Glorieta Abandonada
Por: SadChirimoya
Capítulo I
La guerra había terminado.
Las pérdidas eran incontables, pero habían ganado y eso era suficiente para llenar de júbilo los corazones de todos los ninjas que incansablemente sostuvieron la pelea y se aferraron a la vida.
Por fin todo había terminado.
¿Verdad?
Para los feroces guerreros sí. Efectivamente ese había sido el fin del que, probablemente, sería el episodio más oscuro en la historia de las cinco grandes naciones.
Para el personal médico, sin embargo, la batalla no había hecho más que comenzar.
Para Haruno Sakura, la aprendiz de la Quinta y actualmente la mejor medic nin del país del fuego, quizás de los otros países también, la guerra no había hecho más que comenzar.
Después de haber dado la pelea en el frente, después de haberse asegurado de que Naruto y el Uchiha estaban fuera de cualquier peligro vital y pese al extremo agotamiento que atacaba su cuerpo, fue llamada con urgencia al hospital que habían improvisado lejos de la batalla.
Muy dentro sintió un profundo dolor al percatarse de que, al retornar, los heridos eran incontables y los fallecidos competían de cerca con el número de sobrevivientes, sin embargo, ese no era ni el momento ni el lugar para permitirse sufrir; había una larga fila de hombres y mujeres que requerían de su atención con suma urgencia.
Shizune había hecho un excelente trabajo dirigiendo a todo el personal médico, pero la mujer necesitaba un descanso, así que Sakura tuvo que tomar el control, pese a que sus propias reservas de chakra se agotaban con rapidez.
Debía darle un respiro a la mano derecha de la Hokage para que en un par de horas pudiese volver y retomar su trabajo, pero en tanto, fue ella quien se ocupó de las lesiones más graves, tratando de salvar a la mayor cantidad de vidas que podía.
Los heridos llegaban uno tras otro, y sus descansos eran de apenas unos cuantos minutos que el personal utilizaba para preparar el área y esperar la llegada del siguiente paciente.
Había perdido ya la noción del tiempo, de la cantidad de personas atendidas y de la cantidad de extremidades amputadas.
Lo que venía después de la guerra era tan o más terrible que la misma batalla, pensó la muchacha en algún momento del día o de la noche, entre una breve pausa mientras esperaba por su siguiente paciente.
En determinado punto su cuerpo comenzó a doler, sus ojos quemaban y sus brazos pesaban a tal extremo que veía sus propios movimientos enlentecidos por el cansancio, pero aún así, no podía parar.
Para cuando sus reservas de chakra se acercaron peligrosamente al límite se vio en la obligación de apartarse, tomar asiento cerca de la improvisada área de operaciones y desde ahí dar órdenes e indicaciones específicas para salvar a quién sea que estuviese sobre la mesa.
No le enorgullecía admitir que aquella situación se repitió un par de veces más durante aquellos extensos días de servicio.
Durante esos momentos donde la pelirrosa no daba más una enfermera, parte de su personal médico de Konoha, se acercaba con un poco de agua y comida, gesto que Sakura agradecía y recordaría posteriormente con afecto. Si no fuese por aquella mujer, Sakura hubiese trabajado hasta desfallecer por falta de nutrientes. No a propósito, evidentemente, pero si por descuido.
Era una mala costumbre que había adquirido con el pasar del tiempo: olvidarse de comer cuando estaba profundamente concentrada en su trabajo.
Tres días después lograron terminar de tratar las heridas más críticas, pero, aunque sus operaciones fueron en su mayoría exitosas, no evitó que el número de fallecidos aumentase.
Era un escenario terrible, pero como médico tenía que continuar trabajando.
Para el cuarto día, fue obligada por Shizune a salir de las tiendas de campaña que funcionaba como hospital. Alegó que necesitaba un respiro, lo cual no era en absoluto falso, y que necesitaba al menos unas horas de real descanso.
Aparentemente quedarse sentada dando órdenes y trabajando su mente a mil por hora no calificaba como descanso.
Sabiendo que la pelinegra tenía razón, no opuso demasiada resistencia y salió, pero la imagen de los heridos y la acumulación de cuerpos sin vida a la espera de ser transportados de vuelta a sus aldeas difícilmente le dio el descanso que necesitaba.
Caminó un poco más con la intención de alejar su mirada de aquel crudo panorama, pero sin saber a ciencia cierta si buscaba algo en particular o simplemente esperaba estirar un poco sus músculos.
Para esa hora el sol brillaba en lo alto del cielo, ignorante de la gran masacre que había sufrido el mundo apenas unos cuantos días atrás.
A la Kunoichi le dio la impresión de que se estaba burlando de ellos.
Con aquel pensamiento en mente, las comisuras de sus labios se elevaron apenas un poco, no lo suficiente como para reconocer el gesto como una sonrisa, y aunque calificase como tal, hubiese sido una sonrisa sardónica.
─ ¡Sakura-chan! ─ La inconfundible mata de cabellos amarillos no tardó en aparecer dentro de su campo visual luego de que el llamado captase su atención.
Naruto se acercó rápidamente, iluminando el entorno con su brillante ánimo.
Sakura envidió a su amigo.
─ Naruto. ─ Saludó ella, intentando formar una sonrisa al menos decente.
El rubio se impresionó del pésimo estado de la pelirrosa, y automáticamente ella se preguntó que tan mal debía lucir para que la preocupación ensombreciera aquel semblante en tan sólo medio segundo.
Los ojos azules del muchacho pasearon rápidamente por su pálido y demacrado rostro, preguntándose si había perdido peso o simplemente era el agotamiento y la suciedad lo que le hacía lucir más delgada; las ojeras marcadas y oscuras bajo sus ojos sin brillo le dieron una pista de la difícil pelea que había estado librando durante los últimos días contra la muerte.
El conjunto de aquella visión le hicieron suponer que Sakura no estaba en un buen lugar mentalmente hablando, pero muy probablemente ni siquiera estaba prestando atención a lo que pasaba consigo misma.
El trabajo era demasiado como para preocuparse del lugar mental en el que estaba, y Naruto se sintió como un inútil al no poder ofrecer su ayuda a su compañera de equipo.
Quería alivianar su carga, pero en su lugar, no dejaba de traer compañeros heridos del campo de batalla porque sabía que Sakura podía hacer milagros con su ninjutsu médico.
Por primera vez en su vida, el Uzumaki se quedó en absoluto silencio, sin encontrar las palabras adecuadas para ofrecer un poco de apoyo.
─ No pongas esa cara. ─ Los brillantes ojos azules subieron hasta encontrarse con otro penoso intento de sonrisa, pero instantes después se percató de la suavidad presente en la mirada ajena. ─ Aún hay trabajo por delante, pero lo peor ya pasó.
No era mentira, lo peor ya había pasado, pero ambos eran plenamente conscientes de que la situación seguía siendo delicada.
─ ¿Estás en tu descanso? ─ Cuestionó el rubio, relajando su expresión.
La muchacha asintió un par de veces y sus cabellos se movieron con ella, cruzándose momentáneamente por su rostro. ─ Shizune me ha obligado a salir a tomar un poco de aire.
Naruto asintió muy de acuerdo con aquella sugerencia por parte de Shizune. Todos eran bien conscientes de que la pelirrosa podía trabajar fácilmente hasta desfallecer por falta de descansos.
─ Tengo algo que contarte, ven. ─ Con curiosidad, la pelirrosa se puso a su lado y ambos comenzaron a caminar. Naruto intentaba alejarla de todos los oídos curiosos que pudiesen captar cualquier pedazo de aquella conversación.
No fue hasta que estuvieron lo suficientemente alejados de los Shinobi's heridos que Naruto volvió a abrir la boca para hablar.
─ No sé realmente cómo decir esto. ─ Y para ese entones, una mueca de preocupación ensombreció el semblante de la pelirrosa.
Durante los últimos días, e incluso los últimos meses, no había dejado de recibir terribles noticias, y en su gran mayoría, todas traían consigo muertes, así que lo primero que cruzó por su cabeza es que alguno de sus más cercanos había sido encontrado muerto.
Al percatarse de lo que podría estar pensando la Kunoichi, Naruto se apresuró a agitar sus manos, en un intento de aligerar la reciente tensión que se había instalado.
─ Uchiha Itachi está vivo.
Los labios de Sakura se separaron, como si fuese a decir algo, sin embargo, ni un solo sonido salió de su boca.
Al percatarse ella misma de su momentánea incapacidad de hablar, volvió a juntar sus labios, intentando esta vez hilar las palabras que deseaba decir en una frase coherente y con sentido.
Naruto la vio fruncir el entrecejo y apartar su mirada hacia el suelo. Acompañando el gesto, se mordió ligeramente el labio inferior. Él pudo reconocer su usual postura: estaba intentando encontrar una explicación o al menos un poco de sentido a la nueva pieza de información que le había soltado.
─ Sasuke lo asesinó hace meses. ─ Dijo ella, siendo esa la información más reciente que guardaba en su cabeza.
No tenía sentido alguno lo que Naruto estaba diciéndole.
¿Cómo era posible que el ninja renegado más infame de Konoha estuviese aún con vida?
─ No, no lo hizo. Gracias a Dios no lo hizo.
Eso fue suficiente para desconcertarla por completo.
─ Explícame la historia completa. ─ Solicitó la muchacha, recibiendo un asentimiento como respuesta.
─ Sólo tengo pedazos de información. ─ Inició, mientras se agachaba con claras intenciones de sentarse en el suelo; Sakura repitió sus movimientos. ─ La aldea le debe un gran, gran favor a Itachi.
A medida que relataba los sucesos que conocía, la pelirrosa parecía más y más incrédula.
Tenía mil preguntas rondando en su cabeza, pero ninguna de ellas podía encontrar respuesta en Naruto, pues él le había dado toda la escasa y desconcertante información que poseía.
Itachi Uchiha no había asesinado a su clan por meras ansias de poder o por simple maldad. Lo había hecho con el fin de prevenir una guerra civil entre el clan y la aldea.
Su padre lo había obligado a jugar al espía mientras estaba en ANBU, y el tercero había hecho exactamente lo mismo con el joven prodigio, convirtiéndolo en un doble agente que día a día se jugaba el cuello en pos de mantener la paz.
Cuando Sakura cuestionó de dónde había salido la información, Naruto dijo que provenía del propio Hiruzen Sarutobi y que los ancianos del consejo eran los únicos que manejaban esta información, además de Sasuke.
Para cuando Naruto terminó de hablar y le permitió un tiempo para procesar la gran cantidad de información, ella se cuestionó todo lo que sabía de la aldea y del Uchiha.
No le sorprendía que el clan planificase un golpe de estado, de hecho, había una historia de constante tensión política entre Konoha y la policía militar, así que esa parte de la historia no sonaba descabellada. Pero en relación con las motivaciones de Itachi… simplemente jamás había sido capaz de concebir si quiera la posibilidad de que hubiese un motivo noble detrás de tan horrendo crimen.
Con su índice presionó el puente de su nariz, clara señal de cansancio.
─ Imagino que esto aún es altamente confidencial. ─ Murmuró finalmente, recibiendo como toda respuesta un corto asentimiento. ─ ¿Se sabe dónde está Itachi?
─ No.
Un profundo silencio les rodeó después de aquella negativa. Ambos se percataron de una tercera presencia, acercándose apresuradamente hacia su ubicación.
Automáticamente Sakura se puso de pie, suponiendo que su descanso había terminado.
Fue apenas unos instantes después cuando apareció una muchacha, perteneciendo a Suna, solicitando la presencia de Sakura.
Con una breve mirada se despidió de su compañero de equipo y retornó a paso rápido y firme hacia las tiendas de campaña.
El deber llamaba y aunque no pudo desprenderse totalmente de la nueva información, se vio en la obligación de desplazar sus pensamientos en torno a los Uchiha para poder continuar con su trabajo.
Una semana después, luego de que todos sus pacientes estuvieron lo suficientemente estables para poder retornar a sus correspondientes aldeas, ella por fin pudo volver a su hogar.
Fue de las últimas personas en abandonar el lugar. Quería asegurarse de que nadie quedaba atrás, pero también, necesitaba una noche de real descanso antes de emprender el viaje.
Supuso, muy acertadamente, que una vez que estuviese de vuelta en la aldea, su presencia sería prontamente requerida en el hospital, sin embargo, y para su suerte, fue Shizune quien se dispuso a tomar los primer turnos, permitiéndole un par de días libres para descansar después de haber trabajado sin parar durante más de una semana.
Para cuando arribó frente a las grandes puertas de la aldea estaba cayendo el atardecer.
Al cruzarlas, caminando tranquilamente, la invadió un sentimiento de nostalgia que la llevó a meses atrás, cuando la aldea gozaba de una paz aparentemente imperturbable; tiempo en el que sus preocupaciones giraban únicamente en torno a su entrenamiento y a sus labores en el hospital.
Aquella época parecía demasiado distante, como si hubiese sucedido años atrás, y ahora que estaba de pie en la entrada su aldea, todo parecía muy diferente a como lo conocía y a la vez, todo se veía exactamente igual.
Sus responsabilidades parecían haber aumentado drásticamente y tenía la sensación de que aquella paz que rodeaba a la villa, por algún motivo, la dejaba a ella fuera.
Durante los días previos no había dejado de pensar una y otra vez en la historia que Naruto le había relatado. Buscaba y analizaba todas las posibilidades que aparecían en su cabeza para obtener mas información del asunto, pero en su posición actual estaba altamente limitada.
De forma ausente se anunció con los guardias y de la misma manera encaminó sus pasos lentamente hacia la torre de la Quinta.
Debía entregar un reporte verbal de lo sucedido en el campo.
Al llegar a la oficina, fue capaz de percibir en su interior el chakra de Naruto, Kakashi y Sasuke, además del de su maestra.
Sin dudar demasiado, tocó la puerta con suavidad, estaba segura de que todos los presentes ya habían notado su presencia en el lugar.
Un momento de silencio y luego se le dio la autorización para ingresar.
Su cansada mirada esmeralda paseó por todos los presentes, deteniéndose con particular interés en las expresiones que veía en los rostro de Naruto y Kakashi. En Sasuke no reparó más que un escaso par de segundos.
─ Shishou. ─Saludó, respetuosamente, adentrándose hasta pararse a un lado de Kakashi.
─ Regresaste en el momento justo. ─ Comentó la rubia. Su tono y su expresión era igual de seria que la del exequipo 7. ─ Tengo el entendimiento que ya estás al tanto de la situación del clan Uchiha.
─ No detalladamente. ─ Agregó Sakura, luego de asentir suavemente con la cabeza.
─ Eso es suficiente. ─ Musitó pensativa la actual dirigente de la aldea. No hacía demasiados minutos se le había puesto al tanto de la preocupante situación.
Durante un tiempo Tsunade permaneció en absoluto silencio, analizando y sopesando sus opciones, ideando un plan de acción para una situación que no podía simplemente ser ignorada.
Habían sido demasiados años ya de impunidad para los reales responsables de la histórica masacre.
Sakura figuró que su maestra estaba buscando una salida para tan intrincado asunto político; ella misma había intentado buscar una solución, un posible curso de acciones a seguir, pero y aunque la política no era un área que dominaba profundamente, cada una de sus ideas fue desechada por las implicancias que tendría con el consejo de ancianos y por el impacto en las relaciones públicas. Para Tsunade, imaginaba, era aún más complejo buscar una salida.
─ Esta información es altamente clasificada. Si alguno de ustedes llega a mencionar una sola palabra de esto, será acusado de traición y encarcelado, en el mejor de los casos. ─ La amenaza, pensó Sakura, estaba demás, pues tenía certeza de que ni Kakashi ni Naruto dirían una sola palabra, y sabía que su maestra confiaba plenamente en ella, pero cuando sus pensamientos aterrizaron en el pelinegro que estaba unos metros más allá, la muchacha entendió que la amenaza iba dirigida exclusivamente a él.
En el fondo, entendía la desconfianza en Sasuke, después de todo, fue el ninja que abandonó su aldea en busca de poder para llevar a cabo su venganza, el mismo ninja que había atentado contra sus propios compañeros en múltiples ocasiones.
Si era sincera, tampoco confiaba en el Uchiha, y pese a que sin su aporte en la guerra los resultados hubiesen sido drásticamente diferentes, aún creía firmemente que los altos mandos estaban siendo demasiado indulgentes con el pelinegro.
Según lo que entendía, aún no se decidía un castigo para penalizar su traición a la villa, sin embargo, tenía la certeza de que no sería nada tan severo debido a la intervención de Naruto.
─ El consejo no van a reconocer su responsabilidad en el crimen más atroz cometido en la aldea, no sin pruebas. ─ Masculló la rubia, más para sí que para los presentes, aunque todos fueron capaces de escucharla con absoluta claridad y todos coincidieron con sus palabras. ─ Necesito tiempo para idear un plan, mi prioridad ahora es restablecer las fuerzas de la aldea antes de buscar a Itachi o incluso ir en contra del consejo.
Con aquellas palabras les entregó calma suficiente a todos, excepto al Uchiha.
Sasuke tenía serias dudas con respecto a Tsunade.
Era una Senju, descendiente del primer Hokage y que además conservaba los ideales del tercero, quien fue responsable de la muerte de clan y del sufrimiento que ha atormentado a su hermano mayor toda su vida.
No podía simplemente confiar en alguien como ella, pero sin duda alguna era mejor tenerla de aliada que como enemiga, y tener su apoyo en esa situación en particular era mucho más significativo.
Después de todo, pese a que fue un héroe en la guerra, seguía teniendo a gran parte de la aldea en su contra.
Con justas razones, pensó él.
─ Kakashi, Naruto, pueden retirarse. ─ Ambos asintieron sin agregar una sola palabra. Kakashi desapareció tras una nube de humo, como acostumbraba, mientras que el Uzumaki caminó hasta la puerta con lentitud, dirigiendo una significativa mirada hacia su mejor amigo.
Para la pelirrosa no pasó por alto la sonrisa de alivio y felicidad que surcó por sus labios. Sólo podía imaginar el sentimiento de Naruto tras haber conseguido, por fin, traer a su mejor amigo devuelta a la aldea, pues lo que ella sentía respecto al hecho distaba totalmente del alivio.
Con la intención de poner la suficiente distancia entre el Uchiha y ella, avanzó unos pasos hacia Tsunade, ocupando la usual posición a la que estaba acostumbrada en su oficina, a su lado y a poca distancia de su silla.
Su mirada clavada en la pared y sus manos tras su espalda fueron claros indicios de la incomodidad que le causaba el pelinegro. Estaba alerta a cada movimiento y sonido, sin embargo, evitaba vehementemente observarlo.
La Hokage soltó un pesado suspiro antes de dirigirse a Sasuke.
─ Uchiha Sasuke. ─ Pausó, y las mirada ámbar y obsidiana se encontraron. ─ Tu castigo sigue en discusión, sin embargo, está estrictamente prohibido que salgas de la aldea, tu porte de armas estará limitado hasta que se encuentren las medidas adecuadas para hacerte pagar por tus crímenes, y hasta entonces, estarás confinado a tu hogar. Se te proveerá de alimentos según sea necesario, pero las visitas están estrictamente prohibidas, salvo por Naruto y Sakura.
Ante la mención de su nombre, quiso intervenir, alegar que no necesitaba que se le extendiera aquel "beneficio" para visitarlo, pero segundos después cayó en cuenta de que su inclusión en aquel arreglo se debía a su posición como médico.
─ Serás vigilado sin descanso por ANBU's de mi absoluta confianza. No necesito recalcar que hasta el más mínimo incumplimiento de cualquiera de estas normas te llevará directo a la cárcel y posterior muerte ¿Verdad? ─ Sasuke asintió vagamente un par de veces. ─ Cualquier acción sospechosa por tu parte será reportada inmediatamente a mí, y créeme que no tendré un solo reparo en hacer cumplir mis amenazas.
Sakura podía perfectamente palpar la ira contenida en aquellas palabras mordaces. Sasuke no era del agrado de la rubia y si se le mostraba algo de compasión, era exclusivamente por obra y gracia de Naruto.
─ Retírate.
Ante su desaparición, Sakura dejó escapar un suave suspiro, casi como si estuviese aliviada, lo que llamó la atención de su maestra.
Sin moverse de su silla, giró en dirección a su aprendiz, escudriñándola con la mirada.
Su aspecto desatendido, cansado y sucio no le sorprendió en lo más mínimo, sin embargo, la ausencia de sorpresa no significaba ausencia de preocupación por el deplorable estado de su aprendiz.
Jamás podría dudar de su fortaleza, pero era muy consciente de que la muchacha se empujaba a límites extremos y muy poco saludables para cualquier Shinobi con tal de salvar vidas.
Sakura Haruno era el orgullo de su vida; la hija que jamás tendría.
Sin la necesidad de empujarla a hablar, ella hizo un rápido reporte verbal de su trabajo en el campo; informó de las pérdidas de las cuáles la Hokage ya era consciente y otras de la cuáles no tanto, acompañó también a su reporte una específica lista con nombres de los ninjas que estaría fuera de acción por un tiempo o de forma permanente.
El reporte fue perfecto, sin embargo, seguía necesitándolo por escrito.
Sakura asintió ante la orden de entregar el documento dentro de los próximos días.
Tsunade asumió que eso era todo, sin embargo, cuando dio la autorización para su retiro, Sakura se quedó plantada en exactamente el mismo punto de antes.
─ ¿Hay algo más? ─ Los cabellos rosados de su aprendiz se agitaron con suavidad cuando su cabeza respondió afirmativamente. ─ ¿Qué es?
La muchacha sopesó las palabras que diría antes de pronunciarlas, insegura de la reacción que tendría su maestra, pero empujando aquella inseguridad hacia atrás, moduló con determinación: ─ Quiero unirme a la división ANBU.
Una ferocidad y seguridad poco usual brillaba en sus ojos color esmeralda.
Lo había percibido en el momento que la vio cruzar la puerta de su oficina, pero no había querido reconocerlo abiertamente hasta entonces, e incluso ahora, lo hacía con cierto pesar.
Algo había cambiado con Sakura en el campo de batalla.
Su postura, su mirada, e incluso sus silencios eran diferentes.
No le sorprendía, pero esperaba, en el fondo, que hubiese sido capaz de conservar esa inocencia y alegría tan características de ella aún después de haber presenciado la cruda realidad de una guerra.
Sin embargo, lo hecho, hecho está. Lo ya vivido no puede deshacerse, y tenía plena seguridad de que nadie más que la propia Sakura podría devolver aquel brillo a su mirada, aunque su intuición le decía que la determinación de Sakura apuntaba a un objetivo que nada tenía que ver con ella misma.
─ Se convocará a un examen en algunos meses, si todo marcha en orden con la aldea. ─ Informó. Poco antes del inicio de la guerra, habían promovido a Sakura a Jonin, así que en teoría no había problema con que intentase el examen. ─ Si estás dispuesta a tomarlo, tendrás que permanecer alejada del hospital. ─ Dictaminó la mujer.
Estaba dispuesta a liberar a Sakura de todas o gran parte de sus responsabilidades médicas, siempre y cuando se tomase el entrenamiento en serio. Lo suficientemente en serio para aprobar el examen.
─ Sin embargo, no serás promovida sólo por aprobar el examen. ─ Advirtió, llamando la atención de la joven Kunoichi. ─ Necesitas completar un determinado número de misiones bajo tu rango de Jonin.
Sakura entendió que Tsunade debía ver su desempeño en el campo y no sólo en un setting controlado como lo es el de un examen. En respuesta, asintió con firmeza.
─ Si eso es todo, retírate.
Sin deseos de quitarle más tiempo, se dirigió a la ventana siempre abierta para salir por ahí. Al estar de pie en el tejado, fue capaz de escuchar a Naruto despotricando por quién sabe qué cosa, y aunque su estado actual no propiciaba exactamente la paciencia, decidió acercarse hacia su amigo para averiguar qué estaba tan mal como para merecer aquellos gritos.
Cuando aterrizó sobre la calle de la aldea, volvió a encontrarse con el mismo grupo de tres que estaba en la oficina de la Hokage, y a lo lejos, un ANBU que no se molestaba en ocultar su presencia.
Debe ser una de las niñeras de Sasuke. Pensó ella, aproximándose al grupo con la intención de averiguar cuál era el problema.
─ ¡Sakura-chan! Debes ayudarme a convencer a la vieja Tsunade para que retire las estúpidas medidas en contra de Sasuke.
Su mirada se dirigió a Kakashi, que en respuesta sólo negó con suavidad. Probablemente había intentado persuadir a Naruto. Sin éxito, evidentemente.
─ No puedo ayudarte con esto Naruto. ─ Murmuró con cierto pesar, sintiendo negarle la ayuda a su mejor amigo, pero el sentimiento duró apenas unos instantes antes de desvanecerse por completo. ─ Lo que esperas es irracional. No necesito recordarte lo barata que la ha sacado ¿O sí? ─ La rudeza en sus palabras llamó la atención de todos los presentes. ─ Sasuke decidió abandonar la aldea, traicionó a sus camaradas, e intentó asesinarte en más de una ocasión y a más de unos cuántos ninjas de Konoha. Si Tsunade-shishou no hubiese sido tan compasiva, Sasuke estaría tras las rejas hace mucho tiempo, en el mejor de los casos.
Kakashi fue el más impresionado de los tres, pero también quien menos lo demostró. Entendía el rencor en sus palabras y en efecto, tenían mucho sentido. Incluso coincidía con que las medidas disciplinarias eran leves para la severidad de las acciones de su alumno, sin embargo, era impactante ver que la misma chiquilla que desbordaba amor por el Uchiha hasta hace unos años atrás, ahora estaba poniendo la cruda realidad en palabras igual de crudas.
La guerra había hecho a Sakura madurar, sin duda alguna, pero no estaba completamente seguro de si aquel crecimiento era bueno o no.
Naruto la observó profundamente decepcionado y dolido, principalmente, porque en el fondo tenía razón y él lo sabía, pero no podía dejar de defender lo indefendible, no podía dejar de luchar por su mejor amigo después de haberlo hecho por tantos años.
Sasuke había sido víctima de un círculo de odio que tras mucho esfuerzo ambos lograron romper, y eso debía pesar mucho más que los crímenes de los que se acusaba. Pero incluso Naruto entendía que así no funcionaba el mundo, y dolía.
─ Hn.
El sonido emitido por el Uchiha llamó la atención de la pelirrosa, pero decidió ignorarlo. Se sentía lo suficientemente susceptible como para golpearle ante la más mínima provocación, así que en lugar de poner a prueba su paciencia, giró sobre sus propios talones para dirigirse a su hogar.
Sin ninguna explicación, Kakashi se sumó a sus pasos, cosa que la pelirrosa agradeció ya que tenía en mente hablar con él a solas, lejos de sus compañeros.
Cuando la distancia pareció ser suficiente, la Haruno observó a su exmaestro con una sonrisa; una sonrisa más bien cálida y genuina. Le producía un sentimiento agradable ver que el único cambio que se observaba en Kakashi era la acumulación de unas cuantas arrugas alrededor de sus ojos; el resto continuaba exactamente igual que cuando lo conoció: Su uniforme, su postura relajada al caminar con una mano en los bolsillos y la otra sosteniendo su ya bien conocido libro erótico, su cabello plateado en aquel peinado que iba en contra de todas las leyes de la gravedad, sus silencios, sus miradas.
Era reconfortante, especialmente en aquellos momentos en los que todo lucía igual que siempre, pero sintiéndose tan ajeno para ella.
─ ¿Qué sucede, Sakura…-chan? ─ Cuestionó el Jonin, sin levantar la mirada de su libro, pero muy consciente de la mirada ajena.
─ Quería pedirte un favor.
El mayor cerró su libro, como señal de que tenía toda su atención.
─ Me gustaría ayuda para entrenar. ─ La petición le sorprendió bastante. No esperaba que la muchacha tuviese el deseo de volver a los campos de entrenamientos a tan solo escasos días de haber terminado la Cuarta Gran Guerra Ninja, principalmente porque suponía que estaría bastante atareada en el hospital durante las siguientes semanas. Y, por otro lado, no sabía a ciencia cierta si aún le quedaban cosas por enseñarle a su exalumna. ─ Quiero entrar a la división ANBU.
La explicación le dio más preguntas que respuestas, sin embargo, no formuló ninguna de sus dudas. Si la joven medic nin quería entrar a ANBU suponía que tenía sus motivos, y si no deseaba compartirlos, Kakashi iba a respetarlo.
─ Podemos iniciar dentro de una semana. ─ Respondió él, en un suave asentimiento. ─ Aún hay cosas que resolver en la aldea e imagino que tienes pendientes en el hospital.
Verla asentir animadamente mientras entrelazaba las manos tras su espalda le mostró que la alegre e inocente Sakura de hace un par de meses atrás seguía dentro de aquel cuerpo y mente agotados por la violencia que se vio obligada a ver, provocar y curar.
Sólo está viviendo un duelo, se dijo Kakashi, y con fe en aquel pensamiento decidió no cuestionarla en relación con su comportamiento con Sasuke. Probablemente luego de unos meses todo volvería a encontrar su equilibrio.
Si había algo de lo que el peliplata tenía total certeza, era que todos se recuperaban de la guerra de forma diferente.
Sin más que decirse, cada uno tomó caminos diferentes. Kakashi planeaba ir al hospital para visitar a Guy, mientras que Sakura decidió que no quedaba más que volver a su hogar.
No sabía si realmente quería volver. De cierta forma sentía miedo de volver a casa, ver a sus padres y sentirlos tan ajenos como sentía la aldea desde que llegó a ella, pero tampoco tenía las energías o los ánimos suficiente como para buscar algo en qué distraerse.
El recibimiento que se le dio a la joven Kunoichi fue cálido y cargado de un profundo alivio. Sus padres, civiles, temieron por su vida desde el momento en que abandonó la aldea. Sumado a eso, la información que llegaba lo hacía de forma lenta y era vaga. No había nombres de los soldados caídos, mucho menos de aquellos que habían sobrevivido.
Sus progenitores relataron que apenas pudieron tener un poco de paz cuando los primeros Shinobi's que retornaron a la aldea llegaron comentando sobre las milagrosas habilidades de la medic nin de cabellos rosados, y aunque fue reconfortante averiguar que su única y preciada hija estaba con vida, no pudieron despojarse de la preocupación que los atacaba cuando día tras días veían que su hija no estaba entre los Shinobi's que volvían a casa.
Sakura se encargó de hacerles saber que se encontraba bien, agotada, pero físicamente sin lesiones que requirieran preocupación.
No se explayó en relatar la horrorosa experiencia que había vivido; no era digno de traer a la mesa y no le causaba especial emoción rememorar los días que había vivido en el campo de batalla.
Ante la resistencia que observaron Kizashi y Mebuki decidieron no insistir. En su lugar, ofrecieron comida y un baño de agua caliente, además de una interminable lluvia de abrazos, besos y mimos a los que Sakura no estaba en absoluto acostumbrada.
Como una forma de librarse de aquel asfixiante afecto, optó por la segunda oferta. Sólo deseaba ducharse e ir a la cama, y por primera vez en días o semanas, dormir largo y tendido, justo como en los viejos tiempos.
Antes de subir en dirección al segundo nivel, sus padres le comentaron que dentro de dos días sería la ceremonia conmemorativa organizada en honor a todos los soldados caídos.
Un peso se instaló en su pecho ante aquella información, acompañado quizás de cierta culpabilidad por no haber sido capaz de salvar más vidas y tener que asistir a conmemorar a todos esos soldados que se sacrificaron por un bien mayor.
Una vez que su madre avisó que el baño estaba listo para ella, abandonó su habitación para trasladarse al otro cuarto. En cuanto ingresó, el espejo le devolvió una imagen que prácticamente no fue capaz de reconocer.
Desde hacía un par de meses no cortaba su cabello, motivo por el cual su largo ya pasaba de los hombros, pero lucía desastroso. Enredado, sucio y sin vida; no podía recordar cuándo fue la última vez que lo lavó. Su rostro lucía demacrado, y estaba segura de haber bajado un par de kilos por las largas horas de servicio y la ausencia de comidas adecuadas. Cuando retiró sus prendas rotas y sucias fue claro que había bajado de peso.
Sus huesos eran más visibles, especialmente a la altura de sus caderas o en las clavículas, también en sus brazos.
No se dedicó mucho a observar qué más había cambiado en ella, pues sentía que hasta su propio cuerpo hablaba de los eventos vividos, de aquellos que no quería poner en palabras.
Caminó hacia la bañera y sin demasiado preámbulo se sumergió en el agua caliente hasta que su cuerpo completo quedo totalmente cubierto de agua. Apoyó su espalda en la cerámica y posteriormente dejó descansar su nuca en el borde de la bañera.
Un profundo y largo suspiró escapó de sus labios, como si hubiese estado conteniendo aquel aire durante todos los días que pasó en el campo de batalla.
Al verse por primera vez, en lo que parecía mucho tiempo, sin nada en qué ocupar su mente o sus manos, acudieron a ella todos los recuerdos de su desempeño en la guerra. Todas las violentas peleas que se habían librado, todos los heridos que no fue capaz de salvar, todos los soldados que ni siquiera alcanzaron a llegar a sus manos antes de morir, todos los Shinobi's que despertaron con alguna extremidad menos o con alguna condición que los perseguiría por el resto de sus vidas, y dolió.
La culpa pesó como no lo había hecho antes, la frustración quemaba en su interior, la impotencia, el enojo y el sentimiento de injusticia se acumulaban en su interior sólo para esconder un dolor que parecía desgarrar su alma.
Las lágrimas fluyeron como ríos salvajes, violentos.
Un llanto silencioso era todo lo que podía permitirse para dejar ir un poco del dolor, pero no era suficiente.
Sentía en su garganta cómo quemaban las ansias de gritar, sentía su respiración entrecortada y sus ojos arder. Sus manos temblaban bajo el agua y suerte que no se encontraba de pie, pues dudaba que pudiese mantenerse erguida.
No recordaba haberse sentido tan débil y frágil, ni siquiera cuando era un pobre intento de Kunoichi a los doce años.
¿Review?
