Eina Tulle, una "simple" empleada más del gremio que laboraba como asesora, la semi elfo tenía ya una muy bien ganada reputación entre los aventureros por sus épicos regaños y particulares lecciones que forzaba a tomar a todos los aventureros bajo su cargo.

De cabellos castaños que le llegaban hasta los hombros, unos hermosos ojos verdes que resaltaban en su cara, una piel blanca y perfecta sin ninguna arruga, la mujer sin dudas era una belleza a los ojos de cualquiera sea hombre o mujer, mas con ese ajustado uniforme del gremio que acentuaba sus modestas pero para nada despreciables curvas y que le daba un aire de madurez irresistible pese a que aún era joven de 21 años.

Eina tenía un gran número de pretendientes y admiradores, más de uno se había aventurado a intentar cortejarla, la mayoría de ella aventureros quienes habían tratado con ella de forma directa o indirecta.

-¡Bell Cranel!-

Sin embargo ella tenía una regla: no salir con ningún aventurero; a fin de cuentas, muchos parten a la mazmorra y nunca vuelven, era triste pero era una realidad que Eina había asimilado hace ya bastante tiempo.

Llámenla cobarde pero ella no quería salir lastimada en una relación con un aventurero, por esa razón había impuesto sobre si misma esa regla, aparte trabajando para el gremio consideraba un poco inmoral salir con un aventurero, pensaba que iba a existir cierto margen de preferencia lo que veía incorrecto e injusto para los demás aventureros.

-¡finalmente llegas! ¡¿porque no regresaste ayer?!-

Pero ciertamente esa regla se la estaba replanteando severamente.

La persona frente de ella era la causante de su vacilación, con una sonrisa torpe se rascaba la nuca ante el regaño de la semi elfo.

Bell Cranel, un aventurero novato bajo su cargo, era un niño en todo el sentido de la palabra, tenía apenas 14 años.

Pero, siendo un niño se había robado el corazón de la pelinegra.

Cabellos blancos como la nieve, hermosos ojos rojo rubíes, una piel perfecta y una cara angelical, parecía una muñeca.

Pero no era únicamente el físico que le atraía a Eina, era solo una variante más de la ecuación.

-gomen Eina-san tuve que….atender unos asuntos muy urgentes luego de que salí de la mazmorra ayer por eso no pude regresar-

Ella suspiro ante esa explicación, cerrando los ojos ahogo el regaño que estaba por lanzarle, ella no quería que la viera como una elfo malhumorada y amargada, podía soportarlo de cualquiera y no le importaría en lo más mínimo, pero no del peliblanco.

-mejor dicho no pudiste venir a verme porque según me dicen viniste a intercambiar tus piedras mágicas-

Le comento lo más calmada que pudo, aun así se notaba el enojo en su voz.

Bell retrocedió un paso con claros nervios al ser descubierto por su asesora.

-eeeh…lo…lo admito….me descubriste…..gomen-

Sin dejar su sonrisa de lado se inclinó una segunda vez en señal de disculpa.

Esa simple sonrisa basto para calmar un poco a la semi elfo.

-al menos estas bien y eso es lo importante-

Dijo Eina aclarándose la garganta, odiaría enterarse que tan lindo niño falleciera en la mazmorra…..¡como cualquier otro aventurero claro esta!.

-ven...vallamos a una de las habitaciones privadas para poder hablar con más calma-

Eina le sonrió levemente, decidiendo ignorar completamente las miradas algo enojadas y otras envidiosas de sus compañeras de trabajo.

-¡hai Eina-san!-

Su voz animada y su expresión alegre hicieron sonreír a su pelinegra asesora, que le encantaba la forma en que los pómulos del niño se redondeaban y se teñían de un ligero rosa cuando mostraba esa linda sonrisa.

Eina suspiro en sus adentros con algo de melancolía, de no ser por la considerable diferencia de edades y su puesto como asesora del peliblanco se aventuraría a intentar algo con el niño.

Pero sus principios simplemente se lo impedían.

Estaba mal, se repetía una y otra vez en su cabeza, que una relación como esa, aventurero/asesora era algo inmoral y como tal no debía pasar.

Y ni las hermosas fracciones del niño, que harían que cualquier mujer sintiera celos de su belleza natural, le harían cambiar de opinión.

Estaba feliz y conforme siendo su asesora, pensar que sus instrucciones y enseñanzas pudieran ayudarle en su vocación de aventurero era compensación más que suficiente.

-te noto muy feliz Bell-kun-

Y valla que n se molestaba en ocultarlo, el niño solo asintió levemente en respuesta.

Eina de vez en cuando sentía pesar por Bell, por el camino que escogió, él no estaba hecho para ser aventurero.

Aun recordaba aquella vez que cruzo las puertas del gremio por primera vez.

Su apariencia inofensiva y débil le hacían ver diminuto en comparación a los mastodontes aventureros que se paseaban por las calles de Orario.

Pero el solo lograba atraer muchas más miradas que cualquier caballero en brillante armadura.

Todas las miradas del gremio que estaban fijas en el lo confirmaban, las empleadas dejaron de atender a sus aventureros y oficios al igual que las aventureras dejaron de prestarle atención a sus compañeros de party.

Fue un escenario extraño, como si Bell fuera algún tipo de imagen y todas las féminas trozos de metal.

Era una rareza entre rarezas más aun siendo un hombre humano, tener una apariencia que podría rivalizar en belleza con una alto elfo o una diosa, que son expresión altísimas de perfección y belleza, o era un simple cuestión.

La sonrisa en su cara era radiante y contagiosa, sus ojos brillaban con una inocencia fuera de este mundo, Eian agradecía todos los días del mundo el haberse convertido en su asesora, a la vez que agradecía que el resto de sus compañeras estaban atendiendo otros asuntos porque de no estarlo no dudaba ni un segundo que todas habrían saltado a abordar al niño.

Flash Back

-hola, buenos días, mi nombre es Bell Cranel ¿qué tengo que hacer para inscribirme como aventurero?-

Pregunto el amablemente y de una forma muy animada, a Eina le tomo unos segundos reaccionar el niño simplemente parecía tan…..irreal, que sentía la necesidad de tocarlo para cerciorarse de que fuera real y no alguna especie de extraño sueño o alucinación.

-ah...eh...claro, perdón mi nombre es Eina Tulle, laboro como asesora en el gremio y yo puedo ayudarte con eso-

Se presentó de forma cordial la semi elfo a la vez que acomodaba sus lentes y le mostraba una ligera sonrisa mientras que inconscientemente detallaba hasta el más fino cabello del niño.

-en ese caso por favor Tulle-san estoy a su cuidado-

Su voz era tierna y provocaba en Eina se estremeciera, pese a la distancia que los separaba Eina casi pudo sentir su aliento golpearla como una suave brisa.

-en ese caso….-

La pelinegra miro de forma sutil de derecha a izquierda, notando que las miradas seguían fijas en el peliblanco y por ende en ella también.

-¿está todo bien Tulle-san?-

Le consulto Bell inclinando la cabeza en señal de confusión ante la falta de respuesta de la pelinegra.

-¿ah?...no, todo bien Cranel-san...y por favor puede llamarme Eina-

Negó ella rápidamente decidiendo ignorar las miradas, más tarde podría preocuparse de ella.

-ooh bueno entonces puedes llamarme Bell si gustas Eina-san-

Le respondió amablemente, la pelinegra realmente estaba fascinada con la hermosa sonrisa del niño.

Pero sus labores como empleada del gremio estaban primero.

-bueno Bell-kun, los pasos para inscribirte como aventurero son bastante simples, primero que nada debo preguntarte si perteneces a una familia-

Ante esa pregunta varias de las féminas en el gremio se inclinaron hacia adelante, listas para saltar para invitarle a unirse a su familia en caso de que este no perteneciera a ninguna.

-claro Eina-san, pertenezco a una familia-

Pero sus esperanzas fueron destrozadas por esas simples palabras.

-genial en ese caso podemos proseguir sin ningún problema, por favor llena este formulario con tus datos, mientras tanto te iré explicado un par de cosas si estás de acuerdo-

Pasándole una planilla de inscripción la cual Bell empezó a llenar.

Eina comenzó a instruirle un par de cosas que eran esenciales para no tener problemas en un futuro, intentando concentrarse en darle una buena explicación, quizás para que estuviera bien informado, o quizás porque quería lucirse un poco ante el mostrándole sus conocimientos.

-una vez llenado todo el papeleo deberás pagar una tarifa de 1.500 varis por aranceles...a...aunque-

-mmm?-

-de….de no tenerlos ahora pu...puedes pagarlos en un futuro-

Con un sonrojo incriminatorio Eina aparto la mirada decidiendo ignorar el detalle de que no pagarlo en "x" cantidad de días podría recibir una multa mayor, pero sinceramente quien estaba pendiente de quien paga o no la tarifa por los aranceles.

Al fin y al cabo era una cantidad minúscula e imperceptible en comparación de las masivas cantidades de dinero que manejaba el gremio día a día.

Además por lo que vio pertenece a la familia de una diosa que hace cuestión de semanas estaba buscando miembros para su familia en el mismo gremio, por lo que llego a la muy acertada conclusión de que probablemente no tendría para pagar la tarifa.

-bueno en ese caso Eina-san creo que podría pagar luego si es que no hay muchos problemas-

-pa...para nada Bell-kun-

Realmente era un niño muy lindo.

-por cierto ¿qué es esto de un asesor personal?-

Pregunto Bell señalando una línea que indicaba que colocara el nombre de su asesor personal, y Eina más que complacida de escuchar la pregunta le sonrió ampliamente.

-e...ese es otro punto al que quería llegar. El personal del gremio ofrece asesorías gratuitas con el fin de informar a los aventureros novatos sobre cosas que serán de utilidad en sus excursiones a la mazmorra….si no tienes ningún problema…..yo….yo puedo ser tu asesora-

Poniendo su mano en su pecho se ofreció como voluntaria a tomar ese puesto.

-por supuesto Eina-san digo…-

Con una sonrisa audaz en su rostro y unos ojos cargados de confianza Bell miro a Eina.

-¿quién no querría tener una asesora tan hermosa como tú?-

La cara de Eina se enrojeció como las brasas ardientes ante el cumplido del peliblanco, intento agradecerle, y quizás devolverle el cumplido pero balbuceos incoherentes eran lo único que salían de su boca, haciendo reír un poco al peliblanco aumentando su vergüenza en el proceso.

-espero poder contar contigo Eina-san-

Con ese último comentario el peliblanco dejo la sede del gremio con la promesa de ir el día siguiente para dar comienzo a sus lecciones con la semi elfa.

-jaaaaa-

Suspiro sonoramente Eina relajando sus hombros.

¿qué demonios le había pasado ahí?

¿Por qué se sentía nerviosa ante la idea que el peliblanco se llevara una mala idea de ella?

Sosteniendo sus mejillas se reprochó mentalmente por su comportamiento, seguramente pareció una chica rara ante sus ojos.

Y las miradas acusadoras de sus compañeras definitivamente no ayudaban en nada.

Pero quien podría culparla, con esa apariencia inocente pero a la vez tentadora el chico lograba engatusar a cualquiera.

Fin Del Flash Back

Incluso la siempre tímida Misha le abordo ese día interrogándole quien era el peliblanco y que buscaba en el gremio.

Aun no tiene claro si revelarles que a partir de ese día Bell era un aventurero a su cargo fue buena o mala idea, bueno de igual forma con el tiempo iban a averiguarlo así que mejor aclarárselos en el momento.

No recordaba la cantidad de cosas con que sus amigas le intentaban sobornarla y que les entregara la "custodia" de Bell, ni las veces que interrumpieron en sus clases.

Invitaciones a comer, dulces y pasteles, algunos perfumes, cielos incluso la paga de un mes.

Y ya no era solo por la custodia dl niño, cualquier información personal suya era bien recibida y no tenían pudor de preguntarla o pedirla, ella se negó obviamente, no podía revelar así porque si la información de Bell, y aun si pudiera no lo haría.

Aparte ella asumió el cargo de ser su asesora y consideraba una gran falta de respeto tanto para Bell como para ella misma si "renuncia" a él.

Por tal razón se negó a entregárselo a alguien más…..bueno y también porque disfrutaba un poco su tiempo con él.

Si había algo que tenía que admitir, era que aparte de muy bien parecido el peliblanco era muy carismático, había echo de sus clases algo mucho más llevadero y entretenido; los comentarios de Bell, sus chistes y conversaciones hacían todo más divertido.

Bell también apreciaba su tiempo y esfuerzo en educarle, el chico no había desaprovechado sus clases en lo absoluto, ni las tomo como un compromiso o para acercarse a ella como habían hecho muchos otros.

Le prestaba atención hasta a la mas mínima e inútil de sus lecciones, cosa que le hacía ganador de muchos puntos en el corazón de la sime elfo.

-bien, será mejor que me expliques ¿porque no pasaste a verme ayer?-

Tomando asiento en una de las sillas que estaban en la habitación privada Eina observo como Bell tomaba asiento frente a ella quedando separados por una mesa.

Su pregunta vino con un tono algo disgustado, quería saber porque Bell había decidió irse sin pasar a verla.

-es un secreto Eeeeina-chan-

Dijo el en respuesta en un tono juguetón, las mejillas de la semi elfo se tiñeron ligeramente de rosa por el mote cariñoso.

Su cara mostraba algo de disgusto, pero ella en realidad tenía algo de miedo, miedo de que el peliblanco huya de ella debido a sus clases que no eran suaves precisamente.

Por su deseo de que Bell volviera cada día, por su egoísta deseo de querer seguir pasando tiempo con él, Eina le exigió y bombardeo con información de la mazmorra más que algún otro aventurero que haya estado a su cargo.

Entrelazando sus dedos encima de la mesa barajo esa posibilidad con una expresión algo triste.

-por cierto Eina-chan antes de que se me olvide quiero darte las gracias…-

-eh?-

-si…me has ayudado mucho desde que me convertí en aventurero, tus concejos e instrucciones me han sido de mucha utilidad, por favor sigue cuidando de mi por favor-

Eina parpadeo ante las palabras del peliblanco, aprovechando que a cabeza de Bell estaba agachada Eina puso su mano en su pecho suspirando con alivio sonriendo con ternura por las palabras de Bell.

Poniendo su mano derecha sobre la cabeza del peliblanco la acaricio con cariño.

-de nada Bell-kun-

Un poco sorprendido por la acción de su asesora Bell levanto un poco la vista, mirando fijamente los verdes ojos de la semi elfa.

Eina en verdad le encantaban los ojos del niño, era lo que más le gustaba de el, fácilmente podría mirarlos todo el día sin aburrirse.

Inconsciente de sus acciones la mano de Eina fue desplazándose poco a poco hasta llegar a la mejilla del niño, y sin dejar de acariciarlo los ojos de Eina cada vez parecían cobrar más vida.

Pero claro tras unos segundos se daría cuenta de lo que estaba haciendo y aparto su mano con rapidez.

-¡EEH! Aaaha go…gome Bell-kun no quise….quiero decir si quise…bueno….yo…-

Poco a poco la voz de Eina fue callando a la vez que bajaba su mirada y se sostenía las mejillas en un intento por ocultar el rojo que las cubría.

-e….¡empecemos con la clase mejor!-

Queriendo dar por terminada tan embarazosa escena Eina se puso de pie y camino hasta una estantería que estaba detrás de ella.

-co...comencemos con las lecciones-

Su tono era firme pero su cara roja y nerviosa no iban a juego con esa firmeza en su voz.

-hoy compensaremos las lecciones perdidas del día de ayer-

Bell dejo de tocar la mejilla que Eina había acariciado y suspiro pesadamente, resignándose a su destino se preparó mentalmente lo más que pudo.

-por cierto Bell-kun...-

El llamado de Eina hizo que el peliblanco parase de escribir lo que su asesora le estaba dictando.

-sé que esto a mí no me incumbe pero…..¿porque te uniste a la familia Hestia? Digo, puede que hayan….muchas más familias dispuestas a aceptarte-

Y valla que eso era verdad, con ver su cara de muñeca cualquier diosa y uno que otro dios estaría más que encantada de aceptarlo en su familia.

-podría presentarte con varios dioses sabes. Aunque no lo parezca tengo trato con muchos de ellos-

Era un poco cruel, pero la familia Hestia no podía ofrecerle a Bell la ayuda necesaria para salir adelante en este duro mundo de los aventureros, y ella realmente odiaría verlo consumido por el calabozo.

Callo un segundo esperando respuesta, y espero y espero pero esa respuesta nunca llego, levantando su vista del libro que sostenía en sus manos Eina se percató de la sonrisa tierna que Bell le estaba ofreciendo mientras apoyaba su mentón en su mejilla.

-qu…que pasa?-

Eina retrocedió un poco inclinándose hacia atrás.

-nada es solo que….-

Balanceándose ligeramente de izquierda a derecha Bell cerro los ojos.

-ya sabes…..me gusta que te preocupes por mi….me haces sentir especial-

Esas palabras fueron un golpe directo para el corazón de la semi elfo.

Eina aparto la miraba y apretó un poco los labios mientras en su mente meditaba que responderle.

-eres…...eres especial para mi…..-

Pero su corazón fue mucho mas rápido que su cerebro y respondió mucho antes, Eina no mentía el niño tenía un lugar muy grande en su corazón, pero simplemente no tenía el valor suficiente como para decirle.

Por lo que su estabilidad mental se rompió cuando recapacito sobre las palabras que habían salido de su boca.

¡¿Realmente dijo eso?!

-po...po...¡porque eres un aventurero a mi cargo! ¡si! Por eso-

-¡ugh! Que cruel eres Eina-chan, justo cuando pensé que tenía una oportunidad contigo-

Sosteniéndose el pecho su tono dramático y su reacción exagerada no le ayudaron a la Tulle a calmar la creciente vergüenza dentro de ella.

-de...¡dejémonos de esto!-

-bueno…te lo déjate pasar esta vez Eina-chan pero esta conversación no ha terminado. Con respecto a tu propuesta….te lo agradezco pero…-

La elfo presto especial énfasis a las palabras que estaban por salir de la boca del peliblanco.

-aprecio mucho tu preocupación, de verdad, pero solo hay una familia a la cual quiero pertenecer, y ya estoy en ella-

Y Bell no mentía, hubo muchos dioses y personas que le invitaron a unirse a sus familias, como cierta princesa elfo por ejemplo, pero él ya tenía una diosa y una familia que no cambiaría por ninguna otra.

-entiendo, perdóname si te ofendí de alguna manera-

-descuida-

Viendo una oportunidad para salir del tema Eina no la desaprovecho, reanudando su discurso ambos volvieron a la sesión de estudio.

-espero y esta vez no se te olvide pasar por aquí-

Minutos después y con las lecciones ya finalizadas la pelinegra guio nuevamente al peliblanco a la recepción del gremio para dejar que se marchase de aventura a la mazmorra.

-¿tienes todo listo'-

Pregunto ella queriendo asegurarse que a Bell no se le pasaba nada por alto.

-sí, tengo incluso varias pociones de la farmacia Dian Cecht mira-

Pasando al frente la mochila que tenía en su espalda Bell le dejo a Eina ver su interior. La semi elfo no pudo evitar suspirar ligeramente ante su contenido.

-¿de dónde sacaste el dinero para comprar eso?-

Le interrogo al ver como su mochila estaba llena de pociones de salud y una que otra de recuperación de la más alta calidad, un aventurero de tercera clase como Bell no podría de permitirse ni una de esas pócimas ya que su valor rosaban los 100.000 varis.

Ante la pregunta Bell solo se rasco algo nervioso la nuca.

-bueno….digamos que fue un regalo...yo no quería aceptarlas pero fue muy insistente al respecto y no tuve de otra-

Explico a lo que Eina asintió levemente, era bueno saber que había alguien más preocupándose por el bienestar del niño.

-será mejor que las uses con precaución y suma conciencia, esas pócimas no cualquiera puede permitírselas, tendrás que racionarlas muy bien y pensar cuando es más conveniente usarlas ¿entendido?-

Le explico levantándole un dedo.

Verdaderamente que esas pócimas le serian de gran ayuda, no lo suficiente para que Eina se sintiera más tranquila pero ayudaba a calmar sus ansias un poco.

-hai….adiós Eina-san-

Y antes de irse el peliblanco se inclinó ligeramente ante su asesora para después correr en dirección a la salida.

-oh...cierto se me olvidaba-

Pero dándose la vuelta y devolviéndose en el último segundo Bell se paró frente a Eina.

-¿pasa algo...Bell-kun?-

Le interrogo ella, pero su respuesta vino cuando Bell la tomo de las mejillas, y rápidamente atrajo su cara hacia el para plantarle un beso en su mejilla izquierda, bastante cerca del labio.

Tal acción, que no fue discreta ni mucho menos, causo un mar de suspiros en el gremio, la propia Eina retrocedió sorprendida, con un sonrojo que delataba su vergüenza mientras se sujetaba la mejilla en cuestión.

-Be...Be…Be...Bell...Bell-kun?!-

Exclamo ella repetidas veces buscándole una explicación a la acción del peliblanco.

En respuesta Bell solo sonrió con los dientes de forma algo picara.

-siento haberte preocupado Eina-chan~

Comento de forma un tanto cantarina mientras retomaba su marcha hacia la mazmorra.

-joooo ya veo porque no querías renunciar a ser su asesora-

Acercándose a ella Misha se cruzó de brazos a un par de pasos de Eina.

-semi elfo pervertida...teniendo una relación prohibida con tu aventurero-

Más que un reproche o reclamo el comentario de Misha estaba cargado de celos, el puchero en su cara lo confirmaba.

-deberían despedirte elfo pervertida-

Comentario tras comentario Misha fue descargándose con la semi elfa hasta que se cansó y se fue echando humos.

Por el contrario Eina no le había prestado ni la mínima atención a las palabras de su amiga.

Misha verdaderamente estaba celosa, siendo Bell un chico tan lindo a los ojos de Misha no pudo evitar tener un flechazo por él.

Pero a Eina eso realmente no le importaba en ese comento.

Con su cara brillando en un rojo escarlata no paraba de rosarse los labios con la yemas de sus dedos.

La Tulle respiraba una y otra vez queriendo callar los sentimientos en su corazón, pero sentía que estaba luchando una pelea que ya estaba perdida.

Su respiración era pesaba y aire caliente perfectamente visible era expulsado de su boca.

Dando un último suspiro se calmó lo suficiente para volver a su habitual estado de serenidad y volvió a su taquilla centrándose en sus labores lo más que pudo; con la punzante sensación de los labios del peliblanco en su mejilla y parte de sus labios.

¿estaba realmente bien querer intentar algo con el peliblanco?

Por supuesto que lo estaba.

Él…..él era un aventurero y ella su asesora, por moral había más de una cosa mal si ellos empezaran una relación.

Aunque…no habría nada malo si ellos….

Eina sacudió rápidamente la cabeza ante los pensamientos que estuvieron a nada de surcar su mente, por lo que palmeándose la cara los alejo de su cabeza al mismo tiempo que alejaba a las personas que formaban una fila frente su taquilla debido a su raro comportamiento.

Ella siempre se había comportado de forma pulcra y con conciencia en sus actos, siempre llevándose por la moralidad y esas cosas, quizás por la sangre elfica corriendo en sus venas.

Pero a fin de cuentas Eina era una mujer, una mujer con sentimientos que nunca había tenido un romance o algo parecido.

Había tenido citas, encuentros amistosos, charlas y conversaciones con hombres, pero al final ninguno había logrado llamarle la atención lo suficiente.

Se había resignado y abnegado diciéndose a sí misma que su hombre indicado llegaría cuando tenga que llegar, lastimosamente no se estaba volviendo más joven, y con cada año un minúsculo pero existente miedo a quedarse sola el resto de su vida estaba creciendo en su corazón.

Bell era un chico amable, no era arrogante como muchos aventureros, ni altanero, tenía apenas una semana conociéndole pero sentía que podía contarle cualquier cosa con confianza.

Incluso…cosas como las que sentía.

Su apariencia inofensiva ayudaba mucho a potenciar ese pensamiento.

-jaaaa-

Suspiro sutilmente al pensar en él, en su voz, en su sonrisa, en sus ojos, todas, todas esas veces que la llamaba Eina-chan cuando estaban en privado…..como le encantaba escucharlo llamarla así.

Aparte ese beso.

Se tocó la mejilla, aun sentía calor emanado de la zona donde Bell le había plantado el beso, y la suavidad de sus manos sosteniendo sus mejillas, era….simplemente agradable.

Esta…..

-¿está realmente mal?-

Se preguntó ella en voz alta, completamente perdida en su mundo de fantasía.

-nop…para nada está perfectamente bien-

Abriendo los ojos de golpe tubo que contener las ganas de soltar un chillido, ¡¿alguien la había escuchado?!

Obviamente que sí y no pudo palidecer más ante quien era la persona que la saco de sus fantasías.

-Be…¡Bel-kun!-

Exclamo ella un tanto exaltada al ver al sonriente peliblanco frente a ella.

-¿Qué….que estás haciendo aquí tan temprano?!-

Bell solo inclino la cabeza ante esa pregunta.

-Eina-san….esta por anochecer, regrese de la mazmorra-

Le explico a lo que Eina, incrédula, lanzo una fugas miraba a la entrada para ver como los rayos naranjas del atardecer estaban colándose por el gremio.

¿Cuánto tiempo estuvo soñando despierta?

-gomen Bell-kun no me había fijado-

Y notando la desgarrada ropa el joven aventurero supo que efectivamente regresaba de la mazmorra tras otro día mas lo que le traía paz a su corazón.

-estaba…un poco distraída es todo-

Riendo algo nerviosa aparto un poco la mirada rogando que el peliblanco no empezara a hacer preguntas.

-descuida Eina-san…..¿te ocurre algo?-

-no nada en especial-

-¿segura? porque estuve como 10 minutos intentando llamar tu atención y no respondías-

Las mejillas de Eina se enrojecieron, ¡¿Qué Bell llevaba cuanto tiempo llamándola?!

-dime ¿te ocurre algo?-

Reclinándose un poco en la barra Bell volvió a preguntar.

-po…¡¿porque debería decirte?!-

No podía simplemente verlo a los ojos, luego de pensar todas esas cosas no creía poder sostenerle la mirada.

-no tienes que hacerlo…pero pensé que te vendría bien desahogarte un poco-

-tu….-

Cerrando los ojos Eina simplemente dejo que las palabras salieran por su cuenta.

-tu no lo entenderías, aun eres joven y tienes a alguien especial que se preocupa por ti…-

Pensó en la persona que le había regalado las pociones, nadie gastaría semejante cantidad de dinero para darle esas pociones si no fuera alguien importante para él.

El pensar que Bell ya tenía a alguien….simplemente no le gustaba y la deprimía ya que aunque tena 21 años el corazón de Eina seguía siendo la de una adolescente que aun soñaba con su hombre ideal.

-yo en cambio…solo soy un semi elfo algo amargada y algo egoísta-

Su sonrisa era una de derrota, así se sentía, simplemente derrotada.

Para ella Bell era todo lo que deseaba en un hombre y más, era bastante atractivo, mucho mas que ella de paso, era amable, muy carismático, sabia escuchar y parecía saber cómo se sentía y lo que necesitaba, pero también era mucho más joven que ella y su asesora.

-no eres amargada ni egoísta Eina-san-

-si lo soy, Bell-kun tu no me…-

-¿será que quieres otro beso?-

Ese simple comentario basto para sacar a Eina de su estado de tranquilidad y semi depresión.

-a…¡¿aah?!-

-esta mañana parecías querer mucho un beso y un abrazo, por eso te lo di….¿será que quieres mas?-

Aunque su comentario fue amigable se podía percibir cierta….incitación en sus palabras.

A Eina no le desagradaba la idea, su corazón gritaba que lo hiciera, que lo aceptara, que se aventurara a probar a ser algo más que solo una simple observadora más y tomara un lugar en el escenario.

Pero…sinceramente ella quería algo mas que un simple beso.

Lo sabía muy bien pero se había estado reprimiendo durante tanto que sentía que iba a enloquecer si seguía callándose sus sentimientos.

-¿y si te pido otra cosa?-

Eina se retrajo sobre si misma abrazando su tronco ligeramente Bell capto casi al instante lo que quiso decir.

Bell tenía que admitir que su asesora era alguien con principios firmes, desde que la conoció su intención nunca fue seducirla ni nada por el estilo.

Sabia de su ideal de no salir con aventureros y lo respeto desde un principio por lo que no intento nada con ella en la semana y poco más que la llevaba conociendo.

Pero al final la semi elfo pareció haber reconsiderado su pensamiento sin que él tuviera que hacer nada.

¿Y quién era él para despreciarla?

-por supuesto Eina-chan dime lo que sea y lo are por ti-

Pero la elfo aun no tenía el valor de decírselo directamente, por lo que si de ella dependiera nunca daría el primer paso.

-incluso darte mi cuerpo si me lo pides-

Tomándola del mentón atrajo su mirada hacia él, ofreciéndole una sonrisa suave pero con intenciones ocultas.

-dime…Eina-chan ¿quieres hacerlo?-

Los ojos de Eina se abrieron ligeramente, incluso una virgen como ella comprendía lo que Bell quería decir y francamente eso la emociono.

-tu….¿tu realmente…?-

-por supuesto Eina-chan, dije lo que sea-

-a..a….aquí no…..-

Hablo ella tímidamente avergonzada ante la idea de hacerlo en público, una habitación en algún hotel o el hogar de alguno de los dos sería un lugar mucho más apropiado pero….sinceramente Eina no quería esperar.

-Be…Bell-kun, si….sígueme a una de las habitaciones privadas hay….algunas clases que se me olvidaron darte esta mañana-

Dijo en voz alta intentando disimular sus intenciones.

Escuchando las palabras de la semi elfo, el personal del gremio paso completamente por alto la roja cara de Eina limitándose a hacer caso a sus palabras.

Eina paso llave a la habitación privada, jalando más de una vez queriendo cerciorarse de que estuviera bien cerrada.

Bell se mantuvo en silencio esperando, dándole su tiempo a la pelinegra de preparase mentalmente.

Pero en vista de que los minutos pasaban y ella no se atrevía a voltear a verle Bell tuvo que romper el silencio.

-Eina-chan no tenemos que hacer esto si no quieres no te voy a obligar a nada-

Las palabras de Bell llegaron a oídos de Eina, infundiéndole confianza y valor para encararle, la semi elfa le sonrió un tanto apenada mientras acomodaba uno de sus mechones detrás de su oreja.

-lo siento Bell-kun es que…me apena decirlo pero no tengo ninguna experiencia en esto y la verdad…-

Desplazando un poco la vista al suelo la semi elfa le dijo:

-no sé muy bien que hacer en estas situaciones-

Esas palabras solo hicieron levantar una sonrisa en los labios de Bell.

Al ver a su asesora en esa posición tan vulnerable hizo que su corazón latiera con algo de emoción; también no pudo evitar pensar que Orario era un lugar con demasiadas mujeres vírgenes.

¿Qué carajos estaban haciendo los hombres en esta ciudad para dejar a tantas mujeres hermosas desatendidas?

Bueno no es que le importara, mejor para él.

-entiendo Eina-chan, no te preocupes, y ya que tú me has instruido tantas cosas ¿Qué te parece si yo te enseño un par de cosas?-

Pregunto animadamente Bell juntando las palmas a nivel de su pecho.

-primero que nada…-

Acercándose el peli blanco roso los labios de la semi elfo con las yemas de sus dedos.

-empecemos lento…¿si?-

Bell la beso con suavidad y cariño, los ojos de Eina se abrieron ampliamente, no por el beso sino por la audacia de Bell; sentía las manos del peliblanco caer de su espalda atrayéndola suavemente hacía el, pegando sus cuerpos pudiendo sentir el calor del otro.

El beso era simplemente intenso, al menos para Eina quien no había compartido muchos besos en su vida, la lengua dominante del peliblanco invadía su boca y guiaba a la lengua de Eina con maestría.

Al mismo tiempo la mano derecha de Bell se colaban dentro de las ropas de la elfo, Bell podía sentir la tersa piel de su asesora y subiendo lentamente sintió con la yemas de sus dedos la tela del bracear de Eina.

-Be…Bell-kun-

Rompiendo el beso Eina llamo en un tono apenado al peliblanco quien solo le sonrió con ternura.

-descuida Eina-chan-

Sin dejar de mirarla Bell se aventuró a pasar por debajo del bracear de la semi elfo, Eina se sonrojo por la acción del chico pero no negó que era agradable sentir las manos del peliblanco sobre su piel.

-ky…kyaaa~

Rápidamente Bell salto sobre la oreja izquierda de la pelinegra lamiendo y mordiendo la punta con suavidad.

Al mismo tiempo su mano derecha empezaba a masajear uno de los senos de Eina.

Lentamente Bell empezó a empujar a Eina en dirección contraria llevándola hasta la mesa.

Eina miro el techo de la habitación dejándose consentir por el peliblanco, una línea de saliva empezaba a deslizarse por la comisura de su labio.

Sus ojos verdes se abrieron a mas no poder al sentir como la segunda mano de Bell se introducía entre su pantalón masajeando de forma lenta masajeaba su intimidad sacándole gemidos.

-hhmmm aaaaah~

Gimio Eina la sentir los dedos de Bell invadiendo su interior, sus fluidos comenzaban a esparcirse por la tela de su pantalón.

Un pensamiento fugas paso por su mente, no quería quedarse atrás. La Tulle no quería ser simplemente una muñeca inmóvil y dejar que Bell se encargara de todo, quería poner de su parte ya que el peliblanco quería complacerla en su egoísta deseo, por lo que quería retribuirle aunque sea un poco.

Por lo que busco con sus temblorosas manos la hebilla del pantalón del peliblanco desatándola con rapidez

-¿Eina-chan?-

Separándose de ella Bell le pregunto un tanto sorprendió cuando sintió las manos de la semi elfa deslizarse por la tela de su bóxer.

-no te confíes, aprendo rápido-

Eina mostro na sonrisa confiada, pero en sus adentros estaba algo nerviosa, una porque nunca en su vida había echo algo parecido, y lo segundo el bulto que sentía en la entrepierna de Bell no paraba de crecer.

La pelinegr se detuvo en seco sintiendo con sus delgados dedos el grosor del miembro de Bell.

¿Qué tan grande es?

-me doy cuenta…pero ¿porque te detienes?-

Los labios de Eina temblaron, bajando un poco la mirada logro ver el bóxer de Bell y sus nervios no hicieron más que crecer.

-(es muy grande)-

Pensó ella, casi al instante Bell se separó de ella y en un rápido movimiento comenzó a desprenderse de sus prendas.

Eina paso a cubrir su rostro con sus manos de forma infantil al notar como Bell se estaba desnudando frente a ella.

-primera lección Eina-chan, todo lo que es ropa estorba-

Pero luego de unos segundos término cediendo ante la tentación y termino mirando, conmocionada y bastante emocionada el cuerpo desnudo de Bell, su cuerpo no parecía el de un aventurero, no tenía ni una sola cicatriz o herida, su piel estaba pulcra.

Tampoco tenía una masiva cantidad de músculos, sino la cantidad más que suficiente e ideal resultando en un cuerpo bien atlético y atractivo.

Y su….pene, por los dioses era enorme.

-dejame ayudarte con eso Ena-chan-

Bell fue hacia la semi elfo tomando el último de los botones de su saco queriendo desatarlo.

-e…espera Bell-kun-

O lo intento pero Eina puso sus mano encima de las suyas, la cara de la asesora estaba brillando en un rojo escarlata al punto que parecía que iba a empezar a echar humo.

-yo….yo me la quitare-

Le dijo algo apenada y en voz baja, cosa que hizo que el corazón de Bell diera un vuelco al ver a Eina actuando tan tímidamente.

Y su emoción no hizo más que crecer cuando la pelinegra empezó a liberarse de sus prendas superiores frente a él, de forma lenta e inconscientemente provocativa, como si estuviera intentando provocar a Bell de la máxima forma posible.

Quitando una a una las prendas superiores e inferiores en silencio tomándose su tiempo para hacerlo.

Eina estaba sonrojada sobre escritorio desviando la mirada mientras el peliblanco la contemplaba, sus ojos rojos viajaban de su bello rostro a sus grandes pechos, su vientre plano, sus anchas caderas y sus largas y sensuales piernas.

Era simplemente hermosa, no había más palabras.

Y la forma en que intentaba cubrir sus partes íntimas no hacían más que resaltar su belleza.

-eres preciosa Eina-chan-

Le alago el, ella en sus adentro se sentía simplemente feliz de que Bell la viese de esa forma, aunque eso no disminuyo su vergüenza.

-bien Eina-chan creo que es hora de la segunda lección: unos juegos previos son necesarios antes de pasar a la acción-

-(¿juegos?)-

El pensamiento de Eina nunca pudo salir de su mente, pues apenas termino de decir esas palabras en su mente sus pechos fueron abordados por el peliblanco.

-Be…Beeeell~

Gimió ella al sentir como su pezón izquierdo era chupado y lamido por la hábil boca del mencionado peliblanco.

Pasando de uno a otro Bell nunca dejo en ningún momento ningún pecho sin atender, a la vez que no paraba de entrar y salir de la intimidad de la chica con sus dedos.

Bell no podía creer que los generosos pechos de Eina, seguramente copa C casi D pasaran tan desapercibidos debajo de su uniforme.

Debería ser ilegal que la semi elfo vistiera algo que opacara y ocultara tanto sus atributos.

Tomándola de la cintura Bell la sentó en la masa y empezó a descender con su lengua por el cuerpo de Eina besando el tronco y vientre de su asesora, sacándole una ligera risita de paso, llegando hasta sus muslos lamio un poco del líquido que los cubría, y subiendo lentamente Bell llego hasta su intimidad.

Bell sintió lo tensas que estaban las piernas de la chica, por lo que alzo la mirada y le ofreció una sonrisa tierna.

-está bien Eina-chan…no tengas miedo-

Dijo el calmando sus ansias, Eina verdaderamente estaba nerviosa de entregar su primera vez, pero la sonrisa amable de Bell basto para hacer que se liberara de la tensión.

Separando sus piernas con delicadeza Bell observo un pequeño grupo de vellos negros que cubría la intimidad de la chica, sin perder el tiempo beso la tibia entrada, ella gimió con fuerza y se arqueo cuando la mojada lengua del peliblanco comenzó abordar su intimidad sin piedad.

La lengua experta de Bell recorría sus pliegues internos sin detenerse mientras Eina se perdía en aquel placer que nunca había sentido, rozo el clítoris con sus dedos mientras de nuevo su lengua penetraba a la hermosa Tulle, Eina no soporto mucho

-Bell_kun me vengo aaaah~

Gimió con fuerza tomando con fuerza la cabeza de Bell empujándola a su intimidad, arqueándose mientras dejaba salir sus jugos dulces y tibios que inundaban la boca del peliblanco.

En ese momento Eina agradecía que las paredes de las habitaciones privadas estuvieran insonorizadas con magia y ningún ruido pudiera entrar ni salir, sería demasiado vergonzoso que sus gemidos llegaran a oído de los demás empleados.

-aaah aaaah aaaah~

Suspiraba Eina pesadamente ante la maravillosa sensación de placer que por segundos invadió su cuerpo, fue simplemente magnifico, y que fuera el peliblanco quien la llevo a ese estado no hizo más que mejorar las cosas.

-bien Eina-chan….-

Apartándose de la intimidad de la chica Bell se paró firme, limpiando uno que otro líquido que salpicaron en su cara.

-llega la tercera lección, y esta es muy importante-

Tomando su miembro entre sus manos era más que obvio cual era la última lección.

Aunque Bell quisiera con muchas ganas recibir una mamada de Eina al ser su primera vez no quería presionarla para que hiciera eso, por lo que lo dejaría pasar.

-tú me dices cuando estés lista Eina-chan-

Al ver el gran pene del peliblanco, entre jadeos Eina no pudo evitar desear que estuviera dentro de ella.

-tómame Bell-kun-

Dijo Eina con una voz lujuriosa, raro en ella pero solo emociono más el miembro del peliblanco.

Las piernas de Eina se abrieron amplias mientras Bell se acomodaba entre ellas, acariciando sus muslos suavemente Bell le ofreció una sonrisa suave a su asesora.

Sosteniéndola firmemente de las caderas empujo con suavidad abriendo las paredes internas de la pelinegra, el himen de Eina fue roto en un instante lo que hizo brotar algo de sangre.

-aaarg-

Gruño ligeramente al sentir el ardor en su zona íntima y dejar salir un par de lágrimas fue inevitable para ella.

Bell en cambio gimió ligeramente al sentir como las paredes de Eina le abrazaban fuertemente, y empujando lentamente fue invadiendo por completo la cavidad de la pelinegra.

Dándole tiempo a Eina de acostumbrarse y que pasara el dolor, Bell fue entrando y saliendo lentamente en un vaivén suave pero constante.

Lentamente los gruñidos de Eina fueron remplazados por puro placer.

Notando como Eina ya no sentía más dolor Bell empezó a empujar con más fuerza ambos gemían de forma violenta a la vez que el placer se volvió más salvaje mientras el peliblanco empujaba con fuerza dentro de la chica.

Eina no queriendo dejar ir a Bell cerro sus piernas entorno a la cintura del peliblanco que la levanto atrayéndola y plantándole un beso con pasión.

-Eina-chan estas muy apretada aahhh-

Gimió el peliblanco sin dejar de embestir dentro de la pelinegra, sus pechos se mecían y apretaban contra el peliblanco que no paraba de moverse dentro de ella.

-Bell_kun aaahh di….aaah….di mi nombre~

Suplico ella, deseaba escuchar con locura como el peliblanco la llamaba entre gemidos.

-Eeeinaa~chan-

Y más que gustoso él se acercó a su oído gimiendo su nombre una y otra vez, Eina aprovecho la cercanía y le abrazo del cuello, apoyándose completamente en el empezó a mover sus caderas de forma rítmica.

Separándose un poco sus ojos se cruzaron y de nuevo se besaron con fuerza, incapaz de seguir sosteniéndose producto del placer que debilitaba sus extremidades Eina se dejó caer en el escritorio.

Y tomándola de la cintura fuertemente, con duras envestidas Bell entro una y otra vez en ella.

El rechinido de la mesa al mecerse era acompañado por el húmedo sonido de la penetración y los gemidos incesantes.

Y en un último empujón el miembro de Bell se inflo un poco más y perforaba hasta lo más hondo de la chica.

-aaaaah Einaaaa-

Gimió con fuerza el peliblanco embriagado de la maravillosa sensación que le ofrecía estar dentro de la pelinegra, mientras su intenso orgasmo llegaba acompañado de una poderosa descarga de semen.

Inmediatamente Eina abrió ligeramente los ojos al sentir el espeso liquido llenar su útero.

-aaaaaaah BEEELL-

Ella apretó sus piernas mientras se sumía en su orgasmo y el peliblanco la llenaba con su semilla.

Entre suspiros Bell se dejó caer sobre Eina, quedando cómodamente entre sus pechos, quería disfrutar esa sensación un poco más y quería que Eina también la disfrutara.

-eso fue increíble Bell-kun-

Abrazando su espalda una sonrisa amplia se curvo en los labios de Eina.

-tienes…¿tienes más lecciones que enseñarme?-

Moviendo sus caderas de forma provocativa hizo a Bell sonreír salvajemente, su miembro que aún estaba dentro de Eina tembló de un lado a otro por la emoción sacándole un pequeño gemido a la Tulle.

-por supuesto…aun tienes mucho que aprender-

¿Por qué se había demorado tanto en conquistar a la semi elfo?


Omake.

-¿llevan hay toda la noche?-

-así es, según el personal de vigilancia nocturna estuvieron toda la noche-

-Eina se pasó, tener a su aventurero estudiando toda la noche-

-creo que ese chico pedirá un cambio de asesora después de esto-

-¡ojala y sea así! Podre tomarlo bajo mi cargo finalmente-

Un manojo de trabajadores del gremio estaba reunido delante de la puerta de la habitación donde Bell y Eina estaban teniendo sus "clases"

Los compañeros de Eina, sabiendo cómo era la pelinegra asumieron que había forzado a su aventurero a tomar sus lecciones toda la noche, ignorantes de lo que verdaderamente están haciendo en realidad.

Y quien tenía el rol de maestro y alumno.

-¡dispérsense! Están saliendo-

Rápidamente todos corrieron despavoridos a sus puestos al notar que la puerta estaba abriéndose.

-será mejor que vayas a casa a descansar-

-pero Eina-chan…-

-estuviste despierto toda la noche, así no puedes ir a la mazmorra y no me aras cambiar de opinión Bell-kun-

Los empleados del gremio miraban con una gota de sudor en sus cabezas lo que parecía ser otro de los legendarios sermones de Eina.

Ni siquiera notaron la sonrisa que tenían ambos y el tono juguetón de sus voces.

-de acuerdo, me iré a casa a descansar-

-eso espero…y más te vale estar aquí mañana temprano para seguir con las clases-

-(¡¿es que aun piensa seguir torturándolo?!)-

Gritaron consternados los empleados pensándose que una noche no fue suficiente para Eina y quería continuar el día siguiente.

-haai Eina-chan-

Y agitando su mano Bell camino calmadamente alejándose del gremio ante la mirada de una sonriente Eina.

-bueno….supongo que yo también debería irme-

Estirando su cuerpo el comentario de la semi elfo no pasó desapercibido por ninguno.

-se me va a hacer que no Eina-san-

Acercándose a ella un hombre chientope movió la cabeza en negación.

-si pasaste toda la noche instruyendo a tu aventurero es cosa tuya no puedes…-

-Rehmer….-

Con una voz calmada pero espeluznante y una sonrisa que no prometía nada bueno Eina miro al hombre chientope.

-cierra la boca-

Los ojos de Eina brillaron con malicia y un poco de desprecio asustando al pobre hombre que se apoyó de una pared pues sus temblorosas piernas no iban a ser capaces de seguir manteniéndolo en pie.

Caminando fuera del área de trabajadores Eina se paseo por la recepción al mismo tiempo que todos se hacían un lado para darle espacio.

La pelinegra sonrió tiernamente emocionada por su próximo encuentro con Bell.