Declaración: Los personajes no me pertenecen, la trama le pertenece a Quinn Loftis.

Capítulo 6: Desdémona VI

"Tic-tac, tic-tac, lobitos. ¿Sienten el tiempo escapando de ustedes? ¿Sienten la urgencia de perseguirme, a la que planea la destrucción? Ya voy, lobitos. Tic-tac, tic-tac; voy por ustedes. Y uno por uno caerá. Uno a uno los lobos serán silenciados".

-Desdémona.

Mona había esperado lo suficiente en El Limbo. Era el momento de poner su plan en acción. Dejo el santuario en una ráfaga de humo y llamo a su fiel corcel. Usando las carreteras secundarias y manteniéndose fuera del marcado camino, presiono a animal lo más duro que podía correr en dirección a la frontera de Bulgaria. Le habían dicho de un pequeño hechicero útil, que tenía un clan situado un poco más allá de la frontera. Al parecer había alguien ahí que podía decirle lo que necesitaba saber. A pesar de que había jurado no confiar nunca en nadie, no tenía ni idea de por dónde empezar a buscar la información que necesitaba, por lo que había decidido hacer una excepción solo por esta vez. Por supuesto, había amenazado con estrangular al pequeño hechicero con sus propios intestinos si estaba mintiendo.

Cabalgo a través de las Montañas Cárpatos, el frio invierno comenzaba a ser un recuerdo mientras la primavera comenzaba a emerger de su largo descanso. Puso los ojos en blanco ante la vida floreciendo en el bosque, las plantas prosperando y los arboles llevando nuevas hojas frescas. Le daba un poco de satisfacción saber que los oscuros cascos de su caballo mataban a todo ser viviente en la tierra donde aterrizaba. El mal que la llenaba ya no podía ser contenido y se filtraba hacia las áreas a su alrededor. Soltó una carcajada escalofriante que reboto en las rocas y los árboles, creando un eco perturbador. Una vez que salió de la cobertura del bosque, trato de evitar grandes pueblos o ciudades. No descanso en la noche, y solo se detuvo brevemente para refrescar al corcel. Si, era una bruja malvada, pero incluso las brujas malvadas necesitaban asegurarse que su medio de transporte estaba debidamente cuidado.

El tiempo paso inexorablemente mientras cabalgaba. Los pensamientos de Mona fueron consumidos con el plan que estaba tramando. Había hecho un poco de investigación mientras había estado en El Limbo y descubrió que podría tener la habilidad de reunir un ejército como ningún otro. Las Fae no eran los únicos que tenían un velo, resulta que el velo que lleva al inframundo tenía una puerta, una que había estado cerrada y sellada desde hace mucho tiempo por la maldad que había detrás de ella. Necesitaba saber más. Tenía que asegurarse que poda controlar la oscuridad que planeaba desatar, la oscuridad que orquestaría la destrucción final de sus enemigos.

Finalmente cruzo la frontera de Bulgaria y siguió el rio Yantra en los Balcanes. El hechicero le había dicho que con el que tenía que hablar la encontraría y que solo necesitaba darse a conocer. Dijo que la montaña y los arboles les darían a conocer las intenciones de ella y serian cautelosos. Así que una vez que entro en el bosque llevo a su corcel a un paso lento y mantuvo sus ojos en constante movimientos itinerantes sobre el paisaje a su alrededor. Después de varias horas sintió una presencia, era casi tan malvada como ella.

-Muéstrate, hermano del oficio- Desdémona hablo confiadamente al silencio.

Después de varios segundos, una alta figura emergió. Estaba envuelto en una capa verde profundo que se mezclaba bien con el frondoso bosque a su alrededor. Su cabello era blanco como la nieve y tenía orejas puntiagudas, su rostro estaba cerca de ser humano en forma, aunque su nariz era más afilada en apariencia y sus labios eran tan finos que eran casi inexistentes. Lo más impresionante eran sus ojos, tenían forma de almendra, un poco más separados que los de un humano, y resplandecían con un escalofriante amarillo como el de la luna de la cosecha. Era fuerte de estatura con un pecho ancho y poderosas piernas largas.

Incluso con las inusuales características era deslumbrante. Mona pensó que podría haberlo encontrado atractivo si se preocupara por ese tipo de cosas, lo cual no hacía. Llevaba una espada cruzada en la espalda, y otros tantos cuchillos decoraban su forma.

-¿Por qué traes tu hedor de maldad a mi bosque, bruja?- el poder que emano de él y sus palabras, le dijeron a Mona que lo que realmente esperaba era de hecho el caso. Este era un hechicero de la realeza.

No solo de la realeza, no, pensó Mona para su placer, este era Shin, el Rey de los hechiceros.

Se hecho a reír, fue un sonido que salió como un malévolo siseo.

-El mal que impregna estos bosques no es perturbado por mí, Rey Hechicero. Mi maldad simplemente aumenta el atractivo, ¿no te parece?

Shin dio un paso más cerca de Mona, no para amenazar, sino más bien como una advertencia.

-¿Desde cuándo hay una bruja restante en este reino? ¿Las Fae no se hicieron cargo de las de tu clase?

-Soy la última de mi especie. No soy tan fácil de destruir- Mona alzo la barbilla y arqueo una ceja- vayamos al grano entonces, no vengo a traerte problemas, vengo buscando información y tal vez un trato de algún tipo.

Shin se burló.

-¿Qué posiblemente podrías tener que quisiera yo para intercambiar?

-Tsk, tsk, gran Rey. No me despidas con tanta rapidez ¿es que al menos no escucharas mi propuesta?

Shin se quedó en silencio. Sus ojos se estrecharon mientras consideraba su petición.

-Bien. Te escuchare y luego te iras.

-Si recuerdo correctamente- comenzó lentamente- hubo un tiempo en que los hechiceros estaban muy interesados en las piedras de las Fae. De hecho, creo que los de tu clase las estaban buscando fervientemente- Mona vio como el Rey Hechicero se enderezaba ante sus palabras- Las Fae han estado ausentes de este reino desde hace bastante tiempo. He venido a decirte que he visto las piedras.

Shin dio varios pasos amenazadores hacia ella.

-¿Por qué debería creerte? Las Fae nunca serían tan imprudentes con tales objetos tan poderosos-

Mona se rio.

-Ah, lo serian si fueran amenazadas por una extremadamente poderosa bruja con destruir a los Canis Lupis y robar a dos sanadoras gitanas.

-¡Que!- Shin fue sorprendido por sus palabras- ¿Los lobos tienen sanadoras? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que una sanadora ha sido parte de una manada?

-Demasiado tiempo- respondió ella.

-Incluso si has visto esas piedras ¿Cómo sería posible que te acerques lo suficiente para robarlas? ¿Qué es lo que quieres tan desesperadamente que estas dispuesta a correr tal riesgo?

-Tengo mis razones. Ahora no es el momento ni el lugar para hablar de ellas- dijo Mona bruscamente.

-Al infierno tus razones- escupió Shin- fuera de mi reino, bruja.

-¿Has tomado una compañera, gran Rey?- pregunto Mona rápidamente, antes de que el Rey pudiera escapar.

Shin se dio la vuelta, lentamente congelándola con sus estrechos, escalofriantes y brillantes ojos.

-¿Qué sabes de los hechiceros y sus compañeras?- sus palabras fueron un gruñido y la amenaza en ellas no pasó desapercibida por Mona.

-Sé que las hembras de tu raza se están extinguiendo. Sé que tu propia magia ha menguado desde que las Fae dejaron este reino y se llevaron gran parte del poder con ellos. Sé que tú, al igual que los lobos, son mucho más poderosos cuando están emparejados- Mona empezó a caminar en un círculo lento, dando pasos medidos mientras enredaba al Rey Hechicero con sus promesas- ¿Y si te dijera que te puedo conseguir una compañera? Podrías comenzar a reconstruir tu raza y, con las piedras, podrías asegurarte de obtener tu magia de nuevo.

Se dio cuenta de inmediato que Shin estaba intrigado. Tenía los labios apretados mientras lo consideraba.

Finalmente hablo:

-Tengo que considerar tu oferta y discutirla con mi clan.

-Seguramente tú, como su Rey, no necesitas su permiso- se burló Mona.

Shin gruño y estuvo frente a su cara en un abrir y cerrar de ojos.

-Ten cuidado, bruja. Las apariencias no son siempre lo que parecen. Háblame de nuevo con tal falta de respeto y descubrirás de primera mano si hemos perdido o no tanta magia como asumes.

Mona alzo las manos en señal de rendición y dio un paso lento hacia atrás.

-No quise faltarte al respeto, Rey. Andaré cerca, así que simplemente di mi nombre al viento y te escuchare- retrocedió, cuidando de seguir enfrentando al Rey, y monto su corsel- una cosa más- dijo mientras se daba la vuelta para irse- considera esto, ¿tu gente se está moviendo hacia adelante o hacia atrás? ¿Pueden sobrevivir el futuro en su estado actual? ¿En dónde ves a tu clan en una década o en un siglo? - con eso volteo su caballo y se marchó a la carrera.

Shin observo mientras la bruja se alejaba. Se dio cuenta que ella sabía que estaba empujando sus limites con su paciencia. Tuvo que admitir que su oferta era muy tentadora. Pero él era un ser realista, sabía que no sería tan simple como ella lo hacía parecer.

Desdémona, pensó para sí mismo. Sabia de ella, sabia del mal que se había arraigado profundamente en su interior. Si había llegado al punto de hacer algo tan desesperado como tratar de robarles las piedras a las Hadas, entonces no quedaba esperanza para ella, a pesar de lo que había planeado.

También sabia de la oscuridad dentro de su propio espíritu. A través de los siglos, el clan de Shin había sido forzado a la extinción debido al egoísmo de las Fae y a la indiferencia de los demás seres sobrenaturales en este reino. Se había vuelto voluntariamente a la magia negra en un intento de salvar a las hembras de su raza. Lo que no sabía era que una vez que el mal era permitido incluso a través de la apertura más pequeña, aun con la mejor de las intenciones, no podía ser controlado. Tenía una voluntad propia, reptaba a los lugares oscuros del corazón de un ser y alimentaba los pensamientos y deseos de dicho ser.

Un día se había despertado y se dio cuenta que la ayuda había sido una ilusión, una mentira tan cuidadosamente elaborada en una idea tan atractiva que no había notado que lo había atrapado lentamente a él y a su clan. Creyó que había alcanzado el punto sin retorno. Estaba convencido que su corazón era tan oscuro que cualquier cantidad de luz que intentara penetrar la oscuridad seria inmediatamente extinguida. Si este fuera el caso, entonces ayudar a Desdémona no se sumaría dentro de él. Pero, si por un pequeño milagro hubiera una oportunidad para él, entonces ayudar a la bruja podría sellar su destino, y estaría controlado para siempre por el mal que había ingenuamente acogido con los brazos abiertos.

Vados se sentó con Goten y 18 en la biblioteca de la mansión de la manada Serbia. Los había convocado después de dejar el concejo de las Fae y les pidió que la ayudaran a recoger información a través de sus conexiones subterráneas en el reino sobrenatural para ver si había alguna palabra de Mona o sus trabajos. Vados había hablado con un hechicero que confeso hablar con Mona, pero que no discutirían de lo que habían hablado. Goten y 18 habían podido seguir un débil rastro de la magia desde el velo de El Limbo a través de las Montañas Cárpatos. Basados en la dirección a la que Desdémona se dirigía, Vados creía que se estaba dirigiendo a las Montañas Búlgaras. Eso no podía ser una buena cosa, teniendo en cuenta que según el último rumor que Vados había oído, había un Rey Hechicero y su clan residiendo ahí.

-Desdémona debe estarse poniendo desesperada si estaba buscando ayuda de alguien que podría destruirla- señalo Goten el mismo pensamiento que Vados acababa de tener.

-Se está desesperando si tan siquiera considera desencadenar demonios del Velo hacia este mundo- agrego Vados.

-¿Qué vamos a hacer?- pregunto 18- ¿si nuestra propia gente no ayuda que posibilidades tenemos?

Vados respiro hondo. Goten y 18 habían conocido a Vados desde hace mucho tiempo y esta era la primera vez que la habían visto realmente preocupada.

-Voy a usar las piedras para solicitar a la Gran Luna.

18 jadeo.

-¿Es tan malo?

Vados miro a sus dos amigos, sus compañeros de armas. No les mentiría a ellos. No sería justo. Después de todo, se estaban sacrificando al estar aquí con ella.

-Las Guerra de Los Hombres Lobo y la Gran Purga fueron pan comido comparado con lo que será si esos demonios son permitidos en este lado del velo- se puso de pie- ustedes dos necesitan mantener un perfil bajo hasta la reunión de mañana en la noche. Voy a tener que acercarme más al Velo para poder aprovechar su poder y agregarlo al mío y al de las piedras.

-Vados, más vale que tengas cuidado- los ojos de Goten se estrecharon- sabes que hay muchos que no dudarían en enviarte a la otra vida para tener sus manos sobre las piedras.

Los labios se Vados se curvaron en una sonrisita.

-Goten, incluso tan viejo como eres sigues siendo tan joven ¿te das cuenta de a quien le estás hablando, verdad?

18 sonrió, y Goten trato de ocultar su propia sonrisa.

-Sí, ya sé que eres… ¿Qué es lo que dice la compañera del serbio? ¿una patea traseros?

-Harías bien no olvidar eso, hadita.

Goten puso los ojos en blanco ante el apodo que ella sin duda había agarrado de las chicas americanas.

Vados los dejo mirarla mientras se dirigía una vez más a los Alpes de Transilvania.