Ciudad Republica estaba en sus manos, era una ciudad apenas iniciando, era joven, le faltaba un líder. Y él se creía lo suficientemente apto para ser ese líder. Claro, llegar hasta donde llego no fue fácil, tuvo que ensuciarse un poco las manos. Hubo que hacer tratos y algunos trabajos para llegar hasta donde está. Pero había valido la pena.
Habían pasado solo unos dos meses desde que llego a la Ciudad, ya conocía personas, creado contactos, relaciones y encontró el mejor lugar para vivir, su vida aun no llegaba a los 35 años y ya había moldeado la ciudad a su favor y conveniencia. Lo tenía todo y a todos en su bolsillo, o al menos a la mayoría. El concejo era débil y fácil de manipular, controlaba a la mayoría, solo uno había presentado problemas.
El maestro aire que parecía no estar interesado en nada. Por lo tanto comprarlo le fue imposible, aun así ese monje no era ningún problema. Tenía a los periódicos comprados, incluso relaciones con algunos de la mafia, muy poco, con el pasado de su padre y la vida que había tenido era suficiente porquería que llevaba consigo, no necesitaba más mierda. Y menos de personas del bajo mundo.
Lo tenía todo… a excepción de ella.
El solo pensarla le enfurecía, esa mujer era otra condenada que se negaba a acepar dinero extra de tarrlok, se negaba a ayudarle en algunos asuntos extraoficiales. Se negaba a todo.
Ella no tenía precio que el pudiera pagar. Era hija de una de las heroínas del mundo, Toph Beifong, poseía en un poder y gracias a su familia una cantidad de dinero bastante tentadora. Una de las familias más adineradas de la Ciudad. También poseía relación con el Comandante de la Fuerzas Unidad, El señor del Fuego y su hermana era matriarca de un clan.
Esta mujer pudo haber tenido más poder en el mundo pero el hecho de quedar solo como Jefa de Policía le hacía entender que el poder a ella no le interesaba, parecía que nada le interesaba proteger a la ciudad con sus propias reglas. Nada que el pudiera ofrecerle ella parecía gustarle.
Trato de comprar a la policía, o al menos a sus oficiales. No resulto, todos parecían serle fiel hasta la muerte a esa mujer, que aunque generaba miedo también era capaz de dar la vida por sus oficiales.
El aún recuerda la primera vez que la vio. Fue durante una gala, personas de todas las naciones de la alta sociedad estaban reunidos allí en Ciudad Republica, en un mismo lugar, lo cual los hacia blanco de muchas mafias. Como Jefa de Policía era la encargada de la seguridad en ese momento. Recordó verla a la distancia, nunca la vio desde tan cerca como ahora y tan detalladamente. Había escuchado de ella, desde los concejales hasta de los criminales.
Todos la describían como una mujer imparable, indestructible y hasta la hacían parecen un espíritu de la justicia, se mostró escéptico al principio, después de verla no se impresiono tanto, pero luego cuando comenzó a tener más contacto con ella se dio cuenta que tenían razón. Ahora mientras la observaba, se dio cuenta del poder que emanaba de ella. Era una mujer realmente poderosa. Y el poder que tenía era más del que Tarrlok imaginada. El poder era atractivo para el joven y nuevo concejal y ella poseía mucho poder.
Lo primero que vio de ella en esa gala fue su rostro, él no sabía si había sido el licor o tal vez porque no había podido descansar bien pero le pareció hermosa, atractiva a la vista. Con sus mejillas levemente rosadas y marcadas, la cicatriz a un lado en una de sus mejillas provocaba que pareciera más dura y más hermosa (según él). Los ojos de jade, y sus labios de un rosa suave, su piel tan blanca de porcelana.
Siguió mirándola por un rato, su cabello ya no era negro, el color era menos oscuro y corto. Con ondulas, parecía un océano que caía de su cabeza. Bajo a su cuerpo, aun con su armadura, por encima noto la figura femenina que tenía, conocía perfectamente que los maestros metal doblaban su traje acorde de su cuerpo, y siendo así, esta poseía un despampanante cuerpo que decidía ocultar debajo de ese maldito traje de metal.
Recta, casi arrogante. Los ojos de la mujer vagaban por el salón, mirando que todo estuviese bien, Tarrlok se sintió idiota, él nunca había sido tímido con las mujeres. De hecho su simpatía y encanto siempre fueron su fuerte, las tenía en sus brazos antes de que se dieran cuanta, siempre supo respetarlas y darles su lugar, pero de alguna manera, sintió una pequeña chispa de odio irracional a la maestra tierra que estaba frente a él.
Decidido se acercó a ella, se la ganaría, la tendría en su bolsillo, entre sus garras. Ninguna persona le decía que no, y menos ella. La tendría de su lado, la compraría así sea con mentiras o su encanto pero ella no volvería a negarse, a humillarlo, si a él le apetecía, también la tendría en su cama.
"Jefa Beifong" llamo el, Lin giro a mirarlo
"¿Si?" dice ella, su voz tan fría provoco un escalofrió en el hombre
"Me preguntaba si podría hablar con usted en privado" Tarrlok sonrió
"¿De qué exactamente?" pregunto Lin levantando una ceja
"Por favor" llevo una mano a uno de los balcones más cercanos "sígame" Tarrlok dio el primer paso, Lin lo siguió
Caminando juntos hasta el balcón pudo notar que Tenzin a la distancia frunció el ceño, Tarrlok solo sonrió victorioso. Podría ser el nuevo, pero conocía la historia que había entre Tenzin y Lin. Y el cómo su perfecto romance se había ido en picada cuando el maestro aire decidió dejarla por una niña. DEJO A UNA HERMOSA Y PODEROSA MUJER POR UNA SIMPLE NIÑA. Él sabía que Tenzin era un idiota pero después de ver por quien la había cambiado pensó que realmente era un completo idiota.
El lado bueno es que el maestro no estaba en su camino, un obstáculo menos para poder llegar a ella.
"¿De qué quiere hablar?" pregunto Lin un segundo después de entrar al balcón
"Tan directa, me gusta" dijo Tarrlok, Lin lo miro con esa mira seria y fría "quería hablarle de mi propuesta"
"Me imagine, y así como le dije a su asistente mi respuesta es la mima: No. No pienso ayudarle" respondió Lin
Tarrlok había llevado la propuesta de crear un equipo de Elite que se encargaría de los mayores criminales del mundo, no solo de Ciudad Republica. Eso haría que el ganara puntos, pero necesitaba a la Jefa de Policía para ello.
"Debería reconsiderarlo, usted es una mujer inteligente y además hermosa, me imagino que también desea que esta ciudad esté libre de crimen" dice Tarrlok
"No pierda su tiempo concejal, no cambiare mi decisión. Con permiso" Lin estaba lista para irse
Tarrlok tomo su mano, no sería humillado otra vez, ella se volvió para mirarlo, el solo mostro una sonrisa inocente. Pero ella parecía inmune a sus encantos.
"Lin ¿puedo llamarte Lin?" pregunto
"Acaba de hacerlo" respondió Lin
Tarrlok llevo la mano de Lin hasta sus labios, beso sus nudillos de forma suave "se lo pido amablemente, reconsidérelo. Solo debe apoyarme"
Se acercó considerablemente a la maestra tierra para decirle cerca del oído "usted podría comandar esa unidad, podría tener muchos beneficios, Lin" su voz se volvió más sensual al pronunciar su nombre
Pudo ver que ella se estremeció tenía a su merced. Solo faltaba que cayera en su juego.
Escucho una risita proveniente de Lin, ella se apartó para mirarlo, aún permanecían muy cerca "Lamento hacer que escuche esto, otra vez. Pero mi respuesta es la misma a su solicitud" se alejó de el para regresar al salón pero antes lo miro por encima del hombro "y también rechazare su otra propuesta, eres muy joven para mí, chico. Búscate a alguien de tu nivel" y con eso se fue.
Dejándolo solo, rechazo al joven y apuesto concejal, como nadie lo había hecho. Y aun así le encantaba, encontró admirable a la mujer. Él la quería, para más que asunto de trabajo, deseaba tenerla.
Así como tenía lo todo.
