Querido Sanosuke:
¿Cómo estás? ¿No te has metido en problemas últimamente? Espero que no hayas estado apostando y llenándote de deudas. ¿Qué tal la vida en Tokyo? ¿Cómo están todos?
Nos hemos instalado en un pequeño pueblito. Los holandeses son personas muy amables y bondadosas. Con la ayuda de todos, hemos construido una pequeña capilla. Vieras lo preciosa que nos ha quedado. Vivo cerca de una pareja de abuelos y ellos trabajan el vidrio, hicieron unos vitrales muy vistosos para la capilla.
Todos están bien. A algunos abuelos les ha costado un poco más acostumbrarse al idioma, todavía lo están aprendiendo. Me cuesta un poco todavía, pero tengo fe que lo conseguiré. En la capilla, le sigo enseñando a los niños a escribir en japonés y aprendemos juntos este nuevo idioma con la señora Janna.
¿Sabes? Empezamos una huerta. Los niños se emocionan mucho cuando ven a las plantitas crecer. La semana pasada, cosechamos zanahorias y se llevaron un montón a sus casas. Al día siguiente todos conversamos de las recetas que hicieron ¡Deberías ver su alegría! Le brillaban los ojos y las sonrisas cuando contaban felices lo que lograron con su esfuerzo. Tuvimos una buena cosecha, así que después de que los niños se llevarán lo suyo, fuimos a compartir con los aldeanos. Me gusta que se integren de esa manera y que aprendan a querer y respetar la naturaleza y a las personas. Todos nos recibieron muy felices.
Shougo sigue ejerciendo la medicina. Holanda está mucho más avanzada que Japón así que está aprendiendo mucho. No había un médico cuando llegamos, el más cercano estaba en el pueblo siguiente, así que la llegada de mi hermano fue un evento feliz para todos. Apenas se corrió la voz de que era médico, cayó mucha gente a verlo.
Shouzo ha ido encontrando de a poco su lugar. Intento no depender tanto de él ni de mi hermano. Shougo no tiene una cura para mi enfermedad y aunque ha encontrado un tratamiento que me mantiene estable, sé que no me queda mucho tiempo. Lo he aceptado desde hace mucho, pero lejos de deprimirme, quiero vivir cada día con entusiasmo. Cada despertar nuevo es un regalo que Dios me ha dado y lo aprovecho al máximo. En casa, he empezado un jardín. Las rosas amarillas han florecido y le han dado mucho color y hecho más llamativo el jardín. Me gustan las rosas amarillas. En el lenguaje de las flores significan optimismo, la alegría de vivir. Y me siento como esas rosas.
Me encantaría que pudieras verlas.
El atardecer es precioso, aunque a veces extraño Japón, me consuela saber que compartimos el mismo cielo ¿Lo estarás mirando ahora?
Espero que estés bien. Saluda a todos de mi parte y cuídate mucho. No te metas en problemas, por favor.
Con cariño, Sayo.
Sanosuke llevaba leyendo la carta desde que la recibió. El papel estaba arrugado y desgastado por la cantidad de veces que sus ojos se posaron en las letras de Sayo. Quiso responder, pero tal y como ella lo predijo, estaba en problemas. Gracias a sus amigos, consiguió un barco que lo sacó de Japón rápidamente, pero no tenía a dónde ir hasta que se decidió a ir por ella. La vida los había separado una vez: sería él quien los reuniera de nuevo.
El viaje no era corto: dos meses en barco. Lo único que lo mantenía cuerdo era aquella carta y la esperanza de verla de nuevo. Quería verla de nuevo. Su relación terminó abruptamente aquel día que quedó a cargo del doctor Elsten. Sanosuke se reunió con ella dos veces antes de que la exiliaran de Japón, pero no fue lo mismo que antes. No solo porque su salud estaba delicada, sino porque había gente vigilándolos. Él se daba cuenta de lo insignificante que era, a pesar de haberla salvado, no pudo hacer nada para mantenerla cerca suyo. Pero ahora, iba a ser diferente y no la iba a dejar.
Se guío por los datos del sobre. Era la única pista para hallarla. Le hubiese gustado avisarle y preguntarle mejor por el lugar donde vivía, pero no le había dado tiempo por el conflicto que tenía con los Ishin.
Pedir indicaciones en un país extranjero y sin saber nada del idioma le fue un problema. Él era bastante ignorante de todo y no sabía cómo manejarse. Suerte no le faltaba y fue un poco de ello lo que le permitió dar con ella. Encontró a alguien que sabía japonés y pudo darle indicaciones para llegar con ella. Sanosuke tomó coraje, tenía todas las cartas echadas y si esta vez funcionaba…
Fue al atardecer, cuando despedía a los niños después de una tarde con ella. Sayo estaba cerca, saludando a los pequeños hasta que desaparecían de su vista.
—Sayo —pronunció su nombre y ella volteó. Los ojos verde oliva que tanto había extrañado, temblaron ante su presencia y se llenaron de lágrimas. Ella tenía unas flores en mano que escaparon de sus dedos cuando lo vio.
—Sanosuke —dijo en voz baja y dio un paso al frente. Ahí, debajo de la barba desarreglada, la ropa roída y el cabello largo, estaba el Sanosuke que ella había conocido y extrañaba tanto.
—El mismo —confirmó con una sonrisa confiada. Ella corrió a abrazarla gritando su nombre, algunas lágrimas rodaron por sus mejillas mientras lo abrazaba. Sanosuke quedó en shock un instante antes de reaccionar ante su abrazo y corresponderle.
—Hueles horrible —le dijo ella apoyando su mentón en el hombro de él.
—También te extrañé —respondió acariciando su cabello.
—¿Cómo? ¿Por qué? —se preguntó al separarse de él y verlo de arriba abajo— pensé que…
—No iba a responderte —le dijo corriendo las lágrimas de sus mejillas— pensé que era mejor verte en persona.
—Es mejor —sonrió con el corazón rebosante de alegría. Y lo invitó a su casa. Shouzo pondría el grito en el cielo, desconocía la reacción de su hermano, pero pronto la averiguaría. Primero, disfrutaría de esa gran alegría que él le daba con su visita.
¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Tenía esta historia pensada desde hacia mucho tiempo y hasta ahora la escribo. Aprovecho el reto del Club de lectura para concretar la carta y además, adjuntar el dibujo que hice (uno de mis favoritos).
Amo esta pareja y siempre digo que es una pena que siendo relleno no hayan acabado juntos (al menos, para contentar a los fans).
Espero que les haya gustado.
¡Un abrazo!
