Con la excusa de que necesitaba estar sola un momento, una vez que Grimm se marchó, trabé la puerta y me senté en el suelo, la cabeza entre las rodillas. Ni siquiera el hambre me arrancaría de allí. Si tuviera el poder de Toshiro, haría explotar ese plato de bocadillos y me aseguraría de que aterrizara en su cara. Pero lo único que tenía era un don que no funcionaba demasiado bien en él y ni siquiera me daba el tiempo suficiente para escapar.
Alguien llamó a la puerta.
-Karin, ¿te encuentras bien? -me preguntó Toshiro.
Golpeé la cabeza suavemente contra la madera que estaba a mis espaldas.
-Mira, lamento haberlo dicho de esa forma. Yo le cuento todo a mis hermanos... somos muy unidos. Debería haber pensado en ti.
-Sin ninguna duda.
-Si a mí no me importa, a él tampoco. Me refiero a lo de robar.
Felicitaciones. Dios, estaba tan cansada de todo esto.
Quedaba claro que, a la hora de tratar con chicas, Toshiro todavía tenía mucho que aprender si pensaba que esa disculpa suavizaría mi mal humor. Una llama finita se deslizó por debajo de la puerta y luego dio una vuelta hasta convertirse en una bolita de fuego. ¿Estaba intentando quemarme? Lancé un grito ahogado y retrocedí, pero luego percibí que la alfombra ni siquiera estaba chamuscada.
-Para ti -dijo Toshiro en voz baja.
La bola comenzó a girar más rápido y después se dividió en tres esferas distintas, una de llama amarilla, otra blanca y otra azul, como un fuego de gas: tres planetas pequeños girando unos alrededor de los otros. De pronto se abrieron hasta tomar la forma de capullos apunto de florecer. Se detuvieron delante de mis pies como lirios en un estanque, antes de morir dejando apenas un tenue olor a humo. Nada se arruinó, ni siquiera apareció una mancha de hollín en el suelo.
Estaba azorada: nadie me había regalado flores jamás. Eso había sido maravilloso. Nunca había imaginado que, con mis poderes, pudiera crear algo hermoso, pero Toshiro debía haber dedicado mucho tiempo a perfeccionar su habilidad para lograr semejante belleza.
-Sal cuando estés lista -dijo y regresó a la cocina.
Me quedé sentada unos minutos más mientras pasaba la mano por la alfombra. Permanecer encerrada en el baño de Toshiro no era un buen plan: tarde o temprano, tendría que salir. Cuanto más tiempo estuviera allí, más difícil sería. Abrí la puerta despacio y salí al pasillo.
La entrada de la cocina se hallaba en línea diagonal frente al baño. Podía oír la conversación entre los dos hermanos sin que ellos me vieran. No tuve ningún reparo en escuchar a escondidas: antes de decidir el paso siguiente, tenía que averiguar qué pensaban de mí.
-Hermanito, lo único que te puedo decir es que, después de años de llevar una vida intachable, una vez que te metes en problemas, lo haces a lo grande -Grimm se sirvió un vaso de agua del dispenser del refrigerador, que era del tamaño de una nave espacial. El hielo cayó en el vaso con el chirrido de una máquina-. Si hubiera sido Ichigo, Ulquiorra o Byakuya, lo habría entendido, ¡pero tú!
-Uno no elige a si alma gemela -la voz de Toshiro sonó más lejana: supuse que se encontraría en el extremo más alejado de la cocina.
-¿Estás seguro de que se trata de ella? Quiero decir que no parece una pareja muy apropiada para ti, como Ichigo y Rukia.
-Vamos Grimm, al principio lo de ellos tampoco era tan evidente... fueron creciendo juntos -Toshiro estaba cada vez más a la defensiva-. Con nosotros ocurrirá lo mismo.
-Es una expresión de deseos. No dijiste que estuvieras seguro. Sin ofender, Shiro, pero sé que no has salido con muchas chicas y pensé que, tal vez, habrías confundido las cosas -algo explotó y escuché que Grimm maldecía mientras apagaba unas llamas-. ¡Rayos, acabas de prender fuego a mi croissant!
-¡Déjate de decir tonterías, Grimmjow! ¡Solo porque no soy el gran campeón de las conquistas como tú! Yo sé lo que siento cuando veo a una chica y te digo que esto es completamente distinto... es otra órbita. Cuando me respondió por telepatía, fue como una revelación. Más que eso... como si todo mi centro de gravedad se hubiera desplazado hacia ella, ¿entiendes?
-No, no entiendo... ¿Acaso yo encontré a mi alma gemela?
-Lo siento -la puerta de la alacena se cerró con fuerza.
-Está bien. No me ofendí. Pero es que ella... no es lo que esperaba. Tiene un aspecto extraño: esos lentes raros y ropa parecida a la que podría usar nuestra abuela. Pensé que debería existir una especie de química especial entre las almas gemelas.
-Supongo que sí -una silla se arrastró por el suelo-. Ayer tenía un aspecto muy diferente... no tengo idea de cual es su verdadera identidad. Creo que esto es demasiado para mí. Ella tiene problemas... y más problemas debajo de esos problemas. No habla mucho de sí misma: hasta ahora solo sé su nombre y que nunca fue a la escuela.
-Y que es una ladrona profesional... no olvides ese detalle. Si tienes en cuenta la otra razón por la cual nos hallamos aquí, ¿no crees que sea raro que ella te haya elegido como objetivo?
¿La otra razón? Me apoyé contra la pared.
-Sí, lo sé: tendremos que preguntarle acerca de eso. Lo haré, pero en este momento es todo tan complicado. Ella no confía en mí. ¿A qué hora vuelve Byakuya de su reunión en Scotland Yard?
-Alrededor de las seis. Tienes cinco horas para decidir si ella será un peligro para nuestra seguridad o no, luego tendremos que dejar que él la investigue.
-A ella no le agradará.
Muy cierto. A ella no le gustaba nada cómo sonaba eso. Ella había decidido que saldría por la puerta principal ante la primera mención de la policía. Me deslicé hacia atrás esperando que la alfombra absorbiera el sonido de mis pisadas. La puerta estaba cerrada con varios cerrojos. Podía abrirlos todos menos el de más arriba, que estaba fuera de mi alcance. Eché un vistazo a mi alrededor buscando dónde treparme, pero ese apartamento tan moderno no tenía muebles normales sino estantes de vidrio amurados a la pared.
-¿Pensabas ir a algún lado? -Toshiro se encontraba en la puerta de la cocina observando mis desesperados intentos de llegar al cerrojo más alto.
No tenía derecho de mantenerme prisionera.
-Sí, a casa -di un salto, mis dedos rozaron el pasador, pero no se movió.
Toshiro caminó lentamente hacia mí.
-¿Y dónde queda tu casa? Creo que no lo mencionaste.
-Es cierto: no lo hice -pateé la puerta y dejé una marca negra en el lustre inmaculado.
-Todavía no almorzaste- Toshiro se estiró por encima de mi cabeza y corrió el pasador.
-No tengo hambre -no podía creer que me dejara ir.
Eso es mentira.
¿Qué? ¿Ahora lees la mente? Arrugué la nariz en señal de desprecio: era yo la que poseía ese tipo de don. No tenía menor idea de lo que mi mente estaba pensando o no estaría tan tranquilo.
No, yo percibo energía y la tuya está peligrosamente baja. Todos tenemos un sello propio, una energía que es única y diferente. La tuya me dice que no tienes combustible en tu tanque. ¿Cuándo comiste por última vez?
Me encogí de hombros: hacía un siglo.
-Comeré algo camino a casa.
Regresó a la cocina mientras decía por encima del hombro:
-Necesitas la llave del elevador.
-Entonces bajaré por la escalera -veinte pisos: muchas gracias, amigo.
-También necesitas una llave para la escalera, a menos que quieras activar la alarma contra incendio -gritó su voz incorpórea.
Entré sigilosamente en la cocina y estiré mi mano ante los dos chicos sentados en la barra.
-¿Pueden darme la llave?
Toshiro colocó un bocadillo en la mano que le extendía.
-Come.
Ante el borde rosado del jamón, mi estómago comenzó a rugir.
-Soy vegetariana.
Grimm me arrebató el bocadillo mientras Toshiro lo reemplazaba por otro de pan multicereal con queso y vegetales.
-Come por favor.
Ofendida ante su manipulación, me dirigí hacia la ventana, me apoyé en el radiador y comencé a comer pequeños bocados. Afortunadamente, me dejaron destrozarlo tranquila: actuaban como cuidadores de un zoológico a cargo de un animal peligroso, tratando de no provocar más a la fiera. Enojada, les di la espalda. Por suerte no tenía vértigo porque la vista era increíble: se llegaba a divisar el estadio olímpico y el parque. Desde esa altura, lucía muy bonito: era una enorme mancha verde y blanca en medio de la exhausta jungla de cemento del este de Londres y del trazado zigzagueante de las avenidas y las vía del tren. Si observaba con atención, podía distinguir el complejo de viviendas municipales donde vivíamos en ese momento: eran varios hormigueros de termitas color tostado amontonados. Dudaba si considerarlo mi hogar, pero probablemente tendría que regresar allí.
Terminé mi bocadillo y me froté las manos.
-¿Vas a regresar al congreso?
-Ahora tengo cosas más importantes en que pensar- respondió Toshiro.
-Riruka y Momo estarán decepcionadas.
-¿Riruka y Momo? -rio Grimm-. Y yo que pensaba que esas conferencias eran solo para tipos que se parecieran a las marionetas de Thunderbirds. Hermano, me equivoqué completamente contigo. Debí haber prestado más atención en clase.
-No existe una relación inversa entre la belleza y la inteligencia -le disparó Toshiro a su hermano.
-Uuuhh, palabras difíciles -Grimm le lanzó una papa frita- Perdona, un tonto como yo necesita que las traduzcas.
Toshiro puso los ojos en blanco.
-Las chicas lindas también pueden ser inteligentes. De hecho, en general lo son.
-¿Y por qué no lo dijiste así la primera vez?
Eso era una estupidez: bromeaban entre ellos como si no estuviera sucediendo nada. Hola: hay una desconocida en la habitación.
-¿Otro bocadillo? -Toshiro me ofreció el plato.
-No, no quiero más.
-Todavía tienes hambre.
-Déjame en paz... ¿puede ser? Tengo que irme.
Toshirpo le echó una mirada a su hermano.
-¿Puedes hacernos café? Karin y yo tenemos que hablar. Estaremos en la sala.
-No, Karin y yo no vamos a hablar. Karin se marchará de aquí. La llave, por favor -estiré la mano y moví los dedos en un gesto de que me las alcanzaran.
-¿Preferirías té? -sugirió Grimm con calma.
-¡Vayanse a la mierda! -exclamé. Me dirigí a la barra y volqué la bandeja con monedas en busca de la llave.
-Karin, antes de que saquees la casa, creo que deberías saber que existe una sola llave para cada uno y la tenemos en el bolsillo -Toshiro volvió a dejarme sola y se encaminó hacia la sala.
-Si vas a lastimar a alguien -dijo Grimm mientras ponía agua a calentar-, preferiría que fuera mi hermano.
Jugaban conmigo y eso me enfureció. Consumida por la ira, salí con paso firme detrás de Toshiro. Tan pronto como entré en la sala y llené los pulmones para gritarle, él se abalanzó sobre mí desde atrás de la puerta y me arrojó sobre el sofá, inmovilizando mis manos a los costados con su cuerpo. Una parte traicionera de mí quería enlazar los brazos alrededor de su cuello, atraerlo y besarlo, pero la indignada mayoría manifestó su deseo de escapar.
Toshiro aplastó cualquier intento de rebelión con el sencillo método de hacerme soportar todo el peso de su cuerpo.
-Muy bien, esta parece ser la única forma de lograr que me escuches, de modo que tengo que hacerlo así.
Cerré los ojos, pero ya había alcanzado a distinguir su esquema mental, que se equiparaba al mío en su ardiente intensidad.
Dentro de su cabeza no había ninguna intención de seducirme, solo había descubierto que, lógicamente, ese era el método más rápido para terminar con mis intentos de fuga. El hecho de que el contacto de los cuerpos se estuviera transformando en algo diferente lo había tomando por sorpresa. Avergonzado, pero con determinación, levantó su peso con los brazos.
-Puedes tomar un café conmigo como una persona civilizada mientras decidimos qué hacer o puedo utilizar la fuerza. -¿Utilizar la fuerza? no pude evitar un estremecimiento. Al vivir con el Adivino, sabía muy bien lo que eso significaba.
Ya me parecía que Toshiro era demasiado bueno para ser real. Si raspas un poco la superficie de cualquier ser humano, la bestia siempre aparece.
-Por favor, yo... yo hablaré contigo. No me lastimes.
Dejó caer la frente sobre la mía y la tensión se esfumó de su cuerpo.
-Karin, no voy a lastimarte. Ni lo pienses -se movió hacia atrás para permitir que me enderezara-. Solo quería decir que esperaríamos que Byakuya regresara. Es uno de mis hermanos mayores y es bueno consiguiendo respuestas de la gente: ese es su don. Pero ninguno de nosotros te haría daño; solamente queremos ayudarte.
Me doblé sobre mis piernas enroscadas.
-Sí, claro.
Toshiro agitó los dedos en el aire, un gesto que empezaba a reconocer como propio de él cuando había llegado al límite. Yo lo estaba llevando allí con mucha frecuencia.
-Lo siento -susurré.
Se quitó los lentes y oprimió el puente de la nariz. Sin los anteojos que reforzaban el aspecto intelectual, se veía vulnerable y más joven... un poco como yo sin maquillaje.
-Mira, sé que estoy cometiendo errores contigo, pero si te niegas a hablar, es normal que eso suceda. Quiero que estés segura de que puedes confiar en mí. Es obvio que provienes de un ambiente difícil, ¿Por qué no compartes conmigo algo de lo que está sucediendo? ¿Qué puedes contarme de tus padres? ¿Acaso ellos son un problema? ¿No están enterados de que existen las almas gemelas?
Jalé un hilo suelto de mi horrible falda.
-Mi mamá murió hace nueve años.
-Lo lamento mucho -se aclaró la garganta-. ¿Entonces con quién vives? ¿Con tu padre?
Lancé una carcajada áspera.
-Tal vez -comenté sin más explicaciones.
-Karin...
-Está bien. Mira, vivo en una especie de grupo de savants. No permanecemos mucho tiempo en ningún lugar.
-¿Quién te cuida? Me refiero a después de que tu mamá murió y todo eso.
-Estás bromeando, ¿verdad? -según mi experiencia, las personas no se hacían cargo de los hijos de otros-. Yo me cuido sola, por supuesto. Con mi don, fui capaz de conservar mi lugar.
-¿Y qué quiere decir "conservar tu lugar"?
-Tengo que entregar lo que me piden que robe. Algo así como un alquiler.
Tomó mi mano pero la retiré.
-De acuerdo, Oliver, creo que ya voy comprendiendo. ¿Y quién es tu Fagin?
Lancé un gruñido ante la referencia a Oliver Twist: estaba muy lejos de ser una alegre pandilla de huérfanos cantores.
-En realidad, se parece más a Bill Sykes -respondí.
Diablos, ¿fui yo quien dijo eso?
Pero Toshiro había armado su trampa con mucha inteligencia Y saltó ante mi confesión.
-De modo que le temes a alguien... ¿él es quien te obliga a hacer esto?
Sí... y no. Claro que le tenía miedo: no podía recordar un solo día en que no hubiera vivido atemorizada por el vidente, pero yo tampoco era el jovencito Oliver, que se asombraba al ver que sus amigos robaban un pañuelo. Yo sabía lo que hacía cuando hurtaba y muchas veces lo disfrutaba: eso sería un impacto para él.
-Toshiro, tienes que aceptar que mi mundo no es como el tuyo. No podrías entender cómo son las cosas para mí.
-No si no me lo explicas.
Grimm apareció llevando un bandeja con dos tazas de café, leche y azúcar.
-Si me necesitan, estaré en la cocina -murmuró, seguramente más por su hermano que por mí.
-Gracias, Grimm -me alcanzó una taza y luego la jarrita de leche. Vertí hasta que el café se volvió color caramelo y luego le eché un poco de azúcar. Si mi nivel de energía estaba bajo, tenía que reponerla rápidamente para mantener la claridad-. Karin, tengo que saber por qué ayer y hoy me buscaste a mí en particular. Podría ser importante.
-Seguro. ¿Te pedí perdón por eso? No era algo personal, solo un trabajo más.
-¿Qué tipo de trabajo?
No haría mal a nadie si le explicaba cómo se habían planeado ese robo. Especialmente, si no daba nombres.
-Me mostraron tu fotografía y me dijeron que te quitara los objetos de valor que llevabas encima. Supongo que alguien quería tu iPad de última generación.
Al entornar los ojos, su recelo se esfumó y se puso a trabajar con toda seriedad.
-¿Cómo sabías eso? Su aspecto es igual al del modelo común.
-Te escuché esta mañana cuando hablabas con Mo-Ruka. Si era un secreto... no deberías andar abriendo tu bocaza en público.
-No es un secreto... al menos no ahora que solo quedó una interesante escultura moderna de la atormentada tecnología Apple -señaló un trozo de basura grisácea que deslucía el mueble de madera color miel. Ups.
-Te diría que te lo voy a pagar, pero no puedo. No tengo esa cantidad de dinero -ni nada, a menos que robara alguna cartera.
-Puedes pagarme respondiendo mis preguntas.
Tomé un sorbo de café mientras evaluaba la situación.
-¿Es necesario que hagamos esto ahora? Estoy muy cansada y no me agrada hablar de mí.
-Nunca lo hubiera imaginado -esbozó una leve sonrisa irónica. Dios mío, qué hermoso era: su rostro se parecía al de un ángel airado, un San Miguel matando al dragón, pelo blanco y lacio, ojos con un brillo de inteligencia y curiosidad. Los lentes sin armazón contribuían a acentuar la correcta impresión de que estaba frente a un chico a quien no se debía subestimar.
-Sí, lo lamento -el agotamiento me invadía lentamente.
Bostecé mientras trataba de pensar cuánto tiempo tenía. Su hermano Byakuya debería estar de regreso a las seis. Podía dormir un par de horas, dar algunas respuestas vagas y marcharme antes de que él volviera. Mi don sería más poderoso si no estaba tan exhausta y lo necesitaba para tomar la llave y escapar.
-¿Te importaría si me echo aquí un ratito? Puedes continuar con las preguntas- y yo, mientras tanto, dormiré.
-Adelante -exclamó. Pareció contento de continuar con el interrogatorio de una forma más relajada. Probablemente esperaba conseguir más respuestas.
Coloqué el café en la bandeja y luego subí las piernas.
Toshiro puso un cojín sobre su regazo.
-Estarás más cómoda de este lado -indicó con unos golpecitos.
Me pareció bien. Me quité los lentes y di la vuelta para apoyar la cabeza.
-Ya puedes abrir fuego.
Cuando se echó a reír, el cojín se sacudió justo debajo de mi mejilla.
-No deberías decirme algo así... lo tomaré como una invitación para hacer una demostración de mi poder. Tres incendios en dos días: estás completamente bajo mi control -no me hizo preguntas, sino que dejó que me quedara tumbada allí, su mano apoyada en mi cabello mientras desenganchaba varios mechones del pañuelo. Harta de la presión en la cabeza, me solté el pelo.
-¿Mejor? -preguntó mientras deslizaba los dedos por los mechones desiguales.
-Mmm.
-¿Sabías que tienes un cabello realmente suave?
Un comentario agradable.
-Pero deberías demandar a tu peluquera.
Dibujé una sonrisa sobre la tela de jean que cubría su muslo.
-Cuando me despierte, le haré llegar tu comentario.
