encontraban en el jardín trasero de la casa. Mirajane miró a Laxus y a Dai. El niño estaba dando sus primeros pasos mientras su padre le sujetaba las manos para que no se cayese. De repente, las soltó, poniéndolas esta vez en su abdomen y espalda pero sin llegar a tocarlo, por si se caía y tenía que reaccionar rápido.

Laxus como padre era su absoluta debilidad. Podría haber cometido muchos errores en el pasado, pero era un hombre nuevo y se desvivía por sus hijos. Era el mejor padre que había conocido jamás, por eso le resultaba imposible no sentir un pellizco de felicidad en el estómago cada vez que los veía juntos.

Makt se unió y Mira se quedó sentada, mirándolos desde la distancia. Deseó poder congelar el tiempo en ese instante, pero sabía que aquello no sería posible, así que optó por guardar en su memoria ese maravilloso recuerdo, junto con todos los que ya había experimentado y todos los que les quedaba por vivir.


FIN


Nota de la autora:

Me alegra mucho haber vuelto a escribir miraxus. Es una pareja bonita y que necesita más contenido y reconocimiento en general, así que aquí estoy yo para aportar un poquito. Espero que os haya gustado.

¡Gracias por leer!