En el set se grabaciones, Adrien Agreste se preparaba para filmar el nuevo comercial de la marca Gabriel Agreste, se trataba, una vez más, de un perfume que esta vez no llevaba su nombre, se llamaba "Ange" Siendo el joven rubio el rostro de la empresa, éste tuvo que reemplazar su camiseta negra por una completamente blanca, además de su camisa de siempre, del mismo color. Para darle el toque final al look, Adrien también llevaría unas alas de ángel en su espalda. Todo había sido diseñado y preparado para que él sobrevolara un espacio verde, bien sujeto por sogas que se ataban a las propias alas y no a él. Este último detalle lo ponía un poco nervioso, pero tenía que cumplir con todo lo que su padre le mandaba hacer.
Una vez todo estuvo listo, Adrien tomó aire.
-Luces, cámara, acción!- Dijo el hombre que llevaba la cámara de video, haciéndole una señal. El joven saltó desde lo alto de una plataforma y se lanzó al vacío, sostenido por las cuerdas, Adrien extendió los brazos a sus costados como si realmente volara, mientras era elevado en el aire. Fue entonces que un alarmante sonido, como el que hace la tela al ser rasgada, llamó su atención. Adrien se precipitó hacia el suelo de cabeza lo veía todo como en cámara lenta. La expresión horrorizada de las personas que estaban a su alrededor, incluyendo a su padre, desde detrás de una pantalla, por supuesto. Fue entonces que un destello rojo colisionó contra su cuerpo. Rojo... (¿Mi lady?) Se preguntó. Adrien tenía los ojos fuertemente cerrados. Su corazón palpitaba enloquecido como las alas de un colibrí contra su pecho.
-Puedes abrir los ojos, Adrien. Ya aterrizamos. Todo está bien- Lo tranquilizó la voz que más amaba escuchar. Ladybug lo había visto milagrosamente y lo había salvado. El chico se sonrojó hasta las orejas. Estaba en brazos de Ladybug. Hizo lo que ella le decía. Pudo ver el hermoso y misterioso rostro enmascarado. Ladybug lo dejó sobre el suelo con extrema delicadeza. Le encantó esa sensación. Sintió mariposas en el estómago.
-Gracias por salvarme mi la-ladybug- Le sonrió con timidez y ella le devolvió la sonrisa. Entonces, la chica detrás de la máscara recordó que debería estar en casa cuidando a unos cuantos niños. Eran tan traviesos, tan rebeldes. Marinette se estaba volviendo loca en su habitación con cuatro pequeños tornados que cuidar, así que salió a tomar un poco de aire, escapó como Ladybug por la ventana y agradecía al cielo haberlo hecho. Si no hubiera salido, Adrien estaría... Marinette sacudió la cabeza. Nada malo le había sucedido a su príncipe. No tenía sentido pensar en ello. De vuelta al presente, se dirigió al joven frente a ella.
-No fue nada, encanto. Quiero decir, me encantó salvarte, uh, siempre me encanta salvar a los demás- Ladybug añadió una risa nerviosa mientras deseaba que la tierra se la tragase, pero Adrien sólo la miró con ternura. Siempre hacía eso. Sus ojos verdes parecían decir todo lo que sus labios apetecibles como melocotón callaban. Él siempre la miraba así, fuera Ladybug... O Marinette.
-Bueno, la labor de una súper niñera, heroína, de una súper heroína nunca termina. Ladybug fuera!- La chica se balanceó por los tejados de París, alejándose de su secreto amor, que la saludó con la mano. Cuando llegó a casa, se destransformó y corrió a ver si los pequeños diablillos estaban bien.
Sin embargo, su tormento no se alargó demasiado. Mientras peleaba con Manón por su muñeca de Ladybug y las gemelas Cessaire huían con Chat Noir y Demoilustrador, el celular de Marinette comenzó a sonar. Ella corrió a contestar sin ver quién llamaba.
-¿Hola?-
-Hola, Marinette ¿Cómo estás?- Cuando escuchó la voz de Adrien, por poco tira el celular contra la pared. Se puso colorada y Chris Lahiffe, a su lado, notó su nerviosismo.
-¿Llamo tu novio?- Preguntó.
-¡No! ¡Él no es mi novio!- Gritó la franco-china muy acalorada, todavía con el teléfono al hombro.
-¿Tu novio? Lo siento, Marinette, ¿Es un mal momento?-
-¡No, Amor! Quiero decir Adrien, ugh-
-Le dijiste amor, ohhh. Iré a decirle a las niñas-
-Espera un momento, ¿Sí?- Le dijo al chico al otro lado de la línea. Marinette silenció la llamada para enfrentarse al "Niño grande"
-¡N-no! ¡Por favor, Chris, no hagas eso! Llévate el juguete que tú quieras-
-¿Sólo uno? Hmmm... ¡Marinette y Adrien se van a casar, bajo la torre Eiffel se van a besar- Empezó a cantar en un tono cada vez más alto.
-Está bien, llévate todos los que tú quieras pero por favor, por favor, por favor no te metas con Adrien. Se sentiría muy mal si la gente empieza a reírse de él por culpa mía- El niño dejó de cantar y la miró atónito.
-Pero ¿Y tú, Marinette? ¿A ti no te molestaría que las niñas y yo nos riamos de ti?- Ella negó con la cabeza.
-En absoluto. No tienes porqué avergonzarte si en verdad quieres a alguien. Por cierto, ¿Qué hay de Manón? He visto cómo la miras- Marinette subió y bajó las cejas. El niño se puso rojo.
-¡Yo no, no sé de qué estás hablando! Ella es, es una niña. Las niñas, eh, ¡Las niñas apestan! ¡Wacala!-
-¿Estás seguro? Te pusiste nervioso- Marinette soltó una risita.
-Está bien, tú ganas. Quédate con todos tus juguetes, pero si le dices a alguien sobre Manón, yo le diré a todo París sobre Adrien- Marinette sonrió satisfecha.
-Me parece un trato razonable, señor Lahiffe- La chica le tendió la mano y el niño se la estrechó, orgulloso de ser llamado señor, como si fuera un adulto.
Bajó como una tromba las escaleras. Marinette volvió a agarrar su teléfono y reactivó el micrófono.
-Lo siento, Adrien, estaba arreglando un pequeño asunto-
-No te preocupes. ¿Estás libre ahora, Marinette?- Empezó él. (Oh por Dios, ¡Va a invitarme a una cita! Por fin llegó el día que tanto he soñado. Ay, pero tengo que lavarme el cabello y, y ¿Cómo me libro de los niños ahora?) Pensó ella.
-Te espero en el set, entonces-
-¿E-el set?- Había estado soñando despierta y no escuchó nada de lo que él dijo.
-Sí, en el parque frente a tu casa, así me ayudas a arreglar el ala que se desprendió. ¿Sí puedes?- Le volvió a explicar él, pacientemente.
-Sí, por supuesto, el ala. La arreglaré, para eso estamos los amigos- (Oh, vaya, no era una cita después de todo) pensó.
Cuando Marinette llegó al lugar acordado después de dejar a los niños en casa de su abuelo, vio que Adrien la estaba esperando. Él se acercó a ella, caminando sobre el suelo de madera. El cielo azul estaba sobre ellos. Estaban en un estudio publicitario al aire libre, con un escenario, una plataforma desde la que se lanzaría el chico para filmar el comercial y camarógrafos por todos lados.
-Hola, Marinette. Gracias de nuevo por haber venido. Lamento molestarte-
-No, Adrien, no es para nada una molestia. Al contrario, es un placer pasar tiempo contigo... Pa-para ayudarte, como tu amiga- Él le sonrió y se volteó, todavía llevaba puestas las alas de ángel. Afortunadamente, Marinette no dijo nada sobre su asombroso aspecto, fuera de frente, de espaldas o desde cualquier ángulo que viera al joven rubio. Nerviosa por su proximidad, la chica sacó hilo y aguja de su bolsito de mano y se puso manos a la obra. Estaba en su elemento y eso la tranquilizó. Además, no quería pinchar al joven modelo por accidente. No pudo evitar imaginar dramáticamente que lo pinchaba y él decidía que la odiaba y que nunca más le hablaría, pero pudo arreglar la pieza de utilería rota. La cosió con mucho esmero... Y puso en ello todo su corazón.
-Ya está lista- Anunció. Él se giró para mirarla.
-Gracias, muchas gracias, Marinette. Eres muy talentosa, no dudé que lo harías. ¿Cómo puedo agradecerte?- Ella se quedó mirando a Adrien. Sus mejillas se tiñeron de rojo por el cumplido y cuando imaginó que, como muestra de agradecimiento, se fundían en un dulce beso. (No, eso sería demasiado)
-Dame una mano- Dijo sin pensar.
-¿Qué dijiste?- Él la miró confundido.
-¿Tú también necesitas un favor?-
-Sí, no, quiero decir, dame la mano-
-¿Mi mano?- Adrien inclinó la cabeza hacia un lado, confundido, y Marinette pensó que se veía adorable. (Él siempre se ve así)
-Está bien- Él le sonrió con dulzura, tanto que sus ojos esmeralda parecían lanzar corazones cuando finalmente tomó su mano.
-¿Así está bien?- Marinette sintió que se iba a desmayar. Era cálida y suave y... estaba acariciando la suya. La mano de Adrien dibujaba círculos sobre el dorso de su mano.
-A-adrien ¿Qué estás...?
-Oh, no es nada. Te ves algo nerviosa y supuse que tal vez con caricias podía ayudarte a relajarte-
-¿Q-qué?
-Ven, aquí hay demasiadas personas- Sin soltar su mano, él la llevó a su propio camerino, una especie de casa rodante con un sector de maquillaje y una habitación. Estaba vacía. Marinette miró a su alrededor, sin terminar de entender nada.
-A veces dices cosas difíciles de entender, Marinette, ya te lo dije una vez- Él pareció hacerse eco de sus pensamientos cuando se sentó en la cama junto a ella. Las paredes estaban repletas de fotografías de Adrien, había incluso más que en la habitación de Marinette, que quiso llevarse todas cuando nadie estuviera mirándola.
-Así que, hagamos un repaso- Propuso el joven. Atontada por la belleza angelical frente a ella, asintió.
-Me hiciste un favor, cuando te pregunté cómo podía devolvértelo me dijiste que querías mi mano y no te entendí muy bien- Ella se sonrojó, quería que la tierra se la tragara. -Entonces, bueno, yo lo interpreté como caricias, o ¿Quizás un masaje? Ya sabes, algo para ayudarte a relajarte- Adrien se rascó la nuca, un gesto típico de él cuando estaba nervioso. Una vez dicho en voz alta, había algo extraño en todo aquello. Algo que parecía ir más allá de un simple favor como amigos. Algo que aceleraba su corazón aunque no fuera Ladybug a quien le ofrecía un masaje descontracturante...¿O algo más?
-Entonces, ¿Qué eliges?- Ella lo observó sintiendo que la cara le ardía cada vez más. ¿Acaso estaba sufriendo de alucinaciones? ¿De verdad Adrien Agreste estaba dándole a elegir esas dos cosas? La idea de él tocando su piel, el más leve roce la haría morir por combustión espontánea. De eso estaba segura. Era muy vergonzoso, sin embargo, en realidad no era nada de otro mundo. Ella sabía bien que Adrien no tenía nada de indecente, y además había soñado tantas veces con algo así. Despierta y dormida.
-Yo, yo no sé-
-Entonces no quie...-
-¡Quiero! Lo interrumpió, mirando el suelo.
-Pero eli-elige tú- Adrien lo pensó por un momento. ¿Qué quería hacer él? Marinette parecía tan suave y delicada. Acariciarla era sin lugar a dudas la mejor opción (¡Y definitivamente todo esto va mucho más allá de la amistad!) Gritó su conciencia, pero decidió ignorarla. La forma en que ella reaccionó cuando la tomó de la mano lo había sorprendido. . Casi parecía que su amiga sintiera algo más que amistad por él. Ahora, quería continuar descubriendo cosas así. Tampoco le había pasado desapercibido ese breve instante, por teléfono, cuando lo llamó amor.
-¿Adrien?- Ella aguardaba su veredicto, temblando un poco. Eso lo enterneció.
-Oh, perdona. Ya elegí- Extendió una mano curiosa hacia su rostro y, al ver el miedo y el anhelo entremezclándose en el azul de sus ojos, tragó saliva, los colores le subieron a la cara. No. Era demasiado vergonzoso.
-¿Puedes cerrar los ojos?- Le pidió entonces y ella lo hizo casi al instante, sin cuestionar nada. ¿Acaso Marinette estaba tan ansiosa como él?
Adrien le acarició entonces una mejilla con el dorso de sus dedos. Ella sonrió, como derritiéndose y eso a él le gustó... mucho. Adrien recordó su breve conversación con Plagg, aquella tarde en el museo de las estatuas. "Marinette es importante para mí. Haré lo que sea necesario para que se sienta bien conmigo" Y ahí estaba. Su corazón latía tan rápido que podía oírlo, pero además de eso ella parecía estar sintiéndose bien. Parecía feliz. Adrien le acarició la otra mejilla pero no se quedó allí. Casi sin pensarlo delineó su rostro con los dedos, su nariz, y entonces su dedo pulgar se posó sobre el labio inferior de Marinette como una tímida mariposa. A ella le dió un vuelco el corazón, soltó un jadeo sorprendido ante ese toque tan... diferente. Él se inclinó y le dio un beso en la frente, (Sólo quiero tranquilizarla) Se dijo a sí mismo, pero el dulce gesto la hizo suspirar... y Adrien perdió lo que le quedaba de cordura. La tomó de la barbilla con delicadeza, atrajo su rostro hacia el de él... Y la besó. El mundo entero desapareció bajo sus pies. Sólo podía sentir los labios dulces y suaves de su amiga, que ahora le devolvían el beso con torpeza pero con anhelo. Tanto había deseado ella un momento así, un beso como aquel. Marinette sonrió contra sus labios y enredó los dedos en los rubios cabellos, atrayendo al chico de sus sueños más hacia ella, colocando sus manos detrás de su nuca. Ella suspiró y él, queriendo escuchar más, queriendo sentir más, se atrevió a rozar sus labios con la punta de la lengua. Marinette soltó un leve gemido involuntario, y él no entendió porqué ella estaba tan avergonzada. Le pareció el sonido más bonito del mundo, quería que confiara en él, que no sintiera vergüenza, que juntos descubrieran a dónde los llevaba ese camino desconocido. Definitivamente Marinette Dupain-cheng era mucho más que una amiga para él. Pensó, mientras la besaba mordiendo sus labios y aprendía cómo hacerlo correctamente. Para ser su primer beso, era algo fuera de este mundo. Ella tampoco se quedaba atrás, sobre todo cuando puso una mano sobre su pecho y la deslizó, aunque temblaba, hasta su abdomen. Él entonces hizo lo propio con la estrecha cintura de su amiga. Mentiría si dijera que no había notado, como varón adolescente, que Marinette tenía un cuerpo de infarto, casi comparable a Ladybug, pero no le gustaba comparar. Los dos se separaron unos minutos más tarde, ya sin aire. Sonrieron, y se miraron como si compartieran un gran secreto, como si fueran los cómplices de algún crímen. Entonces, pasado el momento de adrenalina y pasión, Adrien la miró como si ella fuera algo especial, algo sumamente preciado, como siempre la había mirado, comprendió.
-¿Quieres quedarte eh, a ver el comercial?- Ella se dió cuenta de que ahora era él el que evitaba sus ojos.
-Yo... Sí, claro. Estaré aquí para atraparte si te caes. Ya sabes, apoyándote como una buena amiga- Adrien negó con la cabeza, divertido, teniendo en cuenta lo que acababa de pasar.
-No, Marinette- La tomó de ambas manos, entrelazando sus dedos con los suyos, recreándose en su calidez y en el efecto que él tenía en ella, cómo el más leve roce la hacía estremecerse. Ella podría convertirse en su nueva obsesión. Ella, a diferencia de Ladybug, no lo rechazaría. A ella podía hacerla feliz. Cerrando los ojos, volvió a saborear sus labios.
-Tú eres mucho más que mi amiga. Oye, ¿Quieres que vayamos por un helado después del comercial? Es una cita- Añadió rápidamente, al ver la cara de estupefacción de ella.
¿-Una-una cita de amigos?- Pobrecita, al parecer la había dejado traumada con el término. Adrien se rió levemente.
-Sí, Marinette, una cita de amigos que se besan en la boca, por cierto, sabes muy bien- Le guiñó el ojo, sonriendo con picardía. El adolescente había activado su modo "Chat Noir" pero todo eso fue demasiado para la pobre Marinette, que se desmayó en sus brazos.
Fin.
