"Siento como si perdiera todas mis hojas. No sé lo que está pasando." Philip Anthony Hopkins - Anthony.

- Father (2020).

A esas horas de la noche, las calles ya se encontraban con poca conglomeración, mas por el hecho que la lluvia comenzó a marcar su territorio, la pareja había aprovechado su día de descanso en una salida en el centro, degustando de unas bebidas calientes en un restaurante, por petición de Erwin decidieron sentarse en la zona abierta, donde habían mesas protegidas por un techo y cero paredes, disfrutando de la humedad y el clima templado que la lluvia trajo consigo.

–¿Es ahí? –

–si–

– Bueno eso quiere decir que habrá que esforzase mucho, está casi en ruinas–

–Valdrá la pena Erwin–

–No lo dudo…–

La victima de su análisis era un edificio en venta, tal como lo había mencionado el rubio, en deplorables condiciones, pero Levi no lo veía así, sino como un objetivo a cumplir.

– Ahí abriré mi tienda de té, donde venderé de todo tipo y de todas las regiones…–

–El soldado más fuerte que el ejercito en la historia tiene un sueño bastante pacífico– dijo con ironía su esposo, tomando un poco del café negro que ya tenía tiempo de haberlo pedido.

– Quiero que estés ahí Erwin…– murmuró el menor – Que estés ahí y escribas una de tus frases favoritas de tu libro favorito y que seas el primero en pedir un té–

– Pensé que dirías nuestros votos matrimoniales, pero esta bien, me conformo con eso–

– Ni te has de acordar de ell-…ah…lo siento…– ahora fue él quien empezó a tomar su té negro cabizbajo.

Un silencio se formó rompiendo con la agradable conversación. Ambos no sabían que decir al respecto, pero como siempre el comandante lideró la plática.

– Levi…–

– Lo siento Erwin…se que no es tu culpa, es la culpa de…–

– ¿Del Alzheimer? –

El adverso no contestó, solo miraba la bebida humeante. No era un tema que aun no estaba listo de asimilar, llevaban 4 años de casados, no era mucho, y ya pasaban por una prueba grande.

– ¿podemos cambiar de tema? Por favor Erwin…–

El rubio aclaró su garganta antes de hablar.

– Levi Ackerman, Solo en tres ocasiones me he sentido la persona más feliz del mundo…–

– ¿Qué haces? –

Le hizo una señal con su mano para que lo dejase terminar.

– la primera ocasión fue ver a mi padre ganar el premio nobel de literatura fui el adolescente más orgulloso del mundo, la segunda ocasión fue cuando me dijiste te amo por primera vez, en ese instante comencé a no solo ver que el ejercito era mi mayor vocación, sino que tu también y la tercera y mas importante, cuando me dijiste que si al ser mi esposo. Ahora y siempre te cuidaré, como tu lo haz hecho conmigo, no te prometo una vida llena de lujos ni momentos siempre felices, pero si lo mas cercano a ello, así que ahora, permíteme estar contigo por mas años y ser el primero en probar ese magnifico té y compartirte mi frase favorita del último libro que termine de leer hasta el día de tu inauguración en tu pared. Es un honor verte lograr todo y estar para ti y decirte, te amo una y mil veces más…–

No solo el Ackerman se había quedado sin palabras, sino los pocos comensales que estaban, incluyendo meseros, Erwin no tenía la intención de controlar su tono de voz, que más daba si el mundo lo escuchaba, él había encontrado el amor de su vida y el miedo a que dirá la gente lo perdió en el momento que se enfrentó a la opinión de sus padres, logrando aquello gracias al actualmente sorprendido pelinegro.

Solo duró unos segundos el silencio, hasta que el apenado capitán habló.

– Idiota…que cosas dices…–intento cubrir con su mano la mitad de su rostro, tratando de ocultar su evidente vergüenza.

– Dije nuestros votos–

– Así no iban…–

– ¿Es necesario que vayan tal cual lo dije hace cuatro años? Es lo que siento ahora Levi, ahora y siempre…tomémoslo como una renovación de votos –

– ¿Desde cuando te volviste experto en el tema del romanticismo? Volviste a leer un libro de ese género, ¿no es así? ¿Orgullo y prejuicio acaso? –

Una sonrisa leve pero notoria se asomó por el rostro del más alto.

– En la salud y enfermedad…–

– En la salud y en la enfermedad Levi. –

El sonido de la alarma interrumpió el sueño del ahora jubilado capitán, Era lunes, pero no cualquier lunes, era un 14 de octubre, el día de inauguración de su amada tienda, ese edificio que al principio eran ruinas, se convirtió en lo que tanto anhelaba el pelinegro, una tienda donde vendía y servía té de todas partes del mundo. Lo habían logrado.

No le tomó mucho el tiempo el prepararse para la gran apertura, su departamento se encontraba a dos cuadras de su ahora local, por lo que hasta tiempo le daría para pulir los últimos detalles.

Partió de su casa, tomando menos de diez minutos llegar a su tienda, teniendo una fachada moderna, grandes ventanales que hacían ver como era la tienda por dentro, elegante colores caoba adornaba las paredes, estantes hechos madera donde los tés estaban divididos por continentes, terminando la decoración con sillas y mesas para los futuros clientes, dichos los cuales algunos irían en la terraza jardín para aquellos clientes que les guste tomar el té al aire libre.

Todo ya estaba acomodado, eran las nueve y media de la mañana, aun sobraba tiempo, por lo que preparó una taza de té negro, colocando aquel líquido en el mejor juego de porcelana que tenía, una taza blanca, con bordes dorados, teniendo un diseño victoriano. Elegante y serio.

Tomó aquella bebida como si se tratara de la cosa mas delicada del mundo, colocándolo en una repisa especial, donde se encontraba aquella frase que su ahora difunto esposo le escribió.

– Te dije que serías mi primer cliente Erwin… – masculló a su vez que acariciaba aquel anillo dorado que aun portaba consigo, el recuerdo de la vez que el también llegó a ser feliz.

– TOC, TOC. Buenas ¿está abierto la mejor tienda del mundo?–

– Hange, aún no abro… –

Su mejor amiga había llegado, como siempre son su actitud positiva, algo que el Ackerman agradecía, necesitaba de buenas vibras ahora. Ella siempre llegaba en el momento donde más le necesitaba.

– Hola Levi, Erwin… – Saludó al retrato donde se visualizaba el perfil de aquel rubio, con una expresión de paz, algo que conmovió a la amiga de ambos, más no era el momento de ponerse melancólicos– Vengo a ayudarte, pero veo que ya te las arreglaste, además de que a Moblit se le olvidó las flores –

– No importa, te lo agradezco de todas formas, y las flores no son necesarias…–

– shhh…tu acéptalas como un regalo –

–…Esta bien, iré por un florero a la bodega – dicho esto el hombre desapareció al cruzar el umbral de aquella pequeña habitación buscando el objeto en cuestión.

La joven alegre observó aquella pared… y esa frase.

– Ay Erwin…estas esperando mucho de él…, mas pronto vende su tienda que ni aún abre a que haga eso… –

– ¿Dijiste algo? – ya había vuelto de la bodega.

– SANTO CIELO, NO HACER RUIDO, ME ESPANTAS – soltó un suspiro – Hablaba con mi viejo amigo…ha pasado 6 meses desde que nos dejó…y duele como el primer día… –

– Ten el consuelo que ya no está rellenando informes y ahora descansa sin estrés – dejo aquel florero de cristal en el mostrador. – Es lo que me digo al despertar –

La castaña acarició el borde de la ultima palabra de esa frase.

– Está orgulloso de ti Levi, como todos nosotros –

– Gracias Hange, por todo hasta ahora –

Su amiga le sonrió.

– MUY BIEN – aplaudió al aire – NO ES TIEMPO DE PONERNOS TRISTES, ANDANDO LEVI –

– No grites… –

Era la hora, el evento de la inauguración había dado inicio, todos sus conocidos se encontraban ahí, aplaudiendo en el momento en que Levi cortó aquel listón rojo, Hange extendiéndole un ramo de gladiolas, siendo aquellas las que se colocaron en aquel florero de cristal. Los clientes eran demasiados, pero no algo imposible de lidiar para el veterano. Vendió de todo tipos de té, le gustaba el hecho que le pedían sus recomendaciones siendo el Earl Grey su contestación y logrando ser el más vendido. Siendo así el ritmo de todo el día hasta caer la noche, siendo la hora de cerrar, las once en punto, siendo su compañía la lluvia que tenía cinco minutos de haber empezado. La limpieza fue rápida, además que en el trascurso del día no había ensuciado mucho, ahorrándole el tiempo al final.

El pelinegro ya estaba listo para irse, colocándose su saco, tomando su paraguas que guardaba en casos de emergencia como estos, donde no esperaba que lloviese, no sin antes observar aquella frase.

Siete meses antes.

–Erwin, no me gustó la frase, bórrala – ordenó el futuro dueño de aquel local en construcción.

– No, dijiste que escribiera una frase y te dije que es del último libro que leí, ahí lo tienes – dijo el rubio retirándose la pintura negra que se había quedado en sus manos.

– Puedo apostar todo que no es una frase de un libro, al menos no del último que leíste –

– Déjala ahí, quiero recordarte que sin importar que es lo que nos depara en el futuro, esto es lo que deseo para ti –

No supo que decir ante aquel hombre, era un día donde su lucidez había aparecido, aprovechado por el comandante para pedirle que antes que perdiera la cabeza nuevamente pudiese escribir esa frase que tanto había esperado escribir.

– No puedo… –

– ¿Acaso escuche un "no puedo" por parte del soldado mas fuerte de la historia? –

–Erwin, es en serio, no puedo…no puedo mirar la frase y pensar que tu… –

– Levi… – claro que le dolía observar nuevamente como su pareja se estaba apunto de quebrar, no lo permitiría, ya que eso significaba quebrarse él también. Por lo que decidió colocarse detrás del él y tomarlo por los hombros. – Mira a tu alrededor Levi…todo esto lo lograste tu solo, te queda mucho por vivir y quiero que sigas viviendo con toda la felicidad que mereces, aun cuando signifique no estar a tu lado –

Levi no dejaba de ver esa frase.

– Prométemelo Levi, que esta frase estará aquí y no la quitarás, no la taparás ni maltratarás –

– Odio que me hagas prometer esas cosas… –

– No nos iremos de este lugar hasta que me digas que lo prometes – amenazó comenzando un viaje travieso de besos por la curvatura del cuello.

– Ya ya ya, esta bien lo prometo, solo no hagas escenas tan temprano –

Salieron del lugar en las últimas etapas de remodelación, caminando rumbo al hospital, con un hombre rubio con una sincera sonrisa en el rostro

–Levi…Gracias –

Apagó las últimas luces, del local, había puesto el seguro de la terraza y bodega, listo para apagar la última luz, no sin antes leer por última vez esa frase.

"Sigue tu vida. Enamórate otra vez. Dile que le amas cada día. Muéstrale lo perfecto que eres.

Si algún día le hablas de mí, dile que me gustaban tus ojos, dile que yo también te amé. Dile que sea inteligente y no te abandone nunca como lo hago hoy yo"

-Denise Márquez.

– Maldito Anticuado… – dijo con una leve sonrisa cerrando el local, sin apagar esa luz que iluminaba esa frase, comenzando su andar rumbo a su departamento, recordando a su esposo y su gusto por la lectura trágica.

Había algo que Levi notó, meses después del fallecimiento de Erwin, había algo mal en esa frase…

Erwin jamás lo abandonó. –

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer esta pequeña historia.

Atte. Alex